Capítulo 3: Confusión
Ángela
Mi definición de misión: llevar a cabo una acción peligrosa con el fin de obtener algo.
Definición de misión de Ciel: poner a otra persona a hacer sus tareas y no dejar que nadie descubra que él no la hizo.
Jamás en mi vida me imagine haciéndole la tarea a un noble, sobre todo a uno que era el dueño de las empresas más famosas de juguetes. Aunque siendo sincera tampoco me imaginaba bajo el mando de uno.
No terminaba de finalizar una tarea cuando Ciel ya me pasaba otra. Así estuvimos por dos horas y ya empezaba a sospechar que tenía bastante tarea acumulada, literalmente.
El día no había empezado con buen pie. Sebastian previniendo que no lo volviera a atacar me lanzo agua fría desde una cubeta, cabe decir que lo eche a patadas de la habitación. Y ahora heme aquí, traduciendo un párrafo de cuatro líneas al francés. Y lo peor es que no sabia que venia después.
-Así que sabes francés –dice Ciel.
-Por supuesto que si –le digo poniendo los ojos en blanco-. ¿Cuánto mas falta?
-Todo eso –me dice señalando una mesita a su lado que no había visto en donde esta una pila de papeles- Pero lo dejaremos para después. Dentro de un rato vendrá un invitado especial.
Agarra la tarea que ya había realizado y se queda pensativo mientras la revisa. Es impresionante como un niño tan pequeño pueda dirigir una empresa, bueno no creo que fuera un niño normal porque elegir el trabajo por sobre jugar un rato no es normal.
-Parece que lo hiciste bien. Ahora ve a buscar el bastón que encargue la semana pasada, Sebastian te indicara el camino.
-¿Eso no debería hacerlo Sebastian? -le pregunto un poco irritada.
-Sebastian va a estar ocupado organizando el juego para nuestro invitado especial.
Con solo dos días aquí he llegado a una conclusión: definitivamente este mocoso no es humano.
-Bueno Shel mientras yo busco tu querido bastón, tú ponte a jugar con tu invitado especial.
Me pongo el abrigo y salgo de su oficina. La mansión es grande y hermosa, como lo supuse. Cada pasillo cuenta una historia diferente, al igual que cada cuadro. No espero a que Sebastian me de las indicaciones, ni tampoco espero el carruaje, simplemente me voy caminando, esperando que aun me quede un poco de dignidad.
Cuando llego a la ciudad parece hacer más frío, así que decido ir directamente a la tienda si no quiero morir congelada. La pequeña tienda solo tiene el recibidor y la parte de atrás que no debe de ser muy grande.
-¡Buenos días señorita! ¿Necesita algo?
Que hombre tan feliz, si se diera cuenta de la realidad no estaría así. Probablemente su esposa lo estuviera engañando con un extranjero que pronto se iría y la dejara con el corazón destrozado y el hombre no pudiera sanar su corazón provocando la separación de estos, o probablemente la historia es otra.
-Vengo a buscar un encargo del Conde Phantomhive.
-¡Si! Aquí tiene, que pase un buen...
Me retiro antes de que pudiera decir algo más. Estaba dispuesta a volver a la mansión, sin embargo recuerdo la pila de papeles a un lado del escritorio de Ciel y lo reconsidero, total a nadie le hace mal una caminata.
Recorrí las diversas tiendas por un tiempo y me prometí a mi misma que cuando estuviera libre y tuviera dinero me compraría cada cosa que viera.
-¡Mira mami! Un nuevo conejo –grita un niño emocionado a su madre.
-Pero hijo ya te compre dulces.
La tienda era de la compañía Phantom, una empresa creciente hecha a partir del poderoso apoyo y el espíritu fuerte de los adinerados y la burguesía, es la compañía de confección de juguetes de Inglaterra que ha crecido rápidamente en poco menos de tres años con novedades originales que las otras clases no han visto. Ahora la felicidad que les dan los juguetes a esos niños dependerá de que su líder siga en el poder.
Regreso sobre mis pasos para volver a la mansión, pero después de dar unas cuantas vueltas por la ciudad, supe que estaba perdida. Genial, lo que me faltaba.
