Disclaimer: Aquí especifico que los personajes de esta mi original historia le pertenecen a Takahashi Rumiko, excelente mangaka cabe recalcar.
Conviviendo: Chapter 3.
—¡Es demasiado masculino! —Gritó ella desde el extremo contrario del departamento.
—Keh, —rezongó él—, ¿acaso quieres que ponga una princesita?
Kagome suspiró, siguió arreglando lo que restaba en silencio, ¿cómo quería ese hombre poner la imagen de una espada legendaria como cuadro?, ¡estaba loco!, ella también viviría allí y no permitiría que "su compañero" hiciera del apartamento un verdadero estudio masculino, de ninguna manera, en ese caso no pondrían nada.
Tenía tres días desde que se habían cambiado de apartamento y ya estaban terminando de ordenar todo. El lugar era espacioso, lo suficiente como para que ellos vivieran sin tener que tropezarse a cada rato. Se dividía así: la puerta principal se encontraba con la gran sala que era compuesta por un juego de muebles amplio de color blanco con adornos de lámparas y demás, negros. A lado de la puerta había un pasillo el cual tenía la entrada del comedor con otra puerta en la parte derecha de la pared que conectaba con la cocina la cual también era blanca, al terminar ese pasillo había otra puerta la cual llevaba al estudio de ellos el cual era también muy grande, el corredor se desviaba dándole paso al otro pasillo que tenía los dos cuartos, el de Kagome derecho, es decir junto a la pared de la cocina y el de InuYasha al izquierdo es decir junto a la pared del estudio, dando así como resultado que podrían encontrarse en la mañana frente a frente si salían al mismo tiempo.
Terminando los pasillos había un balcón que les daba vista a la ciudad, el corredor también era muy largo y en la parte izquierda se encontraba la lavandería y otras cosas más, era como un zaguán. Ya tenían todo arreglado casi, Kagome se encontraba ubicando el plasma en la sala y demás objetos en el aparador mientras InuYasha colocaba los vinos en el pequeño bar y también se encargaba de los cuadros que adornarían la estancia. Pero el ambarino era demasiado masculino como para escoger un diseño unisex que no incomodara al sexo opuesto, por eso era que Higurashi se encontraba encargándose de esos detalles.
Pasaron las horas y por fin estaba todo listo, ya era tarde y la hora de cenar ya se había hecho presente, obligándolos a pedir una pizza debido a que el cansancio no les dejaría cocinar, no por lo menos a Kagome. Se dieron un baño cada uno en sus cuartos y salieron, InuYasha por haber sido el más rápido se encargó de pedir la cena, luego que Kagome salió se encargó de los platos pero Taishô se lo impidió.
Le hizo devolver la vajilla a la cocina y le dijo que estaría bien sin que tuvieran que ensuciar platos, podían comer en cartón la pizza, eso evitaría más trabajo, además que al otro día tendrían que trabajar temprano en la empresa y en la casa y el cansancio no era buen compañero. La relación entre ellos no había mejorado ni empeorado, la verdad era que había quedado en estambay, ya que no habían podido hablar debido al trabajo, pero en ciertas ocasiones se sorprendían mutuamente mirándose y un pequeño sonrojo los invadía, pero la verdad de eso no había pasado. Sus pensamientos se centraban en pensar como era que iban a sobre llevar la situación ahora que vivirían un año entero juntos, al parecer sus necesidades sexuales tendrían que ser desfogadas con otras personas y no necesariamente ellos, aunque lo desearan.
Del tema de aquella noche, nadie había vuelto a hablar, aunque en sus mentes esos recuerdos no se iban. El timbre de la puerta sonó:
—Debe ser la pizza. —InuYasha se levantó y la recibió, pagó y cerró la puerta.
Dejó la pizza en la mesa y buscó disimuladamente a Kagome con la mirada pero no la encontró; de pronto la vio salir del pasillo con un atuendo para dormir. InuYasha sintió que su sangre corría con brío por sus venas, tragó duro y no evitó ponerse nervioso. Kagome llevaba una bata a medio muslo muy sensual y encima un batón de tela transparente que no la cubría precisamente, ¡rayos!, ese no era el trato, si iba a tener que verla en esas fachas todo el tiempo, no iba a evitar echársele encima y devorarla, de hecho era lo que quería hacer en ese instante.
