Los personajes son propiedad de S. Meyer. La trama me pertenece.


"Me comunico con simples cuerdas (toma tu tiempo)
Soy el único que pudo traerte la verdad (háblame)
Una vez que me dejaste, realmente te has ido (tan cerca y tan lejos)
Dame algo para poder recordarte (siempre)"

-Night Sky - Chvrches

..

Días sin actividad: 46

Bella miró una vez más la placa dorada que estaba incrustada sobre la pared de mármol café imperial y luego volvió la vista al pequeño papel que sostenía entre las manos comprobando que la información fuera la misma.

CULLENCORPORATION

Edward A. Cullen, CEO

Floor: A. 25

Guardó la hoja en el bolsillo trasero de sus shorts y se dirigió hacia el elevador repitiendo los datos en su mente.

Antes de que se cerraran las puertas logró colarse en el cubo repleto de personas vistiendo impecables trajes en tonos negros y grises, algunos de ellos cargaban con maletines los cuales fue esquivando para llegar al fondo. Sintió un par de miradas sobre ella debido a su vestimenta que desentonaba con la de los demás. Bajo el abrigo de lana gris, tenía puesto una ligera blusa blanca a juego con unos pequeños shorts de mezclilla, unas mallas negras con pequeñas rasgaduras en la rodilla le cubrían las piernas además de llevar puestas sus inconfundibles Dr. Martens negras.

Mientras la pantalla marcaba el número de pisos con números rojos, Bella se replanteaba la idea de buscar a Edward cuando dos días atrás, ella misma le había insistido que la dejara en paz. No estaba segura si la recibiría luego de su comportamiento tan descortés aquella noche, así que tendría que tragarse su orgullo y rogarle para que terminara contándole todo lo que sabía, siguiendo al pie de la letra el plan que había trazado con Jacob hace dos noches.

El timbre la sacó de sus pensamientos, las puertas se abrieron y vio salir a la mayoría, quedándose solo con un par de esbeltas mujeres.

―¿No has notado que el jefe anda medio raro? ―escuchó que la rubia le decía a la alta del cabello negro.

―Molesto, diría yo ―Bella recargó la espalda sobre el espejo y se dedicó a escucharlas con curiosidad.― Desde que inició la semana se le ha visto despotricando contra todo aquel que se le atraviesa.

―¿Crees que tenga problemas con Tanya? ―las castaña abrió los ojos como platos. Supuso que aquella a la que se referían era la rubia que había ido a cenar al restaurante.

―Puede ser. Desde que está con ella no se le ve feliz. Pareciera que no están comprometidos.

―Si es así, que mal por ellos. Hacen una linda pareja.

―Y mejor para mí. Así podría intentar nuevamente meterlo entre mis sabanas ―la morena le guiñó un ojo a su amiga.

―Estas soñando si piensas que Cullen se involucrará contigo otra vez. ¿Qué no te dijo que había sido de una sola noche?

―Eso fue cuando andaba deprimido, ya sabes después de que lo dejo la otra ―Bella volvió a quedarse estupefacta. Echó un vistazo a la pantalla. Ya solo faltaba un piso para llegar.

―¿Otra?, ¿Hubo alguien antes de Tanya?

―¿Acaso no recuerdas a la mujer que le hizo aquella escena en recepción?

El timbre volvió a sonar y a pesar de salir junto con ellas, desgraciadamente no pudo escuchar el resto de la conversación.

Ya le pediría a Jacob que investigara sobre aquella mujer.

Dejó pasar lo sucedido acercándose al escritorio donde una mujer con el cabello sujetado en una coleta aguardaba detrás, tecleando rápidamente con la vista fija en la pantalla del ordenador.

Al notar a la castaña, frunció el entrecejo mientras sus ojos viajaban por la extensión de su cuerpo. Por un instante le pareció que aquella delgada mujer de cabello corto se asemejaba a la que hace un tiempo le había destrozado la vida a su jefe.

―Hola, ¿te puedo ayudar en algo? ―inquirió sin dejar de mirarla.

Esas enormes pestañas, el camino de minúsculas pecas a lo largo de la nariz pequeña y los labios en forma de corazón le parecían iguales a los de ella. Si no fuera por la sombra negra que adornaba sus parpados y que hacía ver sus ojos un tono más claro, tal vez hubiera podido jurar que se trataba de la mujer que imaginaba.

―Busco a Edward Cullen ―contestó la castaña.

―¿Cuál es tu nombre? ―ahora es cuando podría verificar su teoría.

―Me llamo Bella… Black ―Amanda, la mujer de mayor edad que miraba a Bella fijamente llegó a la conclusión de que no era aquella quien creía. No conocía a ninguna Black que antes hubiera pisado el edificio.

