No sé qué hago aquí escribiendo cuando tendría que estar estudiando, pero bueno xD

Veamos... En este capi revelo algo más sobre la isla y sobre la maldición de Aka, aunque aún se quedará todo bastante confuso. ¡Paciencia! XD ¡Espero que os guste!

KittieMi: jajajaj bueno mientras eso que sientas sea bueno yo estaré tranquila xD Bueno, estaba planeando hacer otro fic en el que el romance sea con Killer, pero es que este fic ya lo tengo planeado :) ¡Gracias!

Uzumaki–neechan: gracias a ti por leer el fic y comentarlo, de verdad :) jajaj tus elogios me hicieron soltar una risita avergonzada en alto y apareció mi hermana pequeña por la puerta con cara de "¿Qué demonios le pasará ahora?" xD Sí, en realidad sí que sé cómo juntarlos ;D ¡Gracias!

Luffy,Rekee66: jeje viva el ectoplasma xD Bueno, Kidd es un caso, pero tiene potencial. Estoy segura de que la historia del Siglo Vacío le acercará mucho, como muy bien dices tú, al título de Rey de los Piratas. Me alegro de que todo este misterio te guste :D ¡Gracias!

Los personajes de OP no me pertenecen, pero sí parte de la trama y sus OCs.


- Diálogos.

"Pensamientos"

Memorias/Flash backs/Sueños

Canciones

"Libros/Escrito/Cuentos"


CAPÍTULO 3: Cobarde

- No.

- ¡¿Qué? - Rugió el pelirrojo de golpe.

- Que no.

La enorme mano de Kidd apretó con excesiva fuerza el reposa brazos de madera de una de las antiguas sillas de la sala de estar de la "posada".

- Escucha, mocosa, el fantasma viejo ese dijo que tú eras la única que podría traerlos y VAS a traerlos.

- ¡Já! Oblígame - contestó Aka con una sonrisa a la par arrogante y triste mientras le atravesaba el brazo con su mano fantasma, mostrándole que no podría ni tan siquiera tocarla.

El joven de mirada ambarina apretó los dientes en un vano intento de contener su furia.

- Hazlo - insistió.

Silencio.

- No.

Kidd se levantó furioso, golpeando la mesa con un fuerte puñetazo que la partió en poco más que varios fragmentos de madera astillada.

- ¡¿Por qué no? - Exigió, casi con furia homicida.

Ella sacudió la cabeza y le miró con sus abrasadores ojos rojos a través de los mechones azules que conformaban su flequillo recto.

- Este es vuestro problema, a mí no me toca por ningún lado. No es asunto mío.

- En eso te equivocas y lo sabes - Killer se despegó de la pared sobre la que había permanecido apoyado momentos antes y se acercó con pasos seguros hasta la silla donde la figura semitranslúcida de la chica permanecía sentada con rostro serio -. Sabes que todo esto sí te afecta.

- Qué sabrás tú de mí... - dejó salir ella con desgana mientras alzaba la mirada al techo.

- Puede que más de lo que piensas.

Ella bajó de nuevo la vista hacia él y se encogió de hombros.

- Sólo has hablado con mi padre, no pienses que por ello ya me conoces y sabes todo de mí. Insisto en que esto es únicamente problema vuestro.

- ¿Y por qué cojones sigues aquí entonces?

Aka dirigió a Kidd una mirada molesta y acto seguido, dejó que su figura atravesase la silla y el suelo de la habitación, desapareciendo del campo de sus visiones. Killer suspiró.

- El viejo tenía razón.

- Es terca - gruñó Kidd, tomando asiento de nuevo.

- Sí, me recuerda a alguien - contestó el rubio con una sonrisa.

El pelirrojo sonrió siniestro también.

- Es igual, volverá.


Aka cerró los ojos mientras caminaba a paso lento por el bosque. No necesitaba mantenerlos abiertos pues ya no podía chocarse con nada, todo aquello que estuviese en su camino la atravesaría como si en realidad ella no estuviese allí.

