Disclimer: Del clásico inmortal del gran J.M. Barrie, toda la magia le pertenece a él, yo sólo lo homenajeo con una pequeña historia. Peter Pan es suyo, aunque también de todos, niños y no tan niños.
Sinopsis:
Las historias de Peter Pan, como él mismo, son eternas, pero en este caso nuestro protagonista es otro, o más bien otra. Danielle Garfio vuelve a casa, al Jolly Rogers, a pesar de haber cumplido los 18, y nos demuestra que, si lo deseas de verdad, siempre podremos volver a Nunca Jamás, porque la edad va por dentro, y a pesar de que pasen los años, algunos nunca, jamás, creceremos.
¡Y ya vamos con el tercero! ^^ Gracias, Ami *-* Sólo por tus review, sigo con la historia :P Sé que avanza un poco lenta, pero luego coge velocidad xD Es que con los principios me enrollo mucho, y como no quiero hacer los capítulos muy largos... ¡Espero que no se os haga aburrida!
III. No se puede regresar si nunca te has ido
Peter permaneció en silencio, mirando a Danielle de aquella forma siniestra. A la joven le dolía la cabeza, pero sobre todo el estómago al pensar en que su padre yacía muerto por su culpa. Pronto Wendy volvió a alzarse sobre ambos, con esa actitud de madre que la había llevado a Nunca Jamás.
-No lo sabemos, Danielle. –le sonrió tranquila. La joven levantó rápidamente la cabeza, henchida de esperanza. -Peter le venció al final, y él se marchó herido con Smee y un par de bucaneros más. Fue muy confuso, pero quizá siga vivo. –le comentó sonriente, poniéndole la mano en el hombro para darle confianza.
Danielle lanzó entonces una mirada mortal contra el pelirrojo, quien se encogió de hombros y se puso a tocar su flauta de pan. Aquella alegre melodía que hacía que el corazón de Danielle saltara de júbilo al verse de nuevo en medio de aquellos sueños sin sentido que ahora sabía que habían sido verdaderas aventuras en Nunca Jamás. Por un segundo, Danielle odió a Peter por haberle causado tanto mal a su padre, y encima pavonearse de ello delante de la propia hija del capitán, pero recordó que Peter nunca había tenido padres y no sabía que los hijos también sufrían por ellos, y, como siempre, no pudo odiarlo más que un segundo.
Así pues, ella había sido -¿o aún era?- la hija del Capitán James Garfio, y había vivido siempre entre aquellos piratas. ¡Todo tenía sentido! Y nunca había dejado de tenerlo, pues era su realidad más próxima. Entendió entonces nuestra protagonista porque siempre había tenido esa extraña sensación en la boca del estómago de no estar en el lugar al que perteneces. ¿No habéis sentido algo así? Tal vez, qué digo tal vez, seguro, que vosotros también habéis tenido mil aventuras en Nunca Jamás, ¿quién sabe si no tenéis incluso vuestros orígenes allí?
Ahora que los ánimos estaban más calmados, Wendy pudo coger a Campanilla, aunque a esta no pareció agradarle, para comprobar que estaba bien. El tintineo de campanitas no le decía nada a Danielle, pero por las respuestas de Peter parecía que a Campanilla no le había pasado nada. Se había estrellado contra un pájaro mientras volaban por el cielo nocturno, y había caído en picado hasta que se consiguió mantener en el aire a duras penas, atravesando por culpa del mareo la ventana de la cocina de Danielle. La morena asintió para sí misma, como si aquella historia lo explicara todo. Pronto, la pequeña hada se alejó de Wendy sacándole la lengua y salió por la ventana sin esperar a los niños. El hada tenía genio, y odiaba a Wendy desde siempre. Sin embargo, a nadie pareció importarle su marcha, tan asombroso era el rencuentro.
-¡Ay, Peter! –exclamó Wendy de pronto. -¡Podemos aprovechar para coser tu sombra! La llevo guardada en la mochila todo el tiempo. –comentó la niña mientras se quitaba de la espalda una pequeña mochila de tela azul claro y rebuscaba en ella.
