¿Que pensaban, que iba a dejar esto sin el momento sad?
Bueno, la verdad es que no está tan clorox, pero... bueno, por precaución tengan sus pañuelos listos.
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Algo que deseo resaltar antes de que comiencen a leer es que, encontrarán una anotación
- (1) -
la cual les indica el momento donde pueden reproducir el video que elegí para esta parte;
Inuyasha OST - To Love's End | 이누야샤 - 시대를 초월한 마음
YA SABEN ANTEPONER EL ENLACE DE YOUTUBE Y DESPUES - watch?v=A_ePIBrWnOA
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ENERO 31, 2018
GC MOON
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CAPITULO 03
-Dolor, una vez más-
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"El dolor es inevitable pero el sufrimiento es opcional"
–Buda
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Entraba a su departamento una joven azabache, en sus ojos color azul intenso se podía notar el cansancio; aventó su bolso sobre el sillón y corrió apresuradamente al baño, abrió la regadera esperando que el agua quedara a la temperatura perfecta; mientras eso ocurría se lavó las manos y la cara, había sido un día caluroso y agotador; se quitó completamente la ropa y cuando su piel tuvo contacto con el esperado líquido se fue relajando cada músculo de su cuerpo, permitiéndose despejar su mente después del estrés que le había causado su examen.
Cuando terminó, se secó el cuerpo, el cabello y se colocó una bata verde con detalles rosa, caminaba por el lugar dirigiéndose hacia su habitación cuando sonó el teléfono, se le hizo algo extraño, era tarde y casi no le llamaban al número fijo, se apresuró a atender sin pensar en la noticia que le esperaba.
–¿Kagome Higurashi? – Preguntó una voz gruesa.
–Sí, soy Kagome – Respondió extrañada.
–Habla el Oficial Aitken para informarle que la Señora Kikyo Taisho tuvo un accidente y se requiere su presencia lo antes posible a nuestras oficinas– Al escuchar esas palabras el aire se escapó de su cuerpo.
Tenía mucho tiempo que no sentía esa presión tan fuerte en su pecho, había aprendido a vivir con ese sentimiento que parecía no estar presente; pero, una vez más se removía esa espina clavada en su corazón y le hacía sentir un profundo e intenso dolor, recordaba esa sensación una vez más.
–Enseguida estaré ahí – Colgó la llamada.
Llevó sus manos hacia su boca sorprendida y las lágrimas inmediatamente salieron de sus apagados ojos azules, no podía repetirse esa historia una vez más, no podía ocurrir otra tragedia así en su vida ¿por qué el destino se empeñaba en causarle tanto dolor a su corta vida?
Se colocó un suéter sencillo gris, pantalones de mezclilla oscuros y zapatillas deportivas negras, tomó su celular y su bolso saliendo de su departamento afligida con el dolor y la desesperación apoderándose de su alma, consumiéndola lentamente una vez más.
Al llegar, rápidamente preguntó por el oficial que le había llamado, una vez que se presentó la dirigió a un sito más privado, y este le indicó que tomara asiento en la pequeña sala, le ofreció algo de tomar, gesto que por su nerviosismo rechazó, Aitken pacientemente le relató lo sucedido, su hermana y su cuñado habían muerto en un accidente, un conductor ebrio los sacó de la carretera aventándolos hacia un barranco cayendo varios metros, cuando la ayuda llegó no había nada que hacer para salvarlos.
Al escuchar lo acontecido quedó impactada, ahora sentía con mayor intensidad el dolor punzante clavarse más profundo, incluso la espina que había en su corazón se removía en su lugar intentando llegar más y más adentro casi destrozándola por completo, por un momento pensó que se trataba de algo que tenía solución, pero se daba cuenta que ahora estaba completamente sola y que ya no tenía familia, era la última Higurashi de su linaje, entonces su cerebro reaccionó.
–¿Y Rin?, ¿Qué pasó con la bebé? – preguntó alterada, ¿su sobrina también había fallecido?, el oficial mencionó a su hermana y su cuñado, pero de la niña no había dicho nada, ¿entonces ella se encontraba en un hospital? Tenía que ir a verla, tenía que asegurarse que se salvaría, era su única familia y no podía abandonarla.