Empecé a caminar buscando un lugar conocido, y sin darme cuenta ya estaba en un lugar solitario rodeada por vagos.
-¿Y esta linda señorita que hace tan sola?
-¿Que tienes en el maletín?
-¿A que viniste acá?
-¿Eres de la nobleza?
Me empezaron a hacer todo tipo de preguntas mientras me rodeaban. Muy mal para ellos, ya que no estaba de humor. Sebastián levantándome de una forma muy poco agradable, Ciel con su tarea interminable y el frío matándome, sin duda no era lo más recomendable hacerme enojar.
Deje el maletín en el suelo y me lance sobre el hombre que tenia mas cerca. Solo eran ocho hombres y en unos cuantos minutos acabe con seis, ya que todos estaban borrachos, pero dos de ellos escaparon. Tome el maletín y me arregle lo que se había salido de lugar.
Cuando me dispongo a caminar por el lado en que llegue oigo unas pisadas apresuradas y volteo pensando que eran aquellos dos que escaparon, y no me equivoque. Los dos hombres que escaparon traían a otros dos, uno de ellos debía de medir como 1,90 y el otro apenas le llegaba al hombro. El hombre alto tiene un turbante en su cabeza, el cabello blanco y ojos grises, el bajo tiene los ojos dorados y el cabello hasta los hombros de color ciruela, ambos de piel oscura y por sus ropas parecían venir de India.
-¿Donde esta la persona que ataco a estos hombres inocentes? –dice el hombre mas bajo.
¿A este se le fundió el cerebro o que? Yo soy la inocente aquí.
-Yo fui la que me defendí. –le corregí.
El hombre, aunque parecía mas un adolescente, volteo hacia mi, me miro de arriba a abajo y se hecho a reír.
-¿Tu, atacando a seis hombres? –logro decir entre risas.
-Si no tienes nada mas que decir me voy.- le digo al momento que le doy la espalda y sigo caminando.
-¡Espera! Tengo una pregunta.
Se acerca a mí y me acerca un papel.
-¿Has visto a esta mujer?
Miro el papel y le pregunto:
-¿Esto es un perro?
-No, ella es mi nana
Si eso era un "ella" no quería saber como es en realidad
-Bueno no la he visto, hasta nunca.
Le entrego el papel con su dibujo asqueroso y me dispongo a seguir caminando.
-Espera, ¿cual es tu nombre?
-Ángela -le digo sin detenerme
-¡Yo soy Soma, es un gusto!
Por suerte no lo volvería a ver. Lo ultimo que escucho de él, es que les dice a los otros dos hombres que sigan buscando por otro lado al culpable. Me volteo a mirarlo y me doy cuenta de que se a quedado de pie en el mismo lugar mirándome, cuando se da cuenta que lo estoy viendo me giña un ojo y se va. Muy bien Ángela, otra cosa para agregar a la lista del día caótico que estas teniendo.
Cuando salgo por fin de ese callejón me encuentro a Sebastian con cara de enfado.
-¿Y tu que haces aquí? -le pregunto.
Él me da una mirada llena de odio antes de levantarme y cargarme sobre su hombro, después va a un lugar alejado y empieza a correr. Es increíble como corría, los arboles pasaban a nuestro alrededor rápidamente, sus pisadas no dejaban rastro detrás de si, ni tampoco levantaba las pocas hojas. Por un momento me sentí alejada del mundo, era tan relajante ir a tan rápida velocidad que deseaba que durara un poco mas. Pero lo bueno dura poco. De un momento a otro ya estaba de pie al frente de la mansión.
-Pasa rápido. No quiero cuidar de alguien como tú si te refrías -me dice Sebastian con desprecio
-¿Te preocupas por mi? Que lindo.
Pone los ojos en blanco y entra a la mansión, y como no quiero que me ocurra algo más lo sigo, pero mi mal día no acababa ahí. Al entrar me dirijo a la sala.
