Hola, chicos ¿Se acuerdan de que dije que sería corto el fic? Bueno, antes que nada quería confesar que lo de la carta se me ha ocurrido de último momento… pues hay cosas que se me vinieron a la mente y pues ahora es tiempo de decir que lo alargare a unos capítulos más, antes pensaba hacer del tercero el ultimo pero creo que otros capítulos no le vendrían de más.

Notas:
»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»»» Cambio de POV
El inicio y final de un flash empezara y terminara con una oración en negritas.
Negrita
en una sola palabra es importante.
Cartas, escritos o –pensamiento – entre guiones.
Lugares Irán con cursiva y negrita.


Mismo camino, Mismo destino.

Capítulo III: Como decirte lo siento.


Desperté profundamente cansada, mire hacia la ventana donde entraba la cálida luz del sol matutino, pero este no me hacía sentir más caliente como de costumbre. Mire con aun tristeza hacia el techo y luego a mi lado con más tristeza todavía, donde estaba el buro, una lámpara y la carta.

Ahora… lo único que tenía en mente era pedirle perdón… o huir con él. Sin embargo dejar al reino abandonado o en manos de mis familiares y tirar el esfuerzo que él hizo por el reino a la basura, sonaba fatal.

No quedaba más remedio que someterme a las reglas, nuevamente.

Llore en mi almohada hasta que escuche el sonido de la puerta llamándome por mi nombre, para mi sorpresa… era Link.

Sin contestar volvió a sonar la puerta, hasta que abrió sin que yo quisiera, lo observe de reojo y luego me escondí entre las sabanas. Escuche como el sonido de la puerta se cerraba y los pasos andando hacia mí, estos además hacían eco.

-Zelda – llamo sentándose a mi lado, toco mi hombro y luego lo aparte.

-No… No Link, vete – dije dolida, sintiendo un gran pinchazo en mi pecho por hacer aquello.

-Hey, hace dos días no hiciste eso. Sé que algo anda mal, ¿es mi culpa, my lady? – Me dijo acariciándome nuevamente, quería soltar llanto, pero me controle.

-Tienes razón, es hora de hablar de aquello – dije bastante seria, tragándome aquellos sentimientos de tristeza tome valor… para mentirle y evitar dañarlo más de lo que podía con aquella carta.

-Eso es, así me gusta – me dijo sonriendo.

-Link… aquello fue una terrible equivocación – su sonrisa se desvaneció a una expresión confundida – Aquello fue un impulso, fue un mal entendido por mi parte, quería disculparme.

Este se sintió un poco timado, por lo que rio… Link no comprendía lo que sentía en estos momentos, pensó que bromeaba con aquello al soltar una risa nerviosa.

-Quiero decir que la razón por la que lo hice… ni siquiera yo misma la sé… y siendo la princesa… ya deberías saber que no podemos estar juntos… siento haberte hecho sentir que era algo más allá.

Ni siquiera tuve el valor de decírselo a los ojos, sin embargo… cuando voltee a verlo en su cara tenía un sombreado… una expresión dolida y entristecida que trataba de ocultar con la seriedad, sin embargo después de aquello no hablo y simplemente bajo la mirada triste, como aquella vez cuando Midna le dijo que en un principio lo había estado utilizando, esa misma mirada estaba presente ahora.

-No fue nada serio, creo que puedo entenderlo – Dijo él – Quiero decir, me alegra de que no fuera más allá, debes saber más que nadie… Zelda… que yo aun sigo sintiendo algo dentro de mí por Midna, que aun prevalece. Es por eso que temía que fuese un sentimiento real. Me alegra no tener que rechazar aquella muestra de cariño suyo.

Aquellas palabras eran exactamente las que no quería escuchar, escuchar lo que realmente temía… ser el remplazo de Midna… ser su remplazo amoroso de Link y que en un final dijera aquello, le sonreí falsamente y él se retiro con un "Si me disculpa… tengo que atender asuntos en el campo"

Cerró la puerta y como si de auto reflejo se tratase mis lágrimas comenzaron a salir de mis ojos, sin parar.

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Este día era... horrible. Según había presentido que iba a ser de lo mejor. Primero iría a ver a mi doncella y posteriormente, como antes planeado, visitar Ordon para dar la buena noticia que ahora no había.

Cerré la puerta… sentí como mi corazón se despedazaba trozo a trozo. Esto era lo que temía, esa respuesta de "siendo la princesa… ya deberías saber que no podemos estar juntos" Salí huyendo del pasillo, con el corazón roto y las lagrimas corriendo de mis ojos como el rio zora.

