Disclaimer: Yuri! On Ice no me pertenece.


L'Assasymphonie

Después de aquel día, todo volvió a la normalidad. No, estoy mintiendo. Este es un tipo de normalidad que nunca antes había visto. Victor se veía feliz, animado, y muy optimista. De fallar en sus rutinas y arruinar los saltos, volvió a hacerlos con tal habilidad y gracia, que parecía que nunca hubiera tenido ese bajón de ánimos. Yakov estaba impresionado, sus compañeros de patinaje artístico ni hablar, y sobre todo, yo.

Yo era el más sorprendido con el cambio, y eso me asustaba. No que Victor nunca haya sido así de alegre antes, pero había algo notablemente diferente, no supe en ese momento si era su entusiasmo, o algo más. Su sonrisa infinita era mil veces más brillante, salíamos más veces juntos aún con todo el ajetreo que significaba ser mi entrenador y patinar al mismo tiempo competitivamente. Incluso salimos a beber sin ningún contratiempo, era todo demasiado feliz.

Y yo estaba tan alegre de verlo feliz, que no me quejé de nada, hasta el día en que todo empezó a cambiar otra vez.

Victor volvía a distraerse en las prácticas, fallaba en todo. Esta vez Yakov no fue suficiente para hacer que le mejorara el humor, y también se portaba hasta grosero y ausente de vez en cuando. Una noche cuando llegamos a casa, traté de hablarle.

- ¿Victor, sucede algo? Has estado actuando muy extraño últimamente. Pareces no ser tú a ratos.

- Ah, Yuuri, no es nada. Sólo pensaba, es todo.

- Pensabas… ¿en qué pensabas?

- Tonterías - dijo restándole importancia con un gesto de la mano, y dándome una de sus sonrisas. Esa no se veía como una de las verdaderas.

Luego de eso quedó en silencio, terminamos de comer la cena y él se levantó tomando su abrigo.

- ¿A dónde vas? - pregunté, con la taza de té en la mano, en la mesa de la cocina. Tuve otro mal presentimiento, de esos que se me hacían muy familiares por estos días –

- No te preocupes, regresaré pronto –

- ¿Beberás otra vez? - bajé la mirada a la taza de té que tenía entre mis manos, apretándola con ellas para sentir el calor. Le miré y él se quedó de pie un momento, de espaldas a mí, sin decirme nada, y simplemente salió por la puerta, cerrándola.

- ¡Victor!

Llamé, levantándome de la mesa y abriendo la puerta de golpe, pero ya se había ido.

¿A dónde? ¿A qué? Lo supe, sólo lo supe, y eso me había llenado de angustia, el corazón me palpitaba más rápido de lo normal, y decidí seguirlo. No iba a permitir que hiciera otra fechoría de esas, no después de que los periódicos ya habían notado las dos primeras. Él no lo sabía, pero yo revisaba todos los días las noticias, y justo esa mañana mencionaron la desaparición de tres personas en Moscú. Las descripciones que daban, eran justo como aquellos pobres inocentes que habían perecido en las manos de Victor en ese mismo mes, ¡no podía quedarme quieto! ¡Tenía que detenerlo, fuera lo que fuera! Saber que había salido a buscar víctimas como si fuera un animal de caza no me ponía para nada tranquilo, me hacía llevarme las manos a la cabeza y lagrimear, y aparte me ponía los pelos de punta el aceptar toda esta locura. No era normal, él tenía un problema, uno grande, y yo tenía que ayudarlo. Pude sentir las lágrimas derramándose sobre mis mejillas e inmediatamente las limpié con el dorso de mi mano. Tal como la primera vez, me recompuse y tomé mi abrigo así como las llaves y salí a buscarlo.

Tenía una idea de dónde podía estar, sus lugares preferidos para ir a beber eran algo recónditos en esa ciudad al no querer ser reconocido por nadie, y los recorrí, preguntando por él en varios establecimientos, todo en vano.

La noche debió haber avanzado demasiado, porque cuando sentí mi celular vibrar, supe que ya era demasiado tarde. Y el "demasiado tarde" fue como una flecha clavada en mi corazón al saber que ya no había vuelta atrás, tenía miedo de ver el mensaje, tenía miedo de que todo lo que había pensado esa noche era cierto. Me tembló la mano, y finalmente pude sacar el celular del bolsillo, respirar profundamente y desbloquearlo para leer.

Un mensaje de Victor.

Una dirección.

Una súplica de ayuda.

