Aquí está el tercer capítulo de mi historia. Los personajes no me pertenecen, para mi mala suerte. T-T


Capítulo 3: Recuerdos

Hinata se despidió de Ino y entró a su casa, sus padres al escuchar la puerta abrirse fueron de inmediato a ver a su hija, estaban muy preocupados por lo que había ocurrido.

Querían hablar con ella sobre lo que había pasado en la escuela esa mañana, pero en estos momentos parecía que no quería hablar porque se veía bastante cansada.

La ojo luna solo quería refugiarse en la soledad de su habitación, necesitaba un lugar tranquilo para pensar y aclarar su mente, no quería que le preguntaran nada, no tenía ganas de escuchar a nadie, solo quería estar sola.

Los saludó educadamente y se dirigió a su recamara, Hiashi iba a ir a buscarla pero Hana lo detuvo y negó.

Su pequeña estaba demasiado agotada, ya tendrían tiempo para hablar sobre eso más adelante, por el momento lo mejor era dejarla tranquila.

Hinata sabía perfectamente que es lo que le dirían y no es que no tuviese la suficiente confianza para hablar con ellos sobre eso, no era eso.

Confiaba en ellos plenamente, pero no quería hablar sobre eso, necesitaba paz. Solamente necesitaba estar un tiempo a solas para aclarar varias cosas y poner sus ideas en orden.

En tan solo unas horas acababa de tener un montón de sentimientos, y ninguno de ellos había sido buenos, necesitaba calmar su mente.

Ver como aquellos que se hacían llamar tus amigos ahora la desprecian por algo que en verdad ella no había hecho no es algo agradable para nadie, menuda suerte había tenido, todo lo que conocía había cambiado en un instante.

Podría haber soportado el hecho de ser odiada por toda su clase, de ser inculpada por algo que no hizo, incluso ser odiada por toda la escuela, pero le molestaba que Karin tampoco la creyese y sobretodo los desprecios de Kiba.

Se tiró bocabajo en su cama para poder evitar pensar en lo ocurrido pero las imágenes de lo sucedido venían a su cabeza como flashbacks y no le daban un segundo de tranquilidad.

Abrazó con fuerza el gran oso color crema que Kiba ganó para ella en los dardos cuando fueron a la feria de abril el año pasado. Las lágrimas que había estado reprimiendo comenzaron a salir, sus orbes de color perla comenzaban a teñirse de rojo, reflejando su dolor.

Eso no estaba bien, no quería volver a ser esa niña tímida y llorona que era cuando ella era pequeña, ahora había crecido, se había convertido en una persona madura y fuerte.

Puso la radio para calmarse un poco, la música siempre le ayudaba en este tipo de situaciones:

–Han habido muchas peticiones para esta canción, así que a disfrutar. –dijo el locutor.

Tus desprecios son (tus desprecios son) lo que a mi corazón, están matando.

Y tus desaires son como puñales que me estás clavando.

Y ya no sé qué hacer (y ya no sé qué hacer) para recobrar tu amor y que me quieras de nuevo.

Día tras día poco a poco nuestro amor por tus desprecios se está acabando.

Hinata rápidamente apagó la radio, realmente hoy no era su día de suerte, nada había ido bien.

Adoraba las canciones de Selena, pero porqué esa canción entre todas las que ella tenía, porqué justo hoy, se preguntaba mientras lanzaba un largo suspiro y miraba al techo de su habitación tratando de hallar una respuesta a su dilema.

Cogió su móvil para llamar a Ino, necesitaba de su mejor amiga, pero comenzó a dudar, no quería ponerle triste a ella también, no se lo merecía, así que dejó el móvil donde estaba y buscó otra cosa con la que poder entretenerse.

Tomó de su estantería uno de sus libros preferidos y se dispuso a leerlo pero cuando describían la situación que estaba sufriendo la protagonista la asimiló inmediatamente a la suya y eso la puso de peor humor.

Dejo el libro en su sitio y trató de tomar otro pero entonces su mirada se desvió hacia su antiguo álbum de fotos, se había olvidado por completo de él.

Al abrirlo lo primero que vio fue una foto de cuando los tres estaban en párvulos, eran tan pequeños, la idea le causaba gracia, ahora todos estaban distintos, realmente habían crecido.

Ella estaba en el medio, Ino y Kiba la abrazaban por cada lado y tenía las mejillas claramente sonrojadas mientras miraba de reojo a Kiba e Ino reía pícaramente.

Puede que Ino y Kiba no hayan cambiado tanto porque seguían sido personas alegres y llenas de vida, pero cuando Hinata era pequeña era una niña muy, pero muy tímida y no muy sociable, ya que no hablaba con nadie de su clase.

Pero gracias a los esfuerzos de ambos ella pudo integrarse en la clase y cambiar un poco.

Hinata estaba muy agradecida por todo lo que habían hecho por ella. Nunca la dejaron sola como hicieron sus otros compañeros y siempre la ayudaron en todo.

La primera vez que fue a la escuela entró llorando y no quería soltarse de su mamá tenía miedo, pero la maestra Kurenai la logró calmar y llevarla a clase.

Luego Ino se le acercó pero ella no decía nada, solo mantenía sus ojos ocultos tras su denso flequillo, mientras Ino sonreía y la miraba fijamente.

Ningún otro niño se acercaba, todos tenían miedo de ella, ya que parecía una zashiki-warashi. Los días iban pasando y no interactuaba con nadie entonces Ino se puso a su lado a jugar.

Al ver esto Kiba la siguió y también trató de hablar con Hinata, logrando que ella riera, cosa que sorprendió a todos porqué ella solo se quedaba en una esquina y jugaba sola.

Veía una tras otra foto de ellos, realmente eran bonitos recuerdos. Cuando volvió a girar la página se encontró con una foto de los cuatro.