–Ella está bien, su niñera la estaba cuidando, así que no viajaba con ellos– por primera vez en ese día se sintió aliviada y esperanzada.
– ¿Y dónde está ahora? – preguntó preocupada.
– Los oficiales la llevaron a servicios de protección infantil, ellos se encargan de este tipo de casos.
–¿Este tipo de casos? – cuestionó la azabache.
–Sí, de niños huérfanos– Las palabras retumbaron en su mente y la impotencia le llenó su corazón, sintió su alma desgarrarse, era como sentir todo el dolor de antes multiplicado por diez, su pequeña sobrina estaba con extraños sin saber que sus padres jamás regresarían.
–¿Qué sucedió? –Una voz fría y autoritaria se hizo presente en el pequeño lugar, captando inmediatamente la atención de los presentes.
Kagome miró a Sesshomaru, su rostro era duro e inexpresivo, pero en sus ojos notó algo diferente, el brillo no estaba por esta ocasión, ahora estaban apagados, quiso creer que se trataba de un dolor perfectamente oculto.
–Sesshomaru– pronunció su nombre con esfuerzo, ahogando las lágrimas implorando su cercanía, sin saber por qué tenía ese impulso y necesidad de él.
Se acercó mirándola fijamente hasta llegar frente a ella, comprendiendo la situación frunció el ceño; por primera vez no sabía que debía hacer, Kagome acortó la distancia que restaba entre ellos aferrándose a su cuerpo enterrando su rostro sobre el firme pecho del mayor sintiéndose confortada sin importarle el atrevimiento o si era rechazada, necesitaba sentirse comprendida, el dolor era tanto para soportarlo sola, no supo cuánto tiempo pasó hasta que sintió unos brazos rodeándola lentamente.
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Despertó con lágrimas sobre sus ojos y la respiración agitada, la situación era difícil, pero tenía que ser fuerte por ella, esa pequeña luz que iluminaba su oscuridad, el vacío en su corazón estaba ahí, el dolor no la abandonaría; pero esa bebé le hacía querer luchar y soportar cualquier obstáculo que se le presentara.
Sin poder conciliar el sueño nuevamente, se levantó caminando despacio por el lugar dirigiéndose hasta el piano, lo miró por unos instantes hasta que se acercó, cerró la tapa para que el sonido no despertara a los demás y se sentó en el banco, colocó sus manos delicadamente rozando las teclas, suspiró pesadamente y comenzó a tocar la melodía (1) desde lo más profundo de su alma, el sonido llenaba el pequeño salón, Kagome derramaba lágrimas silenciosas al compás de las notas que fluían sin detenerse y sentía cada una de ellas liberando por completo sus emociones, derrochando todo lo que estaba en su corazón.
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–Kagome – Habló la mujer de ojos color avellana. La nombrada al escucharla dirigió su vista hacia ella mientras sostenía un diminuto vestido para bebé.
–¿Que pasa Kikyo?, ¿Te sientes mal? – Cuestionó con evidente preocupación.
La mayor dibujó una pequeña sonrisa, mientras le dedicaba una mirada que no supo interpretar.
–No, solo que tu sobrina se está moviendo. ¿Quieres sentirla? – preguntó mientras le daba la mano.
La mujer de ojos azules sonrió ampliamente, sintió una inmensa alegría apoderándose dentro de su alma, afirmó con su cabeza ya que las palabras no salían de su boca, Kikyo tomó su mano y la llevó hasta su ya bien abultado vientre, la criatura comenzó a moverse frenéticamente al sentir el algo; la joven no podía con su alegría, se agachó hasta la altura del lugar donde sentía el movimiento.
–Hola mi amor, soy tu tía Kagome, anda apresúrate que ya quiero abrazarte – Estaba sumergida en la plática con su sobrina.
–Kagome – Volvió a hablar su hermana. La ojiazul volteó levantándose sin apartar su mano del vientre mirándola atentamente.
–¿Si? – cuestionó confundida, había algo extraño en su mirada, el embarazo estaba cambiando algunas actitudes y, a veces no sabía que esperar de ella.
