Disclaimer: Los personajes son de la celebre Stephanie Meyer, sólo la historia es de mi completa autoría


Capítulo # 3: Promesas

Llegué al hospital lo más rápido que pude considerando que estábamos hablando de las atestadas calles neoyorkinas en la cúspide de su hora pico.

Estaba nervioso, en serio muy nervioso. Iba conduciendo el adorado Maserati de mi tío Aro a grandes velocidades con un niño en la parte trasera, al cual le brotaba sangre a borbotones del abdomen. Mi tío y la hermana del niño –quien no dejaba de sollozar oraciones y suplicas al altísimo– intentaban incansablemente que la hemorragia no empeorara.

Mientras yo iba conduciendo, aro llamaba al Hospital Memorial Children de New York, ordenando que se mantuviera lista el área de cirugía y que las camillas estuvieran listas para su llegada.

– Vamos campeón –murmuraba la mole sentada a mi lado–. Tu puedes, tu puedes campeón, llevas la sangre de los Swan, tu puedes, eres fuerte, más fuerte que Hulk y que HeMan, eres más fuerte que Gokú e invencible como él. Te… te prometo que en cuanto salgas de esta te llevaré al campo de beisbol, si ese que vimos una vez donde estaban un montón de ricachones presumiendo sus jodidos bates de aluminio.

Fue diciéndole cosas por el estilo todo el camino, hasta que llegué al estacionamiento del Memorial derrapando y mi tío sacó volando al pequeño Alec, con Isabella pisándole los talones.

Me relajé en el asiento del coche sintiendo a la mole salir tras su hermana, debía preparar mi licencia porque me había volado un montón de señales rojas. Finalmente salí del coche y entré al hospital, encontrándome a los mayores Swan, abrazados el uno al otro, Isabella completamente desecha en brazos de la mole mientras este la sostenía con fuerza, acariciando sus cabellos y besándole la coronilla, jurándole que todo estaría bien… a pesar de que en su mirada se podía adivinar el dolor y la duda de que su hermano finalmente sobreviviese.

Las horas pasaron… tres horas y media exactamente, me quedé ahí… sin saber que debía hacer. Isabella estaba abrazada a su hermano y éste pareciera que primero se caía el jodido hospital antes de que él soltase a su hermana… no tenía mucha pinta ahí.

Pero recordé a cierta personita que al llegar a casa me bombardearía de preguntas acerca de su amiguito… no quería llegar y decir 'lo siento Bree pero la cosa estaba tan aburrida que mejor me largué' la decepcionaría… y eso a ella jamás.

Sin embargo, después de esas tres horas y cacho… no había noticias, nada de nada.

Recibí una llamada de Jasper, varias llamadas, que no contesté porque me bombardearía de preguntas acerca de… de todo.

Me fui luego de una hora más, luego de que Emmet –tenía que dejar de llamarlo mole, o se me escaparía algún día en su presencia y sabrá el cielo cómo reaccionará–, preguntase a la enfermera de recepción por el caso de Alec Swan y ella le respondiese que el pequeño seguía en cirugía.

Me puse de pie y me dirigí a él, ya que Isabella parecía estar en shock o en un estado catatónico.

– ¿Emmet? –Me miró– creo que yo me voy, seguramente mis hermanos me estarán buscando… –aun no terminaba de hablar cuando ya estaba asintiendo.

– Está bien, no se preocupe. Nosotros entendemos, usted es un hombre ocupado y nosotros quitamos su tiempo.

– Ya se lo dije a su hermana Emmet… hago esto porque Bree me lo pidió, ella es lo más importante en mi mundo.

Él asintió.

– Le entiendo –murmuró presionando contra su cuerpo la débil forma de Isabella.

Saqué mi billetera y le pasé una de mis tarjetas.

– Éste es mi numero, donde pueden localizarme con facilidad –murmuré señalando mi numero celular, Emmet asintió.

– Gracias.

Asentí y salí de ahí. Tomando un taxi.

A medio camino mi celular sonó de nuevo… Jasper… otra vez.

Contesté.

– ¿Donde mierda te has metido?

– Estaba arreglando unas cosas.

¿Y se puede saber qué cosas? ¡Dejaste plantados a los de la directiva Edward!

