Verdad al descubierto

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Por todo el condado se escuchan rumores extraños, todos sobre gente muriendo de manera misteriosa, pero muy cruel y hasta sádica. No sería la primera vez que en los Estados Unidos algún asesino serial tratara de imponer su propio legado, pero en un pueblo tan tranquilo como Forks, causaba revuelo en la gente, que, temerosa, culpaba al jefe Swan de la poca eficacia de sus investigaciones. De todo eso, y más, pudo enterarse Jacob ahora que vivía con aquel hombre, al menos temporalmente.

-Jake, sé que hablar de esto de incomoda. –empezó a hablar el hombre, tenía una taza de café enfrente, los mismo que el joven Quileute. –Pero debo decirlo. –siguió diciendo, mirándolo como si se tratara de su hijo o algo parecido. –He hablado con tu padre y por ahora está conforme con que te quedes conmigo, no sé muy bien cuál es el problema y hasta que no decidas decírmelo, no presionaré… pero faltar al instituto es otra cosa. –las últimas palabras sonaban con mayor determinación.

-Señor Swan, no quiero ser un problema, así que es mejor que me vaya… -se levantó, lo mismo que el hombre de abundante bigote.

-Aguarda, no permitiré que lo hagas, así que siéntate. –Jacob lo miró por breves segundos y no se vio en muchas posibilidades de enfrentarlo, se trataba del jefe de policía, que siempre lleva un arma y que a veces tiene un rostro que asusta. El moreno no lo pensó más y se sentó. –Tengo entendido que tienes buena amistad con el chico… Cullen. –después del silencio que se formó, lo que menos esperaba fueron esas palabras.

-Yo, bueno… si, pero… -no supo por qué, pero los nervios salieron a flote a propia voluntad, sin que él pudiera evitarlo.

-Tranquilo, tranquilo, conozco a los Cullen desde hace tiempo, son gente… pacífica. –esa última palabra fue de lo más extraña, la mayoría de la gente de Forks los llamaba "raros", "misteriosos", "extraños" e incluso "lunáticos", por su manera de comportarse. –El caso es que, creo que sería bueno que regresaras; no mezcles tu vida en familia con el instituto, vuelve con tus amigos, con el chico Cullen o con quien quieras, pero es menester que lo hagas. –la manera tan amable en la que se lo decía provocó que el corazón de Jacob se contrajera, su amabilidad lo abrumaba.

-Lo haré señor Swan, mañana mismo. –esas palabras hicieron medio sonreír al mayor, llevaban demasiado tiempo ahí sentados, tratando de discutir sobre el rumbo de la vida de Jake, quien por ahora, parecía tener los típicos problemas de adolescentes con su familia.

-Genial… ahora, mudarte del sillón a una habitación más cómoda será lo mejor. –Jake miró con aprehensión al mueble.

-No, no, aquí estoy bien, no necesita… -la mano levantada del jefe lo hizo callarse.

-No sé cuánto tiempo te quedes aquí, pero no te llevarás una mala impresión, toma la habitación que está el otro lado de la mía. –afirmó, tratando de dejar sin argumentos al chico.

-¿No es esa de… Bella? –el hombre cambió un poco su rostro, pero casi de inmediato se compuso.

-Ella ha decidido estar con su madre y lo lleva bien. No creo que le moleste si alguien la usa, mucho menos si se trata de ti. –Jacob sonrió con alivio, la hija del jefe Swan fue su amiga cuando niños, compartió muchas cosas con ella, aunque de mayor edad, mantuvieran una amistad sincera por mucho tiempo.

-Está bien, pero le aseguro que no lo molestaré tanto tiempo. –agregó, levantándose y mirándolo con respeto. –Gracias por todo. –le ofreció la mano y el hombre correspondió con agrado, como si acabaran de firmar un excelente trato comercial.

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A la mañana siguiente el señor Swan se ofreció a llevarlo, no podía creer tanta amabilidad, pero lo atribuyó a lo solo que se encontraba el jefe luego de que su hija y su mujer lo abandonaran. El clima, como siempre, era nublado y ligeramente frio, pero para Jacob ese no ha sido un problema desde que tiene memoria. Luego de que se adentrara en el estacionamiento, sus bellos se erizaron cuando vio llegar a los Cullen, quiso intentar llegar antes con sus amigos, pero Edward lo alcanzó y lo abordó con cierta delicadeza.

