¡Holis! ¿Como están lectores? Espero que se la estén pasando súper…este es el tercer capítulo de la historia, espero que les guste… ¡ah sí! Les quiero comentar que estoy trabajando en un nuevo fic y pronto lo publicare, así que espero que lo lean y que les guste, pero sobre todo… ¡DEJEN REVIEWS!

Disclaimer: los personajes de PoT no me pertenecen, son propiedad de Takeshi Konomi…cualquier duda sobre la serie se la hacen saber a él…XD.

Capitulo 3: Tokyo, Momoshiro y mi nuevo hogar.

Habían pasado dos meses desde que sus padres le habían confesado la verdad sobre su situación médica. No podía negarlo, había llorado como nunca y había sufrido mucho más. El único consuelo que le quedaba eran las visitas constantes de sus amigos y el saber que tenía la frágil esperanza de recuperarse. Las veces que había convencido a sus padres de regresar a la escuela, terminaron siendo un fracaso, sobre todo cuando audicionó para una obra de teatro.

Flashback

Había esperado más de una hora en una interminable fila, hasta que por fin fue su turno. Había repasado los dialogo como una maniática, y no estaba exagerando. Pronto audicionaría para una obra creada por un joven aficionado pero sería presentada en el teatro de la ciudad.

-Ryusaki Sakuno, pase al frente por favor.

Sakuno camino con pasos firmes, hasta llegar al escenario, subió las pequeñas escaleras y se posiciono en el centro.

-buenos tardes, yo les presentare el dialogo entre Giana y Luciano, del capítulo 7.

-adelante. –dijo una señora del jurado, de aspecto rudo y tenaz.

-muy bien, aquí voy: -"pero…tú no puedes irte Luciano. Este es nuestro sueño… luchamos por él. Tú no puedes dejarme sola porque…" –y fue en ese momento cuando un fuerte dolor en la sien envolvió a Sakuno en una ola de agonía. Trato de disimular pero de pronto todos los diálogos habían sido borrados de su memoria, como por arte de magia. A decir verdad, no era la primera vez que ocurría, pues en clases el mismo dolor la había afectado un par de veces, y constantemente olvidaba las cosas, pero aun así, sabia disimularlo.

-señorita, ¿se encuentra bien?

-si…si es solo que… -decía mientras trataba de mantenerse en pie. –es solo que… olvide el dialogo.

-¿Qué?... bueno, si es así, lo sentimos mucho pero usted no está calificada para protagonizar esta obra. Necesitamos personas con buena memoria, que sepan los diálogos al derecho y al revés, y al parecer usted tiene serios problemas con eso. Será para la próxima.

-pero yo…prometo hacerlo bien, deme una oportunidad.

-lo siento… ¡siguiente!

Sakuno no pudo contener las lágrimas y salió corriendo del lugar. Afuera del teatro encontró a su madre con un paraguas en la mano. Su desolación era tan grande que no se percato de la fuerte llovizna que caía sin detenerse. Su madre la abrazo y caminaron juntas hasta llegar a casa.

Desde ese entonces Sakuno renuncio a la escuela…y a su sueño de ser actriz.

Fin del flashback

Su madre estaba hablando por teléfono con su abuela, Sumire Ryusaki. Hacía mucho tiempo que no la visitaba, y hasta podía afirmar que, si algún día se la encontraba en la calle, no la reconocería. Sin embargo, recordaba fielmente los cálidos momentos que pasaron en familia.

Escucho como su madre colgaba el teléfono y se acercaba sigilosamente hasta el lugar en el cual estaba sentada.

-Sakuno, tengo que hablarte de algo muy importante. –dijo con una sonrisa matizada por un sentimiento de soledad.

-dime.

-hable con tu abuela. No sé si recordaras que ella trabaja como entrenadora de un club de tenis en una escuela secundaria, en Tokyo.

-no lo recuerdo muy bien…continua. –dijo sin saber a qué punto quería llegar su madre.

-bueno, es que…le comente lo del accidente y sobre tu actual condición de salud. –dijo Sayuri, esperando que su hija no se enfadara.

