Buenas!

Segunda actualización de mis fics! Copia del mensaje anterior sobre disculpas, motivos y más disculpas :'(

Sé que ha pasado muchísimo tiempo sin que reapareciera por aquí... Demasiado. No tengo justificación alguna, la verdad... he pasado por algunas circunstancias personales que me quitaron por completo las ganas de escribir y, por ende, la poca imaginación de que servidora dispone (?) jajaja pero... bueno, vuelvo a la carga.

Debo decir que las actualizaciones del día de hoy atienden a un evento muy especial, y es que es el cumpleaños de una amiga a la que considero muy importante en mi vida. Así que, como me pidió explícitamente que actualizara alguna de mis historias este día... aquí está! Pero no una, no, pienso publicar capítulos nuevos a todos mis fics SwanQueen a lo largo del día de hoy y mañana por la mañana. Muchísimas felicidades, Sara :D!

Como siempre, muchísimas gracias a todo aquel que lee mi historia, que le da al botoncito de favorite/follow y, por supuesto, un gracias especial, un besazo y un abrazo para los que comentáis: Guest, MissRegal93, followyourheart21, ineheram, evilthoughts, LthienTar, Nomit, Assary, The Little Phoenix, EvilRegals-Ameh, my dark queen, guest, FPhoenix y Guest

Sin vosotros esto no sería lo mismo, gracias por estar ahí :)

Respecto al capítulo... es un poco más largo que el resto así que espero que podáis perdonarme la demora D: también introduce un poco por encima el pasado de Emma y a nuevos personajes. Espero que os guste!

Saludos!


Capítulo 3. Retales del pasado

Era oficial, Emma Swan no entendía a aquella mujer y dudaba que en algún momento de su vida pudiera llegar a hacerlo. ¿"Dejar a las chicas libres"? ¿De verdad? Dejó escapar un suspiro mientras se acomodaba la americana color borgoña que se había puesto especialmente para la ocasión.

- ¿La sesión de hoy es a media mañana, no? – intentaba hacer un gran esfuerzo para entablar conversación con Rina, pero no sabía si le serviría de algo.

- Se supone que es tu trabajo saberlo, ¿verdad? – contestó la voz de la modelo desde la lejanía. No iba a ser fácil aguantar aquello, la morena tenía un carácter insoportable pese a su dulce apariencia. Se mordió el labio intentando reprimir una contestación malhumorada y se forzó a sonreír "piensa que estás cumpliendo tu sueño, Emma, solo eso".

- Sí, pero quería romper el hielo con algo – había decidido ser franca, no quería ocultar sus ganas de establecer una relación de amistad con ella.

- Oh, muy amable por tu parte – por su tono imaginó que Rina estaba siendo sarcástica – pero hay formas mucho más placenteras de "romper el hielo" – la modelo dejó escapar una sugerente risa. "¿Está haciendo referencia a lo que yo creo?" definitivamente iba a necesitar terapia en cuanto terminara su jornada laboral…

- ¿Los vecinos han llegado a verte "de este modo"? – Emma cambió completamente de tercio antes que la conversación llegara a puntos demasiado peligrosos para su gusto.

- ¿Te refieres a "ligera de ropa"? – de nuevo la modelo inundó el piso con su risa, esta vez más melódica – no. No suelo abrir la puerta en esas condiciones a no ser que conozca a la persona.

- Ya veo… - a juzgar por lo que acababa de decir, se podía deducir que la relación de Rina con sus vecinos era nula.

- Por cierto – Regina asomó medio cuerpo desde el comedor - te quejas demasiado de mis costumbres pero… - le dio un gran repaso con la mirada de arriba abajo - ¿Acaso te has mirado al espejo? ¿Qué se supone que es ese outfit? – alzó una ceja, interrogante.

- ¿Qué pasa con él? – Emma se dio media vuelta, colocándose correctamente las gafas de pasta y dejando que su blusa rayada y su falda de talle alto relucieran. Además, había combinado el atuendo con unos tacones que había pedido "prestados" a Mary Margaret – Pensé que ya que voy a ser tu nueva manager debería empezar a vestirme como tal…

- ¿Disculpa? – el rostro de la morena se tornó en total confusión durante unos segundos - ¿Mi manager? – rió sarcásticamente mientras terminaba de enfundarse una camisa que probablemente debía ser de seda. En cuanto acabó se dirigió al lado de la rubia – señorita Swan, si estás intentando hacer que piense en ti como mi "manager" este no es un buen modo – alzó la mano en un grácil movimiento y se deshizo de las gafas, lanzándolas despreocupadamente.

