El tren llegó a la estación de Hogsmeade, y la atronadora voz de Hagrid sonaba por encima de las cabezas de la gente.

-Los de primer año, por aquí, por favor. ¡Los de primer año!

Helena se separó de sus compañeras. Observó como el semigigante buscaba a alguien con la mirada, preocupado. Seguramente a Harry Potter y sus amigos, pensó Helena, y se imaginó la cara de decepción cuando descubriese que no estaban allí. Vio que Neville, Ginny y Luna iban por delante de ella, ya más cerca de Hagrid, que se inclinó para hablar con ellos. Cuando pasó por su lado, no pudo evitar escuchar lo que decían.

-Lo siento, Hagrid- decía Ginny con pena.

-No me puedo creer que no me dijeran nada…

Helena llegó donde las carrozas tiradas por los invisibles thestrals. Finalmente subieron junto a ella Pansy, que iba acompañada de un chico pálido, de pelo rubio y lacio, y dos chicos que parecían gorilas.

-Hola Draco- dijo Helena con tono educado. Desde hacía años que Pansy estaba colada por ése chico. Si bien era guapo, para el gusto de Helena, de un tiempo aquí parecía que le hubiese pasado una horda de centauros por encima. Algo normal, pues era bien sabido que su padre, Lucius Malfoy, había sido encarcelado en Azkaban por ser colaborados de Quien-tu-sabes.

Draco miraba donde, seguramente, estaba el thestral. Lo que hace visible a los ojos a un thestral es ver morir a alguien y Helena comprendió que algo había pasado para que ahora el animal fuera visible para el chico. Sólo podía hacer conjeturas, y esperaba que alguien le contase la verdad.

-Crabbe, Goyle- saludó también Helena, y los otros hicieron un gruñido a modo de saludo.

No hubo conversación durante el trayecto. Cruzaron las puertas custodiadas por las estatuas de cerdos alados, y vio el espléndido castillo.

Allí les esperaba la profesora McGonagall, para conducirles al Gran Comedor, donde se llevó a los de primer año, para que pasaran la prueba de selección.

Parecía ayer cuando entró por primera vez en él, y se acordaba muy bien de la selección, pues ese año también iba a empezar el famoso Harry Potter en Hogwarts. Había oído lo que la gente decía sobre las casas, que Slytherin era la cuna de muchos magos malvados, y por lo que había oído de las demás, Helena estaba convencida que acabaría en Hufflepuff. Ya en el Gran Comedor, vio desfilar niños y niñas con diferentes grados de nerviosismo, para sentarse en una silla y donde les ponían un sombrero en la cabeza. Cuando oyó su nombre, miró a la mesa de los profesores, y su mirada se encontró con la del hombre de pelo y ojos negros que había conocido en el ministerio, y una sonrisa de confianza asomó a los labios de Helena.

El Sombrero Seleccionador le tapaba hasta los ojos, y oyó una vocecilla en su cabeza.

"Mmm, qué tenemos aquí, hay ganas de aprender, y mucho esfuerzo, sí, sí, y un buen corazón"

Helena pensó en el profesor Snape, en qué casa estaba él.

"Vaya, qué petición más extraña, aunque no inusual" añadió el Sombrero "Sí, hay también astucia e ingenio, podría servir, entonces irás a SLYTHERIN" que lo pronunció en alto, para que lo oyese toda la estancia.

Salió de su ensoñación, y se dio cuenta que se había perdido la canción del Sombrero Seleccionador. Aunque no había sido la única que no prestaba atención, viendo las caras de sus compañeros de casa. Aplaudió con la demás gente. Y después McGonagall empezó a llamar a los alumnos, "Adams, George" fue el primero y la casa de Hufflepuff ganó un nuevo miembro. Helena aplaudió de manera mecánica y cordial cuando alguna figura se acercaba a su mesa. Aquellos niños iban a pasar su primer año en un Hogwarts muy diferente, con un nuevo director, un ambiente muy diferente a como debía ser. Helena repasó a los profesores que estaban sentados en la mesa presidencial. Había dos, un hombre y una mujer con cierto parecido físico, hablaban entre ellos e ignoraban la solemnidad del momento. Aunque ella tampoco estaba prestando atención, siendo sinceros. Cuando la última niña, "Zepps, Louise" fue a Ravenclaw, fue cuando él se levantó.