Pero lo que la audaz madre no imaginaba era que a estas alturas Sakuno se había dejado vencer por la resignación y la autocompasión, que podía fácilmente traducirse en una miserable lastima. Y peor aún, no se daba cuenta que ciertas acciones por parte de ambos conyugues alimentaban dichos sentimientos.

-entonces la abuela ya sabe…

-eso no es todo…me hizo una propuesta. Ella… quiere que te mudes a Tokyo.

-ya veo, entonces ella… espera un momento… ¡¿Qué quiere qué?!

-no te exaltes cariño, es solo que ella…me pregunto cómo ibas con los estudios y pues…tuve que decirle que no estabas en condiciones de seguir en la escuela a menos que fueran clases particulares o supervisadas, y tu sabes que nosotros no estamos en condiciones de pagar por ello.

-lo sé mama, pero…irme a Tokyo…no estoy segura si es lo correcto. –decía mientras un sentimiento de miedo crecía en ella.

-yo también pensé lo mismo al principio, pero…es una gran oportunidad. Podrás inscribirte en la escuela en donde labora y ella podría supervisarte y estar al pendiente de ti.

-pero… ¿y qué hay de papa? ¿El está de acuerdo?

-todavía no he hablado con el… pero estoy segura que accederá; es su madre.

-pero…

-esperemos a ver cómo reacciona. Solo quiero que lo pienses…es una gran oportunidad para ti.

Su madre la miro fijamente a los ojos, dio la vuelta y se marcho hacia la cocina para empezar a preparar la cena. Sakuno se quedo pensando y reflexionando las palabras de su madre. No podía negar que la propuesta de su abuela sería un gran beneficio para ella y para sus padres; podría terminar de estudiar y luego, si existiese la posibilidad, iría a la universidad, pues sus aspiraciones iniciales ya habían quedado enterradas en el fondo de su corazón. Lo cierto es que no quería convertirse en un estorbo para sus padres. Cuando decidió no volver a la escuela, su mente rondo muchas veces pensamientos que terminaban en una sola cosa: trabajo. Llego a pensar que la única solución para vencer y salir delante de su precaria situación sería conseguir un trabajo, que por lo menos lograra hacer frente a sus necesidades. Pero con esta nueva e innovadora propuesta, que parecía tan efímera e intangible para su alcance mental y emocional, por alguna extraña razón le daba seguridad y confianza, como la que brindaban los sueños infantiles, que hacían creer a los niños que podían ser capaces de volar con tan solo un poco de polvo de hada.

Al final de la semana ya tenía todas sus cosas empacadas, se había despedido de sus amigos y solo bastaba decir adiós a sus más remotos recuerdos, los que la había acompañado durante los años de niñez y reciente juventud. Un día antes del viaje, su padre la llevo a dar un paseo por las riveras del rio que corría cerca de la ciudad. Siempre iban a ese lugar cuando necesitaban hablar y desahogarse. Se sentaron frente al rio en un amplio banquillo de madera. Su padre suspiro y dijo:

-mañana es el gran día.

Sakuno lo miro y no dijo nada. La relación que tenia con sus padres era de mucha confianza, no tenia preferencias pues los trataba por igual, les contaba sus cosas por igual y los amaba por igual. Pero ese día no era de mucha alegría que digamos, aunque trataran de ocultarlo.

-Tokyo será una gran aventura para ti, es mucho más grande que Kyoto, conocerás a muchas personas, harás amigos nuevos, estudiaras y…

-no sigas por favor, papá.

-pero…

-no es necesario que finjas estar completamente feliz por mí, porque es igual de doloroso.

-mmm…lo siento. –su padre hizo una pausa, respiro profundo para evitar que las lagrimas salieran de sus ojos y hablo.

-¿recuerdas cuando eras pequeña y tus compañeros se burlaron de ti por ser muy mala para los deportes?

-si…lo recuerdo. Ni siquiera podía patear correctamente el balón de futbol.

-¿recuerdas que lloraste por dos días y me dijiste que nunca más practicarías deportes porque nunca serias buena para algo así?

-si…

-¿y recuerdas lo que yo te dije?

Sakuno lo observo y movió su cabeza en un signo de afirmación.