Tomé a Epona y antes de salir del castillo anuncie que iría a Ordon una semana.

Iba tan rápido que no me di cuenta cuando casi llevo por saco a una vieja mujer y marido.

-¡Hey, más cuidado! – grito el viejo hombre.

Sin darme tiempo a responder de manera cortes a mi torpeza, salí disparado hasta que llegue fuera de la ciudadela, hacia el campo de Farone. Mire hacia adelante y aun con lágrimas dije:

-Esto… no es nada…

Antes de seguir la voz de una joven resonó a lo lejos – ¡Heeey! – veía corriendo hacia mí.

Seque mis lagrimas y le dije – Si es por lo del anciano yo…

Ella parecía cansada y luego me miro – Link... Espera – Ella era la prima lejana de Agitha, una vez me la había presentado, a diferencia de Agitha ella tenía ojos azul celeste y el cabello lacio, negro, suelto y corto, se veía como una señorita, tenia silueta de mujer y su vestido era menos adornado, ella tenía un año menos que yo.

-Rose… - La mire y luego le pregunte más calmado -¿Qué sucede?

-Me preguntaba si ibas camino a Ordon– dijo apenada, un poco debido a que parecía tener que ir allá-

-Sí, tengo pensado pasar unos días allá – dije un poco triste de nuevo, por lo que había pasado.

-Podría… ¿podría acompañarte? – Me miro un poco divertida – Mi hermano Joseph aun sigue investigando junto con Shad la arboleda…

-No tenía idea, por supuesto que puedo llevarte, es lo menos que puedo hacer después de la hermosa decoración que le has hecho al castillo junto con Agitha – Le tendí la mano – Sube, Rose – le dije y en seguida la acepto.

Sonreí cálidamente a la chica, después de todo ella no debía saber acerca de lo que había pasado con Zelda… y sobre mi relación con ella. Además ella y yo éramos amigos, aunque no muy cercanos.

Debido al tiempo que le había dedicado a Zelda termine por quedarme corto para los demás.

Siendo así partí enseguida con la chica tras de mí.

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Sentí un pinchazo, cuando me arrepentí de haber dicho aquello, pensé que tenía una oportunidad pero… no…

Había salido disparada en busca de Link, corrí con prisa, encapuchada para que no me reconocieran y entonces vi aquello.

Ya sabía que la cercanía con Agitha y su prima era una cosa así. Pero ¿por qué decir que Midna era a quien amaba? La respuesta era fácil, no quería herirme con el amor que se había plantado hace dos años. Rose era hermosa, tan hermosa, incluso más que yo, supongo. Su inusual cabellera negra me dejaba rendida… Sólo las chicas de la montaña poseían esa belleza de cabello.

Tal vez no le quedaba confianza conmigo después de aquel beso, ¡Que tonta fui con aquello!

Ahora estaba sola. De nuevo volvía a la soledad, parecida a la de mi infancia… cuando mis padres fallecieron.

Desconsolada volví al castillo, seriamente tomé la carta… y en mi escritorio escribí una… aceptando los términos que me habían impuesto.

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Antes de irnos voltee hacia atrás… mire con tristeza el castillo. Sentía que debía dejarlo e irme hacia Ordon a volver a mi vida pacífica, sin embargo me había ganado mi lugar con mi trabajo y no lo iba a desperdiciar por mis sentimientos.

Tomé valor y de manera fuerte tome las riendas, yendo a Ordon.

No tardamos más de veinte minutos en llegar hasta el pueblo, en la entrada de Ordon se encontraban Ilia y Joseph. Ambos se tomaban de las manos y no me sorprendía, Joseph era un chico apuesto, era tan alto como yo y también tenía cabello negro, como Rose, sólo que sus ojos eran grises al contrario de su hermana que eran azules. Teníamos la misma edad.

Joseph siempre fue agradable conmigo, de principio a fin, al igual que Rose.

-¡Link! – Ilia desprendió su mano de Joseph para estrujarme, sentí alivio pero también ganas de llorar, sin embargo antes de que pasara le susurre al oído.

-Ilia, necesito hablar contigo a solas – Por el tono de mi voz comprendió que algo no iba bien.

-¡Joseph! – Rose estrujo a su hermano y este le acaricio la cabeza, ella era notablemente más baja.

