*Este fic está publicαdo únicαmente en FαnFiction. net y en Wαttpαd*
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Disclaimer: Tanto Resident Evil como los personajes pertenecen a Capcom.
Agradecimiento especial a mi Beta Reader: Stacy Adler. ¡Muchísimas gracias, Mire!
N/A: Gracias a anamariaeugenia (una grandísima lectora por cierto) supe que no todos pueden distinguir el cambio de letra para los recuerdos; de verdad lo lamento mucho, no tenía idea de eso. En fin, la letra seguirá quedando en cursiva, pero con el añadido de «» (comillas) al principio y al final del recuerdo. Si tienen alguna otra dificultad, no duden en hacérmelo saber, por favor.
Capítulo 3. Rompecabezas.
Elblag, Polonia.
Tras la ventanilla de aquel sofisticado laboratorio, podía observarse a cuatro personas cubiertas de pies a cabeza con algunos trajes especiales blancos; llevaban puestos cubre bocas y protección ocular. Un par de ellos caminaba de un lado a otro con sustancias sospechosas dentro de tubos de ensayo, otro estaba sentado escribiendo sobre una hoja algo que rescataba de una pequeña nota, el último se mantenía observando unos resultados pegados sobre una de las puertas metálicas de máxima seguridad; veía los datos y luego apuntaba sobre el portapapeles que llevaba en la mano izquierda.
Miraba atentamente a los sujetos que trabajan con profesionalismo. Ninguno se había tomado la molestia de mirarla, tenían asuntos más importantes que atender. Las cosas cambiarían pronto para todos; lo que chicos como los que estaban dentro del laboratorio realizaban, podría ser fácilmente la llave para la salvación o también el arma mortal para la destrucción.
Un pequeño clic, producto de la cerradura eléctrica, se escuchó en ese instante. Desvió sus pensamientos y su mirada. La puerta del laboratorio se abrió y el joven que llevaba el portapapeles en la mano salió de ahí.
—Todo avanza según lo establecido. —Se sacó la protección ocular y bajó su cubre bocas al tiempo que se acercaba a la chica. La joven de orbes color verde inhaló profundamente antes de dejar escapar por su boca el aire contenido.
—¿Nuestra vida por este proyecto, Noah? —preguntó seriamente. Tenía las palmas de las manos cruzadas entre sí, jugaba con sus dedos en un gesto de intranquilidad. No negaría que aquella situación comenzaba a inundarla de pensamientos negativos.
El aludido sonrió de medio lado al escuchar aquello; sabía a lo que ella se refería con eso. La chica correspondió al gesto un tanto nerviosa. Jamás dudaría de la capacidad del joven científico que tenía delante, pero algo siempre podría salir mal al final. Noah era un joven científico de treinta años, originario de Suecia. Aquel chico era un muy preparado ingeniero genético, uno que sin duda estaba realizando un espléndido trabajo con aquel proyecto.
—Demasiado tarde para dar la vuelta, ¿no te parece? —complementó el anterior comentario de su compañera. La vio absorta en sus pensamientos, algo realmente le preocupaba—. Ellos aún no lo saben —confesó tranquilo; quizás con eso ella pudiera estar más relajada.
—No será por mucho tiempo. —Suspiró.
—Olvídalo. —Negó con la cabeza—. Pasará lo que tenga que pasar —estableció con seriedad.
Ambos dirigieron sus miradas hasta la ventanilla. Los tipos ahí dentro seguían bastante concentrados en su labor. El tiempo estaba por agotarse y ambos lo sabían.
—Escucha, sabes que no deben verte por aquí —advirtió el chico con seriedad—. Será mejor que te vayas —dijo, en tanto señalaba la puerta de salida con un movimiento de cabeza.
—Sí, yo…tengo que ver a Downing. —Asintió desganada y en seguida salió de aquella zona.
Noah se quedó mirando el camino recorrido por su compañera. Las cosas por ahora apuntaban ir de maravilla, pero no podría culpar a Irina por preocuparse.
