Bleach

Ichigo/Rukia

Advertencia: Muy explícito. Muy OoC


Capítulo III

Nunca hubiese podido imaginar que alguien del tamaño de ella pudiese ser tan intimidante, pero desde lo acontecido esa vez, que hacía todo lo que estuviera en sus manos para no quedar a solas con ella. La impresión había sido demasiada, y aunque se masturbaba pensando en lo que había pasado, también se había sentido pasado a llevar; lo había hecho sentir vulnerable y no comprendió por qué no fue capaz de reaccionar y evitarlo, o simplemente de haber participado y haber acabado cuando tuvo la oportunidad.

Ella lo había anulado y eso lo convertía en alguien en extremo peligrosa.

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—¿Podrías pedirle a Rukia que baje? —solicitó su madre.

Esa era una situación en la que si hubiese podido elegir, no se habría expuesto.

Subió las escaleras con una lentitud impropia, retrasando la llegada a esa habitación todo lo que se pudiera.

Golpeó la puerta pero no hubo respuesta. Su madre le había encargado además, la misión de entrar a la habitación y despertarla si es que ella no respondía.

Lo último que quería hacer era precisamente entrar en su territorio, pero tras darse por vencido porque llamar a su puerta no funcionó, entró.

Desde que ella había llegado que no entraba en esa habitación, y exceptuando por el cobertor de la cama que nunca había visto, estaba tal cual la recordaba. Ella no había puesto nada de sí misma en ese lugar, excepto una maleta; ella estaba sobre ese cobertor desconocido hasta entonces, durmiendo plácidamente.

Se dio ánimos y planeó sus siguientes movimientos: entraría, la mecería, y se iría. ¿Qué podía haber de peligroso en eso? Tardaría sólo segundos, y a medida que se acercaba, sentía que más nervioso se ponía, pero lo ignoró. Él no podía demostrarle ninguna debilidad más.

La tocó con la yema de dos de sus dedos y ella comenzó a reaccionar, y cuando notó que era él quien estaba a su lado, pareció sorprendida de verlo.

—Mi madre me pidió que te despertara —explicó.

Ella asintió y sin tardar se sentó, cubriéndose las piernas con rapidez.

Él emprendió la retirada y cuando casi había logrado llegar a la salida siguió anhelando atravesar la puerta, hasta que finalmente se sintió seguro cuando salió.

La próxima vez inventaría una excusa a su madre, pero no volvería a entrar a su habitación. Había obtenido de esa intrusión una visión que muy poco dejó a la imaginación… vio sus piernas con detalle y también su ropa interior y se excitó.

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En el instituto se había propagado que la "nueva de tercero" ya había salido con tres chicos del mismo grado y él sabía que era cierto. Los había visto ir a dejarla a la puerta de su casa. Aun así consideró que eso no debería importarle a nadie más que a ella, pero siendo la nueva resultó obvio que todas las miradas estuvieran puestas en ella.

No tenía idea de cuál era su juego, pero estaba claro que a ella le gustaba relacionarse con individuos del sexo masculino, y aun si no le correspondía pensarlo, fue inevitable cuestionarse a cuántos de ellos les había dado el mismo trato que a él… ¿a cuántos chicos les habría bajado los pantalones y habría colocado su hombría en su boca como si no fuera la gran cosa?…

Desde que eso había ocurrido entre ellos, era como si nada hubiese acontecido. Ella seguía burlándose de él sin que nadie más se diera cuenta, y a medida que pasaron los días él dejó de temer su cercanía. Nada en su comportamiento le indicaba que ella fuera a hacer algo así de nuevo, aunque cuando lo hizo la primera vez tampoco es que le hubiese dado pista alguna.

Se encontraron de frente, ella iba saliendo del baño y él estaba esperando su turno. Ella lo miró despectivamente y siguió su camino.

—¿No te cansa el estar comportándote de dos maneras distintas…? No sé para qué te pregunto si ya sé la respuesta —se respondió a sí mismo —. ¿Sabes? siendo la nueva todos están pendientes de tus movimientos…

Al parecer con el último comentario había logrado captar su atención.

—¿A qué te refieres? —inquirió interesada.

—A que todos saben que saliste con Ashido, Abarai y Hisagi —evidenció.

—No es mi culpa que la gente de este lugar no encuentre nada mejor que hacer que estar pendiente de la vida de los demás —expresó —. Deberían todos aprender a meter sus narices en sus propios asuntos.

Él encontró que tenía razón, pero las cosas no funcionaban así. La gente no iba a dejar de hablar porque fuera lo correcto no hacerlo.

