Aqui les dejo el capi 3, no se si podre conectarme mas tarde en el dia, asi que los subo ahora, a las 2 de la mañana =S.

Como sea... ¡espero les guste! Este no tiene tanto takari, pero es necesario para la historia y los otras personajes tambien merecen su momento de fama ¿no? Pero no se preocupen, los otros 2 capis restantes vienen cargados de takari, en especial el ultimo.

NA: Olvidé decirlo, "Koi" significa "Amor" no de la misma manera que "Ai" pues este se usa para referirse a la pareja de uno.


iii. Plan B; Jugando a Ser Cupido


"¿Crees que esté bien?" preguntó Sora, viendo como Takeru se perdía dentro del complejo departamental que albergaba su hogar.

"No te preocupes, Takeru es muy fuerte."

"Lo sé, pero se veía muy angustiado."

"Sora, despreocúpate, Takeru sabrá cómo afrontar este problema," dijo Yamato, sonriéndole tiernamente. "Ahora vamos, te llevaré a casa."

Sora, olvidando temporalmente el problema de Takeru, asintió en silencio y dejó que su novio le guiara. Le resultaba maravilloso saber que no tendría que formular un plan para hacer que Yamato se quedara con ella hasta que sus padres llegaran, si es que estaba entendiendo su mirada correctamente; Yamato parecía listo para lanzársele encima en cualquier momento.

Aun así, un incentivo no estaba de más.

Parados frente a su puerta, Sora se rehusó a soltar su mano cuando Yamato trató de alejarse, y le sonrió de manera seductora, tentadora. El rubio entrecerró sus ojos por un momento y luego suspiró y Sora supo en ese momento, que lo tenía comiendo de su mano.

"No quiero estar sola…" susurró ella, sonriendo con satisfacción cuando Yamato se acercó, acorralándola contra la puerta.

"No quiero dejarte sola…" le respondió él.

Sin más preámbulos, Sora abrió la puerta a su apartamento y entró junto con Yamato, yendo directo a su habitación. Tras cerrar la puerta, Sora se dispuso a obtener lo que quería.

"Necesito que… me ayudes con algo, Koi."

Sora se despojó de su abrigo, arrojándolo al respaldo de la silla de su escritorio, y se volteó a ver a Yamato, quien, luego de arrojar su abrigo al suelo, estaba sentado sobre su cama mirándola fijamente. Él se reclinó sobre la cama hasta quedar apoyado sobre sus hombros y le mandó una sonrisa que la dejó toda acalorada. Una sonrisa que no dejaba cabida para dudas.

Lentamente, de forma deliberada, se quitó el suéter y la blusa de su uniforme, quedando únicamente en una camiseta, la (extremadamente) corta falda y las calcetas. Además, claro, de su ropa interior, que, si las cosas se complicaban un poco, saldrían a la luz. Solo esperaba no tener que recurrir a eso; estar semidesnuda delante de Yamato, si bien siempre le conseguía lo que ella quería, era un arma de doble filo.

Sin embargo, esta vez tenía la absoluta confianza de poder ganar contra la testarudez de su adorado novio.

Yamato, con los ojos clavados en sus piernas (y en cualquier expansión de piel que tenía a la vista), se sentó nuevamente y extendió sus brazos en silenciosa invitación. Y ella, luego de suprimir su sonrisa de satisfacción, fue hacia él.

"Y… ¿en qué… necesitas mi ayuda?"

Sora se posó cómodamente sobre su regazo y acarició su rostro. Sintió las manos de Yamato acariciar sus piernas hasta perderse debajo de la falda.

"Necesito que me ayudes a vestir," murmuró.

"Eso va a ser un problema, porque…" Yamato sonrió de manera triunfal. "…ahora, estoy tratando de desvestirte."

Para ponerle énfasis a sus palabras, Yamato logró desabotonar su falda, arrojándola al suelo. Pero antes de poder hacer algo mas, Sora le besó los labios brevemente y se levantó, moviendo hacia su armario.

"El vestido que usaré para la fiesta es perfecto, pero necesitaré ayuda para ponérmelo, veras," Sora sacó el vestido y dejó que Yamato lo apreciara un momento, para luego darle la espalda, despojarse de su camiseta y sostén, y colocárselo. "El lazo que lo mantienen en su lugar está en la espalda."

Yamato se le acercó, una hambrienta sonrisa adornaba su rostro, y sin esperar que se lo pidiera, comenzó a pasar el lazo por los pequeños agujeros destinados para eso.

El vestido realmente le sentaba perfecto. De un color rojo carmesí, y con los hombros descubiertos, se ceñía perfectamente a su cuerpo, desde el pecho hasta las caderas, donde la falda caía libremente hasta sus pies. Y efectivamente, lo único que lo mantenía en su lugar, era el lazo atado a su espalda semi-descubierta; dicho lazo, que estaba firmemente sujetado a la falda del vestido, a la altura del comienzo de su espalda, pasaba por una serie de orificios a lo largo de la parte superior de la prenda, zigzagueando su camino hasta llegar a la altura de sus omoplatos donde debía ser atado con firmeza.

