Dos años pasaron desde que Sheldon era el físico teórico en jefe. Su equipo a pesar de ser más como un grupo desempeñaban bien su trabajo limitándose solamente en ser cordiales.

Descartando los malos ratos en la universidad todo era casi perfecto.

Jane ya tenía los cinco años y estudiaba en casa con él y con Bernadette, tomaba clases de arpa luego de convencer a Sheldon de que sólo era un pasatiempo. El apego de padre e hija cada día era más fuerte.

-¿Y mi mamá?

Fue un marzo cuando Jane entró con sigilo a la oficina de su padre. Se puso de puntillas para verlo sobre el escritorio y tocando su muslo llamó su atención soltando la pregunta de golpe.

-¿Tu mamá?

-Si, ¿Dónde está?

El momento más difícil aparte de hablar sobre el sexo había llegado más temprano de lo que quería. Sintiendo en su pecho una punzada de dolor alzó a Jane poniéndola en el lugar de la laptop.

-¿Recuerdas a Giuseppe?- Cuestionó con tranquilidad fingida.

Giuseppe fue la primera mascota que Sheldon permitió que tuviera, era una tortuga que Jane cargaba de un lado para el otro hasta que un día lo encontraron inmóvil. Jane se deprimió por una semana hasta que él le explicó sobre el cielo de las tortugas.

-Dijiste que se fue al cielo de las tortuguitas.

-Si. Y... Mami también se fue al cielo- Aclaró desviando la mirada.

Jane guardó silencio por unos minutos luego con timidez levantó la mirada. -¿Tuve la culpa?

Atónito por semejante pregunta, Sheldon sintió una daga de hielo clavarse en la parte trasera de su cabeza. -¿Porqué preguntas eso, Wookie?

-Es que... Yo no ciude a Giuseppe como tú dijiste que lo hiciera, entonces fue culpa mía. ¿También lo de mami?- Cuestionó al borde de las lágrimas.

-¡No!- Contestó de inmediato y la atrapó en un abrazo lleno de amor. -Nadie tuvo la culpa. Mírame Jane... Que mamá esté en el cielo no es culpa de nadie. ¿Entiendes mi pequeña Wookie? Nadie.

-¿Entonces?

Sus curiosos e infantiles ojos azules buscaban la mirada de su padre pero Sheldon, incapaz de explicarle miraba las hojas de la planta que Jane regaba cada mañana.

-Algún día te lo diré, hoy no.

Jane milagrosamente no exigió una respuesta inmediata pues la desconcertó el tono de voz ronco de su papá. Arrodillándose sobre el escritorio abrazó a Sheldon y le besó el cabello.

-Cuándo estés listo papi, cuando estés listo...

Al siguiente día en Caltech, Sheldon perdió los estribos con el rubio llamado Jake, éste intencionalmente echó a perder unos cálculos que eran la base de su proyecto.

-¡Estás despedido. Sino me crees ve con el presidente Siebert y corrobora por ti mismo!

Jake indignado salió dando un portazo. Sheldon llamó a Alex pidiéndole amablemente depositar el último pago en la cuenta bancaria del rubio. Sonriendo con sorna, Sheldon miró como el ex-empleado tomaba una enorme caja de cartón con sus cosas abochornado y se metía al elevador.

Esa misma tarde se envió un anuncio al periódico más visto por los ciudadanos sobre una vacante de ayudante para un proyecto en física y otros temas variados. Como era de esperarse muchos asistieron al día siguiente con hojas de vidas y con sus mejores trajes. Entre ellos figuraba Amy Farrah Fowler. Con nerviosismo caminaba de un lado al otro planchando las arrugas inexistentes de su vestido rosa oscuro.

Cuando Amy finalmente término su carrera en neurobiología quiso buscar independencia de sus padres, estaba tan emocionada estaba que olvidó el pequeño detalle de que ella no era la única en busca de trabajo y su campo tampoco era la física. Pero siempre se definió como una mujer adaptable, así que averiguo todo lo que nesecitaba y... aquí estaba.

La fila de entrevistas iba rápidamente, Amy veía a muchos entrar con ánimo y salir como si les hubieran chupado el alma. Empezó a ponerse más nerviosa y a caminar más rápido causando un mareo en otro tipo frente a ella.

