Capítulo 3
Se aproximaba la hora de la comida, y Snape reflexionaba en su despacho en lo mucho que le había cambiado la vida, en lo mucho que la gente había cambiado su opinión respecto a él. Desde que se celebraron los juicios en el ministerio, al terminar la guerra, y se supo toda la verdad, la prensa y todo el mundo mágico lo consideraba un Héroe, nadie volvió a llamarlo traidor y ya no se ponía en duda su lealtad hacia Dumbledore. Pero lo que más inquietaba al Profesor es que ahora las mujeres lo consideraban "el soltero de oro", él no había cambiado lo más mínimo en los últimos siete años pero al parecer cualquier Bruja daría lo que fuese por casarse con él. Severus no se consideró nunca un hombre atractivo, así que la respuesta estaba en que las recompensas económicas que había recibido y unas cuantas medallitas lo hacían irresistible.
Abrió un cajón y sacó un pequeño espejo que utilizaba para verificar la viabilidad de los ingredientes de algunas pociones y observó, pensativo, su reflejo, ¿Por qué las mujeres que lo rodeaban se sonrojaban con tanta facilidad ante él? Era algo que hasta hoy no había pasado ¿Una sonrisa "mejor cualificada" podría causar tal efecto?
-¡NO!- gritó Severus, resonando su voz en las paredes- No necesito la compañía de nadie- él no entendía por qué había perdido, si quiera un segundo, pensando en "ellas"- No las necesito y la culpa es del viejo barbón, siempre acaba por meterme ideas absurdas en la cabeza.
En su soledad el Profesor escuchó unos gritos provinentes del pasillo que se iban aproximando y luego golpearon la puerta de su despacho con mucha violencia. Saltó de la silla y se apresuró a ver lo que pasaba.
Al abrir la puerta se encontró con dos elfinas que se estaban peleando, se revolcaban por el suelo tirándose de los pelos y dedicándose unos insultos (que mejor no mencionar).
-¡Señoritas! ¿Pero qué están haciendo?- preguntó Snape sorprendido por la escena.
Las elfinas no se inmutaron, siguieron a lo suyo. La elfina Auri le estaba mordiendo una oreja a Sabry, y la elfina Sabry rodeó el cuello de Auri con sus manos intentando estrangularla.
-¡YA BASTA!- pero los gritos de Severus no surgían efecto por lo que se decidió a actuar, las cogió por el pescuezo y de un fuerte tirón las separó.
Poco podían hacer ellas contra la fuerza del Profesor, pero seguían intentando golpearse lanzando patadas al aire.
-Si no se están quietas las petrifico y después las meto una semana en el calabozo a pan y agua- Snape puso una cara asesina que logró asustarlas.
Las elfinas se calmaron y mirando al frente se acomodaron los ridículos vestidos y retocaron sus peinados.
-¿Qué ha pasado aquí?- preguntó Severus enfadado con una voz muy grave.
Las dos elfinas quisieron contestar a la vez, como "la otra" no se callaba empezaron a chillar, más y más fuerte, y cuando ya casi no les quedaba voz comenzaron con empujones y de nuevo a pelearse.
Esta vez el Profesor no dijo nada, sacó su barita y apuntó con ella justo a sus cabezas.
Las elfinas se separaron rápidamente, sabían que el Señorito Snape era muy capaz de cumplir su amenaza.
-Auri, explícame que ha pasado- pidió Severus con tanta frialdad que hizo temblar a la elfina.
-Auri tiene la orden de avisar al Señorito Snape que la comida ya está servida Señorito, Auri piensa que, como siempre, la elfina Sabry vino a quitarle el trabajo a Auri Seño…
-¡Eso no es verdad Señorito!- interrumpió la otra elfina dando un paso adelante- Sabry es la que tiene la orden Seño…- la elfina se calló y agachó la cabeza, Severus la estaba apuntando con la barita para que se quedara en silencio, a ella todavía no le había preguntado nada.
-Así que las dos tenéis las misma orden…- El hombre meditó un segundo tocándose el mentón, vaticinando la respuesta- ¿Y quién os dio esa orden?
-¡El Señor Director!- contestaron las dos mirándose con odio.
-Está bien, gracias por el aviso- dijo Snape guardando la barita- ¡Márchense! ¡Fuera de aquí!
Las elfinas salieron corriendo a toda velocidad igual que cuando llegaron.
Continuación…………………………………………………..3/1.
Snape entró raudo y decidido al gran comedor captando todas las miradas de los comensales.
A medida que avanzaba por la estancia podía ver como Dumbledore lo observaba mientras reía en la mesa de los Profesores.
Severus se aproximaba con paso firme, la cara descompuesta y moviendo los labios como si repasara en silencio las mil formas en las que podría torturar a Albus, se paró frente a él y golpeó la mesa con el puño cerrado consiguiendo que dejara de reír y se le cortara la respiración.