- ¡Oye! – en cuanto Emma se percató de dónde estaban sus gafas ya era demasiado tarde, Rina había empezado a deshacerse de su americana como si nada - ¿Pero qué…?

- Deberías vestir ropa normal, ¿de acuerdo? Ya que para mí eres más la "chica de los recados" – la modelo ladeó la sonrisa – por hoy puede pasar si te quitamos esta americana tan ostentosa.

- Enten... – Regina volvió a dejar caer la prenda de ropa como si nada y, lejos de detenerse en su empeño por "arreglarle" el traje, sus dedos prosiguieron esta vez desabrochándole uno a uno los botones de la blusa - ¿dido? – en cuanto las hábiles manos de modelo llegaron a abrírsela por completo y se posaron en su sujetador, Emma dio un brinco – Ehm… no creo que sea necesario que me quite la blusa y el… eso…

- Whoops… - la morena apartó las manos con una sonrisa maliciosa pintada en los labios – la costumbre – le guiñó un ojo y se dio media vuelta, paseando su esbelto cuerpo por el pasillo y deteniéndose al llegar frente una pequeña mesita. La rubia aun seguía un poco sobresaltada por lo que acababa de ocurrir y se abrochaba a marchas forzadas la blusa "¿es que esta mujer no tiene nada en la cabeza?" y lo más inquietante… ¿qué era eso de "la costumbre"? – aquí tienes las llaves del coche – musitó mientras se las lanzaba – está aparcado en la segunda planta, plaza número 22. Estaré lista en unos minutos, así que ve a buscarlo y espérame en la entrada del edificio – le ordenó con aquel tono autoritario tan característico.

- Sí, bueno… verás, yo… - la rubia tragó saliva ante la mirada expectante de la modelo y agachó la cabeza - no tengo carnet de conducir…

[…]

El vehículo era un Mercedes clase M, de un negro intenso. Un coche bastante espacioso para una persona que vivía sola. Imaginó que a Regina le debía gustar ostentar el poder que tenía hasta tales extremos. Se acomodó en el asiento de cuero marrón, aun algo avergonzada por la situación. La morena introdujo las llaves y puso en marcha el motor.

- Me parece increíble que no tengas carnet – sabía que iba a ser objeto de sus burlas durante una larga temporada. Rina dio marcha atrás con un hábil juego de manos y se dispusieron a salir del garaje del edificio.

- Ya te lo he dicho… No tengo ni el tiempo ni el dinero necesarios – balbuceó con una mueca de disgusto.

- Pues ya me dirás tú para qué me va a servir a mí una aprendiz de manager que no tiene ni permiso de conducir – la modelo le echó un vistazo rápido con una sonrisa torcida dibujada en el rostro y se colocó el pelo detrás de la oreja. Incluso diciéndole cosas como aquellas estaba preciosa – no sé qué hay de útil al hecho de tenerte sentada de copiloto.

- Lo siento… - Emma suspiró y cogió una gran bocanada de aire – pensaba sacarme el carnet pero justo después de acabar mis estudios empecé como becaria en Bewitched y…

- Un minuto – la cortó en seco y se la quedó mirando, perpleja – ¿"Justo después de acabar mis estudios"? ¿Pero qué edad se supone que tienes? – arqueó una ceja.

- Hice los diecinueve este año – comentó la rubia con total normalidad.

- ¿Qué? – Rina abrió la boca, incrédula - ¿¡Eres más joven que yo!?

- ¿Acaso no se sigue siendo joven pasada ya la veintena, Regina? – sabía que aquel comentario sarcástico la iba a sacar de sus casillas, lo sabía y le encantaba. La modelo tornó su semblante completamente serio y después de cerrar los ojos le propinó un ligero golpe en la nuca - ¡Au! – se quejó en tono infantil la rubia - ¿A qué ha venido eso?

- Me has puesto de mal humor – sentenció, esta vez sin desviar los ojos de la carretera.

- Maltratadora… - masculló entre dientes Emma.

- ¿Decías algo? – sintió la gélida mirada de Regina clavándose en su sien y un escalofrío recorrió su cuerpo.