-¡Deja de moverte!- Suplicó el hombre de unos cuarenta años. -Me pones los nervios de punta.

-Disculpe...

-Todos salen hechos mierda.

Amy quién detestaba las palabras soeces tuvo que admitir que está vez nada podría definir mejor el aspecto de los que se iban.

-Siguiente- Exclamó Alex. -Señorita Fowler, su turno.

Alex sonrió tratando de tranquilizar a Amy. Al entrar a la oficina en donde se llevaba a cabo la entrevistas, sintió un vuelco en el estómago, frente a ella estaba un hombre por demás atractivo con una mirada de hielo, sus largos y pálidos dedos en la carpeta rosa que ella había entregado a Alex con su currículum Vitae. Miró la pila de carpetas a un lado siendo todas del mismo color crema.

-Es curioso el color de su carpeta señorita Fowler.

-Buenos días- Saludó con esfuerzo.

Sheldon sonrió y Amy sintió las piernas temblar. La combinación de su gélida mirada y la burla en sus labios lejos de enojarla lograron un efecto excitante en ella.

-Lo común es aburrido- Dijo refiriéndose al color de su carpeta. -Siempre buscó lo extraordinario en lo ordinario.

-¿Porqué debería contratar a una neurobiologa? ¿Acaso es una clase de camaleón que se adapta a cualquier cosa que le venga?- Cuestionó ignorando su respuesta. -¿Puede usted ser capaz de darme una buena respuesta?

El encanto se quebró como un espejo debido a un golpe. Amy suspiró e intentando adoptar la misma postura contestó:

-Mi vida privada no le concierne.

-Tiene razón, sólo me interesa su trabajo. Dígame señorita Fowler. ¿Usted sabe en qué año se colocó la primera piedra de la catedral Santa María de Fiore? Por que honestamente no lo recuerdo.

-En 1296- Dijo de inmediato.

Sheldon suavizó su fría mirada y con un gesto la invitó a sentarse. La entrevista siguió con preguntas que Amy respondía con mucha seguridad. Pasados diez minutos y ya más tranquila salió de la oficina, todos voltearon a verla con sorpresa o desagrado, el tipo nervioso fue el primero en levantarse y en estrecharle la mano con una sonrisa sincera.

-Tardaste más de diez minutos, eso es bueno.

-Eso espero...

-Seguro es tuyo, es una pena... lo digo por mi, necesitaba el trabajo.

-Ve a estas oficinas y entregarles esto- Le dio un trozo de papel con una recomendación de su parte. -Te darán un puesto.

El tipo la abrazó incapaz de contener su emoción y junto a Amy abandonó las instalaciones de Caltech.

Sheldon fue a la casa de Howard y Bernadette para recojer a su hija. Se puso de rodillas esperando pocos segundos para que Jane le diera un abrazo.

-¿Cómo te fue papi?

-Bien. ¿A ti como te fue?

-Bien, hoy pintamos a tío Howard con maquillaje, le pusimos un vestido viejo de Bernie y le tomamos fotos... ¡Mira!- Le mostró el celular de Bernadette con varias fotos de Howard en distintas poses. -Penny dice que se ve peciosa.

-Toda una diva- Dijo divertido. -Vamos a casa, Bernadette gracias por cuidarla.

-Fue un placer, Sheldon...- Respondió con una sonrisa.

Al llegar al departamento 4B, Jane salió corriendo a su habitación sacando una toalla, una bata y pantuflas de monos. Sheldon llenó la bañera y la desvistió dejándola en un calzoncito rosa.

-Cierra los ojos...levanta los brazos y ahora baja un poco tu cabeza.

La secó y le puso un pijama azul con adornos en color gris y fueron al departamento 4A. Penny y Leonard los esperaban listos para cenar.

-¿Cómo te fue, amigo?- Preguntó Leonard amablemente.

-Bien, todo bien- Contestó recordando al abochornado rubio. -Hay una nueva empleada, no tiene mucha experiencia.

-¿Y eso?

-Típico caso de egresada con un reciente doctorado, aunque admito que no es tonta.

-¡Oh!

-¿Esta buena?

