¡Aquí viene el capitulo 3! Muchas gracias a todos los que me han dejado reviews y han leído mi historia. ¡Estaís hechos un encanto con vuestros cumplidos! Y para responder a algunas dudas que creo que teneis: no, la historia, aunque francamente similar a Un pequeño cambio no va a ser igual. Para empezar, voy a centrarme mucho más en el desarrollo de todos los personajes, en las idiosincrasias del mundo ninja, y en dar un mayor realismo a la historia en general. Y sí, Kakashi de pequeño recuerda mucho a Sasuke, excepto que Sasuke nunca fue tan puñetero como el joven Kakashi. Sí, sí, se lo que vais a decir, pero no, Sasuke no es agresivo, no de naturaleza y no tras la masacre -locuras aparte, es un tipo considerablemente apatico y desinteresado en los demás. Kakashi, por el contrario, es el amo de todo lo pasivo-agresivo de adulto, un manipulador experto en el arte de la decepción y juzga a todo el mundo. Sin parar. Sasuke es tan honesto como Naruto, aunque mucho más callado y odia las mentiras. Comprensible, con su pasado y-

Quería llegar a algún sitio con esto, de verdad que sí, pero me he perdido. El caso es que por más similares que parezcan Kakashi y Sasuke en la superficie son muy distintos, de la misma forma que Naruto y Sasuke son opuestos en un primer vistazo pero muy parecidos en muchos otros aspectos. Y no tiene nada que ver con la historia, así que voy a parar aquí. (Vale, no me pregunteis sobre los personajes si no quereis que haga un estudio de cada uno. Amo a Naruto y tengo un analisis listo de la mayoría de personajes en él, sobre todo Hinata Kakashi Sasuke y puede que Itachi. Sakura, Naruto, Tobirama, Hashirama, Madara, Izuna si me esfuerzo, joder, Anko, Orochimaru, Jiraiya, Tsunade, probablemente Kushina Minato Shino, oh y Obito, y...joder, hasta Danzo. No me provoqueis porque tengo 0 de control de mis impulsos y soy capaz de escribir miles de palabras de cada uno.)

En fin, disfrutad del tercer capi!

Lo más difícil de la Academia, había descubierto con cierto pesar Hinata, no eran las clases, ni las pocas prácticas de taijutsu que habían tenido, ni las preguntas sorpresas que nunca conseguía contestar por su tartamudeo. Lo más difícil eran, irónicamente, los descansos.

El primer día fue un fracaso. La única persona que conocía se esfumó nada más sonar la campana (Hinata no entendía la necesidad de usar la ventana para llegar antes al patio si luego no ibas a jugar con nadie) y el resto pareció organizarse en grupos cerrados un abrir y cerrar de ojos. En un instante se quedó sola, sin comida a mano porque nadie la había avisado que la necesitaría y rodeada de niños sonrientes metidos en su propio universo. Uno donde, lógicamente, no estaba ella.

Como heredera del clan sin familiares cercanos de su edad Hinata nunca había jugado con otros niños. Además, su naturaleza introspectiva hacía que la idea de acercarse y preguntar la sonara aterradora e imposible. Sin embargo, Hinata iba a ser una kunoichi de la Hoja, lo mejor de lo mejor y su padre esperaba resultados. Se había hecho la promesa de intentarlo, al menos.

Así que lo intentó.

(…A la semana.)

Empezó a andar hacia un grupo de niñas, las que estaban más tranquilas y parecían menos ocupadas. Estaba cerca de ellas, a apenas unos metros cuando se puso a escuchar la conversación

— ¿Y has visto a Kakashi-san con Kon-sensei?

— ¡Kya! ¡Es tan guay! — Hinata frunció levemente el ceño, ella había pensado que Kakashi había sido muy grosero con Inuzuka-sensei.

— ¡Cuando sea mayor quiero casarme con un ninja como Kakashi-kun! —Exclamó otra, con lo que parecían ser corazones en sus ojos. Hinata se quedó asombrada ante el fenómeno, debatiéndose a sí misma entre preguntar si era algún extraño doujutsu o un genjutsu muy bien ejecutado. Sea cual fuera, la habilidad de la chica era admirable.

— ¡Ja! —Se burló otra de las niñas, echándose para atrás su brillante pelo oscuro en un gesto tan despectivo como presumido. —Kakashi-kun nunca se casará contigo cuando puede hacerlo conmigo.

—Ya…—Una de las niñas, de pelo oscuro recogido en una coleta y mirada inteligente, rodó los ojos con desinterés— ¿Habéis visto a la Hyuga? —Cambió el tema. Hinata sintió como todo el calor que tan cuidadosamente había estado reuniendo se esfumó en un instante. Sus hombros, antes erguidos en la posición perfecta que le había sido instruida junto con los primeros pasos, cayeron levemente.

