TAN CERCA Y TAN LEJOS
Candy
Me dolían las rodillas y los músculos de las piernas por mi alocada carrera de ayer; al dormirme con la chamarra puesta, en mi piel se había impregnado el olor de la fragancia del príncipe de los ojos azules, era precoz mi pensamiento pero fue como despertar a su lado.
El cielo aún estaba oscuro pero estriado con finas líneas rojizas anunciando el pronto amanecer. Había dormido durante mucho tiempo y el cuerpo estaba entumecido, quería estirar mis extremidades pero sabía que las heridas sangrarían de nuevo, así que me detuve; con mis manos froté mis ojos para poder enfocar mejor, Annie y Patty aun dormían.
Me levanté para prender el fuego con las maderas que teníamos en el patio de la bodega en la que vivíamos, puse agua para hervir y tener listo café para cuando se levantaran mis hermanas. Antes de salir al patio me había quitado la fina chamarra de piel que mi príncipe me había regalado, la guardé entre mis cosas en una bolsa limpia de plástico, quería que el aroma nunca se extinguiera, quería respirarlo y disfrutarlo por mucho tiempo, tampoco quería que el olor al humo se mezclara con su perfume.
Preparé unos cuantos huevos para el desayuno, esos lo había comprado Patty, por lo general los domingos los disfrutábamos como hermanas en nuestro hogar. Acerqué unas hogazas de pan para que se ablandaran con el calor y fui a despertarlas cuando los primeros rayos del sol iluminaban.
Después que lavamos nuestras respectivas ropas y las pusimos a secar, Annie notó en mis codos las heridas marrones de mi caída de ayer, porque me arremangué para que no mojara mis mangas.
–¿Qué te pasó? –Tocó una de mis heridas haciéndome gritar y reaccionar alejándome de su alcance.
–Tuve un mal día ayer… una vieja infeliz me aventó a los policías, dijo que le había sacado la cartera, me persiguieron, caí al pisar en falso y pues me lastimé las rodillas y los codos.
–¿Podrías reconocerla?–Preguntó Patty, mis hermanas sabían que yo jamás tomaría algo que no me pertenecía.
–Cálmate Patty, haremos algo mejor…–Annie caminó al interior de la bodega, en donde habíamos acondicionado como nuestra habitación –Ten, úntatelo en cada herida–Puso en mi mano un tarro color gris en cuanto regresó a nosotras. –Esto las lubricará y evitará que se te abran durante el entrenamiento
–No quiero entrenar, no quiero luchar.
–Vamos Candy, no es tan malo como piensas–Comentó Patty al retirar de mis manos el ungüento y comenzar a aplicármelo
–Es que ustedes no comprenden… no quiero.
–Ya no andarás sola por la calle, de ahora en adelante andaremos juntas las tres, a donde vaya una irá la otra y así…si una no puede venir con nosotras se quedará en casa...
–Annie, en verdad no es necesario.
–¿Le has puesto suficiente?
–Sí –Respondió Patty.
–Tú primero y luego yo, mientras tú le enseñas tus trucos yo le doy indicaciones… luego lo haré yo… ¿lista Candy?
–No…
–Lista o no, aquí voy
Patty empuñó sus manos y se puso en guardia, intenté resistirme pero su pierna era muy larga y su pie pasó por encima de mi cabeza al tiempo que yo me hacía para atrás esquivando su primer golpe. –No los esquives, trata de detenerlos–Gritó Annie.
Patty giró sobre su pie de apoyo y un puño pasó por mi oído al momento que me inclinaba al lado contrario, mi instinto de supervivencia me hacía huir de los golpes. –No podrás esquivarla por mucho tiempo, vamos, detenla… puedes hacerlo.