-Has faltado, ¿por qué? –la pregunta hizo que el otro levantara una ceja, y con cierta molestia se dio la vuelta, comenzando a caminar al edificio, sin embargo, el otro fue tras de él.

-Lo sé todo. –fue su simple afirmación. –Ahora entiendo por qué no vas a la Push. –esas palabras no hicieron retroceder a Edward, provocando que los amigos de Jacob y los Cullen los miraran durante todo el trayecto.

-Debes permitirme explicarte. –pero eso no hizo detener al moreno. –Jake, ven conmigo después del colegio y lo sabrás todo. –esas palabras fueron claves para Jacob, porque claro, el problema desde luego no se trataba sobre la sobrenaturalidad de Edward, sino por el simple hecho de no atreverse a confiar en él, al menos no después de tanto tiempo, cuando prácticamente se demostraban su atracción.

-Está bien. –habló, deteniéndose y mirándolo a los ojos. –Pero no más rodeos Cullen. –aquellas palabras hicieron sonreír al otro, provocando que Jacob también lo hiciera. Fue una forma muy rara de hacer las paces, pero funcionó.

El resto del día fueron menos llamativos, compartieron con naturalidad su clases, hablando estrictamente de ellas, sin reparar en detalles, dejando en claro que cualquier asunto personal seria tratado después de las clases, para Jacob, fue muy atento de parte de Edward que de verdad no lo forzara más, aunque aparentemente el sentimiento fue recíproco.

Una vez que las clases terminaron, Jacob se encontró con sus amigos en el estacionamiento, Mike se mostraba un poco tenso, recordando algunas cosas del fin de semana en la Push, donde los otros Quileutes lo trataron un tanto mal, por supuesto, el moreno le pidió disculpas a nombre de los otros. Bromearon un poco sobre el asunto, hasta que Edward apareció y de pronto el silencio de apoderó de todos.

-¿Les molesta si me llevo a Jake? –preguntó de una manera muy amable para el gusto de Mike, sobre todo después de su última amenaza; los demás se miraron entre sí, como si no tuvieran algo que decir.

-Claro, de hecho ya nos despedíamos. –fue Jessica quien habló primero, mostrando un gesto poco natural en ella, pero que complació a los demás.

-Ok, chicos, los veo mañana entonces. –Jacob se despidió de ellos con la mano y se alejó con Edward, dejando a los otros cuchicheando por la manera en que ahora iban las cosas con respecto a ellos, por supuesto, el menos encantado fue Mike.

Después de subir al auto, Jacob miró de manera insistente a Edward, obviamente quería mantener cierta presión, a la que el otro no pareció ceder tan fácil, al menos no hasta que estuvieron lo bastante lejos de la escuela. Cuando estuvieron en la carretera, Edward detuvo su auto en mitad de la nada, a sus lados estaba el bosque, al frente y atrás la carretera. Jacob, sabiendo lo que sabía, se sintió un poco temeroso, sobre todo cuando el otro se bajó del auto y fue hasta el otro lado hasta abrirle la puerta.

-Ven. –le dio su mano, a la que Jake accedió casi sin pensar, como si se demostrara a sí mismo que su curiosidad es más fuerte que sus miedos. Empezaron a caminar, adentrándose entre los árboles, ninguno decía nada y eso desesperaba un poco al joven Quileute, caracterizado por su impaciencia para ese tipo de cosas. -¿Qué es lo que sabes de mí? –preguntó el otro, frustrando la idea de Jake de empezar a quejarse.

-Sé que eres un vampiro. –dijo con naturalidad.

-¿Y eso no te causa temor? –la pregunta hizo que Jacob frunciera el entrecejo, provocando lo mismo en Edward.

-¿Debería? –preguntó, caminando cerca de él, brincando entre rocas, ramas y evitando árboles. El silencio que se formó invitó a Jake a continuar. -¿Por qué no me lo dijiste?

-No es como si lo hiciera todos los días. –contestó Edward, sintiendo muy "normal" la actitud del moreno. –Me impresionas… no creí que lo tomaras así. –esa sinceridad conmovió a Jacob.

