3: De compras
El resto de la noche pasó rápidamente. Fue genial haber vuelto a compartir con mis mejores amigas luego de tantos meses, y mejor aún el descubrir que seguimos siendo las mismas de siempre… alegres, algo inmaduras –ok, bastante- y sobretodo, unidas.
Se empeñaron en sacar el tema de mi compromiso y ¡agh! No me gusta hablar de eso… y ahora que salió la idea de tener una cita con los hermanos de mis mejores amigas… ¡Merlín, apiádate de mí!
-Astoria, tu madre y yo tenemos algo que decirte.
-Uhm… dime padre ¿Qué pasa?- A veces, de verdad me irritan las formalidades… pero "así deben ser las cosas".
-Lo que pasa hija, es que hemos organizado una fiesta – dijo mi madre.
-Una… fiesta?- respondí confundida.
-Veo que no amaneciste con muchas luces hoy, hermanita. Claro que una fiesta.- Recitaba Daphne mientras entraba al Salón.
-Será un evento por tu cumpleaños, querida.- explicó mi padre.
-Y por supuesto, un evento formal.- añadió mi madre.
-Invitaremos como es debido, a tus amigas, sus familias… en general a todo nuestro círculo. – Mi cara a estas alturas, era tooodo un poema. Algo así como esa pintura muggle que se llama "El grito".
-Oh! De seguro que será simplemente magnífico.- decía Daphne con una macabra alegría fingida, aplaudiendo rápidamente.
-¿No tendrías que estar con tu novio? – le escupí a Daphne
-No. He estado viendo a Theo todos estos días. También debo dejarlo respirar. – Podrías dejarme respirar a mí de vez en cuando, pensaba para mis adentros.
Bien, ahora las cosas sí que empeoraron. Un 'magno evento social' por mi cumpleaños 20. Wow, cuando era pequeña soñaba con irme de parranda por bares muggles cuando cumpliera 20. Pero supongo que sería sumamente 'mal visto', así que debo resignarme.
Para colmo, luego volveré al Instituto a seguir con mis estudios… cada día queda menos para volver al aula de pociones y hechizos medicinales.
La dichosa fiesta tomará lugar el viernes 16 de Agosto, justo el día de mi cumpleaños-en dos semanas más-; y a mediados de septiembre volveré a la vida universitaria.
Aglaia me acompañará a buscar un vestido para mi fiesta, y también comprará uno para ella. Finalmente –y luego de mucha discusión-, logré que mi madre me permitiera a mí escoger el vestido y no ella, como solía hacerlo para todos estos pomposos compromisos. ¡Demonios, que ya no tengo 14! Sé perfectamente elegir un buen vestido.
Al parecer, Laia me tenía una… 'sorpresilla' cuando nos encontramos en Hogsmeade.
-Oh… Adrastos, no esperaba que nos acompañaras.- dije y lo saludé con un beso en la mejilla. No pude evitar sonrojarme un poco por los comentarios de la otra noche.
-Bueno, mis padres no quisieron dejarlas solas a ti y a Laia, tomando en cuenta a donde quieren ir… y digamos que hoy soy el enviado especial.
-Sí, no pude quitármelo de encima. Pero no importa, él se irá a otra tienda a buscar un traje para él… ¿no es cierto hermanito?- dijo Aglaia abrazándolo muy fuerte como queriendo asfixiarlo… y de hecho creo que eso pretendía.
No, no me molestó la compañía de Adrastos. De hecho, creo que a ninguna chica le molestaría. El chico es muy… muy bien parecido. Es alto, tiene los ojos azules brillantes igual a su hermana, el pelo de un negro intenso, la tez blanca sin ser pálida y para colmo, es de esos chicos con sonrisa de aviso de dentífricos. Pero, aún así, lo seguía viendo como 'el hermano de mi mejor amiga', después de todo, lo conozco desde poco antes que las chicas y yo estuviéramos en Hogwarts.
Ese día, no fuimos a las típicas tiendas de Hogsmeade o el Callejón Diagon. Fuimos a un pueblo, de magos por supuesto, en Escocia llamado Oplanswarth. En Oplanswarth hay tiendas de ropa muy finas y entré a una con Aglaia y su hermano, llamada Madame Louise.
Puesto que la boutique vendía ropa para ambos sexos, no fue necesario que nos 'deshiciéramos' de Adrastos, lo que no le hizo gracia a mi amiga.
Por suerte –según ella- inmediatamente una vendedora, una señora de unos 50 y algo años lo agarró del brazo y se lo llevó a ver trajes. Noté la cara de auxilio que ponía Adrastos mientras era literalmente arrastrado hasta la sección de hombres, ya que la mujer lo miraba lasciva y descaradamente. Nosotras, por supuesto, nos reímos de lo lindo, hasta que otra vendedora, una señora más joven y de mejor trato hacia el cliente, nos atendió.
Me habré probado unos siete vestidos. Todos hermosos. Aglaia, con lo 'poco' vanidosa que es, se probó unos doce. Todos hermosos también. Al final, yo salí con un vestido morado oscuro, de escote poco pronunciado, largo, con detalles en plateado, su respectiva capa y zapatos a juego… todo muy elegante. Laia compró un vestido café oscuro que llevaba una cinta de un tono más claro a la altura de la cintura y llegaba a la rodilla, también muy elegante, y por supuesto también la capa, los zapatos y una cartera –que no se resistió a comprar-.
Luego vimos como venía Adrastos, pálido y con un par de bolsas en las manos. Según dijo, la señora se había empeñado en 'tomarle las medidas' a todas las prendas. Le pedí que me mostrara el traje por el cual la señora había hecho tanto alboroto, pero se negó. "Hasta el día de la fiesta, mi querida Astoria".
Fuimos a tomarnos un café a un lugar llamado The Old Magic Capuccino para descansar y conversar. Realmente había sido un largo día, y todavía quedaba bastante por hacer con este asunto de la fiesta.
