Y aquí está otro capítulo más. Cada vez me estan quedando más largo, pero yo a la vez los siento más incompletos¡cómo cuesta plasmar todos los pensamientos que llevamos dentro!
Espero que alguien este siguiendo mi fic, mmm, me gustaría que me dejen reviews para saber su opinión, como nadie me comenta nada quizás es que me esté quedando muy aburrido, no lo sé ..! Les agradeceré todo tipo de comentarios.
Saludos
Valeria
Fotos y Cartas
Un cielo naranja con nubes doradas y fucsias les cubría la cabeza. Una noche perfecta de primavera estaba comenzando, y el perfume de los jazmines hacia respirar a los invitados con aire relajado. Música por todos lados, magos y brujas llegaban a cada instante, desde lugares remotos y lejanos; comida, bailes alegres. Hacía 16 años que en el país no se daba una fiesta mágica como esta.
Harry miraba la escena de reojo, sosteniendo vagamente una copa con vino de elfo que Slughorn se ocupaba de llenar cada vez que se lo cruzaba. Era raro, era intenso, todo ese clima de festejo mezclado con la tristeza; a tan solo un día de haberse enfrentado a la venganza que le deparó su destino, se encontraba parado, en el jardín de Hogwarts que había sido el escenario de una gran batalla, ahora se hallaba atiborrado de gente bailando, riendo y comiendo en el festejo de la libertad de Gran Bretaña de uno de los magos más tenebrosos que se hayan conocido. Miró fijamente una vez más el monumento que tenía frente suyo, sus ojos recorrían los nombres grabados en aquel obelisco de mármol blanco que hacía una hora se había materializado en los jardines de la escuela, en la ceremonia en conmemoración a los caídos en la batalla de Hogwarts. Cada nombre era una punzada para Harry, y algunos se le clavaban en el corazón de una manera muy dolorosa.
- Deja de torturarte, Harry – le dijo una voz familiar detrás suyo. Kingsley miraba fijo al monumento también, con una sonrisa moderada.- Esos nombres son un orgullo, un orgullo para todos.
- Lo sé… - le respondió Harry fijando la mirada en el nuevo Ministro de la Magia – Pero duelen a pesar de todo, a pesar de toda palabra de aliento. – Harry desvió la mirada, vio a George bailando con su madre, aunque a Harry le pareció más bien que la estaba abrazando más que bailando.
- No cabe ninguna duda, pero lamentablemente la vida nos ha deparado muchos sufrimientos por delante, está en nosotros ver las maravillas de la vida, aunque esta a veces nos quiera engañar con dolor. – Kingsley le sonrió a Harry abiertamente. Harry también le sonrió pero enseguida notó unos rizos rubios saltando en búsqueda de su cabeza.
- Oh, no de nuevo... – Dijo Harry desganadamente, Kingsley que se había dado cuenta de la situación rió.
- Vete rápido, yo la distraeré.
Harry no necesitó escuchar más que eso para alejarse hacia la muchedumbre y mezclarse entre la gente, ya había advertido al Profeta y demás periódicos que no deseaba dar entrevistas en absoluto ese día, los periodistas (incluida Rita Skeeter) tendrían que esperar unos días cuando tal vez se sintiera mejor para hablar de lo sucedido, pero por el momento deberían conformarse con otros sobrevivientes de la batalla que quisieran contar sus experiencias a los medios.
Con destreza se escabullo entre unas brujas jóvenes que no paraban de saltar frenéticamente al compás de la música de la banda que tocaba en vivo y recitaba repetidamente "La liberta del mago, va más allá de su sangre, va más allá de su origen" e ignorando como estaba acostumbrado a cada persona que lo señalase y lo mirase con asombro y una admiración algo extraña, pudo hacerse paso entre la gente y llegar hasta dónde Hagrid charlaba, aun con ojos hinchados y rojos, con la profesora McGonagall (la cuál tenía una sonrisa que pocas veces había visto, y le pareció a Harry, lucía más joven) y el profesor Flitwick quien vestía una lujosa túnica de terciopelo color azul francia con bordados de runas en hilo dorado. Los tres le sonrieron al verlo acercarse, y Fang se le abalanzo para intentar lamerle la cara. El clima que reinaba en esa fiesta era, pese a toda la tristeza por las muertes, de felicidad y relajación. Harry pensaba, mientras escuchaba a Hagrid relatar una vez más con emoción lo espectacular que había estado en el Gran Salón al enfrentarse a Voldemort, que seguramente una fiesta así se debía haber dado tantos años atrás, cuando apenas él era un bebé y sus padres habían muerto. Era doloroso festejar luego de entierros, aun la gente no asimilaba la perdida de tantos seres queridos. Harry sacudió la cabeza, no quería más de esos lúgubres pensamientos en su cabeza, Kingsley tenía razón, como la señora Weasley, y ahora era momento de que disfrute todo lo que habían logrado él y sus compañeros de batalla. Distraído miró la pista de baile, debajo de un manto de luces doradas que se habían encendido al caer del todo el sol, sus mejores amigos, Hermione y Ron, bailaban lentamente, muy juntos uno del otro. Era increíble verlos así, pensó Harry, después de todos esos años dónde más de una vez la amistad de ellos dos había peligrado. Era increíble que hacía unos meses nada más Harry había sentido por un instante que la amistad de Ron había desaparecido, dejandolo a él y Hermione perdidos y preocupados en medio de una batalla. Pero siempre supo que la amistad de Ron era incondicional y fuerte, pese a que él dudase de sí mismo todo el tiempo.