-Conozco historias, muchas, la mayoría terribles. Pero tú… pareces diferente, no creo que me hagas daño. –la inocencia en aquellas palabras de verdad no parecía comprensible para Edward, que se detuvo y lo miró.

-Necesitas saber lo que soy capaz de hacer. –sin muchos preámbulos llegó hasta donde Jacob y lo tomó de los hombros, con un abrazo lo hizo pegarse a su cuerpo, eso provocó que el cuerpo del menor se pusiera a temblar involuntariamente, aunque no por temor, sino por el simple hecho de tener a Edward más cerca que nunca. Con inocencia levantó el rostro hacia el otro, logrando observar el color rojizo de sus ojos, sorprendiéndose, pero al mismo tiempo gravándolos en su mente para toda la vida.

-Ed yo… -no supo por qué, pero estaba dispuesto a ser sincero, a contarle todo, decirle que le gustaba, que desde el momento en que lo conoció tuvo ganas de lanzarse a sus brazos y besarlo con pasión, porque, a decir verdad, esa fue la primera imagen que se le vino a la mente. Quiso continuar, pero sus palabras fueron acalladas cuando de un salto, Edward lo llevó hasta la primera rama de uno de los arboles más cercanos, iba a preguntar, cuando otro salto y otro y otro, hasta llegar a la punta de aquel árbol, pudiendo admirar una de las imágenes más hermosas que la naturaleza les regalaba. Primero miro al suelo, muy lejano ahora; luego a su alrededor y finalmente a Edward, quien parecía extasiado por la cara del chico.

-Los vampiros tenemos una destreza extrema, fuerza miles de veces superior a la humana, sentidos agudos incomparables a muchas criaturas, vida inmortal y un instinto de asesino… -esas últimas palabras parecieron una amenaza.

-Sé que no me harás daño. –la convicción en la palabras de Jacob dejaron casi sin armas al vampiro, no creyendo ese tipo de osadía en un humano. –De querer hacerlo, hace mucho que estaría muerto… -afirmó, alegando algo muy lógico.

-¿No te das cuenta? –preguntó de pronto. –Mi mente está solo en ti, quisiera probar tu sangre, no hay nada en el mundo que desee más en estos momentos y me detengo porque… -se quedó en silencio, mirando a otro lado.

-Confío en ti. –esa pareció la palabra mágica para Edward, que de inmediato cambió su rostro a uno más compasivo, como si en esos momentos estuviera dispuesto a llorar.

-No quiero hacerte daño. –de pronto, ni la altura, ni el frio, ni siquiera la bella imagen de la naturaleza, importaron. Solo ellos dos, mirándose, sintiéndose, conectándose de una manera poco habitual, como si a cada simple movimiento de sus ojos o extremidades fueran un ritual en el que dejaban claras las cosas.

-No lo harás. –no le importaba sonar tan escueto, sencillamente porque las palabras no parecieron más necesarias, no cuando su mano se entrelazó con la de Edward, tampoco cuando sus torsos se juntaron y sus miradas se encontraron una vez más. Sus respiraciones se entrecortaron, ambos aspiraban el aliento del otro, acercando sus narices y tocándose de una manera muy provocativa.

-Espera… -las palabras de Edward dejaron un tanto sorprendido al moreno, quien lo miro con el entrecejo fruncido. –Vamos más lento… -sonrió como tonto, logrando que Jacob también lo hiciera, sintiéndose apenado por haberse dejado llevar. Se separaron muy poco y se miraron, pues, por fin reconocían parte de sus sentimientos. –Tienes que ver algo más. –la mirada del vampiro se dirigió al cielo, en aquel momento las nubes no eran tan densas, lo que presagiaba un poco de sol.

Con la agilidad de Edward bajaron a tierra, Jacob ni siquiera lo pensó, pero pronto, se encontraba caminando en el bosque de la mano del vampiro, al principio se sintió incómodo, pero la sensación de halago lo hizo olvidarlo y se entregó por completo a su caballerosidad, cualquiera diría que por su mente la idea de "colegiala" se volvía una realidad, pero la verdad es que no, se sentía bien, estar así, con Ed, sintiendo la suavidad de su mano.

