Disclaimer: Los personajes y lugares le pertenecen a Akira Toriyama, creador de este increíble anime. Este fanfic procede del original elaborado por Odette Vilandra, quien me ha otorgado permiso para relanzarlo y continuarlo, hasta su conclusión. Cualquier frase en cursiva, representa el pensamiento de los personajes o algún flashback.
AMOR EN TIEMPOS DE PURGA
Acercamiento
Desde aquella ocasión, habían pasado otros meses: cuando no estaban de misión, y pese a las habladurías de sus compañeros, Gine acudía con frecuencia al departamento de Bardock. Su agradecimiento y el cargo de culpa por la cicatriz que le causó, eran a menudo los argumentos que justificaban su atención hacia él.
Había mejorado como guerrera, al verse obligada a defenderse durante las peleas. Aunque estaba muy lejos del nivel de Selypar, aplicaba en lo posible todos los duros y fríos consejos de su comandante en la batalla. Todo lo demás, era una excusa para permanecer lo más cerca posible.
Intentaba seguir el consejo de Rosicheena, negaba mil veces lo que le ocurría… pero nada ayudaba: para Gine, Bardock era más que sólo su jefe. Le gustaba mucho… a sabiendas de no sentirse alguien atractiva para él.
Bardock, por su parte, era bastante huraño y reservado… pero tampoco ponía mucha objeción a las atenciones de Gine. Finalmente su departamento lucía más limpio que el día que lo compró, y gozaba de la comodidad de tener a alguien que lo alimentara, ahorrándole tiempo y dinero de comprar comida hecha.
Como era usual en su raza tan poco afectuosa, nadie había tenido esos detalles con él. Huérfano a temprana edad, había vivido su infancia en un albergue, sin una pizca de interés en conocer a sus padres… especialmente a sus 7 años, cuando ingresó al sistema de entrenamiento militar. Siempre había sido independiente… y de repente, alguien más se interesaba en su bienestar. ¿Por qué?
Le resultaba muy extraño, aunque no se animaba a desaprovechar la oportunidad: después de todo, ella lo hacía sin pedir nada a cambio. Y en medio de los insultos y su propia negación, se mentía al insistir en que su interés hacia la niña estúpida era sólo profesional, como justificación a las veces que la salvaba. Incluso se sorprendía ante el hecho de observarla más de lo normal…
[…]
Un día, el escuadrón de Bardock estaba reunido en el cráter de un planeta que servía como el centro de comercio más importante para la civilización ya extinta por sus manos. A pocos metros del grupo, cinco de las seis naves esféricas se hallaban junto a los pedazos de una sexta.
—¡Diablos! —se quejó Toteppo— ¡Esos malditos destruyeron mi nave!
—¡Deja de llorar como niña! Sólo fue una nave, quedan cinco —reprimió el líder, recostado en el suelo con los brazos bajo su cabeza.
—Pero son para un pasajero. ¿Cómo volveremos todos al planeta Vejita? —cuestionó Toma.
—¿Nos iremos cinco y mandaremos una nave aquí? —sugirió Selypar.
—¡Hey! ¡No pienso aguardar casi un mes a que mi nueva nave llegue! —reclamó el agraviado, desatando un debate entre el grupo sobre cómo transportar al sexto saiyajin.
—Los seis regresaremos a Vejita —indicó Bardock, interrumpiéndolos—. Toteppo, te irás en la nave de Gine… —mencionó, para luego mirar a la muchacha— y como tú eres la más delgada y pequeña, subirás conmigo en mi nave.
Sorprendida por aquella resolución, Gine se sonrojó bastante y comenzó a balbucear, mientras los otros varones se lanzaban miradas cómplices, en una lucha interna para contener sus risas. Por su lado, Selypar sólo rodó los ojos con fastidio: sus compañeros y ella misma pensaban que Gine y Bardock tenían alguna relación sexual, aduciendo que era la razón principal por la que la joven seguía en el escuadrón. La indicación de su líder, para obviedad de todos, era una especie de confirmación a sus sospechas.
