CAPÍTULO III: UNA CANCION DE AMOR
—Los Encontré —Decía una pelirroja de bonita figura, de pie en la entrada de aquella habitación. Su cuerpo era cubierto por unos shorts cortos y una camisa de manga larga color blanco que cubría por completo la parte superior de su cuerpo— ¿Creyeron que no los descubriría? —preguntó apuntando al rostro de un atónito azabache que aun sostenía el pomo de la puerta—. Reconocería ese chacra de Sasuke aunque estuviera a kilómetros de distancia.
—¿Qué estás haciendo aquí Karin? —aun sorprendido, pero ocultándolo con su típica frialdad, su mirada seria y sus manos en los bolsillos, se atrevió a preguntar aquello.
—Eso pregunto yo —su semblante cambió de repente—. ¿A caso están locos? Se lo que están haciendo, y será mejor que se vallan de la Aldea —su rostro era serio y el tono de su voz autoritario.
—Hemos venido a ayudar a la Aldea de la Hierba —Intervino en la conversación una chica de cabellos rosados, sosteniendo con sus manos, a la altura de sus pechos un paño como único objeto destinado a cubrir su pálido cuerpo.
—Sa-Sakura —El azabache volteó a verla sintiendo un gran ardor en su pecho y en su bajo vientre, y giró el rostro en el acto al recordar tenían visita—. ¿Por qué no te has vestido aun? —preguntó con un leve sonrojo intentando asomarse en sus mejillas y delatar que la vista no era tan desagradable, pero también notó una mirada picara y prejuiciosa apoderarse de los ojos de Karin—. Deberías ir y ponerte algo de ropa —posó su mano izquierda sobre su rostro cubriéndolo desde la frente hasta la nariz agachando la cara como si estuviera escogiendo entre estar avergonzado por lo que pudiera pensar Karin de verla ahí con él, y en esas condiciones, ó, avergonzado por haber sentido todo aquello al mirarla.
—¡Pe-Perdón! —gritó completamente avergonzada apretando la toalla con ambas manos—. Iba a vestirme en lo que te fueras —dijo muy nerviosa con la mirada gacha— Será mejor que valla y me vista —Agregó con su cara cada vez mas roja y sus palabras temblando. Tomó unas ropas y se dirigió prácticamente al cuarto de baño, entró, cerró la puerta y se recostó a ella con su corazón palpitando a gran velocidad. Avergonzada porque Karin hubiese visto aquella escena, imaginando los disparates que podría estar pensando la pelirroja.
—Sasuke-kun, no puedo creer que te estés aprovechando de esta situación —susurró al oído del pelinegro acariciándole el cabello—. Eso es algo que de ti, jamás abría imaginado —dio un paso atrás acomodando sus gafas sobre el puente de su nariz—. Eres un pervertido.
—¿De qué estás hablando Karin? —preguntó él, sabiendo exactamente que pensaba ella, con la vista aturdida, enojado, avergonzada y quien sabe cuántos sentimientos se encontraban en su pecho en aquel momento chocando contra su lógica y sentido común, solo deseaba desesperadamente apartar cualquier pensamiento de la mente de Karin.
—¿De qué estoy hablando? —parecía ofendida—. No te hagas el que no lo sabe —susurró con el ceño fruncido y punzándole el pecho con el índice derecho— Abres la puerta y me los encuentro a los dos juntos, solos, en la misma habitación, y Sakura semidesnuda —su mirada solo le decía a Sasuke «Te descubrí». Su rostro se sonrojó levemente y su sangre hervía de solo imaginarse lo que según ella, había ocurrido.
—Karin. Deja de imaginar tonterías. De hecho, ¿precisamente en que estas pensando? —preguntó intrigado, chocando sus ojos contra los de ella, tratando de descubrir con su mirada lo que ella tramaba, lo que ella pensaba, pero no entendía realmente porque le intrigaba lo que ella pudiera pensar de lo que había visto al llegar.