Sin saber muy bien cómo, llegó hasta la orilla de la isla y observó el triste paisaje que era el de su hogar: niebla. Niebla cubriéndolo todo, en todas direcciones, incluso el mar o el sol. Únicamente la luna les era visible a ellos, los Ghost, una vez al mes. Y una de esas veces sería a partir de las 12 de la mañana siguiente, y hasta 24 horas después. Por un momento deseó poder sentir el agua del mar rozar sus pies con suavidad, empapándola de alegría y sueños. Pero no era así. No podía sentir aquello más de una vez al mes, más concretamente en luna llena.

Suspiró.

A partir de las 12 de la mañana del siguiente día sería luna llena, y duraría las 24 horas siguientes. Y era por ello precisamente, por aquella condición de su maldición, que ella podría ayudar a salvar a los sacrificios del Nuevo Tratado, que a buen seguro iban a ser los dos miembros desaparecidos de la tripulación de Kidd.

Sí, podía ayudar. ¿Pero por qué hacerlo? Si el Tratado no se renovaba como cada año, aquello que la impedía abandonar la isla desaparecería, sería libre otra vez pero... aquello únicamente traería problemas. Si el Tratado no se renovaba... los Uragiri se lo dirían al Gobierno, quien de seguro no se lo tomaría nada bien.

Cerró los ojos mientras se sentaba sola a la orilla del mar y antes de ser consciente del propio paso del tiempo, la noche se había echado sobre ella.


Kidd sintió una mano sobre su hombro, moviéndole con fuerza de un lado a otro intentando despertarle.

Gruñó por lo bajo, pero la mano seguía ahí.

- Oye... Muchacho despierta.

- Lárguese... - murmuró entre dientes.

- ¡No hay tiempo! Son las 11, ¡sólo tenéis una hora para salvar a vuestros compañeros e impedir que el Tratado se renueve!

- Kidd, despierta ya, ¡no hay tiempo!

Maldiciendo por lo bajo, el capitán abrió los ojos y se encontró con su compañero, Killer, moviéndole para despertarle mientras que tras él el anciano parecía claramente nervioso.

- ¿Tratado? ¿Qué Tratado? - Kidd se estiró perezosamente sobre la cama mientras se incorporaba para escucharle.

El viejo suspiró y le miró seria y largamente.

- Necesito que saquéis a mi hija de esta isla. Ella debe recuperar su cuerpo, ¡aún puede vivir una vida! Pero...

Se detuvo un momento y Kidd alzó una ceja.

- ¿... pero?

- Pero ella... no podrá abandonar esta isla si el Tratado se renueva.

- Kidd, el Tratado se renueva ofreciendo dos sacrificios vivos a la luna llena una vez al año, y esos sacrificios... son nuestros camaradas.

Kidd entrecerró los ojos pero no dijo nada, Killer parecía que ya se había informado acerca de todo. El anciano continuó.

- Como ves, hijo, estamos todos en el mismo bando. Vosotros queréis salvarles y yo que el renovado del Tratado se retrase lo justo para que Aka pueda irse con vosotros.

- Viejo, te olvidas que ella no quiere saber nada de esto.

- Mi hija no es una cobarde, muchacho, y os acabará ayudando. Y si luego no quiere irse yo puedo obligarla. Simplemente necesito saber ahora antes de que vuelva que os la llevaréis con vosotros.

Kidd y Killer compartieron una mirada y una sonrisa burlona se dibujó en el rostro del capitán.

- Ya veremos. Primero tendrá que demostrarme que puede ser de utilidad.

El anciano asintió y el sonido de la cocina trabajando les indicó que Aka ya había regresado.

Sin demorarse demasiado, Kidd se vistió y bajó junto con Killer a la cocina, donde la chica mantenía una discreta conversación con su padre. Ella les miró en cuanto aparecieron por la puerta y dejó a su padre atrás para dirigirse a Kidd directamente.

- Lo haremos a mi manera, Kidd. Si es así, puedes contar conmigo, si no, nada.

Kidd frunció el ceño. No le gustaba dejarse mangonear por los demás, ni siquiera en situaciones como aquella, pero la mirada roja de la joven no admitía más opciones. Lentamente, asintió con la cabeza y ella continuó hablando.

