¡Hola de nuevo mis lectores!
Aquí se reporta su autora favorita con una nueva actualización lista.
Si. Sé que me puedo demorar en subir capítulos, pero prefiero demorarme y hacer un buen trabajo, a entregar algo hecho a medias.
Y bueno, sin esperar más… ¡A leer!
3- ¿Un accidente?
Habían transcurrido ya dos semanas desde que Kaori Hira había ingresado a la preparatoria de Ciudad Domino, cursando el tercer y último año. Sin embargo, nada de eso provocó cambio alguno en la rutina de los demás. Kaori era callada y reservada y no intercambiaba más de tres palabras con sus compañeros y profesores. Los demás ya le habían asignado la etiqueta de "la antisocial" por su carácter silencioso. Pero ella parecía no reaccionar ante lo que decían los otros y permanecía siempre con vaga sonrisa, mirada apagada y la cabeza gacha. Al final, todos terminaron acostumbrándose a su depresivo carácter, incluso Yugi comenzó a dejar de preocuparse por ella, convenciéndose a si mismo, aunque no con mucho éxito, de que aquella aura de tristeza era algo propio de la pelirroja y ya imposible de eliminar. Lo comprobaba luego de haber intentado varias veces hablarle, pero ella no daba señales de responder o siquiera escucharlo. Pero aun así, una parte de él deseaba indagar mucho más sobre aquella chica, pero ¿cómo hacerlo si se negaba a todo contacto con los demás y se rehusaba a hacer amigos?
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Nadie esperaba que al final de ese día soleado se desencadenara una escandalosa tormenta. La lluvia caía estrepitosamente mojando todo a su paso, dificultándoles la visión a los demás, los cielos se veían tristes y grises, y un viento helado de invierno crudo congelaba la piel de las personas.
A la salida de la escuela, tanto alumnos como profesores salían apresurados del recinto, intentando cubrirse, desesperados por no quedar empapados, y corriendo lo más rápido posible para llegar a sus hogares y resguardarse del agua.
Yugi y sus amigos hubiesen querido hacer lo mismo, pero dos de ellos no tenían esa opción disponible. Honda debía quedarse en la escuela, pues era su turno de la limpieza de la sala junto con otros compañeros y Anzu tenía que trabajar pese a la lluvia. Aunque Jonouchi y Yugi insistieron en quedarse voluntariamente a ayudar a Honda, este se negó rotundamente y les aconsejó que lo mejor era que se fueran a casa. A regañadientes ambos aceptaron. Y ahora, iban conversando animadamente mientras avanzaban a paso acelerado por las calles, apresurados por llegar a casa antes de pescar un resfriado.
- En serio – insistía Jonouchi por enésima vez – No puedo creer que haya logrado pasar ese examen de historia. Parecía un caso de misión imposible.
- Sabía que valdría la pena desvelarme por ayudarte a estudiar – respondió Yugi.
- ¡Viejo, enserio lo hiciste de maravilla! – alabó el rubio – También lograste pasar. Últimamente has mejorado mucho tus calificaciones.
- Vamos, no es para tanto – dijo Yugi intentando restarle importancia al asunto.
- No seas tan modesto – se quejó su amigo.
Ambos siguieron charlando animadamente, mientras la lluvia seguía cayendo con fuerza. Estaban comenzando a empaparse.
- Parece que está lloviendo más fuerte – comentó Yugi.
- Démonos prisa o nos vamos a convertir en trapos mojados – bromeó Jonouchi.
Ambos comenzaron a andar con algo más de rapidez, cubriéndose la cabeza con los brazos. Jonouchi ya sentía que el agua le traspasaba la ropa, llegando a su piel, provocándole escalofríos desagradables. Yugi ya comenzaba a sentir mucho más frío. Los mechones rubios de su cabello le caían pesadamente sobre la cara, completamente lacios al encontrarse empapados de agua.
