Summary: Edward Cullen, un solitario werewolf, poderoso Antiguo y sanador empático, nunca había deseado tanto a una presa, como hasta ahora.
Como un cazarrecompensas paranormal, su deber es capturar a Bella Swan.
Bella es una Darklighter, mitad demonio y mitad ángel, sus poderes letales están manifestándose y solo busca venganza contra el cazador que mató a sus padres.
Edward desea hacerla suya y conseguir que su parte angelical calme su dolor. El anhelo de un vínculo con Bella, es tan poderoso como el deseo que siente por ella.
Por eso su nueva misión consistirá en absorber sus poderes malignos y domarla, convirtiéndola en su compañera, antes de que ella se convierta totalmente en un demonio…
Apareada con el lobo
Advertencias
Este Libro pertenece a la Bonnie Vanak, solo lo adapto a los personajes de Twilight. Twilight pertenece a S. Meyer, por tanto el nombre de los personajes en esta adaptación también. NADA DE ESTO ME PERTENECE y cambiando el conducto regular, como podrán ver, esta vez es un libro algo un poco más largo a lo que he realizado alguna vez y hace parte de una serie de cinco libros llamada Serie Los Antiguos, no sé si los adaptaré todos… Haré lo que pueda.
(Si alguien más lleva o llevo la adaptación de este libro, le pido encarecidamente que no arme una trifulca y mejor me envíe un correo)
[Si no les gusta, no es mi problema no armen líos, me estreso fácil]
{Contenido adulto, ¡es M de por dios!, si no son lo suficiente maduras como para llevar algo así, no lean, no es de mi interés su madurez mental y no estoy para soportar dramas}
La cuenta de GN, las reglas de GN…
-Sean bienvenidas, espero hayan leído lo anterior-
¡Enjoy it!
- Empieza la historia -
Capítulo 3
— No. Prefiero caminar desnuda en medio de una tormenta de nieve que dormir contigo, lobo.
Sus verdes esmeraldas brillaban con diversión.
— ¿Quién ha dicho nada de dormir?
Bella lo miró. — No vamos a tener sexo.
— Ahora no. — Le dio otra de esas cautivadoras sonrisas y se dirigió a un armario. Sacando un albornoz negro se lo puso.
Bella suspiro de alivio. No es que la vista no fuera buena, pero era una maldita distracción.
Edward cogió una bata blanca de un gancho y se la arrojó.
— Desnúdate y ponte esto. Tu cuerpo está magullado, tiene que dolerte. Necesitas meterte en la bañera. Un rato en el agua te ayudará a relajarte.
Después de una semana de soportar la lluvia, la idea de un baño caliente le parecía un sueño. Bella lo miró con recelo.
— ¿Por qué estás tan interesado en mi bienestar?
— No es en tu bienestar en lo que estoy interesado, hermosa doncella.
Edward movió las cejas y ella casi se echó a reír. Era peligrosamente encantador.
Cuando él salió de la habitación, Bella se quedó allí parada. Ahora tenía la
oportunidad de estudiar su prisión. La habitación estaba decorada con muebles de pino y lámparas hechas de cuernos de alce. Las cortinas azules y verdes añadían un toque más masculino. Pero cuando intentó abrir una ventana, la encontró atascada. O bien por la pintura, o bien por un hechizo mágico.
Edward regresó.
— El baño está preparado. Te sugiero que te bañes ahora, mientras el agua aún está caliente.
Ya que por el momento estaba atrapada, el lobo obviamente, sabía que un baño la relajaría, pero ella necesitaba estar alerta y en guardia. El lobo no era Mister Universo, pero la tentaba demasiado.
Bella cogió la bata y se dirigió por el pasillo hasta el cuarto de baño.
Una bañera de mármol oscuro se asentaba en una plataforma al lado de una ventana, que mostraba una vista de la escarcha plateada que cubría el prado. Los pequeños ramos de flores en el cuarto de baño resultaban incongruentes con la apariencia fuerte y masculina de Edward. Por otra parte, todo lo relacionado con Edward parecía incongruente.
