Capítulo 3
La sheriff comienza a despertar, pero permanece de ojos cerrados y le extraña la sensación de algo suave bajo su cuerpo. Su último recuerdo es el de haberse quedado dormida en un catre entre dos rocas, en el suelo de una caverna. Cree que aquel aroma a manzana es fruto de su imaginación, así como la sensación de estar junto a Regina y su audacia al pegar sus labios, aunque fuera por un instante. Aquel recuerdo la hace sonreír. Aunque hubiera sido un sueño, sabe que jamás se olvidará de aquel segundo en que todos sus sentidos parecían haber despertado y la vida palpitar en plenitud por todo su cuerpo. Nunca había experimentado nada aparecido. La salvadora sabe que podría vivir siempre ahí, en ese recuerdo. Quizás el más intenso de todos.
Aunque sin gana alguna de despertar, Emma abre los ojos. Por un instante, deja de respirar ante la impresión de lo que ve. Un móvil de cisnes, graciosamente modelados en cristal bailaba sobre ella, colgado de un techo de madera. Sobresaltada, mira alrededor y se ve acomodada en una cama grande y blanda, en un cuarto muy bien decorado y siente que de su inusitado abrigo emana cierta ternura.
«No fue un sueño…» se lleva su mano a los labios y los toca con la punta de los dedos. El sabor a manzana aún está ahí «No fue un sueño…» repite intentando convencerse y queriendo, más que nada, que fuera verdad.
Desconfiada, abre el armario y encuentra allí sus prendas favoritas y también otras, que parecían más ceñidas, además de nuevas chaquetas y un largo abrigo negro. Sus ojos, sin embargo, buscan su inseparable chaqueta roja y la ve enseguida, en una percha. Su sonrisa es cortada por un dolor lacerante en su pecho. Emma cae al suelo y aprieta las manos contra la cabeza, en un gesto de desesperación, intentando hacer callar aquellas voces que susurran en su mente clamando venganza y gritando de agonía. Sin conseguir acallarlas, la sheriff se desmaya.
Mientras, en la biblioteca de Storybrooke, Belle, Blue y Henry se dividen la tarea y buscan entre los diversos estantes cualquier libro que pueda darles alguna pista sobre el mago. Merlín…el hada recuerda haber oído ya aquel nombre en el Bosque Encantado, pero nunca pudo encontrarlo. Cuando estaba en guerra contra la Evil Queen, ella misma pidió la ayuda a la reina de las hadas para que le consiguieran audiencia con el mago al que todos consideraban como el más poderoso. Pero aquella ayuda nunca vino, la maldición fue lanzada y Blue se encontraba ahora de nuevo con la misión de localizar a Merlín y pedirle el favor de que los ayudara a salvar a Emma del poder de las tinieblas para evitar que se transformara en la Dark One.
«¿Blue?» Belle se acerca al hada y la trae de vuelta de sus devaneos.
«Sí, Belle. Disculpa, estaba pensando y me distraje»
«¿Acaso sabes algo sobre ese mago? Confieso que yo estoy perdida, cualquier libro puede tener una pista si supiéramos lo que estamos buscando» la joven se muestra afligida además de preocupada.
«Lo siento mucho. No sé cómo ayudar, no sé nada sobre ese mago, solo que se llama Merlín y que en el reino de las hadas está considerado el mago más poderoso que haya existido» el hada toca su colgante.
«¿El más poderoso?» Henry se manifiesta desde el otro lado del estante
«Sí, Henry. ¿Has encontrado algo?»
«No, solo recordé una historia que leí una vez, pero hace tiempo ya. Y decía algo sobre el mago más poderoso que había existido, pero su nombre no era Merlín»
«Henry, ¿recuerdas algún detalle más de esa historia? ¿El título o quizás el nombre de ese mago que aparece en ella?» Blue se acerca al muchacho.
«No, por desgracia. Ya hace mucho tiempo, antes de ir a buscar a mi madre, quiero decir, a mi otra madre, a Emma» se corrige.