Sacudió su cabeza tratando de no contagiarse de aquellos «malos» pensamientos. Sin ningún otro remedio, volvió a colocar en su lugar la protección que había retirado hace un momento. No podía perder el tiempo tratando de adivinar lo que sucedería, tenía que hacer que sucediera.
…
Nueva York.
La ropa esparcida por aquella habitación de hotel, era la prueba de lo que había ocurrido la noche anterior. Las cosas pasaban rápidamente, el momento era confuso como muchos otros que ya habían vivido. La chica de cabellos rojizos pensaba profundamente en lo que sucedía entre ambos en ese momento; no era la primera vez que compartían desnudos la cama, y lo que más le preocupaba era no saber cuándo sería la última vez. Todo era extraño; luego de haberse sentido completamente amada, ahora se sentía como la más insignificante sobre la tierra. Los besos y las caricias que recibió por parte de él, parecían irse borrando de a poco.
Se giró sobre la cama hasta darle la espalda al rubio.
El agente ya imaginaba el rumbo de los pensamientos de la mujer a su lado. Siempre que volvía de una misión, las cosas entre ellos no eran muy alejadas de lo que sucedía en ese instante. Por alguna estúpida razón, era como si compartieran la cama con un completo desconocido.
Claire se mantenía callada, su respiración era lo único que podía escuchar de ella. Quería decir algo, deseaba romper con aquel silencio sepulcral, pero simplemente no tenía los vocablos correctos.
—¿Qué sucedió? —preguntó ella de repente, rompiendo así con aquel silencio que se había apropiado de la habitación.
Leon suspiró con desgano, ese no era el tema con el que hubiese querido comenzar. Esperaba esa pregunta, pero no tenía ganas de responderla. Contarle lo que había pasado era contarle sobre Ada, y no tenía intenciones de dañarla. La quería, y había deseado tanto estar a su lado…, pero sabía que el solo hecho de mencionar el nombre de la espía, era poner una barrera entre ambos. Sin embargo, Claire tampoco merecía que le ocultara nada.
«Los disparos podían escucharse cerca de ellos. Tanto Sherry como él mantenían bien empuñadas sus armas; los dos estaban al tanto de la presencia de la B.S.A.A. en aquellas instalaciones. Las cosas de repente se pusieron difíciles. Esos malditos tenían en su poder el virus C, y no dudaron ni un instante en dejarlo libre. Las personas que sirvieron como experimento, eran las que ahora obstaculizaban todo el lugar. El pestilente olor de los ya conocidos seres, era el que los acompañaba en su travesía dentro de ese jodido lugar.
El rubio disparó una vez más contra uno de ellos. El cuerpo cayó inerte en ese mismo instante. Leon no evitó hacer una mueca de asco, y Sherry tenía una expresión parecida a la de él. El olor de esos que algún día habían sido personas, era increíblemente repulsivo. La rubia llevó su mano hasta tapar perfectamente su boca y sus fosas nasales, en seguida se agachó hasta el cuerpo que permanecía sobre el piso y comenzó a rebuscar con rapidez. El cuerpo de aquel zombie podía identificarse fácilmente como el de alguien que perteneció a la empresa; llevaba puesta una bata con el símbolo característico de Neo-Umbrella y una tarjeta de identificación sobre la misma.
Leon echó un rápido vistazo a su compañera de misión y luego caminó hacia un escritorio que se encontraba cerca de ellos. La habitación era enorme, bien podría pasar por un salón. Aunque no estaba seguro de en dónde se encontraban, era más que obvio que no era un lugar realmente relevante; vio un par de carpetas sobre aquella mesa y no dudó ni un instante en revisar eso.
Reportes de un nuevo proyecto albergado en esa zona, los había hecho viajar de inmediato en busca de pruebas contundentes. La información que llegó como anónima hasta sus manos, advertía sobre la creación de un nuevo proyecto en Ucrania; no había amenazas de un nuevo ataque masivo, pero dejaba en claro que lo que ocurría en ese lugar, podría llegar a ser peligroso. Esas ni siquiera eran misiones que estuvieran en sus manos, no eran un grupo de combate, sin embargo, tenían noción de todo lo que podría estar en juego; no podían quedarse sólo de brazos cruzados.
