Someone To Save You.
Disclaimer: Twilight no me pertenece, al igual que sus personajes. Todo pertenece a Stephenie Meyer.
Importante: Algunas cursivas son pensamientos.
N/A: Gracias por leer y comentar. Son increíbles :)
R&R!!
º0º0º0º0º
Capítulo Tres: If I Am.
The answers we find,
Are never what we had in mind.
So we make it up as we go along...
Jacob POV.
Pasaron un par de días en los cuales no vi a Krista ni a Keira. Aún así, Krista me dejaba una canasta con comida a la hora del desayuno, a la hora del almuerzo y a la hora de la cena. Ella tenía cosas que hacer y no podía salir. Lo que me dio tiempo para pensar en todo. No había tenido información de Sam y los chicos en muchos días, así que entré en fase para enterarme como iban las cosas. En el momento en que me transformé, miles de imágenes y voces invadieron mi cabeza.
-¡…No puedo creer su desfachatez!-dijo Leah.
-Cálmate, Leah.-dijo Sam.
-¿Qué está pasando?-pregunté.
-Nada, Jacob.-dijo Sam.- No tienes porque preocuparte.
-Esa no me la trago.-dije.
-¡Oh, vamos!-dijo Quil.- ¡Jacob debe saber!
-¿Qué es lo que debo saber?
-Quil.-pude notar el tono amenazador de Sam.
-¡Lo sabrá tarde o temprano!-dijo Seth.
-Cállate, Seth.-dijo Embry.
-No entiendo nada.-dije enfadado.
-Es lo mejor, créeme.-dijo Sam.
-¿Esto tiene que ver con Bella?
Silencio.
-¡Ja! Lo sabía.
-Jacob…-dijo Jared.
-¿Qué hizo ahora?
-No te vamos a contar.
-Sam, tú sabes que lo puedo leer en sus mentes. No lo he hecho todavía, pero lo haré.
Silencio. Nadie me respondió, ya que todos habían salido de fase al mismo tiempo.
-¡Miedosos!-chillé.
Salí de fase y me senté enfadado sobre el suelo. ¿Qué habría hecho Bella para que Leah se enfadara tanto y para que Sam no me quisiese contar? Tenía mis sospechas, pero quería cerciorarme. Quería saber la verdad. Así que me dirigí al pueblo más cercano. Saqué unas monedas que tenía en el bolsillo del pantalón que me había robado y las usé para llamar desde un teléfono público.
Sabía que no iba a sacarles información a los chicos, así que llamé a la única persona que me contaría todo. Sabía que no me pondría problemas y me contaría con lujo y detalles. Marqué los números y enseguida me contestaron. Escuché mucho ruido ambiental, por eso me costó escuchar a la persona.
-Habla Charlie Swan, ¿con quien hablo?
-Charlie, soy Jacob. Jacob Black.
-¡Dios Santo!-dijo Charlie.- ¿Cómo estás, Jacob?
-Bien, ¿y tú?
-A decir verdad, algo estresado con los preparativos de la boda. Billy me contó que estabas visitando a Rachel. ¿Qué tal lo estás pasando?
-Eh…muy bien.
-¡Charlie!-gritó una mujer.- ¡Necesito que veas las telas para los manteles!
-Ya voy, Alice. Lo siento, Jacob, pero debo marcharme. Alice me necesita para decidir el color de los manteles. ¡Puaj!
-Suerte con eso.
-Hablamos otro día.
-¡Espera!-grité antes de que Charlie colgara el teléfono.
-¿Necesitas algo más?
-¿Podría hablar con Bella?
-Hum…-Charlie dudó antes de contestarme.-Lo siento, Jacob.
-¿Qué pasa?
-Bella no está en casa. Fue a ver algo relacionado con su despedida de soltera con Rosalie.
-¿Cuándo la podré encontrar en casa?
-No lo sé…lo siento.-volvió a decir.
-No hay problema. Dile que la llamé ¿ok?
-Lo haré, no te preocupes.