«¿Cómo te sientes con todo esto, Henry?» Belle también se acerca y se frota sus manos, visiblemente nerviosa
«No sé, Belle. Realmente pensé que esta vez podríamos tener un tiempo de paz, ¿sabes? Sin maldiciones, sin monstruos, sin cosas demasiado complicadas aparte de la situación de tener dos madres intentando llevarse bien con sus respectivos novios, mis abuelos teniendo un bebé y mi otro abuelo queriendo arreglar las cosas, aunque a su manera» el adolescente suspira algo cansado por todo aquello «Creí de verdad que mis madres se estaban llevando bien, que podríamos ser ahora una familia. Una familia bien loca, pero una familia a fin de cuentas»
«Disculpa Henry, no quería…» Belle se arrepiente de haber preguntado aquello al chico, aunque podía entender alguno de sus confusos sentimientos.
«Sé que para ti tampoco debe ser fácil. Las cosas con mi abuelo Rumpel, quiero decir. Pero creo que el mago es la solución para eso también» él intenta animarla
«¿Crees que el hechizo de tu madre…?»
«Lo protegerá, con certeza. Nunca creí que fuera a decir esto, pero, ¿sabes? Confío en la magia de mi madre» pone con cariño su mano en el hombro de Belle
«Yo también quiero creer en ello, Henry. No solo en el hechizo de Rumpel, en todo. Quiero decir, ya sabes, Regina y Emma»
«Belle, por más extraño que pueda sonar, pido que me escuches» Blue se pone frente a ella «Algo me lo dice y creo realmente que Regina hará esta vez lo correcto. Creo que ella es nuestra mejor oportunidad para ayudar a Emma. Lo que me preocupa de verdad es el mago»
«Blue, ¿estás segura de que nos estás diciendo todo lo que sabes?» Henry la encara desconfiado.
El hada respira hondo y mira seriamente a sus dos interlocutores. Siente que necesita contarlo.
«Hace mucho tiempo, en el Bosque Encantado, cuando estábamos en guerra contra la Evil Queen» mira al adolescente, que solo asiente con la cabeza para que continuara «Busqué a la reina de las hadas. Yo ya había oído hablar de Merlín y pensaba que si él era el mago más poderoso que existía, podría ayudarnos, podría derrotar a Regina»
«¿Pero no lo consiguió?» Belle pregunta ansiosa
«Nunca hubo respuesta, Belle. Lo siento mucho. La reina de las hadas no consiguió encontrarlo. Mandó diferentes mensajeros a todos los reinos donde le dijeron que podría estar Merlín, pero nunca llegó una respuesta. Ni siquiera sé si es real…» Blue desvía la mirada.
«Entonces, lo único que sabemos es que es un mago, su nombre es Merlín y muchos creen que es el mago más poderoso que ha existido. No es mucho, pero es un comienzo. Belle, vamos a centrarnos en los libros sobre magia. Si ese Merlín es tan poderoso como dicen, más gente debe haber hablado sobre él, alguien tiene que haberlo conocido, quizás estudiado con él» dijo el muchacho.
«¿De verdad crees que es real, Henry?» Blue no se resiste a expresar sus dudas
«Tengo que creerlo, Blue. Porque él es el tipo que puede salvar a mi madre de convertirse en la nueva Dark One. Y queremos que ella esté bien y regrese con nosotros como Emma, ¿verdad?» dice Henry en su mejor tono de optimismo
«¡Cierto!» concuerda Belle y le sonríe. La joven busca en los archivos de la biblioteca donde están los libros sobre magos y la magia y los llama hacia una sección específica.
En casa de los Charming, David se siente dividió entre su obligación de ir a comisaría y su deseo de quedarse al lado de su esposa y cuidar a su hijo pequeño, ya que Belle está ocupada en la biblioteca y Snow no tiene con quien dejar al pequeño Neal. No es que sea un problema para la princesa, que adora cuidar a su bebé, pero la situación la pone nerviosa. Menos mal que es sábado y no tiene que ir a la escuela.
«Snow, ¿estás segura de que estaréis bien aquí?»