Kagome se dio cuenta de la manera tan extraña en la que la miraba InuYasha y se sorprendió, no estaba consiente de cómo andaba vestida y de lo que podría causar en él, la verdad era que como había estado acostumbrada a vivir sola, ya se le había hecho costumbre andar así, semi-desnuda.
—Deberías taparte más. —Soltó él de pronto saliendo de su trance sobre humanamente, se sonrojó al decir esto último pero le alegraba el haber podido articular de manera coherente. Kagome lo miró muriendo de la vergüenza, se miró y enrojeció queriendo cubrirse, no sabía, pero de un momento a otro había retomado aquel pudor que había perdido aquella candente noche en la que lo había conocido, pero allí era diferente, ya no estaba oscuro y no estaban sosteniendo una explosiva relación sexual—, mejor vamos a comer. —Terminó por decir sonriendo de medio lado al darse cuenta de la cara de Kagome, la cual estaba muy roja.
Ella agradeció de manera tímida y se sentó, comenzaron a comer. El ambiente era normal, el silencio no era incómodo, parece que cada uno se sumía en sus pensamientos, dejando al otro concentrarse y desconectado del mundo.
Se supone que teníamos que olvidar, pero si sigue provocándome así, no voy a soportarlo. Pensaba InuYasha mientras comía un bocado de pizza.
Se ve demasiado bien, dijo Kagome en sus pensamientos mientras lo observaba de manera disimulada y se mordía el labio inferior; no voy a poder olvidar la manera tan buena en la que me poseyó, cerró los ojos recordando todo y al ardor en su sexo se empezaba a intensificar.
—¿Te sientes bien? —Le oyó preguntar y de inmediato salió de su fantasía.
—Perfectamente —le respondió roja—, ya no deseo, ten buen provecho lo siento —se levantó—, estoy llena.
InuYasha la vio retirarse con los cubiertos a la cocina y se sintió extrañamente solo en la larga mesa, decidió acabarse su pizza y luego irse a dormir. Se lavó los dientes en su habitación y luego salió por agua para beber, pero antes de entrar se detuvo al ver a Kagome parada sosteniendo su cuerpo en el filo del mesón, estaba algo encorvada y agarraba un vaso de cristal con agua. La oyó murmurar algo y se apegó a la pared para escucharla mejor.
—Es demasiado para mí. —Escuchó decir con voz frustrada—, será mejor irme a dormir. —InuYasha se preparó para entrar disimulando su llegada. Kagome se sorprendió, ¿habría escuchado algo de lo que había dicho?—. Buenas noches. —Logró decirle algo avergonzada mientras pasaba muy cerca de él con dirección a su habitación.
—Buenas noches…Kagome. —Le dijo él algo aturdido. Decidió tomar el líquido e irse a dormir, o a tratar de hacerlo.
La miró de manera especial, su cabello y ojos castaños lo volvían loco, ¡rayos!, ¿acaso no podía dejar de mirarla?, parecía un idiota embelesado mirándola con ganas de probar aquellos labios que se movían al compás de quién sabe qué cosa que decía.
—¿Me está poniendo atención? —Inquirió ella mirándolo de pronto—, ¿señor?
—Dime…Sango —comenzó él quemándola con la mirada azul—, ¿alguna vez has estado enamorada?
La joven secretaria se sonrojó hasta el alma, ¡¿qué?! Su corazón latió a mil por hora, ¿qué le iba a decir?, si se lo confirmaba le iba a preguntar de quién y consecuencia ella no tenía a nadie en mente, no formularía una mentira coherente y además…odiaba mentir. Suspiró, era mejor decírselo.
—Sí —afirmó ella bajando la mirada—, pero no es correspondido. —Su mirada se escondió bajo el flequillo.