Al rato, los miembros del escuadrón comenzaron a abordar las naves que les correspondían, tal como se había quedado. Toteppo ocupó el vehículo de Gine… mientras ella aguardaba con ansiedad el momento de despegue. Bardock observaba su vehículo, analizando cómo poder acomodarse con su acompañante, en tan reducido espacio.
—Gine, ven —la instó a acercarse—. Supongo… que tendré que sentarme contigo cargada—resolvió, con indiferencia.
POV Gine:
Sentí mi corazón salirse de mi pecho cuando dijiste eso, y la sensación se incrementó cuando me tomaste entre tus brazos. Sé que mis mejillas están rojas, las siento arder, y no es para menos… aunque quisiera que las circunstancias fueran distintas. ¡Oh, Bardock! Desearía que me vieras como yo a ti. Al menos, por necesidad de la misión, todo un mes estaré cerca de ti.
—Activaré la hibernación…
Cómo quisiera que no te hubieras acordado de accionar ese mecanismo, me gustaría que el somnífero no nos hiciera dormir durante el viaje. Quisiera estar despierta todo el tiempo para atesorar este momento, pues quizás nunca podré estar tan cerca de ti como ahora…
FIN POV Gine.
Antes de que el sistema de hibernación los hiciera dormir, la joven hizo su cabeza a un lado, chocando su rastreador contra el rostro del guerrero.
—¡Mierda! —espetó Bardock, con desagrado.
—Lo… lo lamento, yo… —masculló, nerviosa.
—¡Quítate el rastreador! La nave ya es pequeña y es incómodo viajar así, como para chocar con estas cosas —el comandante se quitó su rastreador— Ten, guarda el mío.
Gine recibió el dispositivo de Bardock y lo puso junto al suyo en su regazo. No fue consciente del efecto del somnífero, hasta que sus párpados empezaron a caer.
[…]
Luego de un largo viaje de regreso, las naves llegaron un mes después al puerto espacial de Vejita. Debido a que ellos habían despegado minutos antes que Bardock y Gine, los otros miembros del escuadrón aterrizaron primero… mientras que su líder y su compañera apenas atravesaban la atmósfera del planeta.
La alarma de la nave del comandante sonó, siendo Bardock el primero en abrir los ojos y toparse con el dulce rostro de Gine, cuya cabeza se apoyaba en su hombro. Era extraño y agradable para él: si bien muchas veces la había salvado y ella acudía a su domicilio para atenderlo, jamás la había tenido así de cerca.
Podía sentir el cabello de la joven en su cuello, percibir el dulce aroma que emanaba de ella. Y por un breve instante, tan sólo una fracción de segundo, su mirada bajó hacia el escote de la saiyajin… hasta que la sintió despertar, recuperando la compostura.
La joven abrió los ojos, sonrojándose cuando se percató del reducido espacio en el que estaba junto a su superior.
—Estamos por aterrizar —apenas pronunció el guerrero, a lo que ella asintió y se permitió disfrutar los últimos minutos junto a su líder.
La cápsula espacial de Bardock llegó al planeta, mientras los cuatro miembros del equipo aguardaban en la zona de aterrizaje, por alguna nueva indicación; no obstante, cuando el vehículo se abrió, dejando ver al comandante y la soldado en su interior, los guerreros difícilmente pudieron contener la risa. Un gesto que los delataba ante él, incrementando su irritación.
—Bardock —la voz de Gine llamó su atención—, saldré de la nave.
En ese instante, el saiyajin se percató que una de sus manos estaba en la cintura de la mujer: sonrojado por ello, la retiró con un fuerte gruñido de su garganta. Gine salió del vehículo, con ambos rastreadores en sus manos, para luego dejar emerger al capitán, en tanto Panppukin y Toteppo luchaban por no estallar en carcajadas.
—Ustedes dos: ¿de qué demonios se ríen? —preguntó, amenazante.
