Le dedico este fanfic a:

-Kida Luna, gracias por todo y felicidades por tu cumple (atrasado).

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Si vivir significa… cambiar… es un asunto muy cruel.

Estuve sufriendo. Me han dicho que es una desilusión, pero me gusta aquella persona.

Aunque se acabó sin cumplirse mi deseo…

Ya decidí no detenerme. Por eso…

me voy…

"Las pecadoras más felices del mundo"

Por: Sunako-san

Capítulo Tres

Todo lo que dijo ella,

Todo lo que dijo ella,

Corre por mi cabeza…

"¿Familia Testarossa…?" -preguntó con un semblante serio en el rostro, pero de igual manera, con un poco de miedo en la vista al enfrentar el próximo nombramiento de la noticia; después de todo, no todas las personas reaccionaban del mismo modo.

"¡¡Aquí!!" -dijo levantando su mano a gritos mientras se acercaba a la enfermera.

"La paciente Testarossa-san está…"

"¿Cómo está Alicia?" -jalé la cortina que me separaba del lugar de las hablantes e interrumpí desesperada.

La enfermera me miró, cerró los ojos y afirmó con la cabeza y siguió con la intención de rendir el informe del estado de mi hermana.

"La señorita Alicia-san está fuera de peligro, así que no hay el por qué de preocuparse -nos sonrió para tranquilizarnos-. El golpe que recibió en su cabeza fue fuerte, pero no tan grave para alarmarse de más" -abrió la carpeta que tenía entre las manos y se la ofreció a mi madre.

"Entiendo" -susurró no tan convencida del asunto, mientras tomaba entre sus manos el fólder.

"El impacto del golpe hizo que Alicia-san sangrara excesivamente, pero no lo suficiente para no ser tratada, así que está bien -rememoró para dar un poco de relajación al ambiente creado-; sin embargo, la dejaremos por razones de seguridad en observación -mi madre que ya había firmado, entregó la carpeta y la miró aún con más terror.

"Cuando ella despierte podrán ir a visitarla a su habitación, así que por el momento, señorita, le pido que termine de ser atendida con respecto a su brazo" -la enfermera me sonrió y se marchó por donde vino.

"Deja que te atiendan -me contempló enojada mientras se volvía a sentar en su silla-, recuerda que somos una ´Familia Feliz´."

¿Una familia Feliz?

Qué ironía, hace tiempo que no escuchaba aquella palabra.

Feliz… ¿qué era aquello?

La enfermera que se encargaba de mí, antes de ser interrumpida por mi repentino levantamiento para enterarme de la noticia de Ali, volvió a acercarse para terminar de vendarme el hombro.

Cosa que no había podido hacer porque al llegar al hospital me negaba de ser atendida, no sin antes ver que Alicia estuviera bien.

Pero de no ser por Lindy-san, no estaría allí.

Después de llegar, ella me tranquilizó para que pudiese ser cuidada adecuadamente

.

Y por eso estoy aquí…

Aquella persona, que es muy dulce, tierna, amable, cariñosa y buena, me hacía muy feliz. Sólo con el simple hecho de conocerla y tenerla como apoyo.

Aquella mujer era la mejor amiga de mi madre, hasta hace poco…

Todo fue hasta que la "realidad" salió a flote.

Y eso, no fue hace mucho. Fue justamente en aquel instante…

Todo lo que dijo ella,

Todo lo que dijo ella,

Corre por mi cabeza.

Esto no es suficiente…

-Flash Back-

"¡¡Alicia!!" -mi sollozante grito se expandió por todo el lugar.

Fue lo último. Para luego verla inmóvil, sin conciencia.

Mis brazos se llenaron de sangre, mis manos temblaron al pensar lo peor de la situación. Mi mirada palideció de miedo y sorpresa.

Su gélido cuerpo, ya yaciente sin fuerzas, daba mucho de que pensar.

"¡¡Es tu culpa, sino hubieras venido nada de esto hubiera pasado!!" -gritabas horrorizada, para librarte de todo remordimiento mientras tus manos se clavaban de desesperación en tu cabeza, casi arrancándote el cabello.

Desde el momento en cual me rechazaste como tu hija, hace unos 8 años ya, algo dentro de mí se movió.