Miroku sintió la tristeza en las palabras de Sango, la miró desde el otro lado de su escritorio y su mirada sombría lo entristeció. Le dio coraje, ¿pero qué rayos…?, ¿a qué hombre se le ocurría no corresponderle a una joven tan hermosa como ella?, si él fuera el dueño del amor de Sango, la haría feliz, estaría dispuesto a dejar sus hábitos de mujeriego por una mujer así, pero lastimosamente eso no era así. Sango seguía con el mismo semblante. Miroku suspiró bastante frustrado, el haber sabido que Sango estaba enamorada no le había gustado en lo absoluto.
—¿Quién es? —No pudo evitar preguntar, escondía el tono enojado bajo su serenidad diaria.
"Tú", quiso decir la Ishikawa, pero sus palabras se atoraron en su garganta, lo miró, no iba a llorar, ella era fuerte, estuvo a punto de decirle cualquier cosa pero la puerta se abrió de golpe.
—Tarde pero llegué. —Se oyó decir a un InuYasha ojeroso y con pinta de no haber dormido más de media noche—, siento haber interrumpido. —Dijo dándose cuenta de que había en efecto, interrumpido el momento. Sango se levantó y se disculpó mientras se retiraba de manera muy extraña. La puerta se cerró de golpe y Taishô miró a su amigo sorprendido, se sentó en el sillón de enfrente—, ¿qué le has dicho a la pobre?
—Nada —rezongó Miroku algo enojado—, mejor dime tú, ¿por qué estás tan ojeroso?
InuYasha miró a otro lado completamente avergonzado, no podía decirle a su amigo que no había dormido casi toda la noche por estar pensando en la imagen que le había dejado su prima antes de irse a dormir, ¿cierto?, ni que estuviera loco. Miroku lo buscó con la mirada, estaba sospechando, desde que había visto a su prima estaba muy raro, como incómodo en la prescencia de Kagome, a veces se sonrojaba sin razón y cuando les avisó lo de vivir juntos se había puesto de todos los colores, algo andaba mal.
—Nada, el pensar en el trabajo me tiene así. —Se excusó, cierto era que lo del trabajo le preocupaba ya que era mucho, pero él sabía bien que esa no era la verdadera razón de su eminente desvelo—. Mejor, me voy a seguir trabajando, Kagome y yo vamos a comenzar por nuestro continente primero.
Miroku afirmó, vio a su amigo salir rápidamente y suspiró de nuevo, había algo raro entre esos dos y lo descubriría, como que se llamaba Miroku Higurashi. Decidió concentrarse en su trabajo.
—¿Con flores rosas para las niñas? —Comentó asqueado mirando el diseño en la Tablet—, esto es cursi.
Kagome lo miró asesina, no estaba de humor para soportar las estupideces de InuYasha, no había dormido bien y el dolor de cabeza comenzaba a estresarla, esa no era buena señal. Caminó hasta Taishô y le quitó de manera brusca el aparato, lo miró con los ojos gachos por el cansancio, dándole una señal muda de "Si sigues así, te mataré." InuYasha tragó fuerte, no estaba en sus planes morir ese año.
—¿Por qué no te concentras en lo tuyo? —Inquirió mientras se sentaba a seguir con el dibujo—, lo de los diseños es mi trabajo, el tuyo es traer la materia prima por si no recuerdas.
InuYasha hizo una mueca de fastidio, así como tenía virtudes también era hostigosa la muy odiosa. Se sentó de lado contrario y comenzó con sus contactos, ya era hora de tratar de concentrarse en sus trabajos.
Para llevar un mes con el trabajo, habían avanzado rápido, ya casi tenían cubierto China y Japón, esa era buena señal, la demanda era muy fuerte y las nuevas ideas tenían que fluir con naturalidad, no repetir y saber bien el contraste que causaría la locura total de los asiáticos.
Kagome se encontraba en el estudio a media noche pintando otro de sus diseños pero en sábanas, estaba muy concentrada, las ideas bombeaban su mente de una manera exquisita, llevándola a crear más diseños de los que se podría imaginar, el ver una película estadounidense la había estimulado mucho, sentía que estaba haciendo bien su trabajo. Sonrió satisfecha al terminar de pintar y observó los últimos detalles, ¡perfecto!, agarró su Tablet rosa y fotografió el dibujo, lo hizo varias veces hasta tener la toma correcta. Guardó la cartulina en la gran carpeta de sus dibujos y procedió a encargarse del décimo dibujo de la madrugada.
