Finn y Rey fueron a visitar a Poe después de cenar. No lo habían acordado expresamente, aunque tampoco les hacía falta: se daba por sentado. Rey incluso tuvo el detalle de renunciar al postre para que pudieran salir antes del comedor, y así acabar con las miradas nada disimuladas que Finn le dirigía cada dos minutos.
Nada más doblar la última esquina y adentrarse en el corredor que desembocaba en la enfermería, empezaron a oír unas risas que les hicieron cruzar una mirada de desconcierto entre ellos. Al entrar en la sala médica, descubrieron que el sonido procedía de la única cama ocupada en ese momento: la del fondo, donde estaba Poe.
Le habían levantado la mitad superior de la cama para que estuviera más cómodo, y tenía las piernas cubiertas por una sábana. No tenía puesta ninguna vía, ni máquinas enchufadas a su cuerpo, lo que Finn suponía que era una buena señal. Unas vendas de bacta le rodeaban la base del cuello pero, aparte de eso, no se le veía muy maltrecho.
A su derecha, sentado en una silla, estaba Kit. Los dos se volvieron hacia Finn y Rey cuando éstos llegaron hasta los pies de la cama, y la sonrisa de Poe se hizo aún más amplia, aunque eso parecía imposible. Les miró con los ojos entornados, como si tuviera sueño.
—¡Heeeeeyyy, habéis venido! —les saludó, arrastrando las palabras.
Finn y Rey miraron a Kit con las cejas arqueadas en una muda pregunta.
—Le han dado relajantes musculares para el dolor de espalda —respondió él, conteniendo a duras penas una sonrisa—. Está un poco ido.
—Nah, no es para tanto —protestó Poe con desgana—. Me has visto más borracho, Kit. Y yo a ti.
—En serio, no hagáis caso de nada de lo que diga.
—¿Por qué les dices esas cosas? Tío, ¿qué van a pensar de mí?
—¿Que no toleras bien las drogas?
Poe se echó a reír como si Kit hubiera dicho algo graciosísimo. Rey se mordió el pulgar para aguantarse la risa, mirando a Finn de reojo.
—Si te preocupa que me ponga a contar historias vergonzosas de ti, quédate tranquilo; no voy a hacerlo —continuó Poe—. Son mis amigos, quiero que les causes buena impresión.
—Yo siempre causo buena impresión.
—Dos palabras: Moonus Mandel.
—¡Yo no tuve la culpa de eso! Fue un simple malentendido cultural.
Finn tenía una sensación de frío en el pecho, como si se hubiera tragado un trozo de hielo. Esa sensación no hacía más que intensificarse con cada frase que Kit y Poe intercambiaban. La familiaridad que tenían, los recuerdos compartidos, las sonrisas que decían más que las palabras, las bromas privadas… Cada gesto y cada detalle se clavaban directamente en el corazón de Finn como una daga. Era evidente que esos dos tenían una larga historia en común, mientras que él apenas estaba empezando a conocer a Poe.
¿Cómo podía competir contra eso?
—Por cierto, Kit, ella es Finn y él es Rey. No, espera, es al revés. Él es Finn, ella es Rey. Eso. Chicos, éste es Kit.
—Nos hemos conocido antes, en la pista de aterrizaje —contestó Rey, sin intentar ocultar lo mucho que le divertía todo aquello.
—Ah, es verdad. No me acordaba —y se echó a reír otra vez.
Kit le miró, sacudiendo lentamente la cabeza.
—Qué pena, no estar grabando esto —comentó por lo bajo.
Poe no pareció oírle, o bien estaba más concentrado en los otros dos en ese momento, haciéndoles señas con la mano para que se acercaran.
—Venga, sentaos, aquí hay otra silla —les dijo, indicando el lado izquierdo de la cama. Finn le cedió el asiento a Rey, con intención de quedarse de pie, pero Poe le miró con el ceño fruncido.
—No hace falta que te quedes ahí como un centinela, hombre —agarró a Finn por el bíceps y tiró de él hasta sentarle en la cama, junto a él—. Caray, menudo brazo tienes, no sabía que eras tan fuerte. Oye, Kit, ¿te he contado cómo conocí a Finn?
—No, no me suena —contestó Kit, dirigiéndole a Finn una mirada.
—Él también me rescató de la Primera Orden, igual que tú. ¿Te lo puedes creer? —sonrió—. Fíjate qué casualidad: los dos me habéis salvado de Kylo Ren, y los dos…
—Los dos viviríamos más tranquilos si en el futuro intentaras evitar que te capturen, ¿verdad, Finn? —le interrumpió Kit, inclinándose hacia delante en su sillón.
