— Midoriya… Midoriya Izuku.
Por fin, después del quinto intento por presentarse, el nombre del joven se había escuchado relativamente decente para todos los presentes.
Aunque debían aceptar que después del segundo intento ya había comenzado a hablar entre ellos de nuevo.
—Bien, Izuku… —Aizawa inspeccionó el salón con una rápida mirada, rellenando los puestos que se encontraban vacíos a raíz de un resfrío que andaba por la zona. —Ve a sentarte en la mesa tres.
Midoriya asintió, provocando que su cabello se moviese con algo de gracia.
Y así, hecho un manojo de nervios, caminó hasta aquella mesa que tenía un gran tres en el centro. Sorpresivamente, a pesar de haber sólo un chico sentado allí, había tres nombres pegados en la madera.
— ¡Hey! —Incluso antes de poder tomar la silla en la cual planeaba sentarse, su ahora pequeño compañero de puesto había saludado con algo de agresividad, elevando su diestra. —Izuku, ¿Cierto?
—Yo… Eh… Bu-Bueno… —Midoriya no sabía qué hacer. Tartamudeaba como hace mucho no hacía, jugando con el borde de su blanca playera. —Sí… —Terminó por decir.
Aunque para ese momento, el joven frente a él ya se estaba riendo.
— ¿Qué hay con eso? —Soltó, en un tono mordaz. Poco tardó en percatarse de cuánto se había encogido en sí mismo el chico nuevo. No pudo evitar pensar en la palabra inútil.
Y muy a su pesar, teniendo una perfecta presa para intimidar, tuvo que parar, pues tenían ya un ojo en él.
—Soy Katsuki Bakugō. —Se presentó, con una sonrisa orgullosa surcando sus labios.
Midoriya no pudo evitar envidiar esa seguridad, y lo genial que ese tal Katsuki se veía.
— ¡Mucho gusto, Bakugō!
Fue inevitable sentirse feliz al poder hablar con normalidad. Si bien ese chico era algo tosco para hablar, no era malo del todo, o al menos eso creía.
Para cuando Aizawa fue a pegar su nombre en su puesto, aquella imagen cayó.
— ¡Oh! Se puede leer como Deku también. —Aunque parecía haber dicho sin malicia, por la mente del jovencito pasaba el pensamiento de que era justamente el apodo indicado para él.
— ¿De-Deku…? —Midoriya tembló.
—Sí, Deku.
No sabía cómo sentirse al respecto.
Era el primer apodo que le daban, sin contar el hecho por su madre.
Y, a pesar de ser el tipo de genio escritor, Izuku pasó por alto el parecido que tenía aquel mote con el insulto inútil.
— ¡En ese caso, te llamaré Kacchan!
Lastimosamente, para el rebelde rubio, no hubo derecho a reclamo.
Resultó ser su primer amigo en el jardín.