—¡Olvídalo! —entró a la habitación seguida de Sasuke, quien solo se detuvo para cerrar la puerta, ella se sentó en el borde de la cama, y él a su lado—. No estoy muy segura de lo que pretenden hacer aquí, pero —se pausó un momento observando pensativa desde su estancia la ventana— Tienes que ir en cuatro días junto a Sakura, en la noche al centro de la aldea —se levantó y caminó despacio hacia la puerta—. Habrá una gran celebración por el cumpleaños de "The Killer". Es una de las 2 personas que están controlando la aldea —Sasuke asintió—. Viene de muy lejos, ni siquiera habla bien el japonés, es muy extrovertido y cada rato anda "celebrando" por motivos insignificantes —Sasuke se acercó hasta ella—. Sí pueden ir, los presentare a él. Tal vez así puedan obtener más información —la puerta del baño se abrió y una ya vestida Sakura la atravesó acercándose a ellos a paso lento y aun algo sonrojada—. Sakura-chan, te ves linda así —comentó Karin, se acomodó las gafas una vez más y giró el pomo de la puerta—. Los espero mañana —Sonrió cerrando sus ojos suavemente y cerró la puerta al salir.
—¿Qué dijo Karin? —preguntó Sakura con curiosidad cepillándose su largo cabello, había crecido bastante en los últimos años y según ella, era uno de sus mayores orgullos—. ¿A qué se refería con vernos mañana y para qué?
—Nos llevará con uno de los dos que están detrás de esto —cerró la puerta con llave, se acercó en silencio a la ventana cerró las puertas de esta y dejó caer las cortinas para evitar el acceso de la luz a la habitación—. Por hoy será mejor dormir, ha sido un largo día y mientras nadie más sepa que estamos aquí creo que no tendremos problema alguno —se acercó a la puerta del baño al ver a Sakura asentir, dándole la razón a su comentario—. Voy a bañarme, necesito aclarar la mente.
Sakura le había observado en silencio, le había visto tomar algunas ropas de su equipaje, sin decir nada, sentada en el borde de la cama, había visto como al sacar la ropa había refunfuñado por no encontrar algo, y relajarse al conseguirlo, le había visto tomar un paño y haciendo una seña con sus manos, despedirse para entrar al cuarto de baño. Estaba cansada, eso era seguro, y por alguna razón se sentía muy tensa, no lograba dejar de pensar en la situación tan incómoda en la cual se había encontrado antes, realmente no contaba con aquella visita sorpresa.
Se tendió sobre la cama, lanzándose justo en el centro de la cama, con sus brazos y piernas estiradas, preguntándose una y otra vez si él se había sentido atraído por su pijama tan pequeña, o sí por lo menos se había sentido incomodado, o había pensado "como hombre" al verla ahí acostada en toalla al llegar, o por pasar tanto rato viéndola ahí semidesnuda o que habría pensado sobre lo que ella le contó antes, si acaso le habría importado su disculpa. Cansada y estresada por pensar todo aquello, todas esas cosas en las que no se podía permitir pensar, sobre todo en aquellas condiciones y en medio de una misión.
Pasaron los segundos convirtiéndose en minutos, minutos en que sus ojos se volvieron pesados, se corrió un poco a su costado derecho, entre dormida y bostezando. Se estiró un poco de pies y brazos, bostezó una vez más, cubriendo su boca con sus manos y sus ojos se cerraron cayendo vencía por el sueño. Sasuke salió al fin del baño con un paño sobre su cabeza y con solo unas bermudas cubriendo la parte inferior de su cuerpo. Se acercó a la cama y se sentó en el borde de la misma, y no pudo evitar rozar con sus fríos dedos los pies de Sakura.
Si cuerpo se tensó al ver que ella reaccionaba, se puso de pie y camino hasta donde había unas cobijas, tomó una lo suficientemente grande para los dos, y lo suficientemente gruesa para no acalorarles demasiado ni permitir que el frio les torturara. Se subió de rodillas a la cama, del lado que dormiría y con cuidado de no despertarla se acercó para cubrirla con las mantas, sin poder evitar antes, observarla con cuidado y con recelo, detallando cada centímetro de su cuerpo.
