»Capítulo 3: Confesión y a la Playa

—Siempre te recordé como la niña que eras. Esos hermosos ojos de color del chocolate, tu piel blanca y suave como el algodón, tus labios rositas en forma de corazón, tus dos coletas y tu cabello ondulado cayendo en cascada. Todo de ti. Esa niña de 4 años me hechizo. Siempre te sostenía de la mano para que no tropezaras cuando corríamos. Y ese niño de 6 años siempre te veía con mucha ilusión— me quede congelada en ese momento. No recordaba haber sido así como su descripción. Pero él lo había dicho, solo tenía 4 años. Ni siquiera recordaba aun cuando tenía 7 años.

—Edward...no sabes cuánto daría poder recordar todo eso. De verdad. Pero por más que me rompa la cabeza no recuerdo nada.

—No te preocupes. Pero... ¿sabes porque yo aun te recuerdo hasta este momento?— negué con la cabeza —Porque tú me gustabas. Y aun me gustas, Bella. — Ipso facto! Mi corazón latió con fuerza y sin compasión, pues golpeaba mi pecho como si quisiese salir en ese preciso momento. Odie, en ese instante el mal hábito de ponerme roja con cualquier cumplido, declaraciones, vergüenzas entre otras cosa más. Baje la vista para cubrir mis mejillas totalmente rojas.

—Y-yo. N-no sé que de-decir— no podía ni siquiera articular una sola palabra. Estaba confundida aturdida por las emociones que sentía y ese aleteo en mi estómago que no me dejaba de molestar.

—No digas nada. Solo no me niegues estar apartado de ti— ¡pero qué rayos! ¿Porque me decía eso? El no me conocía. Al principio creí que quería una amistad por que reíamos y ahora me sale con esto.

—No Edward, tu estas mal de la cabeza. Apenas si me conoces, porque no buscas a una chica fácil que te diga que si la primera vez que lo dices. Tú y yo no debemos, somos primos. — no supe de donde me salió tanto valor para decirle eso.

—Te equivocas Bella, tu y yo no somos nada— arrastro la última palabra como no queriendo decirla. Sus ojos ya no tenían brillo, se tornaron nublados y negros.

—Lo siento Edward. Creo que arruinaste este momento— me levante del asiento y fui cuando me di cuenta de que estábamos metidos en una burbuja, la cual había sido reventada por él.

Me iba directo a la habitación donde estaría cinco semanas. Todos convivían felices, pero como siempre a mi me tocaba lo malo. Un momento estaba feliz y en un instante ya estaba furiosa o triste. En este caso eran los dos últimos sentimientos.

—Ey Bella, a donde vas ya estamos a punto comer— escuche decir a Renée, pero solo me limite a contestar y no a mirarla.

—No tengo hambre— seguí mi camino hecha furia, ni yo misma entendía mi comportamiento.

Subí rápido los escalones que llevaban a mi habitación para después abrir la puerta y cerrarla de golpe. Me tumbe en la cama con muchas ganas de llorar y dormir. Opte por hacer la segunda opción. No quería que me vieran llorar mucho menos en esta familia.

No tarde mucho en conciliar mi sueño y caer en la profundidad de la oscuridad. Definitivamente serían las cinco semanas más largas de mi vida.

. . .

Desperté confundida ya que no era mi cama y tampoco mi habitación, hasta que recordé que había a la mansión de la abuela y también...bueno el asunto con Edward lo trataría de olvidar.

Frote mis ojos para aclarar mi vista nublada, me dispuse a ordenar mi ropa en el armario para después darle una fresca y relajante ducha.

Cuando termine de ducharme me puse una ropa muy cómoda para poder ir a caminar a la orilla de la playa y ver el hermoso atardecer que estaba por acercarse.

Me asome por la ventana para ver a las muy contentas familias sonreír y convivir, como yo también debería estar. "¿De dónde sacan tanto?" pregunté para mis adentros ya que no entendía de dónde diablos sacaban tantos temas de conversación que no paraban de hablar. Yo era más callada y reservada, igual a Charlie. Definitivamente no era muy digna de pertenecer a los Dwyer.

Busque con la mirada a Edward, pero no lo vi. Me sentí extraña al no verlo, como todos mis primos, charlando o divirtiéndose con los demás.

Unos golpes en la puerta hicieron que me despegará de la ventana y contestara con un "adelante" mientras caminaba hacia la cama para sentarme.