—Eso es cierto —respondió Finn, un poco sorprendido por la reacción del otro piloto y preguntándose qué creía que iba a decir Poe, para cortarle de esa manera.
—Finn es muuuuy valiente —continuó Poe, como si los otros dos no hubieran dicho nada; probablemente no les había escuchado—. ¿Sabías que era soldado de asalto, y que le criaron con toda la propaganda y la manipulación mental y todo ese rollo, y aun así decidió darle la patada a la Primera Orden? Eso hizo. Les mandó a paseo, me salvó la vida y se pasó a nuestro bando.
Finn habría querido desaparecer o, al menos, esconderse bajo la cama, como le pasaba siempre que alguien le hacía algún cumplido. En especial, si lo hacía Poe. El hecho de que su amigo apenas pareciera ser consciente de que le estaba escuchando le hacía sentir aún más culpable, como si estuviera espiando una conversación ajena. Sin embargo, la mirada de respeto que le dirigió Kit le produjo una agradable sensación de victoria.
No porque sintiera que estaba en alguna especie de competición contra él ni nada por el estilo. Qué va.
—¿En serio? —comentó el hombre con suavidad—. Eso sí que es digno de admiración.
Finn no pudo encontrar nada más que sinceridad en su tono, lo que hizo que se sintiera avergonzado por estar celoso de él.
—Además, tiene una puntería tremenda —Poe seguía con lo suyo, como si nada—. Te diría que, si alguna vez necesitas un artillero, le llevaras contigo. Sólo que no puedes, porque yo le vi primero.
Enfatizó sus palabras pasándole un brazo a Finn por la cintura, como si reclamara su propiedad. Finn sintió la mirada de Rey sobre su perfil y se volvió hacia ella. La chica le dedicó una sonrisa cómplice que hizo que a él le ardieran las mejillas.
—De acuerdo —respondió Kit, con una sonrisa divertida y afectuosa—. Tomo nota, Finn está fuera de los límites. ¿Qué hay de Rey, a ella la puedo llevar conmigo como artillera?
Poe negó con la cabeza y después se llevó una mano a la sien, como si se hubiera mareado.
—Harías mejor llevándola de copiloto —contestó—. No, borra eso. Directamente déjale los mandos a ella.
Kit miró hacia Rey y Finn, mordiéndose el labio inferior para contener la risa.
—¿Ah, sí? ¿Tan buena es?
Poe se inclinó hacia Kit para hablarle en lo que, para su mente confundida por los medicamentos, probablemente era un susurro conspiratorio, pero que se oía con toda claridad.
—Es una jedi. ¿Te acuerdas de lo que decían de los pilotos jedi? Pues era todo verdad. Esa chica está a otro nivel, Kit. En fin… volar con ayuda de la Fuerza, ¿sabes a qué me refiero? Nosotros no podemos competir con eso. Pero no le digas que te lo he dicho yo.
—¿Una jedi? ¿De veras? —dijo Kit, volviendo la mirada hacia Rey con un gesto apreciativo.
—Todavía no. Estoy aprendiendo —contestó ella en voz baja, tratando de quitarle importancia.
—Está aprendiendo con Luke Skywalker —intervino Finn. Si él había tenido que pasar un momento embarazoso con los cumplidos de Poe, Rey no se iba a librar así como así.
Kit elevó las cejas en un gesto de sorpresa.
—¿Luke Skywalker? Está claro que debería haberme pasado a la Resistencia mucho antes —comentó—. Por lo que veo, toda la diversión está aquí.
Poe asintió lentamente con la cabeza. Tenía los párpados tan pesados que lo único que se veía de sus ojos era una rendija. A Finn le parecía un milagro que siguiera despierto, mucho menos con tantas ganas de hablar.
—Es verdad. Deberías haberlo hecho… —murmuró, con cierto aire triste. Kit volvió el rostro hacia él como un latigazo, dirigiéndole una mirada que, durante una fracción de segundo, fue un poema de emociones entremezcladas: nostalgia, arrepentimiento, dolor, esperanza… Fue apenas un momento, antes de recuperar su expresión despreocupada, y Poe ni siquiera lo vio: tenía la mirada perdida, concentrado en sus propios pensamientos.
Pero Finn sí que se dio cuenta, y sintió miedo. Un miedo traicionero y cruel, que le susurraba todas sus inseguridades al oído.