-¡"Hip"! Severus muchacho ¡"Hip"! Que susto me has dado ¡"Hip"! Que alguien me de otro susto ¡"Hip"!- pidió Dumbledore ante la mirada contemplativa de todo el salón, que no sabían si ya estaban de nuevo jugando "estos dos" o la cosa iba en serio.
El Profesor acercó su rostro al del Director y poniendo su típica (pero temible) cara de mortífago le dijo en un susurro- Viejo del demonio más te vale no volver a atragantarte con la barba, es muy posible que en lugar de darte unas palmaditas te apuñale por la espalda.
-¡¡"Hiiiiiiiiiiiiiiiip"!!- al anciano se le cortó de nuevo la respiración, en verdad el Profesor podía propagar el pánico cuando utilizaba esa cara y ese tono de voz, y al fin dejó de hipar- Gracias Severus, tus métodos son algo rudos pero efectivos- el hombre estaba pálido pero ya respiraba con normalidad.
-De nada Albus, amigo- y Snape no pudo evitar sonreír ampliamente (satisfecho de su pequeña victoria) lo que desencadenó un revuelo de cuchicheos entre las profesoras y las alumnas más mayores. Sintiéndose el centro de atención entre las mujeres de Hogwarts borró de inmediato esa sonrisa y dibujó un gesto de aburrimiento, rodeó la mesa y ocupó su lugar habitual, justo al lado del Director de la escuela.
-Supongo, Señor Director, que ya sabrá en que ha terminado su poco elocuente broma- dijo Snape sirviéndose ensalada tratando de esquivar los trozos de zanahoria.
-Te noto algo molesto… Vamos, vamos, como tú bien has dicho solo ha sido una pequeña broma- contestó Dumbledore observando la maña que tenía su muchacho para coger de la ensalada tan solo lo que le gustaba.
-Precisamente pequeños no eran los mordiscos que esas elfinas se estaban dando, y por poco no me muerden a mí.
-Algo así me temía- dijo Albus divertido llenando su copa y la de Snape con vino de rosas- las vi pasar hace poco hacia la cocina, estaban insultándose y llevaban los cabellos alborotados.
-Alboroto- Remarcó el Profesor- en eso ha terminado tu genial idea, en un alboroto.
-Compréndelo, esas elfinas te adoran- dijo Dumbledore sacándose "un as de la manga"- y ahora que tienes una sonrisa tan sexy… se han descontrolado, ya no son dueñas de sus actos, bien pensado, la culpa es tuya, tú las has hipnotizado con esa "cándida" sonrisa.
-¡Señor Director!- Snape levantó la voz volviendo a capturar las miradas de las chicas- Hace más de veinte años que no me arrepiento de haber tomado una decisión, pero hoy usted conseguirá que lo vuelva a hacer.
-En esta ocasión, Severus, Has hecho bien- dijo Albus tomándolo del brazo- todos tenemos derecho y, en tu caso yo diría que, la obligación de cambiar y prosperar, y ojalá que al fin consigas encontrar a esa persona que te pueda dar toda la felicidad que mereces.
-Ya tengo suficiente con tus bromas durante todo el día, como para tener que soportar las histéricas pataletas de una mujer- Snape no se sentía cómodo hablando sobre "Ellas"- mejor me quedo tal y como estoy.
-Recuerda bien estas palabras- pidió Dumbledore alzando su copa para brindar- "Sin Ellas no somos nada".
A regañadientes, Severus cogió su copa y correspondió el brindis- ¡Por ellas!... (Para que permanezcan siempre bien lejos de mí)- dijo para sí mismo tomando un sorbo.
Al ver que los dos hombres charlaban con tranquilidad, la tensión que había entre los allí presentes desapareció por completo, Snape era como un hijo para Dumbledore pero también un gran duelista y nadie en Hogwarts (exceptuando al Director) se atrevía a hacerlo enfadar.
En las mesas aparecían platos, bandejas y fuentes con cualquier tipo de manjar, todo seguía normal en el Gran Comedor menos para Snape que, por alguna extraña razón (pensó él) se le aparecían dos platos iguales de cada comida.
Albus sonreía, sabía perfectamente a que se debía ese fenómeno, pero era mejor que el muchacho lo descubriera por sí solo.
-Esto debe ser un error de los elfos, después pasaré por cocina para advertirles- dijo Severus apartando uno de los platos de pato con frambuesas silvestres.
-¡Ah, no, no! Debes comerte los dos- le advirtió al anciano acercándole de nuevo el plato.
-Pero ¿Qué dices?- preguntó Snape sorprendido por la advertencia del viejo- si me lo como todo habré reventado antes de llegar a los postres- cogió un plato y lo puso a un lado.
