Historia de un Mehicano
Capítulo 3 La visita a los Broflovski
Kyle había perseguido a Ike por la avenida principal mientras este intentaba llegar al parque, ciertamente fue sencillo para Ike escapar de su hermano mayor, pues Kyle respiraba entrecortadamente.
—¡Ike espera!—gritó Kyle intentado respirar agachándose a recargarse sobre sus rodillas.
Ike sin embargo parecía bastante contento de estar en el parque local de la comunidad, tanto así que ignoró a su hermano mayor mientras este le decía repetidas veces que tenían que ir a casa.
—Ike vámonos.—Kyle se había cansado de perseguir a Ike, le faltaba el aire y trataba de no caer desmayado—Cielos…Fuh…Debí aceptar esos entrenamientos con Stan y Kenny…—suspiró el pelirrojo mientras sobaba su estómago—Pero la comida de mamá es taaan buena… Joder, a este paso arrebozare a Clyde como el segundo más gordo…
—¿Kyle bien?—preguntó Ike quien se había detenido frente a Kyle pues le daba miedo que su hermano hablara consigo mismo.
—¡Te tengo!—lo atrapó Kyle saltando rápidamente sobre el brazo de su hermano, dando un golpe exitoso—¡Ja!
—¡No! ¡Ike quiere jugar!—gritaba el pequeño pataleando.
—Ike, vamos, tenemos que llegar a casa.—le dijo Kyle sin perder el tiempo y sobando su barriga.
Por el camino traspasaron un par de callejones para tomar atajos a su casa, Kyle estaba rebosar de alegre, tenía una gran familia, un hermano feliz, una madre que lo adoraba y un padre que era un ejemplo a seguir. Ciertamente no solía pensar en aquellos temas, pero después del día que había tenido en la escuela decidió que debía tratar de pensar en lo positivo, tenía salud y una buena familia, ¿Qué más podía pedir después de todo.
Ike sin embargo parecía no estar contento con la demostración de escapismo que había hecho minutos atrás e intento soltarse de la mano de su hermano mayor, pero este solo apretó sin inmutarse mientras el pequeño agotaba sus fuerzas.
—¿Y ese tal Filmore aun te molesta?—preguntó Kyle recordando cómo eran las cosas antes.
—No.—comentó Ike dando un saltito para librarse.
—Recuerda que, si alguien te molesta solo dímelo Ike y no vuelvas a esperar hasta que acabe el año escolar…Si me hubiera enterado antes…—Kyle apretó con fuerza la mano donde llevaba sus papitas fritas.
—Filmore amigo.—contestó Ike simplemente para tranquilizar a su hermano—Ike quiere galletas.—intentó distraer al mayor.
—Yo también Ike, yo también…—dijo Kyle un poco inseguro de la respuesta de su hermano.
—Ahh…—Ike con una gran fuerza logró librarse de la mano de Kyle y mientras pretendía salir corriendo cayó de bruces al suelo.
—No te vuelvas a alejar así.—le dijo Kyle bastante serio—Hay mucha gente mala en la calle que quiere lastimarte.
—¡Ike quiere jugar!—se escudó el niño cruzándose de brazos y resignado al ver cerca su hogar, aunque se sorprendió de ver algo cerca de ahí algo que no debería ser usual—Limusina.
—Extraño.—dijo Kyle al ver una limusina estacionada frente a su casa—Esta encendida…—analizó mientras ojeaba discriminadamente.
—¿Puedo jugar cerca?—preguntó Ike con ojos de perrito.
—Juega en la casa…—recomendó Kyle mientras abría la puerta de la residencia Broflovski sin dejar de mirar al vehículo—No hay lugar más seguro que… ¿Qué carajos?—preguntó Kyle sorprendido al escuchar la voz de su madre y la de un hombre desconocido cerca suya.
En la sala de estar de su casa se encontraba su mamá Sheyla Broflovski; con sus habituales prendas de vestido azul, su cabellera pelirroja recogida y con una sonrisa falsa sirviendo té a una figura que se ocultaba detrás del sofá reclinable favorito de Gerald. Kyle no se hubiera asustado de no ver el rostro de su madre, parecía sonreír, pero estaba lejos de estar feliz en su mirada una clara señal de terror la dominaba.