«David, no es la primera vez que me quedo sola con Neal. Lo puedo hacer, ¿ok?»
«Lo sé, pero…»
«La ciudad necesita a su sheriff, David Nolan, ni pienses en aprovecharte de la ausencia de la alcaldesa…» Snow deja de hablar y mira preocupada a su marido «¡Charming!»
«¿Qué ocurre?»
«¡Regina!»
«¿Qué? ¿Qué pasa con Regina?»
«¡Sin Regina, Storybrooke no tiene alcalde!»
«Pero…»
«David, ¿quién asumirá la alcaldía en su ausencia?»
«Bueno, creo que tú, Snow…» el príncipe responde visiblemente contrariado e incómodo. Ya tienen mucho con lo que lidiar: la misión de encontrar al mago y la preocupación con Emma.
«No, David, no puedo hacer eso de nuevo. ¡Cuando asumí la alcaldía en lugar de Regina fue un caos! Ella, no sé, parece que nació para eso. Aunque a la gente no le guste admitirlo, tiene talento para gobernar, mantener las cosas en su sitio, hacerlas funcionar. Estar en su lugar unos días es una cosa, asumir ese cargo durante tiempo indefinido…realmente no sé si puedo»
«Calma, mi amor, si fuera necesario, haremos algunos ajustes en las funciones de algunas personas en la ciudad» él acaricia sus hombros, queriéndole mostrar que estará a su lado.
«¿Algunas personas? ¿Cómo, David?»
«Quizás si te ayudo en la alcaldía sea menos complicado de lo que parece?»
«¿Y la comisaría?»
«Tal vez podamos nombrar provisionalmente a alguien»
«¿Y quién sería?»
«¿Qué te parece Hook? Puede ser una buena opción»
«¿Hook? ¿Sheriff? David, creo que no te estás escuchando»
«Pero no solo, ¿ok? Le podemos pedir a Ruby que lo ayude»
«¿Ruby?» Snow no consigue pensar que sea una buena idea
«Fue ayudante de Emma una vez, quizás lo pueda hacer de nuevo» Charming intenta convencerla.
«No sé, David. No sé»
«Solo vamos a ver cómo quedan las cosas hasta el viernes. A lo mejor Regina da noticias. Veo extraño que haya salido de la ciudad, dejando el cargo de alcaldesa sin pensar en nadie para sustituirla»
«Regina está ayudando a nuestra hija, David»
«Aún así. ¿Desde cuándo la Evil Queen actúa con el corazón y no con la razón?»
«Por favor, no la llames más así» Snow pide mientras intenta hacer dormir al hijo
«¿Pero no es eso lo que ella es?» David abre los brazos
«¡No, Charming! ¡Regina sí puede seguir siendo una reina, en nuestro reino o incluso aquí, pero no tiene por qué ser necesariamente mala!» la princesa defiende a su ex madrastra.
«¿De verdad crees eso?» encara a la esposa
«¿Tú no?»
«No sé, Snow. Es una historia muy larga, son muchos años de odio y de cosas horribles. Sé que dice que quiere ayudar a nuestra hija, Blue confirma que ha dejado la daga aquí, Henry está diciendo que confía en ella. Pero aún así, es difícil creer debido a todo lo que hemos vivido y sufrido por su culpa» el sheriff habla con sinceridad.
«Lo sé. Pero si no perdonamos, si no nos perdonamos mutuamente, no podremos continuar. Regina se equivocó, David, también nosotros erramos. Quizás cuando tenía 10 años, tenía sentido que Henry creyera en héroes y villanos, pero nosotros sabemos que las cosas no son ni blancas ni negras» ella agarra a su hijo con uno de sus brazos y busca la mano de su marido «¡Solo inténtalo, por favor!»