Has visto cómo le ha mirado, ¿verdad? Eso de que todo ha terminado entre los dos es mentira, está claro. Y aunque no lo fuera, ¿cómo vas a compararte tú con alguien como Kit? Es sofisticado, elegante, atractivo, y tiene más cosas en común con Poe de las que tú tendrás jamás. Sólo eres un muchacho que se ha pasado la vida obedeciendo órdenes, escondido dentro de una armadura. Asúmelo, nunca tuviste la menor posibilidad.
Finn sintió que se ahogaba, y trató de apartar esos pensamientos de su mente antes de que Rey se diera cuenta. La muchacha ya debía de haber percibido algo, a juzgar por la cara de preocupación con que le estaba mirando.
La mano que Poe todavía tenía en la cintura de Finn le dio un ligero apretón y una especie de caricia amistosa, subiendo y bajando brevemente por su costado. Finn bajó la vista al mismo tiempo que Poe giraba la cabeza sobre la almohada y sus miradas se encontraron. El piloto, al verle, dibujó una lenta y perezosa sonrisa que armonizaba a la perfección con sus ojos somnolientos, pero que a Finn le pareció más brillante que la salida del sol.
La cruel voz de su mente soltó un gruñido agónico y se desvaneció en una nube de polvo.
—¿Dónde iba a estar mejor que aquí, verdad, Finn? —murmuró Poe con pesadez.
Antes de que Finn pudiera responder, la conversación se vio interrumpida por la llegada de la doctora Kalonia, que traía un datapad en las manos y una expresión tranquila en su curtido rostro.
—Bueno, ya tengo los resultados de tu análisis de sangre, Poe —anunció, colándose entre los visitantes para acercarse hasta el cabecero de la cama. Soltó el datapad sobre el colchón, sacó una pequeña linterna de su bolsillo y levantó los párpados del piloto mientras enfocaba sus ojos con la linterna, primero uno y el otro después—. Aunque algo me dice que va a ser mejor que se lo explique a tus amigos, porque tú no te vas a enterar de nada ahora mismo.
Se guardó otra vez la linterna con la soltura de quien ha repetido el mismo gesto mil veces y recuperó el datapad para consultar los datos.
—En general, está bien —les dijo—. Sólo tiene los niveles de hierro y magnesio por los suelos, y el colesterol un poco alto. Nada que no podamos arreglar con unos cuantos ajustes a su dieta, ya me he encargado de cursar la orden con el jefe de cocina. No sé qué bazofia le han estado dando de comer en ese sitio durante todo el mes, ni quiero saberlo, la verdad. Aparte de eso, las contracturas de la espalda deberían mejorar con unos cuantos días de reposo. Si no es así, me lo traéis de vuelta aunque sea a rastras, ¿de acuerdo?
—¿Quiere decir que no va a tener que quedarse en la enfermería? —preguntó Finn, esperanzado.
—No he entendido nada de lo que ha dicho, doctora, pero es usted maravillosa —murmuró Poe, con aire somnoliento.
La veterana mujer miró al techo y negó con la cabeza, como si se preguntara qué había hecho ella para merecer pacientes con tan poca tolerancia a las sustancias químicas.
—Saldrá mañana por la mañana —les dijo—. Y mi recomendación como médico es que ahora le dejéis descansar. Es lo que más necesita.
Diciendo eso, la doctora se retiró para darles ocasión de despedirse. Ni siquiera miró atrás, como alguien que estaba acostumbrada a que sus órdenes se obedecieran sin discusión. Finn se puso en pie con una mezcla de desgana y sentimiento de culpa: no quería separarse de Poe ahora que por fin le había recuperado, pero se sentía mal por haberle mantenido despierto hasta tan tarde. Un rápido vistazo a los otros dos le dio la impresión de que no era el único que se sentía así.
—Buenas noches, Poe. Te veremos por la mañana —dijo Rey, inclinándose para darle un beso en la mejilla.
—Mmmm.
—Descansa, ¿vale? —susurró Finn, dándole un apretón en el hombro—. Te lo has ganado.
—¿Qué, no hay beso? —murmuró Poe, con los ojos cerrados, casi dormido, y Finn no pudo contener una sonrisa.
Cuando le llegó el turno a Kit, Poe ya tenía el rostro relajado y la respiración suave y pausada del sueño, por lo que el hombre se limitó a acariciarle el pelo, mirándole con una expresión tierna que a Finn le estrujó un poco más las tripas. Aunque, a decir verdad, llevaba tanto rato con esa desagradable sensación en el estómago que ya casi ni lo notaba.