-¿No te das cuenta?- preguntó Albus haciendo un gesto con la cabeza, indicando hacia atrás, y recolocó el plato frente a Severus.
Continuación……………………………………………………3/2
-¿Cuenta de qué?- Snape miró atrás siguiendo las indicaciones del Director, las cortinas de la ventana más cercana estaban, inusualmente, corridas y no paraban de moverse. Agudizó la mirada y vio que algo parecido a cuatro pies asomaba por abajo, sí, reconocía esos ridículos zapatos, eran las dos elfinas que rato antes se habían peleado por ir a avisarle de que la comida ya estaba preparada.
-¿Qué hacen esas dos ahí?- se asombró el Profesor intentando relacionar a las elfinas con los repetidos platos de comida.
-Te están espiando- dijo Dumbledore tranquilo mordisqueando un sabroso muslo de pollo.
-¡Ah, claro! Es lo más normal del mundo, pero ¿Por qué?- insistió Snape mirando de reojo las cortinas.
-Es obvio…- contestó Albus- Las dos quieren que compruebes lo talentosas que son cocinando, y están ahí escondidas para ver que plato te gusta más. Te recomiendo que te comas los dos sino, a saber que serían capaces de hacer…- y el anciano sonrió con picardía.
-Albus, Albus, Albus… Parece mentira que a estas alturas no me conozcas, ni a mí, ni a mis métodos…- dijo Severus sacando la barita con un brillo especial en los ojos- esos monstruos cabezones y orejones no volverán a sublevarse, les voy a enseñar a respetarme.
-Muchacho déjalas… Nada más están jugando… ¿Qué les vas a hacer?- preguntó Dumbledore con la voz temblorosa.
Snape le guiñó un ojo y dijo- "CAE IN PICATUM".
Sonó un "Clic" en el aire, y la cortina se descolgó cayendo sobre las dos elfinas, se movían agitadamente tratando de encontrar la "salida", gateaban en todas direcciones chillando, tropezando varias veces entre sí.
Todo el gran comedor se giró alarmado ante tan gran escándalo, solo Severus seguía comiendo con un gesto triunfal en el rostro.
En su desesperación, las elfinas se levantaron y echaron a correr en la misma dirección, con la cortina a cuestas y sin poder ver a donde se dirigían.
No les dio tiempo a reaccionar, Sabry y Auri pasaron a toda velocidad por debajo de la mesa de los profesores, la barra que, hasta hacía poco estaba colgando y sujetando a la cortina, se enganchó con las sillas de Snape y Dumbledore haciéndoles caer de espaldas.
Al oír los gritos y un nuevo estruendo, las elfinas tiraron con más fuerza de la cortina (ellas solo querían irse de allí) desplazando la mesa principal casi un metro y derramando fuentes enteras de comida sobre los hombres que yacían en el suelo.
Finalmente atravesaron todo el comedor junto con la cortina y desaparecieron por la gran puerta.
-¡¡Profesor!! ¡¡Profesor!!- un grupo de chicas Slytherins fue fugaz al rescate de Snape olvidándose del Director.
-¿Se encuentra bien Profesor?- preguntó una muchacha quitando del pecho de Severus unos platos y arrojándolos, con malicia, sobre Albus.
Snape no se movía, ni parpadeaba, tan solo parecía que estaba murmurando algo…
-¡Hay Profesor! Reaccione- pidió otra joven apartando restos de comida.
-Ay… Ay…- se escuchó un leve lamento, debía de ser Dumbledore al que todas ignoraban.
-Me pareció oír de lejos a un burro rebuznar- dijo una de las Slytherins tirándole unas hojas de lechuga al anciano.
-¿Profesor, le duele algo?- preguntó una alumna palpando el cuerpo de Snape con manos ambiciosas, fue al tocar más allá del cinturón cuando el hombre reaccionó.
-¡NO!...- gritó Severus incorporándose.
La muchacha retiró sus manos escondiéndolas bajo su túnica.
-No me duele nada- continuó Snape.
-¡Que susto Profesor!- exclamó otra chica quitándole rodajas de berenjenas de su grasiento pelo negro- ¡Creí que lo habíamos perdido!
-Usted siempre tiende a exagerar Señorita- Severus hizo el intento de levantarse, y todas las chicas se abalanzaron sobre él para ayudarle, después espolsaron sus ropas manchadas (alguna, de paso, poniendo la mano donde no debía).
-Profesor ¿Seguro que no se ha roto nada?- preguntó una adolescente de cabellos cortos y oscuros.
-Creo que no, aunque la espalda…- dijo Severus un poco mareado por el acoso de "palomitas" que revoloteaban a su alrededor.
-¡Aaaaaay!- gritó desorbitadamente una joven- Hay que llevarlo inmediatamente a la enfermería, no sea que las consecuencias sean irreversibles.