- ¡Oye! – exclamó Jonouchi mientras se detenía abruptamente. Su amigo, que iba unos pasos más atrás no tuvo la misma suerte y chocó con la espalda del rubio. Soltó un quejido y retrocedió un paso.
- Jonouchi-kun – habló mientras se sobaba la nariz donde el impacto del choque le había afectado - ¿Qué pasa?
- ¿Esa no es Kaori? – preguntó el aludido sin voltearse. Yugi levantó la mirada colocándose al lado de su amigo y enfocó su atención en el mismo lugar que este. Vio a una persona. Distinguió su cabello rojo que parecía caer pesadamente. Si. Era quien Jonouchi se cuestionaba.
- Si. Si lo es – respondió el tricolor algo sorprendido de verla en otro lugar que no fuera la escuela. Ambos vieron como la chica caminaba hacia la esquina y se detenía lentamente, cambiando su dirección hacia la otra vereda. Al parecer, iba a cruzar la calle.
- ¿Crees que viva por aquí? – inquirió Yugi.
- No lo sé, Yugi – respondió Jonouchi con expresión pensativa – Nunca la había visto irse por aquí después de clases.
Yugi permaneció con la atención puesta en su compañera de clases, notando así como ella comenzaba a cruzar la calle. Pero hubo algo que lo desconcertó: la chica caminaba demasiado lento. A primera vista, no era demasiado notable, pero era cierto. La joven cruzaba a paso lento, colocando un pie delante del otro, como si fuera la primera vez en su vida que utilizaba sus piernas. No tenía la mirada enfocada hacia el frente, sino que esta estaba concentrada en los lentos pasos de sus pies.
- Esa niña si que es rara – comentó Jonouchi arqueando una ceja - ¿Por qué no se da prisa? ¿Acaso se quiere enfermar?
Kaori no aceleró el paso ni mucho menos escuchó lo dicho por Jonouchi. Su andar siguió como antes; muy despacio.
- Como sea – habló el rubio, resignado, volvió a seguir su trayecto, acompañado por Yugi, quien no hubiera dicho ni una palabra, de no ser por un ruido que captó su atención.
- Algo se acerca – murmuró.
- ¿Eh? – su amigo se detuvo nuevamente. Ambos voltearon a ver hacia la calle, notando un par de faroles brillantes acercarse, agregando el inconfundible ruido de una llanta recorriendo la pista: un auto.
La atención del tricolor se desvió nuevamente hacia la chica, creyendo que esta ya había llegado a la vereda opuesta. Estaba equivocado. Ella aun no terminaba de cruzar e incluso, su andar era aun más lento que antes, hasta casi detenerse. Los ojos amatistas de Yugi reflejaron confusión.
- ¿Cómo alguien puede conducir con esta lluvia? – habló Jonouchi aun sin percatarse de lo que pasaba. El auto se acercaba cada vez más y la pelirroja seguía cruzando a paso lento. O eso parecía.
- No lo ha notado – dijo Yugi con miedo en su voz. Jonouchi lo miró confundido, hasta que su atención recayó en la chica.
- No es posible – habló asustado al ver el accidente que se avecinaba - ¡La matará!
No bien terminó de decir lo último, cuando el tricolor a su lado frunció el ceño, se quitó la mochila, arrojándola al suelo y echó a correr hacia la calle, tan rápido como sus piernas se lo permitían.
- ¡Espera! – escuchó que lo llamaban a sus espaldas, pero eso no lo detuvo. Siguió corriendo con un solo objetivo en mente: Kaori.
Todo pareció transcurrir en cámara lenta. Un sonoro grito llamando a la chica resonó en toda la calle, seguido del ruido inconfundible de un frenazo brusco producido por el vehículo. Yugi corrió hacia la joven, la tomó de la cintura y en un rápido movimiento, saltó hacia el otro lado, abandonando la pista, para finalmente caer duramente sobre la vereda, a salvo del peligro. Ambos soltaron quejidos de dolor. Habían aterrizado de costado. El auto volvió a acelerar y siguió su trayecto como si no hubiese pasado nada, desapareciendo en medio de la lluviosa vía.