Los tres salieron juntos de la enfermería. Una vez fuera, Kit inspiró con fuerza y dejó escapar el aire en una lenta exhalación, con las manos metidas en los bolsillos. Miró a uno y otro lado del corredor, antes de preguntar:
—¿Podríais indicarme cómo se llega a la sección B-5 de los dormitorios, por favor? Todos los pasillos parecen iguales, esto es un puñetero laberinto.
—Ése es nuestro mismo sector —respondió Rey—. Te acompañamos, si quieres.
—¿En serio? —Kit arqueó las cejas, con una sonrisa—. Gracias, ya me veía durmiendo en uno de los Ala-X.
Echaron a andar hacia la salida, con Rey en medio de los dos hombres.
—¿Creéis que Poe recordará algo de todo esto cuando se despierte? —comentó la muchacha, sonriendo con aire travieso.
—Si no lo hace, ya se lo recordaré yo —contestó Kit, en un tono muy parecido—. Eso os lo prometo.
—¿Hace mucho que le conoces? —continuó ella. Era una suerte que estuviera allí para llevar la conversación, porque Finn no se sentía con ánimos.
—Uf, espera que piense… Nos conocimos en la academia, cuando teníamos dieciocho años. De eso hace… —carraspeó de forma exagerada y miró hacia otro lado, fingiendo incomodidad—. Bueno, tampoco hace falta especificar, ¿verdad? Vamos a dejarlo en que sí, hace mucho tiempo.
A su pesar, Finn esbozó una pequeña sonrisa.
—Tampoco sois tan mayores —murmuró, sin poder contenerse. La diferencia de edad entre él y Poe no era tan grande, no era como si hubiera una brecha generacional ahí.
—¡Gracias! Eso es lo que yo digo siempre.
Había algo en Kit que hacía fácil estar a su lado. Incluso para Finn, contra todo pronóstico y por más que él hubiera querido que no fuera así. No estaba seguro de cómo describirlo, salvo quizá que el hombre irradiaba confianza. No intentaba impresionar a nadie y tampoco parecía esperar que le impresionaran a él. Charlaba con ellos con naturalidad, como si realmente le cayeran bien y no lo estuviera haciendo sólo por Poe.
Llegaron a los dormitorios en poco tiempo, o al menos a Finn no se le hizo largo. La habitación que le habían asignado a Kit resultó ser contigua a la de Poe, que a su vez estaba en el mismo pasillo que la de Rey y la de Finn. Había más gente alojada en el mismo corredor, por supuesto, pero para Finn, que estuvieran los tres juntos era algo que siempre le había reconfortado, como si fuese un hecho admitido por todo el mundo que Poe, Rey y él formaban una especie de familia. No estaba muy seguro de querer admitir a Kit dentro de ese núcleo, aunque todo apuntaba a que no tendría elección. En cierto modo ya se había instalado allí, aunque acabara de llegar.
Se despidieron de Kit frente a su puerta y él volvió a darles las gracias por haberle acompañado, aun sabiendo que les pillaba de camino, porque por supuesto tenía que ser encantador, además de todo.
Cuando se quedaron solos, Finn le dirigió a Rey una mirada desvalida y no necesitó decir nada para que ella le entendiera. La muchacha le abrazó en silencio, dándole un par de palmaditas en la espalda como si con ello tratara de infundirle ánimos. Después le dio las buenas noches y cada uno desapareció tras la puerta de su propia habitación.
Finn no se molestó en preguntar quién era cuando llamaron a su puerta a primera hora de la mañana siguiente. Tan temprano sólo podía ser Rey, así que se limitó a contestar con un "adelante".
No se había equivocado. La muchacha entró en el cuarto, dándole los buenos días con una sonrisa, y cerró la puerta tras ella. En cuanto miró a Finn con más detenimiento, sin embargo, su expresión alegre se transformó en una de preocupación.
—No tienes buena cara—le dijo—. ¿Estás enfermo?
—No, no es eso —contestó Finn, mientras terminaba de cerrarse las sujeciones de las botas—. Es sólo que no he dormido muy bien esta noche.
De hecho, no había conseguido pegar ojo. En la oscura soledad de su cuarto, todos sus demonios habían regresado con ganas de venganza y esta vez no estaba Poe para hacerlos desaparecer con una sonrisa, ni Rey para ahuyentarlos con su brillante espíritu. Finn se había pasado la noche dando vueltas en la cama, catalogando todas y cada una de las maneras en las que Kit resultaba mucho más interesante que él e imaginando múltiples situaciones en las que Poe decidía retomar su relación donde la habían dejado.
Su subconsciente podía ser muy hijo de puta algunas veces.
—Oh, Finn… —murmuró Rey con aire comprensivo, sentándose a su lado en la cama—. ¿Tanto te ha afectado todo esto?
