Cuerpo cautivo


Albert Wesker & Claire Redfield


Capítulo tres: Heartless monster

Keep you near
In silent moments
Imagine you'd be here
All of my memories
Keep you near
The silent whispers, silent tears

Made me promise I'd try
To find my way back in this life
I hope there is away
To give me a sign you're okay

Memories – Whitin Tempation


Descargo de responsabilidad: No amigos, Resident Evil no es mi saga, ni ninguno de sus personajes me pertenece.


Despertó con una luz tenue en el rostro y lo primero que notó fue la pesadez en sus hombros. Su descanso no había sido muy largo; como máximo dos horas. Contadas habían sido las ocasiones en las que el dolor de cabeza lo había conducido directamente a los brazos de Morfeo, con un vaso de coñac entre sus dedos. Se trataba quizá de la peor migraña que había experimentado en toda su vida.

Estaba desplomado encima de su sillón de cuero negro, sin poder recordar cómo había llegado hasta allí. Contaba con difusas imágenes de haber dejado a la joven Redfield, descansando como un ser celeste, en la habitación contigua…

Más tarde llamó a Thompson, ejecutivo de Tricell, sobre sus descubrimientos en la mansión Spencer acerca del virus Progenitor. No dio detalles, simplemente lo que necesitarían conocer en un futuro si quería consolidar esa alianza.

El carácter que había adoptado en presencia de Claire le parecía tan fuera de lo habitual que prefería mantener los hechos entre las sombras, como otro inútil recuerdo más.

La sola idea de cruzar una palabra con la pelirroja le revolvió el estómago. Le había bajado del helicóptero en vilo, ocultando su rostro con la propia casaca de cuero, con el mismo paso imponente que acostumbraba, sin dejar espacio a cuestionamientos sobre la identidad de esa mujer de cabellos fuego que dormía entre sus brazos.

El poder tocarla… había cegado su mente, descontrolando sus sentidos de forma inaceptable. No volvería a suceder; no iba a permitir que una niñata lo sacara de sus cabales.

Tronó su cuello un par de veces; había pasado la noche en muy mala postura y no se había retirado ni las gafas. Necesitaba una ducha. Una larga ducha, de preferencia eterna, y cambiar sus ropas, porque olían a tierra y humedad. Pero primero descubriría qué diantres estaba haciendo la joven Redfield. Y si continuaba desmayada o tenía un sueño pesado como roca.

Claire tendría sus funciones más tarde. De eso estaba seguro. De lo que no estaba seguro era de si podría resistir sus impulsos asesinos hasta el momento en que ella le resultara útil para algún propósito.

Abrió la puerta de la biblioteca, y para su sorpresa, la pelirroja no estaba durmiendo. Se encontraba de pie en medio de la sala, sosteniendo lo que a primera vista era una vil hoja de papel. La joven mujer se sobresaltó con el crujir de la puerta de madera, se giró a mirar a Wesker con los ojos llenos de furia.

—Veo que no puede mantener las manos quietas ni por unas cuantas horas… Alguien debió enseñarle que no se toca lo que no es nuestro.

Pero Claire no contestó. Mantenía la misma expresión escandalizada, como si lo hubiera visto patear un cachorrito.

¿Cómo pudo si quiera pensar que ese tirano había tenido algo de humano en un tiempo pasado? Deseaba jamás haber tenido que cruzarse en su camino. El destino le jugaba muy malas bromas, desde niña. Su vida había dado un giro de trescientos sesenta grados cuando joven, al toparse con el capitán aquella tarde en el aeropuerto. Solo que ahora aquellos hechos, tan mundanos en un inicio, colocaban su vida en la línea cada día, la estabilidad de todo su mundo, hecha añicos.

Tiró la foto que residía entre sus manos, dejándola caer casi poéticamente. Una contracción hizo a su corazón doler; fingió no sentirlo.

—No eres más que un engredo. ¡¿Cómo pudiste?! Después de todos estos años… las conservaste.

¿De qué derecho se creía poseedora aquella mocosa para hablarle de tal manera?

Quería burlarse de ella.

¿Era acaso traición, ira, incluso lastima, lo que leía en sus ojos?

Wesker era capaz de destruir las esperanzas que quedaran dentro de ella con su burla e indiferencia, y entonces, no sería más que una muñeca de trapo regada a sus pies.