-¡Charlie!-gritó Alice.- ¡Esme está apurada!
-Ya voy, chicas. Nos vemos, Jacob. Lo siento, Esme. Es que era Jacob quien llamó y…
Charlie colgó el teléfono y yo me quedé con el auricular en mi mano. Fue a ver algo relacionado con su despedida de soltera con Rosalie. La voz de Charlie retumbó en mi cabeza. Suspiré y me marché del pueblo. Mientras caminaba, me ponía a pensar en todas las cosas que Charlie me había dicho. Al parecer, Bella estaba muy ocupada con lo de la boda. También pude notar que Charlie estaba bastante animado con lo de la boda y que Bella estaba feliz. Que bueno por ella. Por lo menos pudo seguir con su vida tranquilamente y no se estaba arrepintiendo de su decisión. Me senté sobre un tronco que estaba fuera de mi cueva. Me gustaba ese tronco, ya que estaba iluminado débilmente por un rayo de luz que se colaba entre las copas de los árboles.
Quería hablar con Bella y no lo había logrado. La conversación con Charlie me había dejado tranquilo, pero me habían dado ganas de ver a Bella. Quizás hubiese sido peor si es que hubiese hablado con ella. Suspiré. Cerré los ojos y dejé que el calor del sol me calentara el rostro. No es que lo necesitara, pero me gustaba la sensación que me dejaba el calor del sol.
-¿Jacob?
Abrí los ojos de par en par. Por un momento pensé que se trataba de Krista, pero me equivocaba.
-Aquí estoy.
Salí del bosque y me encontré con Keira. Estaba usando un par de jeans pitillo y una polera de tirantes verde con un gran escote. Su rostro volteó hacia donde yo estaba. Comencé a ponerme nervioso. Keira tenía el cuerpo más desarrollado que su hermana. Sus cuervas eran más perfectas y su cuerpo estaba más tonificado.
-¿Te ha gustado el almuerzo?
Me preguntó mientras comenzaba a caminar hacia mi dirección.
-Aja.-fue lo único que pude decir.
-Que bueno. Krista me molesta todos los días para que te traiga comida. Dice que le caes bien.
-Y eso… ¿es algo malo?-pregunté.
-¿He dicho eso?
-No, pero sonó como si fuera algo malo.
-Ya te estás poniendo paranoico.
-¿Qué dijiste?-pregunté a la defensiva.
-¿Qué hacías?-me preguntó cambiando de tema.
-Nada.-me crucé de brazos.
-No te creo.
-¿Por qué no me crees?
-Porque hace media hora vine y no me respondiste ¿Qué estabas haciendo hace media hora?
-Estuve hablando por teléfono.
-¿Con tu madre?
-Así es.-mentí.
Ella no tenía porqué saber sobre la historia de mi vida.
-¿De que hablaron?
-Nada importante. Me preguntó si estaba bien y yo le dije que sí.
-Que bueno.
Silencio. No se me ocurría que decir. Era algo incómodo estar hablando con ella. Apenas la conocía y no tenía nada que ver conmigo.
-¿Cómo es tu papá?
-¿Qué?
-Te pregunté: ¿Cómo es tu papá?
-¿Para que quieres saber eso?
Ella bufó. Se cruzó de brazos y me miró feo.
-Krista dice que eres una persona interesante.
-¿Eso dice de mí?
-Así es. Y yo sólo quiero comprobarlo. Pero si a ti no te interesa…
Se dio media vuelta y comenzó a caminar. Suspiré resignado y corrí para detenerla.
-Está bien.
-¿Qué?
-Te contaré sobre mi padre.
-Oh, está bien. Te escucho.
-Es una persona muy amable.-dije y me encogí de hombros.
No sabía que más contar sobre mi papá. Todo el mundo que conocía, ya conocía de antes a mi padre. Nunca había tenido que hablar sobre él.
-¿Estás bromeando?
-¿Por qué?
-¿Eso es todo lo que me contarás?
-No sé que más contarte.
-¿Cómo se llama?
-Billy Black.