El corazón de Helena latía desbocado. Severus Snape se acercó al precioso podio, con forma de lechuza con las alas extendidas. Los otros profesores le miraban, con odio y desprecio mal disimulados, e incluso Helena juraría que alguno le quería lanzar algún maleficio.

-Bienvenidos, nuevos y antiguos alumnos- su voz, que solía ser un susurro, sonaba esta vez más alta y clara de lo habitual- Comencemos juntos este nuevo curso, pero antes de las noticias, disfrutemos del banquete.

En ése momento, los platos se llenaron mágicamente. Había variedad, pero Helena creyó que no tanta cantidad como en anteriores ocasiones.

Cenaron, y por un rato el Gran Comedor parecía ser lo que años anteriores, con las risas y las voces de los alumnos llenando la estancia.

Tras la cena, Snape se volvió a levantar y dio unos golpes al estrado, pidiendo silencio.

-Comunicaros, como todos los años, que la lista de objetos prohibidos está disponible en el despacho del señor Filch. Aquél que quiera acceder al Bosque Prohibido, es libre de hacerlo, pero que, por favor, avise con antelación, para saber si quiere que recojamos su cadáver, o le dejaremos allí, a modo de advertencia para los siguientes insensatos que quieran entrar en él.

Helena no pudo evitar reírse, como toda la mesa de Slytherin. En el resto de casas había sentimientos contradictorios.

-Quien crea también que podrá darse un paseo fuera del colegio, habréis de saber que los pasillos han sido sellados, y en las salidas os encontréis seres que no mostrarán ninguna piedad- hizo una pausa, para dejar que el mensaje calase.

-Este año, no habrá asignaturas extraescolares. Y no habrá Quidditch- gritos de protesta de parte de las cuatro mesas- Si bien, aquellos que quieran organizar partidos amistosos, pueden comunicárselo a la señora Hooch- Una mujer de pelo blanco y ojos de halcón movió la cabeza.

-Presentaros también a nuestros dos nuevos profesores, Alecto Carrow, que enseñará Estudios Muggle- la mujer hizo un saludo con la mano- y a su hermano Amycus Carrow impartirá Artes Oscuras.

Un murmuro surgió de inmediato en las mesas, pues a nadie se le había pasado por alto el cambio de nombre de la asignatura.

-Por último, los castigos serán más… disciplinarios- ¿había una nota de preocupación en la voz de Snape?- Serán impartidos por los hermanos Carrow- no sabía por qué, pero a Helena no le gustaba nada cómo sonaba aquello, y ahora que lo pensaba, esos dos eran mortífagos, los que habían estado cuando…, agitó la cabeza y siguió escuchando a Snape- Así que ruego a los alumnos que mantengan unos hábitos de conducta correctos, y centren sus esfuerzos y energía en sus estudios y pasar el curso.

¿Qué era aquello, amenaza o consejo? Helena miró a los profesores, Flitwick y McGonagall mostraban sorpresa, Sinistra, la profesora de Astronomía, susurraba algo a Sprout, incluso Hagrid tenía cara de desconcierto.

-Y ahora, alumnos, podéis iros a vuestros dormitorios.

Las mesas se fueron vaciando mientras la gente hablaba y comentaba lo que acababan de escuchar.

Helena oía fragmentos sueltos. Los de Slytherin y Hufflepuff compartían parte del camino a sus respectivas salas comunes, cerca de las mazmorras.