-me dijiste que no tenia caso llorar por cosas como esas y… si no era buena para algo no significaba que fuera mala para todo y…para ser alguien mejor debía conocer mis debilidades y fortalecerlas…

-así es. Y también te dije que si algo no te gustaba no te obstinaras en odiarlo e ignorarlo, simplemente debías sustituirlo… y fue allí cuando decidiste convertirte en actriz. Hoy te digo lo mismo… Observa la corriente del rio, ¿Qué es lo que ves?

-pues… -Sakuno observo con detenimiento el movimiento del agua y respondió. –siempre está en movimiento. No se detiene.

-así es. De ahora en adelante tú debes ser como la corriente del rio, seguir hacia adelante, ser constante y perseverante…solo así llegaras a ser alguien grande. Tienes una debilidad y lo sabes, no te angusties por lo que vendrá, solo continua de frente, se cuidadosa y piensa dos veces las cosas… por el momento debes posponer tu sueño y pensar en ti, en lo que puedes hacer mientras te recuperas, en lo que eres capaz de hacer, sin miedo de lo que puedan decir los demás. La vida te ha dado una segunda oportunidad, solo tienes que aprovecharla.

Sakuno escuchaba atenta las palabras de su padre, mientras en su corazón crecía una emoción inmensa que termino desbordándose en el llanto. Kenichi la abrazó fuertemente y le dijo casi en un susurro.

-pero sobre todo…no cambies. No permitas que tus cualidades y tu bondad desaparezcan, no te dejes pisotear y se libre de todos tus remordimientos. Siempre estaré contigo.

-gracias papá. Prometo esforzarme y no dejarme vencer por mis debilidades… Te quiero.

-y yo a ti. Nunca lo olvides

Se quedaron un rato más en la misma posición, hasta que el sol comenzó a ocultarse y emprendieron el camino a casa.

Al día siguiente se encontraban todos juntos en el aeropuerto, más un par de amigos de Sakuno, que a pesar de haberle prometido que no llorarían, no pudieron contenerse y lloraron aun mas que ella. Sayuri, su madre, le indico un millón de cosas que debía y no debía hacer.

-recuerda comportante como te dije con tu abuela, no olvides tomarte tus medicamentos a la hora que corresponde, si el clima está muy frio utiliza abrigos y guantes, si te sientes mal en la escuela no dudes en comunicárselo a tu abuela, no seas desobediente, no hables con extraños, no vayas muy seguido a fiestas y mucho menos tomes alcohol, no trasnoches y escoge bien a tus amistades, pero sobre todo, mira a ambos lados antes de cruzar la calle.

-¿eso es todo mamá? –dijo Sakuno con un tono irónico.

-sí, eso es todo.

En ese momento una voz que resonaba en todo el aeropuerto les indico a los viajeros con destino a Tokyo que podían abordar de inmediato, que en 20 minutos despegaría el avión.

Sakuno tomo sus maletas y camino en dirección a un par de jóvenes aeromozas que esperaban en la entrada de un pasadizo para tomar sus boletos y así poder abordar el avión.

El vuelo duro aproximadamente 3 horas. Trato lo más que pudo de mantenerse despierta a lo largo del viaje pero el sueño la envolvió y no pudo ver el paisaje a través de la ventanilla, como tanto quería. Se despertó solo minutos antes de que el avión aterrizara. Al bajarse de este, busco sus maletas y a la persona que llegaría a recogerla.

Al principio trato de concentrarse y visualizar a alguien que tuviera el aspecto de su abuela, pero no lo consiguió. Se sentía asustada y las lágrimas poco a poco se acumularon en sus ojos, amenazando con salir en cualquier momento. Cuando de pronto sintió una mano en su hombro, se estremeció pensando que era algún ladrón, levanto lentamente su rostro y lo único que pudo ver fue el rostro de un joven, bastante apuesto, de ojos color violeta y con una sonrisa de oreja a oreja que le dijo:

-hola, soy Momoshiro Takeshi, tú debes ser la nieta de la entrenadora Ryusaki, ¿cierto?

-yo…ah, si…soy yo. Me llamo Sakuno Ryusaki. Mi abuela…

-Tu abuela me mando a mí a recogerte, es que en este momento se encuentra muy ocupada y no podía venir.

