Campamento Mestizo

Los siguientes días parecía que Tántalo había conseguido su propósito de torturarnos, o a Percy al menos.

Entiendo el que Percy estuviera incomodo con el hecho de que tuviera un hermano de un solo ojo, que pasara de ser 'Percy Jackson, el tío guay que salvo al mundo' a ser 'Percy Jackson, el pobre pringado que tiene un monstruo por hermano'

Lo único que me molestaba de esta situación es lo estúpido que está siendo Percy. Repito que entiendo que esté molesto, pero no por eso tiene derecho a cada minuto que Tyson no está cerca intente convencer a los campistas de que no están tan emparentados.

Annabeth intentó hacerlo sentir mejor diciendo que hicieran un carro para distraerse de los problemas del campamento. Intentaron que me uniera, pero sinceramente prefería pensar dónde podía estar esa fuente de energía mística capaz de curar el árbol de Thalia, además de que no iba a ser partícipe en ningún espectáculo que entretenga a Tántalo.

"Hola, Goku, ¿Qué haces?" me preguntó Hestia mientras pensaba en eso en el lago de canoas.

"Pensar en dónde podría estar lo único que puede curar el árbol. Esta no será una de esas cosas en la que no me puedes ayudar por ser una diosa y no poder interferir, ¿verdad?"

"Lo siento, pero este es uno de esos casos. Además, debéis proteger el campamento"

"Ya lo sé, pero la mejor manera de proteger el campamento es encontrando eso. ¿No puedes decirme al menos qué es?"

"Me gustaría, créeme, pero ahora que eres mi Campeón no puedo ayudarte tanto como me gustaría" dijo apenada

"No te preocupes" dije sonriendo mientras invocaba un poco de comida, ventaja de ser su Campeón. "Con este truco y con el hecho de que también puedo crearme ropa, créeme que me has ayudado muchísimo. Y quién sabe, con suerte descubra pronto que es lo que busco"

"Ya sé que el campamento está en peligro pero, ¿por qué te centras tanto en salvar el árbol? No lo malinterpretes, pero por lo que contaste de que provienes de una raza guerrera, ¿no deberías estar encantado con la idea de poder luchar con cientos de monstruos?"

"No es solo evitar que los monstruos arrasen el campamento es…. una esperanza"

"¿Qué quieres decir?"

"Yo puedo detectar la energía de algunos seres vivos, entre ellos el árbol de Thalia. Por lo que tengo entendido el árbol se nutre en cierta manera de la fuerza vital de Thalia y creo que es posible que, si esa fuente de energía es lo suficientemente potente, no solo cure el árbol sino también que 'reviva' a la propia Thalia. Sé que las posibilidades son bajas, pero veo que es la única manera de conocerla, además de que nos salvo a todos hace seis años y ese árbol es lo único que queda de ella. Es su legado. No puedo permitir que sea destruido, sería como si dejáramos que muriera otra vez"

"Tienes razón. Deberías conseguir una misión para buscarlo. En cuanto descubras que buscas claro"

"¿Cómo podré descubrirlo si no me lo dices?"

"Bueno, siempre puedes buscar información sobre objetos curativos o esperar a que en un sueño te lo muestren o confiar en que Annabeth lo descubra pronto. Después tendrás que saber dónde buscar"

En ese momento resonó en mi cabeza lo que dijeron la Hermanas Grises "La posición que buscáis….30, 31, 75 y 12"

"¿Coordenadas?" Pensé.

"Supongo que tienes razón. Se está haciendo tarde y después de haber estado entrenando debería darme una ducha. Nos vemos en la cena, ¿vale?"

"Claro, hasta luego" dijo mientras se marchaba, aunque no parecía del todo contenta.

Salto de línea

Durante los dos siguientes días intenté alejar mi mente del asunto del árbol. Estuve entrenando unas cuantas horas al día, dando sugerencias a Percy y Tyson sobre su carro, al final Percy se peleó con Annabeth y no iban a hacer el carro juntos, una lástima teniendo en cuenta que contando con un hijo del padre de los caballos y una hija de la creadora de los carros ese deporte debería haber sido pan comido para ellos.