- ¡Nada, nada! – rió nerviosamente y disimuló, mirando a través de la ventana. "Qué poco ha faltado" cerró los ojos y se apoyó en el cristal. La sucesión de edificios se daba a un ritmo frenético a medida que la morena aumentaba la velocidad del vehículo. La atmósfera era apacible, estar a su lado le hacía sentirse en paz. Dejó la mente en blanco.

[…]

- ¡Emma, Emma! ¡Por dios…! ¡Emma Swan! – parpadeó un par de veces y se encontró de lleno con el enfurecido rostro de Rina – Me parece genial que te quedes dormida en mi coche – espetó en un tono tan sarcástico que era casi hiriente – pero ya hemos llegado – movió las llaves y el ruido del motor desapareció.

- Dios, lo siento muchísimo, de verdad… - se incorporó de un salto, intentando arreglarse el desastre que tenía por pelo – anoche no dormí del todo bien y… no sé – ladeó la cabeza y miró a la morena fijamente - podrías haberme despertado antes.

- No me sermonees, señorita Swan – frunció el ceño y tras ello abrió la puerta del Mercedes, a fin de salir del vehículo – además… - incorporó de nuevo medio cuerpo en el interior y se acercó a ella – tenías una cara muy adorable dormida – le guiñó el ojo con total normalidad y tras volver a salir del coche cerró la puerta.

¿Qué había sido eso? ¿Una cara muy "adorable"? Notó cómo cierto rubor encendía sus mejillas y decidió salir del vehículo para evitar hacer más el ridículo. Aquella mujer conseguía desarmarla por completo. Aquella morena que ahora caminaba con paso decidido hacia la salida del parking, acompañada por el compás de sus tacones y ese olor perfumado tan característico suyo. Cerró la puerta y corrió tras ella, alcanzándola en apenas unos segundos.

Ambas dejaron atrás la tranquilidad del parking del edificio para verse sumergidas de lleno en todo el bullicio que suponían las oficinas centrales de la marca Donna Karan New York. A penas podía ponerle cara a las decenas de personas que se movían de un lado al otro, como siguiendo el ritmo de un metrónomo. Era un trabajo rutinario, sí… rutinario y estresante, y ella lo sabía bien. Regina, sin embargo, parecía moverse como pez en el agua en aquel ambiente. Su porte erguido denotaba una gran majestuosidad y una clase que pocos de los de allí podrían ni siquiera soñar con alcanzar. Una joven pelirroja no tardó en unirse a ellas e indicarles el camino a seguir para llegar a los camerinos, donde un equipo de cinco maquilladores y peluqueros esperaban a la modelo. La sentaron en una enorme silla acolchada frente un espejo que prácticamente llegaba hasta el techo de la habitación y se dispusieron a empezar con su trabajo. Emma sentía una mezcla de nerviosismo y excitación ante aquel momento, nunca había estado presente durante el proceso de maquillaje, vestuario y peluquería y aquella iba a ser su primera vez. Por no hablar, claro está, que se "estrenaría" con la mundialmente famosa Rina. Rió interiormente al pensar aquello.

- Emma – la voz de la morena la distrajo – ven – como si de un perro se tratara, la rubia obedeció en silencio y se quedó a un lateral de Regina – Hay un Starbucks delante del edificio, así que ve a comprarme un café solo, ya sabes cómo me gusta, y un paquete de Marlboros – tras decir aquello la modelo volvió a mirar hacia el gigantesco espejo e hizo un leve movimiento con su mano izquierda - ¡Va!

- S-sí… - murmuró la rubia mientras se dirigía a la salida del camerino. Agarró el pomo y tiró hacia ella, abriéndose paso hacia el pasillo con cierta pesadez. "Qué buena suerte la mía…" suspiró "realmente me habría gustado ver cómo la preparaban para la sesión" alzó la vista al techo y respiró hondo. Sabía que no tenía derecho a quejarse o a sentirse así, pero no podía evitarlo. Ahora lo más importante era cumplir bien con sus funciones de "manager" o "chica de los recados", como se empeñaba en llamarla Rina. Salió disparada hacia la calle a fin de conseguir todo lo que le había encargado.

