DISCLAIMER: Nada de lo que voy a escribir me pertenece, salvo la locura.

(INTRO)

Poco tiempo hay para dominar
la Cámara de Diputados que
no hacen nada para volver
en seis años otra vez…

¡ES YOBLADE! YOBLADE!

(FILL IN)

Hazlos votar siempre de ese modo
y así "hoy, hoy, hoy" deberás gritar
nuestro partido siempre ganará
no lo puedes evitar…

¡ES YOBLADE!
¡YOBLADE!

(FILL IN)

¡ES YOBLADE!
¡ES YOBLADE!
¡YOBLADE!
¡Vota ya!

Confía en el primer desconocido psicópata que encuentres (Take it to Max!)
Onde los indejos de Kenny y Tyson conocen al psicópata de Max

El día siguiente que siguió al día anterior, Tyson aún se sentía confundido respecto a su confuso encuentro con Kai, que fue aun más confuso por las confusas expresiones que Kai expresó en el encuentro. "Pensando" estos "pensamientos" en su aturdida sesera, fue al río, donde por azares del destino, o porque la ciudad es chica, se encontró con Kenny. Conversaron una chistosa conversación, que reproduciré aquí aunque no la recuerde, mas como no la recuerdo, no esperen gran exactitud.

—¿Cómo está eso de que tengo el poder de Fox? —exclamó Bachoco para seguir exclamando diversas exclamaciones diversificadas—. ¿Qué rayos es eso?

Lanzó su yoblade, que fue interceptado por un perro que, al interceptar el yoblade con la boca, lo llenó de saliva. Al yoblade, no a Tyson. La dueña del perro baboso (dicho sea sin intención de ofender intencionalmente) llegó tras su canino can.

—¡Joer! —clamó—. ¡Ya te he dicho un montón de veces que no te lleves cochinadas cochinas a la boca!. ¿No sabes que la estupidez se contagia estúpidamente?

—¿No se supone que esta niña debería ser una niña dulce? —preguntó Kenny al aireado aire que, airoso y airado, aireaba. O lo que es lo mismo, preguntaba su pregunta a la mística voz que místicamente surgía del mismo punto de surgimiento del airoso aire. Lo que el niño desojado sin ojos visibles que se puedan ver sabía era que tendría azúcar azucarada de más en un rato, y mientras no es necesario que nos azucaremos en demasía con azúcar de más.

—¡Ahí tienes tu yoblade ensalivado de saliva! —le espetó groseramente y con grosería la dueña del perro baboso (dicho sea sin intención de ofender intencionalmente)—. ¡Y donde me entere de que le estás poniendo eso en la boca a mi inocente can canino rebosante de inocente inocencia otra vez, te vas a enterar!

Una voz que se reía escandalosamente con una risa escandalosa sacó a Tyson y Kenny de su estupefacta estupefacción.

—¡Ustedes ambos dos son muy graciosamente graciosos!

—¿Y tú quien eres? —quiso saber Tyson.

—Me llamo Chiclets —respondió el individuo individual de la risa escandalosa. Era rubio, güero, con cabello de color amarillo, tenía muchas pecas, era pecoso, tenía ojos azules del azulado color del azul caribeño del mar Caribe, e iba vestido con una combinación demasiado fosforescente en demasía.

—¿Chiclets? —repitió Kenny. Pero por todos los endemoniados diablos y endiablados demonios, este sujeto tiene cara de llamarse Clorets.

—¿Bubbaloo? —corroboró Tyson errónea y erradamente.

—¡No! —rió escandalosamente Chiclets con su escandalosa risa—. ¡Motita!

Pero por los cuernos de alguien a quien su misma mujer suya de él se los puso, si este sujeto sigue así lo nombraré Trident por el resto de la eternidad eterna.

—Está bien… me llamo Max (air)

Alabemos a nuestro alabado estimadísimo camarada Neptuno con quien tanto sentimiento de camaradería y estimación sentimos. El "amigo resplandeciente", es decir Max, quien así le nombro por vestirse con tonos fosforescentes, se acercó a nuestros "amigos" no-resplandecientes para no tener que estar gritando a gritos. Y poder continuar con la continuación de la conversación que conversaban.

—Bueno, como decía, me llamo Chic… ejem, Max, y soy nuevo en la ciudad —resumió resumidamente en resumidas cuentas Max, justo antes de que se escuchara un curioso sonido de chapoteo de algo que chapotea en la acuosidad acuosa del agua.

—¡Hey! .¡Ustedes tres! —gritó a gritos la dueña del perro baboso (dicho sea sin intención de ofender intencionalmente) que babosamente se cayó al río. El perro, no la niña—. ¡Ayúdenme y préstenme ayuda, que mi baboso perro se cayó babosamente al río, y yo no estoy tan babosa como para lanzarme al río por él!