Durante las lecciones de montar en pegaso que le daba Silena a Percy, sugerí en más de una ocasión que echáramos alguna carrera sobretodo porque lo veía tranquilo a los lomos del pegaso, algo lógico ya que en parte son creación de su padre. Era una lástima, sin embargo que Tyson no pudiera unirse. El quería montar en un 'poni gallina' como los llamaba, pero no hacía falta comunicarse con ellos para saber que le tenían miedo, lo que desembocaba en que el grandullón acababa llorando.

El único campista que lo trataba realmente bien era Beckendorf, que se lo llevaba a la forja a enseñarle a trabajar el metal. Decía que pronto estaría creando objetos mágicos sin problemas.

Normalmente, cuando Percy iba a entrenar en la arena, prefería quedarme mirando, viendo como hacía morder el polvo con suma facilidad a los hijos de Apolo y como luchaba de igual a igual con Clarisse y otros hijos de Ares. En esos momentos me daba cuenta de que, aunque mis entrenamientos con él no eran muy intensivos sí que daban resultado. Al final siempre terminaba luchando con él, permitiéndole usar sus poderes para que el hecho de que estuviera cansado no supusiera una gran desventaja. Al final acababa ganando, pero veía que cada vez era un poco más rápido y hábil en sus ataques.

Sinceramente no le veía el sentido a asistir a unas clases de tiro con arco. Vale, me ayudaría a mejorar mi puntería con el arco, pero no tenía ninguna lógica para mí disparar unas flechas cuando puedo generar esferas de energía lo suficientemente potentes como para derribar un edificio, y me quedo corto, además de que como ya no estaba Quirón sabía que no sería lo mismo. Por ello solo acudía por si hacía falta impedir que una de las flechas extraviadas de Percy hirieran a alguien por accidente. En las clases de artes y oficios intenté hacer un busto del maestro Muten Roshi, pero no salió demasiado bien. Ahí me di cuenta de que yo era más de romper cosas en vez de hacerlas. Por las tardes participábamos en la patrulla fronteriza, que aunque Tántalo insistía en que no hacía falta preocuparse por la protección, mantuvimos en secreto algunos campistas, entre ellos claro, Percy, Clarisse y yo. Hay tuvimos mala o buena suerte, depende de cómo lo mires. Buena porque no apareció ningún monstruo y, por tanto, no teníamos que preocuparnos por la seguridad del grupo, pero mala porque así no tenía ningún objetivo al que atacar imaginándome que era Tántalo, el señor D o Luke.

Salto de línea

Por las noches tenía sueños, a veces sobre mi corta estancia en mi planeta natal, otras de batallas que libró mi padre, pero nada demasiado claro. En un par de ocasiones soñé con Grover, quien era perseguido por una criatura grande de aspecto humanoide, aunque no puedo asegurarlo porque era bastante borrosa. Grover estaba muy asustado y balbuceaba cosas como 'Es aquí' o 'Le gustan las ovejas' cosa que explicaba, en parte al menos, el olor del monstruo a lana mojada y carne podrida, con ese tufo que despedían los monstruos a… supongo que lo que más se le acerca es una mofeta que se alimenta exclusivamente de comida mexicana.

La noche antes de la carrera, Percy y Tyson terminaron su carro. Debo reconocer que tenía buena pinta. Tyson había hecho las partes de metal en la forja de la armería, y Percy y yo lijamos la madera y montamos todo. Era azul y blanco, con algunos toques dorados envolviendo unos dibujos de olas a ambos lados y un tridente con rayos a su alrededor en la parte delantera.

Cuando íbamos a acostarnos Tyson preguntó a Percy:

"¿Estas enfadado?"

"No, no estoy enfadado"

El grandullón se echó en su litera y permaneció callado en la oscuridad. Su cuerpo era mucho más grande que el colchón y cuando se cubría con la colcha, dejaba sus pies al aire.