Viéndose en el espejo de su cuarto, Sora contempló su espalda semidesnuda, siguiendo el zigzagueo del lazo, y pensó que el cuerpo del vestido casi parecía un corsé visto desde ese punto de vista.

Aun así…

"Te ves hermosa."

Observó a través del espejo como Yamato la contemplaba con una tierna mirada, que parecía acariciarla por completo (y eran momentos como ese, que le hacían darse cuenta de lo profunda que era su relación con Yamato; mas que solo atracción física, más que solo amistad incondicional, incluso más que solo amor, su relación con Yamato era un gran paquete con cualidades y defectos que abundaban en exceso—demasiado intensa para ellos quizás, pero así estaba bien, así era perfecta), de pronto esa mirada se volvió predadora.

Ella se estremeció.

Como un animal acechando a su presa, así se veía Yamato (y por algún motivo que no comprendía, siempre lo imaginaba como una pantera), y con ese mismo aura la aprisionó entre sus brazos, depositando un seductor beso en su hombro antes de posar su mentón sobre este.

"Te ves realmente hermosa," repitió en su oído. "Y la verdad es que no sé como haré para aguantar todo el baile sin arrancar este precioso vestido de ti."

"Tendrás que usar cada gramo de autocontrol que hay en ti, porque no pretendo escabullirme contigo como las veces anteriores, Yamato, es nuestro último año."

"Lo sé…"

A pesar de respuesta, había algo en su rostro que le dijo a Sora que Yamato solo estaba dándole una pequeña introducción a lo que realmente quería.

"Y ya que el baile está a cuatro días de suceder, pensé que… podrías dejarme quitarte esta obra de arte hecha en seda… ahora."

Para probar su punto, Yamato deslizó sus manos, que reposaban cómodamente sobre su abdomen, a su espalda, donde jaló levemente un extremo del lazo sin llegar a deshacer el nudo. Alzó su vista y le dio la sonrisa más enternecedora que pudo mostrar.

"Solo con una condición."

"Lo que sea. Créeme que en este momento estoy dispuesto a hacer lo que quieras con tal de poder sacarte este vestido…"

"¿Lo que sea?"

"Lo que sea."

"¿Lo prometes?"

"Lo prometo."

Sora tuvo que sonreír ante eso, porque la sinceridad que se reflejaba en sus ojos y en sus palabras le aseguró lo que buscaba. Con una sutileza impresionante, se volteó hasta quedar de frente a Yamato y comenzó a guiar sus pasos hacia atrás. Luego de dejarlo sentado sobre la cama, y con una ansiosa mirada que lo hacía parecer un niño en la mañana de Navidad, retrocedió hasta sus cajones de dónde sacó lo que necesitaba.

Una corbata del mismo color de su vestido.

Algo que no era para nada sutil, pero esta parte de su plan debía ser ejecutado con rapidez, eficiencia y precisión.

Como el Ataque Relámpago de los Nazis durante la Segunda Guerra Mundial.

Yamato sonrió divertido al ver la prenda, claramente con la mente muy enfocada en ella y su próxima desnudes para comprender lo que sucedía.

"No sabía que el vestido venia con una corbata, pero si eso es lo que está de moda—"

Y fue ahí cuando su adorado novio comprendió lo que pasaba.

"Oh. Oh, no. No, no, no, no, no. De ninguna manera, Sora."

"Me lo prometiste, Yamato."

El rubio comenzó a negar con la cabeza para darle énfasis a sus palabras.

"No."

"Yamato-koi…"

"No me hagas esto, por favor, Sora," gimió derrotado.

Sora dejó la corbata sobre el respaldo de su silla y se acercó a él, parándose entre sus piernas. "Es solo por una noche," le dijo tiernamente, sujetando sus manos.

"Sabes que no me gusta la ropa formal," protestó, pero en un tono que le decía que solo bastaba un pequeño empujón para hacerlo aceptar su petición.

Se inclinó hacia él depositando uno, dos, varios besos sobre sus labios, tentándolo, seduciéndolo. "Prometo que valdrá la pena," le susurró.

Yamato arqueó una ceja, mirándola de forma dudosa. Sora se enderezó, deshizo el nudo que mantenía el vestido pegado a su cuerpo y lo dejó caer al suelo, revelándose. Dándose unos segundos para dejar el costoso vestido donde no correría riesgo de daños, se sentó sobre el regazo de Yamato, a horcajadas, una vez estuvo lista.

Con su torso al descubierto, y en su actual posición, Yamato tenía una excelente vista de sus pechos. Cuando él alzó sus manos para acariciarla, Sora supo que había ganado esta ronda.

Le quitó la chaqueta del uniforme, la camisa y camiseta, y luego lo empujó hasta dejarlo recostado sobre su cama. El cinturón tuvo el mismo destino que las otras prendas y cuando Sora desabotonó el pantalón, hizo una pausa al ver las manos de Yamato sujetando sus muñecas.

"Y ese valdrá la pena, ¿puede extenderse al resto de la semana? Porque creo que necesitaré que me lo recompenses con ganas si quieres que aguante hasta el final del baile," dijo él, sonriéndole de tal manera que Sora no sabía quién recompensaría a quien.

