._. Ok chicos, veo que hay confusión Jajaja, lo primero que deben saber es que Sam llevaba tres años fuera de Seattle, regresa luego de ese tiempo, pero ¿Por qué lo hace?¿Por qué su comportamiento tan extraño? Ya lo verán. Lo segundo es que a mi me encanta escribir lo que "seguiría" después de iCarly, esto por si no lo han notado (Si tienen alguna recomendación de un fic luego de iGoodbye la recibiría con mucho gusto). Lo tercero es que no les voy a revelar nada más, al menos por ahora, para que lo vayan descubriendo por ustedes mismos y por último:
Opiniones, sugerencias, críticas, flores, tomatazos y/o amenazas de muerte por reviews xD.
iCarly y sus personajes NO me pertenecen, son originales de Dan Schneider.
¿Amigas o Rivales?
La noche anterior no pude dormir como había previsto, aquella mañana nunca habría pasado por mi mente lo que me tocaría vivir, un mensaje de Carly advirtiendo que era el cumpleaños de Spencer, era solo el comienzo. Mi cabeza palpitaba del dolor, la voz de mi mamá durante el desayuno era como agujas clavándose en mi cerebro, desvelarse no era bueno, definitivamente no. Lo que había ocurrido apenas horas atrás, se dibujaba en mi mente una y otra vez con insistencia, pude comprender el colosal problema en el que me encontraba, había estado jugando con fuego, estaba metido en un triángulo con mis dos mejores amigas, las consecuencias que podría traer aquello, si salía a la luz, me aterrorizaba. Carly me había pedido expresamente que le ayudara a organizar una fiesta sorpresa, no era de extrañar que allí estaría Sam también, probablemente holgazaneando y contribuyendo apenas con críticas, a mi parecer, la presencia de Sam era sobrevalorada por Carly.
El tener que enfrentarme a ambas, incluso a Spencer, era abrumador, podría haber salido corriendo o haber inventado que enfermé, pero era un acto sumamente cobarde, así que terminé, muy a mi pesar, minutos después tocando la puerta de Carly. Gibby abrió saludándome alegremente.
—¿Y las chicas? Quise decir, ¿Carly?— Titubeé al no encontrarlas, no era que pensara que Gibby podría tener una idea de lo que me pasaba, simplemente estaba realmente nervioso.
—¿Las chicas? ¿Carly y Sam?— Redundó arrugando la frente.
—Si Gibby, Carly... Y Sam.— Respondí algo impaciente.
—En la habitación de Carly, será mejor que subas, ella está que echa chispas.
—¿A dónde vas?—Pregunté al notar que se disponía a salir.
—Por yogurt de fresa, es delicioso ¿Sabías?— Rodé los ojos, las excentricidades de Gibby, eran a decir verdad tan comunes, como los días nublados en Seattle. Me dispuse a subir las escaleras, cada escalón representaba un paso para llegar a una guillotina, mis pies temblaban, mis manos sudaban. Estaba a punto de entrar a la habitación.
—¡Te dije que no Sam, los castoratones no existen!— Bramó Carly.
—Podemos hacer que existan para Spencer.—Dijo Sam suavemente.
—Creo que ustedes dos deberían madurar de una buena vez.— Replicó. Mientras todavía me encontraba indeciso, en si entrar o no.
—Oh, mira quien lo dice, alguien que cree en pie grande.— Dijo Sam ahora alzando la voz.
—¡Pie grande realmente existe!—Aseveró Carly, su voz denotaba molestia.
—Si claro.—Musitó Sam.
—Ho...la chicas— Mi lengua se enredó al entrar al cuarto y enfrentarlas por primera vez luego de lo ocurrido.
—Hola Freddie, llegaste justo a tiempo, y bien, ¿Qué opinas?— Dijo una entusiasmada Carly mientras me mostraba un cursi y recargado letrero, con las palabras ¡Te amamos Spencer, Feliz Cumpleaños! Estaba rodeado de corazones, pintado de morado y rosado, Carly estaba sentada en el piso con pinturas, tijeras, lápices de colores y algunas otras cosas que no pude distinguir, mientras Sam estaba acostada en la cama, al parecer haciendo nada.
—Pintoresco.— Dije algo contrariado, sabía que esperaba que dijera otra cosa, pero yo solo me limité a decirle eso, para no herirla con la verdad.
—¿Pintoresco?— Repitió arrugando la frente.
—"Pintoresco".— Imitó Sam exagerando una vocecita aguda.
—Ya entendí, ¿Bien? Sé que no les gusta, voy por limonada, espero no se maten mientras regreso.—Dijo Carly colocando el infantil letrero sobre el suelo. Lo observaba al parecer frustrada y luego salió. Sam abrió sus ojos como platos y miró la puerta, como queriendo huir, cuando estaba al borde de la cama la detuve.