El muchacho se encogió de hombros, volviendo el rostro hacia un lado para no responder.
—¿Eso significa que vamos a odiar a Kit? —bromeó ella, intentando aligerar el ambiente por el bien de Finn—. Porque, si quieres, puedo hacerlo. En fin, a primera vista parece bastante majo, pero tú eres mi mejor amigo. Si me lo pides, le odiaré.
—Nah, no soy tan crío —respondió Finn, hinchando el pecho; después miró a Rey de reojo—. ¿Lo harías?
—Finn… —le regañó ella con suavidad, aunque su expresión era indulgente.
—Ya, ya lo sé —concedió él, pasándose una mano por la cara con frustración—. No podemos odiarle, ¿verdad?
Rey negó con la cabeza mientras respondía.
—No, no podemos. En parte porque no ha hecho nada para merecerlo y en parte, presta atención porque esto es lo más importante, porque es el mejor amigo de Poe y tú no quieres darle ese disgusto.
—Un momento, eso de que Kit es el mejor amigo de Poe es discutible, estando yo aquí.
—Tomo nota de tus objeciones, pero no cambian el hecho de que ésos dos han compartido media vida. ¿En serio quieres obligar a Poe a elegir entre él y nosotros?
La cuestión era que, en realidad, no le odiaba. De hecho, incluso le caía bien. Si Finn sentía alguna emoción negativa hacia Kit, era miedo de que Poe todavía estuviera enamorado de él, o que pudiera volver a estarlo.
Finn dejó escapar un suspiro de derrota, hundiendo los hombros. Apoyó los codos en sus muslos, con las manos colgando entre sus rodillas.
—No, claro que no —reconoció.
Rey le pasó un brazo por encima de los hombros, atrayéndole hacia su costado con un firme apretón. Nadie podría imaginarse, al verla tan delgada, lo fuerte que era en realidad.
—Finn, lo que tenga que ocurrir, ocurrirá —dijo con suavidad—. Si Poe te quiere a ti, eso no va a cambiar porque Kit haya aparecido de nuevo en su vida. Y si le quiere a él y deciden volver a intentarlo, entonces como amigos suyos nos tocará alegrarnos por su felicidad. Aunque duela.
—¿Eso es una muestra de sabiduría jedi? —preguntó Finn, alzando una ceja.
Rey se encogió de hombros con una mueca.
—No lo sé. Desde luego no es experiencia —bromeó, aunque inmediatamente después se puso seria de nuevo—. Pero oye, quiero que recuerdes una cosa, ¿vale? Pase lo que pase, siempre me tendrás a mí para lo que haga falta. Tanto si es para alegrarme por ti como si es para consolarte. No lo olvides.
Finn la miró con una sonrisa llena de afecto, sintiendo una reconfortante calidez extenderse por su pecho. De repente, la situación ya no parecía tan grave, y sus preocupaciones de la noche anterior, una exageración.
—¿Te he dicho ya que eres la mejor?
—Alguna que otra vez, pero no me importa oírlo de nuevo.
Los dos se echaron a reír, fundiéndose en un abrazo. Después Finn se puso en pie y le tendió la mano a Rey para ayudarla a levantarse.
—¿Qué, nos vamos a desayunar? Me muero de hambre.
—Creía que no ibas a decirlo nunca.
Al salir de la habitación vieron venir a Poe por el pasillo, dirigiéndose hacia su propio dormitorio, que estaba un par de puertas más allá del de Finn. El piloto se detuvo en seco al verles, y por un momento pasó por su rostro una expresión extraña, confusa, como si todavía tuviera los reflejos algo lentos por el efecto de las medicinas o algo así. Pero se le borró en seguida, y les saludó con una leve sonrisa.
—¡Poe, ya estás de nuevo en pie! —exclamó Rey con alegría.
—Sí, eso parece —contestó él en voz baja, desganada. Finn suponía que aún debía de sentirse bastante cansado, después de todo lo sucedido—. Por cierto, ¿dije muchas tonterías anoche?
Rey intercambió una mirada traviesa con Finn antes de responder.
—¿Tonterías? No, yo no diría que fueran tonterías. Le hablaste muy bien de nosotros a tu amigo, eso sí.
—¿Ah, sí? —preguntó él cruzándose de brazos, como si no le diera importancia, aunque el tono de voz se le quebró ligeramente y tuvo que carraspear para aclararse la garganta—. ¿Y qué… qué fue lo que dije?
Finn le vio lanzar una rápida mirada de reojo en su dirección, aunque duró apenas un momento y en seguida volvió a dedicar su atención a Rey.