—¡No, nada Bardock! —respondió Panppukin, muy nervioso— Sólo recordábamos una broma… ¡sí, eso es todo!
—¿Alguna nueva instrucción, Bardock? —Toma posó una mano en el hombro de su líder.
—Nada. Los buscaré si sale algo —dijo el guerrero, antes de retirarse.
El resto de sus compañeros lo imitaron, caminando así por las calles del barrio.
—Oye, Bardock —habló Toteppo—: vamos a ir a la taberna. ¿Vienes?
El líder, que caminaba delante de sus compañeros, dudó un instante.
Gine…
La imagen de la joven dormida entre sus brazos en el reducido espacio de su nave, vino a su mente. Bardock agitó la cabeza para alejar aquel pensamiento y miró hacia atrás.
—Sólo iré para ver que no hagan destrozos —bromeó.
Los cuatro saiyajin cambiaron el rumbo para así ir al bar; en tanto Gine caminaba por otra parte hacia su casa, completamente distraída.
—Bardock… —suspiró, al recordarse dormida en los brazos de su líder.
No obstante, la realidad la golpeó cuando llevó una mano a su pecho.
—¡El rastreador de Bardock! —exclamó, sorprendida por cargar con el dispositivo— ¡Debo devolvérselo!
Con esa intención, Gine llevó sus pasos hacia la casa de su líder; hasta divisarlo unos metros más adelante, junto con sus compañeros. Aquel panorama la tornó pensativa.
—A donde vaya, quizás necesite su rastreador… —continuó su seguimiento.
Los cuatro guerreros no tardaron en llegar a una taberna, ubicada en un sector de no muy buen aspecto en los barrios de tercera clase. Era un edificio gris en forma de media esfera, con una marquesina al exterior, luces de colores y la fotografía de una sensual hembra saiyajin con poca ropa y en pose sugestiva.
Dentro de aquel recinto, además de hombres, también asistían algunas mujeres… fuera por brindarles su compañía o buscar alguna aventura sexual gratuita, a diferencia de las camareras y servidoras sexuales que allí laboraban.
—¡Miren! Ahí hay una mesa —dijo Toma, tras divisar un espacio vacío en el concurrido bar.
—¡Y tiene vista al escenario! —exclamó Toteppo.
Los varones se dirigieron a aquella mesa y tomaron asiento, para luego ser atendidos por una mesera de grandes senos y caderas anchas, con claras intenciones de mostrar sus atributos.
—Bienvenidos. ¿Puedo servirles algo? —ofreció, notando el poco pudor de los saiyajin al observar su profundo escote.
—Trae un tarro para cada uno —dijo Bardock.
—Enseguida —asintió, retirándose con el sensual meneo de su cola suelta.
—Hubieras aguardado antes de ordenar, Bardock —replicó Panppukin.
—Si quieres una mujer así, entonces paga por ella —se burló el líder del escuadrón.
Poco después de la llegada de los guerreros, Gine arribó al establecimiento, haciendo una mueca de desagrado al percatarse del tipo de antro en el que estaban.
—Bien… sólo le entregaré el rastreador y me iré a casa —tomó aire y prosiguió.
Conforme ingresaba, la tímida muchacha se abría paso entre los asistentes. Buscaba con la vista a su líder, consciente de que el rastreador no le serviría para ubicarlo entre tantos saiyajin de clase baja. Podía observar algunas parejas besándose, hombres que tocaban lascivamente a las prostitutas, el típico negocio entre los clientes y las servidoras sexuales; además del ir y venir de las camareras, siempre dóciles y serviciales cuando alguien les agarraba el trasero o los pechos.
Incómoda por aquel ambiente, Gine prefirió concentrarse en buscar a su comandante… hasta encontrar una mesa a pocos metros de ella, donde sus compañeros disfrutaban el espectáculo que les brindaba una voluptuosa joven de pronunciadas curvas, que se contorneaba al son de una danza erótica.