Espirales de vapor salían del agua y el aroma de vainilla impregnaba el aire. Tatareando de alegría, entró en el cuarto de baño. Bella cerró firmemente la puerta, se quitó la ropa y colgó la bata en un gancho de latón.
¿Por qué un Antiguo tan poderoso, un cazador de recompensas, estaba interesado en que ella se sintiera bien? ¿Por qué simplemente no la mataba, o la torturaba y luego la arrastraba hasta la Sociedad para cobrar la recompensa?
Antes de disfrutar del baño, se dio una ducha rápida, eliminando el equivalente a dos días de suciedad de la carretera.
Después de recogerse el pelo se dirigió a la bañera. Las burbujas estallaron cuando Bella entró en el agua. Se sentó con un suspiro de felicidad. Apoyándose en la bañera, relajó su cansado y dolorido cuerpo. Una vez, ella había tenido una casa tan grande como esta, y todos los baños de burbujas que quiso. No como ahora, una vida extenuante, escondiéndose aterrada de los que querían hacerle daño por ser una Darklighter.
Un nudo obstruyó su garganta al volver a recordar el momento en que se había asomado por la puerta entreabierta del armario, para ver a su jadeante padre a punto de morir, con los brazos alrededor de su madre. La sangre se escurría por el suelo de madera formando un charco a sus pies. Se llevó el puño a la boca para no gritar...
Envuelto por las sombras, en una habitación con poca luz, la cara del asesino
había estado cubierta.
Pero nunca olvidaría a su madre gritando de terror; ¡No, por favor, Laurent Da Revin! antes de que el cazador sacase un cuchillo y le cortase la garganta.
Las lágrimas ardían en sus ojos. Bella parpadeó, negándose a abandonarse a la tristeza. Esa noche, ella le había hecho una promesa a su padre; encontrar a Laurent, el cazador que había acabado con sus vidas.
Cortar las alas por la mitad a esa Fae era lo que había puesto precio a su cabeza. Pero la Fae se había mostrado muy arrogante y despreciable cuando Bella le preguntó dónde podía encontrar a Laurent. Y entonces la Fae había insultado a sus padres y a ella, diciendo que se merecían lo que les había pasado, sugiriendo también, que Bella debería de sufrir el mismo destino.
Los insultos provocaron en su demonio una rabia fuera de control. Ella había entrado en trance y cuando salió de él sus manos estaban llenas de sangre, polvo de hadas volaba por todas partes y los gritos de dolor de la Fae resonaban en sus oídos.
Pero el demonio había conseguido la información, sólo después de que la Fae probase las afiladas garras y el cuchillo de Bella. Laurent estaba en esta zona de Colorado. Cuando lo encontrara, el cazador iba a sufrir.
Sufriría la misma agonía que sus padres habían padecido.
Bella cerró los ojos, ahuyentando su necesidad de venganza. El calor envolvió su cuerpo, causándole somnolencia.
Un repentino chapoteo la despertó. Edward estaba al lado de la bañera, con una sonrisa divertida en la boca. Su pulso se disparó ante su vista. Su oscuro pelo estaba revuelto, y el albornoz no era suficiente para cubrir sus fuertes piernas. La intimidad de su presencia, casi desnuda, causó un extraño escalofrío en su cuerpo.
En el agua flotaba un patito de goma amarillo.
— Pensé que te gustaría un poco de compañía. — Él se sentó en el borde de la bañera.
Agradecida por la cobertura que le proporcionaban las burbujas, miró al patito. — Normalmente no me baño con juguetes.
— Pero yo sí. — Edward se levantó y se quitó el albornoz. Un mechón de pelo oscuro se deslizó en su frente, cuando le dirigió una intensa mirada.
Bella bajó la mirada y sus ojos se abrieron completamente. Su pene, que antes estaba en reposo, ahora sobresalía de su cuerpo, grueso y duro. El calor se empezó a formar entre sus piernas.
