¡Yo otra vez~! x3~ Disculpen la demora para esta entrega, tuve exámenes finales y todo fue horrible ;w;~ Pero bueno, ya pasaron, superé el bloqueo y me tienen de nuevo con este capi~ Aviso que acá ya se pone al día con el otro fic, así que cuando publique el cuarto capítulo eliminaré el fic de base. Gracias a todos por los follows y por los reviews, que aunque son poquitos, significan mucho para mí nvn~ También a la gente que lee anónimamente, gracias por darle una oportunidad a esta historia.

Ahora sin más que decirles, no interrumpo más y tengan el siguiente capítulo~ uvu/


Hetalia y sus personajes no me pertenecen. Toda la awesomeness es culpa de Hidekazu Himaruya.


La escena del crimen ahora mismo presentaba una curiosa vista… algo que nadie habría imaginado antes. Y era que no era usual ver discutir a dos ladrones que habían planeado tan concienzudamente el motín en el que estaban implicados todos ahora mismo.

—Suéltame… —Masculló el danés, pero el sueco no le soltó, si no que retrocedió con él, lejos de los rehenes que los observaban. La muchacha noruega solo se quedó mirando hacia ellos, fijamente y Aino hizo lo mismo. Hasta el momento, el danés no se había mostrado tan alterado como ahora, que parecía realmente enfadado por la forma tan despectiva en la que se había referido a él Liv.

—Tranquilízate. Ella no es él. —Susurró él por lo bajo el sueco y esas pocas palabras bastaron para que el chico del peinado raro se tranquilizara.

Mathias llevó una mano a la frente y se la pasó por el cabello, desordenándoselo un poco antes de volver a la animada sonrisa con la que cargaba casi todo el tiempo. Llevó las manos a los bolsillos, antes de poner la expresión curiosa de un niño y mirar a la noruega, que, por cierto, no le había quitado la vista de encima.

—¿En serio no vas a decirme cómo te llamas? —Pero Liv seguía sin responder. Él dio un resoplido, antes de soltar un silbidito suave— Supongo que podré intentarlo otra vez o amenazarte si es que vuelves a sacarme de quicio~

Miró a las personas un momento y se limitó a estirarse un poco… El sueco no le quitaba la vista de encima ni a él ni a la gente y parecía saberse concentrar bien, porque estaba atento incluso a las respiraciones de sus observados. Como fuese, por un momento fugaz había recordado algunas cosas…

Cuando niños, él y Mathias vivían en la casa pobre de una mujer que se dedicaba a vender leña al pueblo y así sostenerse. Su padre había fallecido tiempo atrás en un accidente en la nieve, en medio de una tormenta de la cual ya no había regresado y de la que nadie podría sobrevivir por lo fuerte que había resultado. El danés no era su hermano de sangre, lo había encontrado su madre luego de esa tormenta, como una pequeña compensación a la pérdida de su esposo. Berwald estaba en un inicio, receloso por la presencia del chiquillo escandaloso y extraño, pero pronto se acostumbró a cuidarlo, a seguirlo y a sonreír apenas, con los juegos tan locos que él proponía.

Recordó cierta vez que Mathias le dijo a su madre que quería ser policía para salvar a la gente… y él quiso seguir su mismo camino también, porque si él no estaba, ¿Quién cuidaría de que no se rompiera las rodillas trepando los árboles? La mujer estaba feliz por ello. Sus hijos se harían personas de bien, ellos estarían al servicio de los demás y derrotarían a los villanos que abusaban de su propio poder… luchando así contra el crimen.

El sueco dio una honda inspiración antes de volver al presente, dejando atrás los recuerdos. Era muy doloroso acordarse de eso ahora mismo. No le convenía, porque seguramente ello haría que bajase el arma o algo similar. No era eso lo que necesitaba. Tenía una misión que cumplir, tenía que pelear contra otros villanos de los que las personas no tenían ni idea y a los que defendían sin saber lo equivocados que estaban.