Cuando terminó la canción se les acercó, ellos lo miraron sonrientes, y pasó un brazo por encima de los hombros de sus mejores amigos en un gran abrazo que se movía al compás de la música.
El verano se fue apoderando de los días poco a poco con un calor amenazante y agotador. Había días en los que Harry dudaba si era realmente el clima o eran los efectos de ver a Ginny a diario cada hora de su estancia en la Madriguera.
Una pila de libros descansaba en el escritorio, Harry miraba por la ventana como el señor Weasley y Percy se iban al trabajo. La respiración de Ginny lo sacó de su distracción momentánea. Se encontraba a metros suyos recostada en su cama, dormida en una posición de lo más graciosa, como si hubiese querido leer demasiado de cerca un libro, ya que le estaba tapando por completo la cara con un texto que decía "Encantamientos avanzados Tomo I". Harry rió para sus adentros, pero Ron que también se había percatado de que Ginny estaba dormida, no dudó en reírse lo suficientemente fuerte como para que ella se despertase confundida quitándose el libro de su cara e incorporándose para volver a la lectura.
Aunque era difícil de explicar, Harry extrañaba eso, ver todos esos libros a ser leídos, esos pergaminos a ser llenados; a veces se sentía que el espíritu de Hermione se había apoderado de su cuerpo. Él había llegado a pensar que jamás volvería a tener la oportunidad de seguir sus estudios, y de llegar a tener momentos tan relajados como los que estaba viviendo en La Madriguera. Pero Ron no estaba tan de acuerdo, se quejaba a cada momento de lo inentendibles que eran los textos cuando un profesor no dictaba la clase, y de que peor aun, cuando Hermione no estaba para repetirle la explicación o directamente hacerle sus deberes, pero Harry sospechaba que en el fondo no era exactamente eso lo que Ron más extrañaba de ella.
Los días transcurrían tranquilos y serenos en La Madriguera, cada vez la señora Weasley sonreía un poco más y su rostro tomaba más color, el resto de la familia evolucionaba a su paso, aun que siempre quedaba un tinte de tristeza en el ambiente, Harry suponía que era algo que jamás se superaría del todo, la ausencia de Fred era muy notoria.
Pese a que Harry ya había declarado algunas preguntas al Quisquilloso y que muchos de los demás partícipes de la batalla habían descrito para otros medios todo lo sucedido en la Batalla de Hogwarts, algunos periodistas y fanáticos de Harry aparecían, acosadoramente en los jardines, cuando él solo intentaba distenderse de los estudios jugando al quidditch con Ron y George, que desde la muerte de su hermano gemelo se había quedado en casa y había cerrado por unos días su tienda hasta sentirse con más fuerza.
Lo peor de la intromisión de los periodistas llegó una tarde. Era un atardecer especialmente anaranjado en el que Harry y Ginny habían caminado alejándose lo más posible de La Madriguera. Se resguardaron bajo la sombra de un sauce para poder pasar un momento íntimo de esos que hacía demasiado que no tenían el gusto de disfrutar. Enfrascados en un beso apasionado ambos escucharon un sonido seco de una cámara fotográfica que rompió con el silencio espeso del campo, que hasta ese instante, solo se interrumpía por el roce de sus ropas al abrazarse. Separándose apresuradamente uno del otro, Ginny tomó un color rojizo que Harry no pudo deducir si era producto de la vergüenza o de la ira por haber sido descubierta y retratada en un momento tan íntimo. Harry lo primero que hizo fue mirar en la dirección en la que le pareció oír el sonido, pero ya era muy tarde, solo visualizó una espalda con una túnica de verano color negro la cuál ni siquiera se podía distinguir si estaba vestida sobre un hombre o una mujer, y que apenas Harry comenzó su carrera para alcanzarla desapareció en un abrir y cerrar de ojos. Lanzó unas cuantas palabrotas al horizonte mientras se secaba el sudor de la frente.