— ¿Hyuga? —Se extrañó otra de las niñas reunidas. Era la que se había burlado de la otra chica antes. Sin duda de ascendencia ciudadana, Hinata dedujo de un vistazo. Su ropa era bonita, imprácticamente llamativa y de fábrica poco resistente. Su pelo, limpio y rigurosamente cepillado, incluía un aparatoso adorno de aspecto frágil. Sin embargo, lo que más le delataba era su ignorancia sobre uno de los clanes más importantes de su Aldea. Un hijo de ninjas crecía sabiendo esa clase de cosas.

— ¿No conoces a los Hyuga? —Volvió a preguntar la chica de la coleta. Su mirada era tan aguda que tenía que ser un Nara. Hinata la clasificó mentalmente como miembro de una de las ramas más externas, tal vez incluso con sangre mezclada. No llevaba el símbolo del clan en ningún lugar visible y su comportamiento era demasiado interesado como para ser alguien importante. Su Chichi-ue, en un raro momento paternal, la había explicado cómo diferenciar a la gente importante de los clanes más importantes de Konoha del resto de miembros del clan. Como la relajada arrogancia de los élites Uchiha, la relación anchura-fuerza de los Akimichi (Cuanto más gordo, más peligroso) o la relevancia de la coleta alta de los Yamanaka. En el caso de los Nara, cuanto más interesado, menos importante. Eran un clan casi más famoso por su vagancia que por su inteligencia lo que, si se paraba a pensarlo, era un movimiento sumamente astuto.

—Son el clan más grande después del Uchiha—Añadió una chica con intensos ojos rojos, Hinata estaba bastante segura que no eran de un doujutsu, aunque el color era muy inusual. A juzgar por la falta de información que Hinata podía sacar de su persona de un vistazo, había recibido entrenamiento ninja para el cual tenía aptitud, pero su clan, si es que pertenecía alguno, era considerablemente pequeño.

—Es muy tímida—Comentó con una leve sonrisa la última. A Hinata le atrajo inmediatamente por la amabilidad en sus ojos castaños. Tal vez podría atreverse a acercarse, pese a todo —¿Sigues sin saber quién es? — Le reclamó a la civil con algo de diversión. No era cruel, como si disfrutara de la ignorancia de los demás, sino simplemente le parecía sumamente divertido que alguien no supiera quienes eran los Hyuga— ¿Pelo oscuro, ojos blancos, tartamudeo?

—¡Oh! — Los ojos de la ciudadana brillaron con reconocimiento — El bicho raro que se sienta al lado de mi Kakashi-kun— Arrugó la nariz levemente con disgusto. Hinata dio un par de pasos, encogiéndose en sí misma.

—Es algo raro ver a un Hyuga tan tímido, sí—Coincidió Nara. En respuesta, Hinata retrocedió hasta que su espalda chocó contra la áspera corteza de un árbol.

—Pues a mí me parece una debilucha— Opinó otra chica del clan desconocido. Llevaba el pelo recogido en un moño descuidado y sus ojos marrones parecían burlarse de todo y todos. Hinata se llevó una mano en la boca para evitar formar ningún sonido. — Y rara, también.— Continuó, sin verdadero disgusto en la voz. Simplemente estaba exponiendo un hecho y eso se le hacía a Hinata tan familiar como doloroso. La hacía sentir como una hormiga a punto de ser aplastada por pies gigantes de indiferentes dueños—No creo que acabe la Academia— Decepcionada y con lágrimas nublándose la vista, Hinata salió corriendo lo más rápido que pudo de ahí, sin importarle que la vieran las demás.

(Aunque lo dudaba. Nadie se fijaba en las hormigas.)

—Anko-san— Murmuró la chica aparentemente amable— creo que te ha oído— Informó a la 'kunoichi' de pelo morado. Anko simplemente rodó los ojos en fingido desinterés, suprimiendo esa pizca de culpa que se removía inquieta en su pecho. Había dicho su opinión y no había nada malo en ello. Se repitió la frase un par de veces, hasta que se la creyó.

En otra parte del patio, Kakashi observaba indiferente como Hyuga corría y lloraba hacia su posición. Vagamente se preguntó a si mismo cómo había sido capaz de calificar a esa frágil muñeca de porcelana como amenaza cuando el único daño del que era capaz era hacia sí misma. Apáticamente vio cómo se reclinó contra el árbol en el que Kakashi se había ocultado. Decidió ignorarla. No porque se viera intimidado ante la idea de hacer amigos o algo por el estilo. Considerar la noción era ridículo, Kakashi era un ninja y no tenía miedo a nada. Simplemente no le veía la utilidad.