Joder… la puta junta directiva .

Pensé presionando el puente de mi nariz.

– ¿Puedo esperar que hayas sido bueno, y me hayas disculpado?

Y que otra mierda podría haber hecho –murmuró molesto.

– Gracias… te explicaré cuando llegue a casa.

Sin decir más colgué. No quería más interrogatorios. Todo eso me estaba hartando definitivamente éste estaba siendo un día de mierda.

Al llegar al emporio Cullen, le dije al taxista que me esperase, ya que al mandar a Bree y a Carmen con Eleazar, no esperaba que regresara por mí. Fui a mi oficina, en donde aun se encontraba mi secretaria recogiendo algunas cosas de su escritorio.

– Señor Cullen –murmuró sorprendida– creí que ya no volvería.

– Pues evidentemente se equivocó señorita Sheppard –dije dirigiéndome a mi oficina. –¿Qué hace aun aquí? –pregunté girándome extrañado

– Reacomodando todas sus citas señor. Su ausencia de hoy alteró un poco su agenda.

Asentí y entré a mi oficina.

Comencé a acomodar mis cosas, metiendo mi laptop al maletín, y verificando no olvidara nada… cuando escuché que la puerta se cerró.

Extrañado levanté la mirada y me encontré con la querida señorita Sheppard recargada en ella, el saco de su traje de lino había desaparecido misteriosamente, tan misteriosamente como se abrieron los dos primeros botones de su blusa rosa, revelando el valle de sus senos y el principio de su sostén negro.

– ¿Puedo ayudarle en algo señor Cullen?

Enarqué una ceja.

– Saliendo de mi oficina señorita Sheppard

– Vamos Edward –murmuró en voz seductora– tengo tres años trabajando para ti. Me he comportado bastante y muy apenas, pero ya no puedo más… –me miró de arriba a abajo– eres tan… deliciosamente sexy.

Se relamió si labio inferior y sonrió de manera encantadora…

Meses, si vaya meses tenia sin algún tipo de buena actividad. Joder necesitaba librarme, pero porque entre todas las jodidas mujeres de la ciudad, mi secretaria era la que tenía a mi disposición…. Y precisamente hoy

Rayos, rayos, rayo, rayos y jodidas centellas.

– Señorita Sheppard, sabe que no me gusta repetir órdenes. Por favor salga de la oficina.

– ¿En serio? –preguntó pasándose un dedo por los labios y succionando la punta de este, de una manera tan jodidamente sexual.

Ese mismo dedo bajo por su barbilla hasta llegar a su pecho, entre sus senos y bajando más para abrir el siguiente botón de su blusa… por supuesto que como el cabrón que soy seguí ese puto dedo desde su boca, hasta el botón y el otro, hasta que su blusa estaba completamente abierta. Caminó sensualmente hasta mi escritorio, y no lo rodeó, al contrario se montó en el subiendo sus piernas haciendo que con el movimiento subiera más su falda

Mierda…

Solo diré… que la señorita Sheppard tendría muchos papeles para reacomodar mañana.

Cuando el taxi se estacionó frente a la mansión, estaba completamente agotado… completa y absolutamente. Gracias a lo tarde que era, Bree ya estaba acostada, aunque según Carmen había costado todo un triunfo lograrlo.

Fui directo a mi habitación, y me metí a la ducha, más que nada para quitarme el olor empalagoso del perfume de la señorita Sheppard. Al salir del baño me encontré inmediatamente con mi hermano Jasper… por su puesto. No me iba a escapar.

Estaba tirado en mi cama, con los pies cruzados y los brazos detrás de la cabeza.

– ¿Y bien? –Dijo– explícame porque rayos tuve que salvarte hoy el trasero.

Y ahí comencé… desde Bree entrando a mi despacho hasta el niño con el abdomen sangrante.

– Jamás había visto tanta sangre en mi puta vida –murmuré aun pasmado de que tantas cosas me hubieran pasado en un sólo jodido día.

– ¿Y como está ahora?

Negué con la cabeza.

– Ni idea. Cuando tuve que irme ya llevaba 4 horas en cirugía y no había noticias.

– Puta… – murmuró Jasper, resumiendo en una sola palabra lo jodido de la situación.