―El señor Cullen se encuentra ocupado en estos momentos, pero puedo hacerte una reservación para otro día. ¿El jueves estaría bien?

―Solo dígale quien lo busca y el me atenderá, por favor. Es urgente.

―Lo siento, no lo puedo interrumpir. Como dije, tiene mucho trabajo.

―Entonces tocaré la puerta… ―Bella dio media vuelta y se encamino en dirección a la puerta de acero que estaba a un costado. Amanda se puso de pie rápidamente y la siguió para evitar que cometiera una barbaridad.

No obstante, la castaña se adelantó al tomar la perilla, abrir la puerta y entrar a la oficina velozmente, echando el pestillo e impidiéndole el acceso.

―¡Niña está prohibido entrar ahí sin autorización! ―Bella no pudo evitar reír ante el comentario de la mujer.

Pronto sus risas fueron opacadas al escuchar a sus espaldas que alguien se aclaraba la garganta.

Se giró y le fue imposible dar un paso más quedándose como pez fuera del agua, plantada firmemente sobre el piso de mármol blanco.

Dos días habían pasado desde la última vez que se habían visto, y Bella seguía sin poder creer que el hombre frente a ella fuera tan sumamente atractivo. Su cabello cobrizo estaba ligeramente despeinado como si hubiese pasado la mano varias veces por él, vestía un traje negro a juego con una camisa y corbata azul. Esta ocasión, traía puestas unas gafas de montura negra que resaltaban sus pómulos y que lo hacían ver con cierto encanto.

―¿Qué haces aquí? ―sintió la fulminante mirada que Edward le dirigía desde su escritorio.

―Yo… vine a hablar contigo ―Bella tomó aire y se acercó a la silla de cuero negro que estaba frente a él. Sin vacilar, tomó asiento.― Perdón por haber entrado sin avisar pero no había otra manera de que tu secretaria me dejara pasar.

―¿Amanda no te reconoció? ―inquirió frunciendo el ceño.

―¿Debería hacerlo? ―fue el turno de Bella de fruncir el entrecejo sin comprender las palabras del cobrizo.

―Olvídalo. No debí decir eso ―a continuación Edward se quitó las gafas, aventándolas sobre la pila de papeles que tenía sobre el escritorio. Luego se acomodó en el asiento subiendo la pierna derecha, apoyando el talón sobre su rodilla contraria y se recargó en el respaldo de la silla reclinable.

―Mira, sé que dije que no quería volver a verte pero te mentí. En realidad, si quiero oír todo aquello que sabes de mi pasado ―Bella se mordió el labio inferior al mismo tiempo que sentía miles de mariposas revolotear en su interior. Lo había dicho y ya no había vuelta atrás.

Notó como Edward la miraba con mayor atención, como si quisiera traspasar sus orbes y llegar hasta su mente, provocando que las manos le comenzaran a sudar.

―Intente más de una vez que me escucharas, fui a buscarte a tu trabajo para advertirte lo que pasaría y de nuevo no quisiste escucharme. Ahora te pregunto, ¿a qué se debe el repentino cambio? ―Bella sintió escalofríos ante la helada voz con la que le habló.

―Ayer estuve recordando ciertos pasajes de mi vida y me di cuenta que hay un brecha de tiempo de la que no me puedo acordar, la cual abarca el año anterior y no entendía porque hasta que tus palabras aparecieron en mi mente. Aquello que comentaste en la cafetería, para ser exactos ― Bella respiró.

―Es reconfortante que hayas recapacitado y agradezco que te atrevieras a venir hasta aquí pero desafortunadamente para ti, esta vez haremos las cosas a mi manera ―la castaña se alarmó.

―¿A qué te refieres con "a mi manera"?

―No lo discutiremos en mi oficina… Acompáñame ―en ese momento se puso de pie y rodeando el escritorio se paró junto a ella tendiéndole la mano.

Bella lo miró unos segundos a los ojos dudando en aceptar su propuesta. Recordó las palabras de su hermano aconsejándole que le permitiría acercarse para que así ambos pudieran obtener las señales que buscaban. Así que, arriesgándose nuevamente terminó aceptando su oferta cubriendo su mano con la suya.

En ese momento sintió un ligero ardor propagándose en todo su brazo obligándola a soltarlo, Edward la miró con un deje de sorpresa pero no comentó nada al respecto. Bella decidió dejarlo pasar pensando que tal vez había sido producto de su mente.

―¿Iremos a otro lugar en el que tampoco recuerdo haber estado? ―inquirió con burla.