(Cuidadosamente, Kakashi evitó pensar en esas niñas ruidosas que lo perseguían. Constantemente, las muy molestas. ¿Y por qué demonios insistían en gritar Kya tanto? ¿Era alguna clase de código entre niñas demoniacas?)

Además, si se paraba a pensarlo esa llorica que estaba bajo su árbol era su supuesta amiga, así que los parámetros de su "misión" habían sido cumplidos. Técnicamente, Kakashi no tenía ninguna obligación de socializar más de lo estrictamente necesario.

El niño-genio salió de su ensimismamiento con el rugido del estómago de Hinata. Un intenso sonrojo había sustituido las lágrimas en las mejillas de Hyuga de forma casi inmediata, consiguiendo que Kakashi alzara una ceja muy poco impresionada. Ignorando deliberadamente la insistente voz mental de su padre en su cabeza (Algo sobre cortesía y lazos de amistad) Kakashi recordó que él también tenía algo de hambre. Abrió su gigantesco bento, lleno hasta arriba de delicias. Se detuvo un momento viendo la cantidad de comida. Soltó un suspiró exasperado, como si fuera un anciano cansado con las tonterías de la juventud. Aparentemente, Hatake Sakumo, por muy Colmillo Blanco de Konoha que fuera, no parecía diferenciar entre las raciones adultas e infantiles.

(O tal vez si lo hacía y el dejarle tanta comida no era más que una sutil estratagema para que Kakashi compartiera su almuerzo. Era una opción que no podía descartar, su padre era un hombre sorprendentemente manipulador cuando se lo proponía.)

—B-byakugan—Le interrumpió el susurro de la heredera Hyuga. La curiosidad nació en Kakashi. No podía evitarlo, aún no sabía mucho de los otros clanes de Konoha. (Su padre había insistido en que debía aprenderlo bajo la jurisdicción de la Academia ninja. Al parecer uno no podía saberlo todo por sus cuenta, aunque Kakashi estaba bastante seguro que él era la excepción a la regla) Sin embargo, eso no quería decir que estaba completamente desinformado. El byakugan debía ser el kekkai genkai del clan Hyuga. Kakashi sabía poco de los kekkai genkai, excepto que eran muy peligrosos y poderosos. Se tensó en espera de un ataque que no llegó. Tras un par de eternos segundos bajó del árbol, prediciendo que a esas alturas al menos ya habría sido detectado. Cayó grácilmente enfrente de la chica, como un gato.

—K-kakashi-san— Dijo con algo que no llegaba a ser sorpresa en la voz. Kakashi había adivinado correctamente, le había visto en el árbol. Observó cómo lo que parecían ser venas desaparecían de la periferia de sus ojos con interés.

—¿Qué había en tu cara? —Quiso saber sin más miramientos. Hatake era de la opinión que al menos él no iba a gastar tiempo con cortesías tontas y otras palabras vacías. Los adultos a veces eran unos idiotas y por más que quisiera crecer de una vez, Kakashi se negaba a ser uno. Tras un parpadeo de foráneos y grandes ojos blancos la chica abrió levemente la boca

(Inconscientemente, Kakashi frunció ligeramente el ceño. No le gustaban los ojos de Hyuga, eran extraños. Demasiado claros, demasiado grandes, demasiado expresivos. Le distraían)

—¿E-en mi cara? — Repitió, como la tonta que Kakashi había decidido que era. Luego, casi a regañadientes, la cautela apareció en su rostro. — ¿P-por qué quieres s-saberlo? —Murmuró, ladeando la cabeza como uno de los compañeros ninken de su padre. El prodigio entrecerró los ojos de mala manera. Esa chica era una insolente desvergonzada, imitando a su animales favoritos de manera tan desconsiderada y asociando ambos recuerdos. Ahora Kakashi la visualizaría a ella cada vez que los adorables perrito de su papá giraban la cabeza. Entrecerró los ojos con resentimiento. Primero intentaba robarle a su padre y ahora mancillaba la imagen de sus ninken. A Kakashi le estaba empezando a desagradar mucho esa niña. Muy mucho

—Un ninja debe conocer las fortalezas y debilidades de sus compañeros—Recitó lánguidamente. A Hinata le pareció un contraste curioso con su rostro molesto e intenso. O más bien intimidante —Regla 7, sección D del Código Shinobi.