—Dijiste que soy tan buena pilotando que, a lo mejor, hasta me dejarías llevar el Black One algún día.
Poe se puso pálido de inmediato, abriendo mucho los ojos. Irguió la postura y descruzó los brazos, levantando las manos en un gesto de advertencia.
—No, no, no, espera un momento, nadie pilota el Black One salvo yo. Es imposible que haya dicho eso en serio, drogado o no drogado. Y si lo dije, estaba bajo los efectos de los medicamentos, así que no me lo podéis tener en cuenta.
Finn estaba a punto de ceder y decirle la verdad, al verle tan nervioso. Por suerte, Rey se apiadó de él antes.
—Vale, es verdad, no lo dijiste. Pero valía la pena intentarlo.
El suspiro de alivio de Poe fue tan evidente que los tres se echaron a reír.
—¿Quieres venir a desayunar con nosotros? —propuso Finn, esperanzado. Desde el regreso de Poe el día anterior, todavía no habían tenido ocasión de pasar un rato juntos como antes, sólo ellos tres, y lo echaba muchísimo de menos.
—Gracias, pero ya he desayunado en la enfermería —respondió el piloto, sin sostenerle la mirada—. Es decir, si se le puede llamar desayuno a ese plato de engrudo que me he tenido que comer.
Trató de reírse de su propia broma, pero se le quedó en una especie de bufido.
—Iba a darme una ducha y a afeitarme —continuó en el mismo tono apagado, pasándose una mano por la barba—. Estoy deseando quitarme este animal muerto de la cara.
—No te queda tan mal —opinó Rey, observándole con aire pensativo—. Yo diría que hasta te favorece. ¿No crees, Finn?
Lo que Finn creía era que iba a tener que buscarse una nueva mejor amiga. Y además, pronto.
El comentario de Rey provocó que, como un acto reflejo, Poe mirase a Finn y Finn le mirase a él, con lo que ya no había escapatoria. Ahora tenía que dar una respuesta, y además una que no le hiciera quedar como un completo idiota, mientras intentaba no atragantarse con su propio corazón.
"La verdad es que me da igual, porque con barba o sin ella eres el hombre más atractivo que he visto en mi vida y quiero hacer cosas escandalosas contigo".
No, eso no se lo podía decir.
—Yo… yo… Bueno… En realidad… D-da igual, ¿no?… Quiero decir, que está bien… Está bien…
Tosió y continuó con gran esfuerzo, sintiendo la garganta seca.
—No sé, como él esté más cómodo.
¿Podía ser decepción lo que se reflejó durante apenas una fracción de segundo en el rostro de Poe? La lógica le decía que eso era imposible y, en cualquier caso, desapareció antes de que Finn tuviera tiempo de analizar lo que había visto, o creído ver. El piloto esbozó una especie de media sonrisa y le palmeó el hombro, disponiéndose a continuar hacia su dormitorio.
—Os veré luego, ¿vale? —les dijo al pasar, y desapareció en el interior de su habitación tras saludarles una última vez.
En cuanto estuvo fuera de su vista, Rey le atizó a Finn con el dorso de la mano en la parte superior del brazo.
—¡Ay!
—¡Eres idiota! —le recriminó la muchacha en un susurro furioso—. ¿Por qué no has aprovechado para decirle algo bonito?
—¡Porque me estaba muriendo de vergüenza, por eso! —replicó él en el mismo tono, mientras echaban a andar de nuevo en dirección a la salida.
—¡Ah, hombres! —suspiró Rey, levantando los ojos hacia el techo con aire frustrado—. No se os puede dejar a cargo de nada.
Lo peor era que ni siquiera podía enfadarse con Rey, porque ella tenía razón: podría haber dicho algo un poco más amable y no se habría acabado el mundo por eso. No se habría puesto en evidencia. Quién sabe, a lo mejor incluso habría conseguido disipar un poco ese aire de melancolía que su amigo parecía arrastrar esa mañana. Se preguntó qué podía ser lo que tenía a Poe tan alicaído. El cansancio, por sí solo, no era suficiente para apagarle así. ¿Sería un efecto tardío de su estancia en las minas, o tendría que ver con la reaparición de Kit en su vida?
¿Y si estaba descubriendo que en realidad no tenía tan superada esa historia como había creído?
Siguió a Rey hacia el comedor con la cabeza gacha, rumiando sus pensamientos en silencio. De repente ya no tenía tanta hambre.
—Hombre, vuelves a estar reconocible.