Antes pensaba que era odio.

Mas en cambio, me equivoqué. No es odio, porque eso ni siquiera lo vales.

No es odio, sino es lástima.

Lástima, porque a las personas que dañas y despedazas todos los días, son personas que te quieren mucho; y sin embargo, tú prefieres tirarlo todo a la basura y pensar que nadie te aprecia e incluso te quiere.

Qué egoísta y egocéntrica eres.

"Es tu culpa, tu culpa, ¡¡te odio!!" -ella seguía sollozando entre gritos y moviendo su cuerpo de un lado a otro, como si fuera exorcizada.

"¡¡Cállate!! -le grité, colmada de su intranquilidad-. ¡¡Por qué no haces nada inteligente y te callas!!" -deseé levantarme y golpearla con todas mis fuerzas para hacerla entrar en razón.

Para que entendiera que, a pesar de todo lo que me había hecho pasar, en alguna parte de mí todavía la amaba, pues, después de todo ella fue quien me concedió la vida.

"Señoritas… -habló con miedo una de aquellas personas de seguridad que estaban allí presentes- …la ambulancia viene en camino, por favor, dejen de discutir" -mi madre estaba contemplándome estática, por mis palabras dichas anteriormente.

Nunca imaginó que actuaría así, pues después de todo, siempre acataba sus órdenes.

La ambulancia no tardó mucho en llegar.

No obstante, en el transcurso de su arribo, nunca abandoné a Alicia.

Pude imaginar, por un pequeño instante, que nuestra madre en alguna parte de sí misma concedió la idea de "nuestro amor" con aquella escena; sin embargo, era sólo una vaga ilusión.

Aún así, con aquella diminuta esperanza, sostenía a mi hermana con el mayor amor existente en el mundo.

La ambulancia llegó.

Los paramédicos tomaron a Alicia, apartándola de mí.

La subieron en una camilla, y al introducirla al vehículo, el paramédico nos avisó.

"Una persona tiene que ir, alguien debe acompañarla."

"Yo iré" -mi mano, de mi único brazo capaz de levantarse, le llamó la atención.

"Señorita, su brazo -otro paramédico se acercó, esta vez, hacia mí-, debe ser atendido."

"No, está bien, debo ir con mi hermana" -lo empujé casi sin fuerzas.

"¡¡Señorita!!" -trató de tomarme, pero no me alcanzó.

"No pienses que irás con ella…" -su voz llamó me detuvo.

"Madre…" -me giré para encararla mientras detenía el comienzo de mi huida para ir al lado de Alicia.

"Tú ya no er… -se detuvo a la mitad de su argumentación, nadie podía enterarse de nuestros problemas familiares, después de todo somos una ´Familia Feliz´; y así debía seguir siéndolo, para no interferir con el crecimiento de la empresa Testarossa-. Será mejor que te atiendan, hija" -tus entrañas debían arder con cada letra aludida.

"¡¡Pero es que…!!" -mi cuerpo se tambaleó, mi vista se empañó demasiado rápido.

Mis fuerzas palidecieron.

Pero alguien me sujetó de una caída segura.

Mi conciencia se perdió en aquellos brazos cálidos que me rodearon dulcemente. Lo último que escuche fue: "Cómo pudiste Precia…"

Estoy en serios problemas, me siento totalmente perdida.

Si ahora pido ayuda sólo es porque

Estar contigo me ha abierto los ojos,

¿Podría haber imaginado una sorpresa tan perfecta?

"Fate ¿te sientes mejor?" -un toque delicado acompañado de un susurro, dulce y consolador, me despertó de un lugar el cual no pensaba regresar.

Aquella voz me era familiar…

"¿Ya no te duele el brazo?" -abrí mis ojos y la miré.

Por unos instantes me costó enfocar el ambiente que me rodeaba, y mucho más a aquella persona.

"Me alegra que ya estés mejor, hemos llegado al hospital" -alcé mi cabeza y logré ver un letrero.

Tenía razón, estábamos en el hospital.

"Te ayudo" -tomó firmemente mi cuerpo con sus brazos y lo levantó con gentileza.

"¿Dónde está Alicia? ¿Qué sucedió con… -tomé aire-… mi madre? ¿Cómo es que usted me encontró?"