De ahí sacó, efectivamente, la sombra del muchacho. Peter asintió muy solemne, y le hizo un gesto para que se pusiera a ello.
-Anda, niña, cósela ya. –la apresuró el pelirrojo, volviendo a tocar sus flautas tranquilamente.
Nadie volvió a hablar hasta pasados unos instantes, en lo que Danielle observaba fascinada al muchacho tocar su flauta. Cada vez que lo miraba, los recuerdos de su niñez eran menos recuerdos y más realidades. En seguida empezaron a hablar de viejas aventuras, aunque Peter necesitaba unos instantes para recordar, pues si había algo que le costaba al pelirrojo era mantener los recuerdos.
Así pues, cuando la niña terminó de coser la sombra y Peter comprobó que estaba en perfecto estado, ambos se dispusieron a marcharse. Llegados a este punto, el corazón de Danielle, apagado por el tiempo, bullía ahora más cargado de energía que nunca. Y por eso mismo temía lo que iba a pasar a continuación.
-Ya podemos volver a casa. –sonrió alegre Peter, guardando su flauta y caminando hasta la puerta del balcón, por el que iba a salir volando hacia Nunca Jamás. Wendy le siguió al principio, pero pronto se giró al comprobar que Danielle no iba tras ellos. La joven se miraba con inmensa melancolía los pies, como si observara el perrito que tenía de niña y que había muerto años atrás.
-Danielle, ¿no vienes? –preguntó Wendy, extrañada.
-No puedo. –gimió con más dolor del que podía expresar. –Ya… ya no soy una niña. –y dicho esto, miró a Peter a los ojos, rogándole en silencio que la llevara con él. –No puedo volver.
Peter frunció el ceño y se rascó la cabeza.
-Hmm… Claro que no puedes volver, –comentó, para luego sonreír con esa sonrisa que anticipaba algo divertido. –porque nunca te has ido. –la joven le sonrió, totalmente encandilada con el chico. -Tú no eres adulta; eres Danielle. –explicó como si fuese lo más lógico del mundo, y después se acercó a ella y la cogió de la mano. Danielle se sintió niña por fuera y por dentro de pronto. Se giró asombrada a un espejo que había tras ellos, en la pared, y se vio como si volviera a ser una niña de unos nueve o diez años, la misma edad que aparentaba Peter, bueno, la que siempre tendría, aunque Wendy debía tener ya los once. "Así pues, es cierto", pensó nuestra protagonista, "la edad va por dentro, no depende del tiempo realmente… depende de nosotros mismos". Y este pensamiento le quitó un gran peso de encima.
No le dio más importancia al asunto, sonrió a su reflejo con ojos soñadores y, sin soltarse de Peter Pan, fueron hacia el exterior sin mirar atrás.
-¿Y cómo voy a volar? –preguntó frenándose en seco antes de subir a la barandilla como habían hecho ellos dos. –Si Campanilla se ha ido ya… -comenzó, pensativa.
Peter sonrió como el diablillo que era y, sin previo aviso, se la cargó a la espalda con un "agárrate bien", y salieron por la ventana. Danielle gritó al principio por la sorpresa más que por el miedo, y estrechó fuerte el cuello del muchacho, casi hasta el punto de ahogarlo. Wendy reía detrás de ellos, siguiéndolos de cerca, Peter también se reía con maldad de la morena, pero Miss Garfio enseguida dejó atrás el susto y disfrutó del viento moviendo sus bucles azabaches. Respiró tranquila y sonrió al saberse de nuevo ella misma; estaba justo donde debía estar.
Pronto el trío dejaba atrás aquella vida gris y apagada del mundo de los adultos y volvía a las costas mágicas de su infancia; la segunda estrella a la derecha, y todo recto hasta el amanecer.
¡Fin del tercero! Ahora sí que nos vamos :D A partir del siguiente ya sí que se desarrolla la actividad en Nunca Jamás, y empiezan las sorpresas y la acción e_e ¡Muchísimas gracias por llegar hasta aquí! Y ya sabéis; cualquier duda, amenaza, ruego, carta bomba… Estaré encantada de recibirlo ^^ ¡Necesito reviews para seguir escribiendo! Si no me desanimo o_q