—Esto es definitivamente incomodo —Decía para sí mismo al verla, estaba acostada en la cama de forma desordenada, sus piernas estaban esparcidas entre las dos mitades de la cama, su parte superior de espaldas a él—. ¿Cómo alguien puede dormir así? —dijo riendo para sí mismo—. Que molesta… Pero se ve linda al dormir —solo un pequeño short y una franelilla cubrían el cuerpo frente a él, haciéndole sentir presionado, se sentía extraño, veía claramente cuando el pecho de su compañera se inflaba y desinflaba dando paso al oxigeno, haciendo que aquella dedicada prenda de tirantes que le cubría la parte superior del cuerpo hasta el ombligo, se deslizara sobre su piel, como sí en cualquier momento fuese a apartarse de ella—.
»Me siento extraño —susurró acercándose cada vez mas sin poder evitarlo, dejando la cobija a un lado y sintiendo sus manos temblar con cada centímetro que se acercaba. No lograba desviar los ojos de sus piernas descubiertas hasta el borde de los glúteos, no lograba dejar de mirarla—. Sakura… —susurró una vez más, rozando delicadamente con la yema de sus dedos índice y medio izquierdo el contorno de su angelical y durmiente rostro. Apoyado en su brazo derecho se inclinó lo suficiente hasta acercar su rostro al de ella, lo suficiente como para besarla.
»¿Qué diablos estoy haciendo? —Se preguntó a si mismo retirándose hacia atrás. Tomó la manta con sus manos temblando, su corazón palpitando a todo ritmo y su moral por el suelo, la cubrió y se cubrió a sí mismo con el resto de la manta. Apago la luz y se acostó de lado en la cama, dándole la espalda, y tratando de calmar las emociones que en aquel momento sentía, emociones que no lograba explicar ni controlar—. Detesto estar en esta situación. Desearía largarme de aquí ahora mismo y… —sus pensamientos se detuvieron a la vez que su piel se erizaba, algo estaba pegado a su espalda, miró de reojo y la logró ver aquellas suaves manos apoyadas en su espalda desnuda, rosándole y acariciándole lentamente la piel, además de cómo el aire que salía de aquellas pequeñas fosas nasales se detenía contra su espalda. Paso la noche, tratando de calmar su cuerpo que instintivamente reaccionaba a los roces inocentes que ella le propiciaba.
A la mañana siguiente.
—Buenos días —la voz de Sakura entre bostezos llegó a los oídos del azabache—. Sasuke-kun, ¿estás bien? —pregunto inocente y abrumada al ver a su compañero sentado en el borde de la ventana con grandes ojeras bajo sus ojos, el ceño fruncido y mordiéndose los labios.
—No me pasa nada —Replicó el chico poniéndose de pie y doblándose hacia atrás, haciendo que los huesos de su espalda sonaran—. ¿Dormiste bien? —preguntó sin ánimos, claro, ella si había dormido bien.
—¡Sí! —respondió sonriendo dulce e inocentemente.
Las horas pasaron, y así, pasaron los días también. Durante el tiempo que restaba hasta la fecha que les dio Karin, mantuvieron un bajo perfil, salían tranquilamente a recorrer la ciudad, hablaban con otras personas disimulando su verdadero propósito. Dormir junto a ella, despertar junto a ella, desayunar junto a ella, escuchar el agua de la ducha desde el lado de afuera de la puerta cuando ella lo usaba, deseando internamente estar allí también, y luchando contra esos pensamientos. Almorzar con ella, llevarla por toda la ciudad sujetando su mano o mientras ella se colgaba de su brazo al caminar, recorrer toda la aldea en esas condiciones era incómodamente agradable. Debía admitirlo, o eran muy buenos actores, o en el fondo lo disfrutaban.
El tan esperado día llegó. Amanecía vez más, él aun dormía, ella se levantó en total silencio, fue al baño en silencio lavando su rostro, dientes y adentrándose en la ducha. Salió luego de un rato, con una falda de jean y una blusa manga larga de cuello v. Se acercó con calma hasta la cama y subió sobre ella, arrodillándose justo a un lado de él, algo preocupada. Al parecer no había dormido bien las últimas noches, cada día despertaba mas tarde y hoy, simplemente parecía no tener intenciones de hacerlo.