– Lo sé…

– ¿Y que hay de los niños que han molestado a Bree?

– Ella asegura que han dejado de hacerlo desde que ese niño está con ella… pero no sé cómo le este yendo ahora que el niño evidentemente no está yendo al colegio.

Cuando bajé al desayunador al día siguiente, Bree tenía una cara de evidente funeral. Miré a Carmen pidiendo explicaciones.

– Ella contestó esta mañana cuando llamó el hermano mayor de Alec.

Abrí mis ojos sorprendido y miré a Bree acercándome a ella, acariciando sus cabellos.

– ¿Qué fue lo que te dijeron cariño? –pregunte con dulzura.

– Alec está en coma –murmuró Bree con la voz rota.

Gruñí internamente.

Sólo por ver a mi hermana así, completamente devastada, con lágrimas derramándose por sus ojitos. ¿Cómo se le ocurría a ese hijo de la gran puta decirle eso a mi hermana? Comprendía su situación, comprendía que estaba preocupado por su hermano pero eso no justificaba que le soltara una información así como así a una niña de ocho años.

Ella se bajó del desayunador y corrió hacia mí rodeando el taburete en el que estaba sentada. Sin dudarlo la abracé con fuerza.

– Carmen ¿Cómo mie… rayos se te ocurre dejar que ese hijo de la ch… señora que lo parió le diga algo como eso a Bree?

– No Edward, no te equivoques –me dijo tranquilamente – Bree solo está omitiendo parte de la información.

La mire extrañado.

– ¿Qué parte de la información?

– El hecho de que el coma de Alec es inducido.

– Pero está en coma a fin de cuentas –gruñó Bree en mis brazos.

– Pero es por su bien Bree –contradijo Carmen cariñosamente.

– Explícate Carmen por favor que no entiendo nada.

Ella suspiró.

– Alec está así por culpa de un… tarado ebrio que no supo por dónde conducía y atropelló al niño. Según Emmet, apenas salió de cirugía, le tomaron una tomografía; explicó que Alec tenía el cráneo inflamando y su cerebro estaba presionándose contra su cráneo. Tu tío se dio cuenta de la hinchazón en la cabeza cuando ya estaban en cirugía. En la tomografía se dieron cuenta que estaba teniendo mucha actividad cerebral a pesar de la anestesia, así que decidieron inducirle el coma para que su cerebro pudiese recuperarse más rápidamente sin el retraso obvio que su actividad le estaba causando.

Suspiré más tranquilo. A veces a Bree se le salía lo Platt que traía en las venas –cortesía del lado de la familia de mi madre–.

– Ya lo ves Bree estás exagerando un poco las cosas cariño –murmuré contra su cabello.

– Pero está en coma.

– Pero es por su bien cariño. El tío Aro está haciendo todo lo posible por salvarle la vida. Él ama a los niños y su salud, estoy completamente seguro que jamás haría algo para dañar a ningún niño, y –la separé de mi para mirarla a los ojos– mucho menos a alguien como Alec, por qué sabe que tú lo quieres mucho.

– ¿Me lo prometes? –preguntó limpiándose las lágrimas de las mejillas.

– Por supuesto –murmuré.

– Por la garrita.

Me reí.

– Por la garrita –murmuré enganchando mi dedo meñique con el suyo.


¡Holiwis!

Si ya sé que me quieren linchar con antorchas y palas y todo... y pido una enorme disculpa pero luego de semanas de estrés total con un montón de jodidos examenes y trabajos que entregar pues se me secó el cerebro y la inspiración no me llegaba por ningún lado. Pero parece haber vuelto y pues trataré de estar actualizando cada 3er día... no prometo nada, pero lo estaré procurando hacer para que ya no se pierdan del hilo de la historia.

Gracias por sus rewievs y Favs

Esos poquitos Rw y Fv son los que me hacen querer seguir haciendo esto.

A parte de todo quería decirles que NO VOY A ABANDONAR LA HISTORIA

La seguiré hasta el fina, por que si no lo hiciera no me sentiria agusto conmigo misma, ni con uds.

Sin más espero que hayan disfrutado del capítulo y nos vemos la siguiente.

¡Besos!