—D-demo- Murmuró la chica con el ceño levemente fruncido — ¿E-eso significa que v-vas contarme cosas s-sobre ti? ¿C-cómo hacen los a-amigos? — Preguntó inocentemente. Kakashi la miró un buen rato, impasible. Hinata consiguió mantener su mirada por periodos de medio segundo. Era un avance considerable. Kakashi casi arrugó la nariz al verla tan ridículamente esperanzada por algo tan irrelevante como una amistad. Finalmente suspiró

—Supongo —Accedió — Bien jugado— Admitió a regañadientes. En un principio Hinata pareció no registrar sus palabras. Luego sucedió. De manera similar a un amanecer, Hinata sonrió. Era un gesto encantador, con ojos claros que reflejaban la luz y parecían contener multitud de colores por un instante. Sus mejillas, ligeramente grandes para su cara, se tiñeron de un saludable rojo y su sonrisa destapó un pequeño y solitario hoyuelo al lado derecho de su boca. Y, como el Sol saliendo por detrás de los rostros de los Hokages a Kakashi le dio la impresión que el mundo se llenó de colores brillantes.

(Probablemente parte de su kekkai genkai o genjutsu. Kakashi entrecerró los ojos, había subestimado a la chica. Se prometió a sí mismo no volverlo a hacer. Nunca)

—Cállate— La espetó Kakashi sin pararse a pensar que era estúpido decirle eso a alguien que no había dicho nada. Para su alivio, decepción y creciente horror, la sonrisa desapareció como si nunca hubiera existido. Fue sustituida por confusión y una leve expresión herida. Satisfecho (Y algo repelido ante la honestidad de las emociones de Hinata. Un ninja no podía permitirse ser tan transparente) Kakashi miró expectante a su supuesta amiga. Aunque eso de las amistades siguiera pareciéndole estúpido y la niña le pareciera insoportable. —¿Y bien? — Intercedió, impaciente

—¡Ah! — Exclamó Hinata con sorpresa y, juzgando sus nuevamente sonrojadas mejillas, vergüenza. Por su parte, estaba completamente confusa. No sabía cómo tenía que hablar si la acababa de decir que se callara. Kakashi era probablemente la persona más incomprensible que había conocido —El b-byakugan es el dou-jut-su —Pronunció lentamente, como para no equivocarse— De m-mi clan.

Kakashi asintió levemente. Como era de esperarse, la información que había recibido era bastante escasa, pero lo suficiente como para desarrollar una primera teoría. Los Hyuga poseen un jutsu ocular que, si no estaba muy equivocado, les ayudaba a analizar sus alrededores. Por eso no se había sorprendido al verlo. De repente, el sonido de risas infantiles se podía escuchar a través del follaje. Rápidamente y sin pensarlo mucho Kakashi indicó a Hyuga que le siguiera y desapareció árbol arriba. Tras un momento, Hinata apareció frente a él. Había decidido seguirle más por el miedo que tenía ante la posibilidad de repetir lo sucedido con las otras niñas que por un deseo de acompañarle y no era muy buena trepando. Al final, Kakashi tuvo que ayudarla a trepar el último tramo

Hatake suspiró con despecho, pensando que lo único que le faltaba a esa tonta, torpe y llorona niña para ser completamente intolerable era ser ruidosa. Casi como para burlarse de él, el estómago de Hinata eligió ese momento para soltar un rugido ejemplar. Roja como la grana, Hyuga escondió la cara en sus manos. Hatake debatió internamente por unos instantes los pros y contras de compartir su bento.

Indolentemente, abrió el recipiente y comenzó a comer un delicioso onigiri delante de su camarada. Normalmente, Kakashi no comería delante de nadie para evitar ciertos…inconvenientes que conllevaban comer con la cara destapada. No obstante, Hinata no solo se estaba tapando los ojos con las manos, que curiosamente también brillaban rojas, sino que tenía los ojos fuertemente cerrados con vergüenza. A Kakashi no le cabía la menor duda que Hyuga tenía que ser la niña más rara de toda la Academia. Aún así, siguió comiendo hasta que se atrevió a verle (bueno, a mirar como la comida desaparecía en sus manos. La muy rara) con grandes y hambrientos ojos blancos sin hacer ningún movimiento o indicación para que el futuro ninja compartiera.

(No que Kakashi fuera compartir aún si se lo pidiera, pero aún así.)

Cuando se lamió los labios Kakashi sonrió levemente con sádica satisfacción. Molestar a la roba-papás era mucho más entretenido de lo que pensaba. Comenzó a deleitarse en su comida, masticando ruidosamente con pequeños sonidos que dejaban en claro lo rico que estaba todo. Conforme sus labios se fruncían en una línea que parecería severa en cualquier otro rostro pero que en ella sólo la hacían parecer aún más patética, la sonrisa de Hatake se fue acentuando. Tras seleccionar el onigiri que había estado mirando Hinata con anhelo y consumirlo con gusto Kakashi se dispuso a compartir información.