—Ahí están —suspiró, abochornada por aquel baile—. ¿Ése es el tipo de mujer que te gusta, Bardock? —pensó con melancolía, sabiéndose recatada y tan poco atractiva para esas situaciones.
—¡Que baje, que baje! —coreaban los asistentes.
Atendiendo a la solicitud del público, la bailarina que respondía al nombre de Chaya bajó del escenario, entre movimientos eróticos, rumbo a las mesas de los clientes dispuestos a pagarle una propina. Escuchaba un sinfín de propuestas y cantidades generosas para gozar de sus servicios sexuales, mientras dejaba que los clientes la tocaran a su antojo.
Panppukin y Toteppo la observaban con lujuria, mientras que Toma y Bardock eran más discretos en ese aspecto. Finalmente, Chaya llegó a la mesa de los compañeros de Gine y se sentó en las piernas de Panppukin. Su cola agitaba el cabello del guerrero y se zafó justo cuando éste iba a cogerle un seno, bailando provocativamente para Toteppo. Luego fue el turno para Toma, quien recibió a la mujer en sus piernas, sintiendo cómo ella le restregaba sus pechos en la cara y contorneaba su vientre contra él.
Gine se asqueó al ver a sus compañeros observarla como si de un trozo de carne se tratara. De repente, su turbación se volvió ira, al sentir presión en uno de sus glúteos.
—¡Hola, linda! ¿Por qué tan sola? —le habló un joven y apuesto saiyajin, que se había atrevido a tocarle el trasero.
—¡Escucha bien! —exclamó Gine, con mirada asesina— ¡No vuelvas a tocarme o sabrás de lo que soy capaz!
—¡Vamos, no seas tan tímida! —el desconocido apoyó un brazo sobre su hombro, acercando sus labios al oído de la joven— Jamás te había visto por aquí, así que es obvio qué es lo que buscas, preciosa…
—No tengo tiempo para esto —pensó, mientras forcejeaba para separarse de aquel tipo lujurioso.
—¡Señor Calibono! —una curvilínea mesera se acercó al acosador de Gine— Es un placer verlo nuevamente por aquí. ¿Le sirvo algo?
La joven aprovechó la situación para zafarse y avanzar. No obstante, se detuvo ante la visión de Chaya, sentada en las piernas de Bardock, de tal modo que ambos quedaban frente a frente. La bailarina guiaba las manos del guerrero sobre su cuerpo, al mismo tiempo que movía la pelvis, simulando una relación sexual por encima de la ropa.
—Bardock… —exclamó con voz ahogada.
Su líder
El saiyajin que siempre la salvaba
Aquel que conquistó su mente y corazón…
La escena causó una impresión muy fuerte en Gine: decepcionada, sólo atinó a dar media vuelta para irse.
Por su parte, el guerrero esbozaba una discreta sonrisa: si bien no era tan efusivo como sus camaradas o los demás asistentes, sus ojos viajaban por la anatomía de la hembra que lo alentaba a tocarla. Mientras Chaya le daba la espalda, Bardock miró hacia un costado sin querer.
—¿Gine? —murmuró, reconociendo a su subordinada entre la gente.
Al instante, detuvo a la bailarina y le dio una propina para que fuera a bailarle a otro cliente.
—¿A dónde vas, Bardock? —preguntó Toma, tras verlo marcharse sin responder.
—¿Ésa no era Gine? —intervino Toteppo.
—¡Creo que su novia se enojó! —exclamó Panppukin, entre risas.
Mientras los tres saiyajin estallaban en carcajadas, Gine se movía entre la gente, buscando una manera de salir de aquel lugar.
—¡Preciosa, ten! —un saiyajin ebrio la abrazó de la nada, ofreciéndole un vaso— Te invito un trago.
[…]
Rosicheena y Gine comían en una especie de restaurante, cuando una camarera se les acercó de repente, con dos tragos en su bandeja.
—De parte de los caballeros de aquella mesa —señaló.
—No tomaremos eso —Rosicheena rechazó con tajante cortesía, impidiendo que Gine tomara una de las bebidas.