Tomó otro sorbo de café observando cada detalle plasmado en el papel, miró los rasgos intentando ponerse en el lugar de un comprador aunque no fuera de su continente. Sonrió, ciertamente se veía bien al estilo "Los Angeles" siguió pintando con minuciosidad su trabajo. La lámpara le alumbraba muy bien a pesar de que solo enardecía la cartulina, el resto del estudio estaba a oscuras, ella llevaba un batón exterior parecido al de baño pero este de tela de seda color blanco, estaba con el cabello desordenado tenía ya doce tazas de café a su favor, estaba completamente despierta.
Los minutos se pasaban y ella no se daba cuenta, se dedicaba a pintar y plasmar su inspiración eficientemente, además de todo, con el trabajo que tenían encima, el dormir no era una opción para ganar tiempo precisamente. Su ceño estaba fruncido debido a la concentración que mantenía, realmente nada separado a su trabajo cruzaba por su mente, ni siquiera InuYasha, que era el principal factor de sus desvelos y desconcentraciones.
Nada, nada podía romper su entera concentración. Taishô miraba la escena completamente fascinado, no tan solo era buena diseñadora, buena persona, buen familiar sino que también muy responsable, aunque se le escapaba el detalle de que era buena en la cama. InuYasha no había podido dormir como le solía pasar menos seguido, su relación con Kagome había pasado de ser incómoda a ser profesional, mantenían más la charla sobre sus trabajos que con otras intenciones, ya aquellos pensamientos habían sido enterrados en lo más profundo de sus mentes.
O eso era lo que querían creer ellos.
Habían hecho una especie de trato mudo, solo con miradas se habían prometido no pensar más en lo sucedido aquella noche y seguir trabajando como compañeros normales, había pasado una noche y ya, todo había sido un rato de placer y ya, ahora estaban por cosas del destino juntos en eso, y tendrían que dejar de lado aquellas pequeñas diferencias, aunque no hayan sido del todo insignificantes.
Ahora, sus peleas respecto a cosas vanas como la comida, el arreglo o ubicación de alguna cosa era lo que no cesaba, siempre estaban peleando por alguna insignificancia y generalmente en las mañanas, salían evidentemente enojados cual si fueran enemigos a muerte dejando sorprendidos a los trabajadores del lujoso edificio. Luego, en la tarde todo se arreglaba de manera disimulada, ella empezaba cruzando alguna palabra referente al trabajo y él le contestaba, luego de unos segundo las respuesta traía otra y así terminaban hablándose sin que ellos mismos se dieran cuenta, pero era mejor así, de lejos y a la vez tan cerca, tendrían que aprender a convivir.
La vió bostezar de pronto y aquella imagen infantil le sacó una sonrisa, tenía una media hora parado allí viéndola embelesado, estaba pensando en si entrar o no, pero la verdad era que entrar era su fuerte. Terminó por abrir la puerta simulando recién haber llegado.
—¿Tampoco puedes dormir?
—InuYasha, —susurró ella sorprendida, luego suavizó la mirada—, solo me inspiré, no podía dejar escapar esa oportunidad.
Taishô caminó hasta sentarse alado de ella, abrió la carpeta y observó los dibujos, se fascinó.
—Vaya, vaya —dijo asintiendo con una sonrisa sin dejar de ver las cartulinas—, parece que tengo mucho trabajo para mañana. —Dedujo satisfecho, era obvio que aquellos diseños lo apresurarían más con la materia, tendría que llamar en la mañana a sus amigos—. Buen trabajo Kagome. —Le dijo de pronto mirándola, la chica estaba roja.
Roja por ver las fachas en las que se encontraba InuYasha, traía una dividí blanca que delineaba su bien formado pecho y abdomen y un jean desgastado a la cadera negro, su cabello del mismo color estaba revuelto dándole un estilo desaliñado muy provocativo, él hombre era todo un pecado.