—Mi nombre es Hatake Kakashi —Recitó, siguiendo las instrucciones que había leído en algún sitio u otro sobre presentaciones y cómo entablar amistades. No que el hubiera elegido algo así, su padre simplemente tenía libros muy raros y a Kakashi le gustaba leer. Además, después de ese incidente en el que Kakashi se desmayó tras intentar hacer un justu, no podía leerlos todos. Sakumo había comenzado a hacer 'control parental' sobre su biblioteca, dejando a su pobre hijo sólo con los más aburridos. Esos y los inútiles, basicamente—Me gustan los ninken y no me gustan los idiotas—Finalizó, descartando la parte sobre sueños y ambiciones por su irrelevancia en general. La niña parpadeó en respuesta, confusa ante el brusco cambio de tema y aún distraída por toda la comida que su nuevo amigo estaba disfrutando tan insistentemente. Era casi como si quisiera tentarla. Frunció ligeramente el ceño, concluyendo que, por más inusual que fuera el método, Kakashi quería presentarse correctamente. Debía darle el beneficio de la duda, después de todo, era muy distinto a ella. Tal vez los Hatake hacían ese retorcido ritual para presentarse -sería muy descortés no corresponder de la misma manera. Hinata podía ser una ninja horrible, pero su madre le había enseñado modales.

—M-me llamo Hyuga H-hinata—Copió la estructura de la presentación con un sonrojo abochornado causado por su propio tartamudeo. – M-me gusta p-prensar flores y n-no me gusta— Y Kakashi nunca supo qué era lo que no le gustaba a Hyuga Hinata al oír el tercer y sonoro rugido de su famélico estómago. Aunque nadie pudiera acusar a Hatake de ser empático o compasivo, eso no lo volvía completamente inclemente. Con un suave suspiro derrotado por ceder ante las manipulaciones de un padre ofuscado con el desarrollo de una prospera vida social para su hijo, Kakashi metió rápidamente un onigiri en la tartamudeante boca de Hinata, cesando el sonido de sus intentos de disculpas. Tal vez era algo infantil por su parte. Sin embargo, Kakashi había descubierto cierta satisfacción en sacar reacciones extremas de la gente.

Predeciblemente, Hinata se atragantó con el repentino arroz llenando su boca y casi escupió la comida de la impresión. Se giró a Kakashi para acusarlo con sus brillantes y extraños ojos decorados por lágrimas de irritación. Kakashi la ignoró en favor de seguir comiendo su bento. Una vez que Hinata tragó, eso sí, tras toser un par de veces como para liberar cualquier alimento atascado en su garganta, Kakashi no perdió el tiempo y volvió a atragantarla con otro onigiri. Curiosamente, también consiguió masticar ese de manera desconcertantemente educada. Con la boca cerrada y sin dejar casi migas. Intentando usar toda la discreción que disponía, que para ser tan silenciosa no era mucha, Hinata se alejó ligeramente de su compañero de árbol, observándolo cuidadosamente. Kakashi entrecerró los ojos, reconociendo un reto cuando lo veía.

Un escalofrío recorrió la espalda de Hinata.

(Años más adelante, ambos mirarían ese día con cierto cariño y decidirían espontáneamente que fue cuando se hicieron amigos. Kakashi lo llamaría 'su primera cita'. Hinata lo negaría casi histericamente, avergonzada.)


Cuando Kon-sensei volvió de su descanso afortunadamente libre de genios sabelotodos y entró a su aula localizó rápidamente a Piedra En El Zapato. Había decidido llamar así al 'pequeño Kakashi' porque, siendo sinceros, llamarlo 'pequeño Kakashi' como si fuera otro niño inocente (Inocencia cuya existencia estaba empezando a dudar seriamente) le causaba arcadas. Además, igual que una piedra en el zapato Kakashi era gris, minúscula, aparentemente despreciable y no había quien lo aguantara. Al verlo con ese aire de gato satisfecho tras haber asesinado brutal e innecesariamente a un pobre y puro pajarito silvestre, sus instintos se pusieron instantáneamente alerta. (Y no, no sólo le comparaba con un gato porque ese era uno de los mayores insultos que podías recibir de un Inuzuka. Tenía otras razones. En serio, las tenía. Simplemente eran más difíciles de recordar así de repente) Con ojos entrecerrados en sospecha, observó como la maldita Piedra En El Zapato lanzaba miradas furtivas a la….extraña Hyuga que se sentaba a su lado.