-Billy Black.-repitió.- Es un lindo nombre.
-¿Cómo se llama tu papá?
-Peter Saint James.
-¿Tú apellido es Saint James?
-Así es. ¿Nunca te lo contó Krista?
-No.
-Oh, ya veo. Lo más probable es que piense que eres de por acá. Todo el mundo nos conoce.
-¿Tu familia es muy conocida por aquí?
-Es…importante.-dijo- Todo el mundo conoce a Peter St. James y a su mujer, Stella. Y obviamente a sus hijas; la ciega y la rebelde sin causa.
-¿Qué?
-Así nos conocen. Pero es la verdad. Mi madre siempre se aprovecha de la condición de Krista para que todo el mundo crea que es una mártir.
-No creo que tu madre sea capaz de utilizar a tu hermana de esa manera.
-La pobre Stella St. James…le costó mucho tener hijos, ya que le habían diagnosticado infertilidad. Pero, cuando al fin lo logró y tuvo a sus preciosas gemelas, sufrió un giro cruel del destino. Una de sus hijas quedó ciega.-dijo con ironía.
-¿Qué fue eso?
-La noticia que salió en el diario el día que… ¿Krista nunca te contó esa historia?
-¿Qué historia?
-Es mejor que ella te lo cuente.
-No, cuéntame tú.
-Ella se enfadará. Mira ahí viene Krista. Los dejo solos.
-¡Espera, Keira!
-¿Qué pasa, Jake?
Me quedé petrificado. ¿Me acababa de llamar Jake?
-Eh…
-¿Te puedo decir Jake o te molesta?
-No, no, para nada.-dije con un hilo de voz.
El hecho de que me llama así, me recordaba a Bella. ¿Por qué tenía que aparecer Bella siempre? ¿Es que no podía dejarme solo por un momento? Siempre estaba ella en mis pensamientos. Sin importar en qué estuviera pensando.
-Ok. Nos vemos Jake.
Keira comenzó a caminar, pero se detuvo. Volteó para verme y sonrió.
-Me caíste bastante bien, después de todo.
Le sonreí de vuelta. Ella era amable, después de todo. Le dio un abrazo a su hermana y se marchó. Krista llegó a donde yo me encontraba y frunció el ceño.
-¿Qué hacía Keira acá?
-Vino a cerciorarse de que no fuera un psicópata.
Ella rió a carcajadas. Se sentó sobre el césped y yo me senté a su lado. No sabía como comenzar una conversación con ella. Lo que me había dicho Keira sobre la historia del diario me había dejado pensando.
-Krista…
-¿Dime?
-Tu hermana me mencionó algo hace un momento.
-¿Qué sería?
-Me mencionó algo sobre una historia en el diario.
-Oh, eso.
-¿Te molestaría si me cuentas sobre eso? Tu hermana no quiso contarme. Me dijo que tú debías hacerlo.
-Muy considerado de su parte.-dijo sonriendo.- Esa historia es sobre mi accidente.
-¿Salió en el diario?
-Sip. Se escribió una historia después de que desperté del coma y los doctores se dieron cuenta de que había quedado ciega. Fue una noticia muy trágica e hizo llorar a todo el pueblo.
-¿Lo dices de verdad?
-Así es, Jacob. ¿No me crees?
-Eh…
-En mi libro está la noticia.
-¿Dónde está tu libro?
-Aquí lo tengo.
Buscó el libro entre sus cosas y me lo ofreció. Sentía curiosidad. ¿De verdad había salido una noticia y todo? Tomé el libro y me apresuré a volver. Me senté a su lado y abrí el libro.
-Es el papel doblado.
Saqué con cuidado el papel. Era una noticia antigua del diario local. El titular salía en negrita y decía: TRÁGICO DESTINO PARA KRISTA SAINT JAMES. Me estremecí.
-Si no quieres leerlo, no lo hagas.
-Quiero hacerlo.
-Entonces léelo en voz alta.
