Proteger

El sentimiento te era nuevo. Perdiste el control. Transformarte en tu demonio interior y acabar con todos los árboles alrededor de la Casa de la Luna no era algo digno de ti.

Claro que desear a una humana tampoco.

No entendías – y no te gusta no entender – qué era lo que te hacía falta.

Porque nadie jamás te había negado nada y si lo hacían, morían. Pero matarla no era una opción.

Una vez tu padre te había negado su espada, porque no tenías a quién proteger.

Ah, era eso ¿no? El hanyou protegía a la humana con su vida.