¡Y llegamos al tercer día! En esta ocasión el reto trata de algo un poco más íntimo ewe ¡Hacer la cucharita! Os recuerdo que titxutemari está haciendo el mismo reto con Mystrade, spreadmadness con CaptainSwan y Eileen Hera con Kadam.
Esta vez si prometo subir capitulo todos los días hasta el final del reto sin miedo a fallar, tengo a tres controladoras detrás para no olvidarme de ello (?)
Así que ¡que lo disfrutéis!
Había llegado el momento de realizar otro trabajo. Habían conseguido recuperar la pista de los Kitsune que se les escaparon en San Diego y habían vuelto a echarse a la carretera. Dean iba conduciendo el Impala, con Motorhead a todo volúmen mientras cantaba como si la vida le fuera en ello y golpeaba con los dedos el volante al ritmo de la música. La vida de cazador era dura, solitaria, pero no cambiaría esos momentos en la carretera por nada del mundo, el sentir la velocidad, la música en el ambiente, la compañía de Sammy a su derecha y… Pero no era Sammy el que estaba a su lado, sino un ángel de pelo oscuro y ojos azules que intentaba descubrir el funcionamiento de los cassets.
- No comprendo este aparato, Dean - dijo mientras trasteaba con una cinta vieja de Bon Jovi-.
- No hay nada que comprender, simplemente lo metes en la radio y suena la música.
Dean intentó que su buen humor no decayese. No es que no le gustase la compañía de Cas, le encantaba, pero no era igual que estar con su hermano pequeño. Sólo hacía un par de semanas que no le veía y ya le echaba de menos. Pero no iba a quejarse, no estaba cazando sólo, tenía compañía. Y Cas llevaba mucho tiempo sin desaparecer sin previo aviso, la verdad era toda una mejora comparado con como eran las cosas antes. Ni siquiera sabía por qué el ángel había accedido a acompañarle en aquello cuando seguramente tenía cosas mejores que hacer por ahí arriba, pero si no preguntaba no tenía que escuchar la respuesta.
Unas pocas horas de viaje más tarde, entraban en Arizona. Al parecer las desapariciones habían ocurrido en un pueblo llamado Buckeye, así que entraron en el primer motel del listín telefónico y aparcaron allí, preparándose en su habitación para comenzar la rutina de siempre: traje, placas del FBI, forense y por último ir de puerta en puerta como unos tristes vendedores de Biblias para hablar con los familiares y amigos de las víctimas. La única diferencia era que en esta ocasión sí sabían a por quién tenían que ir, solamente tenían que encontrar donde se ocultaban.
Así que, una vez Dean se había arreglado y Castiel se había ajustado la corbata, ya que parecía imposible que se quitase su uniforme de combate, salieron del lugar y fueron directamente a la oficina de la policía local.
- Agentes Hetfield y Ulrich - dijo el Winchester mientras sacaba su placa y daba un codazo a Cas para que hiciese lo mismo - estamos aquí Para investigar la desaparición de cinco chicas en este último mes y...
- Cuatro.
-... ¿Disculpe?
- No son cinco, son cuatro. Han encontrado a una de ellas.
El cazador miró sorprendido al sheriff, que parecía más concentrado en limpiar sus gafas que en los agentes. Y por supuesto que Castiel simplemente seguía taladrandole con la mirada.
- Bueno, ¿y ha dicho algo? ¿Cómo se encuentra?
- Se encuentra muerta, agente, le sacaron el cerebro. Ahora solo es un cascarón vacío.
- Los Kitsunes se lo habrán extraído para devorar su glándula pituitaria - castiel pronunció esas palabras completamente convencido, sin hacer caso de la expresión de asombro y pánico del sheriff, ni mucho menos de la desesperación de Dean - el resto del cuerpo no les sirve, por eso lo abandonan.
- ¿¡D-disculpe!?
- No le haga caso, sheriff, es que lee mucho manga y a veces lo confunde con la realidad.
- Pero De-
Dean le tapó la boca con la mano mientras sonreía incómodo al sheriff y daba un par de palmaditas en el hombro a Cas a ver si reconocía las señales y cerraba la boca antes de que les arrestasen a los dos o los echasen del pueblo.
