Capítulo 3: Niveles
Ahí estaban esas criaturas jorobadas y llenas de protuberancias, sus pieles desgarradas y carnes vivas descomponiéndose a la vista, rostros deformes, tanto así que daban la ilusión de tener dos rostros. Para agregar a lo espeluznante se le sumaba las garras y sus bocas babeantes con una mezcla entre sangre y pus amarillenta que despedía un desagradable olor.
Lincoln, Luna y Lexa peleaban espalda a espalda para protegerse. Se abrían camino entre las bestias sin prestar atención al calor, la sed, el olor y su agotamiento, este era el momento. Ninguno de los tres daba paso atrás, no había lugar para equivocaciones. Cada movimiento estaba perfectamente ensayado y orquestado, después de todos eran guerreros experimentados. La lanza que Lexa llevaba atravesaba el pecho de cualquiera que se le acercaba, veía los corazones descompuestos aun latir en su lanza, la sangre se deslizaba por la misma hasta llegar a sus manos. El poder que sentía era fascinante y podría seguir en ello por la eternidad, pero la imagen de la rubia volvía y eso la mantenía enfocada. En este mundo era fácil tomarle el gusto al poder, pero no soportaba la idea de perderse en él pues sabía que esa no era su esencia, sino la forma que tenía este mundo de confundirla y atraerla.
Estaba sobre uno de esos seres asquerosos que babeaba sus botas, sin pensarlo destazo su corazón con la lanza y con su pie la cabeza. Su ropa y la de sus camaradas estaban llenas de sangre de pies a cabeza.
Lincoln no era fuerte como ellas y lo sabía, pero era astuto y siempre supo cómo hacer que las cosas fueran a su favor. Tenía dos demonios uno a cada lado, podía sentir su apestoso olor y ver la espuma caer de su boca él sonrió. Cuando ambos decidieron atacar rápidamente de sus bolsillos sacó dos cuchillos que atravesaron el cuello de aquellos abominables y tristes seres. Escuchaba sus lamentos en cada desgarros y lo aceptaba le llenaba de ego, la sangre de sus cuellos cayeron sobre su ropa y rostro, no podían detenerse, ella lo necesitaba.
Completando el triángulo que habían formado estada Luna. Sus espadas cortaban cabezas, brazos y piernas. Su crueldad les dejaba sufrir, los gusanos dentro de esos seres descompuestos se retorcían y ella seguía cortando cada parte de cada demonio, aquellos seres en sus vidas pasadas alguna vez fueron guerreros, curanderos, un ser amado, pero no se podía pensar en eso. Era fácil moverse entre ellos, la necesidad de ser la que continúa con vida de ser la que hace el daño y de alimentar su orgullo la mantenía en pie. No era mentira que siempre se considero la mejor, no porque fuera la más fuerte sino por su instinto y su forma de adaptarse, los cuales le abrieron siempre oportunidades.
Sus espadas partían en dos a los seres putrefactos, estos chillaban y se retorcían, podía sentir su rostro lleno de sangre y su ropa babeada, estaba en sintonía y sabía que movimiento seguía, su cuerpo estaba pesado pero su ego era más fuerte y no podía detenerse, observó como uno de aquellos que no habían tomado en cuenta fue contra Lexa, ambos Lincoln y ella cubrieron su espalda y su espada atravesó la frente de la bestia y deslizó hasta llegar al suelo. Sentía su cabello empapado, no de agua sino de sudor y sangre.
Fueron así hasta llegar a la torre, la cual despedía humo por todas partes. Con el cuerpo dolorido y ardiendo se sentaron a los pies de la misma para poder respirar un poco y tomar fuerzas. Al acercarse a la base del edificio notaron que las paredes ardían al tocarla, por tanto el calor infernal debía ser el doble estando dentro, pero no había marcha atrás debían seguir.