Deseaba tanto decirle lo patética que era, pero las palabras murieron en sus labios mucho antes de pronunciarlas. Extrañamente, lo único que nació de su cuerpo fue una sonrisa ladina, sarcástica. Sabía que a esa melancólica muchacha la destruiría más la añoranza de volver a su vida, que las palabras que él pudiera dedicarle; se apagaría lentamente, como una llama, así como su cabello que ahora ardía rojo fuego dentro de la habitación, inundando sus pupilas del mismo tono.

—Le recomiendo cuide su voz —respondió el tirano con su amenazante voz arenosa. Sabía que aquello no acabaría nada bien. Todo era culpa de Claire y su afán por inmiscuirse en los asuntos que no le concernían en lo absoluto; quizá era lo que Wesker más odiaba en este mundo: cuando alguien trataba de infiltrarse entre los sólidos muros que cuidadosamente construía a su alrededor.

¿Acaso Redfield no entendía que analizar todos los eventos de su pasado la reducirían a un montón de polvo?

¿Qué era lo que buscaba entender?

— ¿O qué? ¿Me matarás como a todas las personas que están dentro de tu vida? Si es que acaso queda alguien. Adelante. No me interesa una coña lo que hagas conmigo. De cualquier manera, terminarás poniendo una maldita bala en mi cabeza.

Claire apretó los puños, mirando directo a ese par de gafas negras que tanto le recordaban su tormento. El muy bastardo aún tenía la foto de los STARS con todas las firmas de sus integrantes, diciendo cosas como: "Capitán, ¿qué tiene detrás de los lentes?" La pregunta era de Jill. Y la que sin duda era letra de Chris, respondiendo. "Ojos, ¿qué esperabas, Jill? ¿Agujeros negros?". Y diversas palabras de quienes formaran un equipo muchos años atrás. Aquellos a los que había traicionado, utilizado, asesinado…

También una del equipo Alpha y Bravo por separado; Enrico estaba molestando a Rebecca, cubriéndole los ojos con sus enormes manos y ella trataba vanamente de liberarse con timidez, sus mejillas encendidas como focos navideños. Chris tenía un brazo alrededor de Jill, mientras que la joven trataba de recuperar su boina, arrumbada en el suelo. Wesker estaba recargado sobre el helicóptero, mirándoles de reojo.

—No eres más que un monstruo, no tienes corazón, no tienes alma, ¡no tienes absolutamente nada! —gritó ella, colérica. Encolerizada no sólo por los actos confusos de él, sino por sus pensamientos nostálgicos por un hombre que debió haber dado por difunto desde el primer momento en que decidió unirse a las filas de Umbrella.

Era una completa imbécil. Creyendo siempre que todos tienen algo bueno que mostrar. Eso no aplicaba con el tirano; podía ver sus mejillas inusualmente pálidas, el gesto frío que llenaba la habitación, y que lograba estremecerle hasta la médula, deslizándose a través de su espina dorsal como un hielo resbalando por su espalda desnuda.

El hombre comenzó a andar hacia ella, las botas de combate resonando en el piso de madera. Claire tragó saliva, sabiendo lo que vendría a continuación. Y era increíble lo que Wesker era capaz de hacer por poder, planeando matar a la humanidad entera por sus enfermizos pensamientos narcisistas.

La creación es un demonio para aquellos que poseen los medios.

Su propia respiración comenzaba a taladrarle los oídos. Dio un paso hacia atrás, horrorizada, y pisó las fotos por error. Wesker había llegado más lejos que cualquiera; Claire tontamente llegó a pensar que se trataba de un mal entendido. Quizá el capitán habría sido víctima de las mismas atrocidades de aquella enorme corporación y sus opciones se habían reducido a los violentos actos cometidos. Pero eso fue lo que había decidido creer en un principio. Sin embargo, el relato de Jill no dejaba duda alguna de las verdaderas intenciones de Wesker desde sus tempranos acercamientos a la milicia.

Había cruzado los límites de la sanidad con elegancia, y de aquel hombre que le había enseñado a jugar cartas años atrás, no existía nada —si es que alguna vez lo había hecho y no era un espejismo, otra treta que agregar a la lista—.

Quería alzar una plegaria al cielo por él, pero ni siquiera eso valía la pena.