- Los Uragiri son guerreros, Kidd, igual que los Ghost, pues hace tiempo fuimos de la misma civilización. Tras la batalla que tuvo lugar en el Siglo Vacío, el Gobierno mantuvo aquí a algunos soldados que renovaban el Tratado año tras año hasta que algunos de nosotros les juraron lealtad, convirtiéndose así en los primeros Uragiri. Tras aquello, el renovar el Tratado quedó en manos de aquellos traidores que año tras año nos encierran a nosotros los Ghost, que fuimos sus compañeros durante años, en esta isla. ¿Entiendes?

- ¿Por qué se vendieron al Gobierno?

Ella les sirvió rápidamente el desayuno.

- Porque el Gobierno en un determinado punto de la historia, nos ofreció volver a vivir si le jurábamos lealtad. Y la mayoría, aceptó el trato - se hizo un breve silencio -. Pero mi padre, yo, y algunos más nos mantuvimos firmes sin aceptar aquel soborno. Y el resultado de esa "nueva vida" es lo que ya habéis visto. Fueron revividos en cuerpos de zombies en vez de en sus auténticos cuerpos.

- Otro trapo sucio del Gobierno.

Ella asintió y terminó de recoger todo a gran velocidad mientras se paraba frente a ellos.

- Como te decía, Kidd, antes de la guerra nuestra civilización era por completo de guerreros. Por mucho que sus cuerpos den a entender lo contrario, no son tontos ni se dejarán sorprender. Saben que queréis recuperar a vuestros camaradas, como también saben que hoy precisamente los Ghost seremos más fuertes que cualquier otro día debido a la luna llena.

- ¿Y qué propones? ¿Acaso sabes dónde están?

Ella asintió y sacó un mapa de la isla de uno de los cajones de la mesa del recibidor. Fue entonces, cuando la luz la iluminó, que ambos piratas se dieron cuenta de que la ropa que llevaba había cambiado. Vestía un pantalón negro ajustado con botas altas también negras, un top naranja sin tirantes que dejaba su vientre al descubierto y guantes largos hasta los codos, también negros.

- ¿Y esa ropa?

- No querrías que luchase con el camisón, ¿no?

Killer se sorprendió.

- ¿Cómo va a luchar un fantasma?

Ella negó con la cabeza.

- Dejemos esas explicaciones para luego, se nos acaba el tiempo y aún tenemos que llegar hasta ellos. Veamos, he mandado a tu tripulación hacia el lago, que se encuentra en la parte central de la isla, así estarán a salvo y no interferirán. A Zombi y Kabuto ya les he indicado que vayan y nos esperen en la zona Uragiri, les dije que los encontraríamos allí y que no llamasen la atención. Y vosotros... Killer, tú eres el más rápido, ¿verdad? - El rubio asintió algo sorprendido por la capacidad de estrategia de la chica - Bien, necesito que vayas con Zombi y Kabuto y que entre todos encontréis este bar - le acercó una foto con sus dedos semitransparentes en la que aparecía una fachada de madera caoba, con un cartel sobre la puerta en el que ya no se leía el que alguna vez habría sido el nombre del local.

Killer lo miró mientras memorizaba cada uno de los detalles, desde el jarrón con flores muertas de la ventana, hasta las sillas de madera vieja y rotas de la entrada.

- ¿Qué tiene de especial este bar? - Preguntó.

- En él tienen prisioneros a vuestros amigos, estoy segura.

- ¿Los has visto?

- No. Estoy segura porque es el único edificio que ha desaparecido desde la guerra. Normalmente se habría derrumbado por el paso de los años o se habría quedado abandonado, pero directamente, este edificio desapareció sin dejar rastro, lo que me lleva a pensar que está relacionado con todo esto.

- Ya veo. Y tú ¿qué harás?

Aka miró entonces a Kidd con expresión seria mientras él parecía seguir estudiando su estrategia.

- Kidd y yo iremos juntos al antiguo jardín de ese bar, que extrañamente aún sigue en su sitio, no como el edificio.

- ¿Y qué pretendes que hagamos allí? - cuestionó el pelirrojo.