El primer nivel se encontraba abarrotado de más criaturas. No podían decir si estas eran más ágiles o ellos estaban tan cansados que se les hacía cada vez más difícil combatirles. Parecía una lucha infinita, cada vez que terminaban con un grupo de demonios aparecía otro, cuando podían alcanzar el siguiente nivel se encontraban con otro mini ejercito de bestias deformes listas para devorarles en una batalla que parecía nunca acabar. Los tres estaban en automático, cortando y cortando sin parar, ya que si se tomaban un solo respiro era muy posible que no pudiesen volver a levantar sus armas.
De un momento a otro todo es silencio, aparentemente el último de los demonios de la torre yace en el piso mutilado. Los tres miran por todos lados buscando algún enemigo y es cuando se dan cuenta que están en la sala del trono, similar a la torre de Polis, pero no igual. Los tres saben lo que significa, el siguiente nivel es donde se encuentra la llama eterna el cual es el portal de regreso a la tierra. Sigilosamente y aun en guardia atraviesan la puerta y suben las escaleras que los llevaran a la azotea. Cuando por fin llegan a su objetivo se dan cuenta que hay dos demonios esperándoles, pero a diferencia de lo otros estos dos no están podridos y deformes aún, por lo que les es fácil reconocer quienes eran en su vida pasada, Nia y Ontario kom Azgeda, aunque de la última solo Lexa sabía de su existencia. Sin tener tiempo de recuperarse de la impresión Nia y Ontari atacan y si había duda alguna que ya no eran las de antes, los pobres y desesperados atentos de ataques denotan lo obvio, no queda rastro alguno de las que alguna vez fueron parte de la nación del hielo, el solo objetivo que estas dos tienen es alimentarse.
Sacando el último hálito de energía, Lexa, Luna y Lincoln trabajan en equipo para derrotar el que pareciese ser el último obstáculo. De una embestida Lincoln manda a las dos demonios al suelo, oportunidad que Luna aprovecha para cortar la cabeza de Nia con sus espadas y Lexa para atravesar el ojo de Ontari con su lanza y luego su corazón.
-Pensé que irías por Nia, después de lo que paso con Costia.-Expreso Luna.
-Nia está aquí por mí, yo fui quien terminó su vida con una lanza al corazón, me parecía un poco repetitivo matarla de la misma forma.-Respondió con el deje de una sonrisa.
-Buena elección.-Agregó Luna sin ocultar la gracia que le hacía.
-Creo que ya no hay más demonios, por el momento. Debemos darnos prisa y cruzar.-Apuró Lincoln.
-Tiene razón, debemos cruzar ya.-Concordó Lexa.
Sin soltar sus armas los tres se miraron, asintieron y cruzaron a la vez, notando que las llamas no les quemaban.
Al cruzar el portal se encuentran en una habitación negra. En el centro hay tres pozos todos con un brillo diferente, el primero a la izquierda es azulado y blanco, el segundo en el medio es una mezcla de colores donde resalta una gama de verdes y el tercero a la derecha brilla en tonos amarillos, naranjo y rojo.
-Es su decisión en cual se sumergirán.-
-¿Sumergirse? ¿Quién está ahí? ¡Muéstrate!- Ordenó Lexa con su voz de Comandante.
-Imponente como siempre, incluso en momentos como este. Me alegra que fueras mi segunda.-Replicó la voz. Los tres quedaron sorprendidos, pues todos sabían quién había entrenado a Lexa.
-¿Anya? ¿Eres tú?-Preguntó sobrecogida Lexa.
Anya salió de entre las sombras y se dejó ver. Una sonrisa adornaba su cara, algo poco común en ella durante su tiempo en la tierra.
-Soy yo Heda y no estoy sola, traigo compañía.
En ese momento de entre las sombras reaparecieron varios de sus seres queridos, los padres de cada uno de ellos que murieron en batalla o fueron tomados por los hombres de la montaña. El cansancio de la batalla se desvaneció y en su lugar una alegría inmensa se apoderó de cada uno de ellos. La última persona en salir de entre las sombras dejó pasmada a Lexa.