―Esta ocasión dejaré que tú misma lo descubras ―le guiñó un ojo y ella se estremeció.

A continuación ambos salieron de la oficina y para sorpresa de todos los que pasaban en ese momento, los vieron dirigirse juntos al elevador. Algunos especulaban sobre si se trataba de la amante, a otros en cambio les recordaba a una exnovia.

―Señor Cullen, su próxima junta es en cinco minutos y ya se encuentran esperándolo…

―Cancela todo por hoy Amanda. Tengo que ocuparme de otro asunto ―señaló con la mirada a la castaña que con la cabeza gacha trataba de ocultarse de toda mirada curiosa que les dirigían.

―¿Qué hay de su vuelo, también quiere que lo posponga? ―le tendió su gabardina negra mientras preguntaba.

―No, eso sigue en pie ―Edward puntualizó― Cualquier cosa, avísame. Traeré el celular conmigo.

―Que tenga buen día ―el cobrizo asintió antes de presionar el botón para que las puertas se cerraran.

Estando fuera del descomunal edificio de paredes grises, Bella esperó que apareciera el mismo auto de la noche anterior, sin embargo fue testigo de cómo Edward empezaba a caminar en la misma dirección de los transeúntes. Cuando notó que se había quedado plantada sobre la acera, él se volvió haciéndole un gesto con la cabeza para que la siguiera.

―El lugar al que iremos está a solo unas cuadras ―le explicó al tanto que se abrochaba el último botón del abrigo, luego le tendió el brazo. Bella vaciló un periquete temiendo sentir nuevamente el mismo ardor de hace un momento, probó rozándolo apenas con las puntas de los dedos. No sintió nada, por lo que terminó entrelazando sus brazos y para su asombro, le pareció que se sentía bien su cercanía.

―Tu secretaria mencionó que viajarías, ¿será por mucho tiempo? ―inquirió Bella tiritando de frío. Haberse puesto las medias delgadas había sido una mala idea.

―Iré a Italia, pero solo serán dos noches.

―¿Tu prometida te acompañara? ―Bella se mordió el labio arrepintiéndose enseguida por la pregunta.

―¿Tanya?... no, ella nunca viene conmigo si de trabajo se trata ―el semáforo cambio a verde y esperaron en medio de la multitud. Bella fue testigo de las furtivas miradas que algunas mujeres le dirijan, como si algo les molestara.― Sé que me has investigado, de otra forma no hubieras podido dar con mi oficina y también creo que ya sabes que soy el dueño del restaurante en donde trabajas… ―se volvió al cobrizo que la miraba fijamente.

―Era necesario. Tenía que saber con quién me estaba involucrando.

―No tendrías que haberlo hecho si me hubieras escuchado.

―¿Temes que descubra algo más? ―sorprendido Edward alzó la ceja.

―No encontraras nada más de lo que yo decida que sea de dominio público. Y por tu bien Bella, no te conviene seguir indagando. La curiosidad mató al gato ¿recuerdas?

―¿Qué me estas queriendo decir? ―Bella frunció el ceño molesta.

―No quiero que te pase algo si continúas escarbando por terrenos peligrosos. Y no lo digo para que te cuides de mí, sino de ellos― sintió como el aire escapaba de sus pulmones al oírlo hablar sobre aquello que tanto temía.

―Se lo que hago Edward, no tienes que decirme lo que me conviene. No soy una niña.

―Eso ya lo sé, me quedo bastante claro la última vez que estuvimos juntos ―Bella abrió los ojos como platos y justo en ese momento el semáforo se puso en rojo, por lo que viéndose obligados por la gente que estaba detrás, rompieron el contacto y empezaron a cruzar.

No tardaron en llegar a un restaurante tipo Bistro que tenía una elegante fachada de madera, atravesaron la puerta doble y enseguida, un hombre robusto de inexistente cabellera los recibió con una gran sonrisa. Bella supuso que se trataba del maître.

―Señor Cullen, que milagro…―un par de segundos después se fijó en su acompañante y sus ojos se abrieron como platos al tanto que su mano viajaba a su pecho― ¡Dios mío! Isabella, has vuelto. ¿Cómo has estado?

La castaña miró desesperadamente a Edward en busca de respuestas.

Ahora resultaba que aquel señor también la conocía.

Entonces notó que le hacía señas para que le siguiera el juego y se volvió al hombre regordete esbozando una sonrisa.

―Muy bien. Tanto que le pedí a Edward que me trajera a mi restaurante favorito ―él susodicho la miró satisfecho.