El agua salpicó cuando él se metió en la bañera. Bella dio un pequeño grito y rodeó sus piernas con los brazos.
— ¿Qué demonios crees que estás haciendo?
— Necesitaba un baño caliente antes de acostarme. — Sonriéndole, Edward se sentó en el extremo opuesto.
Su poderosa sexualidad la envolvía como una capa. El aroma del lobo flotaba en el aire, un olor delicioso que hablaba de protección, cariño y lealtad a toda prueba. El pulso de Bella se disparó mientras él estiraba los brazos a cada lado de la bañera. Los bronceados músculos de sus fuertes brazos, tenían varias cicatrices que marcaban su piel. El cuerpo de Edward era sólido y mostraba que llevaba una vida al aire libre. Pero aunque su rostro parecía estar hecho de mármol tallado, sus ojos grises estaban enmarcados por unas largas pestañas negras, que suavizaban un poco sus facciones. Si no fuera por la cicatriz, sería tan atractivo como un ángel.
Un ángel letal.
Él la miró. Sus ojos grises estaban llenos de un hambre oscura. Su mirada la hacía sentirse segura y anhelar algo que no se atrevía a explorar.
Bella miró el agua. En su mente se formó una visión de su poderoso cuerpo poseyéndola, las piernas enredadas con las de ella mientras hacían el amor salvajemente, sintiendo que el sudor volvía resbaladizos sus cuerpos. Edward gemía su nombre, enredando la mano en su cabello mientras se inclinaba para besarla con posesividad.
Bella. Mi compañera.
¡No! Ella golpeó en el agua.
No era la compañera de nadie y estaba decidida a permanecer virgen. Bella conocía los poderes que había heredado en su vigésimo primer cumpleaños, solo hacía dos meses. Esa era la razón por la que la Sociedad la estaba buscando. Ante el temor de verse comprometida si hacía el amor, había evitado a los hombres. Tampoco había deseado nunca a ninguno.
Hasta ahora.
— Tengo que salir de aquí. De la bañera, quiero decir. No puedo estar aquí contigo. No puedo.
Ella odió el temblor de su voz, que traicionaba también el nerviosismo de sus manos. La toalla estaba demasiado lejos. Tendría que exponer su desnudez ante él. Bella pensó en un muro de piedra para bloquear sus pensamientos. Tenía que irse esta noche. No podía pasar la noche ahí, no con este Antiguo y su intenso deseo por ella.
No podía confiar en sí misma para luchar contra él.
— Bella. — Su voz sonaba serena y firme. — Nunca te haría daño o te forzaría.
— Eres un cazador y un werewolf. Dos criaturas que no son exactamente conocidas por su moderación.
— Pero también soy un Antiguo y mi control es legendario. Incluso mi control sexual.
Bella tenía las manos apretadas en puños. — Lo que acabo de ver no me convence de que tu control sea tan perfecto.
— No puedo evitar la reacción de mi cuerpo. Te deseo. Pero eso no significa que siga mis instintos básicos y deje que mi lobo se haga cargo.
— ¿Que se haga cargo para hacer qué?
La voz de Edward sonó ronca.
— Para hacer el amor contigo hasta el amanecer. Para lamer toda tu piel, marcándote con mi olor antes de hacerte mía. Y entonces te daría un placer tan intenso que tu cuerpo nunca podría ser de otro. Y si otro hombre se atreviera a hacerte daño, daría mi cuerpo y mi sangre por ti, para mantenerte a salvo.
Su corazón dio un fuerte latido inesperado. Bella había estado sola durante mucho tiempo, se había acostumbrado a la soledad y a cuidar de sí misma. Pero ahora, este Antiguo, que podía rasgar carrocerías de coches y partirlos en dos con sus manos, le hacía una promesa de protección. Un firme juramento de mantenerla segura.
— ¿Por qué haces esto? — Susurró. — Soy una Darklighter, tu enemiga.
Edward explotó una pompa de jabón.