"No te arrepentirás…"

Y con ese susurro, lo besó apasionadamente. Yamato, sin darle tiempo a reaccionar, invirtió sus posiciones, quedando cómodamente posicionado entre sus piernas. La fricción que ocasionó aquel repentino movimiento, el roce del pantalón del rubio contra la delgada tela de su ropa interior, la hizo gemir, y buscando más de ese placentero contacto, Sora arqueó su espalda y flexionó sus piernas, eliminando cualquier tipo de espacio entre sus cuerpos.

Yamato comprendió sus intenciones y, descendiendo con sus besos por su cuello hacia sus pechos, comenzó a frotar sus caderas contra las de ella. La fricción ocasionada era deliciosa y muy, muy placentera. Cuando él comenzó a lamer y succionar uno de sus pezones, dejando que su mano se encargara de masajear el otro, Sora no pudo evitar el gemido que escapó de su boca, lo que pareció incitar a Yamato a poner más fuerza a sus acciones mientras sus caderas aumentaban el ritmo. Pero tan solo la fricción ya no era suficiente, y como Yamato parecía muy contento con devorar sus pechos como para avanzar las cosas, Sora tomó la iniciativa.

"Dios, Yama—to…"

Rápidamente, y con precisión, deslizó sus manos por el bien formado pecho del rubio y siguió su descenso, al llegar al borde del pantalón no dudó en introducir una de sus manos en busca de su premio, mientras la otra forcejeaba para hacer que la prenda cediera. Sintió las manos de Yamato jalando insistentes su ropa interior, pero antes de poder llegar a más fueron interrumpidos por un sonido agudo.

Un teléfono.

"Maldición—"

Sora mordió su labio inferior con nerviosismo mientras miraba el teléfono inalámbrico que había sobre su velador, debatiéndose que debía hacer. Podía contestar, claro, pero eso implicaría dejar las cosas con Yamato hasta ahí, y si la llamada era insignificante, se habría molestado por nada, pero… ¿y si era urgente?

¿Qué hacer?

"Déjalo sonar…" dijo Yamato, en un susurro forzado.

Sora soltó un sonido de resignación, decidiendo que no, no podía dejarlo simplemente sonar. Con gran esfuerzo (en serio, fue monumental), dejó sus atenciones al cuerpo de su novio de lado, a lo que recibió un gruñido de protesta, y posando sus manos firmemente en sus hombros, lo obligó a moverse.

"Sora—"

"Puede ser importante," rebatió ella, inclinándose hacia el velador y aprovechando de tomar la camiseta que Yamato traía puesta para cubrirse.

El joven se rindió ante su insistencia en contestar, y rodó hacia un lado, dejándola moverse con mayor libertad. Sora se puso la camiseta rápidamente y contestó, ignorando efectivamente los murmullos de protesta de Yamato a sus espaldas.

"No puedo creer que me dejes en este estado."

"¿Diga?"

"¡Sora!"

Ahora fue ella la que gruñó por lo bajo. Al parecer Yamato había tenido razón al pedirle que no contestara.

"Miyako…"

Ya estando sexualmente frustrada, y tomando en cuenta los constantes comentarios molestos de Yamato, su humor iba decayendo rápidamente. Solo esperaba que su amiga fuera lo más breve posible con su llamada, porque no se creía capaz de poder mantener una conversación amena con nadie en estos momento, menos a sabiendas que tenía una posible reencarnación de Adonis a sus espaldas que la torturaba con suaves caricias.

"¡Sora, tienes que venir a mi apartamento ahora!"

"Ahora no es un buen momento, Miyako, solo dime que ocurre."

Sora suspiró, sentándose en el borde de la cama, escuchando como la menor balbuceaba cosas inentendibles por el teléfono. Sintió la cama moverse bajo el peso de Yamato mientras el joven se acomodaba, sorprendiéndola cuando se sentó a su espalda, abrazándole, y apoyó su mentón sobre su hombro.

"Ay, Sora, no sé… verás, es que… la verdad, yo—ahh, no puedo decírtelo por teléfono, tienes que venir, por favor."

Yamato eligió ese momento para hacer saber su presencia y sujeto su mano, atrayendo el teléfono hacia él. "Hola, Miyako," dijo, soltando su mano luego de eso.

"¿Estás con Yamato?"

Claro, ¿con quién más podría estar?

"Si, Miyako… Eh, en serio ahora no es un buen momento, solo dime lo que—¡Yamato!"

El rubio le arrebató el aparato de las manos repentinamente. "Adiós, Miyako," dijo y cortó la llamada. "Ahora, ¿dónde estábamos?"

Sora lo miró incrédula y la molestia comenzó a hacerse presente lentamente en su rostro. "Ciertamente no donde quieres."

"Oh, Sora, por favor."

Ignorando completamente sus súplicas, Sora le arrebato el teléfono indignada y marco rápidamente el número de Miyako. "Voy para allá," dijo, apenas escuchó a la pelimorada en al otro lado de la línea y luego colgó. Sin esperar reacción alguna de parte de Yamato, comenzó a vestirse, optando un pantalón en lugar de una falda; ya no tenía motivos, ni ganas, de seducir a su novio.