"Soy un monstruo"

"Puede, pero eso no significa nada. Quiero decir, yo pertenezco a una raza conquistadora de planetas completamente despiadada y aquí me ves, protegiendo a quienes me importa. Al final eso es lo único que tiene que hacer alguien, sea lo que sea" dije

"Sí, seré un buen monstruo y no tendréis que enfadaros"

"Es sólo… que nunca había tenido un hermanastro. Es una experiencia muy diferente para mí; además, estoy preocupado por el campamento y Grover, otro amigo mío, es muy probable que corra peligro. Siento que debería hacer algo, pero no sé qué"

"Percy" le llamé en voz baja "Tyson ya se ha dormido y tu también deberías hacerlo. Necesitas energía para la carrera de mañana" él permaneció en silencio. "Tranquilo, en cuanto podamos salimos de aquí y buscamos el antídoto para el árbol y a Grover"

"Pero cómo lo encontraremos. No sabemos dónde puede estar"

"Las Hermanas Grises ya nos dijeron cual era la posición que buscamos. Sí hablamos con Annabeth, a lo mejor nos ayuda a descubrir qué es lo que buscamos y lo que significan esos números. Pero seguiremos con esto mañana, ahora duerme bien, ¿vale?"

"Lo intentaré. Buenas noches"

Pov Percy

En mi sueño Grover llevaba un vestido de novia.

No le quedaba muy bien; era demasiado largo y tenía el dobladillo salpicado de barro seco, el escote se le escurría por los hombros y un velo hecho jirones le cubría la cara.

Estaba de pie en una cueva húmeda, iluminada únicamente por antorchas. Había un catre en un rincón y un telar anticuado al otro, con un trozo de tela blanca a medio tejer en el bastidor. Me miraba fijamente como si yo fuera el programa de televisión que había estado esperando.

"¡Gracias a los dioses! ¿Me oyes?"

El yo dormido estuvo un poco empanado a la hora de responder. Seguí mirando alrededor y registrándolo todo: el techo de estalactitas, aquel hedor a ovejas y cabras, los gruñidos, gemidos y balidos que parecían resonar tras una roca del tamaño de un frigorífico que bloqueaba la única salida, como si más allá hubiese una caverna aún más grande.

"¿Percy?" Grover llamó mi atención. "Por favor, no tengo fuerza para proyectarme mejor. ¡Tienes que oírme!" dijo prácticamente suplicando.

"Perdona, estaba observando la zona, pero sí, te escucho. ¿Qué ocurre, Grover?"

Una voz monstruosa bramó detrás de la roca:

"¡Ricura! ¿Ya has terminado?"

Grover dio un paso atrás.

"¡Aún no, cariñito!" dijo Grover intentando poner voz femenina. "¡Unos pocos días más!"

"¡Pero…! ¿No han pasado ya las dos semanas?"

"N-no, cariñito. Sólo cinco días. O sea que faltan doce más"

El monstruo permaneció en silencio, probablemente intentando hacer el cálculo. Debía de ser peor que yo con las matemáticas, porque acabó respondiendo:

"¡Esta bien, pero date prisa! Quiero VEEEEER lo que llevas tras ese velo, ¡je, je, je!"

Grover se volvió hacia mí.

"¡Tienes que ayudarme! ¡No queda tiempo! Estoy atrapado en esta cueva. En una isla en medio del mar"

"¿Dónde?"

"No lo sé exactamente. Fui a Florida y doblé a la izquierda"

"¿Qué? ¿Cómo pudiste…?"

"¡Es una trampa! Ésa es la razón por la que ningún sátiro haya regresado nunca de la búsqueda. ¡Él es un pastor, Percy! Y tiene eso en su poder. ¡Su magia natural es tan poderosa que huele exactamente igual que el gran dios Pan! Los sátiros vienen aquí creyendo que han encontrado a Pan y acaban atrapados y devorados por Polifemo"

"¿Poli… qué?"