―No tienen idea cuanto gusto me da verlos juntos nuevamente. Hacen tan linda pareja los dos…

―Pierre llevamos un poco de prisa, ¿podrías asignarnos una mesa? ―Edward lo interrumpió para fortuna de Bella. Eso había sido demasiada información.

―Por supuesto, la mejor siempre reservada para ustedes.

Ambos lo siguieron a la mesa más alejada del lugar. Tomaron asiento uno frente a otro, les tendió la carta y con una última sonrisa les dio su espacio.

―¿Qué tan seguido veníamos aquí? ―inquirió Bella dejando a un lado la carpeta con el menú. Todo estaba en italiano.

―Cada tercer día ―Bella alzó las cejas sorprendida― Solías decir que era el único lugar donde preparaban Mostaciolli como a ti te gustaba ―respondió con la vista fija en la carta.

―Bien, supongo que eso pediré aunque no se me antoje realmente ―se encogió de hombros.

Edward levantó la vista.

―Sé que todo esto no debe ser fácil para ti pero es la mejor idea que se me ocurre para que puedas familiarizarte con tu pasado ―llevó su mano hasta el mechón que sobresalía de su gorro azul, apartándoselo de la frente. Bella sintió como una especie de descarga eléctrica se implantaba en su espina dorsal en cuanto percibió el roce de su piel.

―Te lo agradezco Edward, en verdad. Supongo que no debe ser sencillo también para ti.

―¿Por qué lo cortaste?

Por un instante Bella se preguntó a qué se refería, pero él al seguir jugando con las puntas de su mechón entendió la pregunta. El largo de su cabello era una incógnita para ella ya que siempre había recordado llevarlo hasta los hombros.

―¿Hasta dónde solía tenerlo?

―Las puntas rozaban tu espalda baja. Siempre estaba brilloso y sin nudos. Adorabas que pasara las manos por él porque decías que así desaparecían los dolores de cabeza.

―Todavía me atormentan de vez en cuando. Y en ocasiones debo hacer uso de pastillas para que cesen, aunque no siempre funciona. En fin, tengo otra pregunta…

―Te escucho.

―¿Qué paso después de ese día en la cafetería?, ¿Volvimos a encontrarnos?

―Luego de que te fueras, le pedí a unos de los meseros que te entregara una nota por si algún día regresabas. Sin embargo, pasaron semanas sin que supiera de ti. Hasta que una noche mientras me dirigía a casa te encontré bajo el techo de una florería refugiándote de la tormenta que azotaba la ciudad. Baje del auto dispuesto a ir por ti y lo que encontré a continuación me dejó sin aliento. Tu ropa estaba rasgada, tenías raspones en tu cuello y brazos y no parabas de llorar desconsoladamente. Te pregunte qué había pasado, entonces me miraste y me abrazaste al tanto que no dejabas de susurrar que no te abandonara. Desde ese día, ya nada volvió a ser lo mismo.

Reparó en la arrebatadora mirada que Edward le dirigía desde el otro lado de la mesa haciéndola sentir pequeña e indefensa. Mismo que trató de disimular enderezando la espalda.

―Y fue en la mañana siguiente cuando te confesé lo que era, ¿no es así?

―Así fue Bella. Las heridas en tu cuerpo se debían a que algo había salido mal antes de que regresaras a la actualidad. Nunca quisiste contarme lo que paso y yo nunca volví a preguntarte. De hecho, ese tema casi nunca lo tocábamos.

―Gracias por eso… supongo que quería mi espacio.

Minutos más tarde luego de que Edward hubiera ordenado la comida, el mesero llego con sus platillos, les sirvió un poco de vino tinto a ambos, les pregunto si se les ofrecía algo más a lo que el cobrizo le respondió con un escueto: "no" y volvió a dejarlos a solas.

―Hay algo que quiero saber Bella… ¿En dónde estás viviendo? ―la castaña trago grueso. Le estaba pidiendo revelar información privada.

Se limpió la comisura de los labios con la servilleta de tela y contestó con seguridad:

―Brooklyn.

Edward frunció el ceño mientras su atención se centraba en el filete que cortaba con ayuda de los cubiertos de plata.

―¿En qué parte de Brooklyn?

Bella se removió incomoda en la silla.

―Bensonhurst ―susurró.

A continuación, Edward levantó la cabeza como resorte enfocándose en la castaña que miraba atenta su plato, dirigiéndole una mirada cargada de enojo.

―Esa zona es peligrosa para alguien como tú, Bella ―masculló, dejando los cubiertos a un lado. Con movimientos bruscos se sirvió más vino y continuo― Puedo conseguirte un departamento cerca de aquí, donde no necesites tomar el metro y ponerte en riesgo cada vez que vayas a trabajar.