—Nada. —Suspiró la rubia poniéndose de pie. Caminó hasta donde el agente se encontraba y se colocó a su lado—. ¿Algo interesante? —inquirió curiosa, al verlo tan atento.
—Tampoco hay nada. —Dejó escapar el aire y arrojó las carpetas hacia el escritorio.
El sonido de una bala que acababa de chocar contra su objetivo, se escuchó fuerte y claro; giraron rápidamente el cuerpo hasta encontrar aquello que fue derribado en sólo unos segundos.
—Deberían estar más atentos. —Una conocida voz se escuchó de pronto.
Leon fácilmente podía perderse ante el sonido de su melodiosa voz. La observó con atención; sin duda seguía tan hermosa como la recordaba. Ya no quería sentir nada por ella, pero el simple hecho de tenerla enfrente, bloqueaba todos sus pensamientos. Y se castigaba internamente por ser siempre débil ante ella; no era posible que siguiera cediendo a sus encantos. Aquel cuerpo perfectamente formado, era su completa perdición; tragó saliva e intentó controlar todo aquello que comenzaba a desatarse dentro de él.
—Ada —nombró finalmente con seriedad; como respuesta, sólo obtuvo esa sonrisa hipnótica—, ¿qué estás haciendo aquí? —La miró expectante.
—¿No te cansas de hacer preguntas? —inquirió divertida, en tanto observaba bien cada rincón de esa enorme habitación.
Sherry no había quitado la vista de encima a la de rasgos orientales. No le conocía a profundidad, pero algo le quedaba claro de ella: tenía un poder especial sobre el agente. El trabajo de esa mujer de rojo era altamente conocido, y sin duda era muy eficaz.
—Están aquí por la nueva creación de Neo-Umbrella, ¿no? —Se agachó para tomar algunos de esos papeles que yacían tirados sobre el suelo. Se levantó con las notas y las observó rápidamente; sonrió de medio lado—. Es…una pena que hayan venido hasta acá por nada. —Dejó caer los papales sin cuidado alguno.
—¿De qué está hablando? —preguntó la rubia al agente, éste sólo le dedicó una mirada rápida antes de volver a colocar toda su atención sobre la mujer de chaqueta color rojo.
—¿Qué sabes, Ada? —averiguó rápidamente.
—No mucho realmente. —Miró a Sherry y luego a Leon. Sacó de su bolsillo aquel sofisticado aparato con forma de cubo; lo abrió y luego sonrió para sí misma—. Pero aquí no hay nada de lo que buscan. —Guardó el artefacto. Estaba por marcharse de ese lugar, pero las luces rojas en señal de advertencia, comenzaron a parpadear en ese preciso instante. Los tres dirigieron sus miradas al techo de la habitación; las bocinas de todo el lugar ya trasmitían aquel conocido mensaje.
—«La secuencia de autodestrucción ha sido activada, repito, la secuencia de autodestrucción ha sido activada. Esta secuencia no puede ser abortada. Todos los empleados diríjanse a la salida de emergencia»
Y ni siquiera les dio tiempo de realizar preguntas al respecto. Justo en ese momento, una explosión estalló en medio de aquella habitación; había provenido desde el techo. La estructura se vino abajo luego de aquello. Las lámparas comenzaron a hacer corto circuito y los enormes tubos que pertenecían a la construcción, ahora dividían en dos el área. El interior ya era iluminado por las enormes llamas, producto de lo anterior.
Leon y Ada se levantaron rápidamente, asombrados por el reciente hecho. Afortunadamente esa explosión no provocó gran daño, exceptuando a la estructura. Cuando puso suficiente atención a su entorno, notó la ausencia de Sherry. Ada, discretamente, también la buscaba por los lugares que tenía a la vista.
—¡Sherry! —gritó fuertemente.