La voz de Kit sacó a Poe de su ensimismamiento y le hizo levantar la mirada de la superficie de la mesa, donde la había tenido perdida tanto tiempo que la taza de té que sujetaba entre las manos se le había quedado fría sin llegar a probarla.
—¿Hmm?
Kit señaló hacia su rostro mientras se sentaba enfrente de él.
—Ah, eso —respondió Poe con voz monótona, pasándose una mano por el mentón recién afeitado; el pelo también había recuperado su longitud habitual—. Sí, por fin.
A esa hora, más o menos mitad de la mañana, la cantina estaba vacía salvo por ellos dos y el personal de limpieza. El propio Poe no habría estado allí en un día normal, pero el reposo ordenado por la doctora le había dejado sin nada que hacer y en realidad no le apetecía tener que poner buena cara para nadie, por eso se había refugiado allí.
Kit reaccionó a su respuesta y su actitud con una expresión preocupada, escudriñando su rostro con el ceño fruncido.
—¿Qué diablos te pasa? —preguntó—. ¿BB-8 se ha vuelto a quedar sin batería?
—Se me olvidó cargarle una vez, Kit. Una. Y para que lo sepas, el año pasado le instalé un cargador solar.
—Entonces, ¿a qué viene la cara de funeral?
Poe dejó escapar un suspiro y agachó la cabeza, apartando a un lado la taza fría.
—Esta mañana, cuando volvía a mi habitación, me crucé con Rey y Finn —respondió sin mirarle—. Salían del cuarto de él, los dos juntos.
—Oh —respondió Kit en tono comprensivo; su rostro dibujó una mueca—. Vale, admito que eso es chungo, pero ¿no estarás sacando conclusiones precipitadas? Que les hayas visto salir de la habitación por la mañana no significa necesariamente que hayan pasado la noche juntos, ¿no?
Poe se pasó una mano por el pelo y le miró sin levantar el rostro, sólo elevando los ojos.
—Necesariamente no, pero ¿qué probabilidades hay?
Kit abrió la boca para decir algo, pero pareció pensárselo mejor y la cerró de nuevo. Después hizo otros dos amagos, como si quisiera rebatirle pero no fuera capaz de encontrar las palabras. Al final, con un gesto de frustración, cedió:
—Nah, déjalo, no soy capaz de venderte excusas baratas que me suenan falsas incluso a mí. Lo siento, tío, es una mierda.
—Supongo que si me quedaba alguna duda con respecto a su relación, ya no la hay —continuó Poe, haciendo un valiente intento por sonreír que se quedó en nada—. En realidad, es mejor así, ¿no? Quiero decir que es preferible saberlo con certeza. Así puedo hacerme a la idea y seguir con mi vida, en vez de estar alimentando esperanzas que no me van a llevar a ninguna parte.
—Ya, pero no tiene por qué ser fácil —respondió Kit con suavidad—. Ni tienes por qué pasarlo solo.
Poe le sonrió débilmente y alargó una mano para darle un apretón en el antebrazo, agradecido. La otra mano de Kit cubrió la suya, dándole un par de palmaditas de ánimo.
—¿Eso era lo que estabas haciendo ahí sentado, regodearte en tu miseria? —le regañó con amabilidad—. No me jodas, Poe, ¿es que de pronto te has convertido en un poeta alderaaniano de la Antigua República, arrastrando tu melancolía por los rincones?
—¿Y qué sugieres que haga? —respondió Poe, liberando su mano y echándose hacia atrás en su asiento.
—Distraerte. Buscar algo que te quite a Finn de la cabeza durante un rato. Oye, ¿te gustaría salir de maniobras? Hace siglos que no volamos juntos y no sé tú, pero yo lo echo de menos un montón.
Ah, volar otra vez. No, no sólo eso; volar con Kit otra vez. La mera sugerencia le despertó una nostalgia tan intensa que dolía, su mente inundada de recuerdos. Recuerdos que había tenido que enterrar mucho tiempo atrás, por una simple cuestión de supervivencia: la poderosa sensación de armonía, de comunión, de perfección, cuando estaba ahí arriba con él. Desde entonces no había experimentado nada que pudiera compararse, salvo quizá la escapada del Finalizer con Finn en un caza TIE robado.
"Te recuerdo que estás intentando quitarte a Finn de la cabeza un rato, Poe. No lo fastidies".
—Ojalá —suspiró Poe—. Me muero de ganas, créeme, pero la doctora Kalonia me despellejará si me salto el reposo.
—¿Esa señora tan amable? —replicó Kit, arqueando una ceja en un gesto incrédulo, al que Poe respondió asintiendo con solemnidad.
