Disclaimer: Los personajes de Mass Effect pertenecen a Bioware y EA
Shepard, Liara y un bebé. 3º parte.
Nerviosa ante la idea de no poder asistir al nacimiento de su hija, la comandante Shepard se dispuso a hacer lo que la doctora Chawkas le había recomendado. Aun faltarían unos minutos para que las matronas asari decidieran si el sistema inmunológico de Liara y del bebé estaban en los niveles óptimos para que su compañero vinculado pudiera unirse al proceso del parto, así que era mejor distraerse. Necesitaba tener la mente ocupada o empezaría a subirse por las paredes.
Jane Shepard, la primer Espectro humana, la Salvadora de la Galaxia, la Gran Heroína; estaba al borde de un ataque de pánico. Recordando las palabras de la doctora Cawkas se dispuso a empezar a teclear en su holo-herramienta un mensaje global para sus contactos más cercanos. Durante la fiesta de celebración del embarazo, a la cual habían asistido todos sus amigos, su tripulación tomó el titulo honorifico del "Ejercito de tíos y tías" y habían exigido a la humana que les notificase cualquier cosa.
Prácticamente habían secuestrado la holo- herramienta de Shepard para realizar un grupo llamado "Baby Army", nombre que decidió Grunt para motivar a los padres. Allí se topaban todos los contactos de la antigua tripulación de la Normandy, esperando por cualquier novedad.
Siempre le enviaban algún mensaje o le llamaban para saber que tal estaba la pareja, pero ahora la cosa iba a ser algo muy importante. Después de corregir el textos y resoplar para calmar los nervios envió el mensaje.
"El bebé ya viene. Liara esta de parto. Estamos en el hospital.
Todo va bien pero están haciendo un chequeo.
Estoy en la sala de espera. Deseadme suerte. Shep."
No habían pasado ni veinte segundos cuando recibió el aviso de una llamada entrante. En su pantalla aparecía el rostro de su buen amigo, Wrex, el señor de Tunchanka y líder del clan Urdnot. Cuando la mujer aceptó la llamada podía observar a su amigo intentando emular un grotesca sonrisa de felicidad. Los krogan eran seres intimidantes de aspecto terrible y las cicatrices de Wrex lo hacían aun más intimidante. Lo que intentaba ser una cara amistosa semejaba ser el preámbulo de un grito de guerra.
-Shepard – bramó el alienigena – Acabo de leer la noticia. Felicidades.
-Gracias – se rascó la cabeza – Supongo. Aunque es Liara quien ha estado llevando a esa señorita en su vientre por meses.
-Tienes razón – bromeó con un tono sarcástico – Se me había olvidado que salvar a la galaxia no cuenta.
-No es lo mismo – quiso aclararla al ser de cresta quitinosa que para ella su esposa era su mundo, pero antes de que pudiera decir algo observó como un cuenco impactaba en la cara de Wrex.
Sorprendida ante aquel ataque, sobretodo porque había que esas loco para lanzarle una ensaladera a un krogan, la mente de la pelirroja empezaba a pensar en miles de opciones bélicas.
Comandos mercenarios, opositores a su gobierno pacifico, rebelde tunchankanos o personas a las que les debía dinero; muchos podían ir contra Urdnot Wrex. Sin embargo, su corazón de girl-scout se calmó cuando escuchó otra voz conocida.
-Vuelve a decir algo así, estúpido Pychak, y sabrás lo que es bueno – dijo Urdnot Bakara, la esposa de Wrex – Liara lleva al fruto de la salvadora de nuestro pueblo y de todos los pueblos, en su vientre. Guarda respeto.
-Solo estoy diciendo a Shepard que cuide de su cachorro – se justificó – Será un octavo Krogran y además una Shepard.
-Es cierto – sonrió al recordar que su bella esposa tenía un abuelo krogan.
-Tranquila Shep, le enseñaré a dar cabezazos como si fuera toda una krogan – bromeó con una sonrisa el macho Urdnot.
-¡Deja de decir tonterías! – gritó la esposa del caudillo.