–Sé que nunca te lo he dicho directamente pero– hizo una breve pausa pero continuó hablando mientras Kagome esperaba expectante – Te quiero, gracias por estar aquí conmigo – terminó al fin, diciendo por fin esas palabras que estaban atoradas desde hace mucho tiempo.
La sonrisa que había dado anteriormente fue opacada drásticamente por la que tenía ahora, no habían sido las mejores hermanas, pero, desde que fallecieron sus padres trataron de mantenerse unidas; Kagome estrechó a su hermana en un abrazo cuidando de no incomodar a su sobrina.
–Lo sé, gracias por decirlo. – tenía un nudo en su garganta, a pesar de saber que esto era así, escucharlo de su voz había causado un gran sentimiento de alegría.
–No te emociones mucho, esto solo es culpa del embarazo– agregó tratando de recomponer su fallida imagen de chica fría.
–¡Ja!, Sé que me amas, y esto lo he gravado para un futuro – Bromeó sabiendo que lo último que había dicho su hermana era mentira.
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Se encontraba perdida en el sonido y los recuerdos que no se percató de la presencia que la observaba desde una corta distancia; sus delicadas manos danzaban por las teclas de un lugar a otro de forma tan natural mientras mantenía sus ojos cerrados, el sentimiento era claramente reflejado en la melodía que invadió toda la habitación, acariciando su piel y su mente llena de anécdotas hasta que llegó al final bajando la intensidad de sus movimientos, volviéndose algo delicado alargando la última nota; suspirando profundamente y el platinado salió sin hacer ruido.
Colocó la tapa para cubrir las teclas, recargó sus codos sobre ella ocultando el rostro con sus manos y lloró desahogándose, liberando todo su dolor; esa sería la última vez que derramaría lágrimas por su hermana, era el adiós definitivo y esa melodía salió de lo más profundo de su ser componiéndola en ese momento, como si las notas describieran toda la historia que había compartido con Kikyo y de cómo se sentía por su ausencia.
Ahí había creado una canción perfecta, y sin saber, tuvo la compañía de alguien que presenció el nacimiento de una triste y hermosa melodía que formaría parte de su vida.
Se levantó dirigiéndose hacia el baño, se refrescaría para comenzar el día a pesar de ser muy temprano, se ducharía y prepararía el desayuno, pero antes pasó al cuarto de su sobrina sorprendiéndose de lo que encontró; en la mecedora que estaba junto a la cuna, estaba el imponente e insensible hombre que demostraba ser ante todos, pero ahí, en ese momento, con su sobrina no era nada más que un ser humano que se preocupaba por una pequeña niña indefensa; nunca pensó que podría conocer una faceta así de él.
Sonrió al verlo ahí dormido con el pequeño bulto vulnerable sobre sus brazos, disfrutó un momento más de la imagen que dejaría grabada en su mente y se acercó a él susurrándole.
–Sesshomaru– No recibió respuesta, insistió una vez más –Sesshomaru, acostaré a Rin en su cuna para que vayas a descansar– Los ojos dorados se abrieron y la miraron fijamente, sin pronunciar alguna palabra le pasó a la pequeña; Kagome se estremeció por la mirada tan profunda que no sabía interpretar y aún más por el contacto con la piel del platinado.
Cuando recostó a Rin se giró para preguntarle qué le gustaría para desayunar, pero él ya no estaba; había salido de la habitación sin hacer ruido y sin avisar; la azabache frunció el ceño en frustración ¿Cómo puede pasar de parecer una persona sensible a alguien completamente indiferente y arrogante? "uy, maldito" pensó.
Salió silenciosamente y siguió con lo que había planeado, se metió a bañar y mientras lavaba su cabello la imagen del atractivo hombre en la mecedora con su sobrina llenó su mente provocándole un sonrojo y a su vez enfado "demonios" se reprochó y decidió cambiar de recuerdos, para ignorar lo que sea que había sentido.