Corrió su mano poco a poco temblando hasta el cuerpo de Sasuke. Algo atravesó su alma, recuerdos y sentimientos de cuando era niña de pronto la atacaban. No lograba recordar cuantas veces había soñado algo como eso, cuantas veces había deseado tenerlo así de cerca y de esa manera. Se sintió extraña, nerviosa, confundida, dejó su mano llegar hasta el pecho del moreno acariciándolo despacio y con un inconsciente miedo de que él despertara y la descubriera. Subió la mano poco a poco hasta rozar su cuello. Su corazón iba a desbocarse, sentía tantas cosas a la vez que ni ella misma lo comprendía. Por alguna razón, quería besarlo, había vuelto a ser la misma de antes, le admiraba, le soñaba, le deseaba, quería besarlo, no podía evitarlo, realmente deseaba hacer aquello que deseó tantas veces antes. Agachó su rostro poco a poco, cerró los ojos perdiendo el sentido y dejándose llevar por sus sentimientos, tocando con las puntas de sus cabellos mojados el cuerpo bajo ella.
Sentía algo mojado sobre él, suave pero goteando un poco de agua, una mano con piel delicada rosaba la de su cuello, quiso abrir los ojos pero no se atrevió, algo le decía que no lo hiciera. La respiración de esa persona estaba justo sobre sus labios, podía olerla, podía escuchar los latidos de su corazón y el de ella agitándose cada vez más. Quería confirmarlo, necesitaba confirmar que se trataba de Sakura. Abrió un poco uno de sus ojos, lo suficiente para confirmar que su sentido no le fallaba, era ella. Cerró los ojos nuevamente, y se quedó inmóvil, fingiendo dormir todavía. Trató de calmarse pero su cuerpo le fallaba. Y ocurrió, sintió a la perfección aquellos suaves labios se ubicaron sobre los suyos. Era un beso, inocente, casto y acompañado de un par de lagrimas que cayeron sobre sus ojos.
No podía resistir más, subió su mano izquierda, enredo sus dedos entre aquella cabellera mojada que no paraba de escurrir agua sobre él, la presionó con poca fuerza. Ella se alarmó e intentó retroceder, pero fue inútil, él la sujetó con fuerza levantándose con ella, evitando que se alejara. Quedó sentado, aun sujetándole la cabeza, y con su mano libre le apresó la cintura. Sakura abrió los ojos de par en par. Estaba asustada, nerviosa, intrigada, inquieta y su piel se erizaba más y más a medida que la presión de aquel beso aumentaba, de cómo pasaba de inocente y casto a maduro y salvaje.
—Sasuke… —susurró.
—Mmm —solo hizo algún gesto con sus labios sin responder.
—¡Sasuke despierta! —gritó ella a su oído haciéndole despertar alarmado.
—¡No grites! —observó todo a su alrededor. Allí estaba ella, con las mismas ropas que la había visto hace un segundo, de pie a un lado de la cama intentando despertarle—. ¿Fue un sueño? —se preguntó a sí mismo sin poder quitarle la vista de encima a la portadora de aquellos hermosos ojos verdes.
—¿Estás bien? —preguntó—. Estabas muy alterado y sudando, creí que tenías fiebre. ¿Acaso era una pesadilla?
—No, no realmente —respondió en su interior—. Sí, fue una pesadilla horrorosa —le respondió a ella.
Unas horas más tarde almorzaron, dieron unas vueltas buscando información como habían hecho en los últimos días, tratando de dar con algo que les ayudara, y volvieron a la habitación al caer la noche. Observaron por la ventana como las personas comenzaban a salir de sus casas y dirigirse hacia el centro de la Aldea, del cual ellos estaban realmente cerca, incluso se podía observar la plaza que había en medio, la cual era realmente hermosa y tenía una linda fuerte con una especie de Delfín que lanzaba agua hacia un lado.
Ese era el lugar al cual debían ir, allí junto a Karin, obtendrían información valiosa, conocerían a uno de los inmiscuidos en aquel dilema, definitivamente ese sería probablemente el fin de su misión. Sus rostros sentían nostalgia, algo en el pecho de ambos no quería que la misión terminara, volver a Konoha, seguir siendo todo como antes de ir. No podía ser así, definitivamente algo debería cambiar, pero ninguno de los dos sabia que.