"¡El cíclope! Casi logré escapar. Recorrí todo el camino hasta St. Augustine"

"Pero él te siguió. Y te atrapó en una boutique de vestidos de novia"

"Exacto. Mi primera conexión por empatía debió de funcionar después de todo. Y mira, ese vestido de boda es lo único que me ha mantenido con vida. Él cree que huelo bien, pero yo le dije que era un perfume con fragancia de cabra" supongo que eso era una verdad a medias, ya que es medio cabra. "Por suerte, no ve demasiado; aún tiene el ojo medio cegado desde la última vez que se lo sacaron, pero pronto descubrirá lo que soy. Me ha dado sólo dos semanas para que termine la cola del vestido. ¡Y cada vez está más impaciente!"

"¡Espera un momento! El cíclope cree que eres…"

"¡Sí! ¡Cree que soy una cíclope y quiere casarse conmigo!"

En otras circunstancias habría estado rodando por el suelo por la risa, pero el tono de Grover era serio y temblaba de miedo. A lo mejor me llevo una cámara para echarle una foto.

"¡Iré a rescatarte! ¿Dónde estás?"

"En el Mar de los Monstruos, por supuesto"

"¿El mar de qué?"

"¡Ya te lo he dicho! ¡No sé exactamente dónde! Y escucha, Percy, de verdad que lo siento, pero esta conexión por empatía… Bueno, no tenía alternativa. Nuestras emociones están ahora conectadas. Y si yo muero…"

"No me lo digas: Yo también moriré"

"En el mejor de los casos te quedaras en un estado vegetativo durante algunos años. Pero, eh… sería todo mucho mejor si me sacaras de aquí"

"¡Ricura! ¡Es hora de cenar! ¡Y hay deliciosa carne de cordero!" bramó el monstruo.

"Tengo que irme" lloriqueó Grover. "¡Date prisa!"

"¡Espera! Has dicho que él tiene 'eso'… ¿qué es 'eso'?"

La voz de Grover ya se estaba apagando.

"¡Dulces sueños! ¡No me dejes morir!"

El sueño se desvaneció y yo me desperté con un sobresalto. Era plena madrugada. Goku seguía durmiendo como un tronco, mientras Tyson me miraba preocupado con su único ojo.

"¿Te encuentras bien?" me preguntó

Un escalofrío me recorrió la columna al oír su voz. Sonaba prácticamente igual a la del monstruo de mi sueño.

Salto de línea

La mañana de la carrera hacía calor y mucha humedad. Una niebla baja se deslizaba pegada al suelo como vapor de sauna. En los árboles se habían posado miles de pájaros: gruesas palomas blancas y grises, aunque no emitían el arrullo típico de su especie, sino una especie de arrulló metálico que recordaba al sonar de un submarino.

La pista de la carrera había sido trazada en un prado de hierba situado entre el campo de tiro y los bosques. La cabaña de Hefestos había utilizado los toros de bronce, menos al que Goku mandó al lago, para aplanar una pista oval en cuestión de minutos.

Había gradas de piedra para los espectadores: Tántalo, los sátiros, algunas ninfas y los campistas que no participaban. El señor D no apareció ya que nunca se despertaba antes de las 10:00.

"Mira Percy, quiero ayudarte con lo de Grover, y lo haré, pero creo que deberías contárselo también a Annabeth" me dijo Goku después de contarle mi último sueño.

"No creo que me escuche. Todavía parece estar enfadada" le respondí.

"Eso no lo sabes. Además, ella es amiga de Grover también. Dime que soy un ignorante, pero creo que podrá dejar su enfado a un lado si eso implica salvarlo"

"No sé…"

"Da igual si es antes o después de la carrera, pero prométeme que se lo dirás"

"De acuerdo"

"Genial. Mucha suerte con la carrera. Os animaré desde las gradas" dijo mientras se marchaba.