-Sorpresas… pensé que sólo vendría Link, gracias por traerla – Me sonrió amable.

-Es un gusto – Respondí – Bueno… creo que iré a descansar un poco – De manera automática subí por las escaleras de mi antiguo hogar, aun quedaba sólo.


Observe todo por dentro, vi que todas mis cosas seguían intactas, mis libros, mis recuerdos, lo poco que había quedado en el lugar, mi cama, observé hacia arriba, estaba todo realmente limpio, seguro que Ilia lo limpiaba a diario. Escuche la puerta abrirse y cerrarse, sabía que era Ilia.

Sin darme cuenta o tiempo comencé a sollozar, Ilia me abrazo por detrás mientras me tomaba ambas manos y posaba su cabeza en mi espalda.

-Ilia…

-Dime, Link – Dijo ella tomándome mas fuerte de las manos.

-Creo… que nunca debí irme de Ordon.

Ella no dijo nada, simplemente le hice saber que las cosas estaban siendo difíciles para mí, para mi corazón y para todo. Ahora ¿Qué haría a partir de hoy con esa situación? Estaba intentando entender porque Zelda hizo aquello, cuando estábamos con los gorons se veía… diferente. Algo debió haber pasado. Estaba teniendo un arranque de emociones estúpido por ninguna razón. Me sentí estúpido y ahora patético al sollozar con Ilia.

Vencí a mi dolor, habían pasado dos horas desde entonces, Ilia se había quedado a mi lado, conversando sobre nuevas cosas, sobre que Joseph le había propuesto matrimonio y ahora estaba feliz.

Ahora se notaba que Ilia la pasaba sumamente bien. Había recordado cuando ella se había confesado, antes de que nos despidiéramos. Ella me había dicho que sentía ser tan molesta estando todo el tiempo conmigo, haciéndome sentir bien. Después de aquello apartamos todo de lado… fuimos distanciándonos y aun así ella sabía que era todo por Zelda.


Mire hacia el vacío cuando ella salió y luego fui a mi antigua cama para descansar de todo.

Ya más tarde la visita que recibí era sorpresivamente de Rose. Había caído el sol y llegado la luna entonces.

-Link, ¿puedo pasar? – Tocó la puerta.

-Si, adelante – conteste de manera neutral, en ese momento estaba haciendo unos ejercicios, por tanto no tenía camisa puesta ni el gorro, si no ropas que solía usar en Ordon. Ella parecía ser tímida, pero claro, con un chico a solas de esa manera – Oh, lo siento, debería cambiarme y…

Ella no dijo nada, sólo rio y me dijo –Estás en tu casa, no debería decir nada al respecto, Link.

-Mmm, bueno es que yo te vi un poco, nerviosa, supongo.

-No, no es eso… es que me parece muy bueno que te pongas en forma y pensé que te molestaría si estuviera aquí, por eso temí al entrar.

-Bueno, es algo comprensible – Me seque el sudor con una toalla y luego tome agua - ¿Necesitabas algo?

Me observo unos segundos y luego me dijo – Para ser sinceros, sí.

Volví a tomar agua y luego la mire y pregunte – ¿Para qué soy bueno? – Sonreí un poco.

Ella tímidamente se me acerco un poco y luego tomo mis manos – Link… deseo con todo mi corazón que me enseñes a luchar – Me dijo viéndome más de cerca, acercando su rostro a centímetros del mío – Quiero decir… la verdad es que te admiro muchísimo, siempre he seguido las leyendas de Hyrule, el héroe por sobre todo. Siempre tuve el anhelo de conocerte a fondo, y ahora que puedo lo quiero realizar, quiero cumplir mi sueño, quiero ser tu compañera de aventuras, quiero pelear y ser una gran esgrimista, ¡Tal como tú! Sin embargo… Joseph no cree que sea bueno que yo sepa luchar como un hombre, siente que es peligroso.

Nerviosamente me aleje de ella un poco, aunque sus manos prevalecieron junto a las mías – Comprendo, así que tu… quieres aprender a ser un caballero.

-¡SÍ! De hecho te agradecería mucho si puedo alistarme en las pruebas para ser parte del ejército.

-Supongo que una chica más, además de Ashei, nos vendría bien – sonreí, cuando de pronto ella me estrujo de manera imprevista, a tal punto de dejarme vulnerable.

-¡Te quiero muchísimo, héroe del crepúsculo! De verdad, este era mi sueño… conocerte, eres el mejor de todos los héroes, Link, y es un placer ser tu amiga.