— Porque puedes ser salvada. Y debes ser salvada. — Su mirada era firme y brillante como el sol cuando resplandecía. — No quiero verte destrozada por colmillos y garras, rasgada lentamente a pedazos y tus poderes absorbidos por gente que no tenga buenas intenciones.
— ¿Qué gente?
— La Sociedad enviará cazadores si sales de la protección de mi casa. — Los músculos de sus hombros se tensaron. — Eso es lo que pasará, Bella. Así que ya ves que la única solución es que seamos amantes. Si no lo hacemos, morirás. Es así de simple.
— Esa no es una elección muy razonable. — Bella miró a Edward con incredulidad.
— Es mejor opción que una muerte cruel y dolorosa. Los otros te encontrarán. La Sociedad suspendió temporalmente la recompensa por tu cabeza, porque yo estuve de acuerdo en aparearme contigo.
La boca de ese lobo era hermosa y demasiado tentadora para un hombre, con labios firmes, y un poco torcida hacia la izquierda debido a la cicatriz, pensó Bella todavía aturdida. Una hermosa boca que le daba un sombrío ultimátum.
Una boca que le daría apasionados y exigentes besos. Puede que eso no fuese tan malo. Tal vez sus poderes no disminuirían mucho, y si lo hacían, siempre podría defenderse con otras armas.
— ¿Y una vez que nos acostemos, qué pasará? ¿Podré marcharme?
— No. Tendremos que permanecer juntos.
— ¿Porque la Sociedad no va a confiar en mí, o en mis poderes?
— No. Porque nunca dejaré marchar lo que es mío.
La posesividad en su profunda voz la sobresaltó. Su energía brillaba en el aire con el fuerte almizcle de su necesidad masculina. Edward la miró y Bella se abrazó las rodillas con más fuerza.
— Pero no puedo ser tuya. ¡No soy exactamente el tipo de persona que se convertirá en una esposa humilde y obediente! — Le advirtió.
— ¡Serás mía! — Dijo Edward suavemente. —Mi compañera para toda la vida. Cuando los lobos tomamos una compañera, lo hacemos para siempre. En cuanto a que seas humilde y obediente... — Su amplia sonrisa la sorprendió por su genuina calidez. — Eso es muy aburrido. Tú eres todo lo contrario.
— No me conoces.
— Te gusta comer sushi, pero apartas el wasabi. Nunca has tenido un coche, pero tuviste varias bicicletas de carreras y te caíste varias veces de algunas. Tu madre os enseñó a ti y a tus hermanas en casa, hasta que fuisteis a la escuela secundaria. Te gusta conocer gente nueva y hacer amigos, y la gente se siente atraída por tu inmensa energía. Tus actividades favoritas incluyen la escalada, las carreras de coches antiguos en carreteras solitarias, bailar hasta el amanecer, las cursis comedias románticas, coleccionar antigüedades de ángeles y jugar con fuego en las noches frías.
Una llama rojo brillante salió de la boca abierta de Bella, lamiendo el techo, y volviendo en seguida por donde había salido.
Bella lo miró con una mirada de suficiencia. Intentaba disimular la sorpresa por la cantidad de detalles íntimos que él había recopilado de ella.
— Muy impresionante. Debe de resultarte muy útil cuando quieras hacer una barbacoa. — La expresión de Edward mostraba diversión. — Una cosa más. Nunca has estado con un hombre, sobre todo porque tienes miedo de que disminuyan tus poderes. Pero el sexo no puede disminuir tu magia.
Ella abrió y cerró la boca. — ¿Cómo lo sabes?
— La Sociedad se encargó de estudiar a tus hermanas después de que perdieran su virginidad. Os vigilaron a todas.
La rabia la inundó.
— ¡Como si yo fuera un condenado experimento científico! ¡Entonces estudia esto, lobo!
Bella abrió la boca y escupió fuego en su dirección. Edward levantó la mano. Las llamas alcanzaron la palma de su mano, tirando agua hasta apagarlas.