Sus puños golpeaban uno tras otro en mi estómago… Patty no medía su fuerza conmigo, sabía que no podría escapar de esto… desde los diez años que había comenzado con el entrenamiento de Annie solamente había levantado grandes piedras para ejercitar los músculos de mis brazos, brincaba una cuerda para fortalecer mis piernas y corría zigzagueando una serie de obstáculos que Annie había puesto, hacía abdominales de cabeza, es decir, me colgaba en la rama de un árbol y hacía series de cincuenta en cincuenta… pero nunca había peleado con alguna de ellas…
Paty me aprisionó en una fría pared y comenzó a golpear alternando sus rodillas fuertemente contra mis costillas –Vamos Candy, Patty no se detendrá hasta que yo le diga que pare y no lo haré si no luchas, no te estoy pidiendo que te defiendas, te estoy ordenando que la golpees… –Annie tenía razón, Patty no pararía…
Mi mente viajó unos años atrás y vi el rostro sonriente de mi amigo Thomas Stevenson "No podemos escapar de nuestro destino", por mucho que corrí y me cansé, los policías me dieron alcance, por mucho que había evitado este momento… tan sólo llegó tomándome con la guardia baja.
Había visto a unas chicas hacer unas rutinas en el deportivo, ellas corrían e inclinaban su cuerpo apoyándose con sus manos y giranan su cuerpo por los aires, yo lo había imitado hasta lograr realizarlo, para ello me llevé muchos golpes y caídas… pero a estas alturas ya lo dominaba.
Patty me aventajaba en fuerza y experiencia, pero yo también podía ser igual o mejor que ella para golpear.
Dio unos cuantos pasos hacia atrás y montó de nuevo su guardia, empuñé mis manos en señal que haría lo que me estaban pidiendo… Así K-end-die llegó para quedarse.
Este último año, todos los días, al salir de la biblioteca pública, me dirigía al deportivo y observaba a los diferentes deportistas hacer sus rutinas, cada movimiento los había imitado y dominado.
Tomé su puño con mi mano recibiendo su fuerte impacto y con la izquierda di un golpe certero en su mandíbula, logré desequilibrarla pero no derribarla, se compuso rápidamente y comenzó a lanzar patadas, hice lo mismo, mis pies se alternaban mientras se asestaban en sus costados, los gritos de Annie quedaron a lo lejos de mí que no podía reconocer si me animaba a continuar o a parar.
Corrí en dirección contraria a Patty unos cuantos pasos, solamente para impulsarme y girar, cuando mis manos tocaron el polvo mis pies se anudaron en su cuello tirando de ella hacia el suelo. Estaba completamente agitada por el esfuerzo físico.
Annie empujó mi hombro al momento que me puse de pie, giré en su dirección y mi rostro giró de lado contrario… era su turno. Su puño se había impactado fuertemente en mi ceja derecha abriéndola y dejando correr la escandalosa sangre, pasé mi brazo para limpiarla un poco. Comencé a luchar contra ella. Eso la caracterizaba, cada vez que Annie peleaba había sangre.
Annie era más fuerte que Patty, su pie dobló con fuerza mi rodilla hasta quedar en el suelo y dolió mucho, me levanté y acerté su pómulo con mis nudillos y giré rápidamente logrando hacer un pequeño corte, metí mi pierna y tiré de su cuerpo hasta derribarla, la mantuve debajo de mí golpeando duro, mis fuertes muslos sujetaban sus brazos, aprisionándolos y evitándoles moverse, Patty tuvo que tirar fuertemente de mí para soltar a mi hermana–Hija de tu puta madre, detente ya… es sólo práctica.
–Lo has hecho muy bien Candy. ¿En dónde aprendiste?
Las tres estábamos maltrechas, pero yo estaba más lastimada que mis dos hermanas –Viendo e investigando –Mi labio volvió a sangrar y se sumó la ceja y un pómulo con un raspón –No quiero pelear.
–No se trata de lo que queramos, sino lo que nos tocó. No podemos robar para vivir y no nos darán empleos a menos que quieras que nos tomen como putas…
–Debe haber algo diferente, yo no quiero morir por un golpe.
–Con lo fuerte que golpeas y con la forma que lo haces, dudo que alguien pueda lastimarte.
–Enserio, Patty, Annie, no quiero.
–Y ¿Qué coños deseas? –Me gritó Patty.
–Estudiar. Quiero algo diferente…
–¿Tienes jodidos papeles? No puedes estudiar si no tienes tus putos papeles, como la partida de nacimiento, los certificados médicos y no sé qué tantas madres te piden…
–He leído mucho en la biblioteca, quiero ser médico y …
–Tienes pura mierda en el cerebro…
–Ya basta, basta las dos. Candy… te conseguiré una lucha de novatos y apostaré… eres buena y tienes plan…
No tenía opción, así que dejé de poner resistencia y acepté mi destino. Annie no me expondría, Patty no se lo permitiría… ellas nunca harían algo para mi mal.