"Yo fui la que te sostuvo antes de caer."

Entonces comprendí por qué aquella calidez me era familiar.

"Gracias…" -le susurré ya fuera del automóvil.

"No hay de qué -me rodeó con sus brazos para evitar mi caída, en verdad agradecía su amabilidad-. Tu madre, Precia, me dijo…" -bajó la mirada.

"Nada puede ser peor. Por favor, dígamelo" -la animé a continuar.

"Alicia es su única hija, así que no debe preocuparse por segundas 'cosas' (Dentro de comillas dobles, siempre van comillas SIMPLES, para que no se confunda con el término del diálogo) -sus manos rozaron mis mejillas-. Ella no sabe lo que pierde, así que no te menosprecies, Fate."

"Le agradezco mucho su ayuda, Lindy-san" -le sonreí.

"Alicia está siendo atendida en el hospital, imagino que está en una cirugía, para la limpieza y sutura de su herida" -caminábamos hacia el lugar mencionado.

Se sentía tan bien estar a su lado…

"Señora Harlaown-san, ya está la cama y el equipo de sutura que pidió" -una enfermera se acercó a darle la noticia.

Ella tan sólo asintió.

"Cuando escuché el disparo bajé lo más rápido que pude y me dirigí a tu casa. Primero me alarmé y tuve miedo de ir, pero luego pensé en ustedes dos… en Alicia y en ti, Fate…" -ella detuvo nuestro caminar.

Mientras otra asistente médica salía con una silla de ruedas.

"Llegué a su casa y vi la ambulancia, e inmediatamente entré sin pensarlo. Me dirigí hasta donde ustedes estaban" -un gesto agradable se formó en su rostro.

Era como si ella hubiera sido feliz de verme a mí y a Alicia aún con vida.

"Lindy-san…" -fue lo único que susurré en el momento que la contemplaba.

"Entonces Precia te gritó, y tú te desmayaste justo cuando logré estar a tu lado, pues hasta el paramédico se había quedado inmóvil" -rió modestamente.

"En alguna parte de mí, algo me dijo que era usted" -me sentaron en la silla, mientras ella y yo nos ruborizábamos por aquel comentario.

Había perdido mucha sangre, pero si estar al lado de Lindy-san me daba las noticias de Alicia y me daba un poco de tranquilidad, deseaba permanecer así antes de entrar a la clínica, pues adentro no sabía qué esperar.

Me sigo preguntando, imaginándome por qué

Puedo cerrar los ojos, pero no puedo dejar de verte.

Quiero volar a un lugar donde estemos sólo tú y yo

Y nadie más, para poder ser libres.

"Gracias, Fate" -sonrió.

"Gracias a usted, Lindy-san" -le devolví el gesto.

La enfermera tomó la silla de ruedas y me introdujo al hospital.

"¿Estás bien? Qué bueno que Lindy te ayudó, no sé qué hubiera hecho sin ti, hija mía" -creo que el hipócrita más grande de todo el mundo se quedaba pequeño con mi madre a su lado.

"Vamos, Precia, no me lo agradezcas" –ella se postró frente a ti, muy decidida.

La enferma trató de seguir de largo, pero me levanté.

"¡¡Madre!!" -grité encolerizada.

Ambas me miraron.

"No tengo tiempo para tus juegos de niña" -miró a Precia, que se acercó a mí y me rodeó en un airoso abrazo de amor.

"¿Juegos de niña?" -mi madre rió sarcásticamente.

"Así es, pues tú me lo dejaste en claro hace poco, cuando sujeté a Fate en mis brazos y me aclaraste que ya no me necesitabas ni a mí, ni a ella" -la encaró con un semblante lleno de seguridad ante sus palabras.

"¿Y te dolió, Lindy?" -el rostro de mi madre rebosó de placer.

"No, pues lo que viví contigo no fue más que falsedad, no hubo nada bueno. Excepto el conocer a tus hijas, así que no te vayas a arrepentir de haberte creado a una enemiga como yo al rechazar a una de ellas" -cambiaste el gesto de mi madre, reíste y me ofreciste sentarme de nuevo en la silla.

Yo accedí.

Mi progenitora, en cambio, se marchó por el pasillo contrario de donde estábamos.