―¿Y abusar de tu confianza?, no gracias. Vivo perfectamente bien en donde estoy. ―Bella se llevó el tenedor a la boca con prisa. Ya había llegado la hora de salir de allí.

―No me parece ningún abuso, al contrario. Me harías un favor en aceptar mi propuesta y dejar ese lugar. Manhattan me parece una excelente opción.

La castaña abrió los ojos como platos. Si supiera que su sueldo apenas le alcanzaba para la renta de una vieja bodega que ahora servía como departamento, dudaba que pudiera permitirse uno en aquel lujoso sitio.

―En verdad agradezco tu ofrecimiento Edward, pero es imposible. Un departamento en Manhattan está más allá de mis límites ―le dio un trago al vino, disfrutando de la sensación astringente en su garganta.

Edward estaba a punto de contestar pero en ese momento, el sonido de su móvil inundó la atmósfera. Bella alcanzó a notar como fruncía el ceño mientras veía fijamente la pantalla, luego lo escuchó bufar y se dirigió a ella antes de contestar.

―Ahora vuelvo.

Dejó la servilleta sobre la mesa, se levantó arrimando la silla y sin más, se dirigió a la entrada con prisa.

Bella se encogió de hombros restándole importancia a lo acontecido, sospechando que se trataba de su prometida y continuó con su platillo que después de todo, le había parecido delicioso.

De pronto sintió un peso extra en su hombro derecho, se tensó y se volvió rápidamente a sus espaldas a modo de alerta.

―¿Lo ha hecho de nuevo, verdad? ―inquirió serio, Pierre.

―¿Dis-disculpa? ―Bella parpadeó sumamente confundida.

―Te ha dejado comiendo sola.

La castaña respiró.

―Edward es un hombre muy ocupado ―le siguió la corriente.

―Eso no le da derecho a darle menor prioridad a su mujer ―Bella casi se atraganta al escucharlo. ―Estas diferente Isabella… para empezar has cortado tu cabello y por primera vez, no te veo triste de que se haya ido. ¿Segura que estas bien?

―Mejor que nunca, Pierre. Y respecto a lo otro. Edward y yo ya no estamos juntos.

―Lo sospechaba. Cuando los vi entrar parecían tan… distantes. Ya no eran aquella pareja de enamorados que yo conocí.

―Ya vez… No siempre ocurre el "felices para siempre"

―Al menos han quedado como amigos y eso querida, no todas las exparejas lo hacen.

Bella esbozó una tímida sonrisa, misma que fue opacada cuando vislumbró que un mesero se acercaba y le entregaba una pequeña hoja de papel doblaba por la mitad.

―El señor Cullen me pidió que le entregara esto.

Enseguida Pierre junto con el mesero se apartaron dejándole a solas. Leyó la nota.

Seguramente Pierre ya te contó que nunca solía esperarte, pero esta vez de verdad ha surgido un problema y he tenido que adelantar mi vuelo.

Piensa en mi propuesta y cuando vuelva hablaremos de ello.

Cuídate, mi herm. Bella.

P.D: La comida ya está pagada.

Edward.

Bella sintió un extraño vacío en su interior al saber que no lo vería hasta dentro de unos días. Sin estar consciente que empezaba a caer nuevamente en el embrujo de aquel intrigante hombre.

Después de despedirse de Pierre asegurándole que volvería a visitarlo, sintió el frio aire colarse por sus piernas y con ello, un presentimiento de que algo malo estaba sucediendo. Por instinto, volteó varias veces a sus espaldas asegurándose que nadie la estuviera siguiendo, camino a prisa esquivando los pesados abrigos de los peatones y cuando esperaba cruzar la avenida, su teléfono sonó sobresaltándola.

De inmediato contestó al reconocer el número de Jacob.

―¿Qué pasa?

―¡¿Bella en dónde estás?! ¡¿Te encuentras bien?! ―tuvo que alejar la bocina de su oído debido a los gritos del moreno.

―Si… si ¿Por qué estás tan alterado?

―Es Charlie… ―Bella sintió como el corazón se le encogió al mismo tiempo que sus ojos se le llenaron de lágrimas.

Uno de sus mayores temores había cobrado vida.


¿Como ven? ¿Les esta gustando como va la historia?

Gracias por animarse My mind, Katherine dreams, The princess of the winds, a dejar un comentario.

Respecto al "dias sin actividad" efectivamente contabiliza el tiempo que Bella lleva sin viajar al pasado ;) Tambien quisiera aclarar las edades de los protagonistas:

Bella 25

Edward 31

Sin mas, nos estamos leyendo.

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