–Una novata de 12 años, eso es bueno… –Dijo con mucha emoción Patty, se acercó y me revisó la ceja.
Después que nos lavamos en el cuarto de baño que habíamos improvisado nos introdujimos en nuestra habitación –Descansa Candy, en un momento más tendrás los músculos fríos y doloridos, Patty y yo iremos por algo de comida y ver qué logramos para conseguirte una lucha.
–¿Es necesario que salgan ahora?
–¿No te quieres quedar solita?
–No, es decir, quiero contarles algo que me pasó ayer…
–¿Algo diferente a que una vieja escandalosa te echó a la policía?
–Sí–saqué con cuidado la chamarra de entre mis cosas y se las enseñé.
–Maldita sea, dijiste que no habías robado…
–No robé… me la regaló.
–¿Cuántas, putas veces tenemos qué decirte que no te acerques a los hombres? Ellos solamente querrán follarte y botarte.
–Terrence Grandchester no hará eso conmigo
–¿Quién diablos es ese tipo?
Les conté todo hasta el inocente suspiro de llamarle príncipe de los ojos azules.
Mis hermanas se divirtieron conmigo gastándome bromas, sentí que me sonrojaba y que me ilusionaba…. Quería volverlo a ver, pero no quería que él me mirara en la condición que estaba, parecía que me había atropellado un burro o un caballo, un auto no causaría tantos raspones...
Este sería el segundo año que iría a una iglesia buscando a Tom, su familia tenía una tradición de ir cada 24 de diciembre, me miré en un pedazo de espejo que colgamos en la pared, miré mi rostro inflamado, suspiré mientras silenciosamente rogaba que mis hermanas no consiguieran una pelea para mí. No quería lucir así al encontrar a Tom y menos si encontraba nuevamente a Terrence… me moriría de pena si cualquiera de ellos me viera en estas condiciones.
Pasaron algunas horas antes que mis hermanas regresaran, Annie tuvo razón al decirme que mis músculos dolerían, no lo atribuí al ejercicio ya que eso lo practicaba en el deportivo siguiendo las rutinas de los diferentes deportistas que lo hacían al aire libre, más bien eran por los golpes que me habían propinado mis hermanas y por la caída de ayer.
Me recosté, me dolía mucho mi estómago y mi cintura, de tal magnitud que me doblaba del dolor, maldije a Patty por golpearme tan fuerte y a Annie por animarla a hacerlo. No aguanté más tiempo y me levanté… Oh, oh, al momento de hacerlo sentí algo caliente escurrir de mi interior, como si me hubiera hecho pis… me incliné para mirarme … ¡Era sangre!, me espanté mucho y mi corazón comenzó a latir desbocadamente como cuando terminaba de correr o ejercitarme. Pensé que me habían lastimado con tantos golpes y me senté a llorar mientras mis hermanas se dignaban a regresar.
–Ustedes no tienen madre – les grité cuando regresaron…
–No nos demoramos tanto, ¿Tienes hambre?
–No, Annie, estoy sangrando… algo me pasó… por eso no quería pelear–Rompí en llanto, mi hermana corrió hacia mí.
–Levántate. –Tiró de mis manos para que me pusiera en pie.
Mis vaqueros estaban manchados al igual que mi frazada, sentí pena, miedo y las hijas de puta comenzaron a reírse… al principio creí que era su reacción por los nervios, yo nunca he visto llorar a mis hermanas y ellas a mí sí. –¿Por qué jodidos se ríen? Me lastimaron, ustedes dos me lastimaron…
–Esto es normal…
–No es normal… es como si pensaras que es normal que te sangre la ceja cada vez que peleas, pues no, sangra porque la golpean, así es esto… ustedes me golpearon y yo estoy sangrando por dentro.