Lo primero que tachó de su lista fue el paquete de Marlboros, ya que sabía que si compraba el café antes éste se enfriaría y no quería que en un enfado la modelo terminara por echárselo encima. Compañeras de Bewitched ya le habían alertado sobre qué ocurría si no cumplían con los caprichos de aquellas pequeñas estrellas y ella no quería experimentarlo en su propia piel. Conseguir el café fue lo más difícil de todo. El Starbucks de delante no estaba lleno sino lo siguiente. En la larga cola que había para poder acercarse y pedir sintió que de haber pasado un minuto más habría terminado por volverse loca. Sin embargo, al fin tenía todo lo que Rina le había pedido. Cruzó la calle con cuidado y volvió a entrar en el enorme edificio, vislumbrando mentalmente el camino que antes habían recorrido para llegar a los camerinos. Al encontrarse con la puerta prácticamente se echó a llorar de alegría "Emma Swan no estás hecha para trabajos así" sonrió y abrió la puerta. Al otro lado se encontró con una ya maquillada, peinada y vestida Regina Mills que la dejó sin aliento.

La morena tenía los cabellos ligeramente despuntados, enmarcándole grácilmente el rostro y llegando hasta sus hombros. La base que le habían puesto a penas se notaba, habían optado por un estilo muy natural pero que en conjunto con la sombra ahumada que decoraba sus ojos y aquel tono de labios neutral, había sido todo un acierto. En cuanto al outfit habían optado por estilo algo casual. El vestido, que se asemejaba más a una especie de camisa tejana, contaba con un escote de tubo que bajaba hasta medio vientre y dejaba poco a la imaginación. Todo ello combinado con un cinturón grueso de tonalidad marrón y unas sandalias con un pequeño tacón de cuña también en esos mismos pigmentos. A lo sumo, Regina estaba radiante.

- Dios mío – Emma dejó las compras encima de la primera mesa que encontró y se acercó a la modelo - ¡Está deslumbrante! – aquello fue un pensamiento que sin querer expresó en voz alta, provocando que la peluquera que aun seguía en la habitación dejase escapar una tímida risa.

- Baja tu entusiasmo, eres mi ayudante no deberías llamar tanto la atención – Regina miró a la peluquera algo avergonzada por el momento y se dispuso a salir del camerino – vamos – le espetó. Una vez estuvieron fuera volvió a darle un golpe en la nuca.

- ¿Y esta vez qué he hecho? – lloriqueó la rubia mientras seguían avanzando hacia el estudio.

- Avergonzarme, ¿Te parece poco? – gruñó ésta.

- Y tú ni siquiera has tocado el café que me ha costado la vida y parte de otra conseguir – le recriminó, cruzándose de brazos.

- Eso no importa – ambas continuaron con su peculiar discusión por el pasillo, sin tener en cuenta a dos jóvenes que esperaban junto la que parecía ser la puerta de otro camerino.

- Oye… ¿Es ella? – murmuró una.

- Sí, sí que lo es – contestó su compañera. Regina pasó por su lado y es entonces cuando ésta añadió – la "señora".

- Maravilla de un solo éxito – espetó la otra, tras lo cual ambas se echaron a reír. Emma no entendía lo que estaba sucediendo, tan solo veía como la morena seguía avanzando sin apenas volver la vista y sin dirigirles la palabra a ninguna así que decidió seguirla.

En cuanto se cercioró que estaban lo suficientemente lejos de aquel par de indeseables, Emma se apresuró a acercarse a Regina y cogerla del brazo para voltearla hacia ella.

- ¿De qué iba todo eso? – preguntó, con la mirada seria. Rina se deshizo del agarre y puso los ojos en blanco.

- Las modelos de rangos inferiores normalmente tienden a hacer los peores trabajos e incluso algunas veces se prestan a posar gratis – hablaba mientras se recolocaba el peinado – así que no suelen tener mucho aprecio por las modelos profesionales como yo, por no hablar que ya llevo cinco años en esto – por el tono en que se expresaba, Emma dedujo que la morena debía estar acostumbrada a este tipo de "acoso".

- Pero eso es algo que… - quería decir tantas cosas. Quería expresar que aquello era una injusticia enorme. Nadie debería criticar a otra persona y menos si era simplemente por pura envidia.

- Rina, eres la siguiente – comentó una voz al fondo, cortando su burda intención de discurso.