Antes de poder decir nada más, el sujeto que estaba sentado en el sofá solitario asomó su cabeza desde detrás de este, mostrando una sonrisa llena de dientes falsos y algo malgastados. El sujeto les dedicaba a ambos una verdadera sonrisa, aunque al levantarse lograron notar que su vestimenta no era más que una simple camiseta de cuadros y jeans bastante gastados, una gran barba descuidada y bigote conectados y cortos; parecía ser bastante peludo, aunque disimulaba bien con la ropa, azabache y de no gran estatura, aunque algo había en su sonrisa que no parecía natural a pesar de ser sincera era aterradora.
—Oh vaya Kyle, cuanto tiempo wey.—le saludó el hombre acercándose a los dos chicos—¿Y este es el adoptado? Pequeño Ike, chócalas campeón.—el sujeto mostró una mano amistosa.
Ambos niños se quedaron plantados en el umbral sin atreverse a respirar siquiera, toda la situación parecía irrealista ¿Quién era ese sujeto? ¿Qué quería? Y, sobre todo, ¿Qué clase de extraño dialecto parecía estar hablando?
—¿Q-q-q-qué dijo usted?—preguntó Kyle con toda la educación que pudo mientras ofrecía su mano, esta fue estrechada con fuerza—Perdone, ¿Quién es? Yo soy Kyle…—dijo para finalmente separar sus manos.
—¿No habla mexicano?—el sujetó volteó hacía Sheyla—Vaya, y yo que pensé que al menos…—parecía ligeramente molesto, pero se detuvo a media oración y negó con la cabeza para volver a su sonrisa previa, cosa que le asustó a Kyle, su sonrisa parecía demoniaca—No importa, tradúceles Sheyla.
—K-k-ky-kyle…—habló Sheyla tartamudeando mientras apretaba sus manos fuertemente contra su pecho; era obvio que no quería verlos en ese estado; sus hijos sabían que aquella era una situación crítica y estaban asustados—T-t-te presentó a…Joaquín…—dijo Sheyla tragando en seco antes continuar, tenía miedo de solo pronunciar el nombre—El Chapo Guzmán.—terminó la oración.
—Ike hizo pipi.—el canadiense finalmente cedió, recordaba los gritos desesperados de la mañana y como los habían ignorado.
—¿Qué? ¿El Chapo? ¿El narcotraficante asesino?—Kyle parecía no entender, hasta que se dio cuenta de lo que dijo—No quise…No debí…—intentaba decir algo coherente para el Chapo, pero este parecía despreocupado.
—No hay que esconder lo que uno es esqüincle.—dijo el Chapo orgulloso de que le llamaran asesino.
—Dice que no hay problema…—tradujo Sheyla—Buba…Es una larga historia, ya te la diré otro día.—dijo ella con todas las fuerzas que le quedaban para seguir sonriendo tristemente—Además Ike, tú no tienes edad para saber de esto, suban a su habitación y esperen ambos ahí.—su madre estaba aterrada, tanto que si en aquel momento le pedía escapar con Ike a la frontera canadiense Kyle lo hubiera hecho, sabía que un gran peligro se cerniría sobre ellos si cometían un mínimo error.
—Deja que se queden los chamacos.—le ordenó con facilidad el Chapo, ni siquiera se dignó a verla para darle la orden, solo sonreía a la taza mientras la tomaba mal con la mano directa al cilindro en lugar de la agarradera.
—Bien…Bien…—Sheyla parecía resignada—Niños, siéntense conmigo.
La mujer señaló en su sala el sillón para tres justó al lado izquierdo del de Gerald, fue la mujer la que se colocó más cerca del Chapo, seguida de Kyle en el asiento medio y finalmente de Ike hasta el otro extremo. El Chapo se sentó en el sofá separado y tomó un sorbo del té que Sheyla había preparado.
—Mhh…Delicioso, aunque hubiera preferido una bebida.—halagó el mexicano dejando en la mesita la taza—Antes de comenzar, Kyle, me gustaría darte un regalo, aunque te debo muchos por todos estos años.