Patty me abrazó, me aferré a ella, tenía miedo, yo no quería morir a causa de un golpe –Lo que Annie quiere decir es que es normal que las mujeres sangren, pasa una vez al mes y no es necesario que pelees para que pase, Annie sangra, yo sangro y ahora tú sangras… se llama la regla , bueno, una señora se lo explicó a Annie y le dijo que en la farmacia venden unas toallas especiales para la ropa interior, esas absorben todo para que no te manches y la gente no sepa que estás en tus días de regla.
Annie se dirigió a su caja de ropa y sacó un paquete, me explicó cómo usarlo –Es importante que sepas qué días vendrá tu visita para que estés lista. Ahora lávate, te pondré agua para calentarse, nunca te laves con agua fría mientras estés en tus días, la señora que me explicó de esto dijo que se enfría el vientre y luego no podrás tener hijos… aunque para nosotras será lo mejor, ¿para qué queremos hijos en esta miseria?–Esto último lo dijo con mucha tristeza
–Candy, lamentamos no haberte dicho de esto–Pidió disculpas Patty.
Cuando el agua estuvo caliente me metí a lavarme–Pásame tu ropa, toda, la lavaré para que no se quede la mancha –Me dijo Annie,
–Ahora que termine, yo la lavaré –Respondí.
–Anda, pásamela, yo lo hago… para que cuando termines nos sentemos a comer.
Extendí mi ropa a Annie quien la lavó dejándola muy limpia, a mí me había costado mucho sacarle las manchas a mis vaqueros que usé ayer, y eso que eran dos círculos de sangre y lodo, y estos vaqueros tenían sangre seca de mis días e ignorancia.
Me sentí mucho mejor con ropa limpia, la toalla especial se sentía gruesa entre mis piernas, aunque mis hermanas me habían explicado un poco acerca de este cambio en mi cuerpo, que ellas dijeron que era normal y para siempre, al momento de lavarme tuve temor, no sabía si estaba sangrando porque estaba herida y pensé que al momento de pasar el jabón ardería, también pensé que cada vez que me moviera me mancharía y no tenía mucha ropa y dos de mis vaqueros estaban tendidos en el lazo esperando secarse, pero con este clima frío tardan el doble para hacerlo.
–No camines como robot, camina normal, la toalla se amolda a tu cuerpo
–Es que se siente muy gruesa…
–Es normal…
–¿Cuántos días dura?
–Eso depende de cada persona, yo sangro cinco días, Annie dura tres.
–Deseo ser como Annie.
Comimos un exquisito pollo dorado con papas y tomamos gaseosa. Parecía día de fiesta. –Tendrás tu noche de novatos dentro de dos semanas, para el mero día de navidad, el 24 de diciembre.
Había propuesto ese día buscar a Tom, aunque el servicio religioso es casi a media noche, pero me tomaría un par de horas llegar caminando a la parroquia de la zona de residencias. Cuidaría lo más que pudiera que no me golpearan en la cara para que no se espante… eso si tengo suerte. –¿Contra quién?
–Una chava de 14 años, no sabe luchar, la hemos visto…. Le ganarás con una mano y un pie atados.
–Entonces ya seré una luchadora como ustedes…- dije con resignación.
–No, lucharás así hasta los 17 años, a los 18 como profesional, en la jaula y tendrás de nuevo tu debut como novata. Me faltan 3 años para lograr ese sueño, lo bueno es que este miserable año ya está para terminar…–Las tres nos comíamos un pastel el último día del año para celebrar que teníamos un año más, ninguna sabíamos el día de nuestro nacimiento, así que Patty propuso que nos celebráramos el último día de cada diciembre–Y cuando este termine, me faltarán dos...
–Candy, ¿Cómo se llama el chico que te regaló la chamarra? –Patty preguntó con una pieza de pollo en la boca, cambiando el tema de Annie.
–¿Por qué?
–Porque defendimos a un chico que se veía riquillo de los montoneros de Jack, le quisieron sacar la cartera, y parece que sí es el mismo nombre
Mi corazoncito palpitó de emoción, reconocí que existían pocas probabilidades para que él acudiera a los barrios bajos de la ciudad y si lo hacía no sería para buscarme. –¿Lo lastimaron?
–Un poco –Sentí deseos de salir y buscarlo
–¿Qué le hicieron?
–No mucho, Jack lo detuvo de sus brazos y sus chicos le golpearon las costillas, pero entre Patty y yo lo defendimos…
–¿Cómo saben qué es él?