- Entendido – la modelo respondió con una sonrisa y dirigió su mirada a Emma – voy a ir un momento al baño, ahora vuelvo.

- De acuerdo – musitó cabizbaja. No le gustaba todo aquello, hacía que su corazón se oprimiera… ¿Por qué había gente tan cruel suelta por el mundo?

- Emma Swan no tiene padres, Emma Swan no tiene padres, Emma Swan no tiene padres, Emma Swan no tiene padres, Emma Swan…

- Parad, por favor – se tapó las orejas y agachó la cabeza, asustada – ¡Por favor! – no podía oír otra cosa, aquel tarareo le taladraba por dentro - ¡Parad!

Se apoyó en la pared, evitando así desplomarse contra el suelo. Alzó su mano derecha y se la llevó intuitivamente al pecho, apretándola con fuerza. Aquellas imágenes llevaban días rondándole y no sabía por qué. Creía que lo había superado pero el hecho de ver a Regina sufrir de aquel modo tan solo hacía que se recrease aun más en su propio pasado. Subió la mano por su rostro y se acarició la frente "Vamos, Emma, céntrate y calma" inhaló y exhaló con fuerza cuando algo en el suelo llamó su atención. Se trataba de uno de los pendientes de Rina, debía habérsele caído. La rubia se agachó para cogerlo y caminó hasta la entrada del baño, dudó sobre entrar o no pero finalmente se decidió a hacerlo.

- Regina… - musitó con algo de vergüenza pero no obtuvo contestación. En su lugar vio a la modelo apoyada en uno de los reposa manos, mirándose fijamente al espejo.

- Está bien – la morena agachó la mirada - todo está bien… Todo va a estar bien – volvió a alzarla, fijándose por completo en su reflejo en un intento de auto transmitirse seguridad. Emma se apartó de la puerta, cerrándola con cuidado y teniendo la sensación que había visto algo que no debía. "¿Siempre ha tenido que tirar adelante sola?" se tapó la boca con la palma de la mano, algo impactada. Bajo esa máscara de firmeza y seguridad, se escondía una Regina completamente distinta.

- La fotógrafa te está esperando, Rina – de nuevo aquella voz llamaba a la modelo y tras breves segundos la puerta del baño volvió a abrirse, apareciendo tras ella la silueta de la morena.

- Ya voy – pasó por su lado, como si nada. Tenía la cabeza bien alta y una sonrisa algo artificial desbordando sus labios. ¿Era feliz así? ¿Cuánto tiempo había estado sola? ¿De verdad podía con todo como ella quería hacerles creer? Mil dudas estaban empezando a invadir la mente de la rubia. Sin pensarlo, cogió a Regina de la mano, tirándola hacia ella y la envolvió en un cálido abrazo - ¿Pero qu-…?

- Todo irá bien, ya verás – susurró cerca de su oído, procurando que nadie más lo escuchase. Tras decir aquello se apartó con delicadeza y le sonrió ampliamente. La morena se limitó a alzar una ceja y mostrar cierta incomprensión.

- Pues claro, ¿Qué te crees? – ambas se apartaron del todo y Regina le dio la espalda, avanzando unos pasos en dirección al plató - ¿Acaso no sabes quien soy? – se giró de nuevo hacia ella y le guiñó un ojo, tras lo cual volvió a tomar rumbo hacia donde todo un equipo de iluminación y fotografía la estaba esperando.

Emma movió la cabeza a ambos lados y rió con timidez, solo la gran Rina era capaz de mostrar tanta indiferencia hacia otro ser humano. Se reajustó los zapatos de tacón que había pedido prestados y decidió dirigirse también hacia el plató. La sala era amplia y habían preparado un par de pantallas blancas al fondo, donde debía posar la morena. Los enormes focos iluminaban cada rincón del set y la fotógrafa charlaba con Regina, probablemente le estaría dando algunas instrucciones sobre la sesión. La rubia se quedó de pie, habría jurado que de lo quieta que estaba que podrían confundirla con parte del decorado. Reprimió una carcajada ante aquel pensamiento.

- ¡Empezamos! – oyó decir por encima del resto de voces que inundaban la sala. Después, un silencio sepulcral. Regina había ocupado ya su lugar y en cuanto la cámara lanzó el primer flash la modelo empezó a obrar su magia.