—Estoy bien. —Notó su casi inaudible voz del otro lado de la habitación; no podían verse, las llamas impedían eso en su totalidad—. Leon, tenemos que salir de aquí —habló una vez más. Las alarmas de advertencia no habían dejado de sonar y eso la ponía más ansiosa. La rubia no recibía respuesta por parte de su compañero—. Te veré en la salida, ¿de acuerdo? —gritó lo más que pudo para lograr ser escuchada.
—¡No, Sherry! —gritó a la vez, pero ya era tarde, Sherry ya se había alejado. No dudaba de las capacidades de la pequeña rubia, pero estaba más que claro que estaría complicado salir de ahí.
—Nosotros también deberíamos salir de este lugar —dijo la morena. Había planeado huir sola, pero dadas las circunstancias no podía abandonar al agente en ese momento. Ya conocía a la perfección ese lugar, y eso le servía para darse cuenta que quedaron en el peor lado de la situación; Sherry saldría de ahí sin dificultad, y por muy extraño que pareciese, se alegraba de que así fuera.
Leon asintió sin otra alternativa. La de vestimenta color rojo, ya se había dirigido hasta la pared que tenía el ducto de ventilación. No tendrían más remedio que abrirse paso por ese reducido lugar».
Luego de escuchar todo lo que el agente tuvo que decir, Claire se sentía aún más pequeña. Sabía que decía la verdad por el simple hecho de que el nombre de Ada se coló entre su relato. Lo había escuchado todo con atención, y aunque Leon no se cansara de repetir que la de apellido Wong ya no significaba nada, ella no podía estar completamente segura de eso. Cada vez que el nombre de la espía era pronunciado por los labios de Leon, había un ápice de adoración. No, definitivamente él no había logrado deshacerse completamente de su recuerdo.
Claire seguía en la misma posición, y él no podía evitar sentirse mal por todo lo que ocasionaba en la pelirroja. Se acercó hasta ella, para quedar justo detrás, sintiendo la suave espalda de ella contra su duro pecho; le tomó por el hombro con su mano y acercó sus labios hasta la tersa piel de su cuello. Sin previo aviso, comenzó a besar en esa parte que era de sus favoritas. La chica se estremeció ante ese delicioso contacto, y el agente no hacía más que acariciar el hombro desnudo de su amante; quería sentirla, quería quitar el sufrimiento que suponía, ya albergaba.
La Redfield menor se giró para tenerlo de frente. Ambos se miraron fijamente. Claire llevó su mano hasta su mejilla y le acarició con lentitud. El ex miembro de la RPD guió su vista hasta sus labios brillantes, y sin pensarlo dos veces, se acercó y la besó. Claire aceptó sus caricias, pero no podía dejar de pensar en ese posible lugar que aún ocupaba la mujer de rojo en la vida de Leon Scott Kennedy. Se alejó de él, tratando de no parecer angustiada por su anterior pensamiento, le sonrió y se levantó de la cama cubriéndose con una de las sabanas.
—Es tarde, tenemos que regresar a Washington —mencionó con una sonrisa. Se percató del gesto desconcertado de su amante cuando se puso en pie. De todas formas ella no tenía derecho alguno de exigirle nada, prácticamente no se encontraban en una relación formal; sus encuentros llegaban a ser casuales, y sólo eso.
Leon la vio meterse al cuarto de baño, luego sólo se recostó sobre su espalda y se quedó mirando el techo. Trataba de imaginar lo que Claire sentía en esos momentos, porque aunque trató de ser atenta, bien pudo darse cuenta de su decepción. La pelirroja solía callarse todo lo que la hería, jamás le decía nada de lo que sentía, mas él estaba al tanto de los sentimientos dañados de ella.
Suspiró profundamente y se llevó sus manos hasta cubrir su rostro con ellas.
—Jamás seré lo suficientemente bueno para ti, Claire —susurró a la nada.
…
La junta se alargó más de lo acordado. Aún quedaban muchos cabos sueltos respecto al caso en Ucrania. El mayor de los Redfield no estuvo con el mejor de los ánimos durante la reunión, incluso había sido poco participe a la hora de opinar. Dejó que el resto del equipo se encargara de mantener al tanto al resto de los presentes, y él se dispuso a perderse en sus cavilaciones.