—Tú me debes una buena explicación, y espero sea lo suficientemente buena como para que quede conforme Sam.—Reclamé mientras le obstaculizaba el paso.
—Yo no te debo nada. Creo que veinte dólares, pero puedes darlos por perdidos.— Masculló, entre tanto se encogía de hombros.
—Sabes de que hablo.— Se levantó impetuosamente apartándome.
—No sé de que hablas.—Lucía impasible, pero sus ojos revelaban temor.
—Sam tú sabes a lo que me refiero, a lo que pasó anoche.—Clavé mi mirada en la suya, estaba incómoda, la apartó rápidamente.
—¿Qué pasó anoche?— Preguntó cínicamente. —Suéltame Benson, si no quieres morir, eres un estúpido ñoño.— Soltó toscamente, logrando zafarse.
—No te parecí un ñoño anoche, ¿O si?— Atrapé su brazo de nuevo. Ésta vez la acerqué bastante a mi cuerpo, estaba a centímetros de su cara, podría jurar que temblaba.
—¿Qué está pasando aquí?— Preguntó Carly desde el umbral, solté rápidamente a Sam y se volvió a lanzar salvajemente sobre la cama.
—Nada, solo conversabamos— Dije nervioso. ¿Podría pensar otra cosa distinta a lo que le dije? Arrugó su frente y se sentó sobre el mueble, tomó una caña de pescar y comenzó a jugar con ella, simulando atrapar peces de plástico.
—Bien, entonces ¿Qué se supone deberíamos hacer con lo del castoratón según tú?— Preguntó inquisitivamente a Sam quien estaba con los ojos entrecerrados.
—Spencer es como un niño pequeño, es fácil engañarlo, podemos comprar ratas y disfrazarlas de castores.— Masculló adormecida.
—No va a creerlo.—Musitó Carly y chasqueó la lengua.
—¿Quieres apostar?— Dijo Sam sentándose sobre la cama.
—Eso quiero verlo, ¿Qué quieres perder?— Espetó Carly volteando a verla.
—Chicas por favor.— Dije en tono conciliador ante aquella pelea inútil.
—Cállate.—Dijeron al mismo tiempo.
—Creo que yo también voy por yogurt de fresa.— Se miraban furiosamente una a la otra, ignoraban mis palabras por completo, aún más mi presencia, era una situación sin duda incómoda, era apremiante la necesidad de salir de allí cuando antes.
—La que va a perder eres tú Sam, Spencer no es tan tonto como parece.—Escuché desde el pasillo. Decidí quedarme por detrás de la puerta hasta saber como terminaría aquello.
—Como quieras, mamá nunca pierde y lo sabes.— Aseveró Sam con arrogancia.
—¿Recuerdas a Shane? Lo besé, por lo tanto, yo gané.—Dijo Carly en tono hiriente, todo pintaba mal. ¿Qué les sucedía, se habían vuelto locas?
—wowowo Golpe bajo Carls.—Bramó Sam notablemente disgustada. —¿Qué te traes con Freddie?— Me tambaleé, ¿Acaso había escuchado mal? Sam parecía estar reprochándole a Carly.
—¿Yo? Nada, además no hablábamos de eso.—Carly parecía nerviosa al decir esas palabras.
—Los ví besuqueándose Carla, no me mientas.— Masculló Sam acusadoramente.
—¿Todavía sientes algo por él? No es posible, ya ha pasado tiempo desde que ya sabes, salieron.—Por el tono de la voz de Carly podría decir que estaba contrariada.
—No hagas que vomite en tu suave y acolchada cama por favor.
—No me traigo nada con Freddie, de verdad.
—Insultas mi inteligencia, pero si tú lo dices.—Bramó Sam. Estaba sin duda molesto con Carly, había renegado de mí, aunque en cierta parte me sentía aliviado por eso.
—Creo que ya no tengo ganas de comer yogurt.—Irrumpí de nuevo en la habitación. Sam y Carly se exaltaron.
—Yo si me voy, tengo hambre.— Dijo Sam cabizbaja, de golpe se levantó de la cama y se dirigió a la puerta.
—En en el refri hay toda la comida que quieras devorar, no tienes que irte— Afirmó Carly, al parecer intentaba detenerla.
—Decidí que quiero comer otra cosa que no está en tu refri, lo siento amiga.— Sam estaba herida, ofendida, de alguna manera lo sabía, su excusa inútil y sin sentido lo hacía evidente, quería, necesitaba saber el por qué, pero no era el momento.
—¿No vas a regresar verdad?—Musitó Carly en tono lastimoso.
—Noup— Respondió Sam en voz baja mientras se perdía de vista. Se había formado un silencio incómodo.