—Voy a darles un pequeño acertijo. —Dijo Mathias y la gente escuchó interesada… aunque aún estuvieran con miedo— ¿Cómo se llama el héroe que juzga a los héroes?

—¡Un antihéroe-desu yo~! —Se oyó una voz infantil que respondió a ello de inmediato. Cuando Mathias le vio, notó que era un niño rubio de cejas prominentes e intensos ojos azules, hablando en acento británico, porque tuvo que detenerse por un momento a procesar lo que había dicho. Vaya pronunciación para estirada que tenían los ingleses.

—Oh~ ¡Eso! —Carcajeó complacido el ladrón— ¿Te gustan las historietas?

—O-obvio que sí-desu yo. —Respondió el chiquillo nuevamente, aunque encogiéndose un tantito por la familiaridad que empleaba el danés para hablar con él. Era un hombre extraño, primero gritando, luego amenazando y ahora preguntándole si le gustaban las historietas.

—Bien, creo que puedo hacer una adivinanza más~ —El chico miró de reojo a su hermano adoptivo que asentía con la cabeza apenas— Es algo que no está, que está en el pasado. Es algo que está dentro de ti. Es algo que está y no está pero tiene la capacidad de lacerarte por dentro por su presencia y ausencia. ¿Qué es ese algo?

La pregunta era profunda, mucho más que antes, pero en sí tenía una carga melancólica. Había algunos que no estaban interesados en pensar demasiado, pero otros hacían todo el esfuerzo, porque temían que si daban una respuesta mala, el muchacho se alterara nuevamente y en serio cumpliera su promesa de hacerles explotar. Aino se miró las manos, preguntándose qué era eso. Repasó mentalmente el enigma e intentó darle forma en su mente. Miró a Liv de soslayo y notó que, aunque no estaba demasiado presta a colaborar, por el rostro estoico que tenía, estaba pensando detenidamente en aquel problema.

—No se preocupen~ De noche se los preguntaré nuevamente. Si es que logran resolver los enigmas, pronto les contaré una bonita historia y sabrán que no deben tener miedo mientras cooperen~

Nadie dijo una sola palabra y se quedó pensando qué cosa era aquello. La pregunta era muy subjetiva y podía referirse a muchas cosas, un amor del pasado, una serie favorita… nadie lo sabía. El ambiente de los rehenes ya no era pesado y tenso, ahora tenían algo en qué entretenerse. El danés miró a su hermano de reojo y suspiró un poco.

—Necesitaban calmar un poco los ánimos… —Murmuró al otro, en ese idioma que solo ambos entendían— Ya sabes, no somos tan malos, ¿Verdad?

—No, no lo somos. —Secundó el de gafas, asintiendo con una seca cabezada y llevando una mano a la coronilla del más bajito para revolverle más el cabello. Mathias se echó a reír. Tenía tiempo de que Berwald no le hacía eso, pero le gustaba porque le traía recuerdos bonitos… hermanos, sí, tener hermanos era bonito.

En otro rincón de la ciudad, por otra parte, una joven de cabello albino se encontraba leyendo unos libros en una banqueta de los jardines del campus de su universidad. Estaba concentrada, muy concentrada. Tanto que no había notado a un muñecón de frailecillo acomodarse a su lado en silencio… o quizá sí lo había notado, porque sus mejillas se habían coloreado suavemente de un tono rosa que le hacía ver un poco más adorable.

—¿Qué cosa quieres, Li? —Preguntó la chica en voz realmente baja, pero sabía que la persona dentro del frailecillo enorme era capaz de escucharla.

—Vine a darte noticias. —Respondió una voz masculina de acento hongkonés desde adentro del traje. Pronto llevó las manos a la cabeza del traje y se lo quitó, poniéndolo a un lado de la banca, luciendo pronto el rostro de un joven de rasgos asiáticos, pero cejas pobladas.