"¡Muy bien!" anunció Tántalo mientras los equipos empezaban a congregarse en la pista. Una náyade le había traído un gran plato de pasteles de hojaldre y, mientras hablaba, su mano perseguía un palo de nata y chocolate por la mesa de los jueces. "Ya conocéis las reglas: una pista de cuatrocientos metros, dos vueltas para ganar y dos caballos por carro. Cada equipo consta de un conductor y un guerrero. Las armas están permitidas y es de esperar que haya juego sucio. ¡Pero tratad de no matar a nadie!" Tántalo nos sonrió como si fuéramos unos chicos traviesos. "Cualquier muerte tendrá un castigo severo. ¡Una semana sin malvaviscos con chocolate en la hoguera del campamento! ¡Y ahora, a los carros!"

Beckendorf se dirigió a la pista. Su carro era un prototipo hecho de hierro y bronce, incluidos los caballos, que eran autómatas mágicos como los toros de Cólquide. No dudaba en lo más mínimo que aquel carro albergaba toda clase de trampas mecánicas y más prestaciones que un Maserati con todos sus complementos.

Del carro de Clarisse tiraban dos horripilantes caballos esqueléticos. La hija de Ares subió con jabalina, bolas con púas, abrojos metálicos, de esos que siempre caen con la punta hacia arriba, y otro montón de cacharros de los que esperaba no ser objetivo.

El carro de Apolo, elegante y en perfecto estado, era todo de oro y lo tiraban dos hermosos caballos palominos de pelaje dorado, con la cola y la crin blanca. Su guerrero estaba armado con un arco, y aunque prometió no lanzar flechas normales, no estaba precisamente tranquilo.

El carro de Hermes era verde y tenía un aire anticuado, como si no hubiese salido del garaje en años. No parecía tener nada de especial, pero lo manejaban los hermanos Stoll y me ponía a temblar solo de pensar en las jugarretas que tendrían preparadas.

Quedaban dos carros: el de Annabeth y el mío.

Decidí hacer caso del consejo de Goku y, antes de empezar la carrera, me acerqué a ella y empecé a contarle mi sueño. Pareció animarse cuando mencioné a Grover, pero en cuanto le expliqué lo que me había dicho, volvió a mostrarse distante y desconfiada.

"Lo que quieres es distraerme" decidió al fin.

"¡De ninguna manera!"

"¡Ya, claro! Como si Grover tuviese que ir a tropezar con lo único que podría salvar al campamento"

"¿Qué quieres decir?" pregunté realmente confundido.

Ella puso los ojos en blanco sin creerme.

"Vuelve a tu carro, Percy"

"No me lo he inventado. Grover corre peligro, Annabeth"

Ella vaciló, debatiéndose entre si debía confiar en mí o no. Pese a nuestras peleas ocasionales, juntos habíamos superado muchas cosas. Y sé que Goku tenía razón al decir que ella querría ayudar a Grover.

"Percy, una conexión por empatía es muy difícil de establecer. Quiero decir que lo más `probable es que estuvieras soñando"

"Sabes perfectamente que en nuestro caso los sueños nunca son solo sueños. Si sigues sin creerme estoy dispuesto a consultar al Oráculo2

Ella frunció el ceño.

El verano pasado, antes de emprender la búsqueda para encontrar el rayo maestro, visité al extraño espíritu que vivía en el ático de la Casa Grande y me hizo una profecía que se cumplió de manera imprevisible. Aquella cabeza me había dejado con la cabeza rallada durante varios meses. Annabeth sabía que ni se me hubiera pasado por la cabeza volver a consultar al Oráculo si no fuese en serio.

Antes de que pudiera responder, sonó la caracola.

"¡Competidores!" gritó Tántalo. "¡A vuestros puestos!"

"Hablaremos después…"

"Sí, en cuanto gane la carrera" respondí mientras me marchaba a mi carro.

En el corto trayecto me di cuenta que las palomas se habían multiplicado y que por algún motivo Goku las miraba casi nervioso. El hecho de que él fuera el único que parecía prestarles atención me puso más nervioso; sus picos brillaban de un modo extraño y sus ojos relucían más de lo normal.

Tyson tenía problemas para controlar a los caballos. Tuve que hablar un buen rato con ellos para calmarlos.