—Sus palabras exactas fueron "como te vea subirte a un Ala-X antes de una semana, te pondré en un coma inducido para obligarte a descansar". Y lo haría, estoy seguro. Esa mujer nunca va de farol.
—Está bien, pues otra cosa, entonces —dijo Kit, bajando la mirada como si rebuscara en su memoria; se frotó los ojos, ahogando un bostezo, y después se le iluminó el rostro—. Espera, ¿te acuerdas de qué era lo que más nos gustaba hacer, aparte de volar?
Poe le dirigió una mirada.
—¿En serio, Kit?
El hombre puso los ojos en blanco, con un suspiro de exasperación.
—La tercera cosa que más nos gustaba hacer, malpensado. ¿Cuándo fue la última vez que le hiciste una puesta a punto al Black One?
Poe sintió que se sonrojaba hasta las orejas; en cambio, Kit ni siquiera parecía incómodo por el breve malentendido.
—Bueno… —murmuró Poe, tratando de actuar como si nada—. Supongo que eso no cuenta como subir al Ala-X, ¿verdad?
—Eh, eh, no corras tanto. Puede que tú seas un irresponsable con tu propia salud, pero yo me considero un hombre adulto y ni de coña voy a dejar que te lesiones otra vez. Cuando hablo de hacerle una puesta a punto al Black One, quiero decir que tú supervisas y yo me encargo de todo.
Poe soltó un bufido de indignación.
—¿Y qué gracia tendría eso?
Su amigo le miró con una ceja arqueada.
—¿Qué parte de "tú te limitas a darme órdenes y yo hago todo el trabajo" no has entendido?
Tenía que admitirlo, ése era un argumento de peso. Poe sonrió y se encogió de hombros.
—Ah, vale, visto así…
Con una sonrisa satisfecha, Kit empujó hacia atrás su silla, se puso en pie y le hizo un gesto a Poe con la cabeza para que le imitara.
—Pues venga, vamos.
—¿Cómo, ahora? —preguntó Poe, parpadeando desconcertado—. ¿Tienes tiempo?
El otro piloto asintió con la cabeza.
—Acabo de salir de una reunión con la general Organa y mi gente no llega hasta esta tarde. Ahora mismo, estoy a tu disposición.
Poe le miró desde su asiento: la sonrisa franca, la mano extendida hacia él, la actitud relajada… Era todo tan familiar y a la vez tan extraño. Kit no parecía consciente del milagro que suponía su presencia en aquella base, justo ahora cuando más le necesitaba, y sobre todo después de tanto tiempo creyendo que le había perdido para siempre. Poe, por el contrario, lo tenía muy presente y ya no sabía cómo dar gracias a la Fuerza por ello.
Sonrió y se levantó a su vez, pero cuando Kit hizo ademán de echar a andar, él le detuvo agarrándole por un brazo. El otro piloto se volvió, confuso, y Poe se abrazó a él con todas sus fuerzas.
Kit tardó unos segundos en ponerse al día con la situación, pero finalmente sus brazos se cerraron a su vez sobre la espalda de Poe.
—¿Y esto a qué viene? —preguntó, en tono perplejo.
—Gracias, Kit —susurró el otro hombre—. Gracias de verdad.
—¿Por qué? —lo curioso era que su voz sonaba genuinamente confusa, como si de hecho no pudiera imaginarse los motivos por los que Poe le estaría agradecido.
—Por todo. Por aparecer de casualidad en las minas, sin apoyo de ningún tipo, y aun así encontrar la manera de rescatarme. Por traerme aquí y por quedarte. Por actuar como si dos años de ausencia no importaran nada y por fingir que no nos rompimos el corazón el uno al otro antes de eso. Por seguir siendo mi amigo después de todo.
Sintió que Kit le estrechaba con más fuerza, como si su atropellada confesión le hubiera conmovido.
—Oye, ¿qué chorradas estás diciendo? Pues claro que sigo siendo tu amigo, eso no va a cambiar nunca, pase lo que pase. Y si alguna vez lo dudaste, es que eres más idiota de lo que yo creía, Dameron.
Poe se echó a reír con suavidad, dando un paso atrás para separarse. El rostro de Kit tenía una expresión desconcertada, pero también había en sus ojos algo cálido y reconocible, como un olor o una pieza de música que de repente te transporta a una época de tu vida que ya tenías olvidada.
—Anda, vamos —dijo Poe, dándole una última palmada en la parte superior del brazo—. ¿No habías dicho que ibas a reparar mi Ala-X?
—Sí, señor —replicó Kit con aire burlón, y los dos salieron de la cantina en dirección a la pista de aterrizaje.