El hombre buscó en el bolsillo que tenía en el pecho de su camiseta de botones y tomó una pequeña cajita negra, no más grande que la mano de Kyle. Aquello no necesitaba traducción, era un presente de parte del hombre.
—Un regalo de su parte…Di gracias Buba.—le recomendó Sheyla con la voz quebrada mientras Kyle se levantaba para tomarlo.
Normalmente Kyle le molestaba que su mamá lo llamará de ese modo, pero en ese momento fue de lo más reconfortante que pudo haber escuchado.
—G-gracias señor Guzmán.—Kyle parecía no estar seguro de lo que era, así que lo guardó en una de sus bolsas de su chaleco naranja y volvió a su lugar.
—Bueno Sheyla…Muchos años ¿No?—preguntó el Chapo Guzmán con una sonrisa de suficiencia impenetrable.
—Q-que bueno volver a verte Joaquín.—señaló la mujer nerviosamente fingiendo también una sonrisa—¿Qué te ha traído de vuelta?—su amabilidad era tan fría y su tacto tan vil que no ocultaba su deseo por acabar la conversación cuanto antes.
—Sí, sobre eso, vine a agradecerte que me mandaras cartas al penal…durante dos meses después de que me encerraran.
El hombre inició tranquilamente y termino respirando extrañamente pausado. Miró detenidamente a la mujer; ella sabía que el siguiente intercambio de diálogos era vital por lo que trato de calmarse ferrosamente y luego decir.
—Oh, claro esas cartas, ¿Te gustaron?—preguntó la mujer intentando no decir algo incorrecto.
—Por supuesto, me encantaron mientras las recibía.—reconoció el sujeto—Las guarde durante todo este tiempo.—admitió a la vez que sacaba de su lado izquierdo un bulto de papeles cubiertos de una lámina transparentes, se veían antiguos.
Kyle apenas entendía la conversación, solo por la parte de su madre, pero no tardó en darse cuenta a donde se dirigía el asunto, además notó con nerviosismo que el Chapo cargaba esas letras con una clara letra de su madre, desgastadas por el pasar de los años.
—Eso es fantástico.—admitió la mujer mirando las ventanas de su casa desesperada.
—Sí, pero…Te seré sincero, quede herido cuando me dejaron de llegar.—explicó el Chapo decepcionado.
—Bueno, Chapo, te condenaron de por vida…—el hombre solo lanzó una risotada ante el comentario—Yo estaba acusada de cómplice, debes entender que no solo estaba devastada, sino también siendo perseguida.—le dijo la mujer.
—¿Enserio…?—se notaba el sarcasmo en su voz—Bueno, parece que ahora las aguas ya están más tranquilas para ti, llevas viviendo en este pueblito alejado de Dios por mucho tiempo…—dijo sin necesidad de esconder el reclamo en su voz.
—Se vería sospechoso que mandara correo a una cárcel mexicana, siendo que se supone no tengo ni siquiera parientes allá.—dictamino Sheyla, provocando que sus hijos siguieran entendiendo la conversación.
—¿Y visitas? ¿Por qué nunca me visitaste?—preguntó dolido el criminal.
Hubo un momento de silencio en el cual Sheyla parecía pensar a toda prisa en su mente y Kyle miraba asustado como crecía la tensión entre ambos adultos, temía más que nada porque uno de esos adultos era un asesino volátil.
—Me deportaron la visa.—dijo la mujer finalmente—Se supone que no puedo salir del país hasta en dos años más.
—Existe el otro método, sin papeles.—dijo con naturalidad el hombre—Tenías buenos contactos en el muro fronterizo.
—La Alianza de la Sangre no me querían…—dijo la mujer fingiendo tristeza—Recuerda cuanto te decían que te alejaras de mí, que yo no lo valía, al saber que te capturaron algunos intentaron hasta matarme…—se detuvo pues parecía aterrarse con los simples recuerdos.
—Sheyla, esos son problemas de hace ocho años…—dijo el Chapo tranquilamente, pero pareciendo querer continuar con esa charla de reclamo y excusas.
—¡Como dijiste!—al contrario Sheyla pareció tomar algo de valor y gritarle al hombre—¡Ocho años! Lo siento Chapo, ya han pasado ocho largos años, no podía vivir en el pasado eternamente.—dijo entrecortadamente por su respiración.
