- ¡que divertido! -dijo el pelinegro- al fin viene el festival escolar

-que molesto-dijo el peliplata

-parece divertido… me pregunto…

-escucho que ellos harán un café maid, decimo

- ¿Qué? -dijo sonrojado

- ¿Quién? -pregunto confundido el pelinegro

-Kizuna-chan… -respondió sonrojado

-espero que se vea muy linda-dijo el pelinegro

- ¡no digas eso! -dijo el peliplata

-pero si Kizuna-chan es muy linda -mira al castaño- ¿te gusta Tsuna?

-n-no lo sé-dijo sonrojado- aun me gusta Kyoko-chan… pero Kizuna… ella

-oh ya veo-sonríe- descuida, no me gusta… pero me agrada, así que iré a verla mañana en su café

La mañana siguiente estaban todos vestidos con kimonos y yakutas, su curso había preparado un pequeño restaurant estilo japonés, el pelinegro preparaba sushi mientras que el peliplata solo se encargaba del dinero y el castaño servía algunas mesas. Pasaban las horas y al fin tuvieron descanso, salieron a prisa para ir al café maid que tenía la pelinegra cuando ella salió apresurada corriendo con un bolso chocando con todo. Miro a sus amigos y decidieron seguirla para ver hacia donde se dirigía, corrieron escaleras abajo hasta el gimnasio para verla entrar al vestidor de chicas.

Se detuvieron para recuperar el aliento y miraron a todos lados, había varias chicas con hakama de colores todas peinadas elegantemente, se quedaron confundidos mirando a todos lados hasta que ella salió del vestidor con la mirada confundida mirando a los tres chicos vestidos de hakama. Se volvieron a verla y lucía un hakama que tenía la parte superior blanca con flores y la parte inferior rosa oscuro, miro al castaño algo nerviosa pero el pelinegro se acercó ansioso a ella, tomo algunos kanzashi que tenía ella en sus manos mientras comenzaba a peinarse con un bollo, luego se acomodó los Kanzashi y sonrió

- ¿Por qué vinieron?

-saliste corriendo tan aprisa-dijo el pelinegro- queríamos ver en que andabas metida

- ¿kyudo? -preguntó el peliplata

-si…- sonríe- tenemos una exhibición ahora y si quieren mirar… puede quedarse

-nos quedaremos-dijo el castaño animado- estaremos viéndote, Kizuna-chan

Ella asintió sonrojada antes de correr hasta donde estaban sus compañeras y se puso una cinta para agarrar las mangas de su hakama, se puso su muneate en el pecho y se acomodó su yugake con la mirada decidida pero callada y tranquila. El castaño se quedó mirándola atentamente cuando se preparó para disparar un enorme arco, agarro una flecha y tenso la cuerda delicadamente, podía ver sus labios moverse con cada respiración hasta que disparo dando en el blanco.

-es muy buena-dijo el peliplata- he visto otros arqueros, desde que G me dio su arco… ella es muy buena

-p-pero dicen que Kizuna-chan es muy torpe

-pues ella se ve muy concentrada… se nota que le gusta hacer esto-dijo el pelinegro tranquilo

-ella sería un buen aliado decimo, una buena arquera… es una buena francotiradora

-no hables de eso, ya me siento mal involucrando a Kyoko-chan… involucrar a Kizuna-chan sería demasiado

-sabes Decimo-se acerca y le susurra- usted dice que le gusta Kyoko … pero está aquí mirando a una chica tirando el arco

Se quedó en silencio, es cierto, podía haber pasado un tiempo con la castaña, quizás invitarle un pastel o un helado, pero él estaba ahí, en el gimnasio mirando a la pelinegra con un arco enorme disparando flechas cada vez más lejos. Luego de la exhibición ella se quedó cambiándose de ropa y el décimo y los guardianes la esperaron, apenas si salió el pelinegro se acercó a ella animado

-estuviste increíble

-g-gracias, Yamamoto

-puedo invitarte algo de comer

- ¿i-invitarme? -dijo sonrojada- claro-sonrió

-nosotros tenemos que volver-dijo el castaño- lo hiciste muy bien Kizuna-chan, queremos verte la próxima vez

- tengo un concurso… mañana, por si quieren ir

- ¡iremos! -dijo el castaño apresurado- ¡estaremos apoyándote!

Ella sonrió animada antes de irse con el pelinegro que cargo su pesado bolso, se veían bien juntos debía admitirlo a pesar de los celos que tenía, quería el invitarla a comer, pero no podía… y aunque pudiera él no estaba seguro de que ella accedería pero que le hablara era un comienzo. Se quedó haciendo su trabajo hasta que Yamamoto volvió, se veía contento y tranquilo cuando volvió a tomar su lugar. Cuando se acercó a hacerle un pedido para una mesa le hizo un gesto para que se acercara y le dijo en un susurro que la había alcanzado a ver como maid con un traje negro y un delantal blanco, estaba trabajando en la caja, lo único en que era buena era en números.

Cuando al fin termino el largo día todos comenzaban a irse, Yamamoto había preparado un plato para que se llevar la chica, pero su padre tenía que salir así que él debía cuidar la tienda, le pidió al castaño que se lo entregara en su lugar. La espero en la salida varios minutos antes de que saliera con su bolso, se quedaron mirando un momento, pensando en que decirse hasta que al castaño le brotaron las palabras

-estuviste… fantástica… quien diga que te pareces a mi… está equivocado

-solo … sirvo para algunas cosas-desvía la mirada

- ¿puedo acompañarte?...

- ¿Por qué lo harías?

-lo lamento Kizuna-chan… realmente yo…

-no sabes que decirme-dijo riendo- ¿Qué quieres de mí?

-solo… quiero estar contigo… no se … solo

- ¿no te gusto que estuviera junto a Takeshi?