Pronto, llegaron hasta un claro, un enorme claro, conocido por ambos desde hace mucho, caracterizado por la enorme roca en el medio y un perfecto círculo que simulaba una fortaleza en miniatura. Al llegar, Edward se detuvo y se alejó de él, justo cuando las nubes se disipaban un poco y dejaban entrever unos ligeros rayos del sol.

-¿Qué haces? –preguntó Jacob, mirándolo con interés, sobre todo cuando el otro empezó a desabotonarse la camisa.

-Muchas historias se escuchan sobre nosotros, pero ninguna de ellas ha siquiera acertado alguna vez. –sonriendo un poco, terminó de semidesnudarse. El Quileute pudo ver su pálida piel, su torso delgado y con una musculatura ligera. Creyó que podría acercarse, pero justo cuando intentó dar el primer paso, un rayo de sol iluminó a Edward, al principio creyó que se trataba de un simple reflejo, pero pronto su idea cambió. Se encontró sorprendido al ver como brillaba de una forma espectacular, como si se tratara de diamantes en todo su cuerpo.

-Eres… hermoso. –esas palabras provocaron una risa sarcástica en el vampiro.

-Es la primera vez que alguien me dice algo así. –habló, al mismo tiempo que Jacob se acercaba, sin temor a nada, solo con la mirada fija en el cuerpo del otro. Con lentitud tocó el brazo del vampiro, deslizando sus dedos con lentitud, provocando que entrecerrara los ojos y disfrutara del contacto. Pronto, se encontraron abrazados, mirándose directo a los ojos, dejando en claro que nada importaba, más que lo que sentían el uno por el otro, Jacob se sonrojó ligeramente, pero sin temor alguno.

-No creo que debamos hacer esto. –dijo Edward, mirándolo con preocupación, pero eso no detuvo al moreno, quien acercó más su rostro al chico, exigiendo un beso, lo quería, el primero con alguien que realmente le provocaba sensaciones placenteras, no solo de cariño y amistad, sino algo más, algo que pocas veces se lograba, un amor intenso que no podía comprender. Se atrevió a acercar sus labios a los del vampiro, los pegó lentamente, deseando que el otro correspondiera y así lo hizo, pero sin abrir sus labios, solo juntándolos, abrazando con un poco de fuerza a Jacob, quien pudo sentir la mano del otro en su cuello, sintiéndose extasiado por el intenso momento.

-Edward. –de los labios del Quileute se escapó el nombre del otro, pero de una forma sensual, provocadora, incitándolo a seguir, a besarlo completamente.

-No quiero lastimarte. –fue la respuesta del otro, pegando su frente a la del moreno y cerrando los ojos. –Si te beso, no sé si pueda detenerme y entonces, podría lastimarte… y es algo que nunca me perdonaría. –sus palabras sonaban convincentes.

-Sé que no me lastimarías. –la mirada de Cullen se levantó y sonrió con agradecimiento, su mano, que aún estaba en el cuello de Jacob, fue hasta el cabello de este y lo hizo hacia atrás, pues, a esas alturas, Jacob aún tenía el cabello largo, típico de los nativos.

-Aún hay cosas que debo explicarte, pero no aquí. –acarició el rostro de Jacob y tomándolo otra vez de la mano, regresaron hasta donde el auto, de ahí fueron hasta uno de los restaurants más comunes de Forks, visitado por muchas personas, incluidos los amigos de Jake. Cuando llegaron, varias miradas se concentraron en ellos, pero pronto, cada quien volvió a sus platillos una vez que les reconocieron. Aunque se dejaron escuchar algunos susurros que provocaron la risa de Edward.

-¿Qué más sorpresas me tiene señor Cullen? –preguntó Jacob, sonriendo ampliamente, provocando lo mismo en el otro, después de todo, ahora que las cosas estaban más claras, la sensación de comodidad fue más intensa, por tal motivo, la confianza es muy superior, Edward se sinceró de tal manera, que Jacob no se atrevería a cuestionar su fidelidad.