Hubo un momento en el cual ella se levantó de donde estaba sentada, sus dos hijos tampoco habían notado ese detalle, estaban absortos en las palabras de ambos, a pesar de que estaba claro que no entendían ni pio de lo que decía el Chapo, pero lo que era claro es aquello no iba a terminar bien. Ike tomó la mano de Kyle y este apretó.
*—Hablando del pasado.—el hombre seguía con su sonrisa de suficiencia, por lo que Kyle notó, el discurso de su madre no lo había inmutado en lo más mínimo—¿Recuerdas el nueve de Junio de hace ocho años?—preguntó nostálgico y perdiendo parte de la sonrisa.
—No.—mintió descaradamente Sheyla, esa mentira le había costado muchos puntos y su rostro de preocupación la delato casi enseguida.
—Mamá, ¿Qué está ocurriendo?—preguntó Kyle preocupado.
—¡Nada que deba mencionarte!—gritó la mujer echando lágrimas sin poder contenerse, estaba a punto de quebrarse su fuerza, ella lo sabía, sus hijos lo veían, y temían.
—Yo sí lo recuerdo.—reconoció el hombre aun con su sonrisa—Fue ese día en la mañana cuando encontré una nota tuya, me dijiste que nos encontraríamos en el puente Talismán al mediodía, ahh que lindo era Guatemala… ¿Recuerdas lo ocurrido?—preguntó el Chapo con una sonrisa burlona, sabía que había dado con el punto débil de Sheyla.
—Sí.—dijo Sheyla fríamente y sin miramientos.
—No, no lo sabes.—dijo rotundamente mientras negaba con la cabeza.
Se agachó para volver a tomar la tacita y bebió más del té con toda tranquilidad aun tomándola mal, aunque el rencor ya se le podía notar en su mirada y movimientos, disfrutaba de cada segundo que veía como Sheyla se limpiaba las lágrimas.
—Escuché las noticias.—dijo Sheyla dando un paso hacia atrás y poniendo detrás suya a Kyle y Ike, provocando que estos tuvieran que mover sus cabezas para ver al Chapo.
—Decidí ir a donde me habías pedido ir.—continuó el criminal como si no hubiera sido interrumpido—Suerte la mía que lleve a unos amigos solo por si algún tarado se le ocurría interrumpirnos.—dijo mientras fingía cargar un arma—De lo contrario habría muerto.
—Vaya suerte tuviste.—Sheyla mostró sarcasmo y escupió veneno con la mirada.
—¿Por qué no llegaste?—preguntó directa y fríamente el hombre sin pasar por alto aquel comportamiento.
—Se presentó un compromiso, te iba a marcar para decirte, pero cuando lo hice me enteré de todo.—dijo ella con odio total en la mirada.
—¿Un compromiso?—preguntó mientras parecía faltarle el aire, estaba rojo de la ira, si tranquilo parecía peligroso en aquel estado una muerte rápida hubiese sido piadoso como castigo—¡¿UN CONTRATIEMPO?!—gritó lleno de rabia—¡¿Más importante que tu esposo?!
Sheyla se petrificó al instante al oír nuevamente aquella palabra saliendo de esos labios, sus hijos miraron de uno a otro lado asustados por la reacción de su madre y sin saber si quiera el porqué.
—¿Mamá?—Kyle intentó reanimarla zarandeándola, pero su madre miraba horrorizada enfrente, sus lágrimas salían de poco en poco.
—Ahora se lo dirás.—le dijo el Chapo enojado y con voz firme, aquello era una orden.
—Yo…—la mujer ni siquiera pudo defenderse, se veía indefensa y empequeñecida.
—¡DICELOS!—exigió el Chapo Guzmán con una vena latiendo en su cuello.
—Kyle…Ike.—Sheyla miró a sus pequeños, eran demasiado jóvenes, no quería, no debía de hacerlo, pero sabía que no tenía opción alguna, su voz se extinguía en su garganta.
—Una…—contó el Chapo metiendo una mano en su mochila de mano.
—Mi primer esposo…Fue el Chapo.—escupió la mujer finalmente con amargas lágrimas en los ojos y la voz casi rota en su totalidad, parecía que de un momento a otro se iba a derrumbar.