- un poco… pero realmente yo … quiero estar contigo, eso es lo único que puedo asegurarte-dijo sonrojado- … ¿puedo llevar tu bolso y acompañarte a casa?

Ella le sonrió y le entrego su pesado bolso que se cruzó por el pecho antes de comenzar a caminar hasta el pequeño apartamento, ella abrió la puerta y le invito a pasar a lo que finalmente accedió, se sentó en el sofá mientras que ella acomodaba su hakama en su habitación. Recordó aquel momento que compartieron juntos, la primera vez y con ella que era tan hermosa, a sus 17 años, se levantó para buscar un plato y servirle el sushi mientras que ella aparecía con una camisa gastada y con unos pantalones oscuros, bostezo antes de sentarse en el suelo junto a la mesa y con una venda comenzó a cubrirse las manos

- ¿estás bien?

-sí, solo a veces me paso a llevar con una cuerda que se contrae muy rápido

-no me dijiste…

-oh… es que tengo unos compañeros que dicen que soy muy presumida por esto…por eso no hablo de eso

-el corte en tu brazo, algunos rasguños y todo eso-le mira-ellos intentaron atacarte… arruinar lo único en que eras buena-toma su mano

-oh no- le suelta- sabemos cómo termina esto… no tienes por qué sentir lastima, no voy a arriesgar lo único que me hace sentí bien… por unos idiotas-sonríe

-no estás sola… eso es lo que quería decirte

-gracias-sonríe antes de comer una pieza de sushi- esta delicioso

-Yamamoto se está volviendo todo un maestro

Ella sonrió y siguió comiendo tranquila junto al castaño, al fin parecía que todo volvía a la normalidad cuando escucho su teléfono sonar, se quedó un poco pasmado al verle sonar, lo tomo y dio un suspiro antes de contestar, era su guardián de la tormenta. Era importante, al parecer había unos yakuza haciendo problemas y como entrenamiento Reborn les había dejado encargarse con todas las pequeñas pandillas de yakuza para mantener Namimori en orden. Había aceptado ser el décimo para proteger a su familia, a sus amigos y aliados, era lo único que realmente quería hacer de su vida y quisiera o no estar en la mafia era lo que tenía que hacer para cumplir su sueño.

Miro a la mujer y ella bajo la mirada, le quedo mirando atentamente antes de buscar en su cuello su anillo, el enorme y pesado anillo del cielo versión X, se lo mostro a la mujer y ella quedo asombrada

-lo vi… el otro día en tu cuello

-Kizuna -toma su mano- solo espérame un poco por favor, tengo algo muy importante que hacer- se pone sus anillos- prometo que tendré una buena explicación que darte ¿sí?

- ¿vas a estar bien?

-voy a volver pronto, lo prometo

Se quedó mirándole al salir corriendo, iba a todo lo que daban sus piernas para reunirse con sus amigos, todos ya estaban preparados con sus armas, Irie Shoichi ya había planeado una estrategia para acabar con ellos mediante los comunicadores que todos tenían, monitoreándoles con las cámaras de seguridad, solo faltaba el Décimo Vongola para que comenzaran. Todos habían entrenado arduamente sus habilidades y el Décimo podía confiar con ellas fácilmente así que no les tomo mucho tiempo, agradeció a todos por ayudar y los dejaron atados a un poste antes de llamar a la policía y salir de ahí.

Camino lentamente pensando cómo le explicaría a la mujer que era jefe de la mafia, no solo cualquier jefe, él era el Décimo Vongola, era mucho más que solo golpear personas y tener un pequeño grupo de la mafia, dio un suspiro y paso por una tienda comprando nikuman para llevarle, golpeo la puerta y se abrió a prisa cuando ella salto abrazándole

- ¡¿estás bien?!-dijo preocupada

- ¿estabas preocupada? -la abraza- gracias, Kizuna-chan

-por supuesto que si-le mira- ¡t-te fuiste muy aprisa!

Le sonrió tranquila antes de besarle, le parecía tan adorable ante sus ojos, no pudo evitarlo, pero esta vez no fue como las otras, no quería lanzarse sobre ella, solo quería sentir su cercanía. Cuando se separó de ella le mostro la bolsa y ella sonrió antes de invitarle a entrar, se sentaron en el suelo y ella se apoyó en el sofá comiendo lentamente mientras escuchaba todo lo que tenía que decir el castaño, estaba silenciosa comiendo lentamente y mirando un punto invisible en la pared hasta que el sujeto su mano

-vaya… eso es mucho que…

-ahora… quiero saber si … prefieres que me aleje o… si acaso quieres involucrarte

-mi don es tuyo, decimo

- ¿Qué? -le mira sorprendido

-mi don… el kyudo… quiero que sepas que voy a ayudarte en lo que quieras, no lo dudes

-Kizuna-chan-sonríe- solo quiero que seas parte de mi familia… no tienes por qué pelear

-no quiero ser una carga, no solo animarte… tengo un don que puede ser bien utilizado y te estoy pidiendo que lo ocupes sabiamente

-v-voy a pensarlo… hay mucho que entrenar… para lograr estar como los demás

Ella le sonrió y se quedó mirándole, pensar que aquel tímido castaño que le había ayudado, que le había hecho compañía y que se había preocupado por ella era el próximo líder de una familia de la mafia. La abrazo acomodándose en su cuello, tenía un olor a lavanda que le parecía delicioso, la rodeo con sus brazos y la atrajo hacia él, ella le dio un pequeño beso en su cuello que le hizo dar un salto. Le quedo mirando algo sorprendido y ella estaba sonrojada, aquel rostro era el mismo que el de la otra vez, sabía lo que significaba, lo deseaba y ella a él, no había nada que les detuviera en ese momento