Cuando voy a entrar una sensación me deja aterrada, siento como muchas serpientes se enroscaran en mi cuerpo y me apretaran poco a poco, esperando la decisión de su maestro de devorarme. El hombre que produce ese miedo esta sentado al frente de Ciel hablando normalmente, como si fueran viejos amigos. Quería correr y apartar a Ciel de ahí, llevarlo a un lugar seguro donde no lo puedan alcanzar, y a mi tampoco, pero no podía moverme, sentía el terror creciendo dentro de mi. Iba a decir algo, gritarle, pero antes de que lo hiciera alguien me tapa la boca y hace que retroceda.
-Entonces Conde, ¿no le va a decir cual era la identidad de "Jack el Destripador" a Su Majestad? -le pregunta el hombre a Ciel. Y como lo supuse, su voz indica que es peligroso.
Me volteo para ver a la persona que me mantiene sin hacer nada, y mayor fue mi sorpresa cuando descubrí que es Sebastián. Él me indica con su otra mano que haga silencio. ¿No es su deber cuidar de Ciel? ¿Como se podía quedar ahí tan tranquilo viendo que su amo estaba al frente de esa bestia?
-Por supuesto que no. Y así como elimine a "Jack el Destripador" voy a eliminar a cualquiera que haga preocupar a Su Majestad. Creo que deberías tomarte en serio mis palabras de una buena vez. -le contesta Ciel
Me quede sorprendida de como Ciel podía hablar con tanta calma delante de ese hombre. De repente Ciel me mira y asiente levemente, volteando rápidamente para que el hombre delante de él no se de cuenta. En ese momento me doy cuenta que estaba temblando y me tranquilizo un poco. Vuelvo a mirar con más atención. Están jugando al ajedrez, ¿así que este era el juego especial? El hombre tiene los ojos completamente cerrados y viste ropas de China, y puede que sea uno, ya que sus rasgos son muy similares.
-Hay Conde, no sea malo. Yo me divierto mucho con usted.
-Pues controla tu plantación si quieres seguir viviendo en Inglaterra.
-Como desee.
-Jaque mate. Fue un placer jugar contigo Lau, espero que esto te haya servido de algo.
Lau le sonríe y se levanta. Vuelvo a tensarme, pensando cual seria su próximo movimiento. Y de un momento a otro estoy en la oficina de Ciel.
-Siéntate y tranquilízate.-me dice Sebastian.
Después de unos minutos llega Ciel. Se sienta en su silla y le pide a Sebastian que traiga té.
-¿Que te pareció ese hombre? -me pregunta cuando vuelve Sebastián que nos entrega el té.
-Peligroso. Esta tramando algo. -digo inmediatamente.
Levanto la vista del té. Esta mirándome seriamente, después voltea la vista a Sebastian y le dice:
-Quiero que investigues acerca de los negocios sucios que tiene Lau y también si es un peligro para Inglaterra.
-¿Va a confiar en ella?- le pregunta Sebastian.
-Las mujeres tienen algo que nosotros no: un sexto sentido. Además ella solita supo que tú no eres humano.
Me sentía alagada, tenia que admitirlo. Desde un principio tenia mis sospechas de que Sebastian no era humano, pero no le tome tanta importancia cuando Ciel me lo confirmo. Si Sebastián esta a servicio de Ciel no creo que me pueda hacer nada. Sebastian salió de la habitación dejándonos solos.
-¿Como te fue en al ciudad? Espero que hayas traído el bastón- me dice.
Hasta ahora no había soltado el maletín, lo agarraba con tanta fuerza que ya comenzaba a doler. Lo solté un poco y lo puse encima del escritorio pasándoselo.
-Derrote a seis hombres y me encontré con un raro procedente de India.
-Interesante. Hay una pregunta que me ha estado rondando... -comienza a decir mientras examina su bastón.
-¿Una? -lo interrumpo.
Me sonríe y dice:
-Varias, pero la más importante: ¿qué eres?
Me quede confundida por su pregunta. Ahora era como su sirvienta o algo así ¿no?
-Me refiero a que si eres humana. -repone al ver mi confusión
Lo miro detenidamente para ver si esta bromeando. No, parece que no.
-Es obvio que soy humana. Si hubiese sido como tu mayordomo no estaría aquí, sino muy lejos, eso te lo aseguro.