Ambos nos miramos unos segundos, venia venir una muestra de afecto así que me aparte enseguida y le dije – No puedo…

Rose me miro confundida, ella estaba tan cerca que no se había dado cuenta de nuestra penosa pose juntos.

-No estaba tratando de… yo… Yo se que la princesa Zelda… bueno.

Al escuchar el nombre negué con la cabeza – No… ella es la princesa, simplemente eso, no tenemos nada juntos. Simple amistad.

Me dolía reconocer que ahora las cosas eran de esa manera.

Una semana había pasado y era hora de volver, Joseph me había encargado llevar de vuelta a Rose a la ciudadela, además yo le había prometido que le enseñaría el arte de la lucha.

Ambos nos habíamos tardado poco menos de la hora en volver, ya que habíamos regresado en carruaje. No hablamos mucho, más que de algunas anécdotas que llegase a contarme.

Al llegar nos quedamos un poco confundidos, ya que parecía haber una ceremonia importante.

-¿Qué será todo esto? – se pregunto Rose de forma curiosa.

-No lo sé, Rose… pero deberíamos de…

En un segundo pude ver cómo era que un gran carruaje pasaba hacia el castillo de Hyrule, mire a Rose un segundo, me despedí y tome a Epona de las riendas para caminar al mismo rumbo que el carruaje.

De éste había salido una silueta juvenil, de cabello castaño obscuro, parecía medir lo que yo y además vestía élegamente.

El primer ministro se le acerco y dijo –Me complace anunciar que desde las lejanas tierras del norte de Hyrule, en el reino vecino, ha llegado un invitado especial – alce la mirada hacia aquel lugar con un aire misterioso – He aquí… al prometido de la princesa Zelda – Anuncio…

El… prometido… de Zelda… eso era…

Sin darme tiempo a asimilarlo lleve a epona al establo. Después de dejarla en su sitio, nuevamente Rose fue a buscarme.

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Había visto, desde el balcón, como Link regresaba, que llegaba acompañado de Rose, nuevamente. Luego de unos minutos asimilando aquello vire que llegaba por fin los deseos de mis padres, ahí estaba… el prometido de la carta.

Baje a la entrada de manera lenta, poco viable ante aquella situación. La silueta salió del carruaje viéndose un joven de complexión un poco fornida y cabello castaño obscuros, se me acerco lentamente y se hinco ante mí.

-My Lady… Zelda – Esas fueron antes las palabras de Link, sentí un pinchazo de nuevo. Tomó mi mano y beso con delicadeza mi dorso – es un gusto por fin… conocerle.

No parecía muy confiado de sus palabras, sin embargo no le preste mucha importancia después de haber visto a Link dirigirse de manera solitaria al establo.

El príncipe me miro y luego yo lo mire. No parecíamos nada cercanos… siquiera él debería de saber algo sobre mí, digo, el sabia más de mí que yo de él, pero no fue así. Siempre había detestado las formalidades de carácter jerárquico. De todas formas tenía que ser cortes.

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Rose había visto una escena que no tenía que ver, de nuevo sentí como la impotencia me llenaba, de manera rígida tome mi espada y me dirigí al campo de entrenamiento. Siempre tenía la espada de Ordon conmigo.

Estaban ahí un par de muñecos de prueba, comencé a dar tajos de manera sin sentido, Rose me miro algo nerviosa y temerosa, pero yo no paraba. Uno tras otro, pedazos de madera tras pedazos de madera. Caían uno a uno y yo… simplemente estaba desatando todo.

-Link…

No conteste. Rose no se me acercaba tampoco.

-Link… p-por favor, detente…

Volví a quedar en silencio. La muchacha me seguía mirando intranquilamente hasta que…

-¡Basta, por favor! – Tomó valor y me sujeto de los brazos, me había tirado al suelo haciendo que la espada resbalara de mis manos y luego ella me observo. Tape mis lágrimas como dos días antes, poniendo mi brazo justo debajo de los ojos.

Había sido demasiada esperanza, demasiada esperanza puesta en un beso, roces y abrazos de su parte… había… sido demasiado rápido todo.

Rose por su parte se quedo en silencio, no sabía que mirada tenía en su rostro, no tenía ninguna idea… hasta que me levanto de golpe y me abrazo.

-Había leído antes sobre esto… había visto antes esto, por favor, que no te sientas así… Link.