- Bueno… - le dijo una Ginny que ya había recobrado su color de piel natural y lo había alcanzado – al menos es una carga menos…
- ¿De qué hablas? – Le dijo Harry mientras emprendían la caminata de vuelta a La Madriguera tomados tímidamente de la mano.
- De que nos ahorramos el embarazoso momento de tener que contar esto formalmente a mis padres, aunque claro, nos espera una conversación, aunque diferente a la pensé que habría, y mucho antes de lo querido.
Y en efecto, a la mañana siguiente Harry entró sigilosamente a la cocina, como pensando que si no lo veían entrar podría pasar desapercibido toda la mañana, pero obviamente prácticamente ni bien una silueta se visualizó en el marco de la puerta las miradas del señor, la señora Weasley y Percy se giraron hacia él con caras confundidas. Ron trataba de tragarse una risa y de repente tenía pequeños atoros cuando una pequeña carcajada se le colaba entre las cucharadas de cereal que se metía en la boca. Harry respiró y se preparó para lo peor; primero pensó en quedarse parado hasta que Ginny se asomase por la puerta, pero en vista de que nada le aseguraba eso, trató de ignorar esas miradas y se sentó junto a Ron que estaba algo divertido de la situación.
Al instante Harry notó posado en la mesa El Profeta, y un título menor debajo de todo que decía:
"Harry Potter no pierde el tiempo y ya piensa en el amor"
El joven que hace unas semanas atrás cumplió con la profecía que lo indicaba como el elegido y destruyo final y definitivamente al oscuro y tenebroso mago Lord Voldemort, fue descubierto en la tarde de ayer, cercano a la casa de la antigua familia de magos Weasley, besándose apasionadamente con la bruja más joven de la casa. Continúa en página 15.
A Harry se le achicó el estomago. Levantó la mirada agradecido de que la foto no haya salido en primera plana pero con la certeza de que se encontraría en la página que indicaba al final de la pequeña reseñaba que acababa de leer. El señor Weasley tenía la mirada clavada en él, mezclada de confusión y, quizá por imaginación de Harry, enojo. La señora Weasley estaba de pié y lo miraba mordiéndose el labio inferior y retorciendo distraídamente un repasador. Al final fue el señor Weasley el que rompió el silencio.
- Harry, bueno, en vista de las… evidencias… quisiéramos hablar contigo de cierto tema, que creo que ya sospechas cuál es. – Le dijo tratando de sonar tranquilo y despreocupado con una muy mala actuación. Pero ni bien Harry abrió la boca para emitir una respuesta fue interrumpido por la voz de Ginny.
- ¿Evidencias¿Qué es esto¿Un crimen? - Soltó mientras aparecía en la cocina con aire seguro y se quedaba parada mirando a su padre que se había sobresaltado con la aparición de ella.
- Ginny, esa no es manera de dirigirte a tu padre – Le reclamó la Señora Weasley con tono imperante.
- Tampoco es manera de referirse a haber descubierto el amorío de su hija. – Le respondió Ginny un poco furiosa.
- Entonces es cierto – dijo Percy con la cara algo seria.
- Bueno, sí, no siempre El Profeta dice mentiras – comentó Ginny recordándole a Harry que ya había escuchado esa frase anteriormente – pero estoy segura de que han exagerado todo.
Ginny tomó el periódico que estaba sobre la mesa y buscó la página correspondiente al artículo que temía mirar Harry. Ahí estaba, debajo de la nota sobre la separación de la banda musical "Los Calderos Picantes", había una fotografía enorme y animada en la que claramente se veía a Ginny y Harry enfrascados en un apasionado beso mientras ella le acariciaba el cabello con entusiasmo. Ginny enrojeció, pero Harry para contrastar, empalideció. La foto era más clara de lo que se esperaba, demasiado más clara. Mientras Harry terminaba de digerir la fotografía leyó algunas frases exageradas al azar que aseguraban que esa era "la única foto publicable para magos de todas las edades" y que "al parecer esta sería recién una de las primeras jóvenes con las que Harry Potter disfrutará por el honor de haber salvado a Gran Bretaña", no necesitó leer el nombre de la autora de la nota para saber a quién podrían pertenecer ese tipo de frases, así que levantó la vista y enfrentó a los padres de Ginny.
- Señor, señora… Lamento que se hayan enterado de esta forma que Ginny y yo somos más que amigos, pero realmente sentíamos que no era momento para estar hablando de esos temas- Se disculpó Harry tratando de no mirarlos demasiado fijo.
- De hecho – lo interrumpió nuevamente Ginny – Harry y yo habíamos estado saliendo un tiempo antes de… Antes de la muerte de Dumbledore, pero cuando Harry tomó la responsabilidad de buscar a Voldemort y destruirlo tuvimos que separarnos. Lo de ahora es muy reciente. – Las palabras de Ginny sonaron tan maduras y correctas que Harry no podía creer que fueran de ella, quien hacía unos instantes parecía que montaría la peor escena de una adolescente rebelde.