En el suelo, Yugi respiraba de forma agitada y tenía los ojos cerrados con fuerza. Lentamente se incorporó, arrodillándose en el suelo. Por ultimo, abrió los ojos.
- ¡Kaori-san! – exclamó al recuperarse de su leve aturdimiento ocasionado por la caída - ¡¿Estás bien?!
Ella aun no se había levantado y permanecía de costado, dándole la espalda al tricolor. Su respiración era acelerada y su cuerpo temblaba sutilmente. Se apoyó en el suelo con la ayuda de sus manos y se sentó sobre sus rodillas, sin dejar de temblar. Levantó la cabeza y volteó lentamente hacia su izquierda, encontrándose con la presencia de una persona muy cerca de ella. Sus pupilas se contrajeron al darse cuenta de quien era.
¡Él!
El mismo chico que la había saludado tan cálidamente el día de su llegada. Sus orbes amatistas la miraban con consternación. Se quedó muda y sintió un miedo horrible paralizarla por completo. Se abrazó a si misma. Sus labios temblaban y habían adquirido un leve tono azul por el frío.
- ¿Estás herida? – preguntó Yugi temiendo haberla lastimado. Era inevitable pensar aquello teniendo en cuenta como se veía ella. Estaba arrodillada, completamente mojada, temblando y con sus ojos bañados de miedo, abrazándose a si misma. Parecía una niña indefensa y abandonada.
- No – musitó apenas audible, respondiendo a la pregunta de Yugi. Volvió a esconder sus ojos de aquella mirada amatista. Se sentía desprotegida.
- ¡Yugi! – escucharon ambos desde lejos. La pelirroja reaccionó como si hubiese visto un fantasma. Se levantó del suelo, recogió su mochila y echó a correr, alejándose del tricolor.
- ¡Kaori-san, espera! – le llamó este en voz alta, pero fue en vano. Ella no regresó, siquiera se volteó a verlo. Yugi se puso de pie, mirando en la dirección que había tomado la chica. Estaba realmente confundido con su actitud.
- ¡Yugi! – volvió a escuchar que lo llamaban. Se volteó rápidamente, para ver a Jonouchi llegar con expresión agitada.
- Jonouchi-kun – habló con voz neutral.
- ¡Oye! ¿Estás bien? – preguntó el rubio bastante preocupado una vez que llegó al lado del tricolor.
- Creo que si – respondió Yugi no muy convencido – Solo me golpeé el brazo, eso es todo.
- ¡¿Es en serio?! – exclamó su amigo en voz alta - ¡Casi te atropellan!
- Estoy bien, no te preocupes – insistió el tricolor.
- Viejo, en serio me asustaste – alegó Jonouchi – Nunca imaginé que harías eso ¡Maldición! Ojala hubiese tenido una cámara para grabar el momento.
- ¡Jonouchi-kun! – regañó Yugi con fingida molestia, pues en realidad sentía un absurdo deseo de reírse. No solo por el comentario de Jonouchi, sino también para quitarse el enorme nerviosismo que lo acechaba, producto de las desordenadas emociones en su interior. Si era sincero consigo mismo, ni él mismo sabía que había pasado por su cabeza en el momento en que se lanzó para salvar a Kaori. Solo podía asociarlo a una respuesta a sus instintos impulsivos, mezclados a una adrenalina inesperada.
- Por cierto – el rubio interrumpió los pensamientos de su amigo – creo que olvidaste esto – alzó su mano derecha; sostenía con ella la mochila de Yugi.
- ¡Mi mochila! – exclamó el chico – Por poco la olvido.
Jonouchi se la entregó soltando una carcajada. Yugi la recibió, colocándola sobre su espalda.