¡Es un monstruo, señor! se quejaban

Es hijo de Poseidón les dije. Igual que… bueno, igual que yo

¡No! insistían ¡Monstruo! ¡Devorador de caballos! ¡No es de fiar!

Os daré terrones de azúcar al acabar la carrera les prometí

¿Terrones de azúcar preguntaron esperanzados, como si no acabaran de creérselo.

Terrones enormes. Y manzanas. ¿Ya os había dicho lo de las manzanas?

Así que me dejaron ponerles las riendas y los arreos. También hice una nota mental de que si quería que algún equino hiciera algo por mí sin rechistar tenía que prometerle comida.

Por si nunca habési visto un carro griego, debéis sabr que es un vehículo diseñado exclusivamente para la velocidad, pero no para la seguridad o la comodidad. Básicamente, viene a ser una canastilla de madera abierta por detrás y montada sobre un eje con dos ruedas. El auriga permanece de pie en todo momento, y os aseguro que se nota hasta l último bache. La canastilla es de una madera tan ligera, que si uno pierde el control en una de las curvas de los extremos de la pista, lo más seguro es que vuelque y acabe aplastado por su carro. Es una carrera mucho más rápida que las de monopatín a las que estoy acostumbrado.

Tomé las riendas y llevé el carro hasta la línea de salida. A Tyson le di una estaca de tres metros y le encomendé que alejara a los rivales que se nos acercaran demasiado, así como desviar cualquier proyectil que nos enviaran.

"No golpear a los ponis con el palo" insistía él

"No" dije estando de acuerdo. "Y tampoco a la gente, si puedes evitarlo. Vamos a correr jugando limpio. Tú limítate a evitarme distracciones para que pueda conducir"

"¡Venceremos!" dijo sonriendo abiertamente, creyendo totalmente en nuestras posibilidades.

'Vamos a perder seguro' pensé yo. Pero tenía que intentarlo. Quería demostrar a los demás que Tyson, en realidad, es un buen tipo, que no me avergonzaba que me vieran con él en público, que no me habían afectado todos sus comentarios chistes y apodos.

Mientras los carros se alineaban, en el bosque se iban reuniendo más palomas con los ojos relucientes. Chillaban tanto que los campistas de la tribuna empezaban a mirar nerviosamente los árboles, que temblaban bajo el peso de tantos pájaros. Tántalo no parecía preocupado, quizás porque en realidad ya estaba muerto, pero tuvo que levantar la voz para hacerse oír ante aquel bullicio.

"¡Aurigas! ¡A sus marcas!" gritó

Hizo un movimiento con su mano y dio la señal de partida. Los carros cobraron vida con gran estruendo. Los cascos retumbaron sobre la tierra y la multitud estalló en gritos y en vítores.

Casi inmediatamente se oyó un estrépito muy chungo. Miré atrás justo a tiempo para ver cómo volcaba el carro de Apolo; el de Hermes lo había embestido, si fue sin querer o no es algo que no sé. Sus ocupantes habían saltado, pero los palominos, aterrorizados, siguieron arrastrando el carro de oro y cruzando la pista en diagonal. Travis y Connor Stoll se regocijaron de su buena suerte. Pero no les duró mucho, porque más pronto que tarde, los caballos de Apolo chocaron con los suyos y su carro también volcó, dejando en medio del polvo un montón de madera astillada y cuatro caballos encabritados.

Dos carros fuera de combate en los primeros metros. Al ver la sonrisa de Goku desde las gradas, sabía que ambos disfrutábamos como unos enanos con este deporte.

Volví a centrarme en la cabeza de la carrera. Íbamos a buen ritmo, por delante del carro de Clarisse, aunque el de Annabeth nos llevaba una clara ventaja, dando ya la vuelta al primer poste, mientras su copiloto nos sonreía sarcástico y nos decía adiós con la mano:

"¡Nos vemos chavales!"

El carro de Hefestos también empezaba a adelantarnos.

Beckendorf apretó un botón y se abrió un panel en el lateral de su carro.

"¡Perdona, Percy, no es nada personal!" chilló.