Sheldon entrecerró los ojos ante su amiga, observó a Jane pero ésta era atendida por Leonard; ambos jugaban adivinanzas.

-No es desagradable pero te pido que no hables así, no cuando Jane está con nosotros Penny.

Ella asintió avergonzada, conocía muy bien que a Sheldon no le gustaba algunas referencias con las que se trataba a las mujeres y más cuando su pequeñita era precisamente una de ellas.

-Papi- Lo llamó Jane jugando con un pedazo de zanahoria. Leonard dejó los cubiertos a un lado y abrazó a la pequeña con apoyo. -Quiero ir a la escuela.

-No creo que sea buena idea- Acarició sus regordetas mejillas. -Estas más adelantada que los otros niños educandote en casa.

-¿Porqué?

Decirle que casi todas las madres iban a dejar y a traer a sus hijos o de las festividades en donde una mamá era la indicada en asistir o que muchos niños podrían burlarse de ella no era nada fácil. Sheldon la estaba criando en una burbuja de protección contra el mundo y hasta ese momento se dio cuenta, aunque su familia y amigos ya se lo había dicho. Jane no sabía jugar con nadie más que con sus tíos y la esposas de estos; y su papá. Nunca habia tenido la oportunidad de jugar con otros niños en el parque debido a que todos estaban en el jardín de niños y los fin de semanas que salían siempre se mantenían alejados de los juegos bajo un frondoso árbol mirando uno que otro animalito.

-No soy tonta, sé leer y escribir muy bien- Dijo con orgullo.

-No es eso lo que me preocupa...

-Sheldon- Habló Leonard. -Te entiendo mejor de lo que te imaginas, sé que es difícil para ti y para ella pero debes entender qué no puedes seguir protegiéndola.

-¿De qué?

-De los gérmenes Jane- Dijo Penny sacándole la lengua.

-Para eso me baño a diario y uso alcohol desinfectante en mis manos.

-Pero...

-Sólo piénsalo, por favor...

-De acuerdo, lo pensaré. Regresemos a nuestra casa señorita, hora de dormir.

Jane saltó a los brazos de su padre y se aferró a su cuello. Abrió la puerta y quiso acostarla en su cama pero la pequeña no quiso dormir sola, Sheldon suspiró y resignado se la llevó a su cama. Acomodó varias almohadas debajo del cubrecamas para evitar que cayera, fue al baño para ponerse su pijama y se acostó. Jane se arrastró hasta que quedó encima del abdomen de Sheldon, curiosa observó el pecho de su padre con una gran incógnita.

-¿Porqué tus bubis no son como los de la tía Penny y Bernadette? ¿Las mías serán así o como las de la Penny? ¿Para qué son? Se ven incómodas...

El jardín de infantes era lo más colorido que alguna vez Jane pudo ver en su corta vida. De la mano de Sheldon observó a muchos niños correr de un lado al otro jugando y gritando.

-Papá... ¿Y Si mejor nos vamos a casa?- Dijo deteniéndose con brusquedad.

-¿Tienes miedo?

Se sintió abrumada ante la masa de niños. Su corazón empezó a latir más rápido y su respiración se hizo más continua.

-Si...- Dijo con voz quebrada. -Vámonos.

La sacó del jardín de niños sintiéndose culpable de su estado. La acomodó en la silla de bebé en la parte trasera del auto y regresaron a casa.

-Fue demasiado para su primera vez- Comentó Penny luego de que Sheldon le relatara lo sucedido. -Debimos llevarla a lugares poco concurridos y así se acostumbrará poco a poco.

-¿Qué sugieres entonces?

-Vamos al parque este fin de semana. Y está vez la dejaremos jugar en los columpios y todo eso... ya sabes poco a poco tomará confianza.

Esa misma tarde Sheldon dio órdenes a Alex de instruir a Amy en su nuevo cargo, ésta sería compañera del más viejo mientras Leslie seguiría siendo la compañera del amigo de Jake. Aunque era extraño el método de Sheldon de trabajar con compañeros, ellos y el presidente Siebert reconocían que era un método interesante y eficaz siempre y cuando respetaran al otro.