Por alguna parte de la mente del rubio, cruzó la idea de explicar todo lo que había sucedido esa noche. ¿Por qué?, probablemente porque lo disfrutaba. Había creado una poesía a cada paso y ésta lo había colocado en la cima. Porque no sólo había probado su astucia, sino además sabía que se cobraba venganza de cada uno de sus ex—subordinados, al tiempo que recolectaba todo lo que podía de sus enemigos caídos.

Wesker sintió imágenes furtivas venir. Y las dejó ser. Era obvio que las encaraba con indiferencia.

Inicialmente, debía mantener alejado al escuadrón de policía de los asesinatos en la floresta de aquella mansión, pero cuando el escándalo de los ciudadanos se hizo mayor, no hubo otra salida: los STARS estaban obligados a tomar cartas en el asunto.

Lleva a los STARS a la mansión. Deshazte de ellos y reporta la situación al alto mando.

Esa había sido la orden.

Claire miró los pómulos hundidos del ex—capitán, cada una de sus líneas, incluso los años que empezaban a pintarse sobre su frente, la postura complementada con sus ropas negras, el simple acto de su respirar.

Sus ojos se llenaron de lágrimas indignadas, mezcladas con un sentimiento de profunda repulsión. Incluso sentía el aroma de Wesker impregnado en sus vestiduras, producto de haber pasado la noche con el pesado abrigo encima, lo cual sólo aumentó su incomodidad.

Había acabado con quien se atrevió a cruzarse en su camino. Su maldad había escalado a niveles inhóspitos, traicionando no únicamente a los STARS sino a Umbrella a la par, trabajando para Dios sabe qué clase de corporación.

No podía mirarlo como un humano más. Ya ni siquiera… ni siquiera estaba segura de lo que pensaba.

Claire se sintió enferma. Su hermano había estado ahí, soñando una y otra vez con cuerpos destrozados, roídos hasta los huesos, desprovistos de piel o músculos; disparos y gritos de agonía.

—Bastardo —.Y al segundo, el oxígeno comenzó a faltar en su cuerpo. Se estremeció, la presión llenando su cabeza, evitando que pudiera pensar. No había escapatoria.

Así que amenazaste a Barry con asesinar a su familia si no hacía lo que querías… Y al final, tú sólo eres un esclavo de Umbrella. Bastardo —. La voz de Jill inundó la mente del rubio. Le había golpeado con su arma. Jill lo miró desde el suelo, con los ojos azules bien abiertos. No quería memorizar esa mirada. Siguió hablando de lo grande e increíble que era el tyrant, la última forma de vida, pero algo dentro de su cuerpo guardó la expresión de Valentine muy en el fondo: un vistazo de decepción en aquellas piscinas azules que había fingido degustar con sadismo.

Claire no pudo ver a su atacante pero pudo sentir el duro agarre de unas manos violentas. Si Wesker apretaba su cuello un poco más, acabaría por tronarle una vértebra. Wesker la alzó con una sola mano, los pies de la pelirroja distando varios centímetros del suelo. Era obvio el placer que le provocaba el ejercer su poder sobre alguien, y la joven se sentía igual a un insecto a punto de ser aplastado. Un pez devorado por un tiburón.

Y había matado a personas por menos.

El rubio pudo ver las severas marcas en el mentón de Claire. Amoratadas y un tanto hinchadas, siendo heridas sin tratar desde el día anterior. Pero estaba furioso, y en lo único que pensaba era que nadie podría cabrearle de esa manera por tanto tiempo sin pagar con creces su insensatez. El rostro de la joven mujer pasó de un sano color carne, a un rojo intenso, cuando los vasos de su cuello comenzaron a reventarse por la presión, hasta llegar a un blanco azulado que indicaban que su tiempo en la tierra se estaba reduciendo.

Claro, las cosas nunca eran así de sencillas. Ni siquiera para Albert Wesker.

Ahí estaba la piel suave de su cuello. Podía sentirla, quemando bajo su tacto, mientras arrebataba la vida de Claire con cada segundo transcurrido: lo primero que volvía a poder experimentar con sus manos en meses.

¿Debía borrarlo de la faz de la tierra? ¿Debía permitir que la vida se fugara de aquel cuerpo frágil?

Porque ya no existía el sol, ni el frío, ni el viento para su piel. Ahora sólo había contacto. Algo que jamás había necesitado o querido, pero que estaba bloqueando sus sentidos cada vez que se mostraba parpadeante, como una luz a punto de extinguirse. Sentía los huesos de la pelirroja crujir ante su fuerza, sus propios cartílagos provocando la asfixia debido a la compresión contra su esófago.