«Lo estoy haciendo, Snow. Quizás solo necesite más tiempo que tú…» el príncipe hace un cariño en la mano de su esposa
«Muy bien, ahora tienes que ir a comisaría» ella se acerca y le da un beso rápido
«¿No quieres ir a la biblioteca a ayudar a Henry y a las chicas?» ofrece con una sonrisa
«Quizás no sea la mejor opción. Si Neal decide ponerse a llorar, molestaremos más que ser de ayuda» la princesa mira con cariño al niño
«Ok. ¿Almorzamos juntos en Grany's?» David le roba otra piquito a Snow
«Creo que prefiero hacer algo aquí en casa. Henry está con nosotros y si hay algo que sé es que Regina cuida muy bien su alimentación» sonríe
«¿Ah sí? ¿Lo sabes?»
«No te olvides que ella fue mi madrastra. Y aunque no lo demostrara abiertamente, Regina me cuidaba. Y eso incluía supervisar mis comidas. Si no fuera por ella, sería mimada por las cocineras de palacio con dulces y golosinas todo el tiempo » recuerda
Los dos se despiden, David le da un beso a su hijo, que acaba durmiéndose en los brazos de su madre, y se marcha a su trabajo.
Regina conduce hasta las fronteras del bosque. Tinker está en silencio y un poco nerviosa. La joven no está muy segura de si puede mirar a Emma como la nueva Dark One, aquello está mucho más allá de lo que sus poderes y sus conocimientos sobre el polvo de hada pueden asumir.
«A partir de aquí, tendremos que ir a pie» la alcaldesa se dirige a su hada madrina en tono firme, dejando claro quién de las dos es la líder en aquella inusitada pareja.
«¿Estás segura de a dónde nos dirigimos?» A Tinkerbell no le gusta mucho la idea de adentrarse en un bosque desconocido.
«Por más extraño que pueda parecer, siento que sí, Tinker» Regina mira a la rubia con una mirada casi de cariño.
El hada respira profundamente y estudia la expresión de la reina.
«¿Vamos a ir caminando hacia allí? Quiero decir, ¿llegaremos de esa manera hasta Emma?» el hada levanta una ceja esperando por la respuesta
«¿Hay un plan mejor?» Regina puso las manos en la cintura, y aunque no fuera su intención, su postura es bastante intimidadora.
«Quizás si nos llevaras a un lugar cercano a donde ella esté, puedas llegar hasta Emma tú sola mientras yo espero a que regreses. No creo que la salvadora le importe mi ausencia, y creo que puedo molestar más que ser de alguna ayuda. Mi misión es ayudarte a ti, Regina, para que tú puedas ayudarla» subraya la última frase.
«¿Es impresión mía o alguien aquí está…ansiosa, digamos, para ser transportada mágicamente por mí?» la alcaldesa abre una media sonrisa, divirtiéndose con la incomodidad de su hada madrina, que solo desvía la mirada y se sonroja «Muy bien, vamos a hacer como has sugerido» la idea de encontrarse sola con Emma la atrae. Y la morena aún no había dejado de pensar en aquel beso «¿Lista?»
Tinker sonríe y asiente, dando un saltito al lado de Regina, que revira los ojos hacia la más joven.
«¡Nunca he hecho esto antes!» confiesa el hada
«¿Usar magia para trasladarte?»
«¡Ajá!»
«¿Cómo…?» al ver cómo la expresión de Tinker se entristece, Regina, de inmediato, se arrepiente de haber comenzado aquella pregunta.
«Tenía mis alas» la rubia responde con un hilo de voz, con una tristeza cortante.
Sin tener qué decir, la reina comprueba haber cerrado con magia su coche, coge su bolsa con los ingredientes para las pociones y entonces observa una vez más al hada a su lado. Antes de que la joven pueda hacer alguna pregunta, Regina mueve las manos y su conocida nube roja las envuelve, haciéndolas desaparecer de donde estaban. En segundos, las dos reaparecen en otro punto del bosque, desde donde ya no se puede ver la ciudad.
«¡Wow! ¡Ha sido…wow! ¡Increíble!» la pequeña hada da pequeños saltitos al lado de la alcaldesa, que no consigue mantenerse impasible y sonríe ante la alegría de la otra «Cuando lo hiciste por primera vez, ¿cómo te sentiste?» le pregunta mientras se sienta en una piedra.