Estaba segura que no traicionarías a mi familia. Sin embargo, colmarías de alguna manera la paciencia a mi madre.

Te quedaste a mi lado hasta que una asistente llegó para pedirte unas firmas, me observaste un momento y me dijiste que verías los papeleos y que no tardarías. Que regresarías pronto.

"Veo que Lindy te quiere -te avecinaste, saliendo de la nada-, qué mala elección" -te sentaste a mi lado, en una silla no tan lejana de mí, separadas por una cortina.

"Veo que ya no son amigas…" -en ese momentos estábamos solas, la enfermera había ido por desinfectante.

La bala sólo había penetrado mi brazo, no se había quedado en él.

Por suerte, no fue grave, simplemente necesitaba una buena limpieza y una sutura sencilla.

"No podemos dejar de ser algo que nunca fuimos. Ella nunca fue mi amiga, sólo una inversionista más para la empresa, eso es todo."

"¿Y los años que pasaron juntas en su adolescencia, los años en que ella nos visitaba en casa y reían? ¿Eran todos falsos?" (NO va punto al final, porque al cerrar con signo no es necesario.)

"¿Acaso no conoces la hipocresía?"

"Entiendo, no puedes ser más falsa de lo que eres."

"Tal vez, pero Lindy tiene el 48 % de poder en el mercado, no puedo tenerla como enemiga; es la primera de la lista con mayor poder después de nosotras."

"La utilizas…"

"Ella conoce muy bien la empresa por culpa de tu padre, sino fuera por mis movimientos no tendríamos el 52%."

"Entonces Lindy podría tener lo que tenemos y nosotras tener lo que ella tiene" -afirmé sorprendida por aquella verdad.

Todo lo que dijo ella,

Todo lo que dijo ella,

Corre por mi cabeza.

Todo lo que dijo ella…

"Así es, además si tenemos problemas familiares poseeremos mala fama y eso nos causará problemas, así que ¿entiendes por qué te explico todo esto?" -puso una cara dura, lo cual me irritó.

"Ahora entiendo muchas cosas. Cuando mi padre se marchó conmigo fue porque…" -palidecí y un sudor frío corrió por mi frente.

"Así es, él quiso darle a Lindy la mayor parte de la empresa" -una ira se materializó al cerrar su puño con una gran fuerza.

"Él no te engañó" -me apresuré a aclararle.

"¿Entonces por qué lo hizo?" -cuestionó.

"Porque sabía que tú, madre, no eres una persona tan racional. Además, no creo que lo haya hecho sin haberte dado una ventaja para nuestra familia."

"Ese día discutimos, él decidió que lo mejor era irse y asociarse con su mejor amigo en Italia y fundar otra compañía; y como tú -se tensó- ya tenias unos gustos por Alicia, lo mejor era separarlas. Así que él se fue contigo…".

"Despedirse de dos personas que sólo dañarían tu vida…" -susurré, ella lo ignoró y continuó.

"Cuando tu padre murió, su amigo me envió una carta donde me explayaba cómo había quedado el porcentaje de la empresa; sería un 50 y un 50 % para nosotras y para Lindy. No obstante, con su muerte y con el derecho que me correspondía al ser su esposa, obtuve el 52%."

"Y Lindy-san aceptó…"

"Exacto, pero la mayor parte es mía. A pesar de ello, ella sigue llevando todo lo que hace la empresa."

Cómo podía ser ella así, si la persona que niega como amiga, es la persona que más la ha apoyado.

Quería decirle lo muy mal que estaba, pero la enfermera regresó.

-Final del Flash Back-

Debíamos ser la "Familia Feliz" para el bien de esta misma, después de todo, Alicia y yo seguíamos recibiendo el dinero de la empresa de nuestro padre.

"Señorita, su hombro ya está. No fue grave, pero debe tener mucho cuidado."

"Muchas gracias."

Me levanté y me dirigí a la habitación de Alicia.

"No lo pienses, ella no verá ninguna de tus visitas" -te alzaste y me clavaste esos ojos en mí.

"La veré, es mi hermana" -te encaré.

"Todavía eso crees -me rodeó con sus brazos y susurró en mi oreja-. Tú ya no eres mi hija, creo que te lo he dejado en claro" -mi cuerpo se tensó.