—Sakura, date prisa —Dijo él ya vestido con un traje tradicional japonés, algo así como la versión masculina del Yukata, mientras esperaba a su compañera, quien estaba tardando más de lo normal. Para pasar el tiempo se apoyó contra la ventana dedicando miradas fugases y distraídas a aquella aldea, de la que pronto debería partir.
—Estoy lista —por instinto volteó a verla, al escuchar su voz pronunciar aquellas palabras, al fin ella salía del baño, con un hermoso Yukata Negro con flores blancas y de color rosado la cinta que le apretaba la tela del vestido contra su cuerpo alrededor de la cintura, haciendo juego con su cabello, recogido delicadamente con unos palillos en un moño alto, aunque un pequeño mechón rebelde insistía en caer hacia su frente ondulándose—. Siento que me veo ridícula con estas ropas —Afirmó subiendo en un par de getas que había dejado a un lado de la cama.
—No te vez ridícula —dijo él—, de hecho te ves bien —Sasuke había pronunciado aquellas palabras sin darse cuenta. Sakura se quedo perpleja al ver que Sasuke, ese engreído Uchiha le había dedicado un cumplido, aunque su alegría y asombro se esfumaron cuando Sasuke agregó, para desviar la atención de lo que había dicho antes unas palabras que le hirieron con la misma fuerza que las primeras le habían alegrado—. Solo te ves más frentona de lo normal, y tampoco es como si un vestido pueda hacer milagros, o hacerte ver bonita, por lo tanto no deberías sorprenderte.
—Si tienes razón, me veo muy bien —su sonrisa era forzada y sus palabras solo buscaban ignorar las palabras de burla de Sasuke—. Sera mejor darnos prisa, después de todo Karin está esperando por nosotros —comenzó a caminar seguida de Sasuke que al salir cerró la puerta de la habitación.
—«¡Maldita sea! ¡soy el idiota más grande de este planeta!» —se lamentaba en lo profundo de su mente al percatarse de lo que había hecho y dicho.
A paso lento pero seguro se encaminaron. Salieron de la habitación y del hotel con la esperanza de que la misión terminara luego de esa noche, apartando la incomodidad que sentían el uno hacia el otro, y a la vez deseando continuar disfrutando de su mutua compañía. Siguiendo el camino más largo llegaron a la plaza. La cantidad de personas presentes en el lugar superaba sus expectativas y la cantidad de tiendas comerciales vendiendo baratijas, dejando a los aldeanos probar su suerte, lecturas de carta y manos, comida, y gran variedad de distractores coloquiales. En aquel momento se percataron de que estaban muy lejos de casa, todo era muy diferente a su amada aldea natal.
En el centro del lugar, cerca de la fuente que antes habían podido apreciar había una especie de tarima donde yacía un hombre rubio, de ojos azules, aunque no estaba de pie se podía ver que era alto, la forma de su rostro le delataba como extranjero. Pudieron observarlo detenidamente, sentado sobre una especie de trono hecho de oro, brillante y llamativo. Los puntos ciegos estaban cubiertos por guardias que resguardaban desde todas direcciones el escenario, llevaban mascaras que denotaban su rango como anbus, y rodeando al hombre sobre el trono estaban algunas chicas jóvenes vestidas con yukatas cortos, bailando, alimentándole en su boca, abanicándole y dándole de beber. Era como una especie de rey rodeado por sus damas.
—Buenas noches a todos —al fin se disponía a hablar llamando la atención de todos, incluyendo a dos ninjas infiltrados—, y gracias, por venir a mi festejar mi cumpleaños —las personas aplaudía y levantaban sus copas honorificándole—. Antes de comenzar la verdadera fiesta quiero que reciban a una amiga que les deslumbrara con su voz —tos aguardaban atentos mientras con sus manos llamaba a una joven. Era una mujer hermosa, de ojos rojos y cabello blanco platinado. Subió al escenario y se sentó sobre las piernas del rubio. Tomó un micrófono y acariciándole el rostro comenzó a cansar aquella canción melancólica con una voz suave y pausada que calaba en el corazón de todos los presentes.