La vista de Kon-sensei se quedó fija en la niña. Pese a darle clase por un par de semanas, no podía evitarlo. Era el Hyuga menos Hyuga que había visto en su vida. Para empezar, se estaba sonrojando. Eso significaba que sentía vergüenza, es decir, emoción. Kon era de la filosofía que los Hyuga eran como piedras que habían sido bendecidas con forma y pensamiento humano por el sabio de los Seis Caminos cuando tuvo un muy mal día y se cansó de vigilar a los ninjas como niños perdidos. Resumiendo, rocas emocionalmente nulas con la tarea divina de vigilar constantemente con la mayor condescendencia posible a todos los shinobis a su alrededor y asegurar que se portaran con la más perfecta etiqueta y siguieran el protocolo bajo todas las circunstancias. Básicamente, Hyuga.

(En realidad, eso era una teoría que compartió un día Tsume-sama cuando le tocó hacer de niñera y decidió que darle pesadillas por un mes era algo Bueno y Apropiado para la situación.

…Que Fumiko Hyuga, sangrando en sus brazos tras una emboscada y al borde de la muerte le regañara con total seriedad y dignidad impecable por llamarla Fumiko a secas en vez de Hyuga-san cuando la acababa de rescatar heroicamente de un ataque enemigo que hubiera acabado con su vida sólo había cementado la noción. Que luego había fraguado, volviendola inamovible)

Continuando con su examen, había restos de arroz en las mejillas adorablemente hinchadas con molestia de la niña. Kon-sensei parpadeó confuso por unos momentos, la imagen era tan adorable que le recordaba a un cachorrito. Carraspeó ligeramente cuando sus grandes, inocentes y expresivos ojos se posaron sobre él, sintiendo como el corazón que se había forzado tanto a endurecer ante las crías humanas se derretía en un charco de adorables sonrojos y timidas y vulnerables sonrisas. Inconscientemente un ligero sonrojo coloreo sus pómulos y cayó en una especie de trance. Quería achuchar a esa niña y removerla el pelo para ver cómo su-

—¿Se considera un pederasta, Kon-sensei? — Inuzuka Kon maldecía el día en el que nació su Piedra En El Zapato. Y su existencia prolongada en general también, un ninja debía ser más minucioso.

—¿Huh? — Kami, ese era el fin. Kon lo sentía hasta en sus huesos. Iba a ser expulsado de la Academia porque se había distraído con su adorable alumna (De forma completamente inocente, ¡lo juraba! Oh, por Jashin, Tsume-sama iba a castrarlo con una cuchara oxidada y una botella de alcohol de quemar si se enteraba del ridículo rumor que iba a perseguirle gracias a Piedra En El Zapato) Porque Kon estaba condenado con un cerebro incapaz de dar respuestas inteligentes en esa clase de situaciones— N-no, por supuesto que no— Dijo, tartamudeando, sudando y culpable a pesar de ser inocente. Podía ver como su futuro se extinguía en dolorosa agonía como un ninja enemigo al que un Uchiha ha pillado desprevenido y consecuentemente ha prendido en llamas. Su futuro y dignidad ardía y se retorcía en dolor para verse reducido a cenizas que esparciría el viento para jamás ser encontradas. Todo el respeto que había conseguido acumular tan lentamente durante su carrera, esfumado. Incluso su clase estaba mirándole con cautela, asco e indicios de insubordinación.

(Por qué niños de cuatro años estaban tan familiarizados con el concepto de la pederastia- menos la Hyuga adorable, bendita sea- Kon no lo sabía. De hecho, vivía estupendamente en la ignorancia, jamás quería saberlo)

Inuzuka Kon odiaba a la Piedra En El Zapato. Con intensidad.

—Hmmhmm— También estaba convencido que ese tal Kakashi Hatake no era más que un viejo de sesenta años que, por alguna razón, envejecía al revés y se había inscrito a su clase por error. Era imposible que un niño de cuatro años sonara tan sarcástico y desencantado de la vida. Eso era un anciano en toda regla, una Piedra En El Zapato vieja y chocha que no había quien aguantara.

(Exceptuando, claro está, a sus desquiciadas alumnas, que habían decidido abanicarse acaloradas con corazones en los ojos tras escucharlo, las muy desequilibradas. Si no fuera suicidio, les mandaría una nota a sus padres diciendo que las tendrían que haber mandado al Manicomio en vez de a la Academia ninja.)

—¿Estás insinuando algo, Kakashi-tan? — Se forzó a sí mismo a sonreír de la manera más condescendiente posible. Tuvo un compañero de equipo Uchiha dos años menor que él, sabía que no había nada más que molestara a los prodigios que alguien los tratara como niños sólo por su edad. — ¿qué tal si dejamos esa clase de conversaciones a los adultos y atendemos a clase, mmm? —Sonrió aún más, intentando trasmitir bondad y no intento asesino.

…No le estaba yendo muy bien.

