De verdad no quiero abandonar esta historia, pero el último tiempo ha sido muy complicado para mí. Así que, si tú eres de los que antes leían este fic, y has vuelto para leer este capítulo: Mil gracias por no abandonarme. Sin más, pasamos al asunto que nos atañe.

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Sherlock no es de mi propiedad, hago esto por hobby y para el foro I'm Sherloked (aunque hace ya tanto que empezó esto, pero igual).

Volkswagen tampoco me paga nada, pero adoro los escarabajos.

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03

Dos meses tuvieron que pasar para que Greg pudiera volver a hablar con ese mecánico. Luego del desastre de invitarlo a salir y que el hombre en cuestión se negará rotundamente -con una sonrisa maliciosa al decir ese estaré ocupado-, no se hablaron más.

Holmes, el mecánico, duro en la estación una semana más, en la que termino de reparar a Donovan, darle caricias a Anderson –ese maldito perro afortunado–, e ignorar a Greg de una forma digna de merecer una medalla. Nunca antes le habían ignorado de ese modo, era como si de repente lo hubieran borrado del mapa o algo así, y sólo se sentaba a comer viendo al mecánico con su overol manchado de aceite trabajar, a veces fumar con ese gesto de severidad que sólo acentuaba su rostro como tallado en piedra.

Si, decir que Greg había tenido el flechazo de su vida, era quedarse corto, porque cuando Mycroft Holmes no apareció más en la estación, fue totalmente obvia la expresión de decepción en su rostro, incluso el capitán se había dado cuenta.

Fue por eso que, cuando su auto falló en plena calle en su único día libre, se sintió profundamente sorprendido al ver la grúa que se detuvo para remolcar su viejo pick up verde oscuro. El logo para él era inconfundible, es decir, durante semanas lo miro en el pecho de Mycroft Holmes durante el tiempo que estuvo cercas.

Claro, su suerte no fue tanta, ya que el mecánico enviado no a aquel pelirrojo de mirada soberbia y palabras cuidadosamente seleccionadas al hablar. No, era un chiquillo delgaducho de pelo castaño y sin gracia alguna. Greg sólo se quedo de pie a su lado, viendo al muchacho hurgar en el cofre de su automóvil, el cuál acaba de ser clasificado como viejo pero seguro. Greg a esas alturas del día ya se sentía bastante mal humorado.

Había salido temprano de casa para pagar sus cuentas acumuladas por las largas jornadas de trabajo, que le impedían ir a pagar como se debía. Luego había desayunado en "Mrs. Hudson", una cafetería que simplemente amaba. Ordenó panqueques y fruta para llevar, y luego fue a casa de su ex mujer.

Cómo era su día libre, había deseado pasarlo con su pequeña Marie. Claro, su ex esposa tuvo otros planes y al final solo pudo entregar el paquete y darle un gran beso y abrazo a la niña risueña que le contaba emocionada sobre su paseo al lago para el fin de semana. Le deseo un gran viaje antes de marcharse odiando al mundo; y finalmente quedarse tirado ahí.

— Sabe que, no voy a poder hacer mucho aquí — La voz del muchacho le sacó de su ensimismamiento. Lo miró secar su sudor con la manga de su overol. Encontró eso un poco molesto. —. Iremos al taller para que el jefe lo revisé.

El corazón del bombero se alertó. Iba a ir al taller, donde ese hombre pelirrojo debía trabajar, podría verle, pensó.

Claro, recordó lo cortante y pesado que aquél mecánico fue, y terminó por bufar.

El chico enganchó el automóvil sin decir nada, antes de permitir a Greg subir a la parte delantera de la grúa. Esta olía acomida chatarra rancia. Era una extraña mezcla en realidad similar a comida podrida y sudor humano. El muchacho tuvo el descaro de ofrecerle un trozo de emparedado a medio comer. ¿Qué clase de empleado era ese?