Entre el grupo, de unas catorce muchachas, lo sacaron casi en volandas del gran comedor.
Dumbledore seguía en el suelo, habían tantas mujercitas junto a Snape, que nadie (hasta el momento) pudo acercarse a auxiliar al Director.
Algunos alumnos y el resto de profesores desenterraron al anciano de entre comida, cubiertos, vasos, platos…, y lo pusieron en pie.
Minerva, que lo había estado observando durante toda la comida como se reía al ver jugar a las elfinas tras la cortina, caminó lentamente hasta donde estaba su magullado marido.
-¿Y bien?- preguntó, con el semblante serio, Mcgonagall- ¿Cuántos años más necesitas para madurar?
Dumbledore agachó la cabeza en señal de resignación.
-¿Has visto lo que ha provocado tus jueguitos y bromas de mal gusto?- prosiguió la Profesora con un tono de voz pétreo- Casi matas al Héroe nacional más grande de estos tiempos, casi acabas con el hombre más venerado del mundo mágico y, si llegas a conseguirlo, si llega el día en que mates a Severus Snape, te juro Albus Percival Wulfric Brian Dumbledore ¡Que te pido el divorcio!- Minerva le puso una mano en el hombro y a empujones se lo llevó a la enfermería ante la mirada despavorida de los que les rodeaban.
Continuación…………………………………………………3/3
-Otra vez aquí Profesor, ahora sí ha caído en mis manos ¡"Uuuu…"!- dijo con satisfacción la A.M.S. frente a las miradas de odio de las Slytherins- ¿Qué le ha ocurrido Profesor?
-Pues…- Snape quiso contestar, pero una exaltada alumna lo interrumpió.
-¡Casi se mata!- exclamó la muchacha aferrada al brazo de Severus- Dos elfas repelentes han intentado estrangularlo con la barra de una cortina, pero mira…- la chica lloriqueó un poco acariciando la mano del hombre- solo han conseguido partirle la espalda.
Todas las jovencitas suspiraron con gran pesar.
-¡Eso es terrible!- pero la enfermera dejó escapar una sonrisa libidinosa- Profesor, tendrá que desnudarse para que le haga un reconocimiento.
-¡Yo le ayudaré Profesor!- gritó una alumna tirándole de la túnica.
-¡Y yo, y yo!- dijo otra desabrochándole la camisa.
-¡No se preocupe Profesor, que yo también colaboro!- y la chica le despasó el cinturón.
Severus, todavía aturdido por el golpe, no atinaba a protegerse de tantas manos que lo "atacaban" y mucho menos a coger su barita de la que ya lo habían desprovisto.
Ya le habían quitado el pantalón cuando llegó su salvación, Minerva abrió la puerta (todavía empujando a su marido) seguida de Madame Pomfrey.
Las muchachas se paralizaron y la Profesora las miraba atónita (tan solo Albus encontraba el espectáculo divertido).
-"CAE IN PICATUM"- y a todas las estudiantes se les cayó la falda- Ahora ya sabéis lo que está sintiendo el Profesor Snape en este momento- dictaminó Minerva- ¡Fuera! ¡Salgan de aquí! ¡Y descontaré treinta puntos, por cada una, a su casa!
Entre gritos de vergüenza y de fastidio las jóvenes se recolocaron las faldas y salieron escopeteadas.
-¿Qué ha pasado aquí Ana?- preguntó Madame Pomfrey recogiendo del suelo las ropas (algunas rotas) de Snape.
-"Uff"… "uff"…- la A.M.S. se quedó atontada mirando el abultado calzoncillo de Severus- Por aquí han pasado unos aires de conquista…
-Catorce vendavales diría yo- dijo Minerva interponiéndose entre la muchacha y lo que estaba contemplando.
Severus, consternado, con una mano se tocaba la frente y con la otra se apoyaba en un pilar dejando caer todo su peso.
-Será mejor que ayudes al Profesor a tumbarse en la camilla- le pidió Poppy a Ana- y después le das un tónico reconstituyente a ver si lo podemos espabilar.
-De inmediato- la chica cogió con suavidad el brazo de Snape y se lo puso sobre los hombros (se sintió realmente feliz al notar el cuerpo desnudo del hombre rozando el suyo), lo llevó hasta la camilla tumbándolo con suma delicadeza y le acomodó la almohada- verá que pronto se encuentra bien Profesor, voy a por el tónico, no se vaya a mover de aquí "Uuuu…"
Mientras, Macgonagall, de un empujón, ya había "ayudado" a subir a la camilla a Dumbledore.
-Que modales tan rudos querida- balbuceó el Director.
Minerva lo atravesó con una gélida mirada y de un zarpazo le quito la túnica- ahora túmbate bocabajo y estate calladito, no le vayas a dar dolor de cabeza a Severus.