«Yo…» Regina intenta recordar. Había pasado tanto tiempo «Creo que me puse feliz también, solo que no podía demostrarlo de esa forma. A fin de cuentas, era una prueba, y yo tenía que pasarla si quería continuar con mis clases de magia con Rumpelstiltskin. No había tiempo para conmemoraciones ni nada de eso. Solo debía realizar las tareas que él me asignaba y pasar a una nueva fase del aprendizaje»
«Aún así, cuando después te quedaste sola, ¿no sentiste nada?» pregunta la pequeña con mirada curiosa
Regina casi se había olvidado del poco tiempo que había pasado con Tinker y en cómo ella conseguía sacar a la superficie su humanidad. Claro que había sentido algo cuando desapareció en medio de su nube roja por primera vez. Solo que nunca nadie se había interesado en saber de aquello.
«Varias cosas. Primero tuve miedo de no conseguir volver y perderme en un mundo paralelo para siempre. Pero después, cuando abrí los ojos y vi que lo había conseguido, casi sonreí. Rumpelstiltskin estaba ahí, así que pensé que era mejor no demostrar nada. Cuando volví a mis aposentos, sin embargo, me miré en el espejo y sonreí como hacía mucho que no lo hacía. Estaba feliz conmigo misma. Estaba feliz con lo que había podido realizar»
«¡Y no era para menos! ¡Sencillamente es increíble!» comenta Tinker con toda su espontaneidad. El hada no lo admite, pero estar cerca de Regina la ayuda a volver a ser más como era antes de perder sus alas y sus poderes.
«Gracias, Tinker»
Las dos se quedan en silencio por un momento, escuchando solo los sonidos del bosque, intentando decidir qué harían.
«Creo que deberías ir a ver cómo está Emma» sugiera el hada
«¿Vas a estar bien aquí?» Regina la mira
«Solía vivir en un bosque, así que creo que sí…y puedo ver si consigo también algunos cosas para un abrigo, vamos a necesitarlo. Principalmente mientras estés con Emma. No me gusta la idea de estar así, expuesta»
«Puedo ayudarte» la morena se ofrece
«Después pensamos en eso. Mientras, estoy bien aquí. No va a nevar por ahora y, bueno, tú sabes lo que tienes que hacer» el hada le sonríe
Es el turno de la reina para respirar hondo. Y solo para impresionar al hada, Regina desaparece en mitad de su nube. Ya que le había dicho a Emma en el "sueño" que volvería para verla, reaparece frente a la puerta de la casa del árbol.
«¡No fue un sueño! ¿Cómo es posible?» admira los detalles de la puerta, de las ventanas y recuerda haber pensado en cada uno de ellos antes de usar la magia para crearlos.
Con cierta ansiedad, Regina se encamina hacia el árbol, sube los tres escalones que la llevan a la puerta y cuando pone su mano en el pomo, siente la tranca destrabándose y dándole paso. La alcaldesa admira la acogedora sala, mira en dirección a la cocina haciendo juego con el comedor y se detiene estudiando la escalera. Como no oye ningún ruido, deduce que Emma aún está durmiendo. Regina sube despacio, intentando controlar su ansiedad y en no pensar en sus sentimientos hacia la salvadora. Cuando llega al cuarto, su rostro se vuelve lívido al ver a la sheriff desmayada delante del armario. Corre hacia ella y se arrodilla ante Emma.
«Señorita Swan…» la llama con angustia. Como no obtiene respuesta, se acomoda mejor y apoya la cabeza de la rubia en su regazo «Señorita Swan…» llama más alto, pero sin contestación «Emma, por favor abre los ojos» acaricia el rostro de la otra madre de su hijo y hace un rezo silencioso para que reaccione «¡Emma!» como nada sucede, Regina se abraza a ella, balanceándose junto al cuerpo de la hija de Charming y Snow White.
«¿Regina?» un leve susurro de Emma hace que la alcaldesa se aparte y busque su mirada «¿De verdad estás aquí?»
La morena nota un tono de verde más oscuro en la mirada de Emma, pero prefiere ignorarlo de momento.