Dicho novio, tenía otros planes, por supuesto, porque, apenas Sora se puso los pantalones, él detuvo sus movimientos sujetando sus muñecas.

Sora le miró de mala manera.

"Lo siento," dijo Yamato, sonriéndole de forma apenada.

Suspiró resignada y le devolvió la sonrisa, no encontrando motivos en sí misma para mantener su enfado con él. Menos aun cuando se veía tan, tan… tan sensual ahí parado sin nada más que sus pantalones.

"Lo que hiciste no estuvo bien," le reprochó levemente, a lo que Yamato solo respondió dándole un tierno beso en los labios.

Desvió sus labios hasta su frente, besándola ahí también y luego le sonrió. "Lo sé, y en serio lo siento. Ahora, vamos, te llevaré a casa de Miyako."

Sora observó como él comenzaba a recoger su ropa, notando la visible tensión que tenía su cuerpo; tensión que ella compartía, pues era ocasionada por lo mismo y… no podía dejar las cosas simplemente así, ¿verdad? Ella no se creía capaz de aguantar unas horas en compañía de Miyako con esta frustración que sentía, esta tensión, y estaba segura que Yamato sentía lo mismo, así que…

Bueno, maldición.

Tomando una rápida decisión, Sora se quitó la camiseta que traía puesta y caminó hacia Yamato lentamente, reuniendo toda la sensualidad que había dentro de ella.

"Yamato-koi…" le llamó, posando suavemente una mano sobre su hombro y regocijándose al ver la cara de sorpresa que tenía al darse la vuelta. "Aun podemos… si somos rápidos, claro está…"

Nada mas terminó su oración y Yamato la envolvió entre sus brazos, besándola con fervor.

.~~~~~~~~~~~~.

Taichi se dejó caer sobre la cama con pesadez; estaba molesto—no, molesto no era la palabra, estaba… preocupado. Sí, eso era, estaba sumamente preocupado.

De su pequeña hermana.

Había visto a su hermana sonreír, suspirar, y llorar este ultimo año por el menor de los rubios, tratando se captar su atención de algún modo sin llegar a ser obvia. Claro, eso le jugó en contra porque por muy notorio que fueran sus sentimiento por Takeru, el chico los ignoraba olímpicamente, seguramente por temor a interpretar mal las cosas. Al comienzo era simpático verlos dar vueltas alrededor de sus sentimientos, pero al ver el sufrimiento de ambos estos últimos meses ya no lo era.

Claro, las fans de Takeru, que cada día se hacían más abundantes, no ayudaban a nadie.

Deseaba poder hacer algo, pero no sabía qué y… bueno, tampoco podía entrometerse en su vida, Hikari estaba ya bastante grandecita como para necesitar de su constante protección.

Miró el reloj que había en el velador junto a la cama y suspiró.

Las ocho…

"Mimi," dijo, alzando su voz para que su novia lo escuchara por sobre la música del estéreo. "¿Hasta qué hora me tendrás esperando aquí?"

Ya habían pasado más de dos horas desde que llegaron a su casa y Mimi le insistió en que necesitaba de su opinión para elegir el vestido indicado para el baile; dos horas y cuatros vestidos, de los cuales todos tuvieron su aprobación pero la joven insistía en ninguno era el indicado.

"¡Hasta que me des tu opinión de manera eficiente y me ayudes a decidir!"

"¡Pero ya lo hice, cuatro veces, y tú insistes en seguir probándote vestidos!"

La puerta del closet de Mimi se abrió, y apenas él alzo su cabeza para mirarla, supo que algo le iba a pasar.

"Entonces no lo hiciste bien, Taichi-pooh."

Oh, maldición.

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Mimi sonrió satisfecha al ver la expresión de Taichi. Oh, , su plan seguía su rumbo a la perfección. Sabía que tanta espera haría que el moreno se impacientara mucho, pero en ese estado era mucho más vulnerable a sus maquinaciones.

Ahora, no la malentiendan, no es como si disfrutara de hacer planes a las espaldas de su novio, planes para conseguir de él lo que quisiera, no. Pero situaciones extremas requien medidas extremas y, honestamente, esta era una situación sumamente extrema.

"Oh, oh…"

Mimi sonrió ampliamente, y dio una vuelta, haciendo volar la falda del vestido alrededor de sus piernas, volviendo a su posición original hasta la altura de sus rodillas. El cuerpo del vestido iba ajustado al cuerpo desde las caderas hasta debajo de los pechos, con una fina cremallera que lo cerraba en la espalda; del corsé se extendían dos franjas de tela que estaban diseñados para cubrir el pecho, amarrándose alrededor del cuello para mantenerlo firme en su lugar.

"Entonces… ¿te gusta este?"

"Ah…"

Se acercó a Taichi con lentitud, mientras que el joven, casi como hipnotizado, se incorporo hasta quedar sentado. "¿No crees que es perfecto?"

"Perfecta…"

Una vez estuvo justo delante de él, acarició su rostro y puso su mejor sonrisa. "Si, ¿cierto? Y lo que es aun mejor, combina perfectamente con el esmoquin que usarás."

La palabra esmoquin pareció sacarlo abruptamente de su trance, ya que Taichi agitó su cabeza rápidamente y se alejó un poco de ella, inclinándose hacia atrás.

