Disclaimer: Los personajes son propiedad de Stephenie Meyer, sólo la trama es mía.


-2-

No me gustaba la lluvia, pero no podía evitar observar las finas gotas estrellarse contra los cristales. Aquel día no había sido distinto anterior. El cielo había amanecido encapotado y así había permanecido hasta el anochecer, sin dejar de llover.

Las tormentas me recordaban a mi última noche como un Deimos. Siempre pasaba igual. Recordaba los ojos grises de la niña y el cuerpo maltratado de su madre, recordaba incluso el sabor de su sangre, recordaba las vacías palabras de Aro recriminándome e insultándome, llamándome débil, asegurándome que era una vergüenza para los vampiros. Y todo aquello me dio igual en aquel tiempo. Yo hice lo que creí conveniente. No podía continuar matando humanos, pero el recuerdo de la sangre de la mujer todavía me hacía poner ansioso. Era la última vez que había tomado sangre humana, y francamente, la echaba de menos.

Cerré los ojos durante unos largos minutos, queriendo escuchar el ruido de la lluvia, pero lo único que se colaba en mis oídos era la voz y los gritos de Emmett. Se encontraba jugando al ajedrez con Edward, y cada vez que perdía se enfadaba y comenzaba a maldecir.

Escuché unos pasos fuera de la habitación, y a los pocos segundos oí el ruido que profirió la puerta al abrirse.

-Carlisle, tienes visita –le informó Esme. Ella era su compañera. Él la había salvado de la muerte convirtiéndola en vampiro varios años atrás.

Fue ella la primera que me dedicó una sonrisa sincera –sin conocerme siquiera, – la primera vez que me vio. Por eso no me molestaba en absoluto su presencia en la mansión. Esme siempre había sido muy amable con todos a pesar de que a mí no me gustaban mucho las muestras de afecto. No es que no me gustaran, es que no estaba acostumbrado a ellas, por eso me hacían sentir incómodo.

-¿Quién es a estas horas? –preguntó Carlisle con el ceño fruncido, levantándose de su sillón predilecto.

Me tensé, esperando que Esme dijera que la persona que había venido era un Deimos, pero sonrió con la sorpresa marcada en sus facciones.

-Es una humana –todos la observamos en el momento en el que oímos su respuesta. Aquello tenía que ser alguna broma.

-¿Una humana? –preguntó Edward como si no terminara de creerse aquello que estaba oyendo.

Esme asintió.

-¿Quieres decir que no se ha equivocado? –supuso Carlisle, intentando buscarle una respuesta lógica a aquel embrollo.

-Ha preguntado por ti, y me ha dado la impresión de que sabe lo que somos.

Pensé que a Carlisle se le saldrían los ojos de las cuencas, al igual que a Emmett y a Edward, que observaron a Esme con excesiva confusión.

-Voy a ver qué es lo que quiere –murmuró Carlisle desconcertado, comenzando a caminar hacia fuera de la sala.

Edward y Emmett se miraron, se encogieron de hombros y después continuaron jugando. Yo por el contrario salí de la habitación sin que nadie me dijese nada y caminé lentamente hasta el vestíbulo. Tenía mucha curiosidad por saber quién era ella, pero aquello me daba mala espina. Tenía un mal presentimiento y yo solía ser siempre muy intuitivo.

Me detuve en lo alto de las escaleras, detrás de una columna para que nadie advirtiera mi presencia. Me asomé un poco para ver a la humana, y dejé de respirar cuando la divisé. No quería arriesgarme a oler su sangre y a delatarme de aquella forma tan ridícula.

En cuanto clavé mis ojos en ella, su rostro me resultó vagamente familiar. Yo la había visto en algún lugar anteriormente, pero no supe dónde. No era muy alta, pero sí delgada. Su cabello era castaño oscuro, liso y lo llevaba suelto. Pude apreciar que le llegaba casi hasta la mitad de la espalda y lo tenía mojado. Supuse que habría estado caminando bajo la lluvia sin paraguas. No era tan atractiva como lo solían ser las vampiras, pero seguro que resultaba atrayente para el resto de los hombres humanos.

Comprendí que estaba hablando con Carlisle, así que presté atención porque quería enterarme de lo que estaba ocurriendo en el vestíbulo:

-¿Tú eres Carlisle? –le preguntó ella con una voz aguda, aunque cortante.

-Así es. Me han dicho que ha preguntado por mí. ¿A qué se debe su visita?

Percibí que la joven se sorprendía ante el tacto y la educación de Carlisle, pero sólo fue un descuido momentáneo porque su rostro volvió a ser serio y frío a continuación.

-Quiero formar parte de su…hermandad –le explicó, y la seguridad con la que lo dijo me sorprendió incluso a mí.

-¿Perdón? –musitó Carlisle igual de atónito que yo. ¿Aquella niña quería formar parte de una hermandad de vampiros? Era lo más absurdo que había escuchado en toda mi existencia.

-Ya me has escuchado. Tengo entendido que los vampiros gozáis de un oído excelente, espero no haberme topado con la excepción –encima era arrogante.

-Sólo estoy sorprendido –se mostró Carlisle tranquilo ante su provocación. – ¿Puedo preguntar a qué se debe su interés en nosotros?

-Vosotros no me interesáis. Sólo quiero llevar a cabo mi propósito.

-¿Y cuál es?

-Necesito encontrar a los Deimos.