Ino estaba abrazada a ella y ambas se estaban riendo porque Sasuke trataba de huir ya que no se quería tomar la foto pero Kiba lo retenía con un brazo sobre su cuello mientras posaba.

Cuando los tres entraron a primaria conocieron a Sasuke, cuando lo vio por primera vez pensó que era parecido a ella porque tampoco era sociable, aunque luego descubrió que era porque a él no le interesaban los demás, pero a diferencia de ella él hacía que la gente lo siguiera sin tener que esforzarse.

Desde pequeño siempre había sido así, rio ante esa idea; él era el que menos había cambiado, seguía haciendo las cosas tal cual a él le parecían, siempre fiel a sus convicciones.

Cuando estaba en primaria no hablaba con nadie pero a Kiba le encantaban los retos así que intentó de ser su amigo de todas maneras y siempre trataba de hablar con él a la mínima oportunidad.

Al principio no fue nada bien porque Sasuke siempre lo ignoraba, y las únicas veces que parecía esbozar una sonrisa eran cuando su madre o su hermano mayor lo venían a recoger.

Pero Kiba no era de las personas que se rendían fácilmente así que lo seguía intentando e intentando.

Entonces, un día al finalizar las clases a Hinata le tocaba cuidar el conejo de la escuela con Sasuke.

Entonces ella se estaba encargando de cambiar la comida del señor saltarín y Sasuke tenía que cerrar la puerta pero como estaba concentrado limpiando la jaula no se dio cuenta que no había cerrado bien la puerta y esta quedó medio abierta, haciendo que el señor saltarín se escapase.

Sasuke buscaba al conejo mientras Hinata lloraba por miedo a que algo le pasase al señor saltarín. Él al escuchar sus llantos paró de buscarlo y le acarició la cabeza ya que le incomodaba sus lágrimas.

Kiba que justo pasaba por allí escuchó los sollozos de la peli azulada.

–¿Hina, Sasuke, ocurre algo? –preguntó el castaño al ver en ese estado a su amiga.

Cuando se lo explicaron empezó a ayudarlos a buscarlo, pero no lo encontraban y ya se estaba comenzando a hacer tarde.

Cuando Kurenai vino a ver qué tal iban con su trabajo se sorprendió al ver que no estaba el conejo y se molestó.

A Hinata no le gustaba que le regañaran, además quería mucho a Kurenai y le resentía que ella le resondrara.

Sasuke tampoco parecía muy a gusto en esa situación, parecía sentirse culpable por meter a Hinata en ese lio, aunque aparentara indiferencia.

Kiba al ver a sus amigos de esa manera quiso ayudarlos y dijo que fue su culpa, que abrió la jaula para coger al conejo pero se le escapó.

Sasuke se sorprendió pero rápidamente lo negó diciendo que él había sido el verdadero culpable porque se había olvidado de cerrar bien la puerta de la jaula haciendo que el conejo se escapase.

Kurenai al ver como los niños se protegían solo lo dejó como una advertencia y les pidió que buscasen al conejo.

Estuvieron toda la tarde buscando lo hasta que por fin lo encontraron metido entre unos arbustos. Sasuke se sintió en deuda con Kiba por la ayuda y el querer encubrirlo.

–Perdonad las molestias–dijo el morocho un poco avergonzado.

–Tranquilo, para que están los amigos–respondió Kiba con una de sus sonrisas.

–Realmente me persiguen los dobes–dijo Sasuke dejando en dudas a Kiba y Hinata, pero que de alguna forma sentían que por fin se había abierto con ellos.

Hinata realmente admiraba a Kiba, para ella él era tan valiente y radiante, con una cálida sonrisa que te llenaba por completo y te daba tranquilidad.

Siempre gustó de él, desde el momento en que lo conoció, lo admiraba mucho.

Pero no se atrevía a dar el paso de la confortable zona de amistad y solo se conformaba con eso.

Pero a medida que fue creciendo dejó de ser esa chica tímida y se comportaba más seguramente, gracias a consejos y ayudas externas.

Quería demostrarle a Kiba y también a ella misma que era una chica fuerte, no una hermanita pequeña a la cual tenía que cuidar o una damisela a la que socorrer.

Quería que él la viera como algo más que una amiga de la infancia y gracias a los ánimos de Ino y a otra persona importante en su vida al final se atrevió a confesarse.

Cerró el álbum, se encontraba más tranquila, recordar le había hecho bien, añoraba esa época.

Ahora solo tenía que averiguar por qué Kiba se había comportado así con ella y lo mejor era preguntárselo ella misma por lo que llamó a su móvil.

Cuando empezó a sonar podía escuchar el palpitar de su corazón, pero entristeció al ver que no atendía a su llamada.

Se estaba empezando a poner nerviosa porque no se lo cogía, ya había marcado más de tres veces pero le saltaba su buzón de voz.

–Hola, soy Kiba, ahora estoy ocupado pero deja tu mensaje después de la señal y lo escucharé más tarde–dijo su voz en el contestador.

¿Realmente él la estaba evitando, creería que ella si había copiado en el examen? Se preguntaba muy triste.

Descartó rápidamente esa idea de su mente. Kiba no era de las personas que creyesen las cosas a la primera, tal vez había algo más, pero, ¿qué?

Tomó su portátil para ver si estaba en línea, pero parecía que no se había conectado en horas, cosa rara en él.

Fue a revisar su correo electrónico cuando encontró un nuevo correo en su bandeja de entrada que hizo que su corazón comenzara a latir como loco casi saliendo de su pecho.


Chan, chan, chan ¿De quién es ese correo, de Kiba? Espero verlos en el próximo capítulo de Giros de la vida. :D Parezco narradora de telenovela. XD