:Confesiones:

Ginny y Luna estaban sentadas bajo un árbol mientras una delicada pero fría brisa les acariciaba. Ninguna de las dos no salía de la impresión por lo que acababa de suceder.

Mientras, en otra clase, dos chicos: uno moreno con ojos verdes esmeralda y el otro, pelirrojo con ojos azules zafirazos. Los dos parecían muy concentrados delante la bola de cristal, pero en realidad, ambos estaban sumidos en sus pensamientos. Solo fueron interrumpidos por la profesora, pero pronto se libraron de ella, con una predicción de muerte por una gallina loca. Al cabo de un rato Ronald intentó que su amigo le contara la verdad.

Harry, en el desayuno no has sido totalmente sincero. No le dijiste todo a Ginny ni a Hermione... ¿Por qué? Hay algo que sabes y nos lo estas ocultando - le inquirió Ron en un susurro para no llamar la atención de la maestra y tener otra predicción de muerte más estúpida, si es eso posible. Harry se sorprendió, no se imaginaba que su amigo lo conociera tan bien. Por una parte se alegró, pero por otra, no sabía como decirle todo lo que había visto en sus pesadillas, sin que el pelirrojo tuviera un ataque de nervios o de repente se pusiera histérico. Tampoco quería preocupar a sus amigas, pero la amistad hacia su compañero lo venció y no tardó en confesar.

Es verdad... tuve una visión en el que aparecía Voldemort - ante estas palabras su amigo se estremeció, pero Harry continuó haciendo caso omiso. – Él estaba con sus mortífago y murmuraban planes de ataques contra el ministerio. Pero de pronto Voldemort ordena a todo el mundo que se vaya excepto unos cinco encapuchados con mascaras... Entonces empezaron a hablar en murmullos, más flojo que antes y tan solo pude escuchar... - en ese momento a Harry Potter se le quebró la voz. Con su silencio, la tensión que sufrían los dos conversantes era enorme. Ron empezaba a impacientarse.

¿Qué dijeron? - pregunto ansioso.

Sólo escuche el nombre de... Hermione Granger y Ginny Weasley... entonces Voldemort sonrió. Parecía muy feliz con un poco de rencor, pero muy feliz. Desde su sonrisa me empezó a doler mucho la cicatriz... y me despertaste – su susurro dejó paralizado a Ron. Al escuchar el nombre de su hermana y el de su mejor amiga empezó a ponerse pálido y no sabía como reaccionar "debo ir a buscar a Ginny... y Hermione, ¿estará bien? Debo ir con ella...".

Ron, tranquilo. Ellas están en Hogwarts, no les puede pasar nada – eso fue un intento de calmar al pelirrojo.

Harry, debemos vigilarlas noche y día. No las podemos dejar solas. No deben abandonar el castillo...- su amigo continuaba despotricando medidas de seguridad para las dos chicas.

¡Ron para ya! – exclamó en voz demasiado alta. Toda la clase se volteó para ver a los dos muchachos, pero estos hicieron caso omiso de sus malas miradas. Entonces continuaron su conversación otra vez en susurros.

Ron ellas están bien. Tranquilízate... le podemos explicar a Hermione para que tenga cuidado y también para vigilar a Ginny – esa idea causó una reacción positiva en Ron. Se empezó a calmar.

Esta bien. A la hora del almuerzo le contamos todo a Hermione. Pero a Ginny mejor no decirle nada, ya tuvo suficiente en su primer año con el diario... ese raro – le comentó. De repente sonó la campana de fin de clase.

Haced los deberes chicos – reclamó la profesora con el sonido de fondo de los estudiantes corriendo hacia su próxima clase.

Harry y Ron se dirigían a la siguiente clase, pociones, su asignatura que menos les gustaba. En medio del transcurso para llegar a las mazmorras se encontraron con Hermione.

Hola chicos, ¿cómo os ha ido adivinación? – preguntó con un deje en la voz de ironía a modo de saludo.

Bien, supongo – le respondió con vagues Harry.

Hermi... ¿te ha ocurrido algo extraño? – se aventuro a preguntar Ron, mientras iban caminando a las mazmorras.