Por mucho que al caudillo reconvertido en político le disgustase admitirlo, su esposa era quien gobernaba en su casa. Igual que alta que su marido, con el mismo carácter indómito de su pueblo, pero con el aire de templanza y misticismo que envolvía a las hembras krogan. Urdnot Bakara era una fémina que no aguantaba ningún desprecio de nadie. Ni siquiera de su marido.
Cuando por fin se puso ante la cámara, se podía ver a la sacerdotisa de Tunchanka con un rodillo de amasar en una mano.
-Buena fortuna, Comandante – saludó con su educación tradicional – Espero que sean muy felices ahora que ampliarán la familia.
-Eres muy amable, Bakara. ¿Estabais cenando?.
-Estaba mejorando mis dominios en la repostería que tanto nos agradó en nuestra ultima visita. Confio en poder dominar la técnica en unos días.
Poco acostumbrados a los dulces; Wrex y Bakara disfrutaron de catar todos los dulces que Liara había almacenado en la despensa para prevenir sus futuros antojos.
-Te deseo suerte con ello.
-Yo soy quien la necesitará si vuelve a darme un bizcocho quemado y tengo que comerlo igual – rió el caudillo guerrero.
-Al menos es mejor que la bazofia que comes y te hace engordar – gruñó Bakara.
Sabiendo que aquella discusión acabaría al modo krogan, con violencia, la futura madre decidió cortar la conversación.
-Bueno chicos os tengo que dejar. Un abrazo – y colgó justo antes de ver como Wrex iba a ser golpeado con el instrumento de cocina.
Mejor no meterse con tu esposa si es una Krogan
Al despedirse sus buenos amigos de Tunchanka, recibió una llamada desde la Tierra. Al aceptar la llamada pudo ver a su buena amiga Ashley Williams, con su cuerpo bañado por el sol del planeta natal de los humanos. La morena era una mujer dura y fuerte; y eso la convirtió en la segunda Espectro humana, aunque Shepard jamás le decía nada sobre quien fue primero. Al ver aquella piel tostada al sol, la pelirroja tuvo que admitir que su amiga era muy atractiva pero que ambas tenían gustos opuestos. Ash era heterosexual y Jane tenía un gusto especial por las chicas de piel azulada.
-Felicidades – gritó la teniente Williams como si de una colegiala se tratase – Vamos a tener una mini-Shep en breves.
-Tecnicamente seguirá siendo Asari, así que será más una mini-Liara.
-Tonterías – refutó – Eres su padre, madre o lo que digan las Asari. Eres la otra mitad que hizo falta para que naciera, así que es parte de ti. Felicidades.
-Bueno – esta vez quería matizarlo – Es Liara quien ha pasado por lo peor. Me trajo a la vida, casi me vio morir de nuevo y ahora trae al mundo a nuestra pequeña. Ella es increíble.
En sus palabras se podía destilar el amor y la devoción que guardaba por su esposa. Después de tantos sufrimientos y tanta tristeza, por fin era felices e iban a serlo aun más. A veces pasaban días enteros pensando donde colocar las cosas de la pequeña y planeando todo lo que iban a hacer con su hija cuando naciera. Para Jane, todo esto lo podía vivir gracias a su esposa
-Pero estáis juntos. Sois un equipo – dijo Ash mientras tomaba un trago de una bebida de cóctel – Y tenéis que apoyaros en todo, compartir los éxitos y los fracasos. Compartir las alegrías y las tristezas. Compartir vuestros recuerdos y vuestras ilusiones.
Aquel comentario era muy familiar. Demasiado.
-Ash, ¿estas citando el discurso de mi boda? – Ashely se había ofrecido a realizar un discurso durante la boda oficial que celebraron.
Dicha petición fue aceptada debido al profundo amor por la literatura que tenía la soldado. Con un amor por la literatura inculcado desde niña, el discurso de la boda Shepard-T'Soni fue tan emotivo que hizo que más de uno necesitase un pañuelo después.
-Sí – admitió en un tono burlesco – Tengo que aprovecharlo. No sé cuando podré volver a reutilizarlo.
-Muy graciosa – ahora venía una pregunta obligatoria – ¿Cómo va la reconstrucción?.
-Va lenta, pero al menos todo el mundo esta ayudando – comentó – Yo me he tomado unos días de descanso porque hacia un mes que no descansaba.