—Espera…¿Qué?—ante aquella noticia los dos niños también se petrificaron—¿Cómo? ¿Cuándo?—fue la reacción de Kyle quien apenas podía conectar ideas o nociones, aquello debía ser una mentira.
—Nuestra relación terminó hace ocho años…—dijo la mujer entre un mar de lágrimas—Cuando lo encerraron.
—P-p-pero…¡Yo tengo doce!—gritó Kyle enojado y negando, vio que su madre estaba dispuesta a seguir hablando y él negó con su cabeza, sabía que fuera lo que tuviera que oír no le iba a gustar, no lo iba a dejar tranquilo.
—Kyle tú eres…—intentaba decir la mujer, pero no podía, aquello no debía ser revelado y a la vez era tan difícil que las palabras no salían como si fueran hechas de plomo y no de aire.
—Yo soy tu padre.—le dijo rápidamente el Chapo entre los llantos de Sheyla a la vez que también Kyle se levantaba.
—¿Q-q-que dijo?—preguntó Kyle sin entender el dialecto, el hombre quería jalarse su cabellera por aquello—¡Dime que dijo!—le ordenó a su madre bastante molesto y se dio cuenta que había gritado de igual manera a como el hombre lo había hecho hace solo unos momentos.
—Kyle…El Chapo Guzmán…Es tu padre…—dijo finalmente Sheyla pausando para decir casi cada palabra y apenas conteniéndose de un mar que salía de sus ojos—Tú no eres Kyle Broflovski, eres un Guzmán…Kyle Guzmán.—la mujer apenas abría la boca, sus palabras eran un susurro apenas audible, pero que penetró con mucha fuerza sobre Kyle.
—Es mentira.—dijo débilmente y sin aliento—Es mentira…—cayó al piso de rodillas, sintiendo el peso de la realidad cayendo sobre él, todo en lo que él creía, todo lo que sabía de él mismo—¡Tú te embarazaste de mi papá en New Jersey!
Reclamó lo que había sabido durante toda su vida, aquello era la verdad, no lo que ella decía, él era hijo de Gerald Broflovski, no del Chapo Guzmán. De un respetable abogado, no de un narcotraficante fugado y terrible. Él negaba con fuerza su cabeza mientras lanzaba gritos de dolor. Todo era una pesadilla, una terrible pesadilla.
—¡Kyle escucha!—gritó Sheyla en llanto logrando controlarlo para que no moviera erráticamente la cabeza, se agachó para verlo a los ojos y tomarlo de su rostro con el cariño que solo una madre puede—¡Gerald nunca ha sido, ni será de New Jersey! Yo caí en malos tratos…y…termine con él.—dijo roja de la ira e impotencia cara a cara con su hijo, ambos tenían sus rostros húmedos y temblaban del miedo.
—Una decisión estupenda.—dijo el Chapo—De no haber estado conmigo no tendrías hijos y seguirías en esa estúpida ciudad.—le dijo el hombre.
—¡¿Y tengo que agradecerte?!—gritó Sheyla enojada, había tomado valor al ver el estado de Kyle, así que dio media vuelta se levantó y habló con todo el odio que pudo directamente al criminal—¡Lo que vi…! ¡Lo que hice…! ¡Preferiría no tener hijos a…!—afirmó con los ojos cerrados en un arrebato de ira, se detuvo a media oración.
—¡¿Cómo?!
Kyle no solo estaba enojado, ofendido y confundido, sino también rabioso, en sus venas corrían la descendencia de un sucio asesino y de una madre que afirmó que prefería no haberlo tenido; su cabeza daba vueltas. Se levantó para enfrentar verbalmente a su madre por aquella última afirmación, él no podía concebir la idea, era incapaz de pensar que su madre hubiera dicho aquello, pero lo había escuchado, ella lo había dicho.
—Kyle…—la mujer se agachó para tratar de volver a tener a su hijo entre sus manos.
—¡No me toques!—gritó Kyle enojado, su madre no solo lo había engañado y despreciado, sino que se había acostado con un criminal que resultaba era su padre…Era imperdonable…No…Ella no…Kyle estaba confundido, ¿En quién podía creer?
En su madre no.