-No sabes cómo se siente – le dije, entristecido y sollozando un poco.

-Por supuesto que lo sé. Quiero decir… aquel joven, el príncipe del norte… igual daño a una joven, ese hombre es de mi pueblo. Pero… no era porque él quisiera, antes de decirle algo sobre lo imposible que era el amor de ambos le hablo de un tratado… no sabía que era con la princesa Zelda, hasta ese momento se había sentido de una manera horrible, por eso es que vine a verte. Supongo que es la misma historia, ya sabrás tu que el príncipe es cercano a mi familia, por eso lo sé

-¿Tratado? – Suspire un poco tratando de calmarme – Un tratado, ¿de qué?

-En una carta vieja decía que sus padres lo habían comprometido – Ella también estaba a punto de llorar por lo que tomé su hombro y me sonrió tratando de contener su dolor, era más fuerte que yo para esto, comprendía que esa chica era ella – Antes de que el naciera estaba escrito con quien debía de casarse, pero… no me dijo quien era, lo que tenía con ella… era parecido a la princesa Zelda y tú, a excepción de que tú y ella siempre están en un mismo tiempo, lo sé bien. Sus almas se han unido por generaciones, es mucho más fácil saber que sufres más tú, Link… Incluso podría suponer que lo de hace unos días lo ha hecho porque te ama.

Me quede callado, hasta asimilar lo que había dicho – ¿Nos viste?

-L-Lo siento – nerviosamente rasco su cabeza – Es que fui a buscarte esa noche para pedirte que me llevaras con Joseph, ya que tenias que ir a la audiencia hace una semana… entonces de manera imprevista la puerta de tu habitación estaba abierta y pude presenciar lo… lo que la princesa Zelda había hecho.

No dije nada, ella volvió a abrazarme y me quede callado. Luego una voz masculina se escucho.

-Rose… - Era el príncipe – ¿E-Eres tú?

Ella se quedo tiesa, sabía que era él, asi que corrió lo más pronto posible. Este me dirigió una mirada matadora, como sí yo fuese el que estaba robando a su chica.

-¿Qué le hiciste? – Me levanto del suelo por mis ropajes.

-¡Yo no hice nada, fuiste tú! – Conteste de manera automática, luego de eso me solté de su agarre y salí corriendo tras Rose.

La chica era ágil, pude ver como escalaba las paredes de manera rápida, incluso con su vestido. Y luego desapareció de mi punto de visión.

Me dirigí hacia el príncipe y este estaba sentado, acariciando a Epona.

-Lo siento, es verdad que es mi culpa – Me dijo.

-¿En serio? – dije sarcástico, este al parecer lo entendió – Creo que no es lo único – susurre.

-No es que yo quiera casarme con la princesa. Es hermosa, es como una preciosa joya, pero… yo no estoy interesado por las joyas reales. Prefiero aquellas preciosas joyas que se encuentran inmersas en una roca… envueltas, hasta ver que en el centro está la más hermosa de las joyas.

Le mire un poco molesto, por sus palabras podía deducir que tenía un pensamiento diferente de Zelda.

-Con el tiempo comprenderás la joya que guarda en su corazón, hablo de la princesa. Esa hermosa sonrisa cautivadora y su preocupación solidaria. Su forma de hacer sentir a los demás, su altruismo. Ella es ella… no es la princesa de Hyrule, simplemente es Zelda Nohansen de Hyrule… la más hermosa de las rosas de un jardín en esta tierra.

Al verme comprendió lo que pasaba, estaba haciendo sufrir a dos personas, a su Rose y a mi… Se levanto del banco, Epona lo observo y se fue sin despedirse. Simplemente así.

Me quede virando a la lejanía su marcha. Acompañó a Zelda, le enseño su brazo. Yo sólo me quede parado sin hacer nada. Esa carta la tenía que ver con mis propios ojos… y saber si lo que tenía en mente era la verdad.

Quizá hasta tenía otra oportunidad y podría arreglar el problema de Rose también.

Sentí como el coraje regresaba a mí, no podía seguir sintiéndome débil tenía que luchar por el amor de todas mis vidas, tanto pasadas como futuras.


Continuará

Bueno, aquí dejo por terminado el episodio, espero que les haya gustado pese al drama maximizado en él… pero sólo quiero decirles que está hecha con mucho amor. Jajaja, eso sonó muy homosexual de mi parte, pero es así.

Nice entonces, nos vemos en el siguiente.