- Luchar. Allí es donde los sacrificios se llevan a cabo y debemos desbaratar sus preparativos antes de las 12. Es decir, tenemos 40 minutos.

- Eso no tiene sentido, mocosa. Si el sacrificio se hace allí, les esperamos a que lleguen con los chicos y los aniquilamos - bufó él.

Ella le miró alzando una ceja.

- ¿Es que no me has escuchado? Si llegan a sospechar de una emboscada, tendremos problemas. Hoy seré más fuerte a partir de las 12, pero eso no me va a hacer invencible. Y puesto que vosotros también sois mortales, prefiero no arriesgar nuestras vidas innecesariamente

- Aka...

Aka alzó el rostro hasta encontrarse con la mirada orgullosa de su padre, que llevaba un largo objeto cubierto con una sábana sobre las dos manos.

Ella se quedó paralizada unos instantes antes de reaccionar ante la voz exigente del pelirrojo.

- ¿Qué es eso?

- "Eso"... - comenzó ella mientras le rodeaba y alcanzaba a su padre - es mi katana.

Le retiró la sábana de encima con sumo cuidado y dejó al descubierto una larga hoja perfectamente cuidada que se unía a una empuñadura cubierta de tela roja, de la que colgaban dos pequeñas tiras de tela de color dorado. Inmediatamente después de retirar la sábana, la espada atravesó las manos del anciano para ir a parar al suelo.

Aka fue a cogerla, pero, para sorpresa de todos, su mano la atravesó. La chica cerró los ojos. Killer dio un paso al frente.

- ¿Por qué no puede cogerla?

Ella sonrió con tristeza.

- Porque los únicos objetos que puedo tocar son los necesarios. Objetos de cocina, agua, ducha, sábanas para dormir y suelo principalmente. Parece que olvidáis que aunque no esté propiamente muerta, sigo siendo un fantasma - dijo con desagrado.

Kidd negó con la cabeza.

- Tú misma dijiste que podías tocar objetos.

- Pero no especifiqué que pudiese tocarlos todos. No puedo tocar a la gente, tampoco los árboles ni a los animales. Es como si... como si viese el mundo a través de un cristal. Sé que estoy en él, puedo verlo y olerlo, pero no tocarlo o sentirlo.

Aka dejó caer la mano con pesadez y se volvió a mirar a ambos piratas que permanecían expectantes. Kidd tomó la palabra antes que nadie con una sonrisa arrogante dibujada en el rostro.

- Eres una cobarde.

Ella abrió los ojos sorprendida y le miró son saber muy bien qué contestar. Ante su falta de palabras, el pelirrojo se dio la vuelta hacia la salida del edificio.

- Si sigues aquí después de 800 años no es porque no quieras vivir la vida de nuevo, es porque tienes miedo. Y la gente como tú... es el tipo de gente que más disfruto matando.

Abrió la puerta para salir, pero un objetó se estrelló contra su cabeza estrepitosamente. Furioso, se dio la vuelta a tiempo de ver cómo ella le lanzaba otra sartén con la rabia brillando en su mirada.

- ¡¿Qué sabrás tú sobre el miedo? ¡¿Qué sabrás tú de nada? - Un par de furiosas lágrimas comenzaron a brillar en los ojos de ella, ahora cubiertos por su flequillo azul - ¡Tú no sabes nada! ¡Nada de nada! ¡¿Acaso alguna vez lo has perdido todo en apenas 3 minutos? ¡¿Acaso alguna vez te lo han robado todo sin motivo? ¡¿Alguna vez te ha traicionado la persona más importante para ti? ¡¿O alguna vez... - su voz se convirtió en un susurro apagado - ... alguna vez has estado 800 años encerrado en un lugar, viendo cómo cambia todo a tu alrededor, perdiendo la noción del tiempo y muriendo lentamente sin poder evitarlo?

Aka permaneció con la cabeza gacha mientras Kidd la observaba con ojos impasibles. Killer abrió la puerta.

- Yo me voy yendo.

Y sin decir más, dejó que su capitán se encargase de la situación.

El pelirrojo la habría agarrado del pelo para obligarla a alzar la mirada hacia él, pero eso con un fantasma era más que imposible, por lo que simplemente apretó los puños a ambos lados del cuerpo.