-Como quieras. "¿Quién no conoce la historia Stella St. James? Única hija de un millonario del sur. Se casó con su novio de cinco años, y cuando quiso tener hijos, no pudo. La causa de todo este sufrimiento fue su infertilidad. Pero no se rindió. Después de muchos esfuerzos lo logró. Y tuvo a sus preciosas gemelas: Krista & Keira St. James. Aún así, su vida sufrió un giro cruel del destino. Su hija Krista quedó ciega. La tarde del viernes 16 de abril fue una tarde como cualquiera para nosotros. Pero no para los Saint James. Esa tarde, Krista, una de las hijas de la pareja sufrió un trágico accidente, el cual le cambió la vida. La pequeña Krista, de sólo cuatro años, se encontraba jugando en el jardín de su enorme mansión junto a su niñera, Kendra." Hey, espera… ¿Tu niñera no se llama Camille?
-A Camille la contrataron después del accidente. Kendra era mi niñera anterior.
-¿La echaron por lo de tu accidente?
-Así es. Mi madre le echó la culpa de lo que me había pasado. Era imposible que Kendra hubiese hecho algo para ayudarme. Lo que dice el diario está mal. Kendra no estaba conmigo. Yo me había escapado de su cuidado y ella me estaba buscando. Es por eso que no pudo hacer nada…
-Vaya…
-Sigue leyendo.
-"Fue ahí, cuando ocurrió el trágico accidente. El jardinero estaba cortando el pasto con una sofisticada máquina, cuando ésta se tragó una pelota de golf perteneciente a Peter Saint James. La máquina para cortar el pasto lanzó la pelota de golf a gran velocidad. Y, lamentablemente, ésta golpeó a la pequeña Krista. Dejándola en coma." Que trágico.-comenté.
-Sólo sentí el golpe. Después de eso, todo se puso negro y no ha dejado de estarlo.
-"Después de tres días en coma, la pequeña Krista despertó. Pero cuando habló por primera vez, horrorizó a su pobre madre. Las primeras palabras de Krista fueron…"
-Mami, ¿Por qué está todo oscuro?-dijo ella.- Es difícil olvidar esa parte.
-Lo siento. ¿Quieres que siga?
-Obvio, no me molesta que conozcas mi historia. O por lo menos, la historia que todo el mundo conoce.
-Voy a continuar.-me aclaré la garganta y continué- "Ese inocente comentario destrozó a su madre. Después de eso, nada volvió a ser lo mismo. Los doctores les explicaron a los Saint James, que la pelota de golf había desconectado ciertos nervios ópticos. Y eso había provocado la ceguera. Stella le rogó a los doctores para que la operaran. Pero ninguna operación pudo arreglar el daño permanente de Krista. La pequeña heredera del multibillonario imperio deportivo de los Saint James quedará marcada para toda su vida. Y sólo Dios sabe si podrá vivir con esa maldición."
-Como te dije, no es una maldición.
-¿Eres heredera de un multibillonario imperio deportivo?-pregunté sorprendido.
Había ignorado por completo su comentario. Ella comenzó a reír.
-Algo por el estilo. Keira y yo lo somos.
-¡Vaya! Eso explica muchas cosas.
-¿Cómo cuales?
-La casa.
-¿Qué más?-preguntó entre risas.
-El otro día, vi a tu madre salir en un Mustang. También la he visto salir en un Aston Martin, en un Porsche, un BMW, un Mercedes y no me acuerdo que más.
-También tenemos un volvo, un camaro, un Hummer y si no me equivoco, un Escalade.
-¡Vaya!-dije emocionado.- ¡Tienes muchos autos!
-No son míos. Son de mis padres… bueno, el Escalade y el Hummer son de Keira. Yo no puedo manejar, así que cuando necesito algo le tengo que pedir a mi chofer que me lleve… o a Keira. Cuando está de humor.
-¿En que auto?
-Todos son iguales para mí.
-¡Eso no lo creo! Debe haber uno especial para ti.
-A decir verdad, me encanta salir en el Hummer de Keira. Me siento muy protegida.