«Lo estoy, señorita Swan. De verdad estoy aquí» sonríe «Te dije que volvería, ¿no?» de forma delicada, aunque alto torpe, acaricia el rostro de Emma y aparta los mechones rubios de sus ojos «¿Qué ocurrió?»
«Quise tanto que estuvieras de verdad aquí…» Emma vuelve a cerrar los ojos y se abraza a la morena, frágil «Sentí tanto dolor, tanto miedo. Creí que no podría resistir hasta que llegaste» Regina aprieta a la rubia contra ella al escuchar aquellas palabras.
«¿Qué pasó exactamente?» se preocupa en preguntar mientras intentar calmarla dejando que sus dedos se pierdan en medio de su cabellera.
«Me levanté y vine a ponerme algo para bajar, pero de repente un mundo de voces comenzó a hablar en mi cabeza y sentí un dolor tan fuerte en el pecho que no logré quedarme consciente. Lo intenté, de todas las maneras…» la sheriff se encoge en el abrazo de la alcaldesa.
«Ahora todo está bien. Lo que importa es que volviste, estás aquí» Regina intenta animarla
«No quiero sentir aquello de nuevo. Fue…horrible. Quise volver a la ciudad, quise encontrar a mis padres, a ti, quería vengarme por haberme abandonado, por todas las cosas que pasé por culpa de ellos. Deseé arrancar vuestros corazones, verlos sufriendo en mis manos. Fue…» la expresión de Emma es de asombro mientras intentan contar lo que le había sucedido.
«Pero no fuiste» la morena intenta tragarse el dolor que siente en aquel momento.
«No, porque me desmayé, si no…» la salvadora agacha la cabeza, avergonzada
«Shhh. No pienses más en eso. Ven, voy a hacerte algo de comer ahora y te sugiero, señorita Swan, que después descanses un poco» a pesar del tono formal, la alcaldesa la mira con cariño
«Emma» dice firme la rubia
«¿Cómo?» Regina la mira confusa
«Por favor, llámame solo Emma »esboza una pequeña sonrisa «Lo prefiero así»
«Está bien, solo Emma. Por lo menos, mientras estemos solas…» hace la aclaración, aunque le gustara dejar de lado aquella formalidad que, de alguna forma, aún insistía en mantener entre las dos.
«Gracias, Majestad» dice la sheriff divertida y abraza a la reina, que rápidamente le devuelve el abrazo. Un gesto que antes parecía tan imposible y que tiende a volverse cada vez más frecuente entre las dos, o así lo desea Emma.
Regina intenta comprender lo que es aquella manifestación en su interior cada vez que la salvadora la toca. Y cuando las dos se abrazan, se siente capaz de cualquier cosa, mientras Emma esté junto a ella. Siempre había sentido una fuerte atracción por la sheriff, ella la desafiaba, la hacía sentirse finalmente viva en aquella ciudad donde, antes de romperse la maldición, todos se comportaban exactamente como la alcaldesa había determinado. Sin embargo, la rubia desentonaba. Estaba siempre cerca, sin miedo a alterar la voz, sin miedo a decirle tantas verdades y entonces…la presencia de ella pasó a convertirse en una necesidad. Después, a pesar de las diferencias, Regina se vio ayudando y siendo ayudada por Emma. Y los caminos de las dos mujeres, ya ligadas por el hijo que aprendieron a compartir, parecían cada vez más próximos, más superpuestos.
Era difícil para Regina aceptar que le gustaba la presencia de la sheriff, que le gustaban sus provocaciones y que la quería cada vez más cerca. Más aún: que quería aquellos momentos de intimidad con Emma, poder abrazarla así y quizás, hasta incluso más que eso. Inquieta con el rumbo que sus pensamientos van tomando, la morena se mueve de su posición, haciendo que la rubia se apartara. Las dos se levantan y se miran por un instante. Emma intenta decidir si podría reunir el valor para buscar los labios de la alcaldesa, que están de nuevo allí, tan rojos y deseables. Regina, por su parte, concentra sus esfuerzos en alejar de sí su deseo de probar más profundamente la boca de la sheriff.