—Pero… —balbuceó la camarera, incrédula— se las invitan ellos.
—¡De ninguna manera!
La camarera comprendió el mensaje y se alejó, dejando a ambas jóvenes solas.
—¿Rosi, por qué lo hiciste? Creo que fueron muy amables —mencionó, causando en su compañera una risa contenida.
—Gine, los hombres sólo invitan tragos cuando quieren propasarse con una. Deja de ser tan ingenua.
[…]
Gine recordó las palabras de su amiga… pero antes de que pudiera quitárselo de encima, aquel saiyajin fue empujado con fuerza.
—¡Bardock! —se sorprendió.
—¿Gine, qué haces aquí? ¿Acaso vienes a provocar hombres, como las demás mujerzuelas? —preguntó el capitán, en tono de reclamo.
—¡Claro que no! ¿Cómo puedes pensar eso? —espetó, muy irritada.
—Pues no entiendo por qué vendrías a un lugar como éste —la tomó por la cintura, acercándola con rudeza—. Las hembras que rondan este bar trabajan y deben ser muy complacientes… —mencionó lo último con sarcasmo— o buscan algo más con un hombre, que un simple trago.
Sin predecirlo, el saiyajin recibió una bofetada que dejó enrojecido su rostro.
—¡Eres un idiota, igual que todos! —gritó Gine, mientras le lanzaba un objeto con toda su furia— ¡Sólo vine a traerte tu estúpido rastreador! ¡Ya lo hice, y ahora me voy! —dio la vuelta, para seguir su camino hasta la salida.
[…]
Después de unos minutos, la joven finalmente pudo salir del establecimiento, sintiendo sus propias lágrimas desbordarse.
—Bardock… ¡eres un idiota! ¡Idiota! —se repetía, conforme avanzaba por la calle oscura y solitaria.
Cada paso acrecentaba su dolor: estaba tan ensimismada en sus pensamientos, que no se percató de alguien que la tomó por el brazo, jalándola hacia un callejón.
—Hola, linda… ¿me recuerdas? —Calibono le susurró al oído, mientras la acorralaba contra la pared.
—¡Suéltame! —logró quejarse— ¡O juro que te arrepentirás…! —Gine no pudo continuar y gritó de forma terrible, cuando el saiyajin la sujetaba por la cola.
—Así me gusta, linda… ¡arrodíllate! —la hizo caer de bruces y tomó su barbilla— Ahora, preciosa: a todo lo que yo te pida, siempre dirás "Sí, señor Calibono". ¿Entendiste?
—¡Jamás! —se negó, todavía debilitada por el agarre de su cola— ¡Ahora suéltame!
Una nueva presión en su cola la hizo gritar nuevamente, obligándola a derrumbarse. Calibono aprovechó el momento para colocarse sobre ella y tocarla cuanto deseara, sin soltarla.
—Tranquila, que aún no te estoy fornicando —mencionó, mientras besaba su cuello—. ¡Espera un momento! Te daré una buena razón para que grites…
Gine sintió al lascivo macho lamer su oreja, frustrada y sollozante por no poder moverse. Sentía el espantoso dolor en su sensible extremidad. La repulsión de sus atrevidas caricias la enfermaba…
¿Bardock, dónde estás?
Sólo aquella idea rondaba su mente, deseando que su líder apareciera en cualquier momento.
¡Bardock, ayúdame!
Estaba asustada, debilitada. Lloraba entre ruegos, por ayuda.
—¡Suéltame! —volvió a gritarle a su agresor, asqueada por sus tocamientos.
De repente, Gine sintió que su fuerza regresaba: aquel dolor que paralizaba su espina, desapareció por completo… y abrió sus ojos. A su lado, Bardock adoptaba una posición de ataque, en tanto su agresor se reponía del golpe que el capitán le había propinado, lanzándolo a unos metros lejos de la muchacha.
—¡Bardock! —exclamó, feliz y aliviada de ver a su líder.