—No escuchaste, ¿O sí?—Preguntó Carly, fijando la vista en el suelo.
—"No me traigo nada con Freddie, de verdad." Aunque más bien creo que sonó algo así como "Freddie me importa un puto cero a la izquierda".—Dije acusadoramente.
—Me importas más de lo que piensas Freddie, pero no quiero que Sam lo sepa... Todavía.— Dijo suavemente mientras encontraba mi mirada.
—Creo que yo tampoco.
—Va a burlarse de nosotros, probablemente por años.— Rió.
—O por siglos.—Acoté riendo también. Decidí ayudarla con lo del letrero de Spencer, sabía que era importante para ella, pásamos al menos una hora en eso, le coloqué efectos de luces y de sonido, Carly sonreía maravillada. Lo bajamos a la sala, tratando de guindarlo de alguna manera al techo, hasta que al final lo logramos, nos sentamos en el sofá exhaustos.
—¿Por qué estaban tan cerca tú y Sam? Parecía que le reclamabas algo.— Preguntó arrugando la frente.
—Es algo sin importancia.—Respondí encogiéndome de hombros. Sonrió, se acercó aún más a mí y me besó suavemente.
—Chicos deberían dejar de hacer eso.— Masculló Gibby, con una vaso de yogurt en la mano y la boca llena, derramandolo por la comisura de sus labios.
El día transcurría normalmente. Hicimos bocadillos, T-Boo se unió a la preparación, lo mismo hizo mi mamá algo renuente, Spencer estaría por llegar según un mensaje que mandó a Carly, quien frenéticamente llamaba a Sam, lucía molesta, realmente molesta.
—¡Te juro que Sam se las va a ver conmigo! ¿Dónde se metió?—Espetó, lanzando furiosamente el teléfono sobre la barra del desayunador. Acto seguido Spencer entraba por la puerta, Gibby apagó la luz torpemente y luego la encendió.
—¡Sorpresa!— Gritamos todos al mismo tiempo. A Spencer parecía que la quijada iba a caérsele al suelo. Se acercó a nosotros dando saltos.
—¡Wow chicos no debieron molestarse, en serio!— Sonrió abiertamente, luego arrugó la nariz. —Tú aquí, y tú por aquí creo que así se ven mucho mejor.— Haló a Carly por su brazo y la colocó a su lado izquierdo interponiéndose entre nosotros. Sam irrumpió por la puerta al poco tiempo. Llevaba una caja azul con agujeros y con un moño en sus manos.
—¿Spencer?— Le llamó sonriendo.
—¡Sam!— Gritó Spencer corriendo a su encuentro y abrazándola.
—Aquí tú regalo amigo, espero lo disfrutes.— Sam depositó el regalo sobre las manos de él. Spencer lo destapó rápidamente, pude apreciar que sus ojos se humedecieron.
—Wow es el mejor regalo del mundo Sam, en serio, sin ofender hermanita, creo que te amo Sam, wow. Nadie me creía, un castoratón.— Lucía conmovido, enajenado viendo el interior de la caja.
—No es cierto, los castoratones no existen.— Carly sonrió sardónicamente, parecía celosa. —Dame eso.—Arrebató la caja de las manos de Spencer.— Es real.—Dijo entre dientes.
—Oh si nena, mamá movió sus contactos, por el pequeño Spencer.— Sam sonreía alegremente y desordenaba el cabello de un emocionado Spencer.
—En ese caso, te amo mamá, eres la mejor en todo el globo terráqueo.—Dijo Spencer con ojos soñadores. Se sentó en el sofá y lo palmeó indicándole a Sam que tomara asiento. —Debemos hablar, teníamos mucho tiempo sin vernos, cuéntame, ¿Qué tal Los Ángeles, con sus superestrellas y todas esas cosas Hollywoodenses? Carly apretó los labios, los miraba furiosamente. Se dirigió hacia la escalera. Debía detenerla.
—Carly, tranquila, es algo sin importancia.—Dije a su oído, se sentía terrible, la conocía muy bien, pero sabía también que Sam no lo había hecho por mal, simplemente no era su estilo, por lo que no lograba entender la reacción de Carly.
—No me digas nada Freddie— Masculló mientras soltaba mi mano bruscamente.
—Espera, no puedes irte así, es el cumpleaños de Spencer.—Dije alcanzándola en el tercer escalón.
—A Spencer parece no importarle algo que no sea el estúpido castoratón o... Sam.—Los miró de nuevo acusadoramente.
—Es tu mejor amiga.—Le recordé, al parecer lo había olvidado, su actitud hablaba por sí sola.
—Si hasta hace poco eso pensaba, por cierto, no me creas tan estúpida Freddie, sé que estuviste a punto de besarla.— Me dedicó una mirada furiosa y se perdió de vista dando pesados pasos.