Antes de que un impulso hable por ella y coloque sus manos en la cintura de Regina, Emma se mueve, señalando la escalera. Las dos bajan a la cocina, donde la reina se mueve como si estuviera en su propia casa. La alcaldesa evita mirar a la salvadora, su curiosidad latente queriendo saber si la otra también recuerda aquel pequeño beso. Aún más, saber si también fue real, como todo lo demás. Por su parte, la sheriff aprecia aquel micro espectáculo que tiene delante: Regina concentrada en prepararle un desayuno para ella. Lo que aquellas manos mágicas serían capaces de hacer, Emma ni siquiera tiene idea, sin embargo se permite observar sin censuras las perfectas curvas bajo la ropa siempre impecable de la alcaldesa. Regina usa unos pantalones negros bien ceñidos combinados con una camisa de seda color cereza, de cuello polo y botones, de manga larga. Al cuello, un pañuelo en diseño ajedrez en blanco, gris y negro. Encima de todo, un abrigo negro, propio para el invierno riguroso, aunque fuera de época, que está haciendo en la ciudad. En los pies, unas botas de caño alto como las de montar, también negras. El conjunto le sienta tan bien, como toda su ropa, que parece haber sido hecha a medida. Los cabellos impecables, exhalando el inconfundible aroma a manzana, y el maquillaje leve, destacando su inseparable labial rojo, completan el estilo de esa mañana.
La sheriff no sabe precisar exactamente cuándo comenzó a desear besar a la reina por primera vez. Pero se inclina a pensar en el primer encuentro entre ellas, cuando la rubia trajo a Henry a Stroybrooke después de que el pequeño apareciera en su puerta, en Boston, diciendo que era su hijo. Emma aún recuerda el vestido gris que ella llevaba y la manera impecable en que se presentó, aun estando preocupada por el chico, desaparecido desde que había salido de la escuela. La salvadora recuerda que, esa misma noche, había pensado en la alcaldesa, analizándola de diversas maneras y permitiéndose obnubilar por la belleza y la fuerza que emanaban de ella. La historia de las dos, sin embargo, estaba marcada por desavenencias, desencuentros y tanta tensión que era difícil respirar con normalidad cuando las dos estaban en un mismo sitio. A pesar de eso, siempre había existido una atracción mutua, algo que las unía y hacía que siempre se encontrasen la una a la otra. Al principio, Emma pensaba que era Henry, el hijo de ambas. Sin embargo, con el pasar del tiempo, se fue dando cuenta de que no solo era el muchacho. Con nadie más tenía aquella sensación de mariposas en el estómago cuando Regina se acercaba y decía su nombre, aunque fuera de forma formal. Con nadie más retenía por un segundo el aire en expectativa por lo que ella iba a decir, aunque fuera en su tono ríspido. Y entonces las dos comenzaron a verse más cercanas. Y Regina se propuso a ayudar a Emma con su magia. Y como si no bastara, la reina intentaba cambiar, quebró la maldición lanzada por Charming y Snow White y derrotó a su hermana con magia de luz, aunque seguía manteniendo sus aires de superioridad. ¿Qué podía hacer ella, si a fin de cuentas era una reina? El "malvada" quizás había sido dejado de lado, pero aún así, una reina.
Emma estaba tan absorta en sus pensamientos, imaginando una escena íntima, que juzgaba en cambio improbable, con Regina, que no se había dado cuenta de la mirada de la otra sobre ella.
«¿Qué?» pregunta cuando finalmente siente los ojos de Regina quemando su piel.
«Estoy diciendo que tu desayuno está listo y como no sé exactamente lo que te gusta, me he basado en Henry» señala un plato de tortitas con mermelada de frutos rojos, huevos revueltos con bacón y chocolate caliente con canela.