Aquel era el verdadero motivo por el que Rina no tenía ninguna rival dentro de Bewitched y probablemente tampoco en otras agencias de modelos. En cuanto el primer disparo era lanzado, se transformaba por completo en una persona distinta. Lejos quedaba aquella mujer de maneras un tanto cuestionables, algo malhumorada, egoísta, indiferente, fría e incluso suelta de mano (en ambos sentidos). Aquella Regina parecía sentir un amor por las cámaras sin igual, amor que le era devuelto en forma de fotografías espléndidas donde se realzaba aun más su belleza. Y allí estaba ella, Emma Swan, contemplando desde dentro cómo su ídolo deshacía a todos los presentes con sus posturas: sentada en el suelo, con la tez algo levantada, sujetándose provocativamente el pelo, con una mano en la cintura, mordiéndose el labio… Jamás imaginó poder estar presente durante todo aquello y jamás pensó que podría empezar a desarrollar un sentimiento por Rina que superase la mera admiración pero… en aquel instante sentía que quería conocerla más, que deseaba saber más de ella y poder estar todo el tiempo que fuera necesario a su lado.

[…]

- ¡¿Me estás diciendo que llevas días trabajando para Rina y aun no me lo habías contado?! – se le hacía raro hablar a través de skype y más aun usando una webcam, pero era el único modo en que podía contactar con el perdido de su mejor amigo.

- Sí, lo sé… debería habértelo comentado antes pero llevas días algo desaparecido, Neal – balbuceó haciendo una mueca infantil.

- A mí no me pongas morritos, Emma que nos conocemos – el joven le lanzó una mirada algo juzgadora a lo que la rubia respondió con una sonrisa burlona - ¿Y qué tal es trabajar con ella?

- Insoportable – suspiró con pesadez y se llevó la mano derecha al hombro, apretándoselo e intentando calmar el dolor que sentía en él – es como una niña mimada y eso que solo llevo una semana allí…

- Claro, y yo me lo creo – Neal se acarició la frente – trabajar para ella era tu sueño, por eso entraste como becaria en Bewitched así que ve a otro con ese cuento – ante aquel comentario Emma puso los ojos en blanco – bueno, bueno… antes que te enfades déjame preguntarte algo, pero es algo serio así que préstame toda la atención posible…

- Está bien – contestó, perpleja.

- ¿Está igual de buena que en las fotos? – el joven sonrió maliciosamente - Porque siempre me he preguntado si es así o usan mucho Photoshop…

- Neal… - ambos se echaron a reír efusivamente – no está igual de buena que en las fotos, en persona gana muchísimo – respondió al fin, enfatizando la última palabra.

- Vaya suerte la tuya… ¡Tendrás que presentármela! Ya sabes que debo darle el visto bueno a todos tus ligues – se cruzó de brazos y alzó una ceja, intentando aparentar madurez y responsabilidad que Emma sabía perfectamente que no tenía.

- Claro, mi ligue… sí, señor…

- ¿Por qué no? Es guapa, tiene éxito… y tú… bueno, tú tienes una personalidad interesante…

- ¡Neal! – le recriminó, tras lo cual ambos volvieron a reír.

- Ya sabes que es broma, tonta. Pero no veo que sea una idea tan descabellada, ha sido tu modelo a seguir desde siempre y ahora estás viviendo el sueño de tenerla cerca… No veo qué hay de malo en dar un paso más – sentenció el joven, echándose para atrás y apoyándose en el respaldo de su silla.

- No he estado nunca con una mujer, Neal… bueno, eso si no contamos mis incidentes de borrachera juvenil – aquello último lo pronunció en un tono tan bajo que era casi inaudible – pero consciente de mis actos, nunca.

- Todo es empezar, yo nunca he estado con un hombre pero… ¡Oye! Que si aparece uno con pechos y sin nada que asuste debajo pues no diría que no…

- A eso se le llama "mujer" – le miró y frunció el ceño.

- Lo sé, tengo demasiado amor por las mujeres y a ninguna en mi vida… Qué triste, qué solo me siento… - usó un tono tan victimista que le restó toda credibilidad a la frase.

- Tú y yo, solos por siempre – respondió la rubia, alzando el pulgar en un intento de alegrar el asunto.

- ¡Hasta que Rina nos separe! – comentó en tono burlón el joven.