-Ya estoy aquí Profesor, venga, sea bueno, abra la boquita y tómese esto "Uuuu…"- la A.M.S. llevaba en las manos un vaso de cerámica verde medio lleno de un líquido violáceo.
Debía saber a rayos porque Snape reflejó en su cara un gesto de asco profundo.
-Esto reanima a un muerto- protestó Severus mirando a su alrededor- ¿Qué ha pasado?
-Hay muchacho- se lamentó Albus que estaba en la camilla de al lado- como bien diría Minerva en estos casos, "te ha salido el tiro por la culata".
La Profesora de transformaciones le dio un coscorrón a su marido- te he dicho que no le provoques dolor de cabeza.
-¡YA ME ACUERDO!- gritó Snape con ira- ¡¿Dónde están?! ¿¿Dónde están esos dos monstruos?! ¡Como las coja…
-Hay Profesor, no se altere- lo interrumpió Ana- mejor póngase bocabajo que le voy a dar un masaje que lo dejará como nuevo "Uuuu…."
Snape obedeció sin más, el golpe en la espalda había sido bastante fuerte y deseaba quitarse ese dolor cuanto antes.
Poppy optó por ser ella misma quien le diera el masaje a Albus, no fuese que la medimaga en prácticas volviera a hacerse un nudo con los cabellos del Director.
Y Minerva se sentó en una sillita, junto a la camilla de su esposo, para asegurarse de que no abría la boca.
Continuación………………………………………………3/4
Entre el silencio y el relajante masaje que la muchacha le estaba dando, Snape cerró los ojos y poco a poco el sueño le venció.
Al terminar Madame Pomfrey, ayudó a Albus a vestirse y se despidió de él- Espero no verle en lo que queda de día, por hoy ya basta de sobresaltos.
-Eso espero Poppy, eso espero- dijo el anciano poniéndose los zapatos- no creo que mi espalda resista más golpes.
-Ni mi corazón más sustos- intervino Minerva- Vayámonos, ya verás a tu amigo a la hora de cenar.
Lentamente el matrimonio abandonó la enfermería cogidos del brazo.
-No es preciso que despiertes al Profesor cuando termines, cúbrelo para que no se enfríe y quédate a su lado, yo voy a la botica a terminar de colocar los nuevos ungüentos- Madame Pomfrey se fue a una habitación contigua dejando la puerta abierta.
Ana se lavó las manos y tapó a Severus con una sábana de seda blanca, después acercó una silla y se quedó junto a él.
La joven observaba a ese hombre que hasta dormido se le antojaba un tigre, se dejó llevar por la imaginación y empezó a pensar en voz alta:
-Hay Profesor si usted quisiera…
-Cuantas cosas podríamos hacer juntos…
-Podríamos casarnos…
-Y yo saldría, de su mano, en todas las revistas del corazón…
-Hay Profesor…
-Que lindo se ve así dormido…
-"HAAHGGARAH"…- Snape le dedicó un ronquido haciendo que se sobresaltara.
-Caramba Profesor…
-Si un solo ronquido suyo ya parece el rugido de un tigre…
-No me quiero imaginar cuando…
-Buff… (a la chica le dio un extraño sofoco y se puso toda colorada).
-Hay Profesor…
-Que ganas tengo de que despierte para verlo otra vez desnudo…
Poppy , que tenía un oído muy fino, estaba escuchando desde la botica cuanto decía la A.M.S.
-Jamás había visto unos pectorales así, Profesor…
-Y que espalda tan grande…
-Y que brazos tan fuertes…
-Seguro que soy de las pocas que lo han visto desnudo…
-Bueno, casi desnudo…
-Pero me conformo…
-Aunque así como está, solito y dormidito…
-Podría verle el culo "Uuuu…"
-No será capaz- pensó Poppy.
-Ahora que no mira nadie…- la muchacha siguió hablando sola.
-Podría apartar la sábana y…
-Retirar un poquito los gallumbos y…
-"Uuuu…" le vería el culito…
Poppy se echaba las manos a la cabeza- No será capaz.
-Pero no…
-No me atrevo…
-Eso estaría mal…
-Aunque oportunidades así no creo que se repitan…
-No será capaz- se repitió una vez más Madame Pomfrey.
Ana se levantó y con mucho cuidado, para no despertar a Severus, retiró muy despacio la sábana.
-Sí es capaz- se lamentó Poppy que había asomado la cabeza para ver lo que sucedía.
Un fuerte ruido metálico, que provenía de la botica, despertó a Snape, la chica se asustó y retrocedió hasta tropezar con la silla y caer al suelo.
-Hay perdona Severus, se me han caído unos cacharros ¿Te he despertado?- preguntó Madame Pomfrey saliendo del cuartito.
