Disclaimer: Ni me llamo Shannon ni me llamo Melissa así que sigo sin ser dueña de esto. Es por mero ocio :p
.
.
.
Mundos Paralelos
Capítulo 2: Casa no es sinónimo de Hogar
Mal no estaba segura de si los dioses existían realmente (no es como si su madre la hubiera criado muy religiosa precisamente) pero estaba segura de que si eran reales, justo ahora se estaban burlando de ella en el cielo.
─De todas las malditas personas de este reino, justamente tenía que quedarme a solas, ¡contigo!
La hija de Maléfica golpeó irritada con su puño la pared gruesa de metal que tenía a su derecha e hizo un esfuerzo descomunal por no romperse el cráneo a golpes por la desesperación.
─Si bueno, yo no estoy precisamente recorriendo un campo de flores contigo querida.
─No me llames querida.
─Era una ironía.
Porque de todo el reino disponible para acompañar a Mal en su travesía, justamente Audrey tenía que ser su única compañía. Era un verdadero estorbo. Desde que habían empezado a caminar juntas no había dejado de escuchar sus repetidas quejas sobre lo cansada que estaba, el hambre que tenía o lo asqueroso que era tener que recorrer ese viejo túnel y lo caros que habían costado sus tacones de diseñador como para arruinarlos en semejante pocilga. No sabía exactamente que era lo que esperaba, ¿un hotel cinco estrellas? ¿Caminos de pasto y plantitas con un mayordomo que les sostuviera la sombrilla? ¿Máquinas expendedoras de bebidas frías cada 100 metros?
Estaban en una maldita guerra contra el mal, fueron muy afortunadas de poder escapar del castillo fortaleza de Maléfica y ahora debían de encontrar un refugio con provisiones para sobrevivir hasta que tuviera un plan de ataque, no estaban de vacaciones. Mal optó por ignorarla aunque fuera por cinco minutos en honor a su cordura y sacó el desvencijado mapa que había encontrado en el viejo libro de hechizos de su madre.
─A este par de chicas que están cansadas y perdidas dales un mapa que les ilumine las vías.
La joven hechicera batió sus manos al compás del conjuro e instantáneamente el papel comenzó a brillar como linterna dándole mejor vista de sus alrededores y del camino marcado en el propio mapa. No estaba tan lejos como para tardar días en llegar, pero no estaban tan cerca como para poder descansar. Los túneles secretos estaban empolvados y húmedos, con un fuerte aroma a moho y a agua estancada. Debía de admitirlo, era horrible a decir verdad, pero no iba a quejarse en lo absoluto.
La chica miró su reloj, habían comenzado a caminar a eso del mediodía y ahora estaban cerca de la medianoche. Estaba exhausta y según calculaba, quedaban todavía al menos, otras tres horas de viaje.
Una vez segura de a dónde ir, guardó el mapa y esculcó en su pequeño bolso en busca de lo que serían las ultimas barras de cereales que había conseguido de una máquina de dulces que se había volcado en un lugar del castillo, sabían espantosas a decir verdad, como a cartón con mucha azúcar y nueces amargas, empero, el estómago le rugía como hace años no lo hacía, estaba desesperada y segura de que apenas pusiera el bocado en su boca, este le sabría a gloria. Al menos la situación mejoraba al pensar en que Audrey sufriría comiéndola. Hace unas horas le había ofrecido una, la niñita consentida respondió que estaba loca si creía que ella iba a meter a su cuerpo un paquete de grasas trans y azucares desmesurados, Mal se regocijó malvada cuando minutos después le rogó por el bendito caramelo.
Tarde o temprano iba a pasar, Mal conocía muy bien el hambre. En la isla era cosa de todos los días.
Mal llamó a su compañera y le lanzó la barra.
─Es única que queda─ anunció. ─Hazla durar que no comeremos más hasta que salgamos de aquí.
Audrey bufó enfurruñada y tomo el alimento. ─¿Queda mucho? Ya me duelen los pies y necesito con urgencia un baño de burbujas.
Mal gruñó acida y continuó caminando. Estar encerrada con Audrey mucho tiempo le recordaba porque en un inicio odiaba Auradon y como con el tiempo se comenzó a odiar a sí misma. En la isla no había nada, ver a personas con hambre, con la misma ropa de siempre o sin techo eran cosas a las que estaban acostumbradas. Si bien es cierto que ella y sus amigos jamás tuvieron carencias extremas como los demás habitantes (ciertos privilegios obtenidos al sembrar el terror entre todos) ella sabía lo que eran penurias.
