La tarde caía y se sentía un frescor primaveral, una chica rubia salía a escondida por la puerta que había detrás de unas enredaderas, entrando a un sendero y divisando a un chico de cabello rosa, corriendo hacia él, siendo recibido por sus brazos y perderse entre la multitud.

Desde aquel ultimo día de ese frio invierno, llevaban tiempo viéndose a escondida, había podido de una manera la heredera de los Namikawa eludir a sus prometidos y entregar su corazón a un individuo de clan y linaje temido en la aldea por los rumores de que portaban un arma tan poderosa capaz de destruir una nación entera, estando en constante peligro por los ataques de otros países y organizaciones que deseaban arrebatar tal tesoro, infundiendo odio; respetado y venerado con temor muchos clanes evitaban tener relación alguna con ellos, aun así la chica no le importaba ir en contra de su familia, le resbalaba lo que los clanes dijeran y sin temor alguno seguía a su lado, aun sabiendo lo que su interior escondía.

Una fuerte lluvia azoto sobre la aldea repentinamente, dos cuerpos que paseaban por el lago dentro del bosque corrieron en busca de refugio, encontrando después de varios minutos, riendo, entrando en una oscura cueva, el chico peli rosa un ninja especialista en el elemento de fuego, usando su "katon" iluminando la cueva, acobijando con una oleada de calor arropando los cuerpos empapados; la cercanía y la escasa ropa mantenía callado el lugar, intercambiaban tímidas miradas, pequeños roses y tiernos besos, deslizándose al suelo, produciendo calor ajena a la fogata.

- No puedo hacerlo- dijo el chico separándose.

- No te gusto?- pregunto dolida la chica por el rechazo- no te parezco atractiva así?

- No es eso, estás haciendo que pierda mis cabales- contesto escondiendo sus ojos de ella.

- Entonces...- prosiguió buscando su mirada.

- No puedo perder la calma, está prohibido para mi sentir emociones fuertes- respondió Kenji aun sin mirarla.

- Te amo- confeso la chica.

El chico levanto la mirada sorprendido y como un resorte salto a la otra esquina alejándose tratando de mantener la calma.

- No vuelvas a decir eso- siseo entre dientes sin mirarla.

Esas palabras con tono de desprecio atravesando a la muchacha escuchando que su interior se rompía como una piedra estrellarse contra un espejo mientras su conciencia le repetía al corazón las veces que le había advertido de sus sentimientos, sonrió melancólicamente, tan terca había sido. No era más que un juego de frio amor de un día de nevada.

- Porque me enamoraste entonces?- dijo lentamente la chica- no sentías nada -rompió a gritar enojada- porque me robaste mi primer beso? Por qué aceptabas sostenerme la mano? Por qué no me rechazaban tus brazos? Así no me hubiera ilusionado- decía entre susurro con una voz tan quebrada que dolía escuchar y los ojos cubiertos por mechones de cabello.

El silencio se hizo presente una vez que Mebuki calló, le hacía daño no tener respuesta del hombre del que se había enamorado, aquel que le había mostrado el mundo exterior, del que la hizo experimentar alegría, peligro, tristezas, amor, compañía y sobre todo seguridad.

- Debí suponerlo, tus expresiones no cambian, siempre sereno y calmado a todo lo que te decía y hacia- prosiguió apretando fuertemente los pantaloncillo dándole la espalda.

El silencio reino nuevamente, solo escuchaba las gotas de agua chocar contra el suelo y el craqueó de la madera consumirse y sin decir nada más, con el corazón roto salió corriendo bajo la incesante lluvia que se mezcló con sus lágrimas. Corrió tanto como pudo hasta tropezar con su kimono blanco y quedar tendida sobre el barro. Grito, golpeo el suelo y rasgo su ropa que no le permitía libre movilidad y antes que pudiera retomar la carrera unos brazos la retuvieron, al ver quien era lo empujo y sin soltarla cayeron sobre el suelo; dolía como quemaduras que la tocara cuando ya la había rechazado.

- Suéltame! – pedía alejándolo.

Y sin previo aviso, sin esperarlo, la beso. El llanto de la chica incremento, trato de empujarlo sin éxito mientras él demandaba cada vez más inundando su cavidad hasta que poco a poco la heredera de los Namikawas cedió ante la amarga tentación.

- Si llego a perder la calma, puedo llegar a matarte- dijo sin expresión alguna, besando su frente, separándose al quedarse sin aire- no me perdonaría jamás eso.

Su expresión fría se tornó más cálida mientras la miraba directamente acercándose y abrazarla. La lluvia caía con menos fuerza como si estuviera atado a las emociones de la chica rozaba suavemente ambos cuerpos; la alza en sus brazos para sorpresa de ella y refugiándose en su pecho el abochornamiento escuchaba el corazón palpitante del pelirosa mientras lo estrechaba más a él, temiendo que escapara.