—¿Noticias? Ahora solo me importa el examen de la hora que viene ¿Has estudiado algo? —Ella se contentó con mirar al chico que no había negado ni asentido con la cabeza, pero ella entendía bien esos gestos. No por nada eran novios hace unos meses ya— Li…

—En serio lo que tengo que decir es importante. —Se defendió el chico mientras le miraba con esa expresión indescifrable para el mundo normal— Está en las noticias. Han tomado Riksbank de Norrmalmstorg. Tu hermana mayor trabaja ahí. ¿Me equivoco?

Un largo silencio se hizo mientras la menor intentaba de procesar lo que le había dicho el muchacho. Su hermana… ¡Claro que su hermana estaba ahí! Dejó a un lado el libro que tenía en la mano y le puso el separador de página antes de ponerse de pie bruscamente, pero el hongkonés solamente le observaba con tranquilidad, de pronto ella pareció reaccionar y girarse a verle.

—¿A dónde vas? —Preguntó el muchacho, tomándole de la mano y jalándola suavemente hacia él y sentarla en sus piernas- ¿No que tenías que estudiar para el examen?

—S-sí, pero… —La albina se había ruborizado violentamente, pero parecía un poco disgustada ante la actitud tan tranquila de él ante una situación que ciertamente era horrible para ella. Pensar que a su adorada hermana mayor le pudiera pasar algo le dolía. Era joven aún y dependía mucho de la mayor aunque no le gustara admitirlo.

—Pero nada, la policía ya está investigando el caso porque ya salió en las noticias. Podríamos ir a ver a los alrededores después de clases, si gustas.

—De acuerdo… —Murmuró la chica, antes de coger el libro y quedarse ahí sentada para ponerse a estudiar junto a él. Pero apenas abrió el libro y miró de reojo al chico disfrazado de frailecillo y notó la palidez de su rostro. Y lo comprendió solo en ese momento.

Él tenía a sus hermanos trabajando en ese bendito lugar también.

Pero en el exterior del lugar, ahí donde el alboroto había empezado a formarse, se podía ver un cinturón policial, a la seguridad por todas partes para que la gente no se acerque. También habían muchos reporteros, investigadores, camarógrafos, curiosos y familiares de los posibles rehenes. Los oficiales se mandaban códigos, hablaban entre sí, de que el capitán mismo se metería en este caso porque la cosa parecía ir más allá de un simple robo o de una suma de dinero. Parecía que quienes estaban detrás de ello solo querían ver humillado al cuerpo de policía.

No faltaron los que empezaron a hacer hipótesis de lo que ocurría. Que si un crimen pasional, que si una exnovia del capitán, que si se trataba del hermano escocés de la teniente Kirkland, porque se la tenía jurada al capitán y le dijo que algún día patearía su gordo trasero si se le ocurría hacerle algo indebido a la horrenda de su hermana. Incluso corrían los rumores de que podría tener algo que ver con el rey, o con el mismísimo Ivan Branginski, a quienes todos los que estaban enterados de que aparecería por ahí, esperaban ansiosamente, no precisamente porque fuera un hombre muy querido, si no porque daba miedo por la capacidad innata que tenía para decir cosas horribles manteniendo una sonrisa cordial y amable.

—¡V-Vanya~! —La vocecita de la señorita que había permanecido llorando desde que todos llegaron pronto delató la presencia que tanto temían.

Bajaba de un auto, luciendo un impecable terno beige y una bufanda blanca. Avanzó hasta la señorita que, evidentemente era su hermana y solo le cedió un pañuelo mientras le acariciaba la cabeza— ¿Estás bien, sestra? ¿No te has herido o algo así?

—N-No Vanya, estoy bien… p-pero Natasha está a-adentro.