- ¿Qué es este escándalo? – Mary Margaret se coló en la habitación, llevaba puesto el pijama y tenía aspecto de cansada.

- Lo siento – se apresuró a disculparse – estaba hablando con Neal – señaló la pantalla de ordenador, desde la que el joven sonreía y saludaba a la recién llegada.

- ¡Cuánto tiempo, Mary! - comentó éste.

- Déjate de llamadas de skype a las tantas de la madrugada, señorito, ¿Cuándo vas a pasarte por aquí? – la morena se sentó en el reposa brazos de la silla de Emma y miró a Neal completamente seria – Nos tienes abandonadas.

- Tenía pensado pasarme en un par de días y quedarme unas semanas ya que tengo unas "mini-vacaciones" en clase – Neal estaba estudiando hostelería y soñaba con ser un barman de renombre algún día. En base a conseguirlo, decidió reunir el dinero necesario y matricularse en una de las mejores escuelas para ello. El único problema era el hecho que dicha escuela estaba en Boston - ¿Me acogeréis en el piso o tengo que buscarme la vida?

- Te acogemos, no pasa nada – respondió la rubia. Tener a su amigo de visita era algo que le hacía especial ilusión - ¿Vendrá David contigo? Mary no deja de hablar de él y ya se está haciendo pesadita…

- ¡Emma, calla! – la morena la empujó sutilmente a modo de regañina y los tres se echaron a reír.

- Se lo comentaré, a ver qué me dice… Pero bueno, señoritas es un placer tener su compañía pero servidor se va a dormir. Suerte con el trabajo, Emma y a ti con las clases, Mary. Buenas noches – el joven se despidió de ambas con la mano.

- Buenas noches – comentaron al unísono las dos, después de ello finalizaron la video-llamada y apagaron el ordenador.

[…]

Un nuevo día, una nueva sesión de fotos. Esta vez para la marca de maquillaje Maybelline New York. Emma se encontraba esperando en el pasillo, con un paquete de Marlboros en el bolsillo derecho de su cazadora. Era impresionante la cantidad de cigarrillos que llegaba a fumarse Regina durante el día. Probablemente el estrés de su profesión era el culpable, pero aun así no lo veía sano. La puerta del camerino se abrió y tras ella apareció la modelo. Esta vez habían querido remarcar más sus sensuales labios, dotándoles de un rojo intenso y para ello apenas habían aplicado una sutil dosis de máscara en sus pestañas, alargándolas y aumentando su voluptuosidad. El traje que llevaba era un vestido negro con escote de palabra de honor, adornado con un collar en tonos cobrizos y unas pulseras de ese mismo color. Los zapatos eran unos tacones oscuros con pequeñas incrustaciones de cristal Swarovski. En cuanto al peinado, habían querido darle un aspecto más "salvaje" y acorde con la edad de Rina por lo que lucía un estilo algo desenfadado que contrastaba con la sobriedad del vestido. Al verla, Emma tuvo que cerrar la boca para no parecer una cría boba enamorada.

- ¿Vamos para el set? – se limitó a preguntar la morena con aquel tono de voz tan sensual y característico suyo.

- Claro – la rubia asintió con determinación y se disponía a avanzar cuando Regina la sujetó por el borde de su cazadora - ¿Pasa algo?

- No, bueno… sí – carraspeó – verás… ¿Podrías volver a hacer aquello que hiciste el otro día?

- ¿Disculpa? – Emma parpadeó, confusa.

- Uhm… - la morena apretó con fuerza el trozo de chaqueta que tenía sujeta y bajó la mirada – abrazarme y decir que todo irá bien – tragó saliva. Se notaba que le estaba costando un esfuerzo sobrehumano pedirle aquello y la rubia no pudo evitar conmoverse ante tal escena. Posó las mano encima de la suyas y las deslizó alrededor de su cintura para después cubrirla también con sus brazos.

- Todo irá bien. Lo harás genial, Regina – puso el tono de voz más tierno del que podía hacer gala y ambas permanecieron en aquella postura durante varios segundos. El cuerpo de la modelo era sumamente cálido y desprendía un agradable olor. Sin previo aviso, Rina se zafó del abrazo de la rubia y, en su lugar, le tocó juguetonamente los pechos para después salir disparada unos pasos más allá.