Atinó a agradecer de manera suave, alzó sus ojos cafés encontrándose con los dorados, era un momento único, estaban perdidos mutuamente en el color del otro, se miraban con intensidad, como si admiraran algo inalcanzable, no había ruido alguno que los distrajera, solo sus corazones que latían desbocados. InuYasha comenzó a acercarse instintiva y lentamente, casi imperceptible, Kagome empezaba a entrecerrar los ojos, como por inercia, empezaba a sentir la respiración y el perfume de InuYasha muy cerca, y ya se estaba atontando, fue casi invisible pero a cada agonizante segundo la distancia más corta y la mirada más intensa.
El móvil de Kagome sonó rompiendo inmediatamente el momento.
—Contesta —le dijo él con la voz frustrada levantándose.
Kagome lo miró casi con desespero, no le agradaba la idea de tener que verlo irse. Agarró el celular de manera brusca y al ver el reconocedor se asustó.
—¿Sango? —InuYasha regresó su mirada, estaba en la puerta, Kagome también lo miró, hizo un gesto mudo con la mirada llena de algo indescriptible y salió del estudio.
—Kagome —oyó a la chica del otro lado, sonaba nerviosa—, ¿te desperté? —Sango se mordía la uña del otro lado de la línea. "Más bien interrumpiste un casi beso" quiso pronunciar la Higurashi pero se detuvo y negó—, que bueno, oye, llamaba para decirte algo que me acaba de ocurrir.
—¿Qué cosa? —Kagome estaba sorprendida, ¿qué le podía pasar a su amiga a esa hora?
—Es que Miroku me acaba de llamar. —La voz de Ishikawa temblaba, Kagome abrió los ojos como platos del otro lado, no podía creerlo, pero ¿a qué?—. Solo a decirme que si estoy bien, ¿puedes creer eso? —Volvió a morderse la uña del dedo pulgar.
Kagome sonrió, sabía bien lo que eso significaba en su primo.
—Miroku está a punto de perder la cabeza por ti. —Kagome colgó la llamada con una sonrisa maquiavélica, había dejado a su amiga seguramente con la intriga mortal de querer saber a qué se refería y por qué, pero ella no le iba a decir más, que ella lo descubriera por sí sola. Apagó el celular y su sonrisa se borró. Literalmente corrió hasta el pasillo con la esperanza de ver a InuYasha por allí pero no estaba, fue hasta la cocina, al comedor, a su habitación…grande fue su sorpresa, al darse cuenta de que InuYasha no estaba en el departamento.
Continuará…
Quisiera aclarar algo respecto al chapter 1, a mí no esque me guste el reggaetón, pero sí creo que la canción fue muy had-hoc para el lugar, el momento y lo irónico de la fusión de lo que yo quería transmitir, osea "eso no quiere decir que pa' la cama voy" pero ella sí quería, entonces creo que sí estaba aceptable.
.-.
Bueno, ese es un punto aparte, quería agradecer a:
Paulii Taisho: Oh, nena preciosa, gracias por seguir mi historia es un honor que te guste.
Claudia Gazierro: Waaaaaaaaa me va a dar algo, -me ventilo-, Dios, ¿cómo diste conmigo preciosa?, osea, ESTOY EMOCIONADA, eres una escritora que admiro, bueno, eres beta reader si no me equivoco, periodista o algo así, la cosa esque estás muy alimentada en esta rama. Mira quería mencionarte mi punto, tú eres una adulta, yo una niñata de catorce años que lleva ocho meses escribiendo en esta página y me da mucho gusto y nerviosismo que alguien como tú se pase a ver mi "historia" ante ti, creo que no la puedo llamar de otra manera. Me iré por los puntos que tocaste: lo del problema con el tiempo, créeme, estoy trabajando en eso. Lo de que está un poco forzado, estuve mirando el capi anterior y me parece que sí, tiene un poco, pero si disfrutas el capi, es casi imperceptible, quisiera ser más objetiva en lo que quiero transmitir así que a veces descuido detalles, pero lo de forzar es un problema bastante grave que me da miedo empeorar T.T de todas maneras te quisiera ver por aquí siempre y que chequees mi mejora. No quiero ser predecible, T.T eso es cliché
Tus review me impulsaron a publicar más rápido, gracias por todo linda eres un amor.
*w*
Creo que por ahora nada más, cuídense preciosuras.