–¿Le dijiste tu nombre?
–No. –Mis dos hermanas intercambiaron sus miradas
–¿Qué extraño? Este chico preguntó por ti.
–¿Por mí? –Debía ser Tom. –¿Dijo si se llamaba Tom… Thomas Stevenson? –Mi voz tenía mucha emoción
–¿Quién es Thomas Stevenson? –Preguntó Annie sujetando un ala entre sus dedos mientras se llevaba a la boca los dedos de la otra mano.
–Un amigo al que no veo desde hace dos años…
–Ahora comprendo por qué tienes sueños de ser médico y no sé qué tantas mierdas.
Retomé el tema preguntando, si no lo hacía terminaría discutiendo un tema que ellas nunca comprenderían–¿Cómo preguntó por mí?
–Es que a esta estúpida–Patty señaló a Annie–Se le ocurrió decirme Patty
–Y a esta jodida, el llamarme Annie
–Y ¿Eso qué tiene qué ver?
–Que nosotras no nos decimos nuestros nombres delante de extraños… cuando lo llevamos a un lugar más seguro nos sentamos junto a él, Patty había recuperado su cartera y la abrió delante de sus ojos azules, muy galán Candy… tienes buenos gustos –Las dos rieron–Patty sacó su credencial del colegio y leyó en alto su nombre–Me sentí orgullosa porque yo había obligado a mis hermanas a aprender a leer y escribir, todo lo que Tom me enseñó yo se los transmití a ellas –Terrence Grandchester Baker
–¿Pero cómo carajos pronunció mi nombre?
–Paciencia hermanita… Annie narra muy bien las cosas, hasta parece que lo estoy viendo de nuevo.
Tenía que esperar a que Annie culminara su relato o simplemente me dijera sin detalles… – Annie, ¿En dónde escuchamos este nombre?
–No sé Patty. Tal vez lo leímos en un periódico, en la sección de niños bonitos, le dijimos y nos reímos de él un ratito.
Escuché todo lo que Annie quiso contar, mientras yo moría lentamente por saber quién era el chico que preguntó por mí, ellas dijeron que había sido Terrence Grandchester y el Baker era nuevo para mí, pero también era probable que lo estuvieran inventando–… Luego él dijo ¿Ustedes son Annie y Patty las hermanas de Candy White? La pequeña amiga de mi amigo. K-end-die es su hermana menor ¿En dónde viven?... de pendejas le decimos dónde, aunque lo dijo muy emocionado...
–¿Terrence es amigo de Tom? A Tom le conté del nuevo nombre que me pusiste para luchar… Tom me recuerda… y Terrence es su amigo… probablemente estaba él también con ellos ayer… no, lo hubiera reconocido… ¿Le dijeron de la chamarra?
–No, no preguntó…
–¿Qué más dijo?
–Nada, que le avisaría a su amigo porque te prometió encontrar… ¿Eso es verdad?
–Sí, bueno… Tom me dijo que algún día nos volveríamos a ver…
–Pues espero que lo logre en esta semana, porque te tenemos una sorpresa, logramos hacer que nos arrenden un cuarto, ahora más que nunca, tú ya comenzaste a sangrar y este ya no es un buen lugar para que vivamos.
Mis hermanas querían tener una mejor vida, yo también, ellas se entendían perfectamente, deseaban lo mismo… yo deseaba salir adelante por otros medios: Estudiando y no luchando,... nunca les objetaría nada, si ellas ya lo habían decidido yo obedecería.
¿Qué hacía Terrence en un lugar como este? Él es un chico fino… ¿estaría buscando drogas, sexo, armas? ¿Qué hacías tan cerca y a la vez tan lejos de mí?
Si la vida vuelve a unir mi camino con el de Tom estaría completamente agradecida… y también lo estaría si la uniera de nuevo con la de Terrence Grandchester Baker… son amigos… increíble… dos chicos con buen corazón se han atravesado en mi destino… me esforzaré por salir de este muladar y deseo con todas mis fuerzas triunfar y volverlos a ver.
LINDA NOCHE AMIGAS
DESEO QUE LES GUSTE
SU AMIGA
ABBY