No, ¿por qué? – miró a sus amigos, pero estos desviaron la mirada. Con ese simple gesto se dio cuenta, sus amigos le estaban ocultando algo.

Esta bien, contármelo. ¿qué sucede? – inquirió con decisión.

Es sobre el sueño que tuve... – empezó Harry, pero la cara de reproche que puso Ron, lo hizo callar. Hermione empezaba a impacientarse.

Continúa Harry. Quiero saber que ocurre – exclamó fastidiada.

Ron, le incumbe a ella, deberíamos decírselo – se disculpó Harry al pelirrojo. En ese momento Hermi ya tenia el ceño fruncido.

Vale, de acuerdo – aceptó de mala gana el pelirrojo.

Pues veras, Hermi... cuando tuve el sueño, Voldemort te nombraba a ti... y a Ginny- lo dijo con calma, intentando asustar lo menos posible a la joven. Ella se paró y empezó a palidecer "porqué me nombró, acaso quiere atraparme para atraer a Harry hacia él... pero como podría hacerlo... y Ginny. ¡Oh Dios Ginny!".

Ginny... - susurró la joven.

Tranquila Hermi, estamos en Hogwarts no puede pasar nada – intentó tranquilizarla Harry. Pero fue en vano, la chica, lo primero que consiguió pensar fue...

¡Hay que avisar a Dumbledore! – Esa exclamación fue la causa de la mala cara que puso Harry. Acto que se dieron cuenta sus amigos, que pusieron peor cara que él.

Harry, por favor, esto es grave. Le podría ocurrir algo a Ginny... o a mí, incluso a Ron le podría pasar algo – lo último lo dijo firmemente.

Esta bien – accedió de mala gana – Vamos.

El trío corrió hasta llegar al despacho de Dumbledore, pero cual fue su sorpresa, no sabían la contraseña. Los tres se quedaron delante de la estatua mirándola con determinación, queriendo abrirla con la mirada. De repente, se escucharon dos personas hablando.

¿Estas seguro Albus?, deberíamos hacer algo... vigilarlos, ¿tal vez?- inquirió una mujer. Su voz sonaba a la de una anciana, pero estaba teñida de preocupación. Esa voz era de la profesora McGonagall.

Me temo que si Minerva. No podemos hacer nada más que vigilarlos... a todos – la voz calmada y anciana del director se escuchó detrás de la esquina del largo pasillo. Cuando los dos ancianos cruzaron la esquina dieron de bruces contra los tres jóvenes que los miraban sorprendidos por la conversación escuchada.

Potter, Weasley y Granger deberían estar en clase – empezó a regañar la profesora. Pero fue cortada.

Es que tenemos que hablar con el director Dumbledore – empezó a excusarse Hermione.

Pueden hablar con él después de clase. Ahora vayan a clase o me veré obligada a quitarle puntos – les ordenó McGonagall.

Pero es sobre la cicatriz – insistió Harry. En ese momento los dos adultos mostraron interés, en especial Dumbledore ya que la profesora McGonagall se mostraba nerviosa.

Esta bien chicos, entrad en mi despacho y contarme lo que sabéis – les ordenó amablemente el director. Cuando el director dijo la contraseña, entraron y subieron las escaleras. Entonces entró el director, detrás de él los tres jóvenes. Cuando se sentaron todos, Dumbledore inquirió con la mirada serena a Harry para que empezara. Él le explicó todo lo que había soñado y también expuso sus teorías sobre lo que significaban-

Esta bien chicos. Yo me encargaré de todo, no os preocupéis. Pero tened cuidado con lo que hacéis – sus ojos brillaron con suspicacia – Harry, si tienes otro sueño avísame, por favor – le pidió al chico de la cicatriz.

Claro, director – aceptó el chico.

Ahora ya es hora de ir a comer, así que ya pueden retirarse- les ofreció amablemente. Los tres jóvenes se fueron al Gran Comedor. Cuando entraron se dirigieron directamente a la mesa de Gryffindor, donde se encontraban dos chicas sentadas comiendo, al menos eso aparentaba una de ellas.