—¿No habías dicho que no querías que supieran que vivíamos en la misma casa? —recordó Ichigo —. Si los traes acá alguien eventualmente podría relacionarnos.

—No había pensado en eso… —reconoció —. Gracias por el consejo.

Siguió su rumbo hacia la habitación que era la de ella y él aprovechó de mirarla y no había nada en ella que llamara su atención a primera vista, sin embargo había algo en cómo se movía que nunca había notado antes, se desplazaba de manera elegante y femenina, lo que lo llevó a imaginar si se movería de la misma forma en la cama, y se le paró sólo con ese pensamiento. Últimamente las erecciones se manifestaban más frecuentemente de lo acostumbrado.

—Oye, Kurosaki… —se volteó y regresó los pasos que había dado.

Él se giró automáticamente con una rapidez sospechosa, que ella no dejó pasar. No había logrado meterse al baño, antes de que ella decidiera retomar la conversación.

—¿S-sí…? —preguntó.

Sintió sus pasos acercarse y a su erección volverse más dura.

—Se me quedó algo en el baño… déjame sacarlo —pidió.

Ella pasó por delante de él, e Ichigo consiguió cubrirse. O eso creyó.

Kuchiki se metió al baño y él esperó afuera. Ella no tardó en salir, sin embargo la sonrisa en el rostro de la chica demostró que no había podido ocultar en realidad lo que pretendía esconder, y llegó a fantasear que ella haría algo, no obstante ella sólo pasó por delante de él, mirando su entrepierna, pero no haciendo nada al respecto. Él por unos segundos se imaginó un desenlace parecido al de la otra vez, y lo deseó…

—¿No harás nada al respecto? —dijo sorprendiéndose de hablar de su evidente estado de excitación.

—¿Debería? —contestó sin vergüenza alguna —. Me enseñaron a no meterme en los asuntos de los demás…

Su corazón latió agitado. No pensó que él sería capaz de hablar así, pero lo cierto es que todo eso era nuevo, no se conocía en ese aspecto.

Ella se aproximó y su mirada se mantuvo fija en la erección que no parecía amilanarse. Sus ojos brillaron y él supo que esa era una situación que a ella le gustaba.

No hubo más palabras, sólo sintió la mano de ella tocarlo con firmeza y su calidez lo sorprendió de manera grata. Había seguridad en sus movimientos y lo bien que se sentía el ser tocado por alguien más era algo que no podía disimular.

En esa oportunidad no estaban solos, estaban todos abajo. Él podía sentir sus uñas apenas rozarlo y los suspiros que en un comienzo aquello le estaba ocasionando, se transformaron en gemidos que le daban seguridad a la chica en lo que estaba haciendo, no obstante aunque estaba concentrado recibiendo aquellas caricias sexuales, también estaba muy atento a lo que ocurría abajo, y cuando sintió unos pasos en la escalera, pensó que se le detuvo el corazón por unos segundos. Estaba tan cerca de llegar que creyó que la frustración podría hacerlo llorar.

—Para —rogó.

Ella no se detuvo, así como tampoco los pasos que se acercaban.

—Por favor —solicitó implorante y con la sangre ardiendo.

—Pídemelo de un modo que crea que quieres que pare —contestó.

Miró sus ojos por primera vez desde que lo había tocado y pudo ver en sus ojos que ella no se iba a detener sólo porque se lo pidieran. Había alevosía en sus actos, y él, en su estado de excitación pudo hacer funcionar sus neuronas y la metió al baño y cerró la puerta. Tres segundos después escuchó correr a alguien en el mismo pasillo en el que habían estado.

—¿Estás loca? —la encaró.

No contestó y en su rostro conoció la verdadera expresión de lujuria en una mujer. Había visto esa mirada perdida sólo en los videos que él con menos frecuencia de la que le gustaría podía disfrutar a plenitud.

—Un poco —admitió luego.

Estando en la privacidad del baño con una chica que tenía afirmado su pene como si este se le fuera a caer, su erección que tras el susto había perdido algo de tonicidad, recuperó la dureza que ella aprovechó para hacerlo acabar.

—Vaya… —dijo ella.

No tenía que decirlo. Había salido mucho… y eso pareció tomarla por sorpresa menos de un milisegundo, no obstante más consternado estuvo él, cuando ella simplemente se dirigió al lavamanos, se lavó las manos con jabón líquido y abundante agua, miró antes de salir del baño concluyó él para ver si había alguien en los alrededores, y salió, sin mirar atrás…

Ichigo supo entonces que para ella esa clase de cosas no significaban nada, y él pensaba tomar ventaja de ello. No iba a sentirse culpable de tomar lo que ella gentilmente le estaba ofreciendo...

Continuará...


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