El trayecto a Frogg's fue con el acompañamiento de una banda del punk y el chico hablando de un supuesto amigo que tenía problemas con sus genitales por consumo de drogas. Su mal humor iba mucho peor en realidad. De haber podido, le hubiera roto la nariz al chico apenas tuviera la oportunidad, pero ocupaba llegar al taller.

Cuando al fin llegaron al taller, quedo ligeramente impresionado -Mucho en realidad, pero estaba muy molesto-. El taller era enorme, pulcro para ser un taller, y había varios mecánicos trabajando. No pudo evitar pensar que Mycroft era el dueño, es decir. Él se veía muy pulcro, como alguien de dinero, seguro por eso era un maldito pesado.

Claro, cuando bajo de la grúa y entró a la oficina, descubrió que el dueño era un sujeto obeso, con la camisa tan ajustada que los botones de la barriga parecían a punto de explotar. Tenía un hablar lento, pausado, molesto. También tenía vitíligo, con una gran mancha blanquecina que cubría la mitad de su cara.

Ese hombre le explicó que iban a darle un coche en lo que su pick up quedaba listo, después de todo su seguro le cubría; e igualmente uno de los mecánicos de más confianza iba a trabajar con su automóvil y darle las llaves del prestado. Le paso los contratos, llenaron los papeles del auto prestado y finalmente el hombre le escolto hasta donde el pick up verde estaba ya abierto.

Un mecánico estaba inclinado hacia dentro del cofre. Podía oír las herramientas moviéndose, tintineando al tocarse con otras piezas de metal. Greg ya iba muy molesto, con las manos metidas en los bolsillos y el ceño fruncido con mucha fuerza, dándole un aspecto duro.

—Mike, ¿cómo vas con eso? — El tal Mike gruñó con fuerza antes de tomar el paño para limpiar sus manos y salir de debajo del capo. En ese momento toda la ira de Greg se borró.

Mike no era otro sino Mycroft Holmes. Llevaba su overol gris plomo algo sucio por aceite, seguramente llevaba todo el día trabajando en los autos. Su cabello también estaba ligeramente despeinado, pero lo que más llamo la atención de Greg fue el gran morete en el pómulo derecho. Tenía feos tonos verdes, azules y púrpuras, incluso se veía muy hinchado.

Los ojos claros miraron al gordo dueño del lugar antes de volver los ojos al dueño del auto en cuestión. Lo reconoció en seguida. Era aquel bombero que le quiso invitar a salir, por lo que solo paso levemente de él para responder.

—Tiene arreglo, pero faltan piezas. — Aseguró, y entonces ofreció la mano al bombero. -Señor Lestrade.

―Hola, Mycroft― Su saludo fue más informal, porque estaba muy impresionado por ese golpe tan… tan terrible. Fue obvio que le habían dado un puñetazo muy fuerte, seguramente con la intención firme de noquearlo. No pudo imaginar que alguien se decidiera a lastimarlo tan firme. Es decir, era un pesado odioso, pero no tan odioso para golpearle -o eso pensaba él-.

El hombre gordo parecía muy satisfecho de no tener que presentarlos, por lo que término encomendando a Mycroft hacer lo que debía para con el bombero y finalmente volver a la seguridad de su oficina.

Mycroft entonces comenzó a explicarle el problema que había identificado en el auto. Algo sobre las cabezas y filtración de agua al motor. La verdad es que no ponía mucha atención, solo podía mirar ese morete tan notorio en la blanca piel del pelirrojo. Era como una mancha en un mantel pulcramente blanco. El mecánico estaba totalmente consciente de eso. Podía sentir esa mirada fija en su mejilla. Supuso que así se sentía una mujer cuando le miraban fijamente sin más.

Ese tonto bombero no tenía ni una pizca de discreción, y comenzaba a molestarlo profundamente. Odiaba que la gente le mirará fijamente, y especialmente odiaba que le dieran esa estúpida mirada de lástima. No necesitaba esa maldita mirada.