En retrospectiva Maléfica había sido una muy mala madre, no por ser malvada exactamente, pero constantemente la dejaba sola cuando niña (antes de que aprendiera a valerse por sí misma) y fueron varias ocasiones en las que quedaba encerrada en su apartamento, (antes de que los villanos decidieran o tuvieran que vivir juntos); con hambre, sueño y asustada por la soledad hasta que su tía Grimhilde se decidía a rescatarla. En esas ocasiones, aunque le doliera admitirlo, su corazón se calentó con empatía hacia los múltiples indigentes que rodaban las calles de la isla.
Ahora ella vivía no solo en Auradon, vivía prácticamente en el jodido castillo de la realeza, rodeada de lujos, banquetes y joyas que la mayoría de sus amigos y conocidos en la isla ni siquiera podían imaginarse por la cantidad, y ni una sola vez Mal había intentado llevarla a ellos.
Ni siquiera una de esas miserables barras de cereales.
El resto del viaje permaneció en silencio por parte de Mal, quizá sus pensamientos nostálgicos sobre la isla y sobre sus amigos le habían distraído lo suficiente para evitar los quejidos de la princesita. No era sorpresivo, estaba realmente preocupada por ellos. No sabía dónde o como estaban, si quiera sabía si seguían estando algo. Su mente se aferraba a la esperanza de manera casi adorable. No podían estar muertos, creía ella, no los había visto morir así que eso era buen indicio.
Al menos eso lograba mantenerla de pie…
Cuando su madre logró liberarse de su hechizo y regresó hecha una furia a tomar el reino Mal había estado fuera, después del incidente con Uma, ella había insistido en que necesitaba un tiempo a solas cada tanto para pasear sola por el bosque y reencontrase consigo mismo, Ben no estaba convencido por supuesto, pero Jay abogó por ella, de todos los foráneos parecía que solo el entendía ese sentimiento de magnetismo que tenía la isla sobre ellos.
Ella no regresaría a la isla, además de que ya no sentía la necesidad de hacerlo Ben había mandado reforzar el campo mágico que rodeaba Auradon así que ella tenía que limitarse a pasear por los confines del bosque donde nadie la vigilara, así evitaba abrumarse y de paso practicaba la magia que a su querido novio parecía molestarle. Justamente en una de esas huidas algo atacó la escuela, creando caos y pánico por todo el reino.
Claro que fue corriendo apenas notó el halo verde cubrir los confines de los edificios, sin embargo trato de ser cautelosa para llegar hasta ahí, la firma de su madre estaba por todas partes y la joven hechicera estaba segura de que quisiera lo que Malefica quisiera, seguramente ella estaría en la lista. Tal vez eso fue lo que le quitó tiempo para evitar llegar a tiempo e intentar hacer algo, puesto que al llegar todo se había convertido en un desbarajuste y parecía que una guerra había terminado.
Todo se había reducido a escombros, la mitad del castillo estaba derrumbado y la escuela (que estaba bastante cerca para poder verla claridad) ardía en llamas verdes, los setos y las plantas de los jardines se hallaban destrozados en el suelo, el piso se agrietaba con cada paso que daba y el humo era tal que tenía que hacer el esfuerzo por no ahogarse en una tos descontrolada.
La cólera le llegó de súbito y sintió sus manos calentarse al juntar magia en ellas, quería gritar de dolor, aunque le costara admitirlo ese era su hogar, el único que había tenido en su vida, con gente que le quería y que se preocupaba constantemente por ella y ahora estaba resumido a nada, Mal no sabía dónde estaba su madre, pero fuese como fuese la encontraría y de alguna forma terminaría con todo eso.
Aun si eso significaba matar a su propia sangre.
El calor se propago por su cuerpo, su ira se desbordaba como un rio en un tifón y el poder más grande que viene con el dolor se acumuló en sus ser, caminó a pasos agigantados y pesados, arrojando todos los obstáculos que se encontraba. Entro al castillo dispuesta a buscar a su madre y destruirla y nada la detendría a menos que…
Mal se detuvo en seco justo al terminar de surcar lo que quedaba del gran salón principal del castillo, alguien susurrando había dicho su nombre. Se giró paranoica esperando ver a algún villano, pero no fue así. Intentando calmarse, se pasó las manos por la cabeza y seco sus lágrimas de enojo.
─¿Quién está ahí?─ gritó demandante.
La chica escuchó su nombre de nuevo, y estaba vez ligeramente más concentrada, logró identificar el lugar de donde salía la voz, debajo de un pilar de mármol caído a unos pocos metros de con ella.
Cautelosa y en posición de ataque se acercó al pilar hasta descubrir a quien estaba debajo de él. Al verla, sus ojos se llenaron de lágrimas mientras ahogaba un grito de horror.