Me tensé al escuchar aquel nombre. ¿Ella buscaba a los Deimos? Sí, estaba totalmente loca.

-Sé que los Dagger combatís contra su hermandad. Yo lo único que quiero es acabar con uno de ellos.

-¿Comprendo por tus palabras que lo que en realidad buscas es una venganza?

-Exactamente –le respondió con seguridad.

-Señorita, nosotros no matamos a los Deimos. Sólo lo hacemos cuando es estrictamente necesario. Nosotros otorgamos protección a los humanos.

-Sí, y eso está muy bien, pero sé que no podré hacerlo sola. No sé como distinguir a un Deimos de un Dagger, y tampoco sé los lugares que ellos frecuentan. Créeme, entrar aquí es lo último que deseo, pero haré lo que sea con tal de obtener mi venganza.

Estaba totalmente sorprendido con aquella jovencita. No tendría más de veinte años y hablaba como si fuese una verdadera experta en el tema de los vampiros. Además de que era vengativa, y me gustaría saber cuál era su motivo.

-Mire, supongo que está al corriente de que todos los que estamos aquí somos vampiros…

-Sí, y la respuesta a la pregunta que has estado a punto de hacer es no, no quiero convertirme en uno de vosotros. Prefiero morir de la forma más cruenta posible antes que transformarme en una chupasangre, sinceramente, pero ya te he dicho que estoy dispuesta a cualquier cosa con tal de llevar a cabo mi venganza.

-No creo que esté preparada para luchar contra un vampiro. Usted es…

-¿Resulta que ahora también existen los vampiros machistas? Sólo porque soy una mujer…–comenzó a quejarse, pero al parecer Carlisle se hartó de su actitud punzante y la interrumpió:

-No me refiero a eso. No podrías matar a ningún vampiro aunque fueses el humano más fuerte del mundo –le aseguró olvidando su buenas maneras. Era normal, aquella chiquilla me estaba poniendo nervioso incluso a mí.

-Estoy preparada. Estoy segura de que podría acabar con cualquiera de vosotros –aseveró ella muy segura de sí misma.

-Te matarán.

-No me importa. No tengo a nadie por quien vivir. Nadie me espera. Y morir por esta causa no me molestaría.

Aquella humana estaba llena de odio y me recordó algo a mi antiguo yo.

-Mira…si me vas a decir que no puedo quedarme me da igual, seguiré buscando a los Deimos yo sola, tú no me vas a meter miedo, voy a hacer lo que me dé la gana –decretó cruzándose de brazos. En aquel momento me percaté de que llevaba los pantalones llenos de barro y de que acarreaba con una mochila algo rasgada, colgada de su hombro izquierdo.

-Eres libre de quedarte si quieres, yo no te lo voy a impedir. Pero me gustaría que estuvieses informada del lugar en el que vas a estar.

-Sí, lo sé todo. Pero no me dais miedo.

-Eso es bueno, supongo –se encogió de hombros Carlisle. – ¿Puedo preguntar contra quién va dirigida tu venganza? –le inquirió, y me concentré más, ansioso por escuchar su respuesta.

-Yo…no lo sé –musitó ella, y percibí algo de vergüenza en su voz.

-¿No lo sabes?

-Lo sabré en cuanto lo vea.

Seguramente Carlisle estaba tan sorprendido como yo, así que me asomé para observar el rostro de aquella humana.

-Estoy buscando al asesino de mi madre –habló al fin, sacándonos a Carlisle y a mí de nuestro asombro. –Un Deimos asesinó a mi madre delante de mí cuando yo tenía seis años, y desde aquel día me prometí a mí misma que no dejaría de buscarle. Quiero que acabe igual que ella, que me pida perdón y suplique mi clemencia. Pero yo no se la daré –le reveló con rencor.

Me quedé inmóvil ante sus palabras. De repente supe de qué la conocía.

-Siento mucho lo que te ocurrió pero… ¿estás segura de que matar al asesino de tu madre te va a hacer sentir mejor?

-Sí, estoy segura. Es lo que se merece. Mi madre era la mujer más buena del mundo, y ese vampiro la mató sin compasión y sin miramientos. Ella merece que vengue su muerte –descubrí que sus manos se habían cerrado en puños mientras le explicaba su historia a Carlisle, y supe que sus amenazas eran reales. –Lo único que recuerdo del chupasangre que la mató es que era rubio, y sé que sabré quien es cuando vea sus ojos rojos, llenos de maldad y de odio. Lo único que merece es la muerte, y eso es lo que le voy a dar –determinó ella tranquilamente, como si matar vampiros fuese algo normal.

No me lo pensé dos veces cuando eché a correr hacia la primera ventana abierta que encontré. Salté por ella, queriendo desaparecer del mundo en aquel mismísimo momento. Corrí como no lo había hecho nunca, sin importarme los humanos, sin importarme la lluvia que me empapaba. Estaba perdido en un mar de sensaciones nuevas.

Era ella. La niña de los ojos grises. La niña del callejón. La niña que me observó con furia quince años atrás. Había venido buscando venganza. Había venido a buscarme a mí.


Imagino que ya sabréis quién es la humana, ¿no? ;P

Ahora se empiezan a poner buenas las cosas... Jojojo...¿Qué creéis que hará nuestro Jasper? o_o

Espero que os haya gustado el capi de hoy^^

¡Nos leemos el miércoles!

XOXO