Bella lo observó, fascinada y un poco asustada. No sabía mucho acerca de los Antiguos, y el que estaba delante de ella tenía un enorme poder que apenas podía imaginar.
— Gracias por calentar el agua. Se estaba enfriando un poco. — Edward movió las cejas.
Ese irreverente sentido del humor fue lo que finalmente distendió el ambiente. Bella abrió la boca de nuevo, pero esta vez para reírse. Cuando se paró, Edward asintió con la cabeza.
— Me gusta el sonido de tu risa. Hace que aumente tu aroma. Es delicioso.
Bella retuvo el aliento. Gotas de agua resbalaban por su esculpido pecho. Una colgaba del círculo marrón de su pezón izquierdo. Deseaba probarlo, pasar la lengua por su piel... hacer que perdiera el control.
— Sabes muchas cosas sobre mí, pero yo no sé nada sobre ti. Esta es tu casa, pero, ¿por qué no tienes una manada como los otros lobos?
Como si una puerta se hubiera cerrado, Edward mostró una expresión impenetrable.
Él miró por la ventana hacia el solitario prado.
— Vivo solo.
— Esos cambiantes del bar dijeron que eres un lobo solitario. ¿No tienes familia? ¿O amigos?
La tensión hacía que su piel se estirara con firmeza sobre sus pómulos. De esa manera la cicatriz se notaba más.
— Haces demasiadas preguntas.
— Soy la mujer con la que vas a aparearte. — Observó ella. — Eso significa que compartiremos nuestras vidas, y... ¿cómo podré compartirla con un completo extraño? No sé dónde estamos. O tu cumpleaños. ¿Cuántos años tienes? ¿Tienes hermanos? ¿Y tus padres?
— Estamos en un pequeño pueblo cerca de Estes Park, Colorado. Dos de septiembre. Tengo cerca de 2.300 años. Mis padres están muertos para mí, al igual que todos mis hermanos.
Edward se levantó, el agua caía en cascada por su firme pecho, salpicando en la bañera. Sus miembros eran fuertes, y su piel dorada cubría sus músculos. El vapor del agua había rizado su corto cabello negro. De repente, ella sintió deseos de pasar las manos por su espalda y probar con su boca la textura y la calidez de su piel.
Cuando él se inclinó y la besó debajo de su oreja, ella se inmovilizó. Edward apretó su hombro, frotándolo suavemente.
— Disfruta del baño, Bella. Necesitas relajarte. — Él volvió a ponerse el albornoz.
Ella parpadeó sorprendida. ¿Se iba a marchar ahora? Después de compartir el baño con ella, Bella había esperado que la sedujera.
No esperaba ver esa reservada mirada en él. Tal vez lo había presionado demasiado.
— He preparado la habitación de huéspedes para ti. No hay chimenea,
pero tiene un montón de mantas. Apagué el fuego de la mía, porque hacía mucho calor. Te he comprado ropa nueva, está en la cómoda. Buenas noches.
— ¿Edward? — Cuando él se volvió, ella vaciló. Bella se pasó la lengua por los labios resecos. — ¿Cuánto tiempo tengo? Quiero decir, la Sociedad... ¿cuándo enviará a los cazadores detrás de mí?
— Mañana. Pero Bella, ya te he dicho que no voy a forzarte. Ven a mí cuando estés preparada.
El agua se estaba enfriando. Al notar que tenía la piel de gallina, Bella salió de la bañera y se secó. Notaba el frío suelo de madera bajo sus pies descalzos y corrió hacia la habitación de huéspedes por la que había pasado antes.
Estaba equipada con muebles de pino y se veía una cómoda cama, con montones de mantas. Había un camisón de franela encima de la cama. Cuando se lo puso comprobó que le llegaba hasta los tobillos.
Entonces salió de la habitación para investigar el resto de la cabaña. En la sala de estar había un escritorio y encima un ordenador portátil. Bella lo encendió y empezó a abrir archivos. Edward hacía inversiones online. Lo hacía muy bien, tenía muchos clientes, y tenía suficiente dinero para comprar el estado de Colorado.