—Sabía que eras un cobarde, Calibono… pero nunca imaginé que tanto: ¿abusar de una mujer, debilitándola al sujetar su cola?
—¡Yo no abusaba de ella! Sólo nos divertíamos un poco —se levantó—. ¿Además, qué diablos te importa, Bardock?
—¿Divirtiéndose? —el guerrero emitió una risa contenida— Yo no veía que ella lo hiciera. ¿Por qué no te metes con alguien de tu tamaño?
—¿Bardock, qué mierda te pasa? —Calibono empezó a reír ante su desafío— ¿Acaso pelearás conmigo por esa simple chiquilla? ¿O es que acaso es tu amante?
—¿Y qué, si lo es? —dijo sin pensar, para luego gritarle amenazante— ¡Ahora retírate, antes de que te haga pedazos!
Un duelo de miradas se desató entre ambos: Calibono confiaba en su propia habilidad como guerrero, pero sabía que Bardock lo superaba por varios cientos de unidades de poder. Su enfrentamiento significaba una posible y humillante derrota para él.
—¡Quédate con tu mujerzuela! —espetó, lleno de frustración.
Bardock vio al saiyajin alejarse, dedicándole una mirada de odio. No obstante, relajó cualquier tensión al sentir la cabeza de Gine hundirse contra su pecho, haciéndolo sonrojar.
—¡Gracias, Bardock! —expresó la muchacha, entre lágrimas.
—Gine, yo… —tartamudeó, sin saber qué decir.
—¡Si no hubieses llegado, él…! —Gine entrecortó su agradecimiento, al imaginar la violación que iba a sufrir.
—No quiero que llores —la separó un poco, sosteniéndola por los hombros—. Además, no debiste venir…
La ruda voz de Bardock contrastaba con el gesto casi tierno que le dedicaba, cuando uno de sus dedos limpiaba bruscamente sus lágrimas.
Sollozando, Gine miró a su salvador: no halló la típica dureza en su mirada. Los ojos de Bardock se habían suavizado un poco, y se percató que él la observaba con la misma intensidad que ella. Segundos, minutos… no supo cuántos pasaron, ninguno podía hablar. La misma noche era cómplice de aquel momento entre ambos.
Para su sorpresa, el guerrero tomó a la joven por la cintura y la acercó.
—Bardock… —pronunció, muy sonrojada y a la espera del siguiente movimiento.
Tras tenerla así, aferrada a sus brazos, con la única intención de sentirla cerca y disfrutar aquel dulce aroma que desprendía, Bardock realizó un ágil movimiento y sus labios se apoderaron de la boca de Gine, fundiéndose ambos en un inesperado beso a mitad de la noche.
N.A.:
¡Tercer capítulo listo! :D
Vaya, vaya… parece que Bardock y Gine no han demorado mucho en acercarse XD es tan curioso ver cómo dos seres tan distintos entablaron confianza tan rápido… pero era de esperarse. ¿Quién tendría el poder para resistirse a los cuidados de Gine? Ni Bardock, siendo un guerrero tan fiero :3 supongo que esa soledad a la que estaba acostumbrado terminaría desapareciendo con la actitud incondicional de la muchacha, aunque eso no cambió del todo su personalidad arrogante (¡de una vez, acepta que te gusta!) :3
A veces, he escuchado decir que en momentos de gran tensión, los verdaderos sentimientos afloran. En este caso, Bardock lo demostró al ver a Gine en peligro… ¡en serio, Calibono es un hijo de su padre saiyajin XD! Este cruel personaje ya tiene una historia desarrollada en otro fic llamado Saiyajins vs. Tsufurujins, de la escritora Diosa de la Muerte (quien le dio permiso a Odette Vilandra para usarlo en la primera versión de este fic): si desean conocer más de él, búsquenlo y ódienlo con más razón :v
¡Ojalá este capítulo siga enganchándolos tanto como los anteriores, gracias por sus lecturas! ¡Buena suerte! :D