Estoy tan confundida, sintiéndome presionada y acorralada.

Dicen que es mi culpa, pero la quiero tanto;

Quiero llevarla volando a un lugar donde el sol y la lluvia

Lleguen a mi rostro, y limpien toda humillación…

"No te preocupes, Fate, éste es el hospital de mi esposo y por lo tanto estarás con Alicia cuando lo desees. La que me debe pedir permiso eres tú, Precia" -me encantaba cómo dejaba impotente a mi Okaa-san.

"Lindy ¿estás segura de hacerlo así?"

"No lo haré así, porque al final, quiera negarlo u cualquier otra cosa, sigues siendo su madre" -tomó mi mano y me llevó a la habitación de mi hermana.

Okaa-san tan sólo contempló con sus ojos la manera en que nos alejábamos de ella.

Entré. Y vi al amor de mi vida en aquel camastro, durmiendo plácidamente.

Me quedé sosteniéndole la mano hasta que despertara. En todo ese trayecto de tiempo, Lindy-san estuvo a mi lado.

La noche nos bañó con el agradable fresco.

Esperé hasta que despertaras de tu largo sueño.

"Fate…" -susurraste.

Mis borgoñas se llenaron de alivio, de alegría, de felicidad.

"Alicia…" -le deposité un beso en su frente.

"Vamos, sé todo lo relacionado con su relación desde antes que su madre se enterara; así que no sean modestas frente a mí y bésense bien" -una amplia sonrisa se dibujó en el rostro de Lindy-san.

Ambas la miramos, desde cuándo lo sabía.

Pero sin pensarlos dos veces nos besamos.

Un secreto que nadie más que nosotras, Okaa-san y Lindy-san conocían.

Y así pasaron dos semanas.

Precia sólo se acercaba poco a Alicia, la mayor parte del tiempo éramos yo y Lindy-san.

A excepción de cuando los reporteros venían a hacer entrevistas, éramos una "Familia Feliz".

Disfruté mucho ese tiempo, era como una bella ilusión, pero esta vez era real. No era necesario soñar. Allí estábamos ella y yo, juntas en un amar sin final.

O eso quería creer.

Cuando se detengan a mirar, que no me intimide,

Porque siento por ella lo que ella siente por mí.

Puedo intentar disimular, puedo tratar de olvidar;

Pero me vuelve loca, ¡me hace perder el control!

"El tiempo de hospedaje terminó, mañana te darán de alta, Alicia" -comentó Lindy-san.

"Sí, así es. Mañana será mi último día aquí" -entrelazamos nuestras manos.

"Te amo" -susurré a tu rostro.

El ambiente era tan bello y acogedor, un tiempo donde podíamos ser nosotras mismas sin ser juzgadas, a pesar de tener a Okaa-san tan cerca.

"Me repugno, sin embargo mañana de nuevo serán sólo mías. Así que disfruten su último beso" -su risa sarcástica inundó el lugar.

Cómo desee que el mañana no llegara y el presente durase tanto.

Madre, al mirarme,

Dime, ¿qué es lo que ves?

Sí, he perdido la cabeza.

Mas en cambio, llegó.

"Gracias por elegir nuestro hospital, espero se recupere pronto, señorita Alicia-san" -la recepcionista nos brindó los papeles y ya éramos libre de aquel lugar.

Todas agradecimos y nos marchamos.

Lindy-san nos acompañó a casa, pues le había dejado en claro a Okaa-san que no se desharía fácilmente de ella.

Y así, regresamos de nuevo al punto de partida del problema.

Mi cuerpo se sacudió por el temor, uno que no lograba entender.

"Llegamos…" -susurró Lindy-san.

"Así es" -mencionó secamente Okaa-san.

Ayudé a Alicia a bajar del automóvil con ayuda de Lindy-san, pues mi madre se había adelantado a abrir la puerta de la casa.

Entramos.

El ambiente no había cambiado nada desde la última vez que estuve allí.

Subí a Alicia a su habitación mientras que Precia y Lindy se dirigían a la cocina a beber un poco de té.

Qué ironía entre ellas, pero se dice que se debe tener a las enemigas más cerca, creo que eso quería Okaa-san.