- B-bueno, ¿y donde encontraron el cuerpo?
- Estaba dentro de un baúl - contestó el hombre recuperando la compostura - Tirado en el arcén a la salida del pueblo.
- Muchas gracias.
Dean arrastró al ángel fuera de la comisaría y fue directo al Impala, era toda una suerte que hubiesen encontrado el cuerpo de una de las chicas desaparecidas, así tendrían la oportunidad de seguirles la pista o al menos descubrir por dónde podrían estar. Tenían la oportunidad de enmendar el error de San Diego. ¿Por qué había salido corriendo cuando podría haber acabado con esos tres monstruos? La respuesta estaba clara: por Cas. ¿Pero por qué había salido corriendo así por él? Es un ángel, no es como si unos Kitsunes pudiesen hacerle daño realmente, sin embargo había ido a por el como si la vida le fuera en ello , como si el volver a verle dependiese de si llegaba a tiempo o no. Dean no comprendía lo que le estaba pasando, preocuparse hasta ese nivel cuando no había sentido para ello…
- ¿Por qué me tapaste la boca, Dean?
- Porque no puedes ir diciéndole esas cosas a la gente. Ese hombre no tiene ni idea de lo que es un Kitsune y tenemos suerte de que no nos haya echado a patadas.
- Pero Dean, los Kitsunes…
- Lo se, lo se, sólo se alimentan de los sesos de la gente, pero para la próxima te guardas el comentario.
El ángel asintió y miró hacia abajo con aire arrepentido, como a un niño al que acababan de echarle la bronca por comerse todas las galletas, pero realmente eso era lo que acababa de pasar, ¿no? De todas formas el cazador intentó ignorar el nudo que se le formó en la garganta al pensar que quizás le había herido y simplemente metió la llavé en el contacto y arrancó.
Unas cuantas horas mas tarde, la noche calló en Buckeye y seguían sin tener ni idea de donde podrían estar los Kitsunes, hasta que los ojos de Dean se posaron sobre un titular en el periódico: "La reconstrucción del gimnasio del Instituto de Buckeye se aplaza por motivos de seguridad". Unas semanas antes se había producido un incendio en el instituto que había dejado el gimnasio inpracticable, por lo que habían contratado una pequeña empresa para que lo restaurase, pero al parecer las obras se iban a detener unos días más ya que aun no se consideraba seguro entrar al lugar para empezar a trabajar y no se podía hacer nada hasta obtener una firma en el permiso. Era el lugar perfecto, donde no entraría nadie.
- Creo que tengo algo. Nos vamos, Cas.
El ángel, que había permanecido todo el tiempo de pie mirando fijamente a Dean, el cual ya se había acostumbrado a las rarezas del moreno, asintió y caminó detrás de él hacia el Impala, sin ni siquiera preguntar qué había descubierto. Al parecer se había tomado muy en serio lo de guardarse los comentarios para si mismo… Pero el cazador no pensaba en eso en aquel instante, lo único que tenía en mente era que quizás hayasen a alguna de las chicas con vida, que quizás esta vez en vez de cargarse al monstruo, pudiesen también salvar a la víctima.
Aparcó a un par de manzanas del instituto y abrió el maletero del Chevrolet, cogiendo esta vez simplemente dagas, llevando tres él y dándole dos al ángel. Los Kitsunes eran fáciles de matar, lo complicado era acercarte lo suficiente como para apuñalarles sin que te saltasen un ojo.
- A ver, se supone que hay dentro hay cuatro chicas asustadas metidas en cajas de madera a punto de ser lobotomizadas por una serie de monstruos con uñas y dientes. Así que tenemos que sacarlas de ahí, procurar que no nos muerdan y cargarnoslos, ¿entendido?
De nuevo Castiel se limitó únicamente a asentir mientras guardaba las dagas en el interior de su gabardina y volvía a mirar fijamente a Dean, esperando a que este se moviera para seguirle, pero el Winchester simplemente suspiró y se frotó los ojos, sintiendo que no tenía la suficiente paciencia para lidiar con alguien con más problemas sociales que él mismo.
- Puedes hablar, Cas. No tienes por qué estar callado todo el rato.
- Dijiste que me guardase los comentarios.