Tres bolas con cadenas salieron disparadas hacia nuestras ruedas. Nos habría dejado sin ruedas de no haber sido por los rápidos reflejos de Tyson, que las desvió con un rápido golpe con su estaca. Como bonus, le dio un buen empujón al carro de Beckendorf y lo mandó dando tumbos de lado mientras nos alejábamos.

"¡Buen trabajo, Tyson!" grité.

"¡Pájaros!" exclamó él.

"¿Qué?"

Avanzábamos tan deprisa que apenas oíamos o veíamos algo, pero Tyson señaló hacia el bosque y vi lo que le inquietaba. Las palomas habían alzado el vuelo y descendían a toda velocidad, como un enorme tornado, directamente hacia la pista.

'Nada serio' me aseguré. 'No son más que palomas'

Intenté concentrarme en la carrera.

Hicimos el primer giro con las ruedas chirriando y el carro a punto de volcar, pero ahora estábamos a sólo tres metros del carro de Annabeth. Si conseguía acercarme un poco más, Tyson podría usar su estaca…

El copiloto del carro de Atenea ya no se reía. Sacó una jabalina de la colección que llevaba y me apuntó al pecho. Iba a lanzármela cuando se produjo un gran griterío.

Miles de palomas se lanzaban en tromba contra los espectadores de las gradas y los demás carros. Beckendorf estaba totalmente rodeado. Su guerrero intentaba ahuyentarlas a manotazos, pero no veía nada. El carro viró, se salió de la pista y corrió por los campos de fresas con sus caballos mecánicos echando humo.

En el carro de Ares, Clarisse dio órdenes a gritos a su guerrero, que cubrió de inmediato la canastilla con una malla de camuflaje. Los pájaros se arremolinaron alrededor picoteando y arañando las manos del tipo, que trataba de mantener la malla en su sitio. Clarisse se limitó a apretar los dientes y siguió conduciendo. Sus caballos esqueléticos parecían inmunes a la distracción. Las palomas picoteaban inútilmente sus cuencas oculares vacías y atravesaban volando su caja torácica, pero los corceles continuaban galopando como si nada.

Los espectadores no tenían tanta suerte. Los pájaros acometían contra cualquier trozo de carne a la vista y sembraban el pánico por todas partes. Goku era el único que podía evitar los picotazos y parecía que intentaba llamar su atención para que dejaran en paz a los demás. Ahora que estaban más cerca, resultaba evidente que no eran palomas normales y corrientes; estas tenían unos ojos pequeños y redondos que brillaban de un modo maligno y sus picos eran de bronce, a juzgar por los gritos de los campistas, muy afilado.

"¡Pájaros del Estínfalo!" gritó Annabeth. Redujo la velocidad de su carro y lo puso junto al mío. "¡Si no logramos ahuyentarlos, picotearan a todo el mundo hasta los huesos!"

"Y dudo que Goku pueda ocuparse solo con todos los campistas cerca" estuve de acuerdo en que teníamos que interferir. "Tyson, debemos dar la vuelta"

"¿Vamos en la dirección equivocada?" preguntó confuso.

"Eso siempre" dije con un gruñido, y dirigí el carro hacia las tribunas.

Annabeth corría a mi lado.

"¡Héroes, a las armas!" gritó. Pero nadie pareció oírla entre tanto quejido y los rechinantes graznidos.

Mantuve las riendas en una mano y logré sacar a Anaklusmos justo cuando una bandada de pájaros se abalanzaba sobre mi rostro, abriendo y cerrando sus picos metálicos. Los acuchillé con violentos mandobles y se disolvieron en una explosión de polvo y plumas. Pero aún con los que ya había destrozado Goku seguían quedando miles. Uno de ellos me picó el trasero, y poco me falto para salirme del carro de un salto.

Annabeth no parecía tener mejor suerte. Cuanto más cerca estábamos de las tribunas, más densa era la nube de pájaros que nos rodeaba.