No, no, otra vez no. Me negaba a creerlo. Quise darle el beneficio de la duda, pensando que quizás era una cita esporádica como las que teníamos antes, a cualquier hora y en cualquier lugar, pero este era un patrón que yo no podía ignorar. Era exactamente igual que las veces anteriores. Corrí a la calle para tomar un taxi hasta ese lugar, y me sorprendió notar que cuando les decía la dirección me miraban con extrañeza, logré entender tras dos intentos fallidos y un amable conductor, que el lugar estaba demasiado lejos y hasta bromeó con que "cualquiera podría matar a alguien ahí y nadie se enteraría". Eso no me tranquilizó. Sólo le di una nerviosa risa hasta que llegamos al destino, me deseó suerte mientras le pagaba y me bajé del vehículo caminando hasta ese lugar que claramente respiraba muerte.

Una pequeña villa de varias casas antiguas y abandonadas se alzaba delante de mí. Cada paso que daba lo escuchaba en mis oídos, esa extrema soledad no era buena y todo el lugar me daba escalofríos. Cada tanto me detenía para voltear a los lados por si acaso, y luego de un rato pude llegar a la dirección indicada. Abrí la puerta de una de esas casas, la única que tenía las luces encendidas en toda la calle. La puerta no me dio resistencia alguna más que el ruido chirriante que hizo cuando la empujé hacia adelante para permitirme entrar.

- ¿Victor? - Llamé, primero bajo, luego repetí su nombre, más alto, luego lo grité. Esperé unos segundos y volví a llamarlo. Comenzaba a pensar que estaba en el lugar equivocado cuando escuché pasos apresurados que se dirigían hacia mí, y pronto él me recibió con un abrazo, fuerte, y luego me besó en la boca con más alegría de la necesaria.

- Victor, ¿estás bien? - pregunté, preocupado.

- Ah, ¡Yuuri! ¡Tienes que verlo! Mira, ¡no tengo ni una gota encima!

Él me hablaba con la emoción de un niño pequeño al que le han dado el mejor regalo de cumpleaños, y eso en vez de tranquilizarme me preocupaba más.

- Victor, ¿qué haces aquí? ¿Por qué estamos tan lejos de la ciudad? Es que…

- Shh, Yuuri - me tomó de la mano y me guió con una sonrisa a la parte trasera de la casa, donde había una habitación - Tienes que verlo por ti mismo. Ahora, no te asustes, ¿sí? Mira esta belleza, sólo mírala -

Él arrastraba las palabras, estaba hablando como si describiera algo bonito, y solía volverse loco por las cosas bonitas y estéticas. Mi corazón no hacía más que palpitar más fuerte, y lo solté de golpe cuando encendió la luz de aquella habitación.

- ¡Oh no! - exclamé horrorizado, llevándome las manos a la boca.

El paisaje era el de una habitación normal, cuatro paredes sin muebles, excepto por una pequeña silla frente a una de las paredes, y en ella, en todo el centro, había una persona. Estaba colgada boca abajo desde un par de clavos incrustados en sus pies en la parte superior de la pared, separados por unos treinta centímetros en horizontal. Tenía los brazos extendidos hacia abajo, donde su cabeza, en un ángulo inhumano daba con el inicio de una cubeta en donde goteaba sangre desde una cortada de su cuello. Tic, tic, tic, sonaba al hacer contacto con el resto de ella en la cubeta.

Esa persona estaba pálida. Quise acercarme, pero Victor me detuvo colocándome una mano en el pecho.

- Ah, no, no. Ya está muerta. ¿Ves? - me dijo acercándose al hombre de cabellos negros y pálida piel que estaba ahí colgado, le movió un brazo y lo dejó caer, su mano rozando el suelo sin ninguna reacción - Esta vez sí le cerré los ojos - respondió como un niño que hizo su tarea, y su sonrisa no se quitaba de su rostro.

- Victor - comencé, esta vez dejando que las lágrimas salieran e hicieran de las suyas, pero no pude decir nada más, porque me envolvió el llanto por un momento, hasta que pude acercarme a él y tocarle las mejillas inmaculadas, mirándolo con tristeza - Victor - repetí su nombre - Uno, puede ser un accidente, dos, es aceptable...Tres...Ya no hay marcha atrás. ¿Lo entiendes? ¡¿Lo entiendes?! - le apreté las mejillas con mis manos y él me abrazó dándome un beso en mi cabeza.

- Todo va a estar bien, Yuuri. Este tipo de belleza, también quería compartirla contigo.

No, nada iba a estar bien, y yo lo sabía. Uno, lo acepto, dos, terreno peligroso, tres, es el no retorno.

Tres, tres, tres veces necesité para darme cuenta de eso.

Siento como si me hubiera estrellado, pero no puedo pensar en nada. Sólo quiero llorar en los brazos de Victor, sintiendo su calidez y su amor mientras aún estén ahí. Mientras aún pueda disfrutarlos, mientras aún pueda amarlo, mientras su esencia esté intacta, mientras pueda corresponderle con mis brazos, antes de que ese monstruo que tiene adentro lo consuma por completo.


Gracias a MemoriesOfRhapsody por betear, a Noire Rigel, quien me animó a continuarlo, y a ti por leer hasta acá,

¡Buen día!