-Bueno… -en ese momento el mesero habitual del lugar se acercó a pedirles su orden, por lo que Edward calló. –Un refresco de cola… y. –miró a Jake, quien asintió. –Que sean dos. –el mesero se frustro un poco porque solo pedían aquello y no comida como todos los demás, pero accedió sin mayores quejas. –Bien, pues… además de la súper fuerza, extrema velocidad y vida eterna, los vampiros, algunos, tenemos ciertas cualidades. –soltó una risilla, sin mirar al otro.

-¿Qué tipo de cualidades? –no pudo disimular su curiosidad.

-Veras… mi hermana, Alice, ella puede ver el futuro, no de una forma muy concreta, pues puede haber la posibilidad de modificarlo, pero predice ciertas cosas. –eso hizo que el joven Quileute entreabriera los labios, claramente sorprendido.

-¿Pudo… pudo vernos… juntos? –esa pregunta fue algo incómoda para él mismo, logrando que el vampiro se sintiera halagado.

-Un poco, pero no lo comprendió muy bien… hasta el día que apareciste en el Instituto. –Jake no tuvo que preguntar más, pues quedaron muchas cosas claras y no es tan tonto para no medio entender el resto.

-¿Y tú… cuál es tu cualidad? –la pregunta fue directa y lo cierto es que necesitaba saberlo. En ese momento llegó el mesero y les dejó las bebidas, aclarando que en cuanto quisieran algo más, no dudaran en llamarle.

-Yo… puedo escuchar los pensamientos de los demás. –fue como si Jacob no hubiese esperado ese tipo de poder. –Por ejemplo… -miró a una pareja de una mesa cercana. –Ellos piensan en sexo… allá. –miró a un hombre comiendo con rapidez. –dinero, mucho dinero. –su vista volvió a otra pareja, ahora del otro lado. –Más sexo…

-Ok, ok, me queda claro. –habló el moreno, levantando una mano para que se detuviera. -¿Qué estoy pensando? –Edward apretó los labios, no hablando hasta después de un momento.

-Eso es lo que más me perturbó de ti. –afirmó, aunque ahora con una seriedad que no estaba minutos antes. –No puedo leer tu mente. –la afirmación dejó perplejo al Quileute, quien simplemente se dedicó a beber un poco del refresco. –Tu mente es un misterio para mí, la única, en toda mi vida, que no he podido escuchar. –por un momento, ninguno dijo nada más.

-¿Eso me hace un fenómeno? –una risa ligeramente sonora salió de los labios de Edward, una risa que la gente de ahí jamás escuchó de este.

-Yo soy un vampiro… ¿y dices que podrías ser un fenómeno porque no te puedo escuchar? Me fascinas. –la afirmación provocó que ambos rieran, sintiéndose aún más a gusto que antes. La plática se volvió relajada los siguientes minutos, Edward le explicó otras cosas de los vampiros, pero se concentró más en su familia, alegando que solo Alice y él tenían poderes, los demás, solo eran como cualquier otro vampiro.

La puerta del local se abrió de pronto, con un jefe Swan entrando a toda prisa en dirección a donde estaban ellos, al principio ambos se quedaron perplejos pero la mirada que el hombre dedicó a Edward, confundiendo a Jake, quien creyó ver algo de hostilidad.

-Al fin te encuentro, tu padre te busca… -una interrogante se formó en el rostro de Jacob. –Hubo otro asesinato… el hombre quedó irreconocible y temíamos por ti. –cuando escucharon la palabra asesinato, ambos chicos se preocuparon, ¿de quién se trataría?

Continued…

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Listo, otro capítulo más, disculpen la tardanza, pero no encontraba inspiración y tampoco tiempo. Ahora, quiero agradecer a LunaSol y nikochan, por los breves, pero inspiradores comentarios, además, a las personas que amablemente han agregado la historia a sus favoritas o que programaron alertas. Gracias de verdad. Ahora, quería preguntar, ¿quieren mpreg?, claro, aún falta mucho, pero considero necesario ir dejando las cosas más en claro. Agradecería sus comentarios y espero publicar más pronto el otro. Saludos a todos.

Derechos: Todos a la creadora, Stephenie Meyer y a quienes les vendió su historia. Yo no lucro, aunque, si los reviews tuvieran paridad, seguro que ganara un poco.