- ¡Con esto ya me puedo ir tranquila, nos vemos luego! – le sonrió maliciosamente y desapareció pasillo adelante, dejándola completamente en shock y tapándose intuitivamente la zona que había sido tocada. "Esta mujer…" suspiró y finalmente decidió darse por vencida. Era parte de su carácter ser así, pero sabía que lo había hecho para quitarle importancia a la vergüenza que habría pasado por pedirle que la abrazara.

Se acarició los hombros con las manos, intentando reconfortarse "creo que iré a comprarle el café" sonrió al recrearse en el contacto de la morena y avanzó por el pasillo en dirección contraria a la que ésta se había ido. Unos metros más allá, una mujer alta y de cabellos rubios cual trigal se esperaba de pie, apoyando la espalda en la pared. Le echó un rápido vistazo "tengo la extraña sensación que me suena de algo" arqueó las cejas.

- Oh, tú eres… - murmuró la joven cuando Emma pasó a su lado.

- ¿Disculpa? – la rubia se giró, sobresaltada. No se esperaba que fuera a decirle algo.

- ¿Rina está en la sesión de fotos ahora, no? – preguntó, cruzándose de brazos y en actitud desafiante - ¿Sigues siendo su manager?

- ¿Eh? – Emma no entendía por qué pero cada vez que veía la cara de aquella mujer sentía que la había visto en otra parte "mierda, no recuerdo dónde" – Sí, de momento…

- Bueno, ya es algo – ¡Ahora lo recordaba! Se trataba de la chica con la que se encontró a Regina en su camerino el primer día. Sus mejillas enrojecieron al recordar la escena – ¿Así que me imagino que te la estás tirando, no? – ¿¡tiran-qué!? Parpadeó.

- ¡No! Para nada – la conversación se estaba saliendo de lugar y aquello la alteraba – Tenemos una relación normal entre manager y representada.

- Oh… - la rubia parecía no terminar de creérsela - ¿En serio? Por norma general los managers de Rina terminan por rendirse e irse al cabo de pocos días… Así que pensé que lo más seguro es que tú estuvieses usando tu cuerpo para mantener el trabajo – sonrió con malicia – pero nada, supongo que Rina siempre ha optado más por este tipo de relaciones piel con piel, a pesar que yo soy siempre la que termina pidiéndole sexo – suspiró.

- Así que… ¿Vuestra relación es solo física? – no sabía si había hecho bien en preguntar, pero se aventuró a hacerlo.

- Para ella, sí. Pero yo estoy enamorada de Rina – sentenció la joven con la mirada firme – a pesar de ello creo que no se ha dado cuenta de mis sentimientos. Ella está enamorada de otra persona, ¿sabes?

- ¿Qué…? – Emma volvió a parpadear.

- Además, no me ha vuelto a llamar desde que empezaste a trabajar con ella – la miró con superioridad y alzó una ceja - ¿Estás segura que no hay nada entre vosotras?

- Nada de nada – se lo había repetido mil veces y aquella rubia extraña no se lo metía en la cabeza.

- Si dices la verdad, está bien porque yo no pienso rendirme. Por cierto – la rubia se acercó a ella y le regaló una sonrisa torcida – me llamo Robin, no lo olvides pequeña manager – se giró, dándole la espalda y dio un par de pasos – buena suerte al intentar no ser despedida – tras decir aquello siguió avanzando, dejando a Emma completamente descolocada.

¿Qué demonios se había creído aquella metomentodo? Apretó los puños con fuerza. Lo peor es que sabía que tenía que callar y tragar con todo lo que le viniera o su empleo se vendría abajo. Pero… ahora que lo pensaba… Aquello que Robin le había dicho… Ella está enamorada de otra persona… Por lo que Emma sabía, no se trataba de alguien con quien estuviera saliendo. ¿Sería un amor no correspondido? Su mente empezó a divagar en las multiples opciones y a ponerle cara a cómo sería el objeto del amor de Regina. ¿Sería un hombre o una mujer? Los pensamientos la estaban llevando demasiado lejos y empezó a sentir una pesadez extraña en su cuerpo y cómo algo le oprimía por dentro. Sintió un fuerte dolor en el estómago y se apoyó en la pared, ocultando el rostro entre sus brazos. "¿Qué me pasa…?"


¿Qué pensáis del capítulo? ¿De quién puede estar enamorada Rina? Dejadme leer vuestras opiniones :)