-¿Y Vega? – en referencia al soldado que ambas conocían – ¿Sigues con él?.
-No – respondió despreocupada – Decidimos que lo nuestro era solo físico y que ahora mismo ambos queríamos algo más. Lo bueno es que seguimos siendo amigos y a veces vamos a tomar algo juntos. Esta con una chica que conoció hace unos meses y le va bien.
-Me alegro. Dale recuerdos de mi parte – Vega podría ser un tonto presumido, pero en el fondo era un peluche. Un oso de peluche musculoso que levantaba más de cien kilos.
No pudo continuar charlando con Ash porque estaba recibiendo la llamada de su camarada más memorable, Garrus Valkarian.
-Oye Ash, te tengo que dejar – se disculpó – Todo el mundo quiere llamarme.
-De acuerdo. Cuidate futura papa – bromeó.
Nada más apagar la pantalla de la teniente Williams pudo conectar la pantalla del turiano, el cual estaba apoyado en una desvencijada motocicleta que había estado construyendo en sus ratos libres. Aquella moto respondía a la necesidad del francotirador de tener la mente ocupada en tiempos de paz, teniendo que alejarse de las meticulosas calibraciones que tanto adoraba. Además, el hecho de poder montar un vehículo de terrestre le hacía sentir libre. A veces bromeaba diciendo que le hubiera gustado ser un motero salvaje que recorre los senderos del desierto de Palaven, el planeta natal de los turianos.
-Shep – saludó el antiguo turiano conocido por muchos como Arcángel – Acabo de leer la buena noticia. Felicidades.
Había jaleo en Palaven. Valkarian sudaba debido al calor que le producía el casco y a la noche calurosa de la que estaba disfrutando.
-Gracias amigo – ellos no tenían secretos el uno para el otro y por eso era tan sencillo hablar juntos – ¿Te duele la cicatriz?.
Después de la herida que se provocó en Omega, a Garrus solían dolerle las cicatrices si hacia mucho calor. Los doctores que visitó le explicaron que era debido al daño nervioso en la zona.
-No me duele – tranquilizó a su buena amiga – Tali te manda saludos y felicitaciones.
-¿La has visto hace poco?.
-Viene en visita diplomática – explicó con cierta vergüenza ante la mirada picara de su amiga – Los quarianos negocian un tratado para que el ejercito turiano tenga un destacamento en Rannoch.
-Y de paso vosotros tenéis reuniones con otro estilo de diplomacia – se burló la pelirroja, provocando que su amigo bajase la mirada ante un ataque de timidez impropio de él.
-Dejalo Shep.
-Esta bien – rió – Pero dile a Tali que en cuanto podáis quiero que vengáis a conocer a Benezia en persona.
La sola idea de poder ver a la niña hizo sonreír al adusto francotirador. Por mucho que lo negase, era un tipo con un lado tierno que se derretía por los niños. De hecho, debido al ataque de los Segadores y a los miles de niños que quedaron huérfanos, había comenzado a ayudar activamente en el orfanato de la capital.
-No te preocupes – alegó – Tali ha adquirido nuevos filtros y programas para que nada de lo que escupa tu bebé pueda hacerle daño.
-Me alegro – dijo alzando una ceja ante la impresión que tenían de su hija.
A veces para Tali semejaba que los niños de otras razas que no fueran quarianos eran brutos e hiperactivos diablillos con rostro de ángel. La humana solo rezaba porque su hija pudiera controlar sus impulsos de curiosidad y no terminase poniendo en peligro a una quarina sin apenas sistema inmunológico.
Aunque Tali temía a los pequeños no era por odio, sino por simple desconocimiento. Tenía miedo de que alguno rasgase su traje o a darles miedo. Garrus ayudó a disipar esos miedo y saber que Liara estaba embarazada la emocionó hasta un punto expectante espera. Era como si supiera que la hija de su salvadora no podía ser mala.
-Solo espero que la niña salga a Liara – bromeó el francotirador – Así al menos sería guapa.
-Fue a hablar el turiano que paró un misil con la cara – replicó mientras alzaba una ceja, confiada de que su amigo la veía atractiva.