La ex - miembro de los S.T.A.R.S. le había observado de vez en cuando durante el tiempo que estuvieron ahí. Claramente se daba cuenta del estado en el que se encontraba el hermano de Claire.
Aquella tediosa reunión, llegó a su fin; Jill vio la oportunidad en ello para acercarse a quien tomaba el título de su pareja. Antes de que Chris saliera de la sala, le llamó.
—Chris. —Le retuvo por el brazo—. ¿Puedo hablar contigo? —Soltó su agarre al momento de distinguir cómo algunos de los miembros de la organización los miraban de reojo. El resto de los soldados al verse testigos de aquella escena, salieron de la habitación para dejar a la pareja a solas. Los ex - S.T.A.R.S. esperaron a que la multitud estuviera completamente fuera.
El capitán del equipo Alfa avanzó unos cuantos pasos lejos de su compañera. Jill cerró la puerta con discreción. Lo siguió con la mirada y luego ladeo un poco el rostro esperando tener un poco de atención de su parte.
—Escucha, Chris —dijo con suavidad—. Lo lamento, no debí ser así de brutal con todo lo que…
—No, no…la verdad…—Carraspeó—. Creo que tienes razón. —Al fin se giró para encararla. El gesto de la rubia era de confusión. El fundador de la B.S.A.A. suspiró pesadamente; se sentó sobre una de las sillas de la sala, y colocó sus brazos sobre sus rodillas llevándose las manos hasta frotar su rostro entre ellas. Estaba cansado de toda esa mierda mental.
Jill se acercó hasta él, se agachó sobre sus pantorrillas para quedar a su altura; frotó con su pequeña mano una de las duras rodillas en un gesto consolador.
—Chris, nada de esto es tu culpa, ¿de acuerdo? Esto no es tu fallo, no sigas adjudicándotelo, no te corresponde. —Fue más una petición que una reprimenda. Tenía noción de lo mucho que a él le afectaba el deceso de miembros de su equipo; por supuesto, si eso le afligía al de prominentes músculos, mayor sería la pena que sentiría si a su hermana o a ella misma les sucediera algo similar. Respiró profundamente antes de continuar—. Los soldados se han unido a esta causa con el conocimiento suficiente; si ellos no estuvieran dispuestos a sacrificar, jamás habrían entrado aquí. Luchan por una causa al igual que tú, al igual que yo, al igual todos los que estamos inmersos en este maldito mundo. —Dicho eso, se levantó y tomó asiento en una silla frente él.
Chris escuchaba atentamente las palabras de su compañera. Sopesaba con mucho cuidado todo lo que ella estaba diciéndole. Sin darse cuenta, él se sentía responsable de las vidas de sus allegados. Sabía que Jill tenía razón en todo lo que le decía, pero no evitaba sentirse mal por todos aquellos que, como se lo dijo Carla Radames, habían muerto bajo su mando. Las palabras de la rubia estaban reconfortándolo, haciéndole sentir esa paz que hace mucho había perdido. La guerra aun no terminaba, y necesitaba fortaleza como la que su interlocutora le brindaba en cada palabra.
—Lo siento, yo… —Se quitó las manos de la cara y dirigió su mirada a la hermosa mujer que tenía delante—. Yo no supe actuar de otra forma —al fin habló. Su tono de voz era el mismo de siempre, pero la agente de la B.S.A.A. podía percibir la sinceridad en sus palabras.
—Lo sé y no te culpo. —Suspiró, luego le sonrió cálidamente—. En cambio yo… —Iba a comenzar a disculparse, pero Chris no se lo permitió.
—No, tú sólo me has dicho la verdad —confesó.
—¿Arreglaras las cosas con Claire? —averiguó expectante. Chris le dedicó una rápida mirada y luego bajó el rostro.