-Costia.- susurro sin poder creerlo.
-Nos volvemos a ver Lexa.- La ex comandante avanzó lo más rápido que pudo y tomó entre sus brazos a la que alguna vez fue su enamorada.
-Lo siento tanto Costia, no sabes cómo lo siento. Tu asociación conmigo fue lo que te puso en peligro y no pude vengar tu muerte en el momento, pero lo hice, Nia está muerta.- Decía Lexa con la voz quebrada. El volver a ver a su primer amor le había tomado muy desprevenida y emociones que pensó ya había superado volvieron todas a la vez como una descarga de corriente eléctrica.
-No tienes que disculparte. –Declaró Costia tomando la cara de Lexa entre sus manos. Mirándola a los ojos continuó. -No puedes controlar todo Lexa y no podrías haber previsto que Nia me secuestraría para terminar mi vida y provocarte. En ningún momento te tuve resentimiento, no siento más que paz en mi corazón.-Terminó por decir besando la frente de la que alguna vez fue el amor de su vida.
-Lamento interrumpir esta reunión, pero ustedes tres tienen una decisión que tomar.-Informó Anya.
-¿De qué se trata esta decisión?-Preguntó Luna.
-El lugar en el que estamos en este momento es como una especie de limbo, un espacio que conecta con tres otros. A su izquierda el pozo que lleva al paraíso, bóveda celeste, como quieran llamarle. En el centro está el portal que te lleva de regreso a la tierra, pero no podrán regresar al momento de sus muerte. Mientras ustedes estaban estancados en el infierno sin tiempo alguno en la tierra el tiempo sigue su curso, por tanto para Lexa y Lincoln ya habrán pasado algunos meses y para Luna, bueno es un caso especial.
-¿A qué te refieres con que soy un caso especial?
-Por cómo sucedieron las cosas y al haber inmediatamente llegado al limbo no estoy segura en que momento regresaras si es que decides hacerlo.
-El tercer portal supongo te envía de regreso al infierno.-Concluyó Lincoln.
-Exacto. Ahora es tiempo que escojan una de las tres opciones.
-Solo hay una opción para nosotros y es regresar a la tierra.-Declaró Luna, a lo que Lincoln asintió con la cabeza. Lexa en cambio se quedó mirando a Costia y Anya.
-¿Qué hay de ustedes? ¿Por qué no pueden regresar con nosotros?- Preguntó contrariada la ojos verdes.
-Nosotros ya decidimos hace mucho tiempo, solo estamos aquí para que tengan caras amigables que les expliquen sus opciones.-Respondió Costia.-Vuelve a la tierra y sigue peleando o elije el paraíso y queda con nosotros, quédate conmigo.-susurro la última parte para que solo Lexa pudiese oírle.
Lincoln y Luna ya estaban cerca del portal a la tierra y la miraban atentos para ver qué resolución tomaría. Lincoln ya había abandonado una vez a Octavia, no volvería a hacer lo mismo y Luna aún tenía cuentas que saldar, cuentas que no se había dado cuenta hasta después de morir que tenía. Lexa por otro lado tenía que elegir entre ir al cielo con Costia, su primer amor y Clarke, la chica que cayó del cielo.
-Costia.-Dijo tomándole las manos.- No puedo acompañarte, lo siento mucho.
-Lo sé. Nuestra historia tuvo un final hace mucho tiempo, sin embargo con ella aun esta inconcluso. No puedes culparme por preguntar.-Expresó Costia. Su voz ni sus ojos denotaban tristeza, paz irradiaba de sus poros lo que tranquilizó en algo a Lexa.-Ahora debes irte, el resto te está esperando.
Los tres se despidieron de sus seres queridos prometiendo volver a verse algún día. Se acercaron al pozo que lleva a la tierra, se subieron en la baranda y con una sola mirada los tres asintieron para luego saltar a la vez, sin mirar atrás.