Apretó los ojos detrás de los lentes. No había pasado tantas incomodidades sacando a la chica de la mansión para después matarla sin ninguna recompensa.

Y ahí estaba Chris Redfield para recibir agradables… noticias sobre su dulce hermanita.

La lanzó a un lado, y Claire gimió de dolor al impactar contra el suelo. Tosió forzadamente, luchando para que sus pulmones realizaran su trabajo acostumbrado. Seguía con vida… y no estaba claro si debía de sentir alivio o llorar desconsolada.

Wesker volvió a levantarla sin cuidado, tomando su brazo a una sola mano, arrastrándola sobre sus pies. Abrió la puerta de su sala con violencia y arrojó a Redfield sobre la alfombra, quien continuaba jadeando. La chica era víctima de convulsiones, la miró erguido cuan alto era, sintiendo unos impulsos irresistibles de dejarle una marca permanente para que no olvidara quién era el dueño de la batuta. Salió de la habitación, no sin antes pronunciar unas cuantas palabras de espaldas con la mano sobre la perilla: —Debe aprender, Redfield, que las huellas que trata de seguir la llevarán a su destrucción… y me encargaré que sufra las consecuencias de cada una de las palabras que acababa de pronunciar —. El tirano se retiró, azotando la estructura de madera con gran estruendo. Sentía la sangre dentro de su cuerpo acelerar, hirviendo mientras recorría sus venas.

Las lágrimas que tanto había luchado por contener inundaron las orbes verdemar de la muchacha, pero incluso llorar era doloroso. Los hipeos le robaban el poco aire que recibía de su irregular respiración. Trató de levantarse sobre sus piernas y logró llegar trastabillando hasta un sillón donde finalmente se dejó sucumbir.

Extrañaba tanto a Chris…


—Voy a ir por ella Jill, no me importa que tan lejos la haya llevado ese maldito, voy a traerla de vuelta… —dijo Chris sin la usual calma en su voz. Estaba empacando una maleta sin cuidado alguno, amontonando las cosas.

—Se razonable, por favor. No sabemos dónde puede estar. Ni siquiera el sitio adecuado para empezar a buscar —respondió la joven Valentine, tratando de mirar con súplica los ojos del apuesto hombre.

— ¿Cuándo hemos logrado saber algo de esta manera, manteniéndonos quietos y en silencio? No creas que voy a quedarme aquí sentado sin hacer nada por encontrar a mi hermana. ¿Tienes idea de lo que puede estar haciéndole ese monstruo en estos momentos?

El hombre de cabellos negruzcos se lamentó enseguida por sus palabras. Por supuesto que lo sabía, su compañera también había sido secuestrada por ese engendro.

—Lo sé. Nada bueno puede estar sucediendo… Sin embargo, Claire es una chica muy lista. No se dará por vencida tan fácilmente. Chris, yo sólo… si te sucede algo… No podría soportarlo. Déjame ir contigo.

El moreno paró unos segundos el ajetreo que llevaba de un lado a otro para ver a su amiga.

—No puedo aceptar que Wesker tome a las dos personas más importantes en mi vida. Te quiero a salvo.

—Tal vez León pueda ayudarnos… Podría tratar de dar con Wesker de alguna manera. Somos compañeros desde hace muchos años; jamás dejaré que te embarques en tal travesía solo.

Jill colocó su mano gentilmente sobre la del mayor Redfield, tratando de dedicarle una sonrisa tranquilizadora.

—La encontraremos. Sana y salva, pero tenemos que ser más inteligentes y vigilar su siguiente movimiento.


Pasaron varias horas antes de que pudiera relajarse. La tarde era fresca; predicción perfecta de una noche fría.

Ella no sabía en qué país se encontraba, pero sin duda alguna se trataba de un país europeo. El acento de algunos soldados delataba un inglés frívolo y anticuado.

Había una ventana de bellas cortinas blancas, y se sorprendió al ver un campo verde del otro lado. Era una mansión, lo podía deducir a simple vista. Incluso un par de montañas cubiertas de nieve se asomaban a lo lejos, sublimes. Claire deseó poder disfrutar más del paisaje, pero en sus ojos tristes la belleza igualaba al vacío. Ella estaba vacía.