"La habitación no ha cambiado mucho…" -mencioné cuando abrió la puerta.

Una sonrisa surcó en sus labios y me tomó de la mano izquierda para entrar.

"No -se sonrojó un poco-, la dejé casi igual desde tu última visita con papá…" -me miró directamente a los ojos con un brillo único en ella.

"Eso fue hace mucho tiempo" -solamente fue eso lo que se me ocurrió decir.

"Lo sé -se giró hacia mí y con su mano izquierda sujetó mi hombro derecho y se aproximó lo suficiente para que sintiera su aliento en mi rostro-. Necesitaba que pareciera que estuvieras aquí."

"Ali…" -encaré su rostro perdiendo mi vista en sus labios.

Mi cuerpo me pedía a gritos el néctar de ellos.

Mi corazón me imploraba amor, y que el único fuera suyo.

"Fate…"

Ambas nos juntamos tan cerca, que la palabra "distancia" no tenía ningún sentido para nosotras.

Si nuestras almas se fusionaran, no sería necesario tener una por separado, pues las dos viviríamos felices en una sola. Estaríamos juntas para siempre.

Amo cada milímetro de su piel.

Amo cada sentimiento que causa en mí.

Amo vivir contigo cada instante sabor miel.

Amo cada segundo que pasas junto a mí.

Te amo, sólo a ti.

"Te amo, Ali…" -susurré entre besos.

Aquella sensación…

"¡¿Acaso no conoces mis reglas?! ¡¡En mi casa se hace lo que yo quiero!!" -sus dedos se entrelazaron en mi cabello y de un tirón me sacó de la habitación.

"¡¡Okaa-san!!" -gritó Ali.

Mi cuerpo cayó azotándose fuertemente contra el suelo, duro como el mármol.

Me paré de inmediato, sabía que mi acción traería más consecuencias que un simple azote.

Padre, al mirarme,

¿Seré libre alguna vez?

¿Acaso he cruzado la línea?

"Madre -mis manos se movían en son de relajación para ella-, por favor, tranquilízate."

"¡No! -rió desquiciadamente-, ahora que Lindy está afuera atendiendo una llamada, me vengaré por todo el tiempo que no pude hacerte nada en el hospital."

"¡¡Madre, por favor, tranquilízate!!" -gritaba mi hermana, una y otra vez.

"¡No te metas, Alicia!" –toda su ira, al estar impotente todo ese lapso pasado, ahora era desencadenada.

Se acercaba cada vez más, un escalofrío recorrió mi cuerpo desde mis piernas hasta el último lugar de mi cuerpo.

"Si acaso es necesario matarte, Fate, para que todo esto acabe de una vez, ahora contarás con ello" -sacó un cuchillo de cocina de la parte trasera de su pantalón.

Su amenaza, ahora, era la peor de todas las que había recibido antes.

"Bien, madre, creo que este es el final de todo -le sonreí-. No tengo miedo, pues aunque usted piense que esto me separará de Alicia, yo no lo creo, porque mi amor por ella no tiene límites" -me paré firme, no iba a dudar de mis palabras.

La mujer que me dio la vida se movió rápido hacia mí, y yo la imité. Corrí hacia ella, tenía que quitarle el cuchillo a cualquier modo, no quería que se le ocurriera lastimar a alguien más.

Logré tomarla de las muñecas y al mismo tiempo alzarla, dejándola inhábil por unos momentos, mientras forcejaba para arrebatarle el arma.

"¡¡Basta!!" -exclamó Alicia al tomar a Okaa-san de la cintura y levantar su mano para tomar el cuchillo.

Tal vez, ella no deseaba que mamá me volviera a lastimar.

Mi madre forcejaba cada vez más, al tiempo en que las dos tratábamos de tener la ventaja.

Mas en cambio, la situación dio un vuelco en un dos por tres. Ella utilizó toda su fuerza sobre mí, haciéndome retroceder y caer al suelo, cerca de las escaleras en tanto que Alicia había perdido el equilibrio. Luego, nuestra progenitora se había volteado para empujarla hacia su habitación, tirando su cuerpo en la cama.

Mis entrañas ardieron, Alicia no era culpable de nada.