"No," dijo firmemente.

"Pero, Taichi-pooh—"

"No, Mimi, no importa cuánto me ruegues, no lo haré."

Mimi frunció el ceño, tratando de ser lo más adorable posible, pero nada parecía funcionar. "¡Es solo por una noche!"

"Ni aunque sea por un minuto, no," dijo de forma petulante, cruzando los brazos.

Eso le indicaba claramente que la conversación se había acabado. Pero Mimi no se daría por vencida, no después de haber llegado tan lejos con su plan, no… Y con una sonrisa seductora, llevó sus manos atrás de su cuello y desató el nudo que mantenía el vestido firme, luego las llevó a su espalda y terminó por bajar la cremallera, dejando caer el vestido suavemente al piso. Ya luego lo recogería, consolándose al saber que la tela del la cual estaba hecho no se arrugaba.

Tomo un respiró y posó una de sus manos firmemente sobre el pecho de su novio, maravillándose internamente el sentir sus músculos bien definidos. Taichi, quien había estado mirando hacia un lado, la miró de reojo y ella no pudo ocultar su satisfacción al verlo girar su cabeza para clavar sus ojos en ella. Con la boca semi abierta de la impresión, y con el deseo colándose lentamente en sus facciones, Taichi había quedado completamente incapacitado para seguir negándose a lo que ella le pedía.

Claro, este plan le estaba resultando un tanto difícil ahora, porque, honestamente, no pensó que llegaría a estas alturas para conseguir que Taichi usara un condenado esmoquin al baile. Y es que… jamás había estado tan desvestida delante de él; cierto, había estado en condiciones parecidas durante el verano, pero… un bikini no era lo mismo que su ropa interior.

¿Será esta la noche en que perderé mi virginidad con Taichi?

Tan solo pensar en esa posibilidad ponía su cuerpo a vibrar de la emoción.

Pero tenía que controlarse, este no era el momento para dejarse llevar por sus emociones. No, debía empujar esos sentimiento muy dentro de ella y lograr que Taichi cediera en este tonto asunto del esmoquin. Así que, sentándose delicadamente sobre su regazo y empujando al moreno sobre la cama, dio inicio a su plan de seducción. La respiración entrecortada de él le dijo al instante que no tendría mucha resistencia.

Si, después de lograr su cometido, conseguía además hacer de esta noche la más memorable por el resto de su vida; nada sería más magnifico para ella.

"Taichi-pooh…"

El aludido gruño por lo bajo. "Ay, Dios, no."

"Por favor…"

Sus leves susurros estaban surtiendo efecto, porque por más que Taichi intentaba, no conseguía mantener su vista lejos de ella. "No me hagas esto, Mimi-hime…"

Mimi besó su cuello, aprovechando que estaba expuesto a su merced, luego hizo un camino de besos, pasando por su mentón, su mejilla, hasta llegar a su boca. "Haré que valga la pena."

"Uh."

Taichi cerró sus ojos con fuerza, claramente luchando contra sí mismo para no cedes, pero Mimi lo sintió temblar levemente, y su cuerpo se relajó. Con lentitud, el chico giró su cabeza y abrió sus ojos, dándole una intensa mirada. Ella vio un último intento a resistirse reflejado en sus ojos, pero no duró.

"Oh, maldición, de acuerdo."

Mimi sonrió ampliamente.

"Usaré el condenado esmoquin."

"¡Oh, gracias, gracias, gracias!"

Y solo para enfatizar su agradecimiento, Mimi sujetó su rostro con firmeza y lo besó, sin importarle nada más. Pero las cosas no se quedaron ahí, y escalaron rápidamente al siguiente nivel, se invirtieron sus posiciones y ella se vio atrapada entre el bien formado cuerpo de su novio y su cama. No hubo preguntas (nada de ¿estás segura? o ¿es esto realmente lo que quieres?), ni cursilerías (nada de aun puedes detenerte o siempre espere este momento), solo un vago sentido de saber que esto era lo correcto, el siguiente paso en su relación.

Ambos lo querían, lo sabían, al fin después de año y medio de noviazgo estaban en la misma sintonía porque Mimi podía sentir en la forma que Taichi la besaba que estaba tan listo como ella. Y cuando sintió su inexperta mano tratando de soltar el gancho de su sostén y las chispas que sintió recorrer su cuerpo debido a eso, no pudo evitar sonreír—

Knock. Knock.

"¿Mimi?"

Los jóvenes se separaron, cada uno saltando a costados diferentes de la cama, ante la sorpresa que sentían. El golpeteo en la puerta no cesó, sino que más bien parecía hacerse más insistente. Mimi inspeccionó su apariencia y frunció el ceño, alzando la vista encontró a Taichi con una mirada aun algo perdida, mejillas sonrojadas y sospechosamente sin camisa (¿en qué momento se la había quitado?).

"¿Mimi? Hija, tienes una llamada."