-¿y cómo supiste quién era? –dijo Sakuno tratando de convencerse de lo que le decían.

-pues… -dijo Momoshiro sacando algo de su bolsillo. –ella me dio esta foto de ti. Supongo que no has cambiado nada. –dijo mostrándole la fotografía.

Sakuno tomo la foto y la miro. Era de cuando cumplió 10 años. Recordó que esa fue la última vez que había visto a su abuela. Momoshiro tenía razón, no había cambiado nada.

-¿tienes algo más por hacer aquí? –dijo observándola con detenimiento.

-no.

-bien, entonces podemos irnos.

-de acuerdo.

Sakuno estaba a punto de tomar sus maletas, cuando Momoshiro se adelantó y las tomo antes que ella. Este se volteo a verla y le dijo sonriente:

-por cierto, puedes llamarme Momo.

Sakuno lo miro y sonrió levemente.

-está bien… "Momo".

-perfecto. Bueno, es mejor que nos demos prisa, supongo que deseas ver a tu abuela y descansar lo más pronto posible.

-mmm…algo así. En realidad creo que ya descanse lo suficiente, solo quiero ver a mi abuela.

-de acuerdo. Te llevare a su casa, de seguro ha de estar esperándote.

Ambos salieron del aeropuerto, tomaron un taxi y comenzaron a entablar una conversación.

-¿de dónde vienes? –dijo Momo con curiosidad.

-de Kyoto. Pensé que mi abuela te lo había dicho.

-no, solo me dijo que estaba esperando a su nieta, pero no podría ir a traerla al aeropuerto así que me pidió el favor de hacerlo por ella.

-debes tener mucha confianza con ella.

-mmm supongo. Creo que es porque tengo mucho tiempo de conocerla.

-¿y cómo es ella?

-Jejeje ella es…tranquila, mientras no la hagas enojar. –dijo Momoshiro con una gota en la cabeza, sonriendo de manera dudosa.

Sakuno lo observo con un poco de miedo, mientras se imaginaba a su abuela con fuego a su alrededor y un látigo en su mano, con una risa maniática saliendo de su boca. Se estremeció y movió de un lado a otro su cabeza en señal de tratar de olvidar esa idea.

Así continuo el recorrido hasta llegar a un vecindario alegre con niños jugando en las calles, perros ladrando, pajarillos cantando, y un sinfín de cosas ruidosas. Eso extraño mucho a Sakuno, pues creía que su abuela viviría en un lugar tranquilo sin muchos ruidos ensordecedores. Nunca imagino esta situación. Momo y ella, bajaron del taxi, tomaron el poco equipaje y se adentraron en la casa.

-hogar, dulce hogar. –dijo Momo suspirando. –al parecer tu abuela aun no llega, será mejor que la esperemos.

Sakuno quedo maravillada de la casa, que a pesar de no ser tan lujosa, era perfecta. Su calidez y aire familiar la indujeron a recorrerla casi al instante de pisar el suelo por primera vez. Momoshiro solo la observaba con detenimiento. Ella rozaba con sutileza cada uno de los cuadros y fotografías, los sillones, la cocina, la alacena, los pequeños adornos…todo era perfecto. Luego de unos minutos de contemplación, Momoshiro observo su reloj y se dio cuenta que ya era muy tarde.

-lo siento Sakuno, pero tengo que irme. No salgas sola de la casa, si necesitas algo, puedes llamar a tu abuela o a mí, mi número está en la agenda junto al teléfono. Fue un placer haberte conocido…nos vemos luego. –dijo saliendo rápidamente de la casa y comenzando a correr.

Sakuno lo observo alejarse, cerró la puerta y continúo con su exploración. Decidió darle un vistazo a las habitaciones, subió las escaleras y divisó dos puertas, una frente a la otra. Abrió la que estaba a su derecha y entró. Era increíble. Supuso que esa sería su nueva habitación, pues era color rosado pastel, con pequeños detalles en verde y blanco. Era muy amplia y tenía una ventana por la cual se podía ver la calle y los niños jugando. Observo la cama y de inmediato se recostó en ella, quedando dormida unos segundos después, pensando en todas las cosas que vendrían a partir de ahora.

Continuará…