Algunos campistas trataban de contraatacar y los campistas de Atenea reclamaban sus escudos. Los arqueros de la cabaña de Apolo habían sacado sus arcos y sus flechas, dispuestos a acabar con aquella plumífera amenaza pero con tantos campistas en medio era peligroso disparar.

"¡Son demasiados! Y no podré mantenerme así eternamente" gritó Goku entre el bullicio, moviéndose a velocidades tan altas que parecía estar en más de un sitio al mismo tiempo. "Buscad algo que haga un ruido muy desagradable. Así es como Bíceps de Bronce1 se libró de ellos"

Los ojos de Annabeth se abrieron de golpe.

"Percy… ¡la colección de Quirón!"

"Buena idea. Id rápido a por ella. Cuanto antes acabe esto mejor" dijo frustrado el saiyan.

Clarisse acababa de cruzar la línea de meta sin la menor oposición, y sólo entonces pareció darse cuenta de la gravedad de la situación.

Cuando nos vio alejarnos, gritó:

"¿Salís huyendo? ¡La lucha está aquí, idiotas!" Desenvaino su espada y se dirigió hacia las tribunas.

Nosotros nos encaminamos hacia la colección de música de Quirón en la Casa Grande.

Pov Goku

Cada vez me ponía más nervioso. Por cada pájaro que destrozaba aparecían más. No me malinterpretes, me encanta pelear, pero prefiero que sea con un número limitado de monstruos, y este no parecía ser el caso. Durante un buen rato, hasta que volvieron Percy y Annabeth con el equipo de música, todo lo que registraba mi cerebro era como esquivaba los pájaros, dentro de lo posible, los hacía estallar en un conjunto de polvo y plumas e iba a por el siguiente grupo. Eso con Tántalo de fondo asegurando que todo estaba bajo control y que no había nada de lo que preocuparse. En más de una ocasión me sentí tentado a cogerlo y lanzarlo contra la masa de pájaros para ver el resultado.

Cuando Percy y Annabeth llegaron se detuvieron en la línea de meta. Annabeth preparó el equipo de música, y yo recé para que las pilas funcionaran.

Percy apretó el play y se puso en marcha el disco favorito de Quirón: Grandes éxitos de Dean Martin. El aire se lleno al momento de violines y personas cantando en italiano.

Cierto es que gustarme no me gustaba pero, aunque oportuna, la reacción de las palomas infernales me pareció exagerada. Empezaron a volar en círculo y a chocar entre ellas como si quisieran aplastarse sus propios sesos. Enseguida abandonaron la pista y se elevaron hacia el cielo, convertidas en una enorme nube oscura.

"¡Ahora!" pensé.

Al instante me transformé y empecé a cantar:

"KAAA…MEEE…HAAA..MEE…¡HAAAAAAA!" el ataque estrella de la escuela tortuga surgió de mis manos y la mayor parte de la nube de pájaros del Estínfalo quedó reducida a cenizas. Los pocos que consiguieron escapar rápidamente fueron alcanzados por las flechas de los hijos de Apolo.

El campamento estaba salvado, pero los daños eran serios; la mayoría de los carros habían sido totalmente destruidos. Casi todos estaban heridos y sangraban a causa de múltiples picotazos, y las chicas de la cabaña de Afrodita gritaban histéricas por como sus peinados habían quedado arruinados y sus vestidos rasgados.

"¡Bravo!" exclamó Tántalo, pero sin mirar ni a Annabeth ni a Percy ni a mí. "¡Ya tenemos al primer ganador!" Caminó hasta la línea de meta y le entregó los laureles dorados a Clar, que lo miraba entre estupefacta y furiosa.

Luego se volvió hacia mí con una sonrisa.

"Y ahora, vamos a castigar a los alborotadores que han interrumpido la carrera"

"*Sigh* Debí haberlo lanzado contra los pájaros cuando tuve ocasión" fue lo único que pensé

Nota de autor

1: Es una referencia a Hércules, para el que no haya visto la película de Disney

…= comunicación telepática

Tercer capítulo listo.

Seguid dejando comentarios, que me anima.