- ¡Si, pero los comentarios sobre bichos con garras con gente que no sabe de bichos con garras! - intentó tranquilizarse y dedicó una suave sonrisa a su amigo, quien a pesar de tener cientos de años, era en ocasiones como un niño - Conmigo puedes hablar.
- Está bien.
Una vez terminó el emotivo momento rosa entre la pareja de cazadores, llegaron hasta el derruído gimnasio. Atravesaron las enclenques vallas de obra sin demasiado problema y se acercaron a una de las salidas de emergencia que permanecía entreabierta y carbonizada. Dean hizo una señal a Cas para que se detuviese y entró el primero, avisandole después para que le siguiese, quedándose completamente confundido al ver lo que había ante sus ojos. El lugar estaba vacío excepto por los escombros. No había nada, cero. ¿Se habría equivocado? Pero entonces el eco de unos sollozos llegó hasta sus oídos. El ángel fue el primero en reaccionar, desapareciendo al instante dejando al cazador con una palabrota en la boca y apareciendo después tal y como se había ido.
- ¿Y bien?
- La caja está tras esa puerta.
- ¿Y por qué no has sacado a la chica? - estaba más sorprendido que enfadado y comenzó a andar en la dirección a la que apuntaba Cas, con este pegado a sus talones-.
- No puedo abrirla.
No tuvo que seguir preguntando. Al llegar a lo que en algún momento había sido un almacén lleno de colchonetas y demás material, se encontró con una caja de madera en la que estaba claro que había que encoger las piernas para entrar de la que escapaba el sonido de la pobre adolescente llorando. Y el gran problema se trataba únicamente de un candado.
- ¿En serio, Cas? Eres un maldito ángel capaz de freír a cualquiera con solo ponerle el dedo en la frente ¿y no puedes lidiar con un puñetero candado?
El ángel no contestó, simplemente observó a Dean patear con el talón el dichoso cierre hasta que este saltó y después abrió el baúl, cogiendo en brazos a una quinceañera llorosa en pijama con las uñas ensangrentadas de arañar su celda intentando escapar. La chica tardó unos momentos en asimilar lo que estaba pasando y al instante siguiente abrazó a Dean, sollozando contra su cuello mientras el ángel fruncía el ceño más de lo normal, descontento por alguna razón con aquel comportamiento tan cercano de la joven, a pesar de lo lógico que era.
- Eh, eh… Ya pasó, tranquila… - El cazador intento calmarla dándole palmaditas en la espalda y la dejó en el suelo despacio, asegurandose de que podía mantenerse en pie - ¿Cómo es que estás tu sola? ¿Qué ha pasado con el resto de chicas?
De nuevo la chica se tomó unos instantes para recuperar el ritmo respiratorio y cuando se calmó, soltó al cazador y se limpió las lágrimas de los ojos con el dorso de las manos, contestando como podía a la pregunta.
- Se las llevaron… Les oí decir que no cabían todas las cajas y que volverían más tarde…
- Vale, está bien, ¿puedes andar? - ella asintió débilmente, mirando esta vez fijamente a Castiel, dándose cuenta de su presencia - Vale, quiero que corras, que salgas de aquí lo antes posible y vayas a tu casa. ¿Lo has entendido?
De nuevo ella asintió y en cuanto sintió la mirada asesina que el ángel le lanzaba, hizo caso a la orden de Dean y echó a correr lejos de ahí, dejando a los cazadores con un nuevo dilema.
- Joder… No los hemos encontrado…
- Pero hemos salvado a la chica - dijo Cas apuntando a lo obvio - ¿No era ese el objetivo?
El cazador le miró sorprendido, no tanto por el comentario como por lo humano de este. Siempre había pensado que Cas, que los ángeles en general, no podían sentir al igual que las personas, pero aquello demostraba que se equivocaba. No pensaba sólo en acabar con los monstruos, que era lo específico del trabajo, sino también en salvar vidas. Sentía compasión, y eso logró que Dean incluso sonriese un poco.
- Cierto… Pero ahora tenemos que encontrarles a ellos.
- No hace falta.
- ¿Cómo que no hace falta?
- Están aquí.