—Qué voz tan hermosa —susurró Sakura. Su rostro estaba tranquilo y sus ojos distantes. Aunque no decía nada se podía notar que algo le estaba molestando.
—Sakura, ¿estás bien? —aquella conocida voz llego a sus oídos retumbando en su alma. Era él, era Sasuke. No tenía idea de que le ocurría y quería saberlo. Algo en su pecho le invitaba a hablarle, saber que pasaba por esa cabeza llena de cabellos color rosa.
—Sí, estoy bien. No te preocupes —Respondió sonriendo y con los ojos cerrados aunque una lagrima se escapó de uno de sus ojos sin que lo notara. Aquella melodía tenía algo que le traspasaba el alma y sacaba a flote todos sus malos recuerdos.
—No te creo —se mordió los labios al ver la intriga en el rostro frente a él. No lo soportaba, no soportaba verla así. ¿Cuántas veces habría llorado de esa manera? Y lo que más le molestaba, ¿cuántas veces habría llorado por culpa de él? Nervioso y con las dudas carcomiéndole la existencia tomó entre sus manos aquel delicado rostro secando con sus pulgares las lágrimas que habían resbalado por las mejillas de su atontada y sonrojada vieja amiga, sintiendo como cada vez eran más las lágrimas que se escabullían hasta llegar a sus dedos—. Eres una llorona —dijo sonriendo de lado—, no has cambiado nada, Sakura —haló su rostro hacia él, obligándola a dar un pasos al frente, acercó su propio rostro al de ella depositando un nítido besos obre su nariz. Bajó despacio hasta sus labios sin poder evitar perderse en los verdes ojos que se asomaban sobre unas coloradas y suaves mejillas—. Deja de llorar, no seas molesta, ¿no te das cuenta que estas llamando demasiado la atención? —estaba un poco avergonzado, no tanto como ella, pero sus piernas temblaban y su espalda se tensaba mientras más cerca estaba de besarla.
—Sasuke-kun —sus labios no se movían y él seguía mirándola directo a los ojos. Podía sentir sobre sus labios la suave caricia que le otorgaba la respiración de su compañero. Cerró sus ojos y apoyó sus manos contra el pecho de Sasuke. Sin poder creer lo que pasaba, deseando que fuera un sueño y deseando que no lo fuera. Tan cerca que pudo sentir como comenzaba a rosar sus labios con los de ella.
—¡BU! —Gritó Karin en la espalda de Sakura, quién sorprendida dio un salto y media vuelta, enredo sus getas yéndose de espalda, y siendo retenida de los brazos por Sasuke, quien la volvió a levantar sobre sus pies.
—¿Estás bien, Sakura? —preguntó con tranquilidad, mientras la joven se sostenía contra su espalda recobrando la estabilidad.
—Sí, no te preocupes —respondió angustiada. Intentó decir algo pero una estridente luz blanca ilumino sus ojos dejándola temporalmente sin visión, al igual que al azabache.
—¡Que lindos! —exclamó Karin, tomando una fotografía de una cámara instantánea que traía en sus manos—. Te la regalo Sakura —dijo entregándoles la fotografía al ver que recobraban la visión—. Guárdala como recuerdo, de la fiesta, de esta noche, de Sasuke-kun y de ese hermoso Yukata que traes puesto —Se le veía muy contenta, realmente disfrutaba la celebración al parecer.
—«Que importuna es Karin» —pensó Sasuke. Sakura por su parte no se decía entre estar pálida o colorada. Solo sabía que sus pensamientos de antes se habían alejado al terminar la canción.
—
Bueno, se acabó el capítulo tres.
Quiero aprovechar para dar gracias a quienes leen, siguen y han comentado esta historia.
La escribí en mis inicios de escritora hace un año, así que la ortografía, puntuación y todos esos detalles eran un desastre.
Sé bien que aun me queda camino por recorrer y mucho que aprender, pero al menos me dispuse a editarla lo mejor que he podido para poder entregárselas como nueva.
Tendré el capítulo tan rápido como me sea posible, y la buena noticia para ustedes es que esta completa, así que no se preocupen, a medida que la edite la publicare, pero si verán el final de este toque de inspiración que llegó a mi hace poco más de un año.
Saludos, La autora.