Las identidades de los atrapados aún no habían sido confirmadas en su totalidad. Por ahora sabían que Natalya Brangiskaya, la hermana menor de ambos, estaba adentro. También habían datos de un par de infiltrados del cuerpo policial, de un terrateniente rumano al que sus guardaespaldas estaban tratando de divisar desde afuera y también los hijos de un empresario australiano que habían ido en plan de buscar información para unas tareas que tenían que hacer para su profesor particular

—¿Por qué no le dijiste que salieran juntas? —Preguntó el ruso, ensanchando la sonrisa que tenía, pero haciendo temblar un poco a su hermana, que solamente se abrazó a él con fuerza.

—N-no pude… t-todo s-se puso o-oscuro… y a-amenazaron c-con c-colapsar… e-el e-edificio… —El nerviosismo de la muchacha era demasiado y el hombre optó por ya no seguirle haciendo más preguntas y solamente reconfortarla con pequeñas palmaditas en la espalda, esperando que dejara de llorar, pero eso tomaría mucho tiempo, porque le había revivido los nervios. Pero él no había querido hacerle daño con esa pregunta… solo estaba demasiado acostumbrado a lucir aterrador, nada más.

Apenas él levantó la mirada, el cuerpo policial empezó a moverse más rápido con sus investigaciones. Pero había alguien que no estaba tan inmutado con el asunto. Era una joven de cabello rubio y una larga trenza. Sus ojos eran verdes, pero en su rostro había una expresión arisca que hacía que pocas personas se le acercaran, solamente sus asistentes y de modo muy ocasional. Ella revisaba concienzudamente un kit de armas de fuego porque más o menos ya le habían dado indicaciones de que si veía a alguno de los delincuentes salir, que le disparase de inmediato, pero que no le matara, solo que le imposibilitara moverse. Era de los francotiradores estrella del cuerpo policial, de la élite de la ciudad, convocada especialmente por el capitán Jones para esa tarea. Se decía que anteriormente era miembro de la armada suiza, pero cuando se mudó a Suecia, continuó con sus labores a favor de la ciudadanía.

Aun así, no todos mostraban la fina tranquilidad de la que ella se lucía en esos momentos al revisar su rifle, porque la imponente presencia del hombre alto de cabello rubio cenizo y sonrisa infantil, se colocaba sobre las de los oficiales, incluyendo a esa jovencita, que a lo sumo parecía enojada. Tenía un aura de miedo y respeto que ciertamente ofuscaba un poco a algunos de los camarógrafos del lugar, especialmente a uno que estaba ayudando a su asistente a montarse la cámara en el hombro.

—Ese maldito Branginski. —Soltó un albino de ojos rojos a la pequeña y joven camarógrafa que tenía junto a él— Espero que se largue de una vez porque mi asombrosa persona no puede brillar con una presencia tan tétrica como la suya en el lugar. Kesesese~

—S-Señor Gilbert, n-no debería d-decir esas cosas o l-le escucharán… —Susurró ella, mirando a los lados y sujetando fuertemente la cámara que traía consigo.

—Ahahaha~ ¡No te preocupes por eso, Lily! ¡Prefiero que me escuche! —Dijo el hombre casi a los gritos con una sonrisa burlona— Además estamos seguros aquí, kesesese~ Tu hermana mayor está cerca y podría volarle los sesos de un disparo, ¿O no?

—S-sí, p-pero no es parte de su trabajo… —Replicó la chiquilla, con timidez, recordando que a su hermana no le gustaba el trabajo que ella hacía, y eso, que recién empezaba como practicante.

Como fuera, en medio de las risotadas del albino, que resultaban incómodas para la gente a su alrededor, de inmediato surgió una joven de cabello castaño, que vino a caerle con un coscorrón en la cabeza. Ella tenía un chaleco de otra televisora, pero parecía que conocía muy bien a los dos habitantes de ese pequeño metro cuadrado

— ¡Oye! ¡¿Por qué hiciste eso, marimacho?! —La voz de Gilbert resonó como si se tratara de un megáfono y todos los presentes, incluyendo al par de rusos, exceptuando a la suiza que seguía limpiando sus armas, voltearan a ver— ¡Siempre tienes que hacer lo mismo cada vez que nos vemos, eres molesta como una bruja!