- Entonces lo que ocurre es que te has rendido - la vio convulsionarse suavemente e intentar ocultárselo apretado los dientes y fingiendo una fortaleza que en realidad ya no sentía -. En un principio creí que tenías miedo de que el Gobierno se diese cuenta del retraso en la renovación de ese Tratado y que, al descubrir que te habías largado, decidiesen matar tu cuerpo. Creí que simplemente tenías miedo a morir. Pero me decepcionas más incluso. Como tú bien dices, es imposible que alguien sepa cuánto has sufrido, pero aún así, resignarse es de cobardes. ¿Crees que por no acceder al chantaje del Gobierno y convertirte en Uragiri eres más valiente? ¿Mejor persona? - Kidd negó con la cabeza y la dedicó una fría mirada - No eres más que una rata asustada que se esconde de su propia sombra. Y yo no quiero a nadie como tú en mi barco.

Aka se quedó mirando la espalda del pelirrojo mientras éste se alejaba en dirección al bosque. Apretó los dientes con frustración mientras varias lágrimas descendían por sus mejillas con rabia, limpiando sus ojos de oscuridad y dando paso a una vieja determinación que hasta entonces había quedado ocultada por el miedo y la resignación.

Su padre sonrió de corazón al ver la expresión de su hija al levantarse tras varios minutos en el suelo.

Aquel hombre lo lograría, se dijo a sí mismo. Eustass Kidd sería capaz de hacer que su pequeña desease volver a vivir, estaba convencido desde que les vio desembarcar en la isla, y ahora que veía la llama flamante de la vida brillando en los fantasmagóricos ojos rojos de su hija supo que no se había equivocado. Con una sonrisa en su propio rostro, volvió a envolver la katana en la sábana para poder cogerla y se la tendió así a su hija, que la tomó con determinación mientras respiraba profundamente, sabiendo que lo que iba a hacer ya no tendría marcha atrás. Abrió los ojos y miró a su padre con una sonrisa.

- Volveremos para cenar.

Cogió las sábanas con cuidado y salió de la posada en busca del pelirrojo, de aquel arrogante y egocéntrico capitán pirata que haciendo uso de su orgullo, había sido capaz de comenzar a sanar algunas de las heridas abiertas de su propia alma.


- Así que el capitán se quedó al cargo.

Killer asintió mientras caminaba con sus dos compañeros a grandes zancadas por las calles del distrito Uragiri. A pesar de las prisas que tenían, pues no les quedaban más que 15 minutos para las 12, no debían llamar la atención de nadie que pudiese entorpecer su objetivo.

Habían pasado calles y calles, casas, casas y más casas, y todas parecían iguales. Las mismas ventanas, los mismos cristales rotos en el suelo... Era como si cada vez que pasaban una manzana de edificios, se repitiese sin parar. El mismo fragmento de calle una y otra vez.

- Esperad un momento, no estamos avanzando nada.

Zombi y Kabuto se detuvieron en seguida, pues ellos también se habían percatado de aquel engaño.

- ¿Hay alguien detrás de todo esto, Killer?

El rubio asintió con la cabeza.

- Estoy seguro de que están obvservándonos desde que llegamos. Aka tenía razón, no son estúpidos.

- ¿Qué hacemos?

Killer apretó los dientes en señal de frustración. Dirigió la dirección de su mirada hacia una posada cuyo jarrón de la ventana era idéntico al de la foto. Sus dos compañeros trataban de averiguar qué pensaba, pero debido al casco que siempre llevaba su única opción era esperar a que él mismo se lo explicase.

- Creo que deberíamos empezar por aquel bar.

Los tres se encaminaron hacia allí atentos a todo lo que les rodeaba, pues aunque no tenían pruebas de ello, era evidente que no estaban solos.


- ¡Kidd! ¡Kidd!

Aka buscó en todas direcciones con la mirada ¿dónde podía haberse metido el pelirrojo? Súbitamente, el crujido de una rama al ser rota detrás suyo la alertó de otra presencia y se volteó a tiempo de ver aparecer al pelirrojo entre un montón de arbustos.