—¿Tiene alguna duda sobre el auto o está más interesado en mi rostro? — Le dijo con tono mordaz, y le dedicó una mirada gélida que trataba de asustar o irritar al otro. El efecto no fue ese. El bombero le miraba con ese gesto compasivo en el rostro y las manos metidas en sus bolsillos como si nada.

—¿Quién te ha golpeado? —Preguntó directo.

Mycroft suspiró dramáticamente, no con intenciones de parecer dramático, él realmente era así en realidad. Se pasó una mano por el pelirrojo cabello, acomodando un poco su despeinado cabello y sujeto la tabla donde tenía papeles sobre el auto.

Ese bombero era de todo, incluso metiche.

Se abrió la parte superior del overol para poder sacar su pluma, comenzando a escribir sobre las hojas, llenando la información necesaria y justificando porque le iba a prestar un carro más o menos decente a ese hombre que parecía muy preocupado por su cara. La realidad es que no quería contarle como se había terminado golpeando, pero no vio porque mentir. Una explicación vaga a su pregunta, era todo.

—Mi hermano menor, pero ya está todo bajo control. Venga, le daré un auto para que pueda irse a su casa…

—Soy Greg, ¿de acuerdo? Tutearme está bien— Greg se rasco la nuca, viendo como el mecánico parecía apurado por escapar del tema, pero solo se le acercó un poco más para ir con él a ver el auto, pues, aunque no le dejo terminar, realmente ocupaba algo para irse a casa -a volver a odiar a su ex esposa por llevarse a Marie lejos-. —. ¿Por qué te ha golpeado? ¿Necesitas ayuda con eso?

—Si la necesitará, la pediría a un oficial de policía, no a un bombero, señor Lestrade, pero agradezco su genuina preocupación por mi persona— El sarcasmo brotaba por cada poro del mecánico. Greg resopló de mal modo. Si, se lo había ganado por metiche, pero no podía evitarlo, el mecánico le preocupaba en cierto modo. No parecía un hombre que fuera muy resistente a los golpes o algo así, sólo… No entendía porque se preocupaba, esa era la verdad. Sólo le nacía querer ver bien a ese hombre que lo llevo hasta una parte que funcionaba de cochera.

No pudo evitar ver al mecánico inclinarse sobre un mueble para alcanzar lo que parecía una caja de llaves. Nunca creyó que alguien podría verse bien en overol hasta que lo conoció -claro que no iba a decirlo-, y sólo observó esas grandes manos rebuscar en la caja.

Luego vio esa boca de delgados labios sonreír suavemente antes de devolver la caja y hacer una seña para que le siguiera, mostrando algo que no creyó ver: Un escarabajo. Iban a darle un Volkswagen escarabajo para que se moviera por toda la maldita ciudad. No supo si el hippie dentro de sí estaba feliz o desesperado, porque ese pobre escarabajo se veía demasiado mal cuidado.

Mycroft lo abrió, motor y cajuela. Anotó algunas cosas en su tabla antes de firmar algo y le ofreció las hojas a Lestrade. Era el formato donde aceptaba la responsabilidad sobre el pequeño escarabajo mientras su pick up estuviera en reparaciones, así que termino por firmar. El mecánico cerró ambas puertas y abrió el automóvil dejando a Greg mirar hacia dentro. Este lo hizo con ojo crítico, antes de sentarse en el asiento de cuero.

—Me encanta— Sonrió. El mecánico le lanzo las llaves al pecho, antes de cerrar su overol.

—Magnifico, será suyo toda esta semana. Le veré hasta entonces, cuando su auto esté listo. Hasta luego.

Y tan fácilmente como lanzar las llaves, el mecánico desapareció de su vista. Más no de su mente, y Greg no podía de dejar de pensar en ese pómulo morado.

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Mil gracias por leer, prometo actualizar lo más pronto posible.