—Si hubiera algo a lo que atender— Comentó clavándole una mirada penetrante que no debía haber desarrollado hasta tener veinticinco años (mínimo) y haber lidiado con un escuadrón de genins nuevecitos. La vida simplemente era cruel y tenía afinidad por jugar con las expectativas del pobre Inuzuka Kon.

(Con esfuerzo, ignoró la risa malamente contenida de sus alumnos. También se esforzó por alejar su mano del portakunais. Ese era el hijo del Colmillo Blanco –o el padre. Probablemente el abuelo cascarrabias con la extraña enfermedad de crecer al revés- no podía matarlo. Había visto a Hatake Sakumo en medio de la batalla. Kami sabía que jamás quería combatir contra ese hombre)

— Shurikenjutsu— Exclamó alegremente Inuzuka, lanzando un par de afilados kunais a recortar el pelo de la piedra de su zapato. Sí, técnicamente ya había dado parte de esa lección. No obstante, si querían una educación eficiente y ordenada en la Academia ninja, tendrían que haber mandado a Chunnins dedicados y no a Inuzuka Kon. Siendo sinceros, no tenía ni idea de lo que estaba haciendo la mayoría del tiempo. No podía repetírselo lo suficiente a sus superiores y aun así le dieron el puesto. Kon temía por los futuros ninjas de su aldea. De verdad que lo hacía, Jashin sabía que no iban a salir de la Academia precisamente preparados bajo su tutela — El arte del manejo de los proyectile— Kakashi, tan insoportable y aparentemente insignificante como siempre, había lanzado otro kunai para desviar su trayectoria.

(Ese era un niño al que Kon no le importaba tanto que se perdiera las posibles y valiosas lecciones de la vida ninja que daría un instructor competente)

Lo cual no era justo. Según las notas que había recibido (robado) de Fumiko-sensei, esa clase de maniobra no se aprendía hasta segundo año. A finales. En tercer año es cuando tendrían que aprender esas cosas. Tampoco era para nada amable por parte del universo hacer que sus pupilos miraran a La Piedra En El Zapato con más respeto que a él. Estrellas o corazones en los ojos incluidos

(No obstante, los 'Kya' se los podía quedar todos. Kon tenía las orejas sensibles)

— Buen chico Kakashi-tan— Consiguió decir entre dientes con la sonrisa más forzada que había puesto en su vida— Toma un caramelo. —Excepto que, siendo un Inuzuka, los únicos aperitivos que tenía Kon en su bolsillo eran de perro.

(De Wan y no tendrían que estar ahí exceptuando que por alguna razón llevar los bolsillos vacíos era peor que tener un montón de aperitivos rancios)

— No soy un perro— Kakashi alzó una ceja tan poco impresionada como el resto de sus compañeros. Excepto la Hyuga que parecía no saber qué hacer. Era un auténtico Tocinito De Cielo, demasiado pura para este mundo. A este paso iba a acabar secuestrándola para achucharla hasta la muerte. La adoptaría y engordaría y mimaría-

…Kon estaba empezando a entender porque su interés le había parecido siniestro a Piedra En El Zapato.

— Toma. Un. Caramelo. — Repitió, acercándose con un shunsin y dejando un inocente y reluciente caramelo naranja en la mesa de Piedra En El Zapato. — Abrid los libros por la pagina 54 — Mandó al resto de la clase amenazantemente. El sonido de mochilas abriéndose y cerrándose, libros rápidamente abiertos y hojas inmediatamente pasadas hasta llegar a la desea fue como música para sus oídos. Si Piedra En El Zapato iba a meterse tanto con las amras, les torturaría con matematicas- ¡Bien! –Llamó súbitamente entusiasta –Si alguno de mis queridos alumnos vuelve a interrumpirme con comentarios innecesarios –Pausa dramática en la que le dolió la boca de lo mucho que había sonreído -¡Pueden prepararse para perder un dedo!

Ah, el aroma el miedo en niños pequeños nunca había sido tan bienvenido por un sensei de la Academia hasta ese momento. Las siguientes dos horas de clase fueron como el paraíso. Alumnos atentos, callados y asustados que prestaban atención a cada palabra que decía como si fuera a salvar sus vidas. Incluso Piedra En El Zapato mantenía el ambiente de la clase libre de interrupciones sarcásticas y condescendientes correcciones sobre la historia de Konoha y cómo el extinto clan Hagormo (Por el que nadie se había interesado jamás) se especializaba en tai-ninjutsu y no en fuin-taijutsu.