—Ahora mismo…no, pero te prometo que lo haré. —Jill asintió a esa respuesta. No comprendía muy bien por qué Chris no quería solucionar nada aún, pero aceptaba eso sin alegar; al menos ya había logrado un pequeño avance con él.
El Redfield se levantó y redujo la distancia entre ellos. Tomó la misma posición que Jill había tomado cuando comenzó a hablarle; se colocó en cuclillas frente a ella y le sonrió, recibiendo el mismo gesto de vuelta. Tomó el suave rostro de su amada entre sus grandes manos y fue en busca de sus labios. Ambos se encontraron rápidamente y comenzaron aquellas deliciosas caricias, en las cuales tenían participación activa sus lenguas. El beso que había comenzado como algo casto, ahora subía de intensidad. Las manos del agente de la B.S.A.A comenzaron a deslizarse hasta su cuello, pero no conformes con ello, siguieron curioseando hasta descender poco a poco, rozando en el proceso sus pechos. Sus besos ahora tenían como zona predilecta, la piel de su cuello. Sin embargo, sus manos seguían ansiosas por recorrer cada centímetro de ella; por lo cual, metió la mano debajo de su blusa azul y la llevó directo a su espalda.
Jill comenzaba a agitarse, algún ligero gemido ya había escapado de su boca; si continuaba con eso, sabía que muy difícilmente se detendría. Alejó a Chris con suavidad y le sonrió cálidamente.
—Aún queda trabajo que realizar. —Con aquellas palabras trajo de vuelta a tierra a un excitado Chris Redfield. El hombre suspiró con desgano, pero ella estaba en lo correcto; aún quedaban muchos asuntos por tratar.
…
Washington, DC
—¡Lo de Ucrania fue una absoluta pérdida de tiempo! —exclamó molesto.
El agente de seguridad nacional, Henry Andrews, estaba sumamente fastidiado por los pésimos resultados. Desde que esa reunión dio inicio, no había dejado de demostrar su molestia. Sherry ante aquella actitud prepotente de su superior, no evitó contagiarse de su mal humor. Apenas lo conocía, pero ya podía reconocerlo como aquel hombre que estuvo preguntando sobre Jake Muller días antes. Ese sujeto de medio siglo de edad estaba demostrando su carácter y temperamento en tan sólo una junta de agentes. Y ya había sentido las indirectas hacía el trabajo que realizaron Leon y ella en tierras Ucranianas; afortunadamente el sobreviviente de Raccoon City no se hallaba en esos momentos.
—No ha sido culpa nuestra —habló de repente la rubia, demostrando con ello que tenía el carácter suficiente para enfrentar a su superior—. En ese lugar no había nada, y sinceramente pensé que eso ya había quedado claro. —El agente de seguridad nacional la observó con desaprobación.
—Agente Birkin, nadie los está culpando —rectificó con sorna.
Aquel comportamiento pedante por parte del agente de seguridad nacional, estaba logrando sacarla de sus casillas. No era tan torpe como para ponerse a discutir con él, pero tampoco se iba a dejar pisotear ni por él ni por nadie; únicamente estaba defendiendo lo que ese sujeto sutilmente se encargaba de atacar.
—¿Entonces de qué se trata? —inquirió una vez más; su entrecejo estaba fruncido. Ingrid Hunnigan miraba con preocupación aquella escena; por los ademanes que la rubia hacía, se había podido percatar de su enfado.
—Señor Andrews, realmente ha sido un infortunio para la agencia en general, pero no podemos darnos el lujo de perder el tiempo lamentándolo —intervino la morena. Tenía que poner calma de alguna manera; la tensión en la sala había aumentado cuando ese par comenzó a retarse discretamente. El hombre ya comenzaba a lanzar miradas que de seguro ya habrían mandado a la rubia tres metros bajo tierra.
—Tiene razón, Hunnigan —contestó serio. Su mirada seguía sobre la pequeña rubia—, aún quedan asuntos sobre la mesa. Será mejor que se pongan a trabajar —finalizó la reunión con aquello. Salió de la sala siendo seguido por los demás agentes de la organización.