- Bueno, ya veo… - Dijo el Señor Weasley dudando – la verdad es que nos ha tomado por sorpresa, chicos, no… No lo imaginábamos, no nos malinterpreten, no es que no nos guste, pero simplemente no lo habíamos sospechado jamás. – Hizo una leve pausa – y además, cuesta caer en la idea de que nuestra hija menor ya no es tan pequeña.
- ¡Oh, Ginny! – La Señora Weasley no contuvo más su emoción y lagrimeando abrazó a su hija – ¡Creciste tan rápido! Esto es hermoso, hija – le dijo mientras la soltaba y Ginny se acomodaba al lado de Harry quien tomaba café respirando más tranquilo - ¡Los Weasley y los Potter se emparentarán!
Con el sonar de esa frase muchas cosas pasaron en un segundo, Harry escupió su café, el Señor Weasley se atragantó con una tostada y empezó a toser incontroladamente mientras Percy le daba golpes en la espalda de manera torpe, a la vez que Ginny se paraba de un salto enrojecida nuevamente.
- ¡Mamá¡Te estás precipitando mucho! – gritó Ginny.
- ¿Pero qué dice? Después de esa foto, es obvio que deben estar tomándose esto enserio. – Le devolvió la Señora Weasley algo ofendida.
- Molly, cariño – le dijo el Señor Weasley con los ojos llorosos y la voz ronca por culpa de la tostada que se le había atorado – creo que es muy precipitado hablar de esas cosas en este momento. Como dijeron los chicos, no nos querían contar, porque lo mejor es tomárselo con calma. Fue muy desafortunado que ese fotógrafo los haya encontrado, pero es una advertencia para decirles que deben tener más cuidado de ahora en adelante.
Harry no necesitó más advertencias y de ahí en adelante él y Ginny comenzaron a ser aun menos demostrativos de lo que eran antes. Por un lado no podían ser cariñosos fuera de la madriguera, porque lo más seguro era que más fotógrafos estuviesen a la caza de imágenes de la nueva pareja, y dentro de la casa se sentían muy observados por la familia Weasley, y ni hablar de dejar las puertas cerradas si estaban a solas en alguna habitación, ya fuese el señor Weasley o Percy siempre estaban atentos para abrirlas por cualquier excusa y siempre misteriosamente olvidaban volver a cerrarlas. Ginny resoplaba fuertemente cada vez que esto ocurría, pero para la suerte de Harry que no quería más problemas, ella se limitaba a hacer bufidos pero no comenzaba grandes discusiones sobre el tema, y se contentaba con poder hablar con él, estudiar juntos y robarse un par de besos antes de irse a dormir cuando ya todos estaban en sus habitaciones.
Un mediodía cuando el verano ya estaba bastante avanzado y los tres estudiantes se encontraban en la habitación de Ron acalorados entre libros y vasos de jugo de calabaza con mucho hielo, en la ventana se posó una lechuza castaña rojiza con un sobre agarrado en una de sus patas. Ron se acercó a la ventana y le quitó la carta acercándole un cuenco con comida para lechuzas que pertenecía Pigwidgeon.
- ¡Es de Hermione! – Exclamó Ron, él cual desde la partida de ella se había mostrado algo más desanimado y con la mirada perdida, aunque era difícil de saber si la causa era esa o la muerte de su hermano.- Nos invita a su casa a los tres para que podamos estudiar ahí, dice que nos extraña pero que a la vez quiere pasar tiempo con sus padres.
- Genial. – Dijo Harry que se había acercado a mirar la carta escrita en letra pulcra de Hermione.
- Oh, yo paso. – Dijo Ginny desganada. – Ya quedé con Luna en que vendrá dentro de dos días a estudiar conmigo en casa. – Al oír eso Harry se desanimó un poco, ya se había acostumbrado a estar junto Ginny todos los días, aunque el ambiente en ese momento no era el mejor y tal vez convenía escapar de La Madriguera unos días.
- De todas formas quizás tus padres no te dejen viajar conmigo. – rió Harry y Ginny le sonrió.
- Bueno… tal vez seamos dos los que nos quedemos en casa… - Dijo Ron con una voz algo apagada y la mirada perdida.
- ¿De qué hablas? Si te mueres por volver a ver a Hermione. – Le dijo Harry sin comprender que le ocurría a Ron.
- Es que… Olvídalo, no lo entenderías. – Dijo saliendo de la habitación aun con la carta en la mano. Harry confundido miró a Ginny quien le devolvió una mirada similar.