-Muy graciosa. Sin mi experiencia jamás hubieras salvado la galaxia – cosa que era completamente verdad, pero que no fue dicho con tono despótico alguno – Así que me merezco ser el primero el regalarle un rifle de precisión.
El semblante de la pelirroja se volvió rígido como una roca ante la idea de que su mejor amigo le diese a un bebé un arma. Casi alza la voz, pero eran más los nervios que otra cosa. Su amigo intentaba bromear para relajar el ambiente de tensión que
-Solamente es un bebé y no sé si cuando sea mayor querrá saber algo de armas.
-¡Venga! – protestó – Será una Shepard. Lleváis las armas y lo militar en la sangre.
-No exageres – sus ojos rodearon ante aquel comentario.
-Incluso Liara es una aventurera – añadió – Tu hija hará grandes cosas.
-Por ahora lo único que quiero que haga es que coma, ria, sonría y nos deje dormir – ya se había informado de las cortas etapas de sueño de los recién nacidos.
-Has podido con gigantes metálicos – la calmó – Podrás con ello.
-Gracias.
-Ahora tengo que dejarte, Shep. Tengo que ir a buscar a Tali.
-Vete a re-calibrar a tu novia – aunque ambos sabían a lo que se referían.
No hubo que esperar ni un segundo más hasta que vio en el terminal el login de Miranda Lawson. La novia de Jack reclamaba unos segundos de su antiguo comandante. Aun había tiempo par auna charla más. Al aceptar la videoconferencia pudo observar ese cabello moreno por los hombros y esos ojos azul hielo que atravesarían el corazón de cualquiera.
-Hola Miranda – saludó.
-Hola, Shepard – no podía esconder su enorme sonrisa – Es fantástico. Muchísimas felicidades a ambas. Dale un fuerte abrazo de mi parte a Liara cuando todo termine.
-Gracias – era la primera persona que se acordaba de Liara en las conversaciones – Seguro que cuando mejore podréis retomar esos estudios conjuntos.
A partir de las pruebas lanzadas a Javik, el ultimo de los señores proteanos con vida, Miranda y Liara habían empezado a elaboras un mapa evolutivo que mezclaba los hallazgos arqueológico y la fisionomía de cada raza de la galaxia. De esta forma, podrían precisar la evolución cultural y física de diferentes sectores de la galaxia, así como la relación educacional de los poderes bióticos.
Jane no sabía mucho del tema, pero a fuerza de escuchar a su esposa hablando sobre ello había aprendido algún concepto básico. Eso era mucho más de lo que había logrado captar Jack, quien solía distraerse pasados dos minutos.
-¿Qué tal en la academia? – preguntó la comandante a su amiga.
Miranda había empezado a trabajar como auxiliar de biblioteca de la academia antibiótica de la Ciudadela. A decir verdad, continuaba en sus labores administrativas pero la academia era una labor que realizaba de forma gratuita para poder ayudar a los jóvenes refugiados. También lo hacia porque para Jack significaba mucho tenerla allí, apoyándola. La perdida de alguno de sus alumnos durante la guerra había hecho que la psicótica antibiótica temiese volver a la docencia, pero su chica siempre le daba la confianza necesaria.
-Bien – sonrió de forma burlona – Aunque Jack no para de insistir en tener sexo con la bibliotecaria.
-Típico de ella – la punk era muchas cosas, pero sobretodo una mujer de sangre caliente.
-Por cierto, ¿donde esta? – no la veía cerca.
-Salió corriendo de casa – respondió – Ni supe el motivo. Me entere de que tu hija venía en camino por tu mensaje y no por ella. Simplemente gritó algo y se marchó corriendo.
Como si la invocasen, se podía ver como la puerta de la sala principal del apartamento de Miranda y Jack se abría, mostrando como la mujer tatuada arrastraba un enorme peluche con forma de oso panda. El muñeco era casi tan grande como una persona y tan mullido que la punk apenas lograba rodear el contorno con los brazos.
-Ayudame, animadora – pidió, ignorando la cara de absoluta sorpresa de su novia.
-¿Qué es eso? – gritó Miranda entre risas – ¿Te has vuelto loca?.