(Por qué vio necesario el comentario cuando eran dos artes extintas, no lo sabría decir. Suponía que encontraba placer en los enfermizos Kya que hacían eco de sus comentarios. No obstante, se vengaría por dejarle en evidencia. De nuevo)

—¡Siento llegar tarde! — Interrumpió una voz que no conocía en medio de la lección sobre el código ninja y sus posibles análisis. Francamente, Kon era incapaz de enrollarse más de lo necesario en un tema o darlo con profundidad y había desarrollado ese extraño método de saltar temas cada x tiempo. Además, siempre acababa liándose entre la guerra de los clanes y la fundación de Konoha y no quería quedar en evidencia en frente de su clase. De nuevo.—Mi calendario tenía dos meses de agosto así que pensaba que las clases empezaban la semana que viene

—Las clases empezaron hace dos semanas. —Fue lo único que Kon-sensei consiguió decir. Esa era la peor escusa que había oído en mucho tiempo. Y su familia eran los Inuzukas, 'mi perro se ha comido mis deberes' no había sido tan abusado por ningún otro clan. Las risas estallaron a sus espaldas. Kon ojeó a su nuevo…o tal vez no. Un alumno menos sería como un regalo inesperado caído del cielo. Nah, tenía el emblema del clan Uchiha en todas partes, tendría que admitir al desastre. —¿…Estás llorando?

—¡He venido tan rápido que se me ha metido algo en los ojos! —Mintió patéticamente mal. Kon comenzó a sentir un tic incontrolable sacudir su cara. La clase volvía a ser un caos sin disciplina. Piedra En El Zapato volvía a tener expresión de desprecio extremo y estaba a punto de abrir la boca y, para colmo, la Hyuga que no era para nada Hyuga estaba mirando adorablemente confusa y perdida al nuevo alumno. Como un perrito abandonado en la lluvia que tienes que llevar a casa y adoptar a riesgo de quebrar tu corazón.

—Mi clase empieza a las ocho, no a las doce y media. —Señaló después porque desanimar a un ninjo a retirarse de la vida ninja para tener que enseñar a menos mocosos nunca estaba de más. No era algo exactamente noble, pero Kon era un ninja no un samurái y el honor y la nobleza le importaban una mierda.

—¡Mi gato se ha comido mi alarma! —Kon odiaba ser el profesor. Un Uchiha usando la escusa oficial de su clan, o una versión de ella. Kon podía haberse estado riendo por meses. Pero no, su sensei tuvo que recomendarle para ese estúpido puesto y ahora no se podía ni reír de los idiotas. La vida era demasiado cruel con el. Debería darle un respiro

—…Sólo preséntate de una vez— Kon se masajeó las sienes, harto de la maldita Academia y de todos los niños que había en ella. Tocinito De Cielo le lanzó una mirada inocente y preocupada. Si Inuzuka Kon no sobrevivía la experiencia, pensaba dejárselo todo a la Hyuga que no era Hyuga. Hasta sus shurikens de diseño. Tal vez un día le entraba el impulso homicida hacia el molesto Piedra En El Zapato y las usaba. Kon no podría darlas un uso mejor el mismo.

—¡Mi nombre es Uchiha Obito y voy a ser Hokage! —Declaró con entusiasmo, lanzando una sonrisa radiante a su estupefacto público y manteniendo una pose ridícula, como para dar más gravedad al asunto. Por qué a Kon le había tocado la clase con todos los niños problemáticos, no lo sabía. Pero estaba empezando a sospechar la influencia de una maldición. Nadie podía tener tan mala suerte en tan poco tiempo.

Cuando la clase estalló en risas, burlas, bufidos y toda clase de reacciones espontaneas como si su magnánimo sensei no estuviera entre ellos Innuzuka Kon se dio cuenta de quien acababa de llegar. Era La Gota Que Colmó El Vaso.

(Esto de los apodos era más divertido de lo que pensaba. )

Y, tal como indicaba su nombre, el vaso se colmó y Kon-sensei explotó

—¡SILENCIO PANDA DE IMBECILES! ¡SENTAOS EN VUESTROS SITIOS EN ESTE INSTANTE Y NO OS MOVAIS NI UN PELO! —Comenzó a gritar con furia— Ah, tú no, Hyuga, tú lo estaba haciendo muy bi-HATAKE COMO NO ABRAS TU LIBRO EN ESTE MOMENTO KAMI TE SALVE PORQUE VOY A-ME DA LO MISMO QUE YA TE LO SEPAS TODO, ¡SIT!

—Ya le he dicho que no soy un perro—Ese niño no tenía ningún derecho a sonar como un padre con siete hijos consolado el ultimo berrinche de su benjamín. Ninguno.

—¡NIÑO DEL DEMONIO, FUERA DE CLASE!

Y pensar que Kon se había esforzado tanto por mantener la calma. Oh, bueno.