—Bella, ¿por qué no estás allá abajo?— pregunto mi pequeña hermana Alice. Yo era la menor, pero por su baja estatura -Casi tres centímetros menos que yo- le decía 'mi pequeña'. Camino –más bien danzo- hacia mí, alborotando un poco su cabello negro muy puntiagudo.

—Amm, es que estaba cansada y quise venir a dormir un ratito. A demás sabes que no me llevo mucho con esta familia.

—Oh, Bella. Deberías de ofrecerles una oportunidad.

—Ya lo hice solo que no ven que intento se 'Normal' para ellos.

—Ya lo harán. Bueno cambiando de tema, quería preguntarte, ¿si quisieras ir a la playa con nosotras? Con las Denali— las Denali eran nuestras primas las que viven lejos. Nuestra tía Carmen conoció a Eleazar -al que ahora es su esposo- en Alaska cuando estaban en la universidad. Iniciaron una relación y como resultado de eso tuvieron dos Hijas. Ellas son mellizas Kate e Irina. Con esta ultima nunca me lleve bien, o mejor dicho había algo en mi que nunca le tuvo mucha confianza.

—Me parece una idea fantástica. Solo deja me preparo bien y en un momento me reúno con ustedes— Alice asintió y salió de la habitación casi bailando de la emoción.

Solo me puse una camisa holgada color azul cielo, unos jeans negros gastados y unos converse. Por un momento creí que no era el mejor estilo para estar en la playa "¡A la mierda!" Pensé para después sujetarme el pelo en una coleta y ponerme unas gafas negras. Mientras yo estuviese cómoda todo estaría perfecto.

Baje al patio delantero y ahí se encontraba Alice y las Denali. Como siempre Irina sonrió falsamente y me miro de abajo hacia arriba. "Maldita perra" casi digo pero me controle. Todas iban vestidas muy al estilo playero. Solo yo desentonaría en este grupito.

—Bien solo esperamos a los demás y nos vamos— comento Alice con un brillo especial en los ojos. Quizá conoció a alguien especial.

— ¿A quienes invitaste Alice?— pregunte para poder saber quién era esa persona que hacía ver a mi hermana feliz.

—Son nuestros primos lejanos; Rosalie Jasper y Edward. Claro vendrán Emmett y Demetri como siempre— "¡No puede ser! Estará Edward" me tense un poco. Note que quería huir de él.

—No conozco a Nuestros primos lejanos— intente mentir, pues sabia quien era Edward pro Rosalie y Jasper no. Gracias al cielo tenia las gafas y no se notaba que mentía.

—Vamos Bella que bien sabes quién es Edward— como siempre Irina tenía que arruinarlo. Ahora me di cuenta de que si nos habían visto charlar.

—Sí, bueno solo un poco. Pero no a los demás— mi voz salió con mucha seguridad. Eso me agrado. Irina solo puso los ojos en blanco.

—Vamos chicas que nos llevaremos mi nueva Jeep!— Grito Emmett desde su gran Jeep. Al mirar hacia él, me encontré con los hermosos ojos verdes de Edward. Me sonrió pero yo no pude hacer lo mismo. Mire a sus acompañantes y vi a una hermosa mujer rubia y a su lado un joven también rubio que tenían un parecido único. Sus miradas reflejaban muchas confianza y amabilidad.

Todos comenzaron a subir a la Jeep, me quede esperando un espacio pero ya estaba bastante cargada y no quería molestar.

—A mi no me importa irme caminando, no está muy lejos— le dije a Emmett que estaba esperando a que subieran los últimos.

—Bella por favor. No te dejare ir sola. Llévate a Demetri a él no le gusta estar apretado.

—No sé si sea buena Idea.

—A mi no me molestaría acompañarla— de nuevo esa voz aterciopelada interrumpió la conversación. Porque Edward se empezaba en acercarse a mí.

—No está bien, Demetri me acompañara. —proteste de inmediato

—Hay bella quien te entiende. A veces no te comprendo. Bien Hermano suerte con ella— estrecho las manos con Edward y subió a su lugar de conductor y encendió la Jeep para luego empezar a conducir. Vi el rostro de Irina asomarse por la ventana para enviarme una mirada envenenada.

Ahora sí que el corto camino de la mansión a la playa iba a ser más largo de lo que imagine.