Al verla allí, con esa mirada levemente aturdida por su extraña aparición, Eustass Kidd no pudo menos que sonreír de medio lado.

- ¿Ya reaccionaste?

Ella respiró profundamente mientras agarraba con más fuerza las sábanas que cubrían su katana.

- Gracias - fue todo cuanto dijo y Kidd no insistió.

Aceleraron el ritmo de sus pasos a medida que veían que el tiempo pasaba y se acercaba más al medio día. Cuando apenas quedaban 5 minutos y estaban a poca distancia del objetivo, Aka se detuvo mirando hacia el cielo.

Kidd se la quedó mirando y siguió la línea de su mirada hasta descubrir un pequeño agujero en la niebla, uno que permitía que se viese un pequeño punto azul del cielo.

- ¿Qué significa esto?

- Que ya es la hora.

El pelirrojo se volvió a mirarla y ya no pudo apartar la mirada de ella. Ante sus propios ojos, el cuerpo de la joven se volvió sólido y el leve resplandor fantasma que había hecho brillar su piel de forma sobrenatural minutos antes desapareció. Sus pies dejaron de flotar a pocos centímetros del suelo para bajar hasta apoyarse en él por completo y al final de aquella transformación, ya no podía ver a través de ella.

- ¿Qué demonios...?

La mirada ciertamente sorprendida de Kidd seguía fija en su compañera, que ahora era una humana completamente sólida. La vio retirar las sábanas que cubrían su katana y observó con interés cómo la chica cerraba los dedos con seguridad alrededor de su empuñadura.

Finalmente, Aka le miró con una sonrisa apagada.

- ¿Recuerdas que hoy sería más fuerte? - El pelirrojo asintió con rostro serio mientras alzaba una mano y le rozaba el brazo - Esto sólo ocurre una vez al mes, durante las 24 horas del día que hay luna llena. Durante ese periodo, el efecto de la luna en la maldición está mucho más presente, lo que hace que mi apariencia sea la misma que tenía mi cuerpo. Esto es bueno y malo al mismo tiempo. Bueno porque así puedo tocar otros objetos y podré pelear sin problemas, pero malo porque si resulto herida justo en estas 24 horas... también sería como si siguiese viva. Podría llegar incluso a morir, como si éste fuese mi cuerpo real.

- ¿Cómo es que la luna te afecta tanto?

- La espada que me cortó era la espada del filo de la luna. Su portador era un mago muy poderoso cuya obsesión y fuente de poder se decía que provenía de la luna. Yo sólo comprobé que eso era cierto la primera luna llena que pasé como fantasma.

Kidd permaneció en silencio unos segundo mientras la observaba hasta que una voz a su espalda rompió la paz en la que les había envuelto aquella situación.

Killer apareció de entre los árboles, seguido por Kabuto y Zombi, y ninguno de ellos pudo evitar reparar en la nueva apariencia de la chica.

- ¿Kidd, qué...?

Un grito proveniente del pueblo les sacó de sus pensamientos y Aka fue la primera en reaccionar.

- Las explicaciones luego, que aún quedan muchas. ¿Dónde están vuestros amigos?

- No los encontramos - contestó Zombi -. Fue como si alguien nos hubiese tendido una trampa, algo así como un laberinto.

El rostro de ella palideció al escuchar aquello. Kidd pareció darse cuenta.

- ¿Qué sabes de eso?

Ella suspiró y miró el filo de su katana.

- Que tenemos una dura batalla por delante.

Una vez más, una voz masculina retumbó en sus sonidos y Killer la reconoció.

- ¡Rando! ¡Es su voz!

Los 5 asintieron y salieron corriendo hacia el patio del bar desaparecido, donde una extraña escena les esperaba con una siniestra expresión.

Ante ellos, los dos piratas estaban atados y sujetos a dos postes sobre una pila para incineraciones, y frente a ellos, había tres hombres y una mujer.

Uno de los hombres, el más joven, detuvo su mirada en Aka.

- ¿Has venido a unirte a nosotros al fin, Aka?

Fue como si su corazón se detuviese por segunda es en su vida.

- Lucius... - susurró.


Continuará...