La voz de su madre la sacó de sus pensamientos y de manera apresurada comenzó a moverse por la habitación recolectando la ropa descartada y ordenando el lugar. Le lanzó la camisa a Taichi, soltando un suspiro de alivio cuando el joven reaccionó y comenzó a vestirse y a ayudarle a poner la habitación en orden. Trató de ser lo más silenciosa posible, así quizás su madre pensaría que ambos estaban escuchando música con auriculares puestos y por eso no la oían, pero tuvo que maldecir su suerte cuando su moreno novio tropezó con su escritorio y cayó al suelo.

"¡Diablos!" exclamó él en un murmullo, pero aun así fue escuchado.

"¿Mimi, ocurre algo?" la puerta se movió como si trataran de abrirla a la fuerza y Mimi tuvo que apresurarse a colocarse su bata de baño. "¿Por qué está cerrada tu puerta?"

"Ahh, dame un segundo, mamá, ya te abro."

Luego de asegurarse que todo luciera lo más inocente posible, abrió la puerta, solo lo suficiente para asomar su cabeza hacia el pasillo. "¿Si?"

"Tienes una llamada," dijo su madre, pasándole el teléfono. "¿Está todo bien?"

Mimi sonrió ampliamente, asintiendo con la cabeza. "Todo perfecto, solo terminábamos nuestras tareas y eso. Gracias, por traer el teléfono."

Sin querer dar más explicaciones, y sabiendo que no duraría mucho si su madre la interrogaba, le cerró la puerta en la cara. Ya habría tiempo de lamentarse esa actitud para con su madre luego, ahora debía gritarle a quien fuera que haya osado en interrumpir su velada con Taichi.

"Quien quiera que seas, tienes treinta segundos para darme motivos suficientes como para no cortar la llamada."

"¡Mimi, debes venir a mi casa ahora, es urgente!"

"¿Miyako?" exclamó ella sorprendida; a sus espaldas, escuchó a Taichi quejarse mientras se dejaba caer sobre su cama. "¿Qué ocurre?"

"No puedo explicarlo ahora, tienes que venir, por favor, Mimi."

Mimi suspiró, caminando hacia la cama, y también se dejó caer sobre esta. "¿No puede esperar hasta mañana? Porque estoy algo ocupada."

"¡Por favor, Mimi, estoy desesperada!"

Lo sé, puedo notarlo.

"Miyako…"

Taichi se acercó al teléfono para poder escuchar, y seguramente, para dar su opinión a la persona que los había interrumpido, otra vez.

"Es sobre Hikari."

Mimi pestañeó confundida y sintió la preocupación hacerse presente, pero antes de poder opinar, Taichi le arrebató el aparato.

"¿Qué le pasó a mi hermana?"

Mimi lo miró reprochándole, y le obligó a devolverle el teléfono. "Miyako, iremos enseguida."

Apenas cortó la llamada, Mimi comenzó a moverse por la habitación buscando algo que ponerse. "Taichi, termina de vestirte," pero el moreno ya estaba listo y esperándola. Una vez ella estuvo lista, y antes de salir a enfrentar las miradas inquisitivas de sus padres, Mimi sujetó su rostro con firmeza y le dio un tierno beso en los labios.

"Despreocúpate, seguramente Miyako está exagerando."

Taichi suspiró. "No lo sé, Mimi, Hikari ha estado muy deprimida últimamente y yo…"

Ella sabía perfectamente el por qué de esa depresión, Dios, todos los elegidos, inclusive Jyou, quien estaba ya en la Universidad, lo sabían. Y si su intuición no le fallaba, era eso lo que Miyako quería tratar al pedirle que fuera a su casa. Solo esperaba que, si estaba en lo correcto, lograran encontrar una solución al asunto, y rápido.

"Hikari es muy fuerte, Taichi, ya dejó de ser una niña, debes confiar en ella," dijo, y lo besó nuevamente para animarlo. "Ya verás como todo se soluciona."

Rápidamente, y con un breve grito a sus padres ("¡Iré a casa de Miyako por un rato!"), Mimi salió de su departamento con Taichi a cuestas.

.~~~~~~~~~~~~.

Nada más las parejas llegaron al edificio donde vivía Miyako, el mismo donde aún vivía Iori y ahora Takeru, la pelimorada corrió hacia ellos y se llevó a las chicas rápidamente. Apenas tuvieron tiempo de lanzarles un beso a sus respectivos novios, diciendo que les llamarían, antes de perderse de vista.

Los chicos se quedaron parados ahí por unos segundos más antes de voltearse, un suspiro de resignación escapando de ellos, y comenzaron a caminar. Al final, fue Taichi quien rompió el silencio primero.

"¿Miyako también los interrumpió?"

Yamato mostró una media sonrisa, y asintió. "Si… y no."

Taichi inspeccionó su apariencia, pero no encontró nada fuera de lo normal, pero el rostro de su rubio amigo decía otra cosa; esa mirada que tenía, era la mirada de un hombre que se encontraba relajado y completamente satisfecho.

En un arranque de celos, y maldiciendo su suerte, el moreno le golpeó el hombro. "Bastardo afortunado," le dijo, a lo que Yamato solo pudo reír en respuesta.

"Hey, no es mi culpa que demores tanto a tomar la iniciativa con Mimi," le dijo luego de un rato.