«¡Wow! ¿Siempre le haces todo esto a Henry?» sonríe, entusiasmada
«Digamos que cuido de la alimentación de Henry, pero no puedo hacer un desayuno de estos todos los días. También le doy fruta, jugo, una merienda más natural. Y, claro, como debes saber, adora los cereales con leche y miel» mira hacia arriba y gesticula con las manos
«En casa de David y Mary Margaret, Henry y yo comemos cereales juntos» cuenta feliz mientras ataca a las tortitas.
«¿Cuántos años es que tienes?» la morena la reprende en un tono divertido
«Hey» reacciona en medio de los bocados «Los cereales son un gran alimento, señora alcaldesa»
«Claro, principalmente vuestro preferido, cubierto de chocolate y azúcar» pone la mano en la cintura con una mirada más dura
«¿Cómo sabes que ese es mi preferido?»
«Es el preferido de Henry, solo sospeche que podría ser el mismo» se encogió de hombros
«Gracias por todo esto, está muy bueno» Emma la mira con una ternura que no se creía capaz de expresar después de haberse vuelto la Dark One, y a pesar de no sentirse aún controlada del todo por la oscuridad su batalla interior era intensa.
«De nada» Regina responde un tanto tímida recolocándose el pelo detrás de la oreja, un gesto capaz de turbar los deseos de la sheriff, que desvía la mirada y se centra en las tortitas y en su chocolate caliente.
La alcaldesa percibe la tensión emanando de la salvadora, lo que la lleva a especular sobre las reacciones de la otra. ¡Le es tan difícil entender a Emma! En el Bosque Encantado, cuando era la reina, después de que el rey Leopold, su marido, fuera asesinado por el veneno de las serpientes que el Genio había colocado en su lecho, las percepciones de Regina sobre su deseo afloraron. Su majestad era consciente de su belleza, del aire imponente que su presencia evocaba. Y se las ingeniaba para vestirse con ropas que le destacaran las curvas y su cuerpo firme, por ejemplo los ceñidos corsés, que resaltaban sus bien formados pechos. Ella atraía las miradas lujuriosas de hombres y mujeres, lo suficientemente valientes para vencer el miedo que ella inspiraba y dirigir a su majestad una simple mirada. Cuando decidió dejar de lado el pudor, se aprovechó de eso para satisfacer sus necesidades físicas. Al principio, tenía curiosidad por las mujeres, pero tardó un poco en permitirse descubrir el cuerpo femenino. Después de que lo hizo, siempre compartía su atención entre amantes hombres y mujeres, a los que usaba para su placer. Lo que siente en Emma, sin embargo, es algo diferente al puro y sencillo deseo. Pero, al mismo tiempo en que se ve tentada en descubrir el motivo por el que la salvadora tanto la intriga, teme, sobre todas las cosas, encontrar la respuesta.
«No sé si debería haber comido todo esto» comenta Emma mientras se acaba de tomar su chocolate caliente
«¿Te sientes mejor?» Regina envuelve una de las manos de la salvadora entre las suyas. La rubia se siente enardecer con aquel sencillo toque.
«Sí» su sonrisa es sincera «Contigo aquí, parece que nada de aquello ha pasado, que nada fue real, Regina…» la rubia consigue pronunciar, a pesar del dolor que comienza a incomodarla. No algo físico, sino profundo, en el alma.
«No debiste ponerte en mi lugar, Emma. No puedo entender por qué hiciste aquello…» hay dolor en la voz de la morena. Un sufrimiento genuino por ver a la salvadora pasar por el camino que debería haber sido suyo, con el que la sheriff jamás debería haberse topado siendo el fruto del amor verdadero y teniendo magia de luz.
«No podía perderte» Emma susurra mirando su mano dentro de las de Regina, como si siempre se hubieran tocado de aquella forma «No podía dejar que cayeras de nuevo en la oscuridad, no cuando has luchado con tanto ahínco para salir del dominio de las tinieblas, para buscar tu felicidad. Y para merecer tenerla» la sheriff levanta los ojos y ve los orbes de la alcaldesa húmedos, mordiéndose el labio inferior para impedir que las lágrimas cayeran «No podía perderte» repite mirando aquellos iris color avellana donde por tantas veces se había perdido encantada.