—¡Fue en mis tiempos de Jersey! ¡Tú no entenderías!—gritó Sheyla tratando de volver a tocar a Kyle, pero este golpeaba sus manos y daba pasos hacia atrás con asco.
—¡Entiendo lo que se siente ser de allá! ¡Lo que no entiendo es ser esa clase de mierda de persona!—gritaba enojadísimo Kyle, notó como Ike lloraba gravemente por ver a dos seres que amaba pelear de aquella manera.
—Yo…—Sheyla intentó explicarse, hacerle entender que le mintió por su propio bien.
—Ya se lo dirás después.—el Chapo cortó aquella escena con una sonrisa triunfal.
Sheyla lo miró con un odio inhumano, sus ojos desprendían más que solo rabia, y no era la única, Kyle también lo miraba con odio marcado, era difícil decir cuál era la mirada más fiera.
—¡¿Qué quieres de mi Joaquín?!—gritó Sheyla finalmente, ya no le importaba medir sus palabras o si aquello terminaría bien o mal, los mocos se escapaban de su nariz casi tanto como su mirada de horror.
—¡Qué sufras inmunda puerca!—gritó el Chapo acercándose, escupiéndole en la cara con su ira.
—¡Demasiado tarde vendedor de porros!—dijo Sheyla limpiándose la baba con su mano derecha y con la izquierda empujando al Chapo del pecho—¡Hice mi vida de nuevo! ¡Sin drogas! ¡Sin más tipos despreciables como tú! ¡Soy feliz así y pienso quedarme así!—gritó sin rodeos Sheyla mientras le gritaba y acercaba lentamente al Chapo entre gritos tratando de hacerlo retroceder intimidado, no iba a dejar que el hombre destruyera a su familia—No tenía nada en contra tuya hasta este momento. Pero tampoco sentía eso que sentía antes, lo nuestro acabo, y NUNCA debió de ser.—repitió ella—¡NUNCA QUISE QUE PASARÁ!
—¡Obviamente no!—gritó el Chapo—¡Dudo que alguna vez sintieras algo!—escupió veneno.
—Solo sentí odio.—dijo Sheyla con la voz casi cortada de la imposibilidad de hablar.
Kyle miraba de uno a otro lado, sabía que dentro de poco tendría que decidir un bando, el padre que era un asesino y una madre que le había mentido durante toda su vida… Se sentía terrible por dentro como para pensar en una decisión, como para apoyar a uno de los dos, quería no meterse en medio, drenar todo su sufrimiento, hacer algo, pero estaba quieto, mirando con terror a ambos lados cuando se intercambiaban gritos.
—¡Rehiciste tu vida demasiado rápido! ¡¿NO?! Casi como si la tuvieras planeada desde antes.—le dijo el Chapo a la mujer lleno de rabia, esta retrocedió un poco pero no se dejó intimidar más—¡Vulgar puta! ¡Me denunciaste con los federales!
—¡SUFICIENTE!—gritó Sheyla—¡Joaquín López Guzmán Loera!—gritó con un dedo acusador al hombre y con su voz más chillona y potente que nunca—¡TENGO UNA VIDA MUY FELIZ! ¡Lamento lo que te paso! ¡Pero te deje ir! ¡Has lo mismo pedazo de…!—Sheyla estaba tan roja de la ira que bien hubiera intimidado al demonio, pero no al hombre frente a ella, este solo mostraba una ira incluso mayor si aquello era posible.
—¡NO! ¡No lamentas nada!—gritó el Chapo haciéndose oír sobre la marea de gritos de la mujer, esta se quedó callada después de recibir una cachetada en su mejilla izquierda—¡TÚ ME DENUNCIASTE!—Sheyla recibió un rodillazo en su estómago provocando que se doblara del tremendo dolor que estaba sufriendo, escupió sangre Sheyla incapaz de defenderse—¡TÚ SOLICITASTE PROTECCIÓN A TESTIGOS!—finalmente el Chapo la tiro al suelo con ambas manos en un estado casi de locura— ¡Y TÚ VAS A PAGAR!—levantó su pie para darle una fuerte patada en el rostro a la mujer.
—¡NO GOLPEES A MI MADRE!