-No te preocupes Poppy, la verdad es que ya es tarde y tengo algunas cosas que hacer- el hombre se levantó y empezó a vestirse.
-¡Ana! ¿Qué haces ahí en el suelo?- se interesó la medimaga fingiendo no saber el motivo.
-Pues… pues yo… hay, es que…- la muchacha estaba temblorosa, no sabía bien lo que había ocurrido- creo que… estoy buscando un botón…
-Este suelo es traicionero- dijo Madame Pomfrey sonriendo vengativamente- será mejor que barras toda la enfermería a lo muggle, así lo encontrarás antes.
-Sí Señora, ahora mismo- Ana se levantó y fue corriendo al escobero.
-Bueno Poppy, gracias por todo, nos vemos en la cena- Snape se despidió y se dirigió al despacho del Director.
Continuación……………………………………………………3/5
-¿Otra vez leyendo, viejo barbón?- Snape entró sin previo aviso al despacho del Director.
-Severus, menos mal que has venido, quería disculparme por todo lo que ha pasado hoy- se lamentó Dumbledore- siento que ha sido culpa mía…
-No quiero hablar sobre el tema- le cortó el Profesor- prefiero olvidarlo cuanto antes.
-Está bien muchacho, como quieras.
-Y bien… ¿Qué estás leyendo?- preguntó Snape sentándose en su sillón habitual- ¿No estarás leyendo el fic que empezamos esta mañana sin mi?
-En absoluto- respondió Albus- ese lo leeremos juntos cuando tengamos tiempo, ahora estoy hojeando un "plis" que me tiene en duda…
-En duda…- Severus levantó una ceja en síntoma de incredulidad- No me digas que está escrito en Chino y tu hechizo traductor no funciona…
-Que pronto recuperas la ironía, debes estar de buen humor- observó Dumbledore mirándolo por encima de sus gafas de media luna- pero no hay ninguna queja para mi hechizo traductor, hasta el momento hemos podido leer "tan mix" escritos en Italiano, Francés, Alemán, Griego y Español, entre otros idiomas, sin ningún problema y en un Inglés perfectamente traducido.
-Entonces ¿Cuál es esa duda?- preguntó Snape en un tono aburrido.
-Verás, la autora de este "pan pin" se llama Sabry…- expuso Albus.
Al Profesor le recorrió por el cuerpo un calor, mezcla de odio y asco, al oír pronunciar ese nombre.
-…y estoy dudando- continuó el anciano- en si es una chica muggle o si se trata de nuestra elfina.
-Si es una muggle ya hay que tener exceso de mal gusto para ponerse ese nombre- dictaminó Severus frunciendo el ceño- y si lo ha escrito la elfina estará lleno de estupideces e incoherencias.
-El "plan plis" se llama "Inocentes Travesuras"…
-Pues entonces no- se apresuró Snape a Hablar- de seguro que la autora es una muggle, porque si lo hubiese escrito esa elfina repelente se llamaría "Traicioneras y Preconcebidas Travesuras" o "Maliciosas Intenciones disfrazadas en Travesuras"…
-Estás muy elocuente…- consideró Albus con una leve sonrisa- pero sigo dudando, en la biblioteca hay ordenadores con acceso a Internet, perfectamente podría estar metiéndose al foro desde alguno de ellos.
-Se te quitarán las dudas si en las dos primeras líneas no encuentras un montón de bobadas aglomeradas- afirmó el hombre de cabellos negros y radiante sonrisa- dudo que ella sea capaz de escribir dos palabras seguidas que tengan sentido, esas elfinas solo son buenas para desquiciarme los nervios y atentar contra mi integridad física.
-Severus, no debes enfadarte con ellas, y mucho menos coger represalias- dijo Dumbledore en un tono paciente- no querían lastimarte, esa no era su intención…
-Es obvio- lo cortó el Profesor- que no era un acto premeditado, no obstante me hubieran colgado de lo alto de la cortina.
-Las elfinas están muy disgustadas, aún deben seguir llorando en la cocina- expuso el Director mirando fijamente a los ojos negros de Snape- lo conveniente sería que fueras a verlas y les dijeras que las perdonas.
-Es que no las perdono- inquirió Severus de forma tajante- es más, las que casi matan a alguien han sido ellas, ellas deberían venir ante mí y disculparse.
-Pero no ves que no se atreven… A pesar de que tienes una sonrisa de ángel, tu carácter es el de un demonio- explicó Dumbledore- tienen miedo a que les lances una maldición.