Encontró un correo electrónico de la Sociedad con detalles sobre su misión para capturarla y una foto. Pero no había ningún correo personal. No tenía mensajes de sus amigos, ni invitaciones o enlaces con otros grupos. No tenía Facebook, ni otra red social parecida. Apagó el portátil y examinó el resto de la sala de estar. No tenía fotos de su familia, ni de ninguna novia, ni tampoco tenía adornos en las estanterías. La cabaña era totalmente impersonal, como si la hubiera alquilado solo temporalmente.
En una esquina había un armario cerrado con llave. Bella convocó sus poderes, y tocó la puerta. Esta se abrió con un chasquido suave. Abrió mucho los ojos mientras examinaba todo el armamento. Fusiles, escopetas, revólveres y una ballesta de aspecto malvado con flechas con punta de plata. Con una mano temblorosa, cerró la puerta. Obviamente, él se tomaba su trabajo como cazador muy en serio.
¿Cuántas vidas habría exterminado? Los cazadores no eran discriminatorios. Muchos disfrutaban torturando a sus víctimas antes de cobrar su recompensa. Sin embargo, Bella no pensaba que Edward albergara ninguna veta de crueldad. Podría haberla forzado, pero no lo había hecho. Al contrario, solo había sido amable y considerado.
Vagó por delante de una estantería y hojeó unos cuantos títulos. Allí estaba el verdadero Edward. Ficción. No ficción. Y volúmenes de poesía que mostraban señales de haber sido leídos varias veces.
El lobo tenía una debilidad por Lord Byron.
Ella sonrió ligeramente ante la idea de que a ese Antiguo le gustara la poesía amorosa, en vez de una lectura más acorde a su áspero exterior. Al menos había descubierto algo sobre él.
Un papel cayó del interior de un tomo.
Recogiéndolo, Bella empezó a leer. Era un poema... o un intento de poema.
El silencio cae, suave como la nieve, afilado como el cristal
Haciendo eco a través del bosque, el aullido lejano de la manada
Los recuerdos son preciosos
La familia no
Me siento solo, el silencio es amargo
Un nudo le obstruyó la garganta. Bella conocía ese tipo de soledad, cuando sentía que el frío le calaba hasta los huesos y la noche se alargaba eternamente. Como si el resto del mundo fuera un círculo cerrado y ella se hubiese quedado fuera.
— ¿Qué te ha ocurrido? — Susurró Bella. Sus instintos demoníacos subieron, advirtiéndole que tenía un largo camino por delante. Tenía que pensar primero en ella y escapar. El viento aullaba detrás de las ventanas. Devolvió el libro a su lugar y se frotó los brazos. Temblaba ante la idea de correr con ese clima.
Si se marchaba, los otros cazadores la encontrarían. Edward decía que su única opción era aparearse con él. ¿Sería una mentira conveniente o la verdad?
Pero mentir no tenía sentido. Él podría haberla forzado con facilidad si su único objetivo fuera estar entre sus piernas. Se estremeció al recordar su toque. Sentía sus pechos pesados, sus pezones duros como perlas y punzadas en la ingle al pensar en su enorme y poderoso cuerpo cubriéndola, su grueso pene empujando en su dolorida vagina. Lo deseaba, pero no podía entregarse a ese deseo. Nada podía distraerla de su misión.
Cuando Edward estuviera dormido, se escaparía. Ningún cazador la volvería a capturar, ni siquiera una manada de ellos. No, ella dejaría que el demonio se levantara y asumiera plenamente el control. Durante meses, había luchado para retenerlo. Esta noche, después de haber descansado un poco, sería el momento de liberar totalmente la oscuridad de su interior.
Hola chicas! Soy un asco en esto EN SERIO! Subí algunos capítulos mal... como ya sabrán y por tanto creo que por eso la historia no será un éxito como la anterior.
Muchas gracias a quienes me siguen y mis más sinceras disculpas,
GN