Gritó Kyle dando un salto encima de la mesita de la sala, rompiéndola en el acto y dándole un puñetazo volador al Chapo, este retrocedió con su ojo morado y Kyle aterrizó en el piso con el puño desafiante, no le importaba quién fuese, ni lo que su madre le había dicho previamente, ella no dejaba de ser su madre, no podía quedarse viendo como la mataban, por más molesto que pudiera estar en ese momento.
—¡Bien!—la sonrisa del Chapo había vuelto, pero aquella vez enloquecida, desquiciada—¡¿Así quieres jugar Sheyla?! ¡¿RUDO?!
—Kyle…No debiste haber hecho eso…—dijo Sheyla rápidamente tomando a Kyle por la cintura y a Ike del cuello, pegándolos a su cuerpo y apartándose del Chapo que tomó la tele y la lanzó hacía donde estaban ellos, el aparato no llegó ni a la mitad del camino y llenó de vidrios rotos la habitación. Madre e hijos se abrazaban, pegados a una esquina, cualquier sentimiento que no fuera ira y temor extremo podía invadirlos.
—¡Tienes una semana para divorciarte de Gerald Broflovski!—sentenció el Chapo.
—¡No lo hare!
Afirmó ella con la poca decisión que le quedaba, escondiendo aún más a sus hijos detrás de ella como si un escudo humano fuese a frenar la ira del hombre, Kyle quería salir y golpear más a aquel hombre.
—Lo harás.—dijo autoritariamente con una sonrisa—O de lo contrario, Kyle recibirá más regalitos de parte mía.—dijo como si tratara de parecer amable durante un momento, pero la frialdad de aquellas palabras hizo temblar a todos.
—Kyle…¡Abre la caja!—Sheyla recordó aquella cosa.
Kyle rápidamente sacó de su chaqueta la pequeña caja negra que le había entregado el sujeto, sin siquiera dudarlo la abrió, solo para ponerse pálido, sus ganas de pelear habían desaparecido y solo un profundo miedo lo invadió, las malas noticias parecían no parar, pero él creía que debía haber un límite, sabía que tenía que haberlo, que no todo estaba perdido, pero después de ver el contenido de la caja, sabía que todo en lo que alguna vez creía estaba perdido.
—¡Ike no veas!—Kyle intentó protegerlo de la vista pero Ike empujó su mano rápidamente a la vez que miraba a la perfección el contenido, no por mucho pues Sheyla tomó la cajita y la cerró definitivamente.
Dentro de la pequeña caja venía un estampado de terciopelo negro, que parecía fundirse con los bordes del mismo tono y en medio de aquel verdadero caos un dedo meñique no muy grande, recién cortado, manchaba las paredes y la tela del fino color escarlata de la sangre, la visión de aquella parte de un cuerpo humano era asquerosa.
—¿Q-qué significa esto?—inquirió Sheyla, pero estaba lejos de tener el mismo valor que había adquirido antes.
—¿No reconoces el meñique de la mano que tanto cariño tienes?—preguntó burlón el Chapo—Decide Sheyla, tu esposo o la vida de él; sin policías o lo mato sin dudar, sabes que cumplo mis promesas.—dijo decididamente caminando por el recibidor y abriendo la puerta—Tienes una semana—se detuvo para sonreír con una malicia que no debía ser humana, que lograba aterrar a los tres integrantes, tenía algo más que decir—Sheyla, tú destruiste mi vida, yo destruiré la tuya.
La puerta fue cerrada.
No había duda alguna en que planeaba hacerlo, su voz no era una advertencia o jugueteó, era una amenaza, cargada con un odio que parecía inhumano. El Chapo Guzmán abandonó la residencia Broflovski subiendo a su limusina mientras los tres miembros de la familia lloraban profundamente e intentaban procesar lo ocurrido.
Continuara…
Na.—
¿Fui demasiado rápido? No sé, creo que lo necesario fue dicho aquí, la explicación viene luego en el fic, pero tendrán que esperar mucho.
Es una escena fuerte y que va desarrollándose rápidamente, sin miramientos. Directo al grano. De aquí se basara el argumento, so, estense atentos en los capítulos.
Si les gusto dejen review, gracias por leer y nos vemos.
