Katsuki e Izuku,
dos piezas distintas del mismo puzzle, las que sin darse cuenta, encajan a la perfección.
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En esa danza de cuerpos sudados que les lleva placeres, que solo en aquel estrecho cuarto pueden compartir.
ー ¿Qué haces?ー pregunta Izuku agotado y recostado sobre la fría mesa con el cuerpo acalorado.
ー ¿Quieres jugar un poco?ー devuelve la pregunta entretenido, acomodándose tras él mientras posa una de sus manos en sus redondas y firmes nalgas, las que aprieta con fuerza, incitándole para que aceptara.
ーSí...ーresponde en un jadeo, conforme con cualquier tipo de contacto, proveniente de esas manos cálidas y desvergonzadas.
Cuando una vibración resuena en la habitación, su cuerpo se tensa, pues aunque no sabe en específico lo que es...
Se hace una idea
de lo que harían con ello.
ー Cálmate o no va a entrar... ー susurra el rubio ronco contra su oído, humedeciendo sus dedos y rozando con ellos su entrada, aún muy estrecha para lo que quiere introducir.
Izuku se remueve incómodo, tensando el amarre de cuero mientras los dedos de este hurgan su intimidad, y con su otra mano, encerrándola sobre su naciente dureza, le comienza a atender, sacudiendo su miembro a ritmo lento y tortuoso.
ー Así está mejor...ー felicita el de ojos rubíes, logrando colar un par dedos en la ahora dilatada entrada, luego rozándola con el ruidoso aparato, el cual vibra haciendo al menor estremecer.
ー No aprietes...ー pide comenzando a recorrer con sus labios su espalda llena de pequeñas pecas, humedéciendola hasta llegar a la nuca donde en la línea del cabello, le muerde con fuerza. Relajándole y logrando lentamente introducir el vibrador de forma esférica, hasta hacerlo desaparecer en su interior.
ーSe sien-te extraño... ー jadea el menor, incómodo y de alguna forma excitado. Dejando que las intrépidas manos del rubio se entretengan, una apretando su trasero con tanta fuerza que deja una marca y la otra acariciando su descubierta erección a ritmo cada vez más rápido, ayudado por la humedad que de la misma brotaba.
ーEres un ángel muy indecente, para mi que te vas con Lucifer...ー se burla, volviendo a golpearle el enrojecido trasero y recibiendo un gemido ahogado en respuesta, producto de la mezcla de sensaciónes que tenían a un excitado Izuku, en un mundo totalmente desconocido: El de los placeres carnales.
ー¿Quieres que me detenga? ー pregunta coquetamente el mayor, mordiéndole nuevamente el nacimiento de su verdoso cabello, esta vez cerca del oído, provocándole un delicioso escalofrío.
ーM-me gusta, sigue...ー incentiva, haciendo al de ojos rubíes sonreír satisfecho.
ー No seré suaveー advierte introduciendo una de sus manos en la húmeda cavidad del menor, retirando el aparato vibratorio de su interior, para luego, excitado como nunca, volverle a golpear con fuerza el redondo trasero haciéndolo soltar un jadeo ahogado.
ー... ¿Qué es eso?ー pregunta, confundido al notar algo cálido y duro rozándo su entrada.
ー Yo a punto de follarte ー responde en un gruñido rodeandole la cintura y apegándolo a su cuerpo para acomodar su erecto miembro entre sus nalgas, las cuales abre cual libro.
El de pecas no responde, en vez de ello se dedica a, sintiendo la presión de su miembro, estremecerse en la expectativa. Invadido de morbosos pensamientos donde ese ariete de carne, arremete violentamente hasta llegar al fondo de sus entrañas.
Realmente iba a tener sexo, con un completo desconocido quien para peor, pagaba por él.
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En el calor del momento ,
casi olvidando algo importante.
ー ¡El condón!...ー recuerda alarmado, avergonzádose cuando el mayor, riéndose de él, le pasa el paquete abierto por la cara.
ーYa estoy asegurado, no te preocupesー responde acariciando con la curva del glande su estrecho ano.
ーEstás apretado... ー gime ronco, ingresando lentamente, con dificultad.
Dando origen a un momento que Izuku no podría olvidar,
su primera relación sexual.
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ー¿Duele?.
ー No...ー miente, derramando una pequeña lágrima y mordiéndose los labios para acallar un quejido cuando el rubio, ya en posición, termina por arremeter de un golpe. Clavándose en esa delicada zona a la que ninguno de sus anteriores clientes había podido acceder.
¿Por qué el sí?
No lo entendía.
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ー Nmgh...ー Se queja, molesto por la brusca intromisión.
Ochako tenia razón, el sexo no era tan mágico como en las películas.
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Dolía.
ー Ya te sentirás mejor, espera un poco...ー le tranquiliza, comenzando a moverse lentamente, sin soltarle las caderas mientras profundiza el contacto, logrando al poco rato deslizarse con mayor facilidad.
Depositando un devoto beso en su pecosa espalda, antes de comenzar a embestir con fuerza, marcando el ritmo que en verdad gustaba. Y que hace a Izuku, superado el dolor inicial, comenzar a sentirlos primeros esbozos de verdadero placer, los que brotan sin permiso alguno de su garganta.
ー Ngh...ー gomitea, totalmente en su rol y excitado por la sensación de dominancia que el mayor proyectaba. Penetrándole y dejándole sentir con total lucidez, el como su miembro salía por completo, acariciando su ano para volver a entrar con rudeza, en una frenética danza que se vuelve más intensa cuando el mismo Izuku, poseído por sus bajos instintos, le acompaña moviendo sus caderas. Logrando una aún mejor sensación.