─Reina Bella… Yo…
La mujer le sonrió serena y al momento en que Mal se agachó para intentar ayudarle, ésta le tomo de una mano y la detuvo.
─Calma mi niña, guarda tus fuerzas.
Mal por más que evitó hacerlo, comenzó a derramar desesperada lágrimas gruesas que se escurrían de su enrojecido rostro hasta el suelo. El pilar caído con suerte y no había matado a la reina, le había aplastado toda la parte derecha del cuerpo y apenas había logrado sobresalir un poco de su torso, su cabeza y su brazo izquierdo, no sabía cómo estaba pero imaginó que todo su cuerpo lo habría de tener seguramente molido y como lo más probable tendría ya varias heridas abiertas derramando sangre.
─Déjeme sacarla de aquí.
Bella la miró cansada pero tranquila y le poso el brazo libre en el rostro.
─Mal, esto es caso perdido. Tú estás sana y salva, es lo que importa. Antes de que me agote necesitas saberlo, saber lo que paso para prepararte e intentar salvar a mi bebé.
La hechicera sintió una punzada terrible en el pecho, Ben estaba en peligro seguramente, pero oírlo de la Reina Bella confirmándolo se sintió peor de lo que esperaba. Intentando tranquilizarse, la chica se hincó y tomo con fuerza la mano de su majestad esperando oír lo peor.
─Maléfica estuvo aquí y jamás la había visto con tanto poder, demolió todos estos edificios con apenas sacudir sus manos, nadie habría podido detenerla y menos sin estarla esperando… aunque claro, tus amigos lo intentaron, no tenían un plan ni nada por el estilo pero aun así se acercaron a ella valientemente, entre ellos estaba mi hijo, Mal. Pero ella no los mató, con gran uso de magia abrió algo, como una especie de portal y les arrojó dentro, no sé dónde o como están, pero soy madre, querida, y yo siento muy dentro de mi ser que mi hijo sigue con vida, y si él está bien donde sea que tu madre lo haya enviado, todos tus amigos también lo están. Debes de ir por ellos, debes de recuperar a mi bebé y derrocar a tu madre, yo creo en ti, tú puedes hacerlo.
Las palabras de Bella se apagaban cada vez más. Mal se limpió los ojos y se paró en aquel lugar.
─Déjeme intentar sacarla, usted es la reina, debe de poder salir y dar la cara por su pueblo. La llevare a descansar usted podrá… usted podrá…
─Mi niña, mi tiempo ha terminado, yo lo sé. En el segundo en que Maléfica le travesó el pecho a mi amada bestia con su garra supe que lo mío había terminado, mi hijo ha sido coronado yo ya no soy reina, en cambio tú, tú y mi hijo son el futuro de Auradon, por eso necesito que lo encuentres y lo traigas de regreso, necesito que reconstruyan este mundo una vez más. Necesito saber qué harás lo necesario.
La mujer se mantuvo parsimoniosa hasta que mencionó a su difunto marido donde su voz se quebró un poco.
─No sé por dónde empezar─ admitió apenada.
─Vete de aquí, tu madre te está buscando y no estas lista para verla, vete a nuestra biblioteca y busca un pasadizo secreto en el muro que esta al fondo a la izquierda, te llevará a unos túneles que conectan a todo Auradon y a la isla de los perdidos, son indetectables con magia y te mantendrán a salvo al menos hasta que tengas un plan, lo lamento pero no puedo hacer más por ti.
Mal asintió con la cabeza y secó sus lágrimas. ─Es suficiente, yo prometo que haré lo que sea necesario. Mi madre sufrirá por esto y yo y Ben nos aseguraremos de eso.
─No Mal, nunca busques venganza, siempre ve por la justicia.
La chica asintió con la cabeza y se dispuso a continuar, la mujer estaba en lo correcto, si su madre le estaba buscando, era mejor ponerse en marcha.
─Antes de que te vayas, hija, necesito un favor.
─Lo que sea por usted, majestad.
─No puedes liberarme de aquí, no solo por el pilar, ya no valdría la pena. Pero puedes liberarme de otra forma.
Mal abrió los ojos cual platos y negó con la cabeza fervientemente. ─Usted no puede pedirme que yo… ¡No lo haré!
─Mal, quiero ver a mi esposo y quien sabe cuánto tiempo dure aquí. Por favor acércate a mí y toma collar, me lo regalo Bestia el día de nuestra boda, quiero que lo tengas y me regales solo uno de tus hechizos, por favor… por piedad.