- Ahora vámonos a casa antes de que empecemos a estornudar – sugirió Jonouchi de forma humorística. El tricolor asintió y echaron a correr en dirección a sus casas, anhelando protegerse del diluvio, el cual aun no se había detenido todavía.
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Abrió la puerta, entró y la cerró tan rápido como pudo. Se apoyó contra la misma, llevándose una mano al pecho, sintiendo su corazón latir frenéticamente. Tenía las pupilas contraídas y sentía un frío insoportable debido a la lluvia que la había mojado sin piedad. Respiraba por la boca, aspirando grandes bocanadas de aire. Lentamente cerró los ojos y agachó la cabeza. Dejó que su mochila se resbalara de sus hombros, cayendo pesadamente al suelo. Caminó cual muerta viviente, hasta llegar a las escaleras que la conducían a su habitación. Subió por estas como si sus piernas fueran de plomo y al llegar a su habitación, soltó un suspiro pesado. Fue hasta su armario y de ahí, sacó una tenida deportiva; un pantalón de buzo color azul marino, una polera blanca y una chaqueta deportiva color verde agua. Luego, buscó una muda de ropa interior y una toalla. Salió de su habitación y se dirigió al baño que estaba en el cuarto continuo. Dejó su ropa en el lavabo y se miró en el espejo. Su rostro pálido, húmedo con algunos mechones de cabellos rojizos adheridos a sus mejillas, completamente mojados. Sus ojos, reflejaban una tormenta de emociones mezcladas que se golpeaban entre si, luchando por ver cual de ellas lograba emerger primero.
Alejó la mirada de su reflejo y lentamente comenzó a desnudarse, dejando caer sus prendas mojadas y pesadas por el agua que habían absorbido. Entró en la ducha y abrió el grifo, dejando salir el agua caliente. Inhaló y exhaló profundamente a modo de relajar sus sentidos y su mente al sentir el agua cálida deslizarse por su piel desnuda y su cabello. Poco a poco, el agua alcanzó su rostro, mojándolo por igual. Cerró los ojos, dejándose llevar. Intentando calmarse y olvidar por unos segundos el dolor que la embargaba durante cada segundo de su existencia. Pero sus recuerdos le jugaron en contra.
El momento en que su vida pudo haber sido cortada de golpe, pero no fue así. La imagen y el recuerdo fueron muy confusos para ella.
Revivió en ese momento, como aquel vehículo se acercaba, el grito de una voz masculina clamando su nombre, unos brazos tomándola de la cintura, y luego, su cuerpo estrellándose contra la acera tras un impulso provocado por un salto. Luego, aquello que creyó que jamás volvería a ver: esos ojos amatistas.
El recuerdo se cortó con brusquedad, obligándola a regresar a la realidad. Sus ojos se habían cristalizado y los labios le temblaban una vez más. Se abrazó a si misma, sintiendo un escalofrío en su espalda y un escozor desconocido en la comisura de sus ojos. Este aumentó hasta desbordarse y deslizarse por sus mejillas, quemando su piel. Esta vez, no fue capaz de conservar su postura imperturbable y sin emociones. Cayó pesadamente de rodillas, lastimándolas levemente, y en un arranque impulsivo, gritó tan fuerte como su garganta y sus pulmones se lo permitieron y rompió a llorar como no lo hacía hace mucho tiempo, mientras el agua cálida seguía mojándola, llevándose consigo sus lágrimas, pero no su dolor.
Y… eso fue todo por ahora. Esperen mi próxima actualización para saber que pasará.
Solo les diré una cosa. Mi próximo capitulo, es algo… interesante. Y eso será todo lo que diré de momento.
Y además:
CatoneHistorias: muchas gracias por tu apoyo con esta historia. Créeme que tu review me impulsó a seguir con este proyecto algo diferente. Y no te preocupes, pronto sabrás unos cuantos detalles de la vida de Kaori.
Saludos!