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Estaban en la gran casa blanca que recientemente había estado ocupada por el matrimonio de Inuyasha y Kikyo, parecía enorme, vacía y tan fría a pesar de que había personal trabajando en el lugar, pero el ambiente se encontraba tenso, triste; todos lamentaban la reciente pérdida y les hacía falta la pequeña Rin que iluminaba la enorme casa con sus hermosas sonrisas, los ojos expresivos y sus pequeñas travesuras; todos sentían un gran vacío y sentían el dolor en su pecho.
–No entiendo porque no me dejan verla– La azabache estaba muy alterada y molesta por la situación, se movía de un lado a otro mientras hablaba por teléfono y no le importaba si llegaba a ofender con sus palabras –No me interesa su estúpido protocolo– hizo una pausa escuchando la respuesta, frustrada movía las manos haciéndolas puño, cada acción, cada movimiento era estudiado por el hombre que estaba sentado frente a ella con un vaso de licor en sus manos; sus ojos se movían siguiéndola atentamente.
–Sí, estaré al pendiente de su llamada; muchas gracias– terminó de hablar y aventó el aparato al sillón enojada con el ceño fruncido dándole la espalda al mayor, se giró después de unos momentos inhalando y exhalando profundamente.
–No harán nada, hasta mañana a las ocho– Soltó bruscamente mirándolo furiosa a los ojos mientras cruzaba los brazos.
–Es exactamente lo que te dije– Contestó sin ningún gesto de expresión en su voz ni en su rostro.
–Tú deberías poder hacer algo; ¿No eres dueño de todo el maldito mundo? ¿Tu imperio no es suficiente esta vez? –cuestionó al peliplata moviéndose de un lado a otro nuevamente por toda la habitación.
–Si así fuera, ¿crees que estaría aquí? – Respondió filosamente dando un trago de su bebida.
La mujer más furiosa si eso fuera posible bufó enfadada mirándolo con determinación; los ojos dorados mantenían el contacto como si no le interesara el estado de la azabache, como si fuera alguien insignificante y eso la irritaba aún más "jódete maldito" pensó.
–Me quedaré en la casa y esperaré la llamada, estaré en una habitación de huéspedes– declaró la azabache saliendo del lugar, no necesitaba escuchar algo más de aquel Taisho arrogante.
Una vez en el cuarto se quitó lo que llevaba puesto quedándose solo con la ropa interior y se tapó con la sábana, mirando algún punto fijo en el techo, parecía que todo lo que se acumulaba en su interior y aquello que llenaba su corazón tal vez era más fácil enfrentarlo si no se encontraba sola.
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Los recuerdos provocaban diferentes emociones y sentimientos en su interior, tenía tiempo que vivía sola y estaba acostumbrada a eso, pero ahora, debía aprender a ser mamá, a tomar decisiones no por ella misma, y hacerlo con la opinión de alguien más.
Ya no estaba sola, nunca más lo estaría; nunca pensó que formaría una familia de ese modo tan extraño; porque sí, definitivamente ahora lo eran.
Ese dolor profundo era olvidado y reemplazado con nuevas sensaciones, otras experiencias y nuevos recuerdos que se estaban aferrando fuertemente para sacarla de aquella oscuridad, de aquel dolor y sonrió por eso, sonrió porque era irónico y frustrante.
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¿Pensaron que todo sería amor, risas y corazones?...
JA!, pues...NO!...
ok, ok; la cuestión es la siguiente.,
como se trata de un fic que inicialmente muere alguien, ¿como no se va a sentir dolor ante una pérdida?. Así que, definitivamente debía escribir sobre esos sentimientos.
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ACLARACIONES
1. Kagome y Kikyo eran huérfanas.
2. Kikyo, se hizo cargo de Kagome después de la muerte de sus padres.
3. Su relación no era buena, pero la tragedia las acercó y Kikyo pagaba los estudios universitarios de Kagome.
4. Como toda embarazada, a Kikyo le ganaron los feelings.
5. Sesshomaru escuchó la melodía que tocó Kagome.
La vdd creo que este capitulo no necesitaba aclaraciones, todo se me hizo muy entendible.
¿Dudas?
Gracias por leerme ;)
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AGRADECIMIENTOS:
Mis adorados RW:
*Anii , *Camoni, *Maria Soto, *Cesia
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TAMBIÉN A:
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