-Tienes razón. Solo estoy confundido. ¿Porque como es posible que tu sola puedas derrotar a seis hombres?
-¡Ah! Eso no te lo había dicho -le respondo- yo fui entrenada especialmente por mis hermanos mayores, ellos querían que me uniera a los guardaespaldas especiales de la Reina, solo que mi madre tomo otra decisión. Realmente era la esperanza de todos mis hermanos. También mis hermanas, ellas me adoraban y me consentían, y me enseñaron a hacer cualquier tarea del hogar. Bueno, suficiente de mi, cuéntame de ti.
Me miro sorprendido. Seguramente de como podía cambiar tan rápido de tema. Después empezó hablar:
-Mi vida no fue muy interesante que digamos. Vivía con mis padres en esta mansión con puros lujos. Ellos eran mi vida completa, los amaba. No tuve hermanos menores, ya que ellos fueron asesinados antes de tener a otro hijo. También quería mucho a mi perro, Sebastian. Pero crecí rodeado de amor y armonía. Constantemente nos venían a visitar mi tía y mi prima. Eran divertidos esos días, pero ya no más.
De repente su mirada se ensombreció. Se levanto y fue a la puerta, cuando estaba a medio abrir se volteo y me dijo:
-Prepara tus cosas, nos vamos mañana a un resort.
Después salió dejándome sola para reponerme de aquel susto. Tenía tantas cosas que asimilar pero a la vez ninguna, eso era bueno de alguna forma, así no pensaba en mi pasado.
Me levante y fui a la habitación que me habían asignado. Pase toda la tarde y parte de la noche ordenando mis cosas. Se supone que íbamos por tres días o más a un resort, pero conociendo a Ciel tenía que hacer un trabajo. Pero ¿donde seria?
Fui a su oficina para preguntarle, pero no estaba ahí. Pase por el salón, el comedor, el jardín, y tampoco estaba. Solo quedaba su habitación. Era raro, Ciel no se iba tan temprano a la cama, y tampoco estaba Sebastian por ahí impidiéndome el paso a alguna parte de la casa.
Cuando estaba a punto de abrir la puerta escuche unos gemidos seguido de Ciel gritando el nombre de Sebastian. Ya va, ya va, un momento. No puede estar pasando esto ¿cierto? ¡Hay por Dios! Estoy viviendo bajo el mismo techo de dos hombres que se aman de una manera muy diferente. Eso explica muchas cosas, como por ejemplo: Sebastian siempre me trataba de esa manera porque quería a Ciel solo para el. ¿Como no me había dado cuenta antes? Y si Ciel queda embarazado, podría haber una alta probabilidad. Todavía no estamos completamente seguros de eso ¿o si? ¿Cómo funciona el cuerpo de un hombre? ¿El bebe nacerá a los nueve meses?
Estaba tan sumida en mis pensamientos que no me di cuenta que había alguien afuera de la ventana mirándome, hasta que otro grito de Ciel me devuelve a la realidad y lo veo. No lo pienso dos veces, abro la ventana y salto hacia el árbol mas cercano, después empiezo el descenso y la persona también se encontraba abajo, esperándome.
Cuando llego al suelo intento crear una maniobra de evasión, sin embargo la persona se mueve más rápido y me abraza por detrás. Intento escapar, pero me tiene agarrada fuertemente. Pensaba en gritar al menos alguien de la mansión escucharía mi grito, pero antes de que lo haga la persona se acerca a mi oído y me dice:
-Tranquilízate, puedes confiar en mi -me da un beso debajo del oído provocando un estremecimiento por mi parte. Por la voz se que es un hombre, es extraño pero sentía que podía confiar en el- Necesitaba hablar contigo, pero ahora no tengo tiempo, el mayordomo empieza a sospechar. Solo te pido que esperes un tiempo más. Si sientes que Ciel y su mayordomo te acorralan di mi nombre, ya sabrás cual es. Te quiero.
Después de esas palabras todo se volvió negro, dejándome con las peores dudas. Sin duda alguna, esto también iría a mi lista del mal día que tuve.