-¿Qué crees que le habrá pasado a la profesora Burbage?- preguntaba una alumna de Hufflepuff a un compañero suyo- este verano leí en el periódico una carta que había escrito…

-Espero que alguien le haya cerrado la boca, por esas sucias palabras- intervino Pansy, y lo más chocante, fue que Draco Malfoy vomitó, salpicando a todos los que se hallaban cerca, Pansy fue la principal afectada. Helena lo consiguió esquivar, dando un salto hacia atrás. Algunos Slytherin se empezaron a reír, y los de Hufflepuff aceleraron para separarse de ellos.

Giraron varios pasillos hasta llegar a un muro lleno de humedad, con dos antorchas que alumbraban fantasmagóricas. Draco era el prefecto con más antigüedad, pero no se encontraba en condiciones, apoyado sobre Pansy. Así que se acercó Astoria y fue quien dijo la contraseña.

-Torre de astronomía- dijo la chica, disgustada. Algunos alumnos rieron como si fuese un chiste privado, pero a Helena también le parecía una broma de mal gusto.

Cuando ya todos los estudiantes entraron, el profesor Horace Slughorn con su baja y rechoncha figura cerró la comitiva.

-Para los que no me conocéis, soy Horace Slughorn, profesor de pociones, y seré vuestro Jefe de Casa. Mi despacho está abierto a todo aquél que lo necesite, al lado de la mazmorra de pociones. Mañana, durante los desayunos, se os entregarán los horarios. A los alumnos de quinto y séptimo, si alguien quiere y lo necesita, os ayudaré con para prepararos para el TIMO y el ÉXTASIS. Sobre las clases extraescolares, preguntad a vuestros profesores. La sala de profesores está en el tercer piso. ¿Alguien tiene alguna duda?

Nadie respondió, estaban todos con ganas de ir a la cama, chicos y chicas se separaron para ir a sus respectivos dormitorios. Cuando la sala común ya estaba prácticamente vacía, Helena se acercó al profesor Slughorn antes de que éste se fuera.

-Vaya, Helena, ¿qué tal su madre? He oído que va a participar en las ilustraciones de la nueva reimpresión de Animales fantásticos y dónde encontrarlos.

-Así es, señor- Helena no se sorprendió de que él lo supera- el mismo Newt Scamander estaba muy contento con la elección de las ilustraciones, cuando lo vi en la editorial.

-¿Con que has conocido al viejo Newt, eh? Un gran hombre, sí. Pero a ver, ¿querías alguna cosa?

-La verdad es que sí, profesor- Helena desvió la mirada al suelo, para evitar que se le notase- Quisiera poder hablar con el director Snape, si es posible- aquellas palabras hicieron que el bigote de Slughorn se moviese.

-¿Y qué puede hacer él por ti? ¿No podría ayudarte yo?

-Como ya sabe, hace dos años- se le hizo un nudo en la garganta a Helena- el director Dumbledore me pidió que hiciese su retrato para, ya sabe- dejó la frase en el aire, y le miró fijamente.

-Sí, sí, lo sé- esta vez fue él quien desvió incómodo la mirada.

-Incluso en el examen práctico del TIMO me permitieron presentar el retrato, saqué un Extraordinario- no pudo reprimir el deje de orgullo en su voz.

-El profesor Canvas aún presume de su alumna favorita, de vez en cuando- dijo Slughorn guiñándole un ojo a la joven.

-Había pensado, si es posible…- Helena volvió a dejar la frase en al aire.

-¿Hacer un nuevo retrato para el EXTASIS? ¿Otro director?

-Sí, señor- respondió Helena con tono humilde.

-Bien, lo entiendo. Veré lo que puedo hacer, hablaré con Severus.

-Gracias, muchas gracias profesor.

-No hay por qué darlas. Es tarde, deberías ir a dormir.

Y así hizo la joven, fue a su dormitorio, y estaba tan cansada que se durmió casi al momento.