En la universidad nadie a excepción del presidente Siebert sabían sobre la existencia de Jane debido a que no quería oír el nombre de su hija en los chismorreos matutinos. Amy al igual que todos quedó un poco desconcertada al saber que Sheldon no se quedaba en la universidad por mucho tiempo y al preguntar la respuesta era la misma.

-Asuntos personales.

-¿En serio? ¿Y sólo así, sin explicación?

-Bueno Amy- Dijo Leslie bajando la voz. -Sólo el presidente Siebert sabe y dudo mucho que nos cuente esos motivos personales... en fin, es una pena que sea tan hermético.

Curiosa como una niña, Amy quería saber más. Quizás su madre le había pasado la herencia de su intromisión en cosas que no debería pero era difícil obviarlas, ella tenía la curiosidad por cada vena de su cuerpo.

-Iré a la oficina creo que...

-Ya lo intenté Ames, no hay nada del Dr. Cooper ahí.

-¡Ah!- Se dejó caer en la silla de su escritorio. -Entonces...

-Sólo tenemos su número de celular, no de domicilio.

-Humm...

-Lo que se te ocurra ya lo he intentado. Una vez quise ver su celular pero tenía patrón, contraseña y pin, el maldito lo tiene bien protegido.

Estirando sus brazos sobre el escritorio dejó que su frente golpeara contra la mesa, su cabello se deslizó por su espalda hasta caer a cada lado y lloriqueo falsamente.

-¡Yo quiero saber!- Hizo un puchero.

Leslie la miró con ternura. -A muchas nos gusta. Es apuesto, exitoso y frío. ¡Oh! Ellos son apasionados en el sexo.

Amy sonrió mirándola entre la cortina de su cabello. -Lo sé. Pero Sheldon tiene algo distinto, es como si guardara un secreto... no uno malo, bueno si, pero es distinto... es como si... ¡Aaaaah! No tengo idea.

-A ti te pego duro.

Pero Amy quería saber.

-¡Han Solooooooo!- Cantó Howard a todo pulmón. -¡Veeeeeen a rescatarme!

Con el sable de luz en la mano, Sheldon corrió por el parque buscando a la princesa Leia atrapada. En su camino una banda de Stormtroopers y lord Vader le obstaculización el paso.

-¿¡Que buscas en nuestra estrella de la muerte, rebelde!?- Gritó Raj apuntándolo con un arma.

-¡A Leia!

-¡AIUDA , AIUDA!- Volvió a gritar con voz chillona. -¡HAN, AIUDA!

Raj bajó la espada muerto de risa al oír a Howard, el casco blanco que llevaba se deslizó de su cabeza hasta terminar en el césped.

-¡No bajes la guardia, soldado!- Gritó Jane vestida de Darth Vader. -El enemigo se apovechará.

-¡AIUDAAAAA!

Raj cayó de rodillas llorando de la risa y Jane bufó molesta pero al verlo dar vueltas no pudo evitar reírse, Sheldon la miró con ternura... y Howard seguía gritando.

-¡AIUDA!

-¡Voooooy!

El ingeniero salió corriendo dando saltos de vez en cuando debido al vestido. Se paró en el borde y cayó a los pies de Sheldon.

-Se supone que yo estoy a los pies de la dama.

-Púdrete Sheldon- Murmuró lleno de tierra.

-¡Púdrete, púdrete!- Chilló Jane aplaudiendo.

Sheldon fulminó a Howard con la mirada. -Es una mala palabra Wookie, no la digas.

-¡Púdrete!

-Jane- Dijo a modo de advertencia.

-¿Sip?

-Es una grosería, no la repitas.

Leia, los Stormtroopers, Darth Vader y Han Solo regresaron junto a Penny y Bernadette que viéndolos venir empezaban a servir la pizza.

-Quiero un helado papi...

-No pierdas la servilleta- Le dijo dándole el cono de helado. -Dame un segundo.

Pero ella dejó caer la servilleta al probar el helado, al querer tomarla el viento le hizo una mala jugada llevándosela, ella río tras cada paso que daba la servilleta se alejaba, el helado se derretía en su mano y lo comía dejando que el papel se alejara aún más.

Sheldon pagó por los helados pero al voltear no encontró a su retoño. -¿Jane?