-¡Y eso es lo que se merecen!- gritó el Profesor poniéndose en pie y caminando por toda la estancia- Lo que no consiguió Lord Voldemort en años disponiendo de un gran potencial mágico, casi lo consiguen ellas en unos minutos con una cortina… ¡MATARME! Deberían encerrarlas en Azkaban…. pero ya me imagino a los dementores huyendo de ellas…
-Están muy arrepentidas- Albus hablaba tranquilo pero ya empezaban a faltarle los argumentos- y es tu obligación como hombre maduro y cabal que eres, tener una conversación con ellas y deshacerte de todo enfado…
-De toda elfina debiera deshacerme…
-¡Severus!- Dumbledore se levantó poniendo un poco de rudeza en su voz- te exijo que vayas a verlas de inmediato.
-¿Exigencias… a mí?- preguntó burlonamente el hombre con su peor cara de mortífago- Le recuerdo que ya no soy su espía Director.
-Pero eres como mi propio hijo, el hijo que nunca tuve- dijo Albus tiernamente- y un padre siempre sabe lo que debe hacer su hijo y lo más correcto ahora es que vayas a hablar con ellas cuanto antes.
Snape quedó pensativo observando al anciano, tal vez tuviera razón- Está bien- dio media vuelta y salió por la puerta cerrándola con suavidad.
Continuación……………………………………………………3/6
En un rincón de las cocinas de Hogwarts, dos llorosas elfinas se disputaban la culpabilidad de un trágico accidente:
-Auri no quería que esto pasara, Auri no quería hacerle daño al Señorito Snape, toda la culpa es de Sabry…
-¡Eso no es cierto! Sabry está todavía más apenada y Auri tiene la culpa…
-¡No! Auri no hizo nada malo, Auri le sirvió la comida al Señorito Snape como cada día, fue Sabry quién puso los platos demás…
-Pues Sabry piensa que los platos que sobraban eran los de Auri, el Señorito Snape se enfadó porque no le gusta como cocina Auri…
-¡Mentira! Auri sabe que al Señorito Snape le encantan los guisos de Auri, el Señorito Snape nunca se ha quejado…
-El Señorito Snape nunca se ha quejado porque es un hombre con modales, un caballero, pero Sabry sabe que eso a lo que Auri llama guisos es puro veneno, la comida de Auri podría matar a un dragón…
-Pero ha sido Sabry quien casi mata al Señorito Snape con la barra de la cortina, Sabry es una asesina en potencia…
-¡No es verdad! ¡No es verdad! Sabry es una santa, fue Auri la primera en salir corriendo arrastrando la cortina…
-¡No! ¡Fue Sabry!
-¡Fue Auri!
-¡Fue Sabry!
Ya estaban a punto de llegar a las manos cuando una de las puertas de la cocina chirrió, una figura alta y esbelta entró caminando sigilosamente y se paró frente a ellas.
-¡Señorito Snape!- exclamaron a dúo las elfinas.
El hombre avanzó en silencio hacia ellas, que retrocedieron hasta quedar atrapadas entre la alacena y Snape.
Las elfinas se apretaban las manos temblando, sin emitir ningún sonido, tan solo miraban al inexpresivo rostro del Profesor buscando un ápice de lo contrario a lo que ellas creían que iba a pasar.
Severus apartó el lado derecho de su túnica dejando entrever su barita, la tomó con la mano y apuntó a las elfinas que ya dejaban asomar sus primeras lágrimas de puro pánico.
-Este es… el fin de Auri- pensó la elfina abrazándose a su compañera.
El Profesor levantó el codo moviendo con firmeza la barita…
-Ay… ay… ay…- suspiró Sabry por lo bajo.
…luego pronunció unas palabras que debían proceder del Latín…
Las elfinas cerraron los ojos rendidas ante cualquier mal.
-¡¡ZAS!!- un hechizo sonó en el aire.
Todo…………………………………todo quedó en silencio……………………..
La cocina fue inundada por un olor muy dulce.
-¿Señoritas?
Esa voz de hombre era el indicador de que no estaban muertas, podían oír, y los muertos no oyen, o… eso es lo que dicen…
-¿Señoritas?
Las elfinas abrieron los ojos muy despacito, ante ellas estaba Severus en cuclillas con dos piruletas gigantes en la mano…
-Eso no podía ser- pensó Auri perpleja por lo que veían sus ojos. Continuó quieta como una estatua, no tenía claro que hubiese pasado el peligro…
-¡Ay!... Este Hombre nos va a matar dándonos piruletazos en la cabeza…- pensó Sabry agachando las orejas- Que muerte más dulce la mía…
-¿Señoritas?
El tono benévolo en la voz del hombre y una forzada sonrisa apaciguadora permitieron que las elfinas soltaran un tímido- ¿Si?
-Estas piruletas son para vosotras si sois capaces de cumplir lo que os voy a proponer- dijo Snape poniéndose de pie.
-Auri quiere saber de que se trata- dijo la elfina dejando de temblar y mirando los dulces con recelo.
-Y Sabry también…
-Lo que ha sucedido hoy es muy grave- prosiguió el Profesor- no estoy dispuesto a permitir que suceda nuevamente.