Sherry se quedó sentada sobre su lugar. Recargó uno de sus codos sobre la mesa, y llevó la palma de su mano hasta cubrir sus ojos con ella. Conocer a aquel tipo que resultaba ser su superior, fue lo peor que pudo ocurrir en ese día; ahora sabía que tenía que seguir las ordenes de un sujeto arrogante.
Suspiró pesadamente; las cosas no iban a ser sencillas con ese hombre.
—Es el agente de seguridad nacional, tiene que ser desconfiado —habló la joven mujer de lentes desde la puerta; tenía la mano posada sobre la perilla y observaba a Sherry con atención. La rubia se limitó a dirigirle una rápida mirada.
—¿Hasta con su propio equipo? —averiguó incrédula.
—Por supuesto —respondió con naturalidad, le dedicó una ligera sonrisa y después de eso, sólo salió de la habitación.
La única hija del matrimonio Birkin se quedó observando hacia la nada. Ingrid estaba en lo correcto, pero simplemente no había evitado molestarse ante las duras palabras del agente de apellido Andrews. Durante toda la junta insistió en que todo fue una pérdida de tiempo y que el trabajo realizado había sido poco eficaz; por supuesto la rabia se acumuló en ella. No le agradó que su trabajo y el de Leon fuera menospreciado de esa manera.
Sus cavilaciones se vieron interrumpidas por la vibración de su teléfono móvil. Sacó de uno de los bolsillos de su abrigo, aquel aparato. Frunció el ceño al leer«número desconocido», sobre la pantalla. Sin meditar tanto al respecto, rápidamente dirigió su dedo al mando que la dejaría contestar aquella llamada.
—¿Quién habla? —solicitó en seguida.
—Hola, súper chica —Se dejó escuchar del otro lado de la línea. Los ojos de Sherry se abrieron lo más que pudieron al oír aquella voz; casi dejaba caer el aparato que tenía puesto sobre la oreja derecha.
—¿Jake? —Estaba bastante sorprendida por la reciente llamada. El pelirrojo no evitó sonreír para sí mismo; aún lo recordaba.
—Pensé que ya me habrías olvidado —contestó serio.
—¿En…en dónde estás? —inquirió curiosa. Se levantó de su asiento y se dirigió hasta el enorme ventanal que estaba frente a ella.
—Más cerca de lo que imaginas. —Una nueva sonrisa ladina que Sherry no podía ver, estaba dibujada en su rostro—. Escucha, no tengo mucho tiempo. ¿Podríamos reunirnos en algún sitio, súper chica?
Antes de siquiera repasar aquella propuesta en la cabeza, ya había dicho que sí. Él culminó con la llamada en cuanto habían acordado el lugar y la hora. La de orbes color azul, salió de la sala. Haber hablado con Jake había mejorado su estado de ánimo; hacía tiempo no sabía nada de él. Pero ya temía que aquella cita no era más que para hablar sobre asuntos, en donde una vez más, el bioterrorismo se veía involucrado.
…
Jake se encontraba en algún lugar cercano a la casa blanca. No había querido arriesgarse acercándose demasiado. Aún le hacían falta piezas en el rompecabezas, y en tanto no estuviera completado, no debía ser tan imprudente. Todavía no tenía la suficiente confianza con el gobierno, y estaba seguro que el gobierno tampoco le tenía confianza a él. Estaban a mano entonces.
—Muy bien, Asli…necesito saber de qué va tu juego —murmuró para sí mismo.
Encontraría la verdad a cuesta de todo. Pero antes de hacer nada, tenía que mantener al gobierno sobre aviso, y Sherry era el camino perfecto para ello. En cuanto dejara eso en orden, viajaría directo a Polonia; allí estaba el meollo de todo el asunto. Ahí encontraría las piezas que le hacían falta a su investigación. Era triste que ni la B.S.A.A. ni la DSO supieran nada al respecto. No estaban al tanto de quien era el orquestador de la posible próxima catástrofe.
Sí, soy mala para prometer cosas. Una vez más me tardé demasiado en actualizar este fic; espero me disculpen por ello.