- Llevo dentro de mi algo que se alimenta de mis emociones, si me paso de los limites puede apoderarse de mi- comento entrando a la cueva - cuando estoy cerca de ti, soy yo mismo, diferente a lo que soy en el clan, me pones nervioso, haces que haga locuras y me haces desear hacer esto- la besa suavemente con pequeños roces tocaba su mejilla aprisionando con un brazo su cintura- temo lastimarte si estoy más cerca.

- Lo sé, llevas dentro al tenshi que cayó en la venganza- pronuncio en voz baja apoyando la cabeza en su pecho- no tengo miedo.

- Lo sabias? Por qué seguías a mi lado?.

- Porque soy testaruda y porque…te amo- respondió aquella frase que había prometido no decirle más, abrazándolo con el corazón a mil.

Tuvo como respuesta una alocada palpitación de parte del chico que a los segundos calmo prosiguiendo a mirarla con aquella sonrisa que ella tanto adoraba, la beso, no con ternura si no con necesidad, amor, deseos controlado subiendo cada vez más y más la intensidad, la amaba y no tenía palabras para expresarlo.

El temor de lastimar a alguien y alejarla es una forma extraña de amar, aquella tarde de lluvia dos personas se unieron volviéndose uno con el miedo en sus corazones siendo el deseo y el amor más fuerte, concibiendo es su vientre el fruto que podría algún día darle paz al ángel oscuro, lleno de odio a aprender nuevamente lo que era eso a que llamamos "felicidad".

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Una hermana gemela, difícil de creer después de tantos años siendo hija única, éran físicamente parecidas aunque de personalidad éran distinta, perdía la paciencia con facilidad, sonreía con sinceridad, demostraba sus emociones siempre y vertía su alma entera cuando se lo proponía, en cambio la peli platinada rara vez sonreía para no decir que nunca, su semblante era siempre calmado e impasible sin llegar a lo frio inspirando confianza en los demás.

Aun seguía de espalda la pelirosa comunicándole que Tsunade-sama no se encontraba y que le dejara un mensaje, se voltea por primera vez para verla, tenía una expresión sorprendida. Ambas se miraron en silencio con un extraño sentimiento; altas de ojos verdes, pequeña nariz y unos labios definido delicadamente que si no fuera por sus cabellos y la piel más pálida de la peli plateada, Sakura la hubiera confundido con un bunshin no convocado.

- Konichiwa! Me llamo Namikawa Yukihana, tú debes ser mi prima Haruno Sakura- saludo cortésmente la mayor rompiendo el silencio.

- Ohh! Konichiwa – respondió inclinando la cabeza - Mi madre me ha hablado de ti- agrego sin dejar de observarla con una mirada que la peli platinada no supo descifrar- sígueme, te llevare a casa.

Caminaron en silencio por calles de Konoha, una absorta en sus pensamientos y mirando de reojo a su acompañante mientras que la otra detallaba todo a su alrededor, el lugar no había cambiado mucho, excepto de que ahora habían más casas, puestos y almacenes, el cerezo que plantaron en la academia ahora era un frondoso y robusto árbol pero lo que tal vez nunca iba a cambiar es la bulliciosa y cálida gente que vivía en la aldea muy diferente al pueblo que estaba bajo las montañas del templo, tan tranquila, silenciosa y amable que costaba apaciguar su interés. Una rafagada de viento pasó a su lado levantando a más de unas faldas provocando varios gritos y miradas enojadas de las féminas.

- Buenos días, Sakura-san – saludo un chico de vestimenta verde y corte extraño- como está la flor más hermosa de konoha?.

- Buenos días Lee-san- contesto tratando de zafar su mano que estaba a centímetros de los labios del chico.

La expresión de su hermana confundió a la mayor, estaba incomoda pero sonreía de igual forma, podía palpar el disgusto pero también un agrado haciendo que la platinada observara la escena sin comprender; había pasado tanto tiempo entrenando y ocupada en su meta de compaginar con su "ángel", aunque a veces tenia contacto con las personas pero no más que curiosidad y amabilidad, había olvidado que los humanos tenían sentimientos contradictorio como estos. Detrás del que se debía llamar Lee apareció un chico de ojos blancos y una chica guapa con el cabello atado de dos chongos.

- Ella es Yukihana- presento Sakura al ver el interés de los presentes – Namikawa-san, él es Rock Lee, Hyuuga Neji y Ten Ten.

- Namikawa- susurro el ojiblanco sin dejar de observarla.

- Yuki, está bien- respondió sin dejar de sostenerle la mirada al hyuga.

- Mucho gusto Yuki-san- el rostro del chico de cejas gruesas se encontraba a centímetros de la peliplatinada – se parece muchísimo a Sakura-san, ustedes son hermanas?- comento mirando a ambas chicas sin saber que había dado en el blanco.