Desesperado recorrió hasta donde su visión podía permitirle, al no ver señal de ella arrojó los helados y caminó al lado opuesto de donde ella habia seguido el trozo de papel.

-¡JANEEEE!- Comenzó a gritar.

-¿Qué pasa?- Preguntó Leonard.

-¡No encuentro a Jane!

El físico experimental se asustó y se unió a su amigo buscándola, tiempo después Penny, Bernadette, Raj y Howard gritaban a todo pulmón llamando a Jane.

Mientras tanto la niña seguía a la servilleta.

Sheldon empezó a sentir el tiempo pasar más rápido. Miraba de un lado al otro esperando verla pero era en vano, por más que buscara ningún niño era ella.

-Se acabó- Miró con tristeza el último trozo del cono.

Llegó hasta la acera viendo la servilleta en medio de la calle. Dudaba si ir o no por ella pues su papá decía que la calle era muy peligrosa. Se sentó en el borde de la acera y empezó a llorar.

-¿Estás perdida?- Preguntó una dulce voz a su espalda. -¿Dónde están tus padres?

Jane descubrió su carita bañada en lágrimas y miró a ambos lados. Al no ver a su papá o a alguien conocido miró a la mujer que tenía enfrente y asintió volviendo a llorar.

Amy sintió pena por la pequeña y le extendió la mano. -¿Cómo te llamas? Yo me llamó Amy.

-Jane.

-¿Quieres que te acompañe a buscarlos, Jane?

-Mi papá dice que debo quedarme donde estoy.

-Y está bien pero ya es muy tarde- Señaló viendo la tarde caer. -Ven, vamos con esos policías para que nos ayuden a encontrar a tus papis.

-Sólo tengo un papi, no dos.

Amy sonrió. -Por supuesto...

Sheldon ya no sabía que hacer, se detuvo y miró a sus amigos que buscaban tras cada arbusto o preguntaban a los demás padres preguntando por ella. Le invadió el miedo al imaginar no volver verla. ¿Cómo pudo perderla de vista? Se reprendía con dureza. ¿Era acaso tan descuidado? Y, aunque su consciencia le dijera lo contrario su sentido paterno lo regañaba «Eres un mal padre».

Sacudió su cabeza y regresó en su búsqueda.

-Disculpe. ¿Ha visto a una niña vestida de Darth Vader?

-Si, la vi por... allá, iba con un cono de helado.

La esperanza volvió y olvidándose de la cortesía salió corriendo a la dirección señalada. Llegó hasta donde Jane había estado pero no vio rastro de ella.

-Encontraron una niña- Dijo un oficial a su compañero. -Acabo de dejarla en la estación.

-¿Vestida de Darth Vader?- Preguntó Sheldon.

-Si.

No tardó mucho en llegar ya que estaba bastante cerca, al entrar vio a su hija en brazos de una mujer y aliviado se acercó a paso lento.

-¿Wookie?- Dijo suavemente.

La pequeña levantó su carita bañada en lágrimas. -¡Papi!

Amy se dio la vuelta reconociendo de inmediato a su jefe.

-Jane...- Se la quitó. La pequeña escondió su carita en el pecho de su padre hipando. -¿Cómo...?

-La señorita Fowler la encontró y la trajo aquí, no quiso irse hasta que llegarán sus padres- Explicó el policía.

-Papi- Dijo Jane entristecida. -Perdí la servilleta.

-Jamás vuelvas a separarte de mí. ¿Oíste? Nunca, no sabría que hacer sin ti...- Sheldon la abrazó con fuerza.

Su corazón de padre saltó de alegría volviendo a su pecho.

Ella observó el alivio de Sheldon al tener a la niña en brazos, sonrió y se dio cuenta de que sus sospechas eran ciertas.

-Gracias- Dijo mirándola a los ojos. -Muchas gracias Amy, no sé cómo podría pagarle...

Amy se olvidó de como respirar. Su nombre en los labios secos de Sheldon se sentía como un susurró mañanero cerca de su oído, un estremecimiento le recorrió el cuerpo y se sintió como una adolescente.

-De nada- Murmuró sonrojada.

-Acabas de devolverme la vida... Gracias- Volvió a mirarla dedicándole una cálida sonrisa.

Continuará...