¡Cuánto hubiera dado por poder cambiar sus ropas y tomar un delicioso café caliente! Ahora se daba cuenta de las muchas veces que había menospreciado pequeños detalles que le ponían el más delicioso sabor a la vida, y a los cuales nunca prestaba la atención merecida.

Esa debía ser la residencia privada de Wesker.

¿Cuánto tiempo la tendría ahí? Por sus propios medios era imposible salir y después de haber jugado con fuego, terminó por quemarse. Al recordar la amenaza del tirano cuando la abandonó tirada como un estropajo, supo que no podría llevar una fiesta en paz.

Pero, la parte más tenaz dentro de Claire, tampoco quería llevar la fiesta en paz.


Arruinada su mañana y sin café a la mano, Albert Wesker se colocó la bata de laboratorio. Tenía tiempo libre y podría dedicarle varias horas a sus investigaciones personales. Puso su mano sobre el sistema de seguridad. Al atravesar la puerta, el olor a desinfectantes especializados y muestras golpeó sus pulmones.

Las ratas chillaban desde el fondo de la estancia y el sonido de encendido de su computadora lo llenó de un extraño alivio.

Al dedicarles un vistazo a sus pequeños roedores, en su rostro albino apareció una amplia sonrisa llena de sadismo.

Varios de ellos, desafortunadamente, estaban convertidos en una masa negra nauseabunda y agusanada. Sin embargo, el sobreviviente de aquella cepa era un triunfo enorme para el rubio. La satisfacción inundó su pecho.

No obstante, al tratar de tomar uno de los tubos de ensaye, el orgullo que había sentido instantes atrás, desapareció entre su creciente frustración. Guiarse por el tacto había sido imposible pues éste había desaparecido nuevamente. Cuando lo tuvo cerca de su mano trató de tomarlo con la fuerza de un hombre normal. No obstante, el envase estalló en varios pedazos, incrustándose debajo de su piel, como ya había sucedido cientos de veces con anterioridad. La sangre comenzó a resbalar por su manga, pero apenas y la notó. Sacó los vidrios tan rápido como pudo, pero era clara su dificultad.

Al menos todos esos episodios ocurrían en soledad. Sería inaceptable dejar a alguien más conocer lo que le sucedía. Estrelló el puño contra la mesa de metal. Tenía que solucionar eso y muy pronto. Levantó la vista y se acercó a la jaula del roedor que continuaba con vida. Colocó el dedo sobre el cristal, rozando su superficie.

Justamente como había predicho, el volumen muscular del animal había aumentado, así como la sensibilidad al sonido y a su entorno. Era más veloz que sus hermanos y el desarrollo de dientes y extremidades era incomparable.

La cepa era funcional al fin.

Ahora sólo tenía que probarlo en un ser humano.


¡Hola amigos! :D Bueno, nos tocaba ver el lado real de Wesker como siempre, el que nunca cambiará. Pronto habrá más recuerdos, basados en RE1 no se preocupen, y también "Like suicide", Wesker&Jill :D.

Espero les haya gustado el capítulo. A penas inicia la interacción entre ellos, un poco de paciencia por favor. : D Les prometo algo un tanto más… ¿romántico? Podemos llamarle así…


Mensajes:

Emperatriz: Awww… Hola ¿Qué tal? Tú mensaje fue uno de los que me hizo continuar, ya estaba pensando en botarlo, pero pues ya comencé. El vínculo de los recuerdos y eventos actuales continuará, así se puede crear una relación más profunda entre ambos personajes. Espero puedas dejarme tu opinión nuevamente. Muchas gracias y saludos.

Tears of an Evil: ¡Hola! Muchas gracias por seguir mi historia. Es muy gratificante para mí saber qué esperas una continuación: D. La primera opinión que me diste me alegró en demasía y espero me puedas apoyar con el desarrollo del fic, diciéndome qué opinas acerca del mismo.

Polatrix: Niña, a ver si ya encuentras tu cuenta por favor, me hace falta saber tu opinión. Y después de varios días entre que publico y no público, aquí está el siguiente capítulo. ¡Y espero te agrade! Sino… me deprimiré. La canción estaba muy bien para lo que esperaba mostrar esta vez. No un Wesker humano, sino el Wesker de siempre.


Fecha de la última revisión ortográfica: 12 de julio de 2018

[A quien encuentre una falta de ortografía, le debo un helado.]