—¡A mí no me llames así, idiota! —No le dio tiempo al chico ni de enderezarse porque le cogió de la oreja y empezó a tirar de ella mientras él se revolvía en medio de una pequeña batalla campal de la que la chica de la cámara era testigo… y las demás personas también, aunque lentamente volvieron a sus actividades normales porque problemas de ese tipo eran más que comunes entre ambos. Al parecer se conocían de la misma universidad de periodismo, incluso quizá de mucho antes y por ese motivo se tenían esa confianza que rayaba en el maltrato insano y el daño psicológico y físico.

—L-la s-s-señorita E-Elizav-véta… s-siempre e-es… a-así d-de v-violenta y a v-veces me da miedo d-de que me haga l-lo mismo a mí… —La vocecita temblorosa en medio de todo el barullo llamó la atención de la niña rubia que de inmediato posó la mirada en ese muchachito de cabello castaño que curiosamente, también sostenía una cámara. YA se habían visto poquitas veces anteriores y siempre habían intercambiado palabras así muy levemente porque necesitaban concentrarse en sus trabajos.

—Es q-que ella d-dice que el señor Gilbert se lo merece, pero a lo mejor tenga razón… —Con una sonrisa dulce hizo al muchacho temblar un poco más, pero sonreír un poco, así bobamente como cuando alguien que te gusta te hace un cumplido. Parecía que ninguno de los dos sacaría transmisiones al aire mientras sus jefes no dejaran la batahola a un lado, sería una larguísima jornada informativa.

Desde adentro del banco, mientras tanto, el sueco observaba fijamente un teléfono móvil. El danés pronto avanzó con cuidado a estirar un poco la cabeza y ver.

—¿Ya están aquí? —Preguntó con voz burlona, llamando la atención de la gente que se había dedicado a conversar un poco para calmar el nerviosismo.

—Sí, en efecto. Cámaras, el cuerpo policial… —Respondió el muchacho de gafas— Podría apostar que han traído a Zwingli para cubrir a los demás.

—Oh, esa friki de las armas es infaltable en casos de este tipo… —Rió el danés, estirándose un poquito— Por ahora con no dejarnos ver en el exterior sería suficiente. Pero me pregunto quién nos traerá nuestro hermoso pedido. Las personas empiezan a tener hambre y no creo que esa muchacha embarazada o esos niños resistan mucho, ¿O sí?

—Hm. —Berwald desvió la mirada porque le incomodaba mucho ese tema. No pensaba tener gente tan indefensa ahí, pero mientras no les pasara nada malo, el fin era suficiente para justificar los medios.

—Anda, vamos. Creo que tendré que hacerle otra llamada a Jones para que espabile de una vez con la comida~ —Mathias empezó a picarle el brazo con el dedo al otro, que estaba alejándose de él, de pura incomodidad.

Aunque no siguió hablando, porque pronto escuchó el ruido de un helicóptero que se intensificaba. Los rehenes fueron incapaces de percibirlo hasta que aterrizó en la azotea, pero ellos, entrenados de alguna manera, lo habían notado desde antes. Se miraron las caras y sonrieron levemente. Su pedido había llegado.


¡Listo~! xD~ Decidí desarrollar un poco más el exterior, explicando cositas por ahí. Lo interesante viene a partir de siguiente, espero tenerlo más rápido que este capítulo que sí confieso que me costó trabajo por las cosas que pasaron por acá xD~ Como fuese, nuevamente gracias por leerme y nos vemos en el siguiente, ¡Saludos para todos nvn!

Aunque antes de irme les dejo el glosario de rigor, y aunque no hemos visto palabras desconocidas, les dejo las vistas para que no se olviden uvu/

Sestra [Ruso]: Hermana.
Vanya [Ruso]: Es un diminutivo del nombre de Ivan.
Natasha [Ruso]: Evidentemente es el diminutivo de Natalya.

Ahora sí, hasta la vista uwu~