ーMaldición, estás tan apretado...ー jadea el mayor, perdido en el suave y firme cuerpo que posee como si no hubiera un mañana, el que suelta sonidos indecentes que brotan estrangulados desde su garganta. La cual, termina por sujetar con una de sus manos, levantándo el cuerpo del menor desde la mesa y apegándolo al suyo para seguir embistiendo con completa fiereza.
Provocándo en el completamente sometido Izuku, una sensación de asfixia y éxtasis que lo lleva al límite.
Preso un limbo de placer donde era completamente de él...
Su hombre de ojos rojizos,
tan ardientes como él mismo.
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Quien cada vez que gime ronco contra su oído, acelera su pulso.
ー ¡Ah...!ー jadea extasiado al sentir como el miembro de su apasionado acompañante choca contra su próstata, conquistando cada pulgada de su interior hasta hacerlo rendirse, en una derrota borracha de placer donde su cuerpo se deja arremeter manteniéndose de pie tan solo por el hecho de que este le sujeta.
Dejándose llevar por el intenso clímax donde, derramando su escencia sobre la mesa, su cuerpo ahora laxo y dócil se deja arremeter por el insaciable rubio quien no contento todavía, desliza su mano libre hasta dar con su pezón derecho el cual pellizca juguetón, penetrándole más lento y haciéndole alzar la pelvis hasta que llega finalmente a el esperado clímax. Donde en un gemido ronco, se corre sujetandole por las caderas, las que aprieta posesivamente hasta marcar sus dedos sobre ellas.
Los segundos que pasan después mientras el mayor le quita la benda de los ojos y el cinturón de cuero de los brazos, serían de completo silencio a no ser por los jadeos de ambos, quiénes satisfechos y cansados aún inundan la habitación.
...
ーEspero no haberte asustado con mi brusquedad, tu sumisión me emocionó ー rompe el silencio en un intento de disculpa, colocándose el pantalón y sacando de su bolsillo un montón de billetes, los cuales deja sobre la mesa sin siquiera mirarlos.
ーEstoy bien... ー responde el menor apenado, colocándose la bata y tomando el dinero, el cual, lo hace sentirse más sucio que nunca.
ーGracias...
Había tenido sexo por primera vez
por unos generosos billetes.
No podía con su verguenza, pues lo peor de todo era: Le había gustado.
ー ¿Qué días estás?ー pregunta el rubio con la ropa ya puesta, antes de retirarse.
ー Lunes, viernes y sábadosー responde intentando disimular su entusiasmo, cosa que no resulta.
Sus ojos, aún a través del antifaz,
brillan de alegría.
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Podría verlo otra vez.
ーEntonces, nos vemos el lunesー dice este antes de desaparecer.
Iniciando una serie de encuentros de extraña índole que con el tiempo, se volverían cada vez más apasionados.
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Terminando por reunirse ambos exclusivamente luego de cada presentación y generando más de un rumor en el local.
Domingo.
ーIzuku, ¿estás en algo con ese tipo?ー pregunta su amiga, en la casa de este luego de que terminaran de ver la serie de animación que al de pecas le gustaba, terminando por contagiarle el fanatismo a ella también
"Boku no hero"
Habían pasado ya dos meses en los que podía notar a su amigo más animado de lo usual. Preocupándose más por su imagen y pidiéndole prestado su maquillaje para ocultar marcas que a sus agudos ojos no se iban a escapar.
ーNo...ー miente el menor avergonzado, sin poder evitar recordar los últimos encuentros con su hombre de ojos rubíes.
Deseando poder volver a ese pequeño cuarto donde, apenas cierra la puerta,
se vuelve su posesión.
Luego de un tiempo, sus encuentros comenzaron a volverse cada vez más intensos, despertando sensaciones que no le dejaban dormir y le hacían, cual adicto, necesitar.
Solo podía pensar en regresar y como siempre y bailar junto al tubo, mientras se despoja de sus ropas ante sus atentos ojos rubíes, hasta hacerlo hacer ese gesto con los labios que se le hacía tan ardiente .
"Este lunes le diré mi nombre", se promete a sí mismo ya valiéndole el romper las reglas.
Ya no quería estar con él y ser Mori Yuto, sólo deseaba ser él mismo.
Midoriya, Izuku.
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Quería compartir con él algo que no supieran los demás, que los hiciera especiales...
...
"Katsuki", se repite nuevamente, sin querer olvidar su dato más preciado, el cual, durante su encuentro de ayer en ese pequeño cuarto, terminó obteniendo más fácil de lo que pensó.
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Sábado
ー¿Qué edad tienes? ーpregunta el joven de pecas en un arrebato mientras su cliente, ya habitual, elige un vibrador.
El joven de cabellos dorados se voltea alzando una ceja, extrañado por el repentino interés ー26 ー responde encogiéndose de hombros y terminando por tomar el dildo más grande que encuentra.
¿Será un castigo?, se pregunta Izuku, tomando valor para hacer la otra consulta que moría por escapar de sus labiosー ¿Puedo saber tu nombre?ー logra decir, rompiendo oficialmente su trato profesional y sorpendiéndose cuando este sin molestarse, le contesta.
ー Katsuki, ¿y tu? ー devuelve la pregunta, acercándose para comprobar que sus brazos estén bien amarrados antes de ponerse a "jugar".
ー...Y-Yutoー miente, bloqueado por sus propios deseos.
Decir su nombre volvería todo demasiado íntimo. Ahora entendía el fin de los apodos.
Que el rubio dijese su nombre mientras tenían sexo, podía tener resultados espantosos.
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Ya estaba preocupado por el simple hecho, de no poder dejar de pensar en él.
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Comenzando a odiar la espera de los lunes y añorar los viernes, donde podía verlo más seguido.
Situación que resultó de maravilla hasta que un lunes, su fiel cliente ...
No apareció.
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