Nada más terminó la frase, escuchó el portón del gimnasio abrirse y el sonido de un motor entrando en el lugar. Era el momento de pensar rápido, de tener una idea, y lo primero que vino a la mente del cazador fue…
- Métete en la caja - el ángel pareció confundido, él que encontraba normales las cosas más ilógicas y extrañas las más obvias- ¡Vamos!
Esta vez el moreno obedeció, metiéndose en la caja que realmente era más grande de lo que había parecido en un primer momento y Dean cogió el candado del suelo, lo colocó en el cierre para dar el pego y después se metió también en el baúl, encajando detrás de Castiel, con el pecho pegado a su espalda y las piernas tras las suyas, cerrando la tapa de madera justo antes de que abriesen la puerta doble del almacén para recoger la caja.
Oyeron las risas de los Kitsunes al coger la caja, sus comentarios al decir que si la última eran dos, ya que pesaba mucho más que las demás. Sintieron como les dejaban caer en la parte trasera de la furgoneta, las puertas cerrarse, el motor arrancar. Pero no fue hasta que estuvieron en plena carretera que Dean se dio cuenta de la situación: estaba en un minúsculo baúl haciéndole la cucharita a Cas. Sólo ese pensamiento le hizo ruborizar, sintiéndose más estúpido aún por sonrojarse. ¿Por qué narices tenía que sonrojarse? Y mágicamente numerosas imágenes de Cas y él en posiciones similares pero con bastantes menos capas de tela de por medio y soltó una palabrota por lo bajo por pensar en esas cosas. ¡Era Castiel, un maldito ángel! Aunque bueno, Anna también lo era…
- Dean.
La grave voz del ángel le sacó de su ensimismamiento, haciendo que Dean agradeciese mentalmente su existencia a pesar de que él mismo había sido el culpable de todo el revuelo que se había organizado en su cabeza.
- ¿Qué?
- ¿Has traído una pistola?
- No, ¿por?
- Hay algo que se está clavando en mi espalda y…
De nuevo el rubor volvió al rostro de Dean y rápidamente reaccionó, con su voz sonando más aguda de lo que le habría gustado.
- ¡Callate, Cas!
- Pero…
- ¡Calla!
Le tapó la boca con la mano. No se había dado cuenta hasta ese instante de que se habían detenido. ¿Les habrían oído? Entonces notaron que la caja se movía de nuevo, pero esta vez la estaban sacando de la furgoneta, depositándola después en el suelo. Entre los nervios y lo incómodo que le acababa de empezar a resultar estar tan pegado a Castiel, decidió no esperar más para atacar. Abrió la tapa de golpe y se puso de pie al instante, sujetando una de las dagas con su mano derecha mientras miraba a los tres Kitsunes con actitud fiera, mientras que ellos le observaban confundidos, pero su expresión de desconcierto aumentó cuando el ángel también se puso en pie.
- Tío, ¿quién ha sido el que ha cazado a una pareja de gays?
El cazador se tomó eso como una señal y saltó sobre el primero de los Kitsunes, clavándole la daga directa en el corazón. Castiel hizo lo mismo, derribando a otro de los monstruos y, tras forcejear unos segundos, consiguió hundir la hoja en el centro de su pecho, librándose también de él. Pero quedaba otro.
- Mierda, ¡ese se escapa!
Pero antes de que el Winchester hubiese terminado la frase, Cas ya había desaparecido, atrapando al restante fuera del almacén en el que habían terminado. Dean aprovechó para abrir todas las cajas restantes. Por suerte las otras tres chicas también seguían con vida y no en demasiado mal estado. Se subieron a la parte trasera de la furgoneta y Dean se colocó en el asiento del conductor, arrancando y saliendo del lugar para buscar al ángel, pero no llegó a salir del almacén cuando Castiel se materializó a su lado, haciéndole dar un bote en el asiento y, cómo no, soltar una palabrota:
- ¡Joder!
- No pretendía asustarte.
- ¡Pues deja de aparecer a mi lado así sin más! ¡Avisa o algo!
- Siempre puedo aparecer a tu lado.
El cerebro del cazador no tardó más que unos segundos en procesar la información para darse cuenta de un pequeñísimo detalle:
- Me estás diciendo, que podría haber venido yo solo en la caja ¿y tú podrías haber aparecido a mi lado aquí?
- Así es.
- ¡Joder, Cas!