No era justo que pagara mis errores…

La vi dar un rápido giro. Ahora iba tras de mí.

"Esto sólo debe ser entre usted y yo, no entre más personas" -me levanté y mi cuerpo tembló al ver que tenía el arma todavía entre sus manos.

"Éste es tu fin, Fate" -me agarró desprevenida, del cuello.

Y haciendo una pequeña aplicación de fuerza, fui privada del apreciable oxígeno. Mi cuerpo se mareo rápidamente, y mi madre en un acto veloz, introdujo el cuchillo entre mis costillas.

El rostro de Ali palideció, mientras que el de mi progenitora se llenó de placer.

Pero no sería fácil deshacerse de mí.

Con mi mano derecha le pegué en los oídos para romper con su equilibrio, lo cual sucedió. Ella se mareó, soltándome y dejando caer la hoja filosa. Respiré profundamente así como me acercaba a ella para tomarla de los brazos.

Okaa-san reaccionó, resistiéndose cada vez más.

Seguíamos oponiéndonos, la una de la otra, hasta al grado de llegar al borde de las escaleras, donde luchamos por última vez. Ella jaló de mí, para tirar al segundo siguiente, haciéndome ir a una caída segura por las escaleras.

Sin embargo, mi pierna derecha encaró la caída con una fuerza que me hizo evitarla; por consecuente, al poner ella tanta fuerza en mí, cayó encima mío.

Ahora mi pierna, al igual que mi resistencia, se perdían.

Ambas íbamos rumbo abajo, pero mi instinto de supervivencia me hizo reaccionar tomando la barandilla. Aunque el acto hizo que mi mano se quemará con la fricción de la caída, pude detenerme, justo en el momento en que veía descender a mi madre…

Todo lo que dijo ella,

Todo lo que dijo ella,

Corre por mi cabeza…

¡¡PUC!!

El aviso de que ella había caído.

"¡¡Chicas, Precia!!"

La voz de Lindy me despertó de aquella escena.

Alicia llegó a mi lado dándome un fuerte abrazo, mientras yo la rodeaba con los míos.

Aquella escena…

"Está muerta…" -el lugar estaba en completo silencio, el cual me permitió escuchar el susurro de las palabras de Lindy.

"La maté" -afirmé con la voz temblorosa.

"Eso no es cierto, Fate" -Ali me tomó del rostro para verme con los ojos llorosos, tratando de librarme de la culpa.

"Está muerta -repitió Lindy-. Ahora son libres, huyan. Yo las ayudaré" -nos mostró seguridad en sus palabras.

Agarré a Alicia por la mano y rápidamente bajamos las escaleras para dirigirnos a la puerta. Y así, ser libres…

¿Mi libertad se conseguía matándola?

Acaso era la única manera…

La única solución…

Me sentía sucia y culpable.

Pero amo a Alicia y haría todo por ella. Pero aquello… era demasiado…

Culpa, error.

Pecado. Pecado… pecado…

Antes de salir, Lindy-san nos dijo que nos llamaría, que tomásemos un tren y que al llegar a la tercera parada nos bajásemos. Ella nos ayudaría.

Lo único que pude hacer fue darle un gesto de agradecimiento, para después correr junto a Alicia y nunca volver a soltar aquella mano que tanto amaba.

Al estar con Ali era feliz.

Pero al recordar aquella escena… un sufrimiento me mataba. Era mi madre, y buena o mala, ella me había dado la vida.

A algunos, el amor nos hace sufrir.

A otros…

nos hace feliz…

Continuará…

NOTAS DEL AUTOR:

¡¡Hola a todos mis apreciables lectores!!

Muchas gracias por el tiempo dedicado a esta historia. Muchas gracias.

Espero haya sido de su agrado.

Quejas, comentarios, sugerencias, críticas, dudas, todo es bienvenido.

Aunque es un poco tarde (¿poco? Bueno, es mucho tiempo, lo acepto ), quiero darle como regalo de cumpleaños a Kida Luna este capítulo ^^

Perdón por la demora, mis exámenes y proyectos no me dejaban.

Espero sea de tu agrado. Eres la mejor beta, amiga, y una maravillosa y única persona =) Gracias por todo.

Que tengan una buena semana.

Sunako-san.