—Así por las buenas… —masculló Tyson.

Y se lanzaron a correr a lo largo de la orilla del río, sin perder de vista al baboso perro (dicho sea sin intención de ofender intencionalmente) que babosamente se cayó al río. Por arte de magia, o porque no podía haber tanta crueldad en una caricatura, un tronco estaba en la posición exacta para que cualquiera con buena puntería, al golpearlo, lo girara de tal modo que se atorara antes de llegar a una caída de agua que caía, y el perro baboso (dicho sea sin intención de ofender intencionalmente) que babosamente se cayó al río se sujetara del susodicho tronco que estaba en la posición exacta para que cualquiera con buena puntería, al golpearlo, lo girara de tal modo que se atorara antes de llegar a la caída de agua que caía. Y ahí va Tyson a intentar golpear el tronco que estaba en la posición exacta para que cualquiera con buena puntería, al golpearlo, lo girara de tal modo que se atorara antes de llegar a la caída de agua que caía, pero como no tiene buena puntería, falló. Por arte de magia, o porque no podía haber tanta crueldad en una caricatura, Max intentó también golpear el tronco, pero le dio al yoblade de Tyson, que al ser golpeado por el yoblade de Max, golpeó el tronco y lo giró de tal modo que se atorara antes de llegar a la caída de agua que caía. Ostras, eso ha sido confusamente confuso.

—¡Menos mal! —exclamó, aliviada, la dueña del perro baboso (dicho sea sin intención de ofender intencionalmente) que babosamente se cayó al río (el perro, no la niña) y fue milagrosamente salvado de milagro por Tyson y Max—. ¡Si a mi inocente can canino rebosante de inocente inocencia le hubiera pasado algo, me habría desquitado con ustedes!

—Sí, de nada —respondió Max, sonriendo con una sonrisa extrañamente no escandalosa como la risa escandalosa con la que se reía.

—¿Puedo preguntar una pregunta? —clamó Kenny al cielo que estaba arriba de él y sobre su cabeza. Claro que, aunque pregunte su pregunta, yo nunca he prometido la promesa de responderle la respuesta—. ¿POR QUÉ HAS ESTADO TODO EL DÍA CON PLEONASMOS? —clamó indiferente, mostrando y demostrando su indiferencia ante la ausencia de la promesa ausente que nunca prometí. La verdad verdadera sea revelada, el 16 de febrero es el Día Internacional del Pleonasmo.

—Sí, como no —reclamó Kenny—. Ahora cuéntame un cuento de vaqueros. ¡YO no quiero seguir hablando con pleonasmos!

Está bien. Él solito, por su cuenta y sin que nadie le ayudara con la más mínima ayuda, ha pedido su petición. Consulto a las divinas divinidades, y me indica responder que el antecitado sujeto citado anteriormente no hablará con pleonasmos, pero también ha perdido los privilegiados privilegios que lo privilegiaban. Ah, la ira de los dioses es iracunda.

—¿Cuáles privilegios? —blasfemó Kenny blasfemamente—. ¡Siempre tengo que discutir por…!

Evidentemente, el muy inútil, en su inutilidad, desconoce que discutir era su privilegiado privilegio. El discutir es una muestra de la individualidad que, como individuo individual, se tiene derecho a mostrar. Ahora que ha perdido ese privilegiado privilegio, no tendrás el privilegiado privilegio de opinar sus opiniones. Y creo que con esto ha finalizado el fin de nuestra conversación

—¿Se puede finalizar el fin? —quiso saber Max. Y ahora que pregunta esa pregunta, recapacito que la respuesta que la respondería sería decir que… no. Y como ya no quiero que dialoguen sus diálogos, narraré la narración. Max les dijo que su padre tenía una tienda de yoblades, y los gorrones, claro, gorronearon y fueron para allá. Vieron los repuestos y un montón de cosas innombrables, porque no se me ha ocurrido como nombrarlas, y por lo tanto tuvieron que señalarlas con el dedo. Max y Tyson tuvieron un enfrentamiento en una arena que el primero tenía en el sótano… resultado: resultó que Max ganó porque del sopapo que le había pegado al yoblade de Tyson, el… "pibote central del centro" se había desviado, pero Max salió con que se le acabó la energía porque tenía demasiado ataque y blablabla. Entonces, por azares del destino azaroso y porque el pequeño mundo es diminuto, el señor Dickenson y el papá de Max (sí, Max también viene de una familia disfuncional, por si no lo había dicho), que eran amigos y que se habían conocido en otra ciudad, estaban hablando del torneo de yo-batallas que estaba organizando el Sr. Dickenson. Los ilusos niños, cargados de ilusión, se empezaron a preparar para el susodicho torneo.

Pero eso será preciso narrarlo otro día, porque, como quiera, ya me cansé.