-¡Que ganas de andar en un Hummer!
-Algún día se lo pido a Keira para que vayamos a pasear.
-¡Eso sería increíble! ¿Tú crees que me lo prestaría?
-Obvio, ¿Por qué no?
-¡Wow!-dije emocionado.
-Estás muy emocionado.-dijo sonriendo.
-¡Me encantan los autos!-dije.- En especial arreglarlos.
-Lamentablemente, todos funcionan. O sino, te recomendaría.
Comencé a reír a carcajadas y ella me siguió.
-Te tengo una pregunta.-le dije mientras trataba de calmarme.
-¿Cuál?
-¿Quién es la persona de la foto?
-Somos Keira, yo y mi padre.-me dijo.
-¿Tú?
-Es la última foto que me tomaron antes del accidente.
-¿Puedo verla?
-Obvio.
Sacó la foto del libro y me la pasó. Yo le devolví el recorte del diario y lo puso entre las páginas. En la foto había un hombre de cabello rubio y ojos celestes grisáceos, junto a dos niñas de iguales características. Una niña salía abrazando al hombre del brazo y la otra salía abrazándolo del cuello. En los tres rostros se veía una sonrisa de oreja a oreja.
-¿Tenías los ojos del mismo color que ahora?
-La verdad, es que no me acuerdo.
-En la foto apareces con los ojos celestes grisáceos.
-Entonces, así es. Tenía los ojos del mismo color antes del accidente.
-¿Este hombre es tu padre?
-Así es.
-Se nota que las quiere mucho.
-Nos adora.-dijo sonriendo.- Pero es una lástima que no lo podamos ver muy seguido. Siempre está trabajando y viajando por el mundo.
-Lo siento.
-Es su trabajo y lo está haciendo para que vivamos durante toda nuestra vida con comodidad. Siempre piensa en lo que es mejor para nosotras
-Pero…
-Pero yo quisiera que se diera cuenta de que el dinero no es lo mejor para nosotras. Que lo mejor para nosotras es estar con él.
-Lo siento.-volví a decir.
-No lo sientas.-sonrió.- Algún día se dará cuenta.
-¿Por qué no se lo dices?
-Lo he intentado. Pero mi madre lo convence de que, como no soy autosuficiente, necesito dinero para mantenerme cuando ellos no estén más. Y que Keira nunca conseguirá esposo por su actitud.
-Tu madre suena como una persona muy…-no quise decir aquella palabra que estaba pensando. No sabía como iba a reaccionar ella si decía eso de su madre.
-¿Cruel?
-Iba a decir malintencionada, pero cruel también sirve.
Ella rió con ganas.
-Ella es así. Nunca aceptó que su princesita haya quedado ciega. Para ella fue un castigo de dios. Y ni pensar que su otra princesita se rebele contra todo lo que le ordene hacer.
-¿Por qué? Eres una persona maravillosa…y tu hermana también.-agregué.
-Gracias por ese cumplido. Pero ella quería criar a dos perfectas niñas de alta sociedad, no una ciega y a otra rebelde. Aunque mi ceguera le sirvió para ganarse la compasión y simpatía de muchas señoras millonarias. Como te dije anteriormente, todo el mundo piensa que es un mártir…
-Ver para creer.-le dije.- No puedo creer que sea tan así.
-Ya lo verás.
-¡Señorita Krista!-chilló desde la cocina la niñera.
-Es Camille.-me dijo. Se paró y me extendió su mano.- ¿Me ayudas?
-¿Me estás pidiendo ayuda?
Ella asintió.
-¿Qué pasó con eso de ser autosuficiente?
-Ja, que chistoso. ¿Me vas a ayudar o no?
-Vamos.
La tomé de la mano y la paré. Luego, me marché. A los pocos segundos apareció la niñera.
-Su madre llegará en cualquier momento.
-Voy.
La niñera recogió todas las cosas. Me quedé observándola. Entraron a la cocina y justo en ese momento, llegó la madre de Krista. Me acerqué un poco para observar. ¿Sería su madre como la describía? Me asomé con cuidado por la ventana. No quería que nadie me viera, así que tuve mucho cuidado.