"Solo llevamos un año y medio juntos, no quiero apresurarla…"

"Eso no es excusa, Sora y yo llevábamos menos de un año cuando—"

Dios, lo sé, no necesito que me lo recuerdes! ¡Ugh!"

Yamato volvió a reír antes eso. Si bien Taichi aun se disgustaba ante ese recuerdo (¿y quién no? a nadie le gustaría encontrar a sus mejores amigos en esa situación), él ya lo había superado. Era una suerte, para todos, que Taichi solo haya aparecido cuando ya todo había acabado, y solo los había visto dormir; afortunadamente, tanto él como Sora habían estado cubiertos con las sabanas, así que pudieron evitarle un mayor trauma a su amigo.

"Maldición, Yamato, casi había logrado borrar esa imagen de mi mente."

"Imagínate a Mimi en ese conjunto que llevó a la playa el verano pasado y lo superarás."

La expresión de Taichi cambio drásticamente y una sonrisa boba se posó en su rostro. "Ese era un lindo conjunto."

Yamato rió levemente, negando con la cabeza ante las ocurrencias de su amigo, y le dio un fuerte golpe en el hombro. "¿Lindo? Taichi, hermano, necesitas algo de sexo en tu vida, con urgencia."

"No molestes," Taichi miró los alrededores, dándose cuenta que estaban cerca del parque y volteó a ver a Yamato. "¿Qué hacemos hasta que Miyako suelte a la chichas?"

Yamato inspeccionó sus alrededores también, y luego le surgió una idea. "¿Qué tal si vamos a ese nuevo club que abrieron cerca de aquí? Buen lugar para matar el tiempo."

"Me parece bien."

Mientras caminaban hacia el lugar, ambos parecían tener solo una cosa en sus mentes en esos instantes, sus hermanos menores; porque cuando el pub estaba a la vista al final de la calle que transitaban, Taichi habló de nuevo.

"¿Qué opinas que todo esto que está pasando?"

Yamato no necesitaba más explicaciones para comprender de que hablaba su amigo, después de todo, era prácticamente lo único que hablaban cada vez que estaban reunidos.

"Yo creo… que Miyako es una excelente amiga," dijo, haciendo una pausa. "Pero, al final, no hay mucho que ninguno de nosotros pueda hacer para solucionar el problema. Esto es algo que Takeru y Hikari deben resolver por su cuenta."

"Lo sé, eso me temo," Taichi suspiró, frotando su ojos en señal de cansancio. "Es solo que no puedo evitar sentir que… le estoy fallando como hermano mayor."

Yamato le sonrió apenado. "Lo sé, yo siento lo mismo."

Sin más preámbulos ingresaron al club, dispuestos a pasar el tiempo de la mejor manera mientras esperaban por la llamada de sus novias.

.~~~~~~~~~~~~.

Al final, se decidió que la chicas intervendrían en el asunto directamente. El plan era sencillo; lograr que Takeru y Hikari pasaran la mayor cantidad de tiempo juntos, y si era posible, a solas, sin amigos, ni fans, ni nadie que los distrajera o interrumpiera.

Miyako se encargaría de que Hikari estuviera en todos los lugares adecuados, en los momentos adecuados, y Mimi y Sora se encargarían de alejar a Takeru de sus fans. Mimi, porque su personalidad extrovertida y el poder que ejercía sobre la Preparatoria le daban una ventaja, y Sora, porque ella ya tenía mucha experiencia con fans obsesivas y su creciente popularidad por ser la capitana del club de Tenis le daban una ventaja también.

Así, y para el pesar de sus respectivos novios, las chicas pusieron todas sus energías en hacer que el plan B funcionara a la perfección, pero con tres días para el baile, y con las excusas para conseguir que Takeru y Hikari les siguieran el juego acabándose, las cosas no les estaba resultando fácil.

Si Miyako pudiera hacer una grafica del progreso que habían logrado, sabía que tendría altos y bajos; con los altos siendo no lo suficiente altos y los bajos siendo demasiado bajos.

La relación de sus amigos parecía ir un momento bien, excelente quizás, y luego caía a la incomodidad, terminando con Hikari sumida en sus pensamientos negativos y con Takeru tratando de aliviar su frustración mediante el baloncesto. Este sube y baja tenía al resto de los elegidos al borde del cuchillo, sin saber qué rumbo tomarían esos dos, porque así como iban las cosas, la situación solo podía terminar de dos maneras; o muy bien, o muy mal.

Para cuando el Viernes cayó sobre sus cabezas, Miyako estaba al borde de un colapso nervioso, la desesperación pudiendo con ella.

Es así como la encontraron Sora y Mimi.

"Dios, Miyako, ¿qué te ocurre?" preguntó Mimi, y se sorprendió cuando su única respuesta fue un llanto desamparado.

Sora, quien estaba tan sorprendido como Mimi, se volteó a ver a Ken, quien solo podía abrazar a su novia, sin saber que mas hacer. El chico negó con la cabeza, encogiéndose de hombros para darle a entender que él estaba tan sorprendido como ellas.

"Yo—yo ya no—no… no se—que hacer…" se lamentó Miyako, abrazando a Ken por la cintura.