-Es para la bebé de Shepard y Azul – nombre cariñoso que le daba a Liara – Quiero darle un buen regalo a mini-azul.
-¿y para eso le has comprado el peluche más grande de la maldita tienda de juguetes? – aunque la pregunta era demasiado evidente al ver un peluche del tamaño de una persona.
-El segundo más grande – matizó – No quisieron venderme el peluche promocional de cinco metros los muy cabrones.
-¿Le ibas a comprar uno de cinco metros? – la australiana no daba crédito a lo que escuchaba.
-No estés celosa – dijo Jack – Este iba a ser para ti.
Entre el rostro de su chica, casi aplastada por un gigante muñeco con forma de oso panda, y lo surrealista de la situación; Miranda rompió a reír. Era tan raro verla soltar una carcajada que Jane casi no reconocía su risa.
-Luego te llamo para concretar la entrega de ese peluche – se despidió de la comandante.
-De acuerdo. Dile a Jack que con un peluche de casi dos metros es más que suficiente – aquel muñeco era tan grande que casi necesitaría su propia habitación.
Fue colgar la llamada y notar la llamada y notar un golpe brusco en el hombro. Al voltearse pudo ver a la matriarca Aethyta, el padre de Liara. Era difícil llamar a una mujer padre, pero las asari tenían un organigrama diferente para las relaciones familiares. Un organigrama que ignoraba y superaba las relaciones basadas en géneros.
-No estarás pensando en dejar a mi hija por esa ojos azules, ¿no? – preguntó la Matriarca.
Aethyta sabía que la humana amaba a su pequeña hija, pero disfrutaba metiéndose con la pelirroja.
-Muy graciosa – respondió con sorna – Aproveche que están haciendo las pruebas a Liara para llamar a nuestros amigos.
-Muy bien. ¿Algún comentario curioso? – eran un extraño grupo, así que era fácil esperarse cualquier cosa.
-Wrex dice que le enseñará a dar cabezazos para reivindicar su parte krogan.
-Ni de broma – frunció el ceño ofendida. Lo que hizo que varias personas se centrasen en ellas.
-Tranquila Aethyta – intentó que su suegra bajase el tono – Dudo que vaya a hacerlo.
-Claro que no lo hará – solventó – Si alguien va a enseñarle a mi nieta a dar cabezazos seré yo.
La mirada de sorpresa de la humana era tan grande que los ojos amenazaban con caerse de su rostro ante lo que acababa de escuchar.
-¿Qué has dicho? – quería confirmarlo.
-Lo que has oído – afirmó con rotundidad – Mi padre me enseño a mi y como ves me fue bien.
-Confirmado – pero sin darse cuenta lo dijo en voz alta.
-¿Qué?.
-Nada, nada. Perdona.
-Benezia no me dejó cuidar a Little Wing – el apodo que le dio a su hija la hacia emanar un profundo amor por su pequeña Liara – Pero tendréis quien la cuide siempre. No pienso alejarme de mi nieta.
En su voz se notaba la determinación de quien había perdido mucho y de quien por fin comenzaba a ganar. Esa emoción por su hija y su nieta la embargaban de orgullo y de una inquietud por tener al bebé en brazos.
-La pequeña adorará a su abuela Aethyta.
-Seguro – dijo henchida de jactancia – Tu no la cagues.
Antes de que Jane pudiera replicar el comentario, una enfermera se acercó a ambas engalanando su rostro con una reconfortante sonrisa.
-Señora Shepard – dijo la asari vestida de blanco – Las pruebas de su compañera vinculada han ido bien. Si lo desea puede asistirla en el parto.
Durante un segundo no existió nada. La pelirroja flotaba ante los nervios que surgieron de su estomago. Quería estar al lado de su esposa, pero también estaba aterrada al ver lo que iba a suceder . Iba a tener una hija. Una hermosa hija. Fruto de su amor con la más hermosa, inteligente y valiente de las asari. Sí, no había nada más que la sensación de que sus pies se desprendían del suelo.
-Ve – la voz de Aethyta la sacó del trance en el que sus miedos e ilusiones la habían sumido – Ve y traeme a mi nieta.
-Lo haré.