-¿Krista?-preguntó una mujer, la cual supuse que era su madre. Tenía el cabello castaño claro y los ojos azules.
-Aquí estoy, mamá.
Krista estaba sentada en un banco.
-Ah, allí estás. ¿Cómo estuvo tu tarde?
-Muy placentera.
-¿Practicaste con el violín?
-No, se me olvidó.
Su madre suspiró.
-¿Se te olvidó?-preguntó. Me molestó el tono de voz que usó. Se notaba que su hija la exasperaba.- ¿Cómo se te pudo olvidad?
-Es que estuve leyendo toda la tarde en el jardín y se me pasó la hora.
-Excusas. Tú sabes que debes practicar mínimo cuatro horas diarias. Si no practicas, no lograrás nada.
-No me gusta practicar obligada, mamá.
-No hacer nada más en el día, así que es tu deber.
-Sí hago cosas.-dijo Krista. Pude notar que estaba algo dolida con ese comentario.- Leo, escucho música, veo televisión, paseo…
-Cosas inservibles.
-A papá le gusta que lea.
-Pero papá no está acá, ¿verdad? En este momento está en Tokio y no regresará hasta la próxima semana.
Krista se quedó en silencio y bajó la mirada.
-Camille.
-Sí, señora.
-Llévate a Krista a su habitación.
-Sí, señora.
-Y que practique sus horas obligatorias con el violín. O sino, la despediré.
-Sí, señora.
Camille ayudó a Krista a levantarse de su asiento. Antes de que salieran de la cocina, la madre de Krista dijo algo más.
-Krista.
Ésta volteó.
-Sin sacrificio, no hay victoria.
Krista asintió y se marchó con Camille. Me dieron ganas de aplastar a esa cruel mujer. ¿Cómo era capaz de hacerle eso a su hija? Se notaba que no la conocía. Se notaba que no conocía el ángel que era su hija. La mujer salió de la cocina.
-¿Qué te parece mi madre, Jake?
Me sobresalté al escuchar la voz de Keira. Ella estaba sentada sobre el suelo y tenía y espalda y cabeza apoyada contra la pared. Levantó la mirada y me sonrió, pero su sonrisa no estaba llena de alegría como las de su hermana. Esta sonrisa era…triste.
-Es una persona…
-Lo sé.-dijo.
Se paró y me miró a los ojos. Sentí como, con su mirada, podía saber lo que estaba pensando.
-Lo sé. No es necesario que digas más.-suspiró.- Creo que Krista te contó bastante.
-No lo sabía…yo quería…
-¿Saber si era verdad? Bueno, ahora lo sabes. Tu mamá no es así, ¿cierto?
-Eh…no.
-Que bueno. Krista me contó sobre la mujer…-dijo cambiando de tema.
-¿Qué mujer?
-La tuya.
-Oh, esa mujer.
-¿Era amable contigo?
-Sí.
-Que bueno. Eso es importante.
Keira desvió su mirada hacia el suelo.
-¿No me vas a preguntar porque me dejó?
-Ya lo sé.
-¿Ah, sí?
-Así es. Krista me contó.
-¿No te pareció…?
-¿Qué, Jake?
-No lo sé. ¿No piensas que fue injusto?
-¿Injusto? Para nada. Así es la vida.-se encogió de hombros.- Hay personas que te aman otras que no. Sé que tú querías que ella te eligiera, lo sé. Pero no siempre escuchamos las respuestas que queremos escuchar. La vida no es justa.
-¿Qué haces tú cuando eso ocurre?
Ella sonrió y se acercó a mí.
-Las invento durante el camino.-sonrió dulcemente. Pude inhalar su dulce aroma a lavanda.- Buenas noches, Jake.
Me quedé mirándola por un par de minutos. Ella entró a su casa y me quedé solo en la oscuridad. Volví a la realidad y me marché a mi cueva.
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Surfer Babe 69