Mal sintió escalofríos y siguió negando con la cabeza llorando más fuerte de lo que alguna vez lo había hecho. Casi como si una fuerza ajena la estuviera tomando ella obedeció a sus instrucciones y después de tomar el dichoso collar, tomó su libro de hechizos y buscó la última parte.
Los primero tres cuartos de libro eran hechizos básicos, los que usaba diariamente para cambiar su cabello y hacer crecer manzanas con sabores raros (cosa que hacía seguido para Carlos, específicamente) pero la última parte era oscura, las mismas páginas eran terroríficas, escritas en una tinta extraña y con hechizos que a decir verdad le ponían los pelos de punta. Pero esta vez era necesario hojearlos. Paso las hojas una por una buscando el hechizo correcto y una vez que lo encontró, suspiró derrotada y pasó dos de sus dedos sobre la frente de la reina comenzando a llorar nuevamente.
La reina Bella había sido más su madre en los dos años que llevaba ahí que Maléfica en toda su vida. Jamás pensó decirlo en voz alta, pero ella le quería de verdad. Fue de las primeras personas en mostrar genuino interés en su bienestar y ella se había refugiado en su regazo cuando se sentía perdida en su nuevo mundos lleno de bailes y burguesía, aun con su rudeza y genuina acidez, Bella la había aceptado y poco a poco la había tomado como una más de su familia.
Y ahora ella le pedía morir.
─Sangre con hiel. Lágrimas y morfina. Libera a este cuerpo de su alma y… muéstrale la salida.
Así fue como Bella exhaló su último suspiro.
Mal estuvo a pocos milímetros de estrellar su rostro contra una dura pared de metal. Su mente se enfocó tanto en recordar dolorosamente lo que le había llevado allí que no se había dado cuenta de que habían llegado a la entrada.
Justo después de abandonar la planta baja del castillo, Mal siguió las instrucciones de la Reina y corrió hacia la biblioteca, recogiendo unas cuantas provisiones en el camino, un par de botellas de agua del mini bar que estaba unos cuartos antes del salón real de reuniones que había sobrevivido a la presión, el saco de un guardia caído para el frio y las barras de cereal de aquella máquina que Bestia tenía siempre activa en su despacho.
Para su desgracia Audrey estaba escondida ahí entre los estantes de libros, con el maquillaje corrido y el cabello despeinado. A penas le vio, lloriqueo indignada como es que Chad le había abandonado apenas había comenzado el barullo y lo asustada que estaba. Mal no tenía tiempo para eso, de manera resumida le contó lo que sabía y de mala gana la arrastró consigo hacia los túneles. Le costó un poco encontrar el libro que accionaba el mecanismo de apertura, pero una vez que lo encontró, decidió meterlo en su bolsa llevarlo consigo, no fue a ser que su madre la siguiera hasta allí. A lo lejos del castillo el cielo se iluminó con una gran llama verde y el sonido de un rugido lo ensordeció todo, Maléfica había adoptado la forma de un dragón y como no había encontrado a su hija estaba furiosa, aún más de cómo había llegado. Ni torpe ni perezosa, Mal tomó a Audrey y se adentró con ella a los túneles.
Ella ya había oído hablar de ellos, además del puente mágico la otra forma de ingresar a la isla era a través de los canales subterráneos, su madre se obsesionó con buscarlos durante años, aunque no contaba que la entrada solo iba en una dirección y que, desde la isla, era imposible abrir la puerta y menos sin magia. De hecho, ahí había encontrado el mapa para poder recorrerlos, aun no sabía cómo su madre se había hecho de él, pero allí estaba.
Por fin habían llegado.
La puerta era metálica y enorme, de al menos el doble de estatura de mal, tenía una palanca central con la cual, Mal asumió se abría y unas viejas bisagras cuyos clavos eran del tamaño de una cabeza humana.
Honestamente Mal no quería cruzar, pero no tenía un mejor plan. No podían regresar porque Maléfica a esas alturas ya se habría apoderado de todo, no tenían más comida, ni agua y estaban tremendamente exhaustas. Al menos ella conocía la isla, y hasta no tener un mejor plan, debían de cruzar y regresar a sus inicios. Buscar un lugar donde comer y viejos aliados para enfrentar una posible guerra. Aun si no lo quería…
Mal debía de regresar a casa.
Así que... pues nada, increíblemente actualicé. Si es que hay gente leyendo todavía, espero que les haya gustado y lamento mucho el súbito cambio de género. De verdad no se como pasó esto de ser un Romance/Humor a un Tragedy, pero prometo que lo siguiente ira tomando más forma. Así como regresar a nuestra escuela favorita y ver que harán nuestras princesas con los Foráneos. Gracias por leer!
KanyHearts (la que al fin logró complementar bien su nombre)