-Auri pide disculpas Señorito…
-Y Sabry también, Sabry está muy arrepentida…
Snape levantó un dedo y las elfinas callaron de inmediato.
-Se que lo acontecido antes del accidente lo estabais haciendo para obtener mi aprobación respecto a…- Severus paró un momento tratando de buscar las palabras correctas- …vuestras delicias culinarias. Me resultaría imposible decidir cual de las dos debe servirme las comidas, no obstante, creo haber encontrado la solución…
Las elfinas quisieron preguntar "¿Cuál?" pero un movimiento de cejas del hombre las limitó, simplemente, a abrir los ojos como platos esperando a oír la respuesta.
…respecto a lo que a mí concierne, lo mejor es que os distribuyáis las tareas, Sabry- Snape señaló a la elfina- me preparará el desayuno y la comida, Auri el almuerzo y la cena ¿Estáis de acuerdo?
Ellas asintieron con la cabeza, en el fondo no estaban muy conformes, pero mejor no discutir.
-En cuanto a cualquier otro asunto que surja, organizaros vosotras- inquirió Snape con gesto aburrido, jamás imaginó que tras vencer a Voldemort acabaría haciendo tratos con elfinas- quede claro que no os quiero ver nunca juntas ante mí.
Las elfinas volvieron a asentir, agitando las orejas de esa forma que, muy en el fondo, Severus consideraba graciosa.
-Y una cosa más- esta vez el Profesor puso la voz seria al igual que su cara- os prohíbo que le hagáis caso al "Señor Director" cada vez que a las dos os pida lo mismo, no caigáis en sus bromas absurdas, recordar que NO os quiero ver juntas…
Snape extendió la mano ofreciéndoles las piruletas pero ellas no se movieron, miraban los dulces y luego al hombre una y otra vez, pero tenía que haber gato encerrado, ni si quiera les había tirado de las orejas.
-¿Qué os pasa? Cogerlas, no están envenenadas- dijo Severus fríamente dejando la duda en el aire…
-Entonces... ¿El Señorito Snape no va a matar a las elfinas?- preguntó Auri juntando las manos.
-¿El Señorito Snape no le va a dar golpes en la cabeza a Sabry con las piruletas?- preguntó la elfina dando un paso a delante.
Severus las miró horrorizado, parecía que no se acostumbraba a escuchar tantas simplezas, al fin dijo secamente- NO...
-¡¡Aaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaah...!!- las elfinas gritaron extasiadas de alegría y se abrazaron a las piernas del Profesor haciéndolo tambalear.
-¡¿Pero qué hacéis?! ¡¿Qué hacéis?!- el hombre hacía estragos por mantener el equilibrio sujetándose a las paredes.
Auri y Sabry seguían chillando aferradas a los pantalones de Severus que, poco a poco, se iban escurriendo- ¡¡Señorito Snaaaaape, es usted muy bueeeeeeno!!
-¡¡Soltarme!! ¡¡SOLTARME!!- el hombre de cabellos negros estaba apoyado contra una pared sujetándose los pantalones (que no tardaría en perder...)
-¡¡EL SEÑORITO SNAPE ES UN AMOOOOOR!!...
-¡Ya! ¡Ya basta! ¡Soltarme las piernas! ¡Esto es un atropello! ¡Debéis guardar la compostura!- nada de lo que decía el Profesor surgía efecto, habían pasado tanto miedo las elfinas pensando que las iban a matar que, al recibir las piruletas, sentían que habían vuelto a nacer y estaban eufóricas de felicidad.
Snape se balanceaba con cada tirón que le daban, alarmado por los gritos Dumbledore (que estaba espiando detrás de la puerta) entró velozmente en la cocina y justo en ese momento, los pantalones del Profesor cedieron arrastrando "todo" a su paso y dejando al descubierto sus zonas más íntimas...
Las elfinas cayeron de culo al suelo boquiabiertas por el "espectáculo", mientras el hombre se apresuraba a subirse los pantalones...
-¡Severus!- exclamó Albus sonriendo con picardía- Te he pedido que te reconciliaras con ellas, pero esto es demasiado...
-¡Señor Director! ¡NO saque conclusiones equivocadas! Y vosotras... ¡Tomar!- Snape lanzó con rabia las piruletas a las elfinas, ganas tubo de darles en la cabeza- ¡Me voy! ¡No quiero saber nada del mundo hasta mañana!
Bajo las risitas del anciano, Severus se fue a su dormitorio pensando que, el hecho de haberse unido a sus "enemigas" algún efecto surgiría, aún que lo que acababa de pasar era vergonzoso... Todavía sonrojado se metió en la cama y tras repasar cuantas torturas sabía hacer empleando la varita, quedó dormido.