Sora y Mimi se sentaron frente a la pareja, ambas suprimiendo el deseo de decir lo adorables que se veían juntos. Agradecían la privacidad que el patio de la escuela les proporcionaba, hacia algo de frío, no tanto como para ameritar quedarse completamente dentro del edificio de la escuela, pero si lo suficiente para que solo unos pocos estudiantes de animaran a salir.

"Está así por… la situación, esto ya la superó," les dijo a sus amigas, acariciando la espalda de la pelimorada con ternura.

"Oh, Miya…"

Sora posó su mano sobre el hombro de la desconsolada chica, logrando hacer que la mirara, y le sonrió. "Aun tenemos el resto del día para hacer que esto funcione, no te desanimes ahora."

"Si," dijo Mimi. "Tienes que confiar en que todo se solucionará, así que no te preocupes."

Miyako les miró, sus ojos color violeta llenos de lágrimas, y logró mostrar una sonrisa, que además de alegrar a los presentes, alivio en demasía a Ken. "Tienen razón," dijo, limpiándose las lagrimas.

"¿Te sientes mejor ahora, amor?" le preguntó Ken, y tanto Sora como Mimi tuvieron que morderse la lengua para no gritar como niñitas emocionadas ante la ternura que emitían.

Miyako asintió levemente, y luego le besó la mejilla. "Si, ya no te preocupes," y con un profundo respiro, volteó hacia las chicas. "¿Qué tienen pensado hacer?"

Ambas sonrieron, y se acercaron mas a la pareja solo para asegurarse de no ser escuchados por oídos chismosos.

"Primero debo decirte que me costó un mundo hacer que Yamato accediera, y obligarme a mi misma a pedírselo, pero lo conseguí," comenzó Sora, mirando seriamente a las otras dos chicas. "Bueno, ¿recuerdan a la nueva secretaria del Rector?"

"¿La que dice tener veinticinco años e insiste en que Yamato necesita a una verdadera mujer para que le muestre la vida?" rebatió Mimi, sonriendo divertida.

Sora frunció el ceño, no disfrutando del humor de su amiga. "La misma."

"¿Qué hay con ella?" preguntó Miyako, ya interesada en los planes de la pelirroja.

"Le pedí a Yamato que coqueteara con ella y que de paso le pidiera la lista de asistencia de los maestros," continuó, haciendo una pausa para sacar una hoja de papel del bolsillo de su abrigo. "Aquí, miren esto."

En efecto, Yamato había logrado su objetivo, pues la hoja mostraba una lista detallada de todos los maestro de la escuela, con sus horarios de entrada y salidas, mas los horarios de sus clases y con qué clase debían estar. Estaba todo.

"Oh, ya veo," murmuró Ken repentinamente, atrayendo la atención de las chicas. "Ya sé lo que planea Sora," dijo al sentirse observado y le indicó a Sora que explicara.

"Miren aquí," dijo la pelirroja, apuntando a uno de los maestros.

"El maestro de música, ¿qué hay con él?" cuestionó Miyako, aun no viendo hacia donde quería llegar Sora con todo esto.

"Aquí dice que tiene una licencia médica por una semana debido a un accidente que tuvo la tarde del Miércoles. Según esto, volverá a la escuela el próximo Jueves."

Fue ahí cuando Miyako comprendió el plan. "Hikari y Takeru tienen clase de música luego del receso."

Mimi asintió entusiasmada. "Lo único que debemos hacer es correr la voz, hacer que el salón quede vacio, y lograr que Takeru y Hikari vayan ahí y se queden hasta el término de la clase."

"Eso les daría unas tres horas sin interrupciones," musitó Miyako de manera pensativa. "Sí… ¡Sí, es perfecto! No hay forma que algo salga mal ahora."

"Yo les ayudaré," interrumpió Ken, sujetando las manos de Miyako ahora que la chica había deshecho su abrazo.

"Oh, no, Ken, no es necesario," le respondió su novia, pero el chico la cayó con un beso.

"Insisto. No quiero volver a verte así de desconsolada de nuevo, y si involucrándome en esto evitara que eso pasé, entonces ayudare."

Miyako le sonrió, un leve sonrojo haciéndose presente, y lo abrazó. "Gracias, amor."

Esta vez, las chicas no pudieron contener su entusiasmo y exclamaron: "¡Que tierno!"

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Al final, nadie supo por qué pasó realmente.

Todo estaba perfecto, lograron que los chico estuvieran solos en el salón, sin interrupciones de ningún tipo. O al menos eso pareció en un principio. Fue probablemente un descuido tonto, una sobreestimación al creer que podían jugar con el destino, porque poco después que se cumpliera una hora desde el momento en que los habían dejado solos la tragedia sucedió.

Al final, nadie supo cómo pasó realmente.

Lo único seguro es que apenas Hikari había salido del salón de música, se topó con Akira, uno de los integrantes de la banda de Yamato, The Teen-Age Wolves, y le pidió que fuera con ella al baile. Y poco después de eso, minutos quizás, Takeru aceptó la invitación de una chica en el grado de Mimi, llamada Azusa.

Al final, nadie supo lo que pasó realmente; solo que todo había terminado muy, muy mal.


Continuará…


Eso seria, hasta el proximo lunes!

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