Entre otras cosas:
1.- A todos los amantes del Cleon, no olviden visitar el fic: 10 Cosas Que Odio De Ti. Es un fic UA que Ary Valentine (mi hermanita linda) y yo escribimos en conjunto. Y no es por presumir, pero está quedando de maravilla. xD
2.- Actualización de Volverte a ver en esta semana sin falta. Lo sé, he tardado horrores en actualizarlo, lo lamento.
Volviendo al fic:
Muchísimas gracias a todos quienes leen este fic; a quienes ya lo han agregado a sus favoritos y a quienes lo tienen en sus alertas. Por supuesto, mil gracias a todos ustedes que me motivan con esos estupendos comentarios.
Stacy Adler: ¡Mami Mire! Tú sabes que no me canso de agradecerte por todo. Espero darle pronto explicación a la 'relación' que mantienen Leon y Claire, porque sí estaba considerando dejar eso claro; pero como te lo dije antes, espero no estar revolviendo mucho las cosas. Aww ¡Qué eres linda! En serio, me has ayudado muchísimo y no tengo forma de agradecerlo. Espero tener pronto lo del capítulo 4, intentaré ya no tardarme demasiado xD
M. Bidden: ¡Hola! Creo que ahora sí demoré mucho en actualizar; ojala no se haya perdido el hilo de la historia. Bueno, muchas cosas están por pasar, y aún quedan escenas retrospectivas para aclarar algunas cosas. He tratado de dar misterio al fic, y la verdad no sé si lo estoy logrando xD pero espero que sí; espero que te haya gustado este capítulo aunque creo que ya revolví mucho las cosas. En verdad agradezco que leas esta nueva locura y tus comentarios, siempre motivándome a continuar.
Gabyedro: ¡Hola! Ohhh, me tardé demasiado, ¿no? Ojala no pierdan el interés en el fic por mi irresponsabilidad. Cambiando de tema, creo que sorprendió mucho la relación de Leon y Claire, y espero pronto aclarar esa parte del fic. No te preocupes, ya llegará el tiempo de contar ese asunto. Chris es complicado, y quise imaginarme algo distinto para su forma de proteger a Claire. Oh, de verdad muchas gracias por leer y seguir el fic; por supuesto, te agradezco muchísimo por esos lindos reviews.
anamariaeugenia: ¡Hola, hola! Jajaja, sí, el Cleon siempre está presente, y espero que lo siga estando. Chris es un pesado cuando de Claire se trata, pero creo que Jill ya lo ha puesto en su lugar. Muchísimas gracias por decirme lo del navegador; ya modifiqué eso en los otros capítulos también. Ahora las escenas retrospectivas llevan dos asteriscos al principio y al final (si sigues teniendo dificultades, dímelo por fis). Muchísimas gracias también por leerme y por siempre dejar extraordinarios reviews.
Ary Valentine: ¡Hermanitaaa! Jajaja, espero que este capítulo te haya gustado. Ya al fin dejé que Jake apareciera; este pelirrojo que te encanta, ya oculta muchas cosas. Y bueno, lo de Chris, es complicado, pero pronto tendrá solución. Trato de no revolver demasiado las cosas. Jajaja, sí, me cuesta mucho este fic; más de lo que pensé cuando comencé a imaginarlo en mi cabeza. Awww hermanita, de verdad te agradezco muchísimo por todo el apoyo que me has dado. ¡Te quiero muchooo! (Y a trabajar en 10 cosas que odio de ti)
MariangelaGuzman: ¡Hola!, jajaja Chris se puso un poco pesado, y Jill sólo hizo lo correcto; afortunadamente creo que el hermano mayor de Claire ya se ha dado cuenta que ha estado cometiendo errores. Efectivamente, ya existía una relación entre Leon y Claire, pero ya aclararé ese asunto después. Espero que este capítulo te haya gustado; sin más, agradezco que leas este nuevo fic y que me dejes tus valiosos comentarios. :D Nos leemos pronto.
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¡Mil ocho mil Gracias a todos!