- Primas y si me disculpan, Sakura me gustaría ir a dejar el equipaje a tu casa – hizo una reverencia hacia el equipo de Gay para seguir el camino, Neji Hyuga la estaba irritando.

En una esquina donde la calle era poco transitada a lado de una tienda de dangos había una edificio de dos piso al que llamaba hogar, no había cambiado nada, el tiempo no parecía haberle afectado excepto el jardín medicinal, algunas plantas cubrían parcialmente cubría parcialmente el barrote del balcón, que había cultivado junto a su padre, cuando era pequeña, que a pesar de no ser el verdadero la amo como su hija, conservaba aquel aire hogareño, dulce y cálido.

- Mi niña está en casa!- grito eufórica su madre abrazándola- cuanto ha crecido mi pequeña Sakura.

- Mama yo soy Sakura- declaro la pelirosa con el ceño fruncido.

- Lo siento, un pequeño error- lanzo una risa nerviosa Mebuki- que le sucedió al color rosa de tu cabello.

- El frio de la nieve- contesto dejando que tomara los mechones de su pelo, suspirando.

- Bueno aun conservas el color rosa de tu padre en las puntas y sus preciosos ojos como Sakura- dijo abrazándonos a ambas.

- Tu padre tenía el pelo rosa? Ya sé de donde viene el color extraño de mi cabello- razono Sakura observándome.

- Sakura- se escuchó una voz masculina desde el umbral de la cocina- mi pequeña Sakura, mi muñequita- salió Kizashi corriendo a abrazar a la peliplatinada.

- Tú también papá? Yo soy Sakura- la menor de la Haruno los miro decepcionada – como confundir a su hija con su sobrina que acaba de llegar? Sería aceptable si hubiéramos vivido juntas.

-Me muestras mi habitación Sakura? – cambiando el tema la mayor ya que sus padres no decían palabra alguna.

- ah! Saku… Yuki-chan tu habitación aún no está lista, puedes dejar tus cosas donde Sakura- comento la madre de las gemelas con una enorme sonrisa mientras subían la escalera.

La habitación era mas pequeña de lo que recordaba, las cortinas de flores, el tapizado de caricatura, las fotos y los peluches que cuando era niña decoraban el cuarto, habían desaparecido; los muebles estaban todos pegados a la pared. Dejo su equipaje en una esquina a lado de la cómoda, un destellos negro llamo su atención a un portarretrato.

- Tu habitación es la que está a lado del mío, cuando se sequen las sabanas podrás pasar- decía la pelirosa observando el pasillo – siempre ha estado cerrada, me pregunto cómo será.

- Es tu equipo? – pregunto sin despegar la vista en el pelinegro.

- Si, somos el equipo 7 de Kakashi-sensei.

- Así que eres cercana a Sasuke y Naruto – susurro la peliplateada.

- Como sabes sus nombres?

Como no iba a saberlo si habían crecido juntos? Pero eso su hermana ignoraría siempre, aun recordaba las tardes en que jugaba con los Uchihas o las veces en que el Uzumaki la arrastraba a sus travesuras; observo otra vez al pelinegro de la fotografía y unos ojos rojos se cruzó por la mente de la platinada surcando en sus recuerdos que había encerrado hace muchísimo tiempo, la sonrisa, las ojeras, el roce de sus manos, su cabello liso y su voz la golpeó con una oleada de nostalgia acelerando su corazón sintió una opresión, su ángel gruño. Sakura juro haber visto a su prima con una sonrisa y como un click sus labios volvieron a la fina línea que había tenido desde que la vio en la torre de la Hokage.

La luz de los faros de la calle iluminaba el rostro de una chica de cabello plata mientras observaba el exterior con un foto álbum en su regazo, sus dedos reposaban sobre una en especial, había dos niños un pelinegro sonriente, una ojiverde mirando a la cámara, sentados junto a un chico mayor que traía una sonrisa. Levanto su vista, la habitación estaba ordenada exactamente como lo había dejado antes de partir a su entrenamiento; las paredes estaban llenas de fotos y dibujos que había hecho de pequeña, los peluches acomodados alrededor de la cama y el techo lleno de estrellas fluorescentes que le había regalado los hermanos Uchihas para su quinto cumpleaños y pasado la noche junto a ellos observándolas, su corazón otra vez se apretujo no entendía porque cada vez que se acordaba de aquellos tiempo su ángel se ponía ansioso posiblemente sin saber la razón, soño con su Ni-chan.

- Buenos días Hokage-sama, Namikawa Yukihana a sus servicios- hizo una reverencia haciendo caer sus flecos plateados.

El semblante de la Godaime parecía molesta observando al hombre que se encontraba en una esquina, con unas vendas cubriendo uno de sus ojos y la frente observaba a la recién llegada sin expresión, vestía de yukata color pastel y una túnica negra cubrirle desde el hombro izquierdo hasta sus pies apoyándose con un bastón.

- Desde hoy formaras